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6 octubre 2011 4 06 /10 /octubre /2011 19:18

Evangelio del Viernes XXVII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 7 de octubre, 2011

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (11, 15-26)

Gloria a ti, Señor.

 

 "Si Yo expulso a los demonios con el poder de Dios, eso significa que el Reino de Dios ha llegado a ustedes"

En aquel tiempo, cuando Jesús expulsó a un demonio, algunos dijeron: 
«Expulsa a los demonios con el poder de Satanás, el príncipe de los demonios».
 
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa.
Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo:
 
«Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina, y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Satanás. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios por el poder de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.
 
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.
 
Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, anda vagando por lugares áridos en busca de reposo y, al no hallarlo, dice: “Volveré a mi casa, de donde salí”. Y al llegar, la encuentra barrida y arreglada. Entonces va por otros siete espíritus peores que él y vienen a instalarse allí, y así la situación final de aquel hombre resulta peor que la de antes».

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión:

La lógica es que ante Dios nadie debe permanecer neutral: o se le acepta y se le ama para seguir por su camino, y entonces el Reino ha llegado a ustedes, o simplemente no se le acepta. En la época de Jesús aún se creía que las enfermedades eran demonios, que se apoderaban de los estados mentales de la persona, como en la epilepsia; por eso algunos llegaron a convencerse de que Jesús estaba poseído por alguno de esos demonios; de ahí que Jesús llama a la conversión total para no volver al mundo de las tinieblas, acercándose al Padre a través de las comunidades, logrando una autoestima que impida volver al estado anterior de ceguedad. Por esta razón hay que entregarse a la santidad, pureza y amor de Dios, para, a través de él, ver la luz del camino y no seguir creyendo en demonios, que nos produce mudez y recaída en el pecado. Hemos de tener claro que Dios está en medio de nosotros; que Jesús está ahí para cuidarnos, guiarnos, amarnos y jamás dejarnos solos. Él vino para darnos vida y colmarnos de amor y alegría.

 

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5 octubre 2011 3 05 /10 /octubre /2011 19:02

Evangelio del Jueves XXVII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 6 de octubre, 2011

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (11, 5-13)

Gloria a ti, Señor.

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Supongan que alguno de ustedes tiene un amigo que viene a medianoche a decirle: ‘Préstame, por favor, tres panes, pues un amigo mío ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle’.

Pero él le responde desde dentro: ‘No me molestes. No puedo levantarme a dártelos, porque la puerta ya está cerrada y mis hijos y yo estamos acostados’.

Si el otro sigue tocando, yo les aseguro que, aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo, por su molesta insistencia, sí se levantará y le dará cuanto necesite.

Así también les digo a ustedes: Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá. Porque quien pide, recibe; quien busca, encuentra y al que toca, se le abre. ¿Habrá entre ustedes algún padre que, cuando su hijo le pida pan, le dé una piedra? ¿O cuando le pida pescado, le dé una víbora? ¿O cuando le pida huevo, le dé un alacrán?

Pues, si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre celestial les dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan?”

 

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión:

Jesús nos propone pedir al Padre a través de la oración, movidos por el Espíritu Santo, con fe, con el corazón abierto, con la certeza de que vamos a ser escuchados y con una actitud dispuesta a aceptar su voluntad, aun cuando no nos conceda de forma inmediata lo que hemos pedido. Pero no por eso vamos a juzgarle, ni vamos a sentir rencor contra él, ni tampoco le haremos responsable de nuestros errores. Tenemos que tener confianza y ser perseverantes en la oración, descubrir que la vida que tenemos no es tan absurda y complicada, reconocer abiertamente a través de los hechos el rostro de Dios que nos ama. Él es ternura, compasión, fluidez. Habremos de ser constantes en nuestras oraciones, pedir desde el alma, para tener una mayor comunicación con él como Padre. Ojalá compartamos la convicción de Jesús, de que Dios nunca dará nada que no sea útil y saludable para quienes se empeñan en vivir la Palabra y en seguir por el camino que él nos enseña. Y cuando invocamos a Dios, aún estaremos hablando y él ya nos habrá escuchado.

 

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4 octubre 2011 2 04 /10 /octubre /2011 18:49

Evangelio del Miércoles XXVII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 5 de octubre, 2011

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (11, 1-4)

Gloria a ti, Señor.


