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12 agosto 2013 1 12 /08 /agosto /2013 17:19

Evangelio Martes XIX Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C., 13 de agosto, 2013.

Santo del Día: San Ponciano, papa, y San Hipólito, presbítero, mártires.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     18, 1-5. 10. 12-14
Gloria a ti Señor       
 
    Los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: «¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?»
    Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: «Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos. El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo.
    Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial.
    ¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron. De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños.
 
Palabra del Señor.

Comentario:

Hoy, el Evangelio nos vuelve a revelar el corazón de Dios. Nos hace entender con qué sentimientos actúa el Padre del cielo en relación con sus hijos. La solicitud más ferviente es para con los pequeños, aquellos hacia los cuales nadie presta atención, aquellos que no llegan al lugar donde todo el mundo llega. Sabíamos que el Padre, como Padre bueno que es, tiene predilección por los hijos pequeños, pero hoy todavía nos damos cuenta de otro deseo del Padre, que se convierte en obligación para nosotros: «Si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos» (Mt 18,3).

Por tanto, entendemos que aquello que valora el Padre no es tanto "ser pequeño", sino "hacerse pequeño". «Quien se haga pequeño (...), ése es el mayor en el Reino de los Cielos» (Mt 18,4). Por esto, podemos entender nuestra responsabilidad en esta acción de empequeñecernos. No se trata tanto de haber sido uno creado pequeño o sencillo, limitado o con más capacidades o menos, sino de saber prescindir de la posible grandeza de cada uno para mantenernos en el nivel de los más humildes y sencillos. La verdadera importancia de cada uno está en asemejarnos a uno de estos pequeños que Jesús mismo presenta con cara y ojos.

Para terminar, el Evangelio todavía nos amplía la lección de hoy. Hay, ¡y muy cerca de nosotros!, unos "pequeños" que a veces los tenemos más abandonados que a los otros: aquellos que son como ovejas que se han descarriado; el Padre los busca y, cuando los encuentra, se alegra porque los hace volver a casa y no se le pierden. Quizá, si contemplásemos a quienes nos rodean como ovejas buscadas por el Padre y devueltas, más que ovejas descarriadas, seríamos capaces de ver más frecuentemente y más de cerca el rostro de Dios. Como dice san Asterio de Amasia: «La parábola de la oveja perdida y el pastor nos enseña que no hemos de desconfiar precipitadamente de los hombres, ni desfallecer al ayudar a los que se encuentran con riesgo».

Fuente: Misal Romano y Leccionario II

 

http://evangeli.net(Comentario)

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11 agosto 2013 7 11 /08 /agosto /2013 16:34

Evangelio Lunes XIX Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C. 12 de agosto, 2013.

Santo del Día: San Eleazar, Mártir
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     17, 22-27
 Gloria a ti, Señor   
    Mientras estaban reunidos en Galilea, Jesús les dijo: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres: lo matarán y al tercer día resucitará.» Y ellos quedaron muy apenados.
    Al llegar a Cafarnaúm, los cobradores del impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: «¿El Maestro de ustedes no paga el impuesto?» «Sí, lo paga,» respondió.
    Cuando Pedro llegó a la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?» Y como Pedro respondió: «De los extraños,» Jesús le dijo: «Eso quiere decir que los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti».
 
Palabra del Señor
.

Comentario:

Hoy, la liturgia nos ofrece diferentes posibilidades para nuestra consideración. Entre éstas podríamos detenernos en algo que está presente a lo largo de todo el texto: el trato familiar de Jesús con los suyos.

