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27 noviembre 2013 3 27 /11 /noviembre /2013 13:23

La Homilía de Betania: Primer Domingo de Adviento. 1 de diciembre, 2013

1.- JUNTOS HACEMOS TIEMPOS MEJORES

Por José María Martín OSA

1.- Nuestro mundo necesita una buena dosis de esperanza. Contamos con la providencia de Dios que vela por nosotros, pero espera nuestra colaboración. Hagamos posible la esperanza a los que viven desesperados porque su vida ha dejado de tener sentido. Hay muchos cristianos desanimados porque no ven a los jóvenes participando en la Eucaristía, otros se sienten desconcertados ante la falta de valores y la desintegración de muchas familias, hay quien está decepcionado porque ve una Iglesia demasiado instalada y alejada del Evangelio. Ante esto optan por la pasividad o resignación y niegan cualquier posibilidad de cambio. Hoy la Palabra de Dios nos alerta para que nos demos cuenta de que Jesús, el Hijo del Hombre, viene a liberarnos de todas nuestras dudas e incertidumbres. Él es nuestra justicia y nuestra salvación. Tenemos por delante una hermosa tarea durante estas cuatro semanas: preparar nuestro interior como si fuera una cuna que va a recibir a Aquél que nos da la vida. El tren de la esperanza va a pasar por delante de nosotros, no lo perdamos, subamos a él y valoremos todo lo bueno que vamos encontrando en nuestro camino. Siendo nosotros también liberadores, justos, alegres y solidarios podremos hacer que todos los que en él viajamos podamos construir la nueva humanidad que tanto anhelamos. Pero seamos profetas de la esperanza, no del desaliento, pues ya estamos cansados de agoreros y necesitamos hombres y mujeres, esperanzados y esperanzadores.

2.- Daos cuenta del momento en que vivís. Los cristianos de Roma estaban adormilados, acomodados, bien situados algunos. Pablo les alerta porque ya va siendo hora de espabilarse. También Pablo nos invita hoy a despertar, a salir de la noche y a caminar a la luz del día. Darse cuenta del momento es caer en la cuenta de que el mundo no es bueno si no es bueno para todos. Pensamos que si yo estoy bien, los demás que se espabilen. Pablo distingue entre la noche y el día, entre el mal y el bien, entre el aturdimiento y la vigilancia. El que obra el mal camina en las tinieblas y está como dormido, pero la esperanza ilumina los pasos del que obra el bien y le mantiene despierto y siempre vigilante. Este es el texto que a Agustín de Hipona le dio la fuerza definitiva para convertirse. Al leerlo brotaron de sus ojos las lágrimas del arrepentimiento. La Palabra de Dios nos interpela como le interpeló a él. Estas palabras de Pablo parece como si estuvieran escritas también para nosotros, que vivimos en unos tiempos de olvido de lo espiritual y de escasez de esperanza. . ¿Qué cosas nos diría hoy S. Pablo, para despertarnos de nuestro sueño y nuestra inconsciencia? He aquí alguna de las cosas que necesitan conversión: la locura del rearme, la locura del derroche, la locura del tener, la locura del paro, la locura de la violencia, la locura de la droga, la locura de la contaminación, la locura de la insolidaridad, la locura de la velocidad, la locura del poder, la locura del vicio...

3.- Hemos de tomar conciencia de nuestra responsabilidad. El evangelio nos anima a estar alerta. Es una de los lemas del movimiento scout y no está pasado de moda….Significa que hay que estar siempre disponible. Cuando menos lo esperaban los hombres, llegó la catástrofe del diluvio universal. Jesús les recordó esto a sus contemporáneos y hoy nos lo recuerda a nosotros. No se trata de atemorizarnos con nuevos cataclismos, como pronostican las armas atómicas o el agujero de ozono. El Evangelio no es una amenaza, sino una buena noticia. Pero tampoco Jesús espera de nosotros que perdamos la vida vegetando, trabajando, ganando dinero, gastándolo, y vuelta a empezar. Dios llama hoy nuestra atención para sacarnos del aburrimiento, de la indiferencia ante el hambre, la pobreza, la injusticia y los sufrimientos de los demás. Quiere que nos responsabilicemos y tomemos conciencia, quiere que estemos alerta. Una segunda exigencia del evangelio de hoy es la acción. El reino de Dios, la justicia y la igualdad, el bienestar de todos, no es una lotería, sino el resultado de la acción de todos y de la solidaridad de todos. Hay que vigilar y analizar, diseñar y proyectar antes de pasar a la acción, para que ésta sea eficaz. No debemos radicalizar posturas diciendo que todo está mal. Hay que discernir el bien del mal, conservar lo que beneficia a todos y redunda en el bienestar de todos; pero habrá que modificar y cambiar lo que sólo favorece a unos pocos. El adviento, este adviento, y todos, pues siempre es adviento para el creyente, ha de ayudarnos a ver cómo esa esperanza del reino de Dios se va ya realizando en cada una de las esperanzas y de los logros humanos. Debe comprometernos en esa tarea común, con todos los hombres de buena voluntad. Todavía queda mucho por hacer. Todavía tenemos una gran esperanza, otro mundo es posible. Como escribió San Agustín, “Nosotros somos los tiempos y juntos podemos hacer tiempos mejores”.


