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21 febrero 2014 5 21 /02 /febrero /2014 04:04

Liturgia de las Horas. Sábado VI Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 22 de febrero, 2014..

Del Común de la Virgen María. Salterio II

(OFICIO DE LECTURA (Hora más conveniente); LAUDES (Entre 6:00 y 10:00); TERCIA (9:00 y 12:00); SEXTA (12:00 y 15:00); NONA (15:00 y 18:00); VÍSPERAS (19:00 y 22:00); COMPLETAS (Justo antes de ir a acostarse)

La Cátedra de San Pedro

La cátedra de san Pedro se celebraba en Roma, ya desde el siglo IV, en este día, para significar la unidad de la Iglesia, fundada sobre el apóstol.

INVITATORIO

Si Laudes es la primera celebración del día:
    V. Señor, abre mis labios.
    R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
 
    A continuación se dice el salmo del Invitatorio, con la antífona:
    Venid, adoremos al Señor, rey de los apóstoles.

 Salmo 94
INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
 
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;

 entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

 

Se repite la antífona

 
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses,
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Se repite la antífona

 
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

 

Se repite la antífona

 
Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Se repite la antífona


Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."

 

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Se repite la antífona
 
Si antes de Laudes se ha celebrado el Oficio de lectura:
    V. Dios mío, ven en mi auxilio.
    R. Señor, date prisa en socorrerme.
        Gloria. Aleluya.

 

LECTURA - LAUDES - MEDIA - VÍSPERAS - COMPLETAS

 

Oficio de lectura


HIMNO

Dichoso Pedro, fiel pastor, recibe
las preces nuestras; rompe las cadenas
de nuestras culpas, tú que recibiste
poder de abrir los cielos y la tierra.

Al Uno y Trino sempiterna gloria,
honor, poder y jubilosos himnos,
porque él mantiene en unidad al mundo,
por todo el curso de incontables siglos. Amén.


SALMODIA

Ant. 1: Dijo Pedro: «Dios resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis y lo exaltó en su gloria.»

Salmo 18 A
ALABANZA AL DIOS CREADOR DEL UNIVERSO

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo murmura.
 
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.
 
Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.
 
Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.

Ant. 1: Dijo Pedro: «Dios resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis y lo exaltó en su gloria.»


Ant. 2: El Señor ha enviado a su ángel y me ha librado de las garras de Herodes.

Salmo 63
SÚPLICA CONTRA LOS ENEMIGOS

Escucha, ¡oh Dios!, la voz de mi lamento,
protege mi vida del terrible enemigo;
escóndeme de la conjura de los perversos
y del motín de los malhechores:
 
afilan sus lenguas como espadas
y disparan como flechas palabras venenosas,
para herir a escondidas al inocente,
para herirlo por sorpresa y sin riesgo.
 
Se animan al delito,
calculan cómo esconder trampas,
y dicen: «¿Quién lo descubrirá?»
Inventan maldades y ocultan sus invenciones,
porque su mente y su corazón no tienen fondo.
 
Pero Dios los acribilla a flechazos,
por sorpresa los cubre de heridas;
su misma lengua los lleva a la ruina,
y los que lo ven menean la cabeza.
 
Todo el mundo se atemoriza,
proclama la obra de Dios
y medita sus acciones.
 
El justo se alegra con el Señor,
se refugia en él,
y se felicitan los rectos de corazón.

Ant. 2: El Señor ha enviado a su ángel y me ha librado de las garras de Herodes.


Ant. 3: Una nube brillante los envolvió y se oyó la voz del Padre: «Éste es mi Hijo muy amado.»

Salmo 96
EL SEÑOR ES UN REY MAYOR QUE TODOS LOS DIOSES

El Señor reina, la tierra goza,
+ se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.

Delante de él avanza fuego
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.

Lo oye Sión y se alegra,
se regocijan las ciudades de Judá
por tus sentencias, Señor;

porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.

El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre.

Ant. 3: Una nube brillante los envolvió y se oyó la voz del Padre: «Éste es mi Hijo muy amado.»