Dice san Mateo que Jesús y los discípulos iban «yendo un día juntos por Galilea» (Mt 17,22). Pudiera parecer algo evidente, pero el hecho de mencionar que iban juntos nos muestra cómo el evangelista quiere remarcar la cercanía de Cristo. Luego les abre su Corazón para confiarles el camino de su Pasión, Muerte y Resurrección, es decir, algo que Él lleva muy adentro y que no quiere que, aquellos a quienes tanto ama, ignoren. Posteriormente, el texto recoge el episodio del pago de los impuestos, y también aquí el evangelista nos deja entrever el trato de Jesús, poniéndose al mismo nivel que Pedro, contraponiendo a los hijos (Jesús y Pedro) exentos del pago y los extraños obligados al mismo. Cristo, finalmente, le muestra cómo conseguir el dinero necesario para pagar no sólo por Él, sino por los dos y no ser, así, motivo de escándalo.

En todos estos rasgos descubrimos una visión fundamental de la vida cristiana: es el afán de Jesús por estar con nosotros. Dice el Señor en el libro de los Proverbios: «Mi delicia es estar con los hijos de los hombres» (Prov 8,31). ¡Cómo cambia, esta realidad, nuestro enfoque de la vida espiritual en la que a veces ponemos sólo la atención y el acento en lo que nosotros hacemos, como si eso fuera lo más importante! La vida interior ha de centrase en Cristo, en su amor por nosotros, en su entrega hasta la muerte por mí, en su constante búsqueda de nuestro corazón. Muy bien lo expresaba Juan Pablo II en uno de sus encuentros con los jóvenes: el Papa exclamó con voz fuerte «¡Miradle a Él!». Hoy, la liturgia nos ofrece diferentes posibilidades para nuestra consideración. Entre éstas podríamos detenernos en algo que está presente a lo largo de todo el texto: el trato familiar de Jesús con los suyos.

Dice san Mateo que Jesús y los discípulos iban «yendo un día juntos por Galilea» (Mt 17,22). Pudiera parecer algo evidente, pero el hecho de mencionar que iban juntos nos muestra cómo el evangelista quiere remarcar la cercanía de Cristo. Luego les abre su Corazón para confiarles el camino de su Pasión, Muerte y Resurrección, es decir, algo que Él lleva muy adentro y que no quiere que, aquellos a quienes tanto ama, ignoren. Posteriormente, el texto recoge el episodio del pago de los impuestos, y también aquí el evangelista nos deja entrever el trato de Jesús, poniéndose al mismo nivel que Pedro, contraponiendo a los hijos (Jesús y Pedro) exentos del pago y los extraños obligados al mismo. Cristo, finalmente, le muestra cómo conseguir el dinero necesario para pagar no sólo por Él, sino por los dos y no ser, así, motivo de escándalo.

En todos estos rasgos descubrimos una visión fundamental de la vida cristiana: es el afán de Jesús por estar con nosotros. Dice el Señor en el libro de los Proverbios: «Mi delicia es estar con los hijos de los hombres» (Prov 8,31). ¡Cómo cambia, esta realidad, nuestro enfoque de la vida espiritual en la que a veces ponemos sólo la atención y el acento en lo que nosotros hacemos, como si eso fuera lo más importante! La vida interior ha de centrase en Cristo, en su amor por nosotros, en su entrega hasta la muerte por mí, en su constante búsqueda de nuestro corazón. Muy bien lo expresaba Juan Pablo II en uno de sus encuentros con los jóvenes: el Papa exclamó con voz fuerte «¡Miradle a Él!».

Fuente: Leccionario Ferial

 

www.evangeli.net (Comentario)

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9 agosto 2013 5 09 /08 /agosto /2013 17:21

Evangelio XIX Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C. 11 de agosto, 2013.

Santo del Día:. SANTA CLARA DE ASÍS
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     12, 35-40
Gloria a ti Señor
    Jesús dijo a sus discípulos:
    Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta.
    ¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlos.
    ¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!
    Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa.
    Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada.
 
Palabra del Señor.

