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13 diciembre 2010 1 13 /12 /diciembre /2010 21:32

Evangelio del Martes III Semana de Adviento. Ciclo A. 14 de diciembre 2010.

 

† Lectura del santo Evangelio  según san Mateo (21, 28-32)

 

Gloria a ti, Señor.

 

En aquel tiempo, Jesús Dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

“¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: ‘Hijo, ve a trabajar hoy en la viña’. El le contestó: ‘Ya voy, señor’, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Este le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue.¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?”

Ellos le respondieron:

“El segundo”.

Entonces Jesús les dijo:

“Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él”.

 

Palabra del Señor.

 

Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión:

El evangelio de hoy va en conexión con el de ayer. Aún Jesús se encuentra en el templo de Jerusalén con los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, personajes que representan la máxima autoridad religiosa, política y económica de su sociedad. Jesús les propone la parábola del padre y sus dos hijos: el que hace la voluntad del Padre es aquél que se arrepiente, quien reconoce que no ha hecho su voluntad y retorna a él. En cambio hay otros, como los fariseos, que dicen cumplir la voluntad del Padre, pero no lo hacen. Ante ello, los que entran al reino de los cielos son los que creyeron en la predicación de Juan, en su bautismo de conversión, en su predicación de justicia; quienes tuvieron un cambio de vida que los transformó hacia Dios, como en este caso los publicanos y las prostitutas. Los sacerdotes y fariseos no creyeron en Juan, y ni aun viéndole se arrepienten para creer; y esto es lo que Jesús les cuestiona. No reconocen en la acción de Juan la legítima voluntad de Dios. ¿Estamos descubriendo hoy la voluntad de Dios en aquellas personas que desean transformar la conciencia de los hombres para crear un mundo más justo?

 

 

 

 

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12 diciembre 2010 7 12 /12 /diciembre /2010 15:57

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 21,23-27

Gloria a Ti Señor

El bautismo de Juan ¿de dónde venía?

En aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: "¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?" Jesús les replicó: "Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venia, del cielo o de los hombres?" Ellos se pusieron a deliberar: "Si decimos "del cielo", nos dirá: "¿Por qué no le habéis creído?" Si le decimos "de los hombres", tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta." Y respondieron a Jesús: "No sabemos." Él, por su parte, les dijo: "Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto."

Palabra de Dios

Gloria A Ti Señor Jesús

Reflexión:

Los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo preguntan por la autoridad de Jesús y actúan por envidia al ver a Jesús enseñar en el templo. Jesús se enfrenta directamente al judaísmo oficial y se niega a dar una respuesta a una pregunta, sabiendo que una palabra no podía convencer a quienes se han opuesto a todo su ministerio con una actitud incrédula y negativa. Ellos lo ponían a prueba y buscaban una oportunidad para condenarlo. El tema central es el de la autoridad: el pueblo, al escuchar a Jesús, le reconoce su autoridad, aunque no saben que es el Hijo de Dios. Jesús pone una condición para responder, y los desenmascara, los pone en apuros y les hace notar sus malas intenciones. La condición de Jesús alude a una pregunta por el origen del bautismo de Juan el Bautista. Recordemos que este personaje ha sido tema central durante estos días de Adviento. El bautismo de Juan procedía del cielo e invitaba a la conversión. Preguntémonos hoy si realmente estamos proclamando nuestra profesión de fe en Jesús, testimoniada desde un compromiso en defensa de la vida. Reconocer la autoridad de Jesús es creer en él y en todo lo que implica su proyecto.

 

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10 diciembre 2010 5 10 /12 /diciembre /2010 19:21

Evangelio del Sábado II Semana de Adviento. Ciclo A. 11 de diciembre 2010.

 

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (17, 10-13)

 

Gloria a ti, Señor.

 

En aquel tiempo, los discípulos le preguntaron a Jesús:

“¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?”

El les respondió: “Ciertamente Elías ha de venir y lo pondrá todo en orden. Es más, yo les aseguro a ustedes que Elías ha venido ya, pero no lo reconocieron e hicieron con él cuanto les vino en gana.

