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7 diciembre 2012 5 07 /12 /diciembre /2012 19:33

Ordinario de la Misa: II Domingo de Adviento. Ciclo C. 9 de Diciembre, 2012.

Segundo Domingo de Adviento

Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor

Ven, Señor, no tardes

Antífona de Entrada

Pueblo de Sión, mira que el  Señor va a venir para salvar a  todos los hombres y dejará oír la  majestad de su voz para alegría de vuestro corazón.

No se dice Gloria.

Oración Colecta

 Oremos:

Que nuestras  responsabilidades terrenas  no nos impidan, Señor,  prepararnos a la venida de tu  Hijo, y que la sabiduría que  viene del cielo, nos disponga  a recibirlo y a participar de su propia vida.

Por nuestro Señor Jesucristo...

Amén.

 

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta

Baruc (5, 1-9)

Jerusalén, despójate de tus  vestidos de luto y aflicción,  y vístete para siempre con el  esplendor de la gloria que Dios  te da; envuélvete en el manto  de la justicia de Dios y adorna  tu cabeza con la diadema de la  gloria del Eterno, porque Dios  mostrará tu grandeza a cuantos  viven bajo el cielo. Dios te dará un nombre para siempre:

“Paz en la justicia y gloria en la piedad”.

Ponte de pie, Jerusalén, sube  a la altura, levanta los ojos y  contempla a tus hijos, reunidos  de oriente y de occidente, a la  voz del espíritu, gozosos porque  Dios se acordó de ellos. Salieron  a pie, llevados por los enemigos;  pero Dios te los devuelve llenos de gloria, como príncipes reales.

Dios ha ordenado que se  abajen todas las montañas y  todas las colinas, que se rellenen  todos los valles hasta aplanar  la tierra, para que Israel camine seguro bajo la gloria de Dios.

Los bosques y los árboles  fragantes le darán sombra por  orden de Dios. Porque el Señor  guiará a Israel en medio de la  alegría y a la luz de su gloria,  escoltándolo con su misericordia y su justicia.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Salmo Responsorial Salmo 125

Grandes cosas has hecho

por nosotros, Señor.

Cuando el Señor nos hizo  volver del cautiverio, creíamos  soñar; entonces no cesaba de  reír nuestra boca, ni se cansaba entonces la lengua de cantar.

Grandes cosas has hecho

por nosotros, Señor. 

Aun los mismos paganos con  asombro decían: “¡Grandes  cosas ha hecho por ellos el  Señor!” Y estábamos alegres,  pues ha hecho grandes cosas por su pueblo el Señor.

Grandes cosas has hecho

por nosotros, Señor.

Como cambian los ríos la  suerte del desierto, cambia  también ahora nuestra suerte,  Señor, y entre gritos de júbilo  cosecharán aquellos que siembran con dolor.

Grandes cosas has hecho

por nosotros, Señor.

Al ir, iban llorando, cargando  la semilla; al regresar, cantando vendrán con sus gavillas.

Grandes cosas has hecho

por nosotros, Señor.

 

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol

san Pablo a los filipenses

(1, 4-6. 8-11)

 Hermanos:

Cada vez que me  acuerdo de ustedes, le doy  gracias a mi Dios, y siempre  que pido por ustedes, lo hago  con gran alegría, porque han colaborado conmigo en la  causa del Evangelio, desde el  primer día hasta ahora. Estoy  convencido de que aquel que  comenzó en ustedes esta obra,  la irá perfeccionando siempre  hasta el día de la venida de Cristo Jesús.

Dios es testigo de cuánto los  amo a todos ustedes con el  amor entrañable con que los  ama Cristo Jesús. Y esta es mi oración por ustedes:

Que  su amor siga creciendo más y  más y se traduzca en un mayor  conocimiento y sensibilidad  espiritual. Así podrán escoger  siempre lo mejor y llegarán  limpios e irreprochables al día  de la venida de Cristo, llenos  de los frutos de la justicia, que  nos viene de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio

 Aleluya, aleluya.

Preparen el camino del Señor,  hagan rectos sus senderos,  y todos los hombres verán al

Salvador.

Aleluya.

 

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio

según san Lucas (3, 1-6)

Gloria a ti, Señor.

En el año décimo quinto  del reinado de César Tiberio,  siendo Poncio Pilato procurador  de Judea; Herodes, tetrarca  de Galilea; su hermano Filipo,  tetrarca de las regiones de Iturea  y Traconítide; y Lisanias, tetrarca  de Abilene; bajo el pontificado  de los sumos sacerdotes Anás  y Caifás, vino la palabra de Dios  en el desierto sobre Juan, hijo de Zacarías.

