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24 mayo 2013 5 24 /05 /mayo /2013 16:46

La Homilia de Betania: Domingo después de Pentecostés. La Santisima Trinidad.

26 de mayo de 2013

 

1.- DIOS ES AMOR GENEROSO Y GRATUITO

Por José María Martín OSA

1.- El Libro de los Proverbios nos muestra que Dios no es un ser solitario, ni aburrido, ni egoísta. Dios es una comunicación infinita, una sonrisa eterna, una generosidad sin medida. La creación es un signo de su generosidad y de su sabiduría. Dios es vida que se desborda. Ya antes de ser creados, Él se complacía en nosotros y en todas las cosas, como los esposos que sueñan con el hijo deseado. Los sabios bíblicos nos cantan las excelencias de la sabiduría como una hija de Dios personificada. Es la primera en ser engendrada y acompaña a Dios en todas sus obras. “Yo estaba junto a él, como aprendiz, y yo era su encanto cotidiano”. El autor de los Proverbios acertó en sus imágenes literarias. La Sabiduría de Dios llega a ser persona en el Hijo, engendrado desde el principio, que dialoga gozoso con el Padre y es colaborador en todas sus obras, «su encanto cotidiano». Dios no es un ser solitario ni aburrido. La creación es el desbordamiento de esta comunicación. Desde la eternidad, Dios ya piensa en nosotros y nos ama.

2.- “EL amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado”. Se trata aquí, en la Carta a los Romanos, del amor especial que Dios nos tiene y del que nadie podrá separarnos. A la hora de esforzarse por llevar a cabo el plan de Dios, el hombre cristiano tiene un incentivo: Dios no se ha guardado su capacidad de querer, sino que nos la ha dado a nosotros. El estar en paz con Dios no quiere decir tanto buscar la paz, sino el caer en cuenta de que ya se nos ha dado la paz en Jesucristo. La paz se convierte así en el mayor bien y no en una simple dimensión del alma, en una mera virtud. Estar en paz con Dios es saberse salvado y con fuerza para emprender una labor constructiva en favor de la humanidad.

3.- Se nos comunicará un día lo que está por venir. El texto del evangelio de Juan identifica a Jesús con la verdad. Esta no es pues un concepto o una categoría, sino una persona. El conocimiento de una persona no se hace ni se agota una vez por todas: se va haciendo continuamente, diariamente. Facilitar este conocimiento es la tarea y la función del Espíritu: El irá llevando al grupo cristiano a un conocimiento cada vez más hondo de Jesús. Este conocimiento progresivo explica la expresión "muchas cosas me quedan por deciros". Hay mucho terreno inexplorado en la verdad de Jesús, es decir, en su persona, que sólo puede ser conocido a medida que la experiencia coloca a la comunidad delante de nuevos hechos o circunstancias. Los cristianos deberán saber estar abiertos, por una parte, a la vida y a la historia –los signos de los tiempos- y, por otra, a la voz del Espíritu que se la interpreta. Uno de los cometidos del Espíritu es llevar a los discípulos hasta el conocimiento pleno de Jesús. Que el Espíritu glorifica a Cristo es realidad en la medida en que conduce a los discípulos progresivamente al conocimiento de la realidad que se manifiesta en él. El misterio trinitario se nos desvelará un día, como dice San Agustín: “El Espíritu Santo, de quien hemos recibido ahora la prenda, es el que nos garantiza que llegaremos a la plenitud de que habla el mismo Apóstol: Entonces le veremos cara a cara; y: Ahora conozco sólo en parte, pero entonces conoceré como soy conocido yo (1 Cor 13,9.12). No es en esta vida donde conoceremos todo ni donde llegaremos al perfecto conocimiento que el Señor nos prometió para el futuro mediante el amor del Espíritu Santo, al decir: Os enseñará toda la verdad. Os guiará a toda verdad” (Comentarios sobre el evangelio de San Juan 96,4)


2.- MISTERIO IMPOSIBLE DE CAPTAR NI DE ENTENDER

Por Antonio García-Moreno

1.- EN LA CUMBRE.-"Esto dice la sabiduría de Dios: El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas" (Pr 8, 22). Son palabras que se pierden en la bruma de los tiempos, palabras que nos llegan envueltas en los tupidos velos del misterio. Nos hablan de cuando no había nada, de un tiempo fuera del tiempo. Quisiéramos que todo fuera claro y sencillo. Contemplar con nuestros ojos la hondura de la esencia de Dios, sin comparaciones ni metáforas. Pero es imposible, Dios no cabe en nuestras palabras, no podemos conocerlo directamente. Tan sólo llegamos hasta él por analogía, por aproximación. No obstante, es suficiente esa aproximación para que podamos entrever algo tan sublime, que nos rindamos ante tanta grandeza.

