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26 noviembre 2010 5 26 /11 /noviembre /2010 17:36

1.- COMENZAR DE NUEVO, CON ESPERANZA, CON ALEGRÍA…

Por Pedro Juan Díaz

1.- Un año más nos disponemos a prepararnos para la Navidad. Iniciamos todo este proceso con el Adviento.  Para mí el adviento me sabe siempre a novedad, a comenzar de nuevo, a esperanza, alegría… El adviento me sabe a que es posible un mundo distinto, un mundo nuevo. Construir algo desde cero cuesta mucho. Lo más importante siempre son las bases, las raíces, y de ahí hacia arriba, pero para que algo arraigue tiene que pasar mucho tiempo y muchos esfuerzos. Pero cuando nos planteamos cambiar las cosas, no partimos de cero, tenemos unas bases. Y precisamente el Adviento nos recuerda cuales son. No hay más que acudir a la Palabra de Dios, que siempre es muy rica y que nos da las claves para vivir.

2.- Yo siempre había pensado que los pueblos antiguos, a la hora de establecerse como pueblo, habían buscado sitios donde hubiera agua, fuente de vida. Hasta que volví a leer la primera lectura del profeta Isaías y caí en la cuenta de que también era importante que el pueblo estuviera en un lugar seguro. Y que mejor lugar seguro que en lo más alto de una montaña. Desde allí se podía ver llegar al enemigo y preparar una defensa. Entonces entendí la expresión de Isaías: “Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas”. Y es que hoy en día también buscamos seguridad a la hora de vivir, seguridad para nuestra familia, seguridad en el trabajo, seguridad a la hora de crecer y de envejecer. Las personas de todos los tiempos y lugares hemos buscado siempre lo mismo: seguridad.

3.- ¿Y qué mejor seguridad para construir un mundo distinto, nuevo, que Aquel que es la Roca? La Palabra de Dios nos dice que Dios mismo es la Roca sobre la que podemos construir un mundo nuevo. Pero no basta sólo con eso. Es necesario algo más. El mundo no puede ser distinto si las personas no somos distintas, si no estamos dispuestas a cambiar. Y para eso vino Jesús, para eso nació entre nosotros. El secreto está en dejar que Él sea el centro de nuestra vida. San Pablo lo dice con otras palabras: “vestíos del Señor Jesucristo”. Que en todo lo que hagamos y manifestemos se refleje Jesús. ¡Ya está bien de ir por la vida “en tinieblas!” “¡Pertrechémonos con las armas de la luz!”.

No podemos hacer un mundo nuevo si cada uno de nosotros no estamos dispuestos a cambiar. No podemos transformar la realidad si no comenzamos por lo que dice San Pablo: “daos cuenta del momento en que vivís”. Jesús lo dice con otras palabras, pero la actitud es la misma: estar en vela, vigilantes, atentos a la vida, a los acontecimientos, a las personas, a la acción de Dios, a la venida del Señor que estamos preparando. Esto es el adviento, lo demás son “ñoñerías”.

4.- El Adviento es el tiempo nuevo que el Señor nos ofrece para prepararnos a la Navidad, a su nacimiento. El Señor hará de las espadas arados, y de las lanzas podaderas, como decía el profeta Isaías en la primera lectura. Él transformará todo esto si nos creemos de corazón que está entre nosotros, que un día nació y habitó en nuestro mundo y que ya no se ha ido ni se ha desentendido de nosotros. Que la Eucaristía renueve nuestras esperanzas, que nos ayude a transformarnos interiormente, para poder cambiar lo que no nos gusta de nuestro mundo. Que ella sea la fuente que alimente nuestro caminar. Que Jesús sea la Roca firme sobre la que construimos nuestra vida y nuestro mundo.

