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4 abril 2012 3 04 /04 /abril /2012 04:10

Ordinario de la Misa: Miércoles Santo. Ciclo B.  04 de Abril, 2012

Miércoles Santo

Señor, escucha y ten piedad

Por tu bondad, Señor, socórreme

Antífona de Entrada

Que al nombre de Jesús, todo ser viviente, en el cielo, en la tierra y en el abismo, caiga de rodillas, porque el Señor aceptó por obediencia hasta la misma muerte, y una muerte de cruz. Por esto confesamos, para gloria de Dios Padre, que Jesucristo es el Señor.

Oración Colecta

Oremos:

Padre misericordioso que para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo sufriera por nosotros el suplicio de la cruz, concédenos alcanzar la gracia

de la resurrección.

Por nuestro Señor Jesucristo...

Amén.

 

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta

Isaías (50, 4-9)

En aquel entonces dijo Isaías:

“El Señor me ha dado una lengua experta, para que pueda confortar al abatido

con palabras de aliento.

Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que escuche yo, como discípulo. El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia, ni me he echado para atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro a los insultos y salivazos. Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endureció mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado.

Cercano está de mí el que me hace justicia, ¿quién luchará contra mí? ¿Quién es mi adversario? ¿Quién me acusa? Que se me enfrente. El Señor es mi ayuda, ¿quién se atreverá a condenarme?”

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Salmo Responsorial Salmo 68

Por tu bondad,

Señor, socórreme.

Por ti he sufrido injurias y la vergüenza cubre mi semblante. Extraño soy y advenedizo, aun para aquellos de mi propia sangre; pues me devora el celo de tu casa, el

odio del que te odia, en mí recae.

Por tu bondad,

Señor, socórreme.

La afrenta me destroza el corazón y desfallezco. Espero compasión y no la hallo; consoladores, y no los encuentro. En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.

Por tu bondad,

Señor, socórreme.

En mi cantar exaltaré tu nombre, proclamaré tu gloria, agradecido. Se alegrarán al verlo los que sufren, quienes buscan a Dios tendrán más ánimo, porque el Señor jamás desoye al pobre, ni olvida al que se encuentra encadenado.

Por tu bondad,

Señor, socórreme.

 

Aclamación antes del Evangelio

Honor y gloria a ti,

Señor Jesús.

Señor Jesús, rey nuestro, sólo tú has tenido compasión de nuestras faltas.

Honor y gloria a ti,

Señor Jesús.

 

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio

según san Mateo (26, 14-25)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?” Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo.

El primer día de la fiesta de los panes Azimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?” El respondió: “Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: ‘El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa’ ”.

Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua. Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce y mientras cenaban, les dijo: “Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme”. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno:

“¿Acaso soy yo, Señor?”

El respondió: “El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido”. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:

“¿Acaso soy yo, Maestro?”

Jesús le respondió: “Tú lo has dicho”.

Palabra del Señor.

Gloria ti, Señor Jesús.

 

Comentario:

Continúa la narración de la traición y la entrega de Jesús por parte de Judas. El poder religioso y político se vale de la fragilidad y la ambición humana para alcanzar sus objetivos. La codicia y el deseo de poder encienden el corazón humano y los valores y principios ético-morales más profundos quedan vulnerados. Más allá de la visión fatalista que se le ha dado a la traición de Judas, tenemos que mirarnos en ese espejo para confrontar nuestra vida. ¡Cuántas veces vendemos nuestros principios por un puesto, una prebenda, un ascenso o una condecoración! ¡Cuántas personas, hermanas y hermanos nuestros, han abandonado sus compromisos con los empobrecidos y excluidos, para evitarse conflictos, persecuciones o pérdida de prestigio! Ser coherentes, llegar, de verdad, hasta las últimas consecuencias, no es fácil. Se necesita la gracia de Dios y la fuerza fraterna de la comunidad para no claudicar o desfallecer y no vender los principios a cualquier postor. También al interior de la iglesia se da este fenómeno de ambición de poder y de prestigio. Incluso se llega a sacrificar personas con tal de salvaguardar intereses particulares. Se sacrifica la justicia y la verdad por la conveniencia y la seguridad.

 

Oración de los Fieles

Celebrante:

A Dios, que en su bondad nos escucha y bendice, dirijamos nuestras oraciones y las de todo el mundo,

diciendo:

Señor, escucha y ten piedad.

Por la Iglesia: para que por medio de sus pastores y ministros sepa consolar y predicar teniendo siempre los mismos sentimientos que Cristo.

Oremos.

Señor, escucha y ten piedad.

Por todos los que buscan a Dios: para que descubran que Jesús dio su vida por ellos y le confiesen como Dios y salvador.

Oremos.

Señor, escucha y ten piedad.

Por los que sufren a causa de la violencia o el odio: para que Dios les dé valor y los llene de la alegría y la paz que nos da Jesús muerto y resucitado.

Oremos.

Señor, escucha y ten piedad.

Por los que padecen deficiencias físicas o psicológicas, por los que se sienten tentados de no creer, por los que experimentan la desesperación y la ausencia de Dios: para que Jesús se les manifieste, les enseñe a vivir como Él y les ayude a cargar su cruz de cada día.

Oremos.

Señor, escucha y ten piedad.

Por los que aún en el Tercer Milenio no han recibido el anuncio de la salvación que Cristo mereció para nosotros: para que puedan conocerlo por el amor y la vida de sus discípulos.

Oremos.

Señor, escucha y ten piedad.

Por nosotros: para que el encuentro con la Palabra de la Vida, Jesucristo, modele nuestros corazones, evangelice nuestros criterios y nos haga cada vez más fieles a su amor.

Oremos.

Señor, escucha y ten piedad.

 

Celebrante:

Padre, derrama tus bendiciones sobre este pueblo que te suplica, muéstranos tu rostro y danos tu salvación.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos y concédenos la gracia de traducir en una vida de amor y de obediencia a tu voluntad, el misterio de la pasión de tu Hijo, que estamos celebrando.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Prefacio

de la Pasión del Señor Il

La victoria de la Pasión

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,por Cristo nuestro Señor.

Porque se acercan ya los días santos de la pasión salvadora y la gloriosa resurrección de Jesucristo nuestro Señor, en los que celebramos su triunfo sobre la soberbia del demonio y recordamos el misterio de nuestra redención.

Por eso, los ángeles te cantan con júbilo eterno y nosotros nos unimos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza:

Santo, Santo, Santo...

 

Antífona de la Comunión

El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir, y a dar su vida para redención de todos.

Oración después de la Comunión

Oremos:

Concédenos, Señor, Dios nuestro, creer profundamente que por la muerte de tu Hijo, padecida en el Calvario y anunciada en cada Eucaristía, tú nos has dado la vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

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