2.- PREPARARNOS PARA RECIBIR DIGNAMENTE AL SEÑOR

Por Antonio García-Moreno

1.- JUSTICIA Y MISERICORDIA.- Después de los duros castigos con que aflige Dios a su pueblo, siempre sigue una época de perdón y de florecimiento. Jeremías ha predicado la ruina de Israel y de Judá, los dos estados hermanos que vivían separados. La época a que se refiere fue terrible por sus incendios y por la sangre vertida por las calles y campos. Dios había castigado con mano dura a los rebeldes.

Ello nos recuerda que también ha habido guerras entre nosotros, que han llenado de cadáveres los campos y las ciudades. Las últimas las del Golfo Pérsico, de Afganistán, Irak y Siria, con sus secuelas aún punzantes... Sin embargo, todo se va olvidando. Las heridas se cierran. Pero el peligro no ha pasado. Los hombres seguimos empeñados en no escuchar el mensaje de paz del Evangelio, sin darnos cuenta de que pueden soltarse de nuevo los jinetes del Apocalipsis.

Dios nos habla hoy de esperanza, nos recuerda el cumplimiento de las antiguas promesas. De nuevo ha llegado el Adviento, tiempo de espera gozosa, de vigilancia. En el alma brota el anhelo, el deseo vivo de que Jesús llegue hasta nosotros. Por eso repetimos como los primeros cristianos: ¡Maranatha, ven, Señor Jesús!

David, el rey pastor, el rey poeta. De sus ramas brotará un vástago escogido. Se llamará Jesús Manuel y nacerá de una Madre Virgen. Su dignidad superará a la de todos los reyes de la historia, es más excelsa que la de los mismos ángeles. Será el Mesías, el Redentor, el nuevo Moisés que librará a su pueblo de la esclavitud. Implantará el derecho y hará triunfar a la justicia. Barrerá todos los desafueros, los que han cometido los de arriba y los que puedan haber cometido los de abajo. Cada uno recibirá lo que es justo, lo que realmente ha merecido. Ya no habrá miedo a la mentira, al engaño alevoso, al fraude premeditado, al latrocinio simulado.

Temiendo y deseando estamos, Señor. No podemos pedirte que hagas la vista gorda y que pases por alto la justicia. Pero sí te suplicamos misericordia, mucha misericordia. Porque ¿quién puede considerarse justo ante ti? ¿Quién puede creerse inocente ante tu tribunal? Haz que la esperanza de tu misericordia, sin embargo, no nos haga olvidar tu justicia. Y que junto a la confianza que nos inspira tu bondad, florezca el santo temor que debe inspirarnos tu bendita justicia.

2.- DIES IRAE.- De nuevo la Iglesia nos transmite uno de los discursos escatológicos del Señor. Las estrofas del "Dies irae", el canto del Día de la ira, vuelven a tronar con sus terribles y cósmicos acentos en estas palabras del Señor. En ese día los hombres se llenarán de angustia ante el anuncio del final apocalíptico del gran teatro del mundo. Todas las explosiones atómicas, habidas y por haber, serán una pálida sombra en comparación con la hecatombe de aquel día. La gente, sigue diciendo el Maestro, enloquecerá ante el estruendo del mar y su oleaje, quedarán sin aliento a causa del miedo.

Son palabras escuetas en las que no hay retórica alguna, ni afán por cargar las tintas. Son expresiones lacónicas que sólo pretenden ponernos en guardia y sobre aviso, para que vivamos vigilantes y siempre preparados por si el Señor llega. Adviento es lo mismo que advenimiento, acción de venir, preludio de una llegada. Es tiempo de espera, son momentos en los que preparar los caminos interiores, para dar paso al Gran Rey. Son, pues, días de arrepentimiento, de conversión y de penitencia, de mortificación, de plegaria, en los que prepararnos para recibir dignamente al Señor.

Tened cuidado y que no se os embote la mente con el vicio, o con la preocupación por el dinero, y se nos eche de repente aquel día. Con estas palabras el Señor pone el dedo en la llaga. Ese es nuestro mal, olvidarnos de lo más importante, y vivir inmersos en cuatro tonterías. A veces nos ocurre que sólo pensamos en lo más inmediato, en lo que resulta placentero, en nuestro bienestar presente. Sin pensar que no todo termina ahí, sin darnos cuenta de que la meta final nos espera después de la muerte. Caminamos entonces con torpeza, dando tumbos y acercándonos a nuestra perdición. Despertemos de nuestro absurdo sueño, sacudamos con energía la modorra que nos embota y entorpece. Dejemos de una vez esa vida ramplona que nos hace insensibles y ciegos para las cosas de Dios, incapaces de avanzar hacia el puerto de la salvación.