 Comentario:

¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Todos sabemos lo difícil que es administrar fiel y solícitamente una empresa y administrar bien, en general, la vida de los demás. Que se lo pregunten a nuestros políticos y gobernantes. Pero yo creo que gobernar bien nuestra propia vida es aún más difícil que administrar bien la vida de los demás. Porque el egoísmo, la ambición, las apariencias interesadas, la insinceridad y la vanidad, nos ciegan tremendamente y nos impiden vernos a nosotros mismos con imparcialidad y realismo. La parábola del evangelio de hoy no va dirigida a los gobernantes y administradores en general, sino que va dirigida directamente a sus discípulos, a “su pequeño rebaño”. A ellos les dice que deben estar siempre preparados para que cuando llegue el amo, el Señor, les encuentre en vela, dispuestos a abrirle la puerta en cuanto llame, porque, “a la hora que menos piensen, vendrá el Hijo del hombre”. Un cristiano, un discípulo de Cristo, debe entender siempre su vida aquí en la tierra como una preparación para la vida eterna. Este mundo es camino para el otro, que es morada sin pesar; y cumple tener buen tino para andar este camino sin errar”. El negocio más importante de nuestra vida es nuestra vida misma y nuestra vida aquí en la tierra, hablando en cristiano, debe conducirnos directamente a la vida eterna. Porque, si administramos bien nuestra vida, cuando llegue el Señor “nos hará sentarnos a su mesa y nos irá sirviendo”.

Donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón. Como venimos diciendo, administrar bien nuestra propia vida es vivir de tal modo que seamos dignos de recibir la vida eterna. Y para eso, nos dice Jesús, que lo primero que tenemos que hacer es despegar nuestro corazón del afecto inmoderado al dinero. Si para nosotros lo primero en la vida es el dinero, si tenemos puesto nuestro corazón en el dinero, difícilmente podremos entender el mensaje evangélico. Cristo nos dice que debemos poner el corazón en los valores del reino de Dios, en los valores evangélicos. Esto no es nada fácil, porque el dinero y los placeres de este mundo nos tientan continuamente. Por eso, debemos estar siempre en vela, para que no se introduzca en nuestro corazón el apego al dinero y a los bienes de este mundo. Cristo vivió totalmente despegado del afecto al dinero, preocupado únicamente de los valores del reino. Como cristianos, debemos hacer nosotros lo mismo.

Por Gabriel González del Estal

Fuente Lecturas: Leccionario II

http://www.betania.es  (Comentario)

 

 

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9 agosto 2013 5 09 /08 /agosto /2013 15:00

Evangelio Sábado XVIII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C. 10  de agosto 2013.

Santo del Día: San Lorenzo, Mártir

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     12, 24-26
Gloria a ti, Señor


Jesús dijo a sus discípulos:
«Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.
El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.»

Palabra del Señor.

Comentario:


"Juan desea resaltar que ha llegado "la hora" de Jesús, la hora de su pasión-glorificación. Sólo ahora, la obra de Cristo se abre a todos, cayendo toda frontera que lo impedía. Glorificación a través de la pasión. De ahí la metáfora del grano de trigo. Sabemos que no perece todo, pero tiene que ser sepultado, enterrado para producir vida nueva.
Jesús nos está recordando el motivo principal de este texto, al anunciar la hora decisiva en que ocurre el acontecimiento salvador y divino de la "glorificación del Hijo del hombre", lo que hace notar con la comparación del grano de trigo que cae en tierra. Esta metáfora tiene que entenderse desde la  perspectiva de los campesinos que valoran su trabajo, el proceso de la siembra y la nueva planta como algo maravilloso.


Se pretende decir que Jesús ha de morir si quiere "llevar fruto", si ha de tener éxito; pero también  que esa muerte será fecunda. La muerte de Jesús es la muerte de la que procede todo "fruto". De ahí  que se designe como una muerte salvadora, como una muerte de la que brota la vida eterna, "la vida otra". En todo caso, la imagen del "producir fruto" ha de mantener la mayor apertura posible. Toda la salvación brota de esa muerte.