Del mismo modo, el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos”.

Entonces entendieron los discípulos que les hablaba de Juan el Bautista.

 

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión:

Los judíos, en tiempos de Jesús, esperaban el retorno de Elías. La profecía de Malaquías decía que el profeta Elías regresaría antes del día de Yavé, antes de la venida del Mesías. Y por esa profecía la gente esperaba a este precursor. Pero sus acusadores utilizaban éste argumento para rechazar a Jesús, ya que Elías, según ellos, aún no había venido, y por tanto, el Mesías tampoco. Jesús afirma que Elías ya vino, pero no lo reconocieron y lo maltrataron. Juan el Bautista es Elías, porque el fuego del Espíritu lo habita y prepara el camino del Señor. Jesús invita a reconocer la acción de Dios aquí y ahora, nos ancla en la necesidad de reconocer la acción de Dios en la historia, en las personas que denuncian la injusticia y anuncian la Buena Nueva. Hay que descubrir los signos de los tiempos a través de las situaciones concretas, para que examinemos los hechos y acontecimientos que el Espíritu suscita en nuestra vida. En lo pequeño es donde más habla Dios al hombre. En los que luchan por la justicia y la dignidad de las personas con un compromiso diario es donde se presencia con mucha fuerza el Espíritu de Dios.

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9 diciembre 2010 4 09 /12 /diciembre /2010 15:43

 

 

 

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Evangelio del Vienes II Semana de Adviento. Ciclo A. 10 de diciembre del 2010.

 

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (11, 16-19)

 

Gloria a ti, Señor.

 

En aquel tiempo, Jesús dijo:

“¿Con qué podré comparar a esta gente? Es semejante a los niños que se sientan en las plazas y se vuelven a sus compañeros para gritarles: ‘Tocamos la flauta y no han bailado; cantamos canciones tristes y no han llorado’.

Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dijeron:

‘Tiene un demonio’.

Viene el Hijo del hombre, y dicen: ‘Ese es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y gente de mal vivir’. Pero la sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras”.

 

Palabra del Señor.

 

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión:

El ser humano está inmerso en la inconformidad y la evasión. No les creen ni a Juan el Bautista ni a Jesús. Los hombres de esta generación se parecen a unos chiquillos, a unos niños que juegan en la plaza. Una generación inmadura, que aún no llega a la mayoría de edad y no acepta los errores y defectos que pueda cometer. Es una generación que no está de acuerdo con nada. Vino Juan, que no comía ni bebía, y no es aceptado; y viene Jesús, que come y bebe, y tampoco es aceptado. Al contrario, a Jesús se le llama comilón y borracho, amigo de pecadores. El proyecto planteado por Juan implicaba la conversión. Jesús es más radical todavía: se trata de cambiar de corazón, por el amor que nos tiene Dios como Padre, que nos hace hermanos y por tanto todos iguales en dignidad. Es claro que estas predicaciones sonarán muy mal a los oídos del poder. Lo más fácil era negar la profunda realidad de salvación que planteaban, desvirtuando el carácter moral de sus predicadores; evadiendo la predicación y no afrontándola. Nosotros, hoy, ¿estamos afrontando el mensaje liberador del reino?

 

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7 diciembre 2010 2 07 /12 /diciembre /2010 17:52

Evangelio del Miércoles II Semana de Adviento. Ciclo A. 8 de diciembre 2010.

FESTIVIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCION

 

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (1, 26-38)

 

Gloria a ti, Señor.

 

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.

Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.

El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.

María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó:

“El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó:

“Yo soy la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.

 

Palabra del Señor.

