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3 diciembre 2013 2 03 /12 /diciembre /2013 23:43

La Homilía de Betania: Segundo Domingo de Adviento. 8 de diciembre, 2013

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1.- UN NUEVO CAMINO

Por José María Martín OSA

1.- Tiempos nuevos. El domingo pasado se nos pedía una esperanza activa. El Señor viene, pero nosotros tenemos que ir hacia El. Esto exige un cambio de mente y de corazón. Es decir, requiere volvernos a Dios. El mensaje de este segundo domingo de Adviento es la conversión El primer Isaías anuncia la llegada de los tiempos mesiánicos, en los que brotará un renuevo del tronco de Jesé. Está hablando de la descendencia de David, cuyo padre precisamente era Jesé. Anuncia la llegada de tiempos de justicia y de paz. Es la justicia de Dios, basada en la misericordia y conducente a la paz. En nuestro mundo hay violencia y guerra, crisis económica, paro, miles de inocentes mueren cada día a consecuencia del hambre. El profeta anuncia que llegará un día en que la vaca pastará con el oso. Sólo llegará esto cuando cumplamos las palabras del Apóstol San Pablo a los Romanos, es decir cuando seamos capaces de “acogernos unánimes” todos, sea cual sea nuestra condición, origen o raza.

2.- Volver a la situación de “desierto”. Juan el Bautista aparece en el desierto. El desierto no es un lugar de muerte, sino de vida. Frecuentemente el desierto ha sido considerado como lugar privilegiado de encuentro con Dios. Los Santos Padres se retiraron al desierto buscando allí la presencia de Dios. Hoy, sin embargo, la palabra "desierto" tiene para nosotros otras connotaciones no tan positivas. ¡Cuántos desiertos hay a nuestro alrededor! Desde el que sufre el inmigrante que ha dejado su patria y no acaba de encontrar el trabajo que busca, hasta los hombres y mujeres que viven el desamor de una familia desestructurada, pasando por los niños y ancianos desatendidos porque hay otras prioridades que atender... ¡Cuánta soledad, vacío y desesperación! Estos son los desiertos de nuestro tiempo, quizás también los tuyos. El lugar inhóspito se convertirá en un lugar de salvación gracias a la intervención de Dios. El Señor trae la paz y la justicia abundantemente como proclama el Salmo 71, pero espera nuestra colaboración. En los momentos de dificultades y problemas... recuerda el desierto de Juan el Bautista... ¿Qué situaciones de desierto existen en tu vida?

3.- El camino hacia la paz. Para que se obtenga la paz, valor tan deseado, es necesario primero que los senderos se allanen, dirá Juan el Bautista en el evangelio. Es decir, que se vuelva al orden natural querido por Dios. Mientras no seamos capaces de recrear el mundo querido por Dios no será posible la paz. Es necesario que los poderosos se despojen de su orgullo y los opulentos compartan su riqueza para que estalle la paz en el mundo. Antes que la caridad está la justicia, de lo contrario se trata más bien de "caridades". Millones de personas en el mundo sufren situaciones de injusticia. ¿Dónde están los últimos?, ¿dónde se encuentra hoy la pobreza? Los pobres hoy día son "los excluidos" de nuestra sociedad. Si hay excluidos es porque tú y yo también excluimos. El 1% de la población más rica del mundo tiene una renta anual equivalente al total de lo que percibe el 57 % más pobre de la población del mundo. En muchos lugares el nivel de vida de la población más pobre está empeorando, a consecuencia de la crisis económica y del paro. En la actualidad se considera que la pobreza tiene un claro componente estructural que acarrea la exclusión social. ¿Crisis económica, o crisis de valores?

4. - Prepárate de verdad para la Navidad. En este Adviento tienes la oportunidad de pararte y preguntarte: ¿qué camino estás siguiendo, el falso o el que conduce a la felicidad? Si vives obsesionado por el dinero, el placer, la vanagloria, el pensar sólo en ti mismo, te estás equivocando. Esto no te hace feliz. Tienes la oportunidad de rectificar y allanar tu camino. ¿Cómo puedes preparar el camino que conduce a Jesús, qué piedras son las que te hacen tropezar, qué baches son los que te encuentras? Sólo si tienes ilusión y ganas por llegar a la meta, podrás alcanzarla. No lo harás solo, pues hay otros muchos que te acompañan. Prepárate para la Navidad. No te dejes arrastrar por el desenfreno de las cenas, el gasto inútil, las prisas..... Sólo merecerá la pena esta Navidad si encuentras de nuevo tu camino interior y escuchas al Dios de la misericordia, que viene a regalarte la salvación. ¿Estarás atento a su voz?