Sí, por la revelación de Dios podemos llegar hasta donde nuestro pobre entendimiento no pudo si soñar, hasta la misma cumbre divina. Y desde ese alto picacho, el hombre sólo puede hacer una cosa, adorar en silencio. Estamos ante lo sagrado, lo trascendente, lo inefable. Pretender preguntar siempre, querer saberlo todo es profanar la revelación, pisar torpemente esas palabras llenas de la sabiduría de Dios.

Dios uno y trino. Tres personas y una naturaleza. El Padre, Dios, dando forma y color al mundo, haciendo brotar de las tinieblas un torrente de luz, colgando sin hilos los millones de astros que pueblan los espacios siderales, tallando en hielo las imponderables filigranas de una brizna de escarcha... El Hijo, Dios hecho hombre, nacido de madre virgen. Trabajando sobre nuestra tierra, mojando con el sudor de sus manos de carpintero la madera tosca de nuestros árboles, predicando la Buena Nueva y curando a los enfermos, amando a los hombres hasta morir por ellos colgado de una cruz...

El Espíritu Santo, Dios que procede del Padre y del Hijo. Que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas... Ezequiel nos narra una visión maravillosa. Ve un campo lleno de huesos secos. De pronto el Espíritu sopla sobre ellos y cobran vida y cuerpo. El Espíritu da la vida, es el soplo de Dios. La fuerza que transforma, el viento que empuja con su impulso el barco de velas que es la Iglesia... Verdadera y única Trinidad, única y suma Deidad, santa y única Unidad. Sólo nos queda decir: Creo, espero, amo. Gracias a Ti.

2.- DIOS UNO Y TRINO.- El Evangelio según san Juan es considerado por la liturgia como el Evangelio pascual por excelencia. Estas dominicas que preceden a Pentecostés, nos presentan una y otra vez sus páginas inspiradas, transidas por el recuerdo luminoso del Discípulo amado. Páginas cargadas en ocasiones de sugerencia y misterio, de amor velado y profundo. En especial las escenas y diálogos de la Ultima Cena tienen el acento entrañable de una despedida cargada de promesas y de ternura.

Jesús dijo entonces a los suyos, y nos lo dice ahora a nosotros, que muchas cosas tiene que enseñarnos, pero que todavía no podemos cargar con ellas; aún no podemos comprenderle del todo. Se refiere el Señor a la riqueza inagotable e inabarcable de los tesoros divinos que, poco a poco, a lo ancho y lo largo de la vida terrena, vamos recibiendo. Dios se adapta a nuestra capacidad limitada y se nos va acercando más y más, para descubrirnos paulatinamente su grandeza sin límites.

Jesús sabía que los suyos no le comprenderían de persecuciones y sufrimientos, ni incluso después de haber resucitado. Pero no se desanima y les dice que cuando venga el Espíritu Santo los guiará hasta la verdad plena. Él será quien culmine la obra de la redención, quien habite en nuestros corazones y actúe, día a día, hasta transformarnos en hombres nuevos, siempre que nosotros secundemos con docilidad su acción sobre nuestra alma.

Él me glorificará, sigue diciendo el Maestro, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Los apóstoles comprendieron entonces, cuando llegó el Espíritu de la Verdad, lo que Jesús era y significaba realmente para todos los hombres. Desde entonces su amor y entusiasmo por Jesucristo creció hasta límites insospechados, por Él serían capaces de los mayores sacrificios, héroes de las más grandes hazañas. Jesús es confesado como perfecto hombre y como perfecto Dios, es proclamado ante todos los hombres a través de todos los tiempos y sobre todos los espacios, amado y venerado como ningún otro hombre, como ningún otro dios. Él es el Hombre por excelencia, pero también el único y verdadero Dios.

Al decir que todo lo que tiene el Padre es suyo, Jesús nos revela su igualdad de naturaleza y dignidad con el Padre y Creador del universo. También lo que anuncia el Espíritu Santo, y por tanto también con Él es uno es de Jesucristo e igual a Él. Estamos en los umbrales del misterio de la Santísima Trinidad, misterio insondable e incomprensible, ante el que sólo cabe la aceptación humilde y gozosa.