V. Señor, ¿a quién vamos a ir?
R. Tú tienes palabras de vida eterna.


PRIMERA LECTURA

De los Hechos de los apóstoles     11, 1-18

PEDRO NARRA LA CONVERSIÓN DE LOS GENTILES

    Por aquellos días, los apóstoles y los hermanos que había en Judea se enteraron de que también los paganos habían recibido la palabra de Dios. Y, cuando Pedro subió a Jerusalén, los convertidos del judaísmo discutían con él y le reprochaban el que hubiese entrado en casa de hombres incircuncisos y hubiese comido con ellos.
Pedro, entonces, comenzó a exponerles punto por punto lo sucedido:
    «Estaba yo haciendo oración en la ciudad de Joppe, cuando tuve en éxtasis una visión: vi algo así como un mantel inmenso, suspendido por las cuatro puntas, que iba bajando del cielo y llegaba hasta mí. Lo miré atentamente y vi dentro de él cuadrúpedos de la tierra, fieras, reptiles y aves del cielo. Y oí una voz que me decía:
"Levántate, Pedro, mata y come." Pero yo respondí: "De ninguna manera, Señor, pues jamás ha entrado en mi boca nada profano ni impuro." De nuevo me habló la voz venida del cielo: "Lo que Dios ha purificado no lo llames tú impuro." Se repitió esto por tres veces y, finalmente, todo fue recogido de nuevo hacia el cielo.
    En aquel mismo momento, en la casa donde yo estaba, se presentaron tres hombres que habían sido enviados en mi busca desde Cesarea. El Espíritu me mandó acompañarlos sin vacilación alguna. Fueron también conmigo estos seis hermanos y entramos todos en la casa del hombre que me había llamado. Él nos contó cómo había visto un ángel que se presentó en su casa y le dijo: "Manda a buscar en Joppe a Simón, que tiene el sobrenombre de Pedro. El te dirá lo que tienes que hacer para que tú y toda tu casa alcancéis la salvación"
    Apenas había comenzado yo a hablar algunas palabras, cuando descendió sobre ellos el Espíritu Santo, como había descendido sobre nosotros en un principio, Entonces me acordé de aquellas palabras que dijo el Señor: "Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo," Así pues, si Dios les había concedido el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo, para oponerme a Dios?» Ante estas palabras se tranquilizaron y glorificaron a Dios, diciendo:
    «Así, pues, Dios ha concedido también a los demás pueblos la conversión que conduce a la vida.»

Responsorio     Lc 22, 32; Mt 16, 17b

R. Pedro, yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca; * y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos.
V. Esto no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
R. Y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos.


SEGUNDA LECTURA

De los Sermones de san León Magno, papa

(Sermón 4 En el aniversario de su entronización, 2-3: PI 1, 149-151)

LA IGLESIA DE CRISTO SE APOYA EN LA FIRMEZA DE LA FE DE PEDRO

    De entre todo el mundo, sólo Pedro es elegido para ser puesto al frente de la multitud de los llamados, de todos los apóstoles, de todos los Padres de la Iglesia, pues, aunque en el pueblo de Dios son muchos los sacerdotes, muchos los pastores, a todos los rige Pedro, bajo el Supremo gobierno de Cristo. Dios, amadísimos hermanos, se dignó conceder a este hombre una grande y admirable participación en su poder; y todo aquello que quiso que los demás jefes del pueblo tuvieran en común con él se lo otorgó a través de él.
    El Señor pregunta a los apóstoles qué piensa la gente acerca de él, y su respuesta concuerda en cuanto que expresa la desorientación de la ignorancia de los hombres.
    Pero tan pronto como interroga a sus discípulos sobre la convicción que ellos tienen, el primero entre ellos .m dignidad es el primero también en confesar al Señor. Cuando Pedro hubo dicho a Jesús: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, Jesús le respondió: Bienaventurado eres tú, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Es decir: «Bienaventurado eres, porque mi Padre te ha instruido; no has sido engañado por las opiniones terrenas, sino que te ha iluminado la inspiración celestial; ni la carne ni la sangre te han proporcionado el conocimiento de mi persona, sino aquel de quien soy el Hijo único.»
    Y yo -añade- te digo; esto es: «Así como mi Padre te ha revelado mi divinidad, así quiero yo a mi vez darte a conocer tu propia dignidad: Tú eres Pedro», esto es: Yo soy la piedra inquebrantable, yo soy la piedra angular que hago de los dos pueblos una sola cosa, yo soy el fundamento fuera del cual nadie puede edificar; pero también tú eres piedra, porque por mi virtud has adquirido tal firmeza, que tendrás juntamente conmigo, por participación, los poderes que yo tengo en propiedad.»
    Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y los poderes del infierno no la derrotarán. «Sobre esta piedra firme -quiere decir- edificaré un templo eterno, y la alta mole de mi Iglesia, llamada a penetrar en el cielo, se apoyará en la firmeza de esta fe.»
    Los poderes del infierno no podrán impedir esta profesión de fe, los vínculos de la muerte no la sujetarán, porque estas palabras son palabras de vida. Ellas introducen en el cielo a los que las aceptan, hunden en el infierno a los que las niegan.
    Por esto dice Jesús al bienaventurado Pedro: Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares sobre la tierra será atado en el cielo, y todo lo que desatares sobre la tierra será desatado en el cielo.
    Verdad es que este poder fue comunicado también a los demás apóstoles y que este decreto constitutivo concierne igualmente a todos los que rigen la Iglesia; pero, al confiar semejante prerrogativa, no sin razón dirige el Señor a uno solo, aunque hable para todos, la autoridad queda confiada de un modo singular a Pedro porque él es constituido cabeza de todos los pastores la Iglesia.