 

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión:

 

Lucas hace una comparación entre la anunciación a María y la anunciación a Zacarías. La esposa de éste último, de avanzada edad, ha concebido un hijo. Ahora Dios se fija en una joven del otro extremo de Isabel. Zacarías, sacerdote que oficiaba en el templo, que era tenido por muy cercano a Dios, no cree en el anuncio que le hace el ángel. María, mujer pobre, humilde y sencilla, de un lugar muy lejano del Templo de Jerusalén, le dice “sí” al proyecto de Dios, acepta lo increíble y lo más deseado en la historia de su pueblo, ser la madre del mesías. Los grandes planes de Dios suceden en lo sencillo, en lo que no es importante para la estructura social, política, económica y religiosa, es decir, en lo cotidiano, en los pobres. Este anuncio revela la novedad de Dios en Jesús, que en lugar de limitar lo sagrado al templo y los oficios religiosos, desea santificar la vida, con sus tareas, luchas, fiestas y fatigas. Celebrar la Inmaculada Concepción de María es comprometernos con los planes de Dios para con la humanidad: la salvación para todos, sin exclusiones ni divisiones. ¿Cómo estamos aceptando hoy la voluntad de Dios en nuestra propia vida?

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6 diciembre 2010 1 06 /12 /diciembre /2010 16:53

 

 

 

Evangelio del Martes II Semana de Adviento. Ciclo A. 7 de diciembre 2010

 

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (18, 12-14)

 

Gloria a ti, Señor.

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se le perdieron.

De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda uno solo de estos pequeños”.

 

Palabra del Señor.

 

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión:

 

Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una deja las otras para ir a buscar la que se le ha perdido. Y cuando la halla, su alegría es inmensa porque la he encontrado. Mt nos presenta la parábola de un pastor cuyo único medio de subsistencia son las ovejas que posee. El vive y muere por sus ovejas, ellas son la razón de su vida. Mateo nos muestra que la lógica de Dios no es una lógica de la marginación de los pequeños, por el contrario, se trata de buscar la unidad a pesar de las diferencias. Todas las ovejas son importantes en el proyecto de igualdad y de justicia. El Señor que viene es un Señor que acoge a los débiles, que es como un pastor que no hace diferencia con sus ovejas. Dios es el padre misericordioso, que a pesar de nuestras debilidades nos ama entrañablemente, nos escucha y nos perdona. El Señor vino a salvar a quienes la sociedad no valora sino que desprecia, vino a dignificar y valorar al hombre. Miremos hoy en nuestra realidad de qué manera Dios se muestra misericordioso para con aquellos que son olvidados y despreciados y cómo somos medios de ese amor.

 

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4 diciembre 2010 6 04 /12 /diciembre /2010 15:13

Evangelio del Domingo II Semana Tiempo Ordinario. 5 de diciembre 2010

 

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (3, 1-12)

 

Gloria a ti, Señor.

 

En aquel tiempo, comenzó Juan el Bautista a predicar en el desierto de Judea, diciendo:

“Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos está cerca”.

Juan es aquel de quien el profeta Isaías hablaba, cuando dijo: Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos.

Juan usaba una túnica de pelo de camello, ceñida con un cinturón de cuero, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre. Acudían a oírlo los habitantes de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región cercana al Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el río.

Al ver que muchos fariseos y saduceos iban a que los bautizara, les dijo: “Raza de víboras, ¿quién les ha dicho que podrán escapar al castigo que les aguarda? Hagan ver con obras su arrepentimiento y no se hagan ilusiones pensando que tienen por padre a Abraham, porque yo les aseguro que hasta de estas piedras puede Dios sacar hijos de Abraham. Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé fruto, será cortado y arrojado al fuego.

Yo los bautizo con agua, en señal de que ustedes se han arrepentido; pero el que viene después de mí, es más fuerte que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias.

El los bautizará en el Espíritu Santo y su fuego. El tiene el bieldo en su mano para separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue”.

Palabra del Señor.

 

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión:

La primera lectura, de Isaías, es uno de esos varios preciosos textos de Isaías, y de los profetas bíblicos en general, que nos «describen» la utopía bíblica. Por definición, la u-topía «no tiene lugar», no se la puede encontrar, todavía no se ha concretado en ningún sitio, no existe y en ese sentido tampoco se puede describir cómo es. Pero si hablamos de la utopía -y si incluso soñamos con ella- es porque sí tiene alguna forma de existencia. No existe concretamente «todavía». Como decía Ernst Bloch, no sólo existe lo que es, sino lo que no-es-todavía (el “noch nicht Sein”). No es, pero puede ser, quiere ser, y como podemos comprobar de tantas maneras, lucha por llegar a ser.