"Señor, enséñanos a orar"

Un día, Jesús estaba orando y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: 
«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».
Entonces Jesús les dijo:
 
«Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino; danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto que también nosotros perdonamos a todo aquél que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación».

 Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Con la oración del Padre Nuestro, Jesús quiere hacer conscientes a sus discípulos de su condición de hijos de Dios. La oración del cristiano es la oración de un hijo que se dirige a su Padre Dios con confianza filial. Al llamar a Dios Padre Nuestro, reconocemos que la filiación divina nos une a Cristo, ”primogénito entre muchos hermanos” (Rom 8, 29), por medio de una verdadera fraternidad.

Por ello, la santidad cristiana, aun siendo personal e individual, nunca es individualista o egocéntrica: “Si rezamos de verdad el Padre Nuestro, salimos del individualismo, porque de él nos libera el amor que recibimos. En la oración del Señor, a la invocación inicial: “Padre Nuestro, que estás en el Cielo”, siguen siete peticiones. Las tres primeras tienen por objeto la gloria del Padre: la santificación de su nombre, la venida de su Reino y el cumplimiento de su divina voluntad. Las otras cuatro presentan al Padre nuestros deseos: estas peticiones conciernen a nuestra vida, para alimentarla o para curarla del pecado, y se refieren a nuestro combate por la victoria del bien.

 

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3 octubre 2011 1 03 /10 /octubre /2011 17:55

Evangelio del Martes XXVII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 4 de octubre, 2011

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (10, 38-42)

Gloria a ti, Señor.

 

En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo:

“Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude”.

El Señor le respondió: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará”.

 

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión:

Sentimos la alegría de Marta al recibir a su amigo Jesús en su casa. Jesús se sienta, y María, la hermana de Marta, se pone a sus pies para escucharle. María también está contenta. Las palabras de su amigo le llegan al corazón.

En nuestra vida muchas cosas y actividades son necesarias para vivir, no podemos dejar de preocupamos por ellas y tenemos que realizarlas, al igual que Marta. Los que no conocen a Dios quizás se preocupan más por esas cosas, pero “el Padre de ustedes sabe que necesitan todo eso” (Mt. 6,33). Preocúpense no por la comida de un día, sino por otra comida que permanece y con la que uno tiene vida eterna (Jn 6,27). No conviene descuidar la Palabra de Dios por el servicio de las mesas (He 6,2); tenemos que procurar en gran medida, como lo hace María, escuchar la Palabra, meditarla, hacerla vida y ponerla en práctica. Estamos llamados a luchar diariamente para lograr un mundo donde haya más justicia y menos discriminación.

 

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2 octubre 2011 7 02 /10 /octubre /2011 18:19

Evangelio del Lunes XXVII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 3 de octubre, 2011

Lectura del Santo Evangelio según, San Lucas 10,25-37

Gloria a ti, Señor

¿Quién es mi prójimo?

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" Él le dijo: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?" Él contestó: "Amarás al Señor, tu, Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo." Él le dijo: "Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida." Pero el maestro de la Ley queriendo justificarse, preguntó a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?" Jesús le dijo: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.

Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó en una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?" Él contestó: "El que practicó la misericordia con él." Díjole Jesús: "Anda, haz tu lo mismo."

Palabra del Señor

Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión:

Esta conocida parábola quiere explicar el mandamiento del amor. Pero, el doctor de la ley pregunta: “¿Quién es mi prójimo?”

Nos parece fácil decir quién es mi prójimo, aunque tal vez realmente no lo sea. Nuestra sociedad, así como aquella en la que vivió Jesús, acostumbra hacer acepción de personas. No todos somos iguales: algunos son más ricos que otros, o más limpios que otros, o más bonitos que otros. Y ésos que consideramos menos que nosotros, mirados con ojos humanos, ¿son mi prójimo?

Al decirnos cristianos, ya no hablamos sólo de prójimos, nos llamamos hermanos. Hermanos todos con igual dignidad y libertad; todos solidarios por los otros, trabajando por formar una sociedad libre, justa y solidaria para todos. A esa sociedad o comunidad la llamamos Reinado de Dios.

Una sociedad en la que no sólo se tolere al prójimo, no sólo se le deje acercarse, sino que se le ame de verdad, y amarle como a uno mismo.