Responsorio

R. Simón Pedro, antes que te llamara de tu nave, yo conocía, y te constituí como príncipe de mi pueblo; * yo te he entregado las llaves del reino de los cielos.
V. Todo lo que atares sobre la tierra será atado cielo, y todo lo que desatares sobre la tierra será desatado en el cielo.
R. Yo te he entregado las llaves del reino de los cielos.
 
 
Después del segundo responsorio, se dice el himno Señor, Dios eterno.
 
 
La oración conclusiva como en las Laudes.
 
 
CONCLUSIÓN
 
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
 
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
 
 
 
Laudes
 
 
HIMNO
 
Tú, Cefas, eres Pedro y eres roca,
eres maestro fiel y gobernante
de la barca divina en que viajamos
de esta sombra a la aurora rutilante.

Eres piedra angular en que se basa
el templo espiritual de Dios viviente;
tu humilde llanto canceló la culpa
de tu culpable labio irreverente.

Demos gracias al Padre y a su Hijo,
y al Espíritu, fuego sempiterno,
porque la Iglesia no será vencida
por la fuerza terrible del infierno. Amén.


SALMODIA

Ant. 1: El Señor dijo a Simón: «Ten ánimo, de hoy en adelante vas a ser pescador de hombres.» 

Salmo 62, 2-9

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Ant. 1: El Señor dijo a Simón: «Ten ánimo, de hoy en adelante vas a ser pescador de hombres.»


Ant. 2: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Cántico Dn 3, 57-88. 56

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Angeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

Ant. 2: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»


Ant. 3: El Señor dijo a Pedro: «Yo te daré las llaves del reino de los cielos.» 

Salmo 149

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Ant. 3: El Señor dijo a Pedro: «Yo te daré las llaves del reino de los cielos.» 


LECTURA BREVE     Hch 15, 7b-9

Dios determinó que por mi boca escuchasen los gentiles la doctrina del Evangelio y llegasen a la fe. Dios, que conoce los corazones, se ha declarado a favor de ellos, al darles el Espíritu Santo, igual que a nosotros; y no ha establecido diferencia alguna entre ellos y nosotros, pues ha purificado sus corazones por la fe.


RESPONSORIO BREVE

V. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra.
R. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra.

V. Harán memorable tu nombre, Señor.
R. Sobre toda la tierra.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra.


CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant.: Dijo el Señor a Simón Pedro: «Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos.»

A continuación se dice el Cántico de Zacarías


PRECES

Demos gracias a nuestro Padre que está en los cielos, porque por medio de los apóstoles nos ha dado parte en la herencia de los elegidos, y aclamémosle diciendo:

      El coro de los apóstoles te alaba, Señor.

Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado la mesa de tu cuerpo y de tu sangre:
      en ella encontramos nuestra fuerza y nuestra vida.

Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has preparado la mesa de tu palabra: 
      por ella crecemos en el conocimiento de la verdad y se acrecienta nuestro gozo.

Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles has fundado tu Iglesia:
      por ella nos edificas en la unidad de tu pueblo.

Te alabamos, Señor, porque por medio de los apóstoles nos has dado el bautismo y la penitencia:
      por ellos nos purificas de todas nuestras culpas.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Concluyamos nuestra oración con la plegaria que Jesús enseñó a los apóstoles: Padre nuestro.


Oración

No permitas, Señor, que ninguna desorientación llegue a perturbar nunca la fe de la Iglesia, que tú quisiste estuviera cimentada sobre la roca sólida de la confesión del apóstol san Pedro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.



hora intermedia


V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
    Gloria. Aleluya.


HIMNO
 
TERCIA
 
Ven, Espíritu Santo, luz y gozo,
Amor, que en tus incendios nos abrasas:
renueva el alma de este pueblo tuyo
que por mis labios canta tu alabanza.
 
En sus fatigas diarias; sé descanso;
en su lucha tenaz, vigor y gracia:
haz germinar la caridad del Padre,
que engendra flores y que quema zarzas.
 
Ven, Amor, que iluminas el camino,
compañero divino de las almas:
ven con tu viento a sacudir al mundo
y a abrir nuevos senderos de esperanza. Amén.
 
O bien, fuera de los domingos y de las solemnidades:
 
El trabajo, Señor, de cada día
nos sea por tu amor santificado,
convierte su dolor en alegría
de amor, que para dar tú nos has dado.
 
Paciente y larga es nuestra tarea
en la noche oscura del amor que espera;
dulce huésped del alma, al que flaquea
dale tu luz, tu fuerza que aligera.
 
En el alto gozoso del camino,
demos gracias a Dios, que nos concede
la esperanza sin fin del don divino;
todo lo puede en él quien nada puede. Amén.
 
 
SEXTA
 
En los domingos:
 
Cuando la luz del día está en su cumbre,
eres, Señor Jesús, luz y alegría
de quienes en la fe y en la esperanza
celebran ya la fiesta de la Vida.
 
Eres resurrección, palabra y prenda
de ser y de vivir eternamente;
sembradas de esperanzas nuestras vidas,
serán en ti cosecha para siempre.
 
Ven ya, Señor Jesús, Salvador nuestro,
de tu radiante luz llena este día,
camino de alegría y de esperanza,
cabal acontecer de nueva vida.
 
Concédenos, oh Padre omnipotente,
por tu Hijo Jesucristo, hermano nuestro,
vivir ahora el fuego de tu Espíritu,
haciendo de esta. tierra un cielo nuevo. Amén.
 
O bien, fuera de los domingos y de las solemnidades:
 
Te está cantando el martillo
y rueda en tu honor la rueda.
Puede que la luz no pueda
librar del humo su brillo.
¡Qué sudoroso y sencillo
te pones a mediodía,
Dios de esta dura porfía
de estar sin pausa creando,
y verte necesitando
del hombre más cada día!
 
Quién diga que Dios ha muerto
que salga a la luz y vea
si el mundo es o no tarea
de un Dios que sigue despierto.
Ya no es su sitio el desierto
ni en la montaña se esconde;
decid, si preguntan dónde,
que Dios está -sin mortaja-
en donde un hombre trabaja
y un corazón le responde. Amén.
 
O bien, tanto en los domingos como en las ferias:
 
Este mundo del hombre, en que él se afana
tras la felicidad que tanto ansía,
tú lo vistes, Señor, de luz temprana
y de radiante sol al mediodía.
 
Así el poder de tu presencia encierra
el secreto más hondo de esta vida;
un nuevo cielo y una nueva tierra
colmarán nuestro anhelo sin medida.
 
Poderoso Señor de nuestra historia,
no tardes en venir gloriosamente;
tu luz resplandeciente y tu victoria
inunden nuestra vida eternamente. Amén.
 
 
NONA
 
Fundamento de todo lo que existe,
de tu pueblo elegido eterna roca,
de los tiempos Señor, que prometiste
dar tu vigor al que con fe te invoca.
 
Mira al hombre que es fiel y no te olvida,
tu Espíritu, tu paz háganlo fuerte
para amarte y servirte en esta vida
y gozarte después de santa muerte.
 