Jesús nos invita a seguirle en esa entrega total. Nos invita a tener una actitud de confianza completa y sin reservas a la salvación del reinado de Dios. Para una persona así, tanto la ganancia como la pérdida se convierten en fuente de vida. Sólo así no se vive en la disposición egoísta de asegurar su propia  existencia, sino más bien en la actitud de una apertura y entrega radical, en que se olvida por completo de sí mismo. 


Esta actitud y conducta nos la enseña Jesús no sólo con palabras sino con su misma vida, muerte y resurrección. Recordemos las palabras de Jesús: "Nadie tiene mayor amor que quien da la vida por los que ama." El que entrega su vida por los demás, ama de veras, se olvida de su propio interés y de su propia seguridad y lucha por una vida digna y libre para todos.


El martirio de San Lorenzo sucedió en los origenes de la Iglesia, pero siempre los mejores cristianos han dado su vida por los demás siguiendo el ejemplo de Jesús.

Fuente: Leccionaro IV (Ferias del Tiempo Ordinario)

 

http://homiletica.org(Comentario)

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8 agosto 2013 4 08 /08 /agosto /2013 21:18

Evangelio Viernes XVIII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C, 9 de agosto, 2013.

Santoral: Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Virgen y Marir y Santa Otilia, Religiosa 
 + Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     16, 24-28

Gloria a ti Señor 
 
    Entonces Jesús dijo a sus discípulos:
    El que quiera seguirme que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?
    Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras. Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver al Hijo del hombre, cuando venga en su Reino.

Palabra del Señor
.

 Comentario:

Hoy, el Evangelio nos sitúa claramente frente al mundo. Es radical en su planteamiento, no admite medias tintas: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mt 16,24). En numerosas ocasiones, frente al sufrimiento generado por nosotros mismos o por otros, oímos: «Debemos soportar la cruz que Dios nos manda... Dios lo quiere así...», y vamos acumulando sacrificios como cupones pegados en una cartilla, que presentaremos en la auditoria celestial el día que nos toque rendir cuentas.

El sufrimiento no tiene valor en sí mismo. Cristo no era un estoico: tenía sed, hambre, cansancio, no le gustaba que le abandonaran, se dejaba ayudar... Donde pudo alivió el dolor, físico y moral. ¿Qué pasa entonces? 

Antes de cargar con nuestra “cruz”, lo primero, es seguir a Cristo. No se sufre y luego se sigue a Cristo... A Cristo se le sigue desde el Amor, y es desde ahí desde donde se comprende el sacrificio, la negación personal: «Quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará» (Mt 16,25). Es el amor y la misericordia lo que conduce al sacrificio. Todo amor verdadero engendra sacrificio de una u otra forma, pero no todo sacrificio engendra amor. Dios no es sacrificio; Dios es Amor, y sólo desde esta perspectiva cobra sentido el dolor, el cansancio y las cruces de nuestra existencia tras el modelo de hombre que el Padre nos revela en Cristo. San Agustín sentenció: «En aquello que se ama, o no se sufre, o el mismo sufrimiento es amado».

En el devenir de nuestra vida, no busquemos un origen divino para los sacrificios y las penurias: «¿Por qué Dios me manda esto?», sino que tratemos de encontrar un “uso divino” para ello: «¿Cómo podré hacer de esto un acto de fe y de amor?». Es desde esta posición como seguimos a Cristo y como —a buen seguro— nos hacemos merecedores de la mirada misericordiosa del Padre. La misma mirada con la que contemplaba a su Hijo en la Cruz.

.Fuente: Misal Romano y Leccionario IV

http://evangeli.net (Comentario)

 

 

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7 agosto 2013 3 07 /08 /agosto /2013 21:52

Evangelio Jueves XVIII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C. 8 de agosto, 2013.

Santo del Día: Santoral del 1 de agosto: Santo Domingo de Guzmán

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     16, 13-23
Gloria a ti Señor    
 
  
    Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»
    Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas.»
    «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»
    Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
    Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.» Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»
    Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
    Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: «Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá.»
    Pero Él, dándose vuelta, dijo a Pedro: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.»
 
