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9 abril 2013 2 09 /04 /abril /2013 18:48

La Homilía de Betania: III Domingo de Pascua. 14 de abril, 2013.

1. - EL SEÑOR EN LA ORILLA, ¿Y AHORA QUÉ?

Por José María Maruri, SJ

1. - Sea dicho con perdón, pero la mujer y, sobre todo el ama de casa, es siempre más realista que el hombre. “Contigo pan y cebolla”, lo puede decir el hombre a la mujer, pero ésta sabe que hay que añadirle muchas más cosas al pan y a la cebolla para mantener unido y en paz el hogar.

Pedro dice, al parecer muy espontáneamente, “me voy a pescar”. Y no sé por qué, pero detrás de esa frase me suenan unas palabritas de su mujer y de su suegra, haciéndole caer en la cuenta de que la despensa de un pescador no aguanta bien el envite de seis bocas más, como las que Pedro se ha traído de sus seis compañeros. Y tal vez, le añadieron: “y de ahora en adelante que si ¿ahora qué?”, es la pregunta que se hacen todos los discípulos.

Todavía cuentan con un Jesús que se les va y que se les viene. Que ya no está siempre a su lado. También presienten que se les va a ir definitivamente.

--Y “¿ahora qué?”. No tienen plan ninguno, no tienen organigramas, ni cuentas corrientes, ni encuestas de que fiarse.

--Y ¿ahora qué? Pues me voy a pescar que es lo único que sé hacer. Y es en eso, en lo único que sabe hacer, donde encuentra una respuesta.

2. - Estaba ya amaneciendo, como estaba amaneciendo cuando María fue y no encontraba al Señor en el sepulcro. ¿Cómo lo iba a encontrar si estaba amaneciendo el amanecer lleno de esperanza de la humanidad?

Estaba ya amaneciendo y en la orilla le miraba el Señor. El Señor que, durante el primer juicio en casa de Anás y tras sus negociaciones, le miró y le mira de nuevo desde la orilla.

--El Señor que arrancó de sus ojos amargas lágrimas con una sola mirada le vuelve a mirar desde la orilla.

--Y ¿ahora qué? Pues tirarse de cabeza al mar para llegar cuanto antes a la orilla junto al Señor.

Y allí el Señor le contesta al y ¿ahora qué? Que le ame y más que los demás. “Señor tu sabes todas las cosas, tu sabes que te quiero”. Que cambie de oficio, que tire las redes al mar y tome el callado de pastor. Ambos oficios nada sencillos, ni inocentes. El pescador se enfrenta con la naturaleza bravía y el pastor con las fieras del campo, “os envío como ovejas entre lobos”. Y que se prepare porque su destino le va a hacer llegar hasta donde él dijo en bravatas: “Señor, mi vida daré por Ti”. Y ahora el Señor se lo acepta: “Te llevarán donde no quieras”. Y regresó Pedro a casa lleno del Señor, pero incierto en su futuro, como son las cosas de la fe.

3. - ¿En cuántos momentos de nuestra vida hay un “y ahora qué”, que no va a encontrar contestación más que buscando al Señor en la orilla, desde donde sin duda nos mira y nos quiere hablar? Y sólo si tenemos la valentía de tirarnos al agua puestos los ojos en el Señor vamos a encontrar una contestación que responda plenamente a ese qué.

 


2.- EL SEÑOR RESUCITADO PARTE EL PAN PARA NOSOTROS

Por Pedro Juan Díaz

1.- Tercer domingo de pascua, tercera aparición de Jesús resucitado a sus discípulos. La primera fue a María Magdalena, la segunda a la comunidad en el cenáculo (primero sin Tomás y después con él) y esta tercera a Pedro y un grupo de discípulos cuando iban a pescar. Cada encuentro de Jesús resucitado con cada una de estas personas produce un efecto aún mayor del que ya producía antes de su pasión en las personas con las que se encontraba. Durante su vida “física”, Jesús transformó el corazón de las personas con las que se encontró en esos tres años, fueran de la clase social que fueran: pecadores, publicanos, prostitutas, ricos, pobres, enfermos, mendigos, autoridades civiles, eclesiásticas, etc. Ahora ese efecto se multiplica, empezando por sus propios discípulos. Son verdaderamente hombres y mujeres nuevos a la luz de la Pascua, a la luz del resucitado.