Jesús, Hijo del Padre, ven aprisa
en este atardecer que se avecina,
serena claridad y dulce brisa
será tu amor que todo lo domina. Amén.
 
O bien:
 
Oh Jesús, que en tu cruz has demostrado
tu gran amor, tu gran misericordia,
y tu fuerza nos das para seguirte
por el mismo camino hacia la gloria.
 
Que fielmente cumplamos en tu Iglesia
nuestra parte en tu obra salvadora,
y, al llegar a la tarde de la vida,
en gozo eterno el Padre nos acoja.
 
Gracias, Padre, a ti porque nos llamas,
a Jesús, que en su sangre nos redime,
y al Espíritu, luz y guía
de este pueblo que al cielo se dirige. Amén.
 
 
SALMODIA
 
Ant. 1: «El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán», dice el Señor.
 
Salmo 118, 81-88
 
Me consumo ansiando tu salvación,
y espero en tu palabra;
mis ojos se consumen ansiando tus promesas,
mientras digo: ¿cuándo me consolarás?
Estoy como un odre puesto al humo,
pero no olvido tus leyes.
 
¿Cuántos serán los días de tu siervo?
¿Cuándo harás justicia de mis perseguidores.
 Me han cavado fosas los insolentes, ignorando tu voluntad;
todos tus mandatos son leales,
sin razón me persiguen, protégeme.
 
Casi dieron conmigo en la tumba,
pero yo no abandoné tus decretos; por tu bondad dame vida,
para que observe los preceptos de tu boca.
 
Ant. 1: «El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán», dice el Señor.
 
 
Ant. 2: Tú eres, Señor, mi refugio y mi bastión contra el enemigo.
 
Salmo 60
ORACIÓN DE UN DESTERRADO

Oración del justo que espera la vida eterna. (S. Hilario)

Dios mío, escucha mi clamor,
atiende a mi súplica;
te invoco desde el confín de la tierra
con el corazón abatido:
 
llévame a una roca inaccesible,
porque tú eres mi refugio
y mi bastión contra el enemigo.
 
Habitaré siempre en tu morada,
refugiado al amparo de tus alas;
porque tú, ¡oh Dios!, escucharás mis deseos
y me darás la heredad de los que veneran tu nombre.
 
Añade días a los días del rey,
que sus años alcancen varias generaciones;
que reine siempre en presencia de Dios,
que tu gracia y tu lealtad le hagan guardia.
 
Yo tañeré siempre en tu honor,
e iré cumpliendo mis votos día tras día.
 
Ant. 2: Tú eres, Señor, mi refugio y mi bastión contra el enemigo.
 
 
Ant. 3: Protege mi vida, Señor, del terrible enemigo.
 
Salmo 63
SÚPLICA CONTRA LOS ENEMIGOS

Este salmo se aplica especialmente a la pasión del Señor. (S. Agustín)

Escucha, ¡oh Dios!, la voz de mi lamento,
protege mi vida del terrible enemigo;
escóndeme de la conjura de los perversos
y del motín de los malhechores:
 
afilan sus lenguas como espadas
y disparan como flechas palabras venenosas,
para herir a escondidas al inocente,
para herirlo por sorpresa y sin riesgo.
 
Se animan al delito,
calculan cómo esconder trampas,
y dicen: «¿Quién lo descubrirá?»
Inventan maldades y ocultan sus invenciones,
porque su mente y su corazón no tienen fondo.
 
Pero Dios los acribilla a flechazos,
por sorpresa los cubre de heridas;
su misma lengua los lleva a la ruina,
y los que lo ven menean la cabeza.
 
Todo el mundo se atemoriza,
proclama la obra de Dios
y medita sus acciones.
 
El justo se alegra con el Señor,
se refugia en él,
y se felicitan los rectos de corazón.
 
Ant. 3: Protege mi vida, Señor, del terrible enemigo.
 
 
LECTURA BREVE

Tercia     Is 22, 22

Pondré en su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra, nadie lo cerrará, lo que él cierre, nadie lo abrirá.