 

2.- EN ADVIENTO LA ESPERANZA CRISTIANA SE HACE CARNE

Por Gabriel González del Estal

1.- Toda la vida religiosa del cristiano se apoya y sustenta en la virtud de la esperanza. Sin esperanza cristiana no existe vida cristiana. Creemos que Dios se hizo carne para salvarnos y esperamos vivir de tal manera que podamos ser salvados por Cristo. En Adviento la esperanza cristiana es algo muy concreto y comprobable: esperamos encontrarnos un año más con el Cristo - Niño que nació en Belén y seguir sus consejos, seguirle a él, durante todo el año. Esta esperanza es, al mismo tiempo, fe y amor: creemos en Cristo y le amamos, tenemos confianza en él y sabemos que él se nos ofrece como camino, verdad y vida. En este primer domingo de adviento vamos a renovar nuestro propósito de vencer nuestros desánimos, nuestros desalientos, de apoyarnos firmemente en la esperanza, certeza, de la venida del Cristo Salvador y Mesías. Es posible que a lo largo de nuestra vida se nos hayan roto y deshecho muchas de nuestras esperanzas, pero estamos seguros de que nuestra esperanza en un Cristo Salvador y Redentor no nos va a fallar. Con esta esperanza consoladora comenzamos el año litúrgico del ciclo A.

2.- Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas. Este texto del profeta Isaías es un canto a la esperanza, hacia una esperanza que sólo se hará realidad “al final de los días”. No eran tiempos fáciles los que estaba viviendo el pueblo de Israel, pero el profeta quiere darle ánimo y fortaleza, y les promete, en nombre de Dios, tiempos mejores. Será un tiempo en el que el Dios de Jacob reunirá a pueblos numerosos y los guiará por sendas de paz, caminando a la luz del Señor. No harán falta espadas y lanzas para la guerra, sino arados y podaderas para trabajar el campo en paz. También nosotros necesitamos hoy profetas como el profeta Isaías que nos anuncien tiempos de paz y de hermandad universal. Si dejamos a un lado nuestros intereses egoístas y nuestras ideologías partidistas y nos decidimos a caminar de verdad por las sendas del Señor y a su luz, seguro que al final de nuestros días estará firme el monte de la casa del Señor, donde podremos vivir todos en paz. Una casa de Dios donde todos seremos ciudadanos de un reino de paz, de justicia, de vida y de amor.

3.- Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Sabemos que este texto de la Carta a los Romanos fue la última gota de gracia que convirtió a Agustín hacia Dios, en su huerto de la casa de Milán. También nosotros, si queremos iniciar con gozo este camino de Adviento que nos llevará hasta la Navidad debemos dejarnos convertir a la luz, vestirnos del Señor Jesucristo para abandonar definitivamente las actividades de las tinieblas. Las tinieblas que producen siempre nuestros infantiles orgullos y nuestras bajas pasiones. Despertemos del sueño de nuestra rutina acomodada y acomodaticia y caminemos con esperanza al encuentro del Señor. Nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer.

4.- Estad en vela… estad preparados. Estas palabras del Señor valen para todos los tiempos y para todas las personas. Nuestra vida, física y espiritual, siempre está amenazada por enemigos externos e internos; sin vigilancia continua y sin una preparación diaria e ininterrumpida caeremos con más frecuencia de la que quisiéramos. No sabemos ni el día, ni la hora en la que el Señor nos llamará, por eso debemos estar siempre preparados para que, cuando nos llame, nos encuentre en vela y bien preparados. De momento, hagamos del Adviento un camino de preparación para la Navidad, un tiempo en el que la esperanza cristiana en el Dios encarnado que viene a salvarnos sea una esperanza activa y vigilante.

 

3.- LLAMADOS A ESTAR ALERTA Y A COMPROMETERNOS

Por José María Martín OSA

1.- ¡Caminemos a la luz del Señor! El Adviento es tiempo de espera y esperanza. Los grandes profetas se encargan de alimentar esta virtud tan hermosa y necesaria. El primer Isaías fue un profeta del siglo VIII a. C., anterior a la caída del reino del Norte. En el primer capítulo había hecho una llamada urgente a la conversión: “Lavaos, purificaos, apartad de mi vista las malas acciones”. Ahora su tono cambia, transmite esperanza: un día triunfará definitivamente el bien, la paz y la justicia de Dios. Todos los pueblos abrirán su corazón a Dios y al prójimo. No habrá más incomprensiones ni odios. El texto de hoy puede ser interpretado con perspectivas mesiánicas. Jesucristo será el “Monte de la casa del Señor”, hacia él confluirán todas las naciones. Su mensaje es universal, para todos los pueblos. En los tiempos mesiánicos triunfará la paz en la tierra, pues “de las espadas forjarán arados”. Pero Isaías no se queda embelesado y sin hacer nada. Los sueños son para convertirlos en realidad, por eso grita en medio del pueblo: "Casa de Jacob, vamos; caminemos a la luz del Señor". Y la esperanza se hace camino, comienza el éxodo, el salir de nosotros mismos y nuestras comodidades. No hay advenimiento del Señor y de su reino si no hay éxodo del pueblo de Dios.