2.- GUÍANOS, SEÑOR, CON TU LUZ Y CON TU FUERZA

Por Antonio García-Moreno

1.- LO GRANDE DE LO PEQUEÑO.- Todo tiene fin en esta vida, también los dolores y los sufrimientos. Jerusalén era como viuda llena de tristeza, afligida, enlutada. Fueron descuajados sus cimientos de gran ciudad asentada sobre el monte Sión, el monte de Dios donde se recostaba vestida de vistosos mármoles. Sus moradores han sido deportados lejos, allá junto a los ríos de Babilonia. Pero ya está todo para terminar.

El profeta exulta de gozo y grita con voz urgente: "Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y de aflicción y viste las galas perpetuas de la gloria que Dios te da; envuélvete en el manto de la justicia de Dios y ponte en la cabeza la diadema de la gloria perpetua, porque Dios mostrará tu esplendor a cuantos viven bajo el cielo...".

"Ponte en pie, Jerusalén, sube a la altura, mira hacia Oriente y contempla a tus hijos...". Por los anchos caminos de los aires, de los mares y las tierras siguen marchando los enviados de Dios, los misioneros de la verdad, del amor y de la paz, de la justicia. El Oriente, lejano y misterioso, se ha llenado una vez más con la abundante semilla de la palabra de Dios. Y Occidente, el viejo padre de la cultura y la ciencia se siente esperanzado en medio de las mil negras noticias que surcan las ondas del espacio... Y nosotros, los hijos de la nueva Jerusalén, la Iglesia de Cristo, queremos contribuir a esa siembra de esperanza con nuestra vida pequeña de siempre, pero grande y hermosa si la vivimos con fe, muy unidos a Cristo.

Un espectáculo grandioso: se han abierto nuevos caminos en la tierra. Dios ha intervenido y por medio de los montes las aguas han pasado. Para que Israel –también nosotros los cristianos- caminemos con seguridad, con paso decidido y firme, con la cabeza alta y el corazón lleno de canciones.

El trabajo, la lucha por la subsistencia, el afán de progreso y desarrollo, el angustioso pluriempleo, la absorbente familia, el juego azaroso y rudo de la política... Todo puede y debe servir para llegar a Dios. Él ha señalado la ruta, la ha marcado con su propio caminar, cruzando muchas veces durante treinta años ese itinerario humano que se ha hecho divino.

Guíanos, Señor, con tu luz y con tu fuerza. Para que sepamos descubrir el sentido extraordinario de nuestra vida ordinaria, el valor grande y divino de todo lo pequeño y humano.

2.- VERACIDAD HISTÓRICA.- Todos los evangelistas nos transcriben los hechos ocurridos con fidelidad, sin faltar en lo más mínimo a la verdad. La historicidad de los Evangelios es una doctrina que siempre ha sostenido la Iglesia, a pesar de los ataques que a lo largo de los siglos se ha venido haciendo contra los textos sagrados. En el pasaje de este domingo tenemos una prueba suficientemente clara de esa preocupación por narrar los acontecimientos, tal como ocurrieron.

Es cierto que los autores inspirados trataban ante todo de despertar la fe en sus lectores y oyentes, exhortarles para que creyesen en Jesucristo, mejorasen sus vidas y alcanzaran así la salvación. Por eso precisamente los primeros evangelizadores expusieron lo que ocurrió como testigos directos que sabían que era verdad cuanto contaban. Y cuando el que narra los hechos sobre la vida de Jesús no era un testigo presencial, como en el caso de san Lucas, trata de informarse cuidadosamente indagando y preguntando a los que vivieron con el Señor. En efecto, así nos lo dice con toda claridad el evangelista en el prólogo de su evangelio. Y así lo vemos en este pasaje que contemplamos, en el que da una serie de datos concernientes al tiempo preciso en que el Bautista comienza su predicación.

Los personajes que nombra, el emperador Tiberio, el gobernador de Judea Poncio Pilato, los tetrarcas o virreyes Herodes Antipas, Filipo o Felipe y Lisanias o Lisanio, son todos personajes que existieron y que fueron coetáneos a Jesucristo. De este modo, el hecho de la Redención se sitúa con exactitud en el tiempo, haciéndonos entender la veracidad histórica del Evangelio.