El pensamiento utópico, es un componente esencial del judeocristianismo. No lo es de otras religiones, incluidas las grandes religiones. No hay sólo un tipo de religiosidad. Podemos encontrar varias corrientes en las religiones (neolíticas, de los últimos cinco mil años). Unas experimentan lo sagrado sobre todo en la conciencia (el pensamiento silencioso, la experiencia de la iluminación, de la no dualidad), otras lo experimentan en la naturaleza, en la experiencia cósmica. Las religiones abrahámicas, por su parte, experimentan lo sagrado en la historia, a través del llamado de una Utopía de Amor-Justicia.

Es el ADN de nuestra religión. Todo lo demás (doctrina, moral, liturgia, institución eclesiástica.) se suma, reviste, completa, pero la esencia de la religiosidad abrahámica es esa fuerza de la experiencia espiritual mediante el llamado de la Utopía del Amor-Justicia. Que, por ser “amor-justicia”, obviamente, siempre estará de parte de los pobres, de los “injusticiados”, en cualquier nivel o tipo de injusticia (económica, cultural, racial, de género.).

El adviento es, por antonomasia, el tiempo litúrgico de la esperanza. Y la esperanza es la «virtud» (la virtus, la fuerza) de la Utopía, la fuerza que la Utopía provoca, crea en nosotros la voluntad para esperar contra toda esperanza. Adviento es por eso un tiempo adecuado para reflexionar sobre esta dimensión utópica esencial del cristianismo, y un tiempo para examinar si con el paso del tiempo nuestro cristianismo tal vez olvidó su esencia, tal vez arrinconó tanto la utopía como la esperanza.

El evangelio de Mateo nos presenta a Juan Bautista pidiendo a sus coetáneos la conversión, «porque el reinado de Dios [“de los cielos” dirá Mateo con un pudor reverencial judío] está cerca». En aquellos tiempos de mentalidad apocalíptica, la propensión a imaginar futuras irrupciones del cielo o del infierno servía para mover a las masas. Hoy, con una visión radicalmente distinta sobre la plausibilidad de tales expectativas apocalípticas, la argumentación de Juan Bautista ya no sirve, resulta increíble para la mayor parte de nuestros contemporáneos. No es que hayamos de cambiar (que hayamos de convertirnos) «porque el reino de Dios está cerca», sino exactamente al revés: el Reino de Dios puede estar cerca porque (y en la medida en que) decidimos cambiar nosotros (nos convertimos) y con ello cambiamos este mundo. Ya no estamos en tiempos de apocalipsis (una irrupción venida de fuera y de arriba), sino de praxis histórica (una transformación venida de abajo y de dentro). El reinado de Dios -la Utopía -por decirlo con un lenguaje más amplio- no es ni puede ser objeto de «espera» (algo que sucederá al margen de nosotros), sino de «esperanza» (la desinencia «anza» expresa ese matiz de actividad endógena), es decir, de esa actitud que consiste en «desear provocando», desear ardientemente una realidad todavía «u-tópica», tratando de hacerla «tópica», presente en el «topos», en el lugar, aquí y ahora, en la Tierra presente, no en el cielo futuro.

Insistimos: otras religiosidades discurren por otra experiencia de lo sagrado -y ello no es malo, es muy bueno, y es muestra de la pluriformidad de la religiosidad-, pero la vivencia espiritual específicamente cristiana es esta esperanza activa histórico-utópica. En este Adviento podríamos hacer de esto una materia de reflexión y examen.

Para la revisión de vida
- ¿Soy persona de Utopía? ¿Vibro por ella? ¿Puedo decir que mi vida es un «vivir y luchar por la Causa (Utopía) que Jesús nos comunicó? ¿He llegado a descubrir y vivir el cristianismo como «militancia» histórica, como construcción de un Mundo Nuevo?
Juan es la antítesis de la sociedad de su tiempo; es decir, no se amoldó cómodamente a las maneras de ser y de pensar de sus contemporáneos. ¿Cómo me comporto yo en el ambiente en que vivo? ¿Hay algo de anuncio-denuncia en mi manera de ser y de transmitir el mensaje?