Entonces comenzó a recorrer  toda la comarca del Jordán,  predicando un bautismo de  penitencia para el perdón de los  pecados, como está escrito en  el libro de las predicciones del profeta Isaías:

Ha resonado una voz en el  desierto: Preparen el camino  del Señor, hagan rectos sus  senderos. Todo valle será  rellenado, toda montaña y  colina, rebajada; lo tortuoso  se hará derecho, los caminos  ásperos serán allanados y  todos los hombres verán la salvación de Dios.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Comentario:

El tiempo de adviento es tiempo de esperanza y de apertura al cambio: cambio de vestido y de nombre (Baruc), cambio de camino (Isaías). Cambiar, para que todos puedan ver la salvación de Dios.

En un bello poema Baruc canta con fe jubilosa la hora en que el Eterno va a cumplir las promesas mesiánicas, va a crear la nueva Jerusalén, va a dar su salvación. Jerusalén es presentada como una “Madre” enlutada por sus hijos expatriados. Dios regala a Sión, su esposa, la salvación como manto regio, le ciñe como diadema la “Gloria” del Eterno. La Madre desolada que vio partir a sus hijos, esclavos y encadenados, los va a ver retornar libres y festejados como un rey cuando va a tomar posesión de su trono. Le da un nombre nuevo simbólico: “Paz de Justicia-Gloria de Misericordia”; es decir, Ciudad-Paz por la salvación recibida de Dios. Ciudad-Gloria por el amor misericordioso que le tiene Dios.

Haciéndose eco de los profetas del destierro, Baruc dice una palabra consoladora a un pueblo que pasa dificultad: “El Señor se acuerda de ti” (5,5). Ya el segundo Isaías se había preguntado: “¿Puede una madre olvidarse de su criatura? pues aunque ella se olvide, yo no me olvidaré” (Is 49,15). El Dios fiel no se olvida de Jerusalén, su esposa, que es invitada ahora a despojarse del luto y vestir “las galas perpetuas de la Gloria que Dios te da” (5,1). Es la salvación que Dios ofrece para los que ama, de los que se acuerda en su amor.

¿Dónde está nuestro profetismo cristiano? El profeta no es un adivino, ni alguien que pre-dice los acontecimientos futuros. El profeta se enfrenta a todo poderío personal y social, habla desde el “clamor de los pobres” y pretende siempre que haya justicia. Obviamente le preocupa el futuro del pueblo, la situación sangrante de los pobres. Los profetas surgen en los momentos de crisis y de cambios para avizorar una situación nueva, llena de libertad, de justicia, de solidaridad, de paz.

La misión del profeta cristiano es cuestionar los “sistemas” contrarios al Espíritu, defender a toda persona atropellada y a todo pueblo amenazado, alentar esperanzas en situaciones catastróficas y promover la conversión hacia actitudes solidarias. Tiene experiencia del pueblo (vive encarnado) y contacto con Dios (es un místico), y de ahí obtiene la fuerza para su misión. Por medio de los profetas, Dios guía a su pueblo “con su justicia y su misericordia” (Bar 5,9). El profeta “allana los caminos” a seguir.

En el evangelio, al llegar la plenitud de los tiempos, el mismo Dios anuncia la cercanía del Reino por medio de Juan y asegura con Isaías que “todos verán la salvación de Dios” (Lc 3,6). Para el Dios que llega con el don de la salvación debemos preparar el camino en el hoy de nuestra propia historia.

Juan Bautista, profeta precursor de Jesús, fue hijo de un “mudo” (pueblo en silencio) que renunció al “sacerdocio” (a los privilegios de la herencia), y de una “estéril” (fruto del Espíritu). Le “vino la palabra” estando apartado del poder y en el contacto con la bases, con el pueblo. La palabra siempre llega desde el desierto (donde sólo hay palabra) y se dirige a los instalados (entre quienes habitan los ídolos) para desenmascararlos. La palabra profética le costó la vida a Juan. Su deseo profético es profundo y universal: “todos verán la salvación de Dios”. La salvación viene en la historia (nuestra historia se hace historia de salvación), con una condición: la conversión (“preparad el camino del Señor”). ¿Qué debemos hacer para ser todos un poco profetas?

La invitación de Isaías, repetida por Juan Bautista y corroborada por Baruc, nos invita a entrar en el dinamismo de la conversión, a ponernos en camino, a cambiar. Cambiar desde dentro, creciendo en lo fundamental, en el amor para “aquilatar lo mejor” (Flp 1,10). Con la penetración y sensibilidad del amor escucharemos las exigencias del Señor que llega y saldremos a su encuentro “llenos de los frutos de justicia” (1,11).

Esa renovación desde dentro tiene su manifestación externa porque se “abajan los montes”, se llenan los valles, se endereza lo torcido y se iguala lo escabroso (Bar 5,7). Se liman asperezas, se suprimen desigualdades y se acortan distancias para que la salvación llegue a todos. La humanidad transformada es la humanidad reconciliada e igualada, integrada en familia de fe: “los hijos reunidos de Oriente a Occidente” (Bar 5,5). Convertirse entonces es ensanchar el corazón y dilatar la esperanza para hacerla a la medida del mundo, a la medida de Dios. Una humanidad más igualitaria y respetuosa de la dignidad de todos es el mejor camino para que Dios llegue trayendo su salvación. A cada uno corresponde examinar qué renuncias impone el enderezar lo torcido o abajar montes o rellenar valles. Nuestros caminos deben ser rectificados para que llegue Dios.