Palabra del Señor.

Comentario:

Hoy Jesús proclama afortunado a Pedro por su atinada declaración de fe: «Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’. Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos’» (Mt 16,16-17). En esta felicitación Jesús promete a Pedro el primado en su Iglesia; pero poco después ha de hacerle una reconvención por haber manifestado una idea demasiado humana y equivocada del Mesías: «Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: ‘¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!’. Pero Él, volviéndose, dijo a Pedro: ‘¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!’» (Mt 16,22-23).

Hay que agradecer a los evangelistas que nos hayan presentado a los primeros discípulos de Jesús tal como eran: no como unos personajes idealizados, sino gente de carne y hueso, como nosotros, con sus virtudes y defectos; esta circunstancia los aproxima a nosotros y nos ayuda a ver que el perfeccionamiento en la vida cristiana es un camino que todos debemos hacer, pues nadie nace enseñado.

Dado que ya sabemos cómo fue la historia, aceptamos que Jesucristo haya sido el Mesías sufriente profetizado por Isaías y haya entregado su vida en la cruz. Lo que más nos cuesta aceptar es que nosotros tengamos que continuar haciendo presente su obra a través del mismo camino de entrega, renuncia y sacrificio. Imbuidos como estamos en una sociedad que propugna el éxito rápido, aprender sin esfuerzo y de modo divertido, y conseguir el máximo provecho con el mínimo de labor, es fácil que acabemos viendo las cosas más como los hombres que como Dios. Una vez recibido el Espíritu Santo, Pedro aprendió por dónde pasaba el camino que debía seguir y vivió en la esperanza. «Las tribulaciones del mundo están llenas de pena y vacías de premio; pero las que se padecen por Dios se suavizan con la esperanza de un premio eterno» (San Efrén).

 Fuente: Misal Romano y Leccionario IV

 

www.evangeli.net (Comentario)

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6 agosto 2013 2 06 /08 /agosto /2013 15:09

Evangelio Miércoles XVIII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C. 7 de agosto, 2013.

Santoral del Día: San Cayetano, Fundador
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     15, 21-28

Gloria a ti Señor  

    Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio.» Pero él no le respondió nada.
    Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos.»
    Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.»
    Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!»
    Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros.»
    Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!»
    Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!» Y en ese momento su hija quedó sana.
 
Palabra del Señor.

Comentario:

Hoy escuchamos a menudo expresiones como “ya no queda fe”, y lo dicen personas que piden a nuestras comunidades el bautizo de sus hijos o la catequesis de los niños o el sacramento del matrimonio. Esta palabra ve el mundo en negativo, muestra el convencimiento de que cualquier tiempo pasado fue mejor y que ahora estamos al final de una etapa en la que no hay nada nuevo que decir, ni tampoco nada nuevo por hacer. Evidentemente, se trata de personas jóvenes que, en su mayoría, ven con un cierto tono de tristeza que el mundo ha cambiado tanto, desde sus padres, que quizás vivían una fe más popular, que ellos no se han sabido adaptar. Esta experiencia les deja insatisfechos y sin capacidad de reacción cuando, de hecho, quizás están a la entrada de una nueva etapa que conviene aprovechar.

Este pasaje del Evangelio capta la atención de aquella madre cananea que pide una gracia para su hija, reconociendo en Jesús al Hijo de David: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada» (Mt 15,22). El Maestro queda sorprendido: «Mujer, grande es tu fe», y no puede hacer otra cosa que actuar a favor de aquellas personas: «que te suceda como deseas» (Mt 15,28), aunque parezca que no entran en sus esquemas. No obstante, en la realidad humana se manifiesta la gracia de Dios.