2.- Daos cuenta del momento en que vivís. Los cristianos de Roma estaban adormilados, acomodados, bien situados algunos. Pablo les alerta porque ya va siendo hora de espabilarse. También Pablo nos invita hoy a despertar, a salir de la noche y a caminar a la luz del día. Darse cuenta del momento es caer en la cuenta de que el mundo no es bueno si no es bueno para todos. Pensamos que si yo estoy bien, los demás que se espabilen. Pablo distingue entre la noche y el día, entre el mal y el bien, entre el aturdimiento y la vigilancia. El que obra el mal camina en las tinieblas y está como dormido, pero la esperanza ilumina los pasos del que obra el bien y le mantiene despierto y siempre vigilante. Este es el texto que a Agustín de Hipona le dio la fuerza definitiva para convertirse. Al leerlo brotaron de sus ojos las lágrimas del arrepentimiento. La Palabra de Dios nos interpela como le interpeló a él. Estas palabras de Pablo parece como si estuvieran escritas también para nosotros, que vivimos en unos tiempos de olvido de lo espiritual y de escasez de esperanza. . ¿Qué cosas nos diría hoy S. Pablo, para despertarnos de nuestro sueño y nuestra inconsciencia? He aquí alguna de las cosas que necesitan conversión: la locura del rearme, la locura del derroche, la locura del tener, la locura del paro, la locura de la violencia, la locura de la droga, la locura de la contaminación, la locura de la insolidaridad, la locura de la velocidad, la locura del poder, la locura del vicio...

3.- Hemos de tomar conciencia de nuestra responsabilidad. El evangelio nos anima a estar alerta. Es una de los lemas del movimiento scout y no está pasado de moda….Significa que hay que estar siempre disponible. Cuando menos lo esperaban los hombres, llegó la catástrofe del diluvio universal. Jesús les recordó esto a sus contemporáneos y hoy nos lo recuerda a nosotros. No se trata de atemorizarnos con nuevos cataclismos, como pronostican las armas atómicas o el agujero de ozono. El Evangelio no es una amenaza, sino una buena noticia. Pero tampoco Jesús espera de nosotros que perdamos la vida vegetando, trabajando, ganando dinero, gastándolo, y vuelta a empezar. Dios llama hoy nuestra atención para sacarnos del aburrimiento, de la indiferencia ante el hambre, la pobreza, la injusticia y los sufrimientos de los demás. Quiere que nos responsabilicemos y tomemos conciencia, quiere que estemos alerta. Una segunda exigencia del evangelio de hoy es la acción. El reino de Dios, la justicia y la igualdad, el bienestar de todos, no es una lotería, sino el resultado de la acción de todos y de la solidaridad de todos. Hay que vigilar y analizar, diseñar y proyectar antes de pasar a la acción, para que ésta sea eficaz. No debemos radicalizar posturas diciendo que todo está mal. Hay que discernir el bien del mal, conservar lo que beneficia a todos y redunda en el bienestar de todos; pero habrá que modificar y cambiar lo que sólo favorece a unos pocos. El adviento, este adviento, y todos, pues siempre es adviento para el creyente, ha de ayudarnos a ver cómo esa esperanza del reino de Dios se va ya realizando en cada una de las esperanzas y de los logros humanos. Debe comprometernos en esa tarea común, con todos los hombres de buena voluntad. Todavía queda mucho por hacer. Todavía tenemos una gran esperanza: otro mundo es posible.

 

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