Y, cuando la humanidad se ve invadida por sentimientos de angustia y baja autoestima, ¿cómo podremos amar al prójimo si no nos amamos primeramente a nosotros mismos?

 

 

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2 octubre 2011 7 02 /10 /octubre /2011 00:59

Evangelio del Domingo XXVII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 2 de octubre, 2011

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (21, 33-43)

Gloria a ti, Señor.

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia’. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.

Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?” Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”.

Entonces Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en la Escritura:

La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?

Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

 

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión:

Para Jesús el Reino de Dios estaba abierto a todos los seres humanos « de buena voluntad», o sea, que tuvieran como valor primero de su vida el Amor y la Justicia. El Reino es «Vida, Verdad, Justicia, Paz, Gratuidad, Amor». Por eso, no eran importantes para Jesús las diferencias raciales, de género o de cualquier otro tipo: todas las personas «de buena voluntad», todas las que estén dispuestas a vivir la solidaridad fraterna, están invitadas. Y Jesús no sólo lo propuso como un ideal, sino que lo realizó en la práctica.

Esta manera de actuar y de pensar le acarreó agudos y profundos conflictos con los grupos religiosos y políticos de la época, incluso con sus propios discípulos. Para los hombres ortodoxos esta apertura del Reino de Dios a los extranjeros, enfermos y pecadoras era absolutamente impensable. Más aún, ellos consideraban que fuera de Israel y de su particular religión no había salvación para nadie. Se consideraban «propietarios» del Reino de Dios.

Jesús los desafía abiertamente, y por medio de esa comparación con la viña, les muestra que la ortodoxia recalcitrante no conduce a la salvación. El profeta de Galilea se burla de las pretensiones privatizadoras de los ortodoxos y les muestra que Dios entrega el Reino a aquellas comunidades que viven el amor y la justicia. El Reino no es propiedad privada de nadie ni de ningún grupo en particular. Nadie lo tiene asegurado a título de una raza o religión concreta.

Toda la vida y ministerio de Jesús es compromiso con la vida. Sus acciones y palabras convocan a todos a compartir su vida en la nueva realidad humana y mundana que la construcción del Reino va provocando: sus obras poderosas, su acogida hacia los excluidos, el anuncio de la utopía de Dios que abre nuevos horizontes de esperanza en el corazón de los pobres. Éstos y otros signos son manifestaciones de la voluntad del Padre que envía a Jesús para que los hijos e hijas «tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10) y que, por ello, invita a celebrar el retorno del hijo «que estaba muerto y ha vuelto a la vida» (cf. Lc 15,32).

La denuncias de Jesús, por otra parte, nos indican que el mensajero del Dios de la Vida no puede permitir que el ser humano esté permanentemente torturado por experiencias de muerte. Queremos que nuestra vida y nuestro ministerio sean una confesión y un testimonio de nuestra fe en el Dios «que ama la vida» (Sab 11, 26). Como seguidores de Jesús sabemos que esta vida se manifiesta y goza en plenitud cuando se pone totalmente al servicio del Reino (cf Mt 10,39).

Jesús, el Hijo del hombre, está dispuesto a dar su vida en rescate por todos (cf Mt 20,28). Nadie le quitó la vida; él la entregó libremente. De él hemos aprendido que ser buen pastor es desvivirse por el rebaño, dar la vida por los hermanos (cf Jn 10,11). En este momento debemos sumarnos a tantos cristianos y cristianas que en los últimos años han optado por servir a la vida, aun a riesgo de perder o complicar la suya propia. Al hacerlo, prolongamos la mejor tradición cristiana, confiados en la intercesión de nuestros hermanos y hermanas mártires.

 

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30 septiembre 2011 5 30 /09 /septiembre /2011 19:58

Evangelio del Sábado, XXVI Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 1 de octubre, 2011

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (10, 17-24)

Gloria a ti, Señor.

 

En aquel tiempo, los setenta y dos discípulos regresaron llenos de alegría y le dijeron a Jesús:

“Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre”.

El les contestó:

“Vi a Satanás caer del cielo como el rayo. A ustedes les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada les podrá hacer daño. Pero no se alegren de que los demonios se les sometan. Alégrense más bien de que sus nombres están escritos en el cielo”.

En aquella misma hora, Jesús se llenó de júbilo en el Espíritu Santo y exclamó: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por que has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla!

¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien! Todo me lo ha entregado mi Padre y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.

Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: “Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”.

 

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Jesús, después de recibir de vuelta a los setenta y dos, se alegra de que Dios haya mostrado todas esas verdades a los sencillos. Pero, ¿quiénes sino los sencillos podrían tener el corazón presto a recibir el mensaje?

Los grandes dignatarios están ocupados en mantener sus asuntos del estado terrenal pasando por encima de la dignidad de sus súbditos; los que se dicen sabios se preocupan de mantener su distancia del común de los humanos, de modo que sus conocimientos sean su secreto y su fama; los ricos terratenientes se preocupan de cuántos graneros necesitan construir y cuántos asalariados mal pagados harán el trabajo.

Sin embargo, el ser humano que no se afana en lo terreno, que está liberado de las anclas del tener, poseer o parecer, escucha y ve lo que los profetas y reyes quisieron ver y escuchar y no vieron ni escucharon.

Porque lo importante, lo que todos desean poder encontrar es la salvación que viene de la capacidad de percibir las huellas del paso de Dios en sus vidas y en la historia, y la posibilidad de estar listos a responder al llamado, dando testimonio de los dones recibidos.

 

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30 septiembre 2011 5 30 /09 /septiembre /2011 01:53

Evangelio del Viernes XXVI Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 30 de septiembre, 2011

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (10, 13-16)

Gloria a ti, Señor.

 

En aquel tiempo, Jesús dijo:

“¡Ay de ti, ciudad de Corozaín! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza.

Por eso el día del juicio será menos severo para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que serás encumbrada hasta el cielo? No. Serás precipitada en el abismo”.

Luego, Jesús dijo a sus discípulos: “El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado”.

 

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión:

En el momento en que Jesús decide entrar en Jerusalén, siente el rechazo en la ciudad de Samaria y se retira a otro poblado… Ahora lo encontramos hablando a las ciudades; en particular se dirige a Corozaín y Betsaida, ciudades de la provincia de Galilea cercanas al lago de Tiberíades.

Hasta ahora Jesús ha estado en la periferia; su predicación y misión iban dirigidas a quienes lo habían seguido en su itinerario.

Así mimo, hace referencia a Tiro y Sidón, ciudades paganas en el extremo norte, en territorio fenicio; ciudades que no profesaban la fe en el Dios proclamado por Jesús, y que fueron testigos de la misericordia comunicada por Jesús.

La comparación es de dos en dos: si en Tiro y Sidón hubieran ocurrido los hechos acontecidos en Corozaín y Betsaida, hace tiempo hubieran aceptando el Reino.

Jesús habla de un juicio, concepto conocido e interiorizado por los judíos. Ese juicio será más ligero para las ciudades paganas que para quienes han visto actuar a Jesús en nombre de Dios Padre.

 

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28 septiembre 2011 3 28 /09 /septiembre /2011 18:32

Evangelio del Jueves XXVI Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 29 de septiembre 2011

† Lectura del santo Evangelio según san Juan (1, 47-51)

Gloria a ti, Señor.

 

En aquel tiempo, cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: “Este es un verdadero israelita en el que no hay doblez”.

Natanael le preguntó:

“¿De dónde me conoces?”

Jesús le respondió: “Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera”.

Respondió Natanael:

“Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel”. Jesús le contestó: “Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver”. Después añadió: “Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”.

 

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión:

Los encuentros personales de Jesús con personas particulares, como es el caso de Natanael, llaman la atención desde varias dimensiones y por tanto nos ayudan a reforzar la idea central que desarrolla Jesús, la formación de sus discípulos para el Reino.

La presencia de Natanael ante Jesús trae como resultado un gran elogio por parte del maestro: “Ahí tienen un israelita de verdad, sin falsedad”, Natanael, un tanto sorprendido, le pregunta a Jesús de qué le conoce. Y la repuesta de Jesús: “Antes de que Felipe te llamara, te vi”.

Natanael reconoce en Jesús al Hijo de Dios y éste, a su vez, reconoce en Natanael a un hombre apto para el Reino de Dios. Israelitas de verdad y sin falsedad, ellos serán la tierra fecunda donde los frutos del Reino crecerán.

Juan nos presenta este pasaje evangélico en forma de diálogo directo. Jesús habla para