Adviento es el tiempo litúrgico dedicado por antonomasia a la esperanza. Y esperar es ser capaz de cambiar, y ser capaz de soñar con la Utopía, y de provocarla, aun en aquellas situaciones en las que parece imposible.

Dejémonos impregnar por la gracia de este acontecimiento que se nos aproxima, dejemos que estas celebraciones de la Eucaristía y de la liturgia de estos días nos ayuden a profundizar el misterio que estamos por celebrar.

Unidos en la esperanza caminamos juntos al encuentro con Dios. Pero al mismo tiempo, Él camina con nosotros señalando el camino porque “Dios guiará a Israel entre fiestas, a la luz de su Gloria, con su justicia y su misericordia” (Bar 5,9).

Para la revisión de vida
Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos... ¿Qué caminos torcidos hay en mi vida? ¿Qué es lo que El quiere que yo enderece en mi vida personal? Y, ¿sobre qué caminos torcidos de la sociedad puedo y debo influir para enderezarlos?

Se dice Credo.

Oración de los Fieles

 Celebrante:

Con gozo por la cercanía  de Dios, despojémonos de  cuanto nos esclaviza y aleja  de Él, y pidámosle que nos  ayude a preparar la llegada  del Mesías Salvador a nuestras  vidas. Digamos con su Iglesia  y en nombre de todos los hombres:

Ven, Señor, no tardes.  

Para que en la Iglesia todos  los hombres podamos reconocer  el rostro de Dios, que sale a  nuestro encuentro con una  oferta incondicional de salvación  y libertad, y que nos ama con amor y ternura de Padre.

Oremos al Señor.

Ven, Señor, no tardes. 

Para que el Espíritu del  Salvador que viene a traernos  la verdadera paz, la derrame  en los corazones y pueblos  que viven la angustia del  sin sentido, la guerra, el  odio o la desesperación.

Oremos al Señor.

Ven, Señor, no tardes.

Para que todos los cristianos  trabajemos con alegría en la  construcción de una sociedad  más solidaria y equitativa,  seguros de que el Señor,  que es grande con nosotros,  dará el ciento por uno a nuestros esfuerzos y trabajos.

Oremos al Señor.

Ven, Señor, no tardes.

Para que, a cuantos no  han recibido aún el mensaje  del Evangelio, se les anuncie  la llegada del Señor, y  descubran a Jesucristo como Dios y Señor de sus vidas.

Oremos al Señor.

Ven, Señor, no tardes.

Para que a todos los  enfermos, los que están solos,  los que se sienten tristes,  los que son víctimas del vicio  y del pecado, encuentren  en los cristianos la prueba  del amor de Dios que les tiende una mano.

Oremos al Señor.

Ven, Señor, no tardes.

Para que la salvación de  Dios se manifieste, por los  méritos de esta Eucaristía, a  todos los hombres, y para  que acogiéndole vivan como hijos de la luz.

Oremos al Señor.

Ven, Señor, no tardes.

 

Celebrante:

Escúchanos, Señor,  que confiamos en ti,  agranda nuestra capacidad  de entrega y amor para  colaborar eficazmente  en el anuncio de tu  Evangelio, y para preparar  los corazones a la conversión a Ti.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

 

Oración sobre las Ofrendas

Que te sean agradables,  Señor, nuestras humildes  ofrendas y oraciones, y  que tu misericordia supla  la extrema pobreza de nuestros méritos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Prefacio de Adviento I

Las dos venidas de Cristo

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,  es nuestro deber y salvación  darte gracias siempre y en  todo lugar, Señor, Padre santo,  Dios todopoderoso y eterno,por Cristo nuestro Señor.

El cual, al venir por vez  primera en la humildad de  nuestra carne, realizó el plan  de redención trazado desde  antiguo y nos abrió el camino  de la salvación, para que  cuando venga de nuevo,  en la majestad de su gloria,  revelando así la plenitud de  su obra, podamos recibir los  bienes prometidos que ahora,  en vigilante espera, confiamos

alcanzar.

Por eso, con los ángeles  y los arcángeles y con todos  los coros celestiales, cantamos

sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...

 

Antífona de la Comunión

Levántate, Jerusalén, sube  a lo alto, para que contemples la alegría que te viene de Dios.

Oración después de la Comunión

 Oremos:

Como fruto de nuestra  participación en este  sacramento de vida eterna,  enséñanos, Señor, a no  sobrevalorar las cosas  terrenales y a estimar las del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Fuentes: www.lecturadeldia.com; www.servicioskoinonia.org

 

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Comentarios

H
Quiero agradecerles por este aporte, mañana me toca a celebrar en una de las comunidades y no tenia mi liturgia cotidiana, no todas las capillas tienen el ordinario de la misa. Gracias
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