V. A toda la tierra alcanza su pregón.
R. Y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Oremos:

No permitas, Señor, que ninguna desorientación llegue a perturbar nunca la fe de la Iglesia, que tú quisiste estuviera cimentada sobre la roca sólida de la confesión del apóstol san Pedro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Sexta     1Pe 5, 1-2a

A los presbíteros de esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a descubrirse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios a vuestro cargo.

V. Guardaron los preceptos del Señor
R. Las normas y los mandatos que les ordenó.

Oremos:

No permitas, Señor, que ninguna desorientación llegue a perturbar nunca la fe de la Iglesia, que tú quisiste estuviera cimentada sobre la roca sólida de la confesión del apóstol san Pedro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Nona     2Pe 1, 16

No os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo por haber dado crédito a sutiles quimeras, sino porque fuimos testigos oculares de su grandeza y majestad.

V. Estad alegres, dice el Señor.
R. Porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.

Oremos:

No permitas, Señor, que ninguna desorientación llegue a perturbar nunca la fe de la Iglesia, que tú quisiste estuviera cimentada sobre la roca sólida de la confesión del apóstol san Pedro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
 
 
CONCLUSIÓN
 
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
 
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
 
 
 
I Vísperas
 
 
INVOCACIÓN INICIAL
 
V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
    Gloria. Aleluya.
 
 
HIMNO
 
Hoy rompe la clausura
del surco empedernido
el grano en él hundido
por nuestra mano dura;
y hoy da su flor primera
la rama sin pecado
del árbol mutilado
por nuestra mano fiera.
 
Hoy triunfa el buen Cordero
que, en esta tierra impía,
se dio con alegría
por el rebaño entero;
y hoy junta su extraviada
majada y la conduce
al sitio en que reluce
la luz resucitada.
 
Hoy surge, viva y fuerte,
segura y vencedora,
la Vida que hasta ahora
yacía en honda muerte;
y hoy alza del olvido
sin fondo y de la nada
al alma rescatada
y al mundo redimido. Amén.
 
 
SALMODIA
 
Ant. 1: Desead la paz a Jerusalén.
 
Salmo 121
LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Os habéis acercado al monte de Sión,ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo. (Hb 12, 22)

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
 
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
 
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David.
 
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
 
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.
 
Ant. 1: Desead la paz a Jerusalén.
 
 
Ant. 2: Desde la aurora hasta la noche mi alma aguarda al Señor.
 
Salmo 129
DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR

Él salvará a su pueblo de los pecados. (Mt 1, 21)

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
 
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
 
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
 
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.
 
Ant. 2: Desde la aurora hasta la noche mi alma aguarda al Señor.
 
 
Ant. 3: Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.
 
Cántico     Flp 2, 6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL
 
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
 
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
 
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
 
Ant. 3: Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.
 
 
LECTURA BREVE     2Pe 1, 19-20
 
Tenemos confirmada la palabra profética, a la que hacéis bien en prestar atención, como a lámpara que brilla en lugar oscuro, hasta que despunte el día y salga el lucero de la mañana en vuestro corazón. Ante todo habéis de saber que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada; pues nunca fue proferida alguna por voluntad humana, sino que, llevados del Espíritu Santo, hablaron los hombres de parte de Dios.
 
 
RESPONSORIO BREVE
 
V. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
 
V. Su gloria se eleva sobre los cielos.
R. Alabado sea el nombre del Señor.
 
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
 
 
CÁNTICO EVANGÉLICO
 
Ant.: Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas se os darán por añadidura. Aleluya.
 
Cántico de la Santísima Virgen María     Lc 1, 46-55
ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR
 
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
 
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
 
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
 
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
 
Ant.: Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas se os darán por añadidura. Aleluya.
 
 
PRECES
 
Invoquemos a Cristo, alegría de cuantos se refugian en él, y digámosle:
 
    Míranos y escúchanos, Señor.
 
Testigo fiel y primogénito de entre los muertos, tú que nos purificaste con tu sangre
    no permitas que olvidemos nunca tus beneficios
 
Haz que aquellos a quienes elegiste como ministros de tu Evangelio
    sean siempre fieles y celosos dispensadores de los misterios del reino.
 
Rey de la paz, concede abundantemente tu Espíritu a los que gobiernan las naciones
    para que cuiden con interés de los pobres y postergados.
 
Sé ayuda para cuantos son víctimas de cualquier segregación por causa de su raza, color, condición social, lengua o religión
    y haz que todos reconozcan su dignidad y respeten sus derechos.
 
