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4 enero 2013 5 04 /01 /enero /2013 19:22

Ordinario de la Misa: Solemnidad de la Epifania del Señor. Ciclo C. Domingo 6 de Enero, 2013.

Epifanía del Señor

Solemnidad

Florecerá en sus días la justicia y reinará la paz

Manifiéstate en nuestros corazones, Señor

Antífona de Entrada

Mirad que ya viene el Señor  de los ejércitos; en su mano  están el reino y la potestad

y el imperio.

Se dice Gloria.

Oración Colecta

 Oremos:

Señor, Dios nuestro,  que por medio de una estrella,  diste a conocer en este día,  a todos los pueblos  el nacimiento de tu Hijo,  concede a los que ya te  conocemos por la fe,  llegar a contemplar,  cara a cara,  la hermosura de tu inmensa gloria.

Por nuestro Señor Jesucristo…

Amén.

 

Primera Lectura

Lectura del libro del

profeta Isaías (60, 1-6)

Levántate y  resplandece, Jerusalén,  porque ha llegado tu  luz y la gloria del Señor alborea sobre ti. Mira: las tinieblas cubren  la tierra y espesa  niebla envuelve a los  pueblos; pero sobre ti  resplandece el Señor y  en ti se manifiesta su  gloria. Caminarán los  pueblos a tu luz y los  reyes, al resplandor de tu aurora.

Levanta los ojos y mira  alrededor: todos se reúnen  y vienen a ti; tus hijos llegan  de lejos, a tus hijas las traen  en brazos. Entonces verás  esto radiante de alegría; tu  corazón se alegrará, y se  ensanchará, cuando se  vuelquen sobre ti los tesoros  del mar y te traigan las riquezas de los pueblos.

Te inundará una multitud  de camellos y dromedarios,  procedentes de Madián y de Efá.  Vendrán todos los de Sabá  trayendo incienso y oro y  proclamando las alabanzas del Señor.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Salmo Responsorial Salmo 71

Que te adoren, Señor,

todos los pueblos.

Comunica, Señor,  al rey tu juicio  y tu justicia,  al que es hijo de reyes;  así tu siervo saldrá en defensa  de tus pobres y regirá a tu pueblo justamente.

Que te adoren, Señor,

todos los pueblos.

Florecerá en sus días  la justicia y reinará la paz,  era tras era. De mar a mar  se extenderá su reino  y de un extremo al otro de la tierra.

Que te adoren, Señor,

todos los pueblos.

Los reyes de  occidente y de las islas  le ofrecerán sus dones.  Ante él se postrarán  todos los reyes y todas las naciones.

Que te adoren, Señor,

todos los pueblos.

Al débil librará del  poderoso y ayudará al  que se encuentra sin  amparo; se apiadará  del desvalido y pobre  y salvará la vida al desdichado.

Que te adoren, Señor,

todos los pueblos.

 

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol

san Pablo a los Efesios

(3, 2-3. 5-6)

Hermanos:

Han oído hablar  de la distribución de la gracia  de Dios, que se me ha confiado  en favor de ustedes.  Por revelación se me dio  a conocer este misterio,  que no había sido manifestado  a los hombres en otros tiempos,  pero que ha sido revelado ahora  por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas:

es decir,  que por el Evangelio, también  los paganos son coherederos  de la misma herencia,  miembros del mismo cuerpo  y partícipes de la misma  promesa en Jesucristo.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio

 Aleluya, aleluya.

 Hemos visto su estrella en el  oriente y hemos venido a adorar al Señor.

Aleluya.

 

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio

según san Mateo (2, 1-12)

Gloria a ti, Señor.

Jesús nació en Belén de Judá,  en tiempos del rey Herodes.  Unos magos de Oriente  llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron:

“¿Dónde está  el rey de los judíos que acaba  de nacer? Porque vimos surgir  su estrella y hemos venido a  adorarlo”.

Al enterarse de esto, el rey  Herodes se sobresaltó y toda  Jerusalén con él. Convocó  entonces a los sumos  sacerdotes y a los escribas del  pueblo y les preguntó dónde  tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:

“En Belén de  Judá, porque así lo ha escrito  el profeta: Y tú, Belén, tierra de  Judá, no eres en manera alguna  la menor entre las ciudades  ilustres de Judá, pues de ti  saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”.