2.- La palabra “discípulo” habla de aquel que es “seguidor” de otra persona, en este caso de Jesucristo. Es el nombre que más se usa en el Nuevo Testamento para hablar de los cristianos. Desde el comienzo de su predicación, Jesús llama al seguimiento absoluto e incondicionado, que implica la adhesión plena a su persona, a su mensaje y a su destino. Seguir a Jesús genera una comunidad de vida que se traduce en una relación estable, permanente y exclusiva con Él, hasta compartir su destino de muerte y resurrección. Seguir a Jesús implica caminar con Él, compartir con Él una relación nueva de comunión, de amistad, de amor.

3.- Jesús resucitado se aparece en primer lugar a sus propios discípulos para reforzar ese discipulado, ese seguimiento. María Magdalena se convertirá en un apóstol de los más importantes en el surgimiento y crecimiento de la primera Iglesia. Tomás no necesita meter sus dedos en las llagas de Jesús porque una palabra de Jesús es suficiente para su confesión de fe: “no seas incrédulo, sino creyente”; “Señor mío y Dios mío”. Y Pedro… se quita la “espina” de su negación, mejor dicho, Jesús le ofrece la oportunidad de que así lo haga y sea verdaderamente esa “piedra” en la que se edificará la comunidad cristiana. Después de este tercer encuentro con Jesús resucitado es muy interesante el diálogo entre Jesús y Pedro. Jesús le dedica un tiempo especial a Pedro y le brinda la oportunidad de reconciliarse a través del amor. Y es que el auténtico discipulado se revela en ese diálogo que mantienen Pedro y Jesús.

4.- Comparto con vosotros una versión particular de ese diálogo que leí preparando esta Eucaristía. Es de José Ignacio Blanco, publicada en la hoja “Eucaristía”, de Verbo Divino.

“Jesús le está diciendo: “Yo te amo. Me negaste tres veces, pero yo te amo”. Ahora Pedro puede entender que su amor sólo puede apoyarlo en el amor a Jesús, porque no puede apoyarse en sí mismo. En la última cena se atrevió a ser un héroe: “Entregaré mi vida por ti”. “No es verdad, Pedro. Tú crees que me amas, pero no me amas. Sólo amas tu propia generosidad, queriendo demostrarte a ti mismo que me quieres. Yo no necesito que me demuestres nada”. Es ahora cuando Pedro realmente empieza a entenderlo. “Tú lo sabes todo. Sólo puedo quererte porque Tú has sido fiel, porque Tú sostienes mi amor. Y no podré seguirte ni ser fiel, si cada día no encuentro en ti la fuente de mi propio amor”.

5.- Pedro sale convertido en un verdadero discípulo después de ese diálogo con Jesús. Ahora vamos a ver al auténtico Pedro, dando testimonio del resucitado ante las autoridades religiosas y diciendo: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Aquellos DISCÍPULOS “salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús”. La historia de Pedro también se puede repetir en cada uno de nosotros. Jesús sabe de nuestras debilidades, de nuestras “negaciones”, de nuestros “intentos de heroísmo”, a pesar de que todos los días le digamos cuánto le queremos. No tenemos que demostrarle nada, solamente apoyar nuestro amor en Su Amor, y nuestra fidelidad en Su Fidelidad. Entonces, cuando descubramos que “Tú lo sabes todo” de mi, de cada uno de nosotros, podremos amarle como Él quiere ser amado, y es en la entrega a los demás, a mi prójimo, al que está a mi lado, a los más pobres y necesitados de amor.