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
 
A los que han muerto en tu amor dales también parte en tu felicidad
    con María y con todos tus santos.
 
Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios: por eso nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
 
 
Oración
 
Dirige, Señor, la marcha del mundo, según tu voluntad, por los caminos de la paz, y que tu Iglesia se regocije con la alegría de tu servicio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
 
 
CONCLUSIÓN
 
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amen
 
 
 
Completas
 
 
INVOCACIÓN INICIAL
 
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
    Gloria. Aleluya.
 
 
EXAMEN DE CONCIENCIA
 
Es muy de alabar que, después de la invocación inicial, se haga el examen de conciencia, el cual en la celebración comunitaria puede concluirse con alguna de las fórmulas del acto penitencial de la misa.
 
 
HIMNO
 
Cuando la luz del sol es ya poniente,
gracias, Señor, es nuestra melodía;
recibe, como ofrenda, amablemente,
nuestro dolor, trabajo y alegría.
 
Si poco fue el amor en nuestro empeño
de darle vida al día que fenece,
convierta en realidad lo que fue un sueño
tu gran amor que todo lo engrandece.
 
Tu cruz, Señor, redime nuestra suerte
de pecadora en justa, e ilumina
la senda de la vida y de la muerte
del hombre que en la fe lucha y camina.
 
Jesús, Hijo del Padre, cuando avanza
la noche oscura sobre nuestro día,
concédenos la paz y la esperanza
de esperar cada noche tu gran día. Amén.
 
O bien:
 
Se inclina ya mi frente,
sellado está el trabajo;
Señor, tu pecho sea
la gracia del descanso.
 
Mis ojos se retiran,
la voz deja su canto,
pero el amor enciende
su lámpara velando.
 
Lucero que te fuiste,
con gran amor amado,
en tu gloria dormimos
y en sueños te adoramos. Amén.
 
 
SALMODIA
 
Ant. 1: Ten piedad de mí, Señor, y escucha mi oración.
 
Salmo 4
ACCIÓN DE GRACIAS

El Señor hizo maravillas al resucitar a Jesucristo de entre los muertos. (S. Agustín)

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.
 
Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la falsedad y buscaréis el engaño?
Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.
 
Temblad y no pequéis, reflexionad
en el silencio de vuestro lecho;
ofreced sacrificios legítimos
y confiad en el Señor.
 
Hay muchos que dicen: “¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?”
 
Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara en trigo y en vino.
 
En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú solo, Señor, me hacer vivir tranquilo.
 
Ant. 1: Ten piedad de mí, Señor, y escucha mi oración.
 
 
Ant. 2: Durante la noche, bendecid al Señor.
 
Salmo 133
ORACIÓN VESPERTINA EN EL TEMPLO

Alabad al Señor, sus siervos todos, los que le teméis, pequeños y grandes. (Ap 19, 5)

Y ahora bendecid al Señor,
los siervos del Señor,
los que pasáis la noche
en la casa del Señor:
 
Levantad las manos hacia el santuario,
y bendecid al Señor.
 
El Señor te bendiga desde Sión:
el que hizo cielo y tierra.
 
Ant.: Durante la noche, bendecid al Señor.
 
 
LECTURA BREVE     Dt 6, 4-7
 
Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria; se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado.
 
 
RESPONSORIO BREVE
 
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
 
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.
 
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
 
 
CÁNTICO EVANGÉLICO
 
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
 
Cántico de Simeón     Lc 2, 29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL
 
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
 
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
 
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
 
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
 
 
Oración
 
Guárdanos, Señor, durante esta noche y haz que mañana, ya al clarear el nuevo día, la celebración del domingo nos llene con la alegría de la resurrección de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
 
 
CONCLUSIÓN
 
V. El Señor todopoderoso nos conceda un noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.
 
 
 
ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
 
I
 
Madre del Redentor, virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella de mar,
 
ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.
 
Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.
 
Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.
 
II
 
Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.
 
Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.
 
III
 
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
 
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
 
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
 
Oh clemente, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!
 
IV
 
Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios,
no desprecies las oraciones
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.

Liturgia de las Horas. Tomo III

 

Según el Rito Romano. 

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