También el Bautista es un personaje que, lo mismo que los anteriores, está atestiguado por otros autores ajenos al cristianismo. Así Flavio Josefo nos refiere el ministerio del Precursor y la veneración de que fue objeto por parte del pueblo judío de entonces. Un dato más que nos ha de confirmar y fortalecer en nuestra fe acerca de cuanto nos narran los Evangelios. Al mismo tiempo, esas palabras que nos permiten conocer mejor a Jesucristo, han de despertar en nosotros un amor más profundo y comprometido, una fidelidad cada día más delicada en el cumplimiento de la voluntad divina.

Eso es, en último término, lo que interesa: conocer mejor a Dios y amarle sinceramente con una entrega total y gozosa a sus planes de salvación. Recordemos que estamos en Adviento, con una actitud de espera activa que se esfuerza por tenerlo todo a punto para cuando llegue el Señor. Es tiempo de purificación en el que hemos de intensificar el espíritu de oración y penitencia. Supliquemos, por tanto, a Dios que nos envíe al que ha de venir y que abra de nuevo el cielo y descienda hasta nosotros el Salvador.


3.- LA EUCARISTÍA MOTOR DE FE Y ESPERANZA

Por Pedro Juan Díaz

1.- En este segundo domingo de adviento, metidos ya en el mes de diciembre, con la Navidad cada vez más cerca, la Palabra de Dios nos invita a la esperanza. Pero pensaba yo que “el patio anda muy revuelto” por ahí fuera. La crisis no da tregua, encima los coreanos se han puesto “manos a la guerra” por las dichosas fronteras, las noticias da pena verlas porque todo son catástrofes, maltratos, violencia, enfrentamientos, discusiones. Hasta nuestros niños se enfrentan como los futbolistas que, puestos a imitarlos en todo, les imitan también cuando se pelean. Será que verdaderamente la Palabra que necesitamos escuchar es de esperanza.

--¿Esperanza por qué? En primer lugar, porque “Dios está cerca”, lo ha estado siempre y siempre lo estará. Y estas situaciones que vivimos son necesariamente transformables. Pero esto no es nuevo. Ya andaba Juan el Bautista diciendo aquello de “convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. Y qué razón tiene, porque así no podemos descubrir a ese Dios cercano que se hace niño y viene a nacer entre nosotros. Tenemos la “habitación (del corazón) hecha unos zorros”, como se suele decir, y toca ponerse a “emparejar” (ordenar en lenguaje de la Vega Baja). Pero eso también lo decía ya Juan: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. Toda la vida es un estado permanente de conversión, de cambio, de transformación, primero interior, y después exterior.

--Esperanza también porque ese niño-Dios que viene a nacer entre nosotros es ese “renuevo del tronco de Jesé” en el que “se posará el espíritu del Señor”. Ese Espíritu es el que nos hace cercano a Dios y el que hará posible nuestra conversión, no sin nuestra colaboración, claro está. Ese Espíritu es el que guió a Jesús a lo largo de su vida y es el que también nos guía a nosotros, como Iglesia, para ser signo de su presencia en nuestro mundo. Ese Espíritu es el que, en palabras del profeta Isaías, “juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados”, es decir, que “allanará los caminos” para que Dios pueda venir a nacer entre nosotros.

--Esperanza finalmente en lo que el profeta Isaías llama “aquel día”. Ese será el día definitivo. Me recordaba a la canción de Labordeta que dice: “Habrá un día en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga libertad”. Es una esperanza soñadora la de Isaías, pero que no ha de quitar nuestros pies del suelo, ni nuestras manos de la realidad. Es la esperanza teologal en un futuro mejor en el que Dios “recapitulará todas las cosas en su Hijo Jesús”. Hasta entonces, “manteneos en la esperanza”, dice San Pablo, no perdáis de vista la realidad, necesitada de transformación y de transformadores, pero en solidaria armonía. Porque mañana seguirán saliendo malas noticias por televisión, y seguiremos necesitando el Espíritu del Señor para ser signos de su presencia salvadora en medio de este mundo que muchas veces quiere quitárselo de en medio. Y mañana habrá que mantener la esperanza.

2.- La Eucaristía es el motor de nuestra fe y de nuestra esperanza. La Eucaristía anticipa ese “día” en que Dios lo hará todo nuevo. La Eucaristía nos fortalece para salir a la vida y dar lo mejor de nosotros mismos. En la Eucaristía, Jesús aparece como el modelo a imitar, dejándonos guiar en todo por su Espíritu Santo. Que la Eucaristía nos ayude a caer en la cuenta de que no caminamos solos, de que no transformamos solos, de que no hemos de convertirnos nosotros solos, sino como Iglesia, “unánimes, a una voz”, en comunidad.

Fuente: www.betania.es

 

 

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