Entonces Herodes llamó  en secreto a los magos, para  que le precisaran el tiempo en  que se les había aparecido la  estrella y los mandó a Belén, diciéndoles:

“Vayan a averiguar  cuidadosamente qué hay de ese  niño, y cuando lo encuentren,  avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.

Después de oír al rey,  los magos se pusieron  en camino, y de pronto  la estrella que habían visto  surgir, comenzó a guiarlos,  hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño.

Al ver de nuevo la estrella,  se llenaron de inmensa alegría.  Entraron en la casa y vieron  al niño con María, su madre,  y postrándose, lo adoraron.  Después, abriendo sus cofres,  le ofrecieron regalos: oro,  incienso y mirra. Advertidos  durante el sueño de que no  volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Comentario:

La época en que se escribe esta parte del libro del profeta Isaías (parte llamada del «Tercer Isaías») corresponde a «la restauración», es decir, al regreso a Jerusalén de los israelitas que habían sido deportados a Babilonia. Cuando este grupo de exiliados llegó a Israel encontró sus ciudades destruidas, sus campos abandonados o apropiados por otras familias, las murallas derruidas y el Templo, el lugar donde Yahvé habitaba, incendiado. Esta dramática realidad los desanimó completamente, centrando sus esperanzas y sus motivaciones únicamente en la reconstrucción de sus viviendas y sus campos, dejando de lado la restauración del templo y, con ello, la confianza en la venida gloriosa de Yahvé, quien traería para Israel la salvación plena en la misma historia. Isaías anima la fe de su pueblo, los invita a poner nuevamente su fe y su corazón en la fuerza salvífica de Yahvé, quien traerá la paz y la justicia a su pueblo, por ello Jerusalén será una ciudad radiante, llena de luz, en donde la presencia de Dios como rey hará de ella una nación grande, ante cuya presencia se postrarán todos los pueblos de la tierra. El profeta manifiesta con esta gran revelación que Dios es quien dará inicio a una nueva época para Israel, una época donde reinará la luz de Dios y serán destruidas todas las fuerzas del mal, pues Dios se hace presente en Israel y ya más nadie podrá hacerle daño.

Esta visión profética posee una comprensión muy reducida de la acción salvífica de Dios, ya que es asumida como una promesa que se cumplirá en beneficio única y exclusivamente del pueblo de Israel y no de toda la tierra. Pablo, a través de la carta a los Efesios, ampliará esa comprensión, afirmando que la salvación venida por Dios, a través de Jesús, es para “todos”, judíos y paganos. El plan de Dios, según Pablo, consiste en formar un solo pueblo, una sola comunidad creyente, un solo cuerpo, una sola Iglesia, un organismo vivo capaz de comunicar a toda la creación la vida y la salvación otorgada por Dios. La carta a los Efesios expresa que el misterio recibido por Pablo consiste en que la Buena Nueva de Cristo se hace efectiva también en los paganos, ellos son coherederos y miembros de ese mismo Cuerpo; esto significa que Dios se ha querido revelar a toda la humanidad, actúa en todos, salva a todos, reconcilia a todos sin excepción.

El evangelio que leemos hoy, en la Fiesta de la Epifanía, confirma este carácter universal de la salvación de Dios. Mateo expresa, por medio de este relato simbólico, el origen divino de Jesús y su tarea salvífica como Mesías, como rey de Israel, heredero del trono de David; para ello el evangelista insiste en nombrar con exactitud el lugar donde nació Jesús y en confirmar, a través del Antiguo Testamento, que con su presencia en la historia se da cumplimiento a las palabras de los profetas. Por otro lado, el rechazo de este nacimiento por parte de las autoridades políticas (Herodes) y religiosas (sumos sacerdotes y escribas) del pueblo judío y el gozo infinito de los magos, venidos de oriente, anuncian desde ya ese carácter universal de la misión de Jesús, la apertura del evangelio a los paganos y su vinculación a la comunidad cristiana. La Epifanía del Señor es la celebración precisa para confesar nuestra fe en un Dios que se manifiesta a toda la humanidad, que se hace presente en todas las culturas (religiones), que actúa en todos, y que invita a la comunidad creyente a abrir sus puertas a las necesidades y pluralidades del mundo actual.