La fe no es patrimonio de unos cuantos, ni tampoco es propiedad de los que se creen buenos o de los que lo han sido, que tienen esta etiqueta social o eclesial. La acción de Dios precede a la acción de la Iglesia y el Espíritu Santo está actuando ya en personas de las que no hubiéramos sospechado que nos traerían un mensaje de parte de Dios, una solicitud a favor de los más necesitados. Dice san León: «Amados míos, la virtud y la sabiduría de la fe cristiana son el amor a Dios y al prójimo: no falta a ninguna obligación de piedad quien procura dar culto a Dios y ayudar a su hermano».

Fuente: Leccionario Ferial IV (Ferias del Tiempo Ordinario)

Comentario: www.evangeli.net

 

 

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5 agosto 2013 1 05 /08 /agosto /2013 15:56

Evangelio Martes XVIII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C., 6 de agosto, 2013.

Santo del Día: La Transfiguración del Señor

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     9, 28b-36 

Gloria a ti Señor       
 
Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante. Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.
Mientras estos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
El no sabía lo que decía. Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo.» Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo.
Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto.

Palabra del Señor.

Comentario:

La Transfiguración del Señor nos hace dirigir la mirada hacia “las alturas”. Así, la página del Evangelio de hoy nos permite vislumbrar lo que será el cielo, ese momento del sumergirse en el océano del amor infinito de Dios, en el cual el tiempo ya no existe, donde podremos participar de la vida de Cristo, de esa felicidad que será completa, total y definitiva.

Sin embargo, mientras llega ese momento, vivimos inmersos en una sociedad en la que es difícil hablar de “salvación”, de vida eterna. Por eso, primero hemos de preguntarnos si nuestra fe cristiana es viva, si es para nosotros una esperanza que transforma y sostiene nuestra vida.

En segundo lugar, la fe en la vida eterna nos ha de llevar a dejar de estar encerrados en el propio yo y a poner en marcha nuevos modos de proclamar el mensaje del Evangelio. Lo que más se necesita en este tiempo de la historia de la Iglesia es la renovación de ese celo apostólico que nos haga salir en busca de los que se han alejado de la fe, de los que viven superficialmente su cristianismo, de los que se han olvidado de que el destino final no está aquí, sino en el cielo. No pensemos que se requieren de métodos extraños. La respuesta la tenemos en la liturgia de la Iglesia, y sobre todo en el sacramento de la Eucaristía, es ahí donde se manifiestan las realidades eternas, de ahí debe partir el impulso para un apostolado fructuoso en el mundo.

En este camino contamos también con las virtudes teologales, con la fe, la esperanza y la caridad. La fe y la esperanza son la inspiración, la base de nuestros esfuerzos para alcanzar el cielo. El amor es lo que nos dará fuerza para predicar el mensaje de Cristo y vivirlo fielmente.

¡Que la Transfiguración del Señor nos haga salir a predicar y trabajar por una nueva evangelización!

Fuente: Misal Romano y Leccionario II

 

homiletica.org  (Comentario)

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4 agosto 2013 7 04 /08 /agosto /2013 20:50

Evangelio Lunes XVIII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C. 5 de agosto, 2013.

Santo del Día: Dedicación de las Basílicas de San Pedro y San Pablo
 + Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     14, 13-21
 Gloria a ti, Señor  
    Al enterarse de la muerte de Juan el Bautista, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.
    Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos.»
    Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos.»
    Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados.»
    «Tráiganmelos aquí», les dijo.
    Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.
    Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
 
Palabra del Señor.

Comentario:

Hoy, el Evangelio toca nuestros “bolsillos mentales”... Por esto, como en tiempos de Jesús, pueden aparecer las voces de los prudentes para sopesar si vale la pena tal asunto. Los discípulos, al ver que se hacía tarde y que no sabían cómo atender a aquel gentío reunido en torno a Jesús, encuentran una salida airosa: «Que vayan a los pueblos y se compren comida» (Mt 14,15). Poco se esperaban que su Maestro y Señor les fuera a romper este razonamiento tan prudente, diciéndoles: «Dadles vosotros de comer» (Mt 14,16).