Misterio imposible de captar ni de entender. La grandeza divina es tan inmensa que la más penetrante inteligencia humana se siente embotada y lerda para comprender, y mucho más para comprehender. Esta incapacidad en lugar de entristecernos nos ha de alegrar. Ello significa que Dios Nuestro Señor es inmenso en todos sus atributos y perfecciones, digno de nuestro amor y nuestra fe, mantenedor firme de nuestra esperanza.


3.- UNA EXPLICACIÓN SENCILLA, PARA VIVIR EL MISTERIO DE LA TRINIDAD

Por Gabriel González del Estal

1.- Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. La verdad plena del misterio de la Santísima Trinidad está más allá de nuestra capacidad humana de entender. Los misterios no se pueden entender del todo, ni explicar nunca racionalmente; los creyentes creemos y adoramos los misterios, guiados por la fe y por el amor al Dios que nos los ha revelado. Cuando yo digo que voy a dar una explicación sencilla, para vivir el misterio de la Santísima Trinidad, me refiero sólo a eso: a que voy a decir qué es lo que la fe nos dice, para que nosotros podamos vivir con amor cristiano, en nuestra vida diaria, este maravilloso misterio. La fe nos dice que Dios es nuestro Padre, que Jesucristo es su Hijo, de la misma naturaleza del Padre, y que el Padre y el Hijo están unidos por una eterna corriente de amor, a la que llamamos Espíritu Santo. El Padre es amor al Hijo, el Hijo es amor al Padre, y el Espíritu Santo es el amor entre el Padre y el Hijo. En este sentido debemos decir, con san Juan, que Dios es el mismo Amor cuando es Padre y cuando es Hijo y cuando es Espíritu Santo. Dios, el Dios de Jesucristo, nuestro Dios, siempre es Amor. Por consiguiente, si nosotros queremos vivir el misterio de la Santísima Trinidad, sólo podemos hacerlo a través del amor. Si vivimos en el amor de Dios, vivimos en Dios, aunque unas veces le llamemos Padre, otras Hijo y otras Espíritu Santo. Lo llamamos Padre cuando nos referimos a Dios como nuestro Creador, le llamamos Hijo cuando nos referimos a Dios como a Jesucristo, y le llamamos Espíritu Santo cuando nos referimos a Dios como Amor. El amor de Dios no es un amor que se queda clausurado dentro del Dios Trinidad, sino que es un amor expansivo que se derrama sobre todas sus criaturas. Todos nosotros somos criaturas de Dios y Dios nos ama, porque es Amor. Por eso, todo el que vive en el amor de Dios vive en Dios, en el único Dios, en un Dios que es Trinidad.

2.- El Dios trinitario es un Dios familia, un Dios comunidad. Dios no es un individuo aislado e incomunicado, como una isla remota e inaccesible. Dios vive en comunidad, en comunidad ad intra, dentro de sí mismo, y en comunidad ad extra, derramado en cada una de sus criaturas. Por eso, podemos decir que el ser humano es imagen de Dios. Si nosotros queremos ser buenos cristianos debemos vivir en comunidad, en comunidad con Dios y en comunidad con todos los hijos de Dios. La familia cristiana debe vivir a imagen del Dios trinitario, con unas relaciones alimentadas continuamente por el amor. Una familia que no vive en el amor, no es una familia cristiana. En el amor de Dios, claro, que es un amor generoso y gratuito, puro don. Mientras vivimos en este cuerpo mortal, nunca podremos vivir plenamente en el puro amor de Dios, ni como individuos, ni como familia, porque somos seres limitados e imperfectos, pero debemos aspirar a ello. La familia cristiana debe tener como ideal y modelo a un Dios familia, a un Dios Trinidad.

3.- El Dios trinitario es un Dios católico, universal. Toda persona que vive en el amor de Dios vive en Dios, sea del país o de la religión que sea. Jesucristo no vino a salvar sólo a los hijos de Israel, sino a toda persona de buena voluntad que quiere vivir en el amor de Dios. Nuestro Dios es un Dios católico, universal, porque nos ha creado a todos por amor y quiere que todos sus hijos vivamos en el amor. Los seres humanos podemos ser, y muchas veces lo somos, egoístas y muy particulares; Dios, en cambio, porque es puro amor, ama a todas sus criaturas. El mejor propósito que podemos hacer en esta fiesta de la Santísima Trinidad, como individuos particulares, como familia cristiana, y como Iglesia de Cristo, es vivir siempre en el amor de Dios, de un Dios católico y universal, de un Dios que es puro amor, de un Dios Trinidad.

Fuente: www.betania.es

 

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