Pidamos al Señor que nos ayude, que nos dé fuerzas para luchar con denuedo en esta batalla, quizá la última, en la que estamos metidos. Roguemos que nos abra los ojos para ver el peligro que se avecina, que cure nuestra sordera y podamos escuchar el grito de alerta que da la alarma y nos avisa para que nos preparemos, con la debida antelación, a la venida del Señor.


3.- LA ESPERANZA CRISTIANA EN TIEMPOS DE CRISIS

Por Gabriel González del Estal

1.- Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Este domingo comenzamos el tiempo de Adviento, un tiempo de esperanza cristiana. Vivir con esperanza cristiana es vivir esperando que Cristo reinará un día en nuestro mundo. Creer que Cristo terminará reinando en nuestro mundo es creer que llegará un día en el que el bien triunfe sobre el mal, la justicia sobre la injusticia, la paz sobre la guerra. Desde el punto de vista litúrgico, el Adviento es el tiempo que los cristianos dedicamos a prepararnos para poder celebrar dignamente el día de Navidad. Pero el Adviento, en general, es más que el Adviento litúrgico, es vivir todos los días de nuestra vida animados por la esperanza de que algún día Dios nacerá entre nosotros y se quedará para siempre con nosotros, de tal manera que podremos vivir aquí en la tierra como auténticos hijos de Dios. Esto, desde nuestra condición de hombres pecadores, es difícil de esperar, y en tiempos de crisis lo es aún más. Porque si miramos a nuestro alrededor, al mundo en el que realmente vivimos, vemos muy pocas señales de que esto vaya a suceder en un futuro cercano. En nuestro mundo de hoy no es Dios el que gobierna, ni en nuestra economía, ni en nuestra convivencia social y política, ni en el ámbito diario de nuestros valores y de nuestros quehaceres habituales. Pero decir que nuestra esperanza cristiana en estos tiempos de crisis es muy difícil de mantener, no es decir que debamos renunciar a ella, sino todo lo contrario. Los hombres que vivían en tiempos de Cristo y que mataron a Cristo no eran mucho mejores que nosotros; también Cristo vivió en un tiempo de crisis: crisis política, crisis social, crisis económica, crisis moral. Y, sin embargo, Cristo luchó hasta el último momento de su vida para que el reino de Dios se hiciera realidad. Él mismo puso en marcha ese reino, el reino de Dios. Nosotros, como discípulos de Cristo, tenemos la obligación de seguir trabajando para que ese reino iniciado por Cristo pueda hacerse realidad también entre nosotros. Así lo esperamos y así se lo pedimos a Dios nuestro Padre en este tiempo de Adviento: que Cristo pueda seguir naciendo y reinando entre nosotros. A pesar de todas las crisis.

2.- Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas. También el profeta Isaías, el gran cantor de la esperanza cristiana en el Antiguo Testamento, nos dijo, en nombre de Dios, que un día será el mismo Dios el que nos instruirá en sus caminos, nos guiará por sus sendas, y ese día podremos hacer de las lanzas podaderas y de las espadas arados. Pero para eso nosotros deberemos dejarnos guiar por su luz, abandonar nuestros oscuros caminos de egoísmo, injusticia y violencia. Y eso que el mismo profeta tuvo que vivir en tiempos de profunda crisis social y política, en medio de continuas guerras con sus consiguientes deportaciones. Los cristianos debemos ser siempre personas de esperanza, porque no esperamos lo que esperamos fiándonos de nuestras propias fuerzas, sino de la fuerza invencible de nuestro Dios. No queremos ser anunciadores de catástrofes y derrotas, sino anunciadores de salvación y de gracia.

3.- Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad… vistiéndonos del Señor Jesucristo. Esta es la finalidad de este tiempo de Adviento, del Adviento litúrgico y del Adviento que es toda nuestra vida misma. En este primer domingo de Adviento comenzamos un camino de purificación interior, para poder llegar al día de Navidad totalmente limpios de pecado y llenos de la gracia de Dios. Para eso, Dios se encarnó en el hombre Jesús de Nazaret, para redimirnos del pecado que está dentro de cada uno de nosotros y enseñarnos la verdadera Verdad y el verdadero Camino para llegar a la verdadera Vida, la vida que está en Dios y es Dios mismo. No desperdiciemos este tiempo de Adviento, encendamos la vela de nuestra esperanza cristiana y caminemos, alegres, al encuentro de nuestro Dios. A pesar de todas las crisis en las que nos está tocando vivir.

Fuente: www.betania.es

 

 

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