Un dicho popular dice: «Quien deja a Dios fuera de sus cuentas, no sabe contar». Y es cierto, los discípulos —nosotros tampoco— no sabemos contar, porque olvidamos frecuentemente el sumando de mayor importancia: Dios mismo entre nosotros.

Los discípulos realizaron bien las cuentas; contaron con exactitud el número de panes y de peces, pero al dividirlos mentalmente entre tanta gente, les salía casi un cero periódico; por eso optaron por el realismo prudente: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces» (Mt 14,17). ¡No se percatan de que tienen a Jesús —verdadero Dios y verdadero hombre— entre ellos!

Parafraseando a san Josemaría, no nos iría mal recordar aquí que: «En las empresas de apostolado, está bien —es un deber— que consideres tus medios terrenos (2 + 2 = 4), pero no olvides ¡nunca! que has de contar, por fortuna, con otro sumando: Dios + 2 + 2...». El optimismo cristiano no se fundamenta en la ausencia de dificultades, de resistencias y de errores personales, sino en Dios que nos dice: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).

Sería bueno que tú y yo, ante las dificultades, antes de dar una sentencia de muerte a la audacia y al optimismo del espíritu cristiano, contemos con Dios. Ojalá que podamos decir con san Francisco aquella genial oración: «Allí donde haya odio que yo ponga amor»; es decir, allí donde no salgan las cuentas, que cuente con Dios.

Fuente: Leccionario Ferial

www.evangeli.net (Comentario)

 

 

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4 agosto 2013 7 04 /08 /agosto /2013 20:50

Evangelio Lunes XVIII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C. 5 de agosto, 2013.

Santo del Día: Dedicación de las Basílicas de San Pedro y San Pablo
 + Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     14, 13-21
 Gloria a ti, Señor  
    Al enterarse de la muerte de Juan el Bautista, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.
    Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos.»
    Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos.»
    Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados.»
    «Tráiganmelos aquí», les dijo.
    Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.
    Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
 
Palabra del Señor.

Comentario:

Hoy, el Evangelio toca nuestros “bolsillos mentales”... Por esto, como en tiempos de Jesús, pueden aparecer las voces de los prudentes para sopesar si vale la pena tal asunto. Los discípulos, al ver que se hacía tarde y que no sabían cómo atender a aquel gentío reunido en torno a Jesús, encuentran una salida airosa: «Que vayan a los pueblos y se compren comida» (Mt 14,15). Poco se esperaban que su Maestro y Señor les fuera a romper este razonamiento tan prudente, diciéndoles: «Dadles vosotros de comer» (Mt 14,16).

Un dicho popular dice: «Quien deja a Dios fuera de sus cuentas, no sabe contar». Y es cierto, los discípulos —nosotros tampoco— no sabemos contar, porque olvidamos frecuentemente el sumando de mayor importancia: Dios mismo entre nosotros.

Los discípulos realizaron bien las cuentas; contaron con exactitud el número de panes y de peces, pero al dividirlos mentalmente entre tanta gente, les salía casi un cero periódico; por eso optaron por el realismo prudente: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces» (Mt 14,17). ¡No se percatan de que tienen a Jesús —verdadero Dios y verdadero hombre— entre ellos!

Parafraseando a san Josemaría, no nos iría mal recordar aquí que: «En las empresas de apostolado, está bien —es un deber— que consideres tus medios terrenos (2 + 2 = 4), pero no olvides ¡nunca! que has de contar, por fortuna, con otro sumando: Dios + 2 + 2...». El optimismo cristiano no se fundamenta en la ausencia de dificultades, de resistencias y de errores personales, sino en Dios que nos dice: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).

Sería bueno que tú y yo, ante las dificultades, antes de dar una sentencia de muerte a la audacia y al optimismo del espíritu cristiano, contemos con Dios. Ojalá que podamos decir con san Francisco aquella genial oración: «Allí donde haya odio que yo ponga amor»; es decir, allí donde no salgan las cuentas, que cuente con Dios.

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