En un tiempo como el que vivimos, marcado por la conciencia del pluralismo religioso, el sentido de lo «misionero» y de la «universalidad cristiana» han cambiado profundamente. Hasta ahora, en demasiados casos, lo misionero era sinónimo de proselitismo, o sea, de un esfuerzo por «convertir» al cristianismo a los «gentiles» o «paganos». La «universalidad cristiana» era entendida como la centralidad del cristianismo: éramos la religión central, la (única) querida por Dios, y por tanto, una religión que era el destino querido por Dios para toda la Humanidad. Todos los pueblos (universalidad) estaban destinados a abandonar su religión ancestral y a hacerse cristianos. Tarde o temprano el mundo llegaría a su destino: ser «un sólo rebaño, con un solo pastor».(y al decir esto, los católicos imaginábamos una Iglesia católico-romana felizmente extendida a todo el mundo, extendida incluso a las demás confesiones cristianas, que habrían aceptado finalmente al Papa como pastor supremo y único).

Hoy todo esto está cambiando, aunque muchos cristianos y cristianas (incluidos no pocos de sus pastores) todavía siguen anclados y hasta inamovibles en la visión tradicional. Buen día hoy, la fiesta de la Epifanía, para replantearse estos desafíos y para reflexionar sobre ellos. No desaprovechemos esta oportunidad para actualizar también personalmente nuestra visión en estos temas.

En el Nuevo Testamento, además de Juan 7,42, encontramos referencias a Belén en las narraciones de Mateo 2 y Lucas 2 acerca del nacimiento del Salvador en la ciudad de David. La tradición de que el Mesías debía nacer en Belén tiene su base en el texto de Miqueas 5,2, donde se señala que de Belén Efrata debía salir quien gobernaría Israel y sería pastor del pueblo. Hoy ya sabemos que Jesús nació probablemente en Nazaret, y que la afirmación de que nació en Belén es una afirmación con intención teológica.

El término “magos” procede del griego “magoi”, que significa matemático, astrónomo o astrólogo. Estas dos últimas disciplinas eran una misma en la antigüedad, por lo que con ambas se podía estudiar el destino y designio de las personas. Es decir, los reyes magos habrían sido astrónomos o conocedores del cielo. El teólogo y abogado cartaginés Tertuliano (160-220 d.C.) aseguró que los magos eran reyes y que procederían de Oriente. En la visita de los magos a Jesús, los Padres de la Iglesia ven simbolizadas la realeza (oro), la divinidad (incienso) y la pasión (mirra) de Cristo.

Para la revisión de vida
Dios se da a conocer a todas las gentes; no sólo al pueblo elegido, sino a todos los pueblos, representados en los Magos de Oriente. ¿Tengo yo ese mismo sentimiento de universalidad de Dios, o creo que sólo nosotros conocemos a Dios y estamos en la verdad? ¿O pensamos tal vez que sólo nuestra religión es verdadera, que las demás son "falsas"?

Se dice Credo.

Oración de los Fieles

 Celebrante:

Hermanos, sigamos la  estrella que nos conduce a  Belén y vayamos al encuentro  del Señor, sabiendo que Él es  el Dios con nosotros, el Dios nuestro. Digamos con fe:

Manifiéstate

en nuestros corazones, Señor.

Para que Dios destierre de la  Iglesia todo afán de poder, de  dominio y de privilegio. Oremos.

Manifiéstate

en nuestros corazones, Señor.

Para que la vida de la Iglesia  ilumine el camino de los  hombres y les manifieste  el amor que Dios tiene a sus criaturas.

Oremos.

Manifiéstate

en nuestros corazones, Señor.

Para que todos los hombres  vivamos en continua adoración  a Dios que salva a la humanidad  y que no hace acepción de personas.

Oremos.

Manifiéstate

en nuestros corazones, Señor.

Para que seamos agradecidos  al Señor por el don de la fe,  la vivamos con audacia y la

comuniquemos con alegría.

Oremos.

Manifiéstate

en nuestros corazones, Señor.

Para que el Señor se  manifieste a los que reciben  el anuncio de la salvación en

tierras de misión.

Oremos.

Manifiéstate

en nuestros corazones, Señor.

Para que los niños de  nuestras familias acojan a  Jesús, como el mejor regalo  del Padre y sean solidarios  con los niños que sufren la pobreza o la enfermedad.

Oremos.

Manifiéstate

en nuestros corazones, Señor.

 

 Celebrante:

 Señor, escucha nuestras  súplicas filiales, manifiéstanos  tu verdad, háblanos al  corazón, y haz que nuestra  vida sea un anuncio gozoso de tu salvación universal.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

 

Fuentes: www.lecturadeldia.com; www.servicioskoinonia.org

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