En la Eucaristía nos podemos “comer a Dios por los pies”, pero si nuestra vida no es reflejo de lo que aquí vivimos, estamos “tocando el violón”. El Señor Resucitado parte el pan para nosotros para que le reconozcamos vivo y presente en medio de la comunidad, para que nos sintamos hombres y mujeres nuevos transformados por su amor, y para que demos testimonio con nuestra vida de lo que aquí celebramos como creyentes, como comunidad.


3.- AMOR Y SEGUIMIENTO DE JESUCRISTO

Por José María Martín, OSA

1.- Ser coherentes. Los seguidores de Jesucristo como San Pedro hemos de esforzarnos por alcanzar lo que El nos propone para instaurar el Reino de Dios. Después de Pentecostés los primeros cristianos se lanzaron por toda Judea predicando la resurrección de Cristo. Les prohibieron enseñar en nombre de El, pero ellos dieron testimonio, aun a riesgo de su propia vida. Pedro y sus compañeros replicaron: "El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús a quien nosotros matasteis colgándolo de un madero". "La diestra de Dios lo exaltó haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados". "No se ha dado otro nombre bajo el cielo por el cual nos podamos salvar". De la experiencia de Jesucristo resucitado sacaron las fuerzas necesarias para testimoniar sin miedo a nada ni a nadie. Viendo nuestra realidad actual hemos de reconocer que nosotros tenemos mucho que aprender de ellos. No somos coherentes ni valientes a la hora de dar testimonio de nuestra fe. Y eso que no corre peligro nuestra vida……La Iglesia es el blanco de muchos ataques injustos y generalizados, pero hemos de convencernos de que la mejor defensa es nuestro ejemplo de vida.

2.- Ser generosos. Hemos de hacer realidad en nuestra vida aquello que a los Apóstoles le causó la cárcel, pero que les dio la verdadera paz y felicidad que vienen de Dios: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres". El Señor habla, sigue hablando y a cada uno en particular nos pide cosas concretas a través de las mil circunstancias de la vida ordinaria. Hemos de ser generosos: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres". Por ser coherentes con su compromiso sufrieron mil penalidades: "Azotaron a los Apóstoles, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los Apóstoles salieron del consejo, contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús". Los Apóstoles no eran en su caminar por la tierra seres anormales, masoquistas… Pero sí eran personas enamoradas y el amor lo sufre todo con felicidad. Se esforzaron por llevar a Cristo en el corazón, y ponerlo en los corazones de los demás. "Cristo una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, la muerte ya no tiene dominio sobre El”, proclamaron con entusiasmo.

3.- Seguimiento concreto. El Señor pregunta a San Pedro tres veces seguidas si le ama, como si tuviera que reparar así por las tres negaciones. La vida de los Apóstoles y en especial de San Pedro son muy edificantes por lo que tienen de caídas, como nosotros, y de arrepentimiento. San Pedro tenía mucho de palabra: Señor si es necesario moriremos contigo, nada más ver al Señor se lanza al agua... Pero negó tres veces a Jesús ¡Qué caída más horrorosa, peor que la de Judas! Pero a diferencia de Judas, Pedro amaba con todas las veras de su alma al Maestro. Jesús ya resucitado le da a Pedro la primacía en toda la Iglesia "apacienta mis corderos", "pastorea mis ovejas". Jesús pregunta insistentemente: "¿me amas?" y Simón en su tercera respuesta como quejándose: "Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te amo". Y nosotros somos iguales: ¡cuántas caídas! ¡Cuántas cosas de las que tenemos que arrepentirnos! ¡Cuántas faltas de amor a Dios y al prójimo! y como San Pedro le decimos al Señor: "Tú lo sabes todo, tú sabes que te amo". A cada uno de nosotros Jesucristo nos propone seguirle con un encargo concreto En esto consiste ser cristiano.

Fuente: www.betania.es

 

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