 

 

 

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3 diciembre 2010 5 03 /12 /diciembre /2010 20:54

Evangelio del Sábado I Semana de Adviento. Ciclo A. 4 de diciembre 2010

 

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo(9, 35—10, 1. 6-8)

 

Gloria a ti, Señor.

 

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”.

Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias. Les dijo: “Vayan en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente”.

 

Palabra del Señor.

 

Gloria a ti, Señor Jesús

 

Reflexión:

 

Este evangelio que leemos hoy introduce el segundo gran discurso que nos presenta Mateo, el discurso apostólico. Nos dice que Jesús recorría ciudades y aldeas enseñando en la sinagoga, proclamando el reino de Dios y sanando enfermos, las tres grandes acciones del Mesías. Se nos hace ver que la proclamación de la Buena Nueva tiene mediadores concretos. Jesús elige a sus doce discípulos y los hace partícipes de su misión: proclamar la Buena Nueva de justicia e igualdad en medio de una sociedad que elimina totalmente a las personas. Tal proclamación tiene una preferencia especial por los enfermos y dolientes, es decir, los excluidos. Jesús les entrega el poder para sanar y los envía al servicio de los demás, ya que seguirle es un compromiso de responsabilidad frente a todo ser humano en situación de opresión y esclavitud. El adviento es tiempo de reflexión y de revisión de vida. Nosotros como cristianos debemos revisar nuestra vida para ver si realmente somos continuadores de la misión de Jesús en el anuncio del Reino, en la creación de unas condiciones dignas de vida. Debemos ser conscientes de que proclamar la Buena Nueva nos exige una entrega día a día por los demás.

 

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2 diciembre 2010 4 02 /12 /diciembre /2010 16:45

Evangelio Viernes I Semana de Adviento. 3 de diciembre

† Lectura del santo Evangelio

según san Mateo (9, 27-31)

Gloria a ti, Señor.

Cuando Jesús salía de Cafarnaúm, lo siguieron dos ciegos, que gritaban:

“¡Hijo de David, compadécete de nosotros!” Al entrar Jesús en la casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les preguntó:

“¿Creen que puedo hacerlo?”

Ellos le contestaron: “Sí, Señor”.

Entonces les tocó los ojos, diciendo: “Que se haga en ustedes conforme a su fe”.

Y se les abrieron los ojos.

Jesús les advirtió severamente:

“Que nadie lo sepa”. Pero ellos, al salir, divulgaron su fama por toda la región.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión:

 

La ceguera de estos hombres es una situación que les impide abrir los ojos ante aquellos que los tienen excluidos de la sociedad por su supuesta situación de impureza. Les impide actuar, enfrentarse contra el sistema opresor. Jesús cura a dos ciegos que creen en él. Ellos confían en el poder liberador que tiene Jesús para sanarlos y dan prueba de una auténtica fe. Lo llamaron “Hijo de David”, título mesiánico que designaba el liberador nacional de Israel. Jesús les acepta esa fe, pero les abre los ojos para que vean que él es radicalmente diferente a lo que ellos suponían. Jesús libera haciéndolos conscientes de su situación. Los ciegos recuperan la visión y superan la perspectiva de una liberación puramente nacionalista. Recuperar la vista es hacerse sujetos sociales dignos, con los mismos derechos de vida y de reconocimiento. Ellos no se pueden contener y salen a anunciar la obra de Jesús como personas reconocidas y redignificadas por Jesús. Miremos nosotros hoy: ¿cuáles son las situaciones de ceguera que no permiten al ser humano serlo con dignidad? ¿En quién ponemos nuestra confianza para salir de dichas situaciones? y ¿cómo estamos ayudando a los que aún no recuperan la vista, su vida y su reconocimiento como personas dignas?

La fiesta de Francisco Javier, legendario símbolo de las misiones católicas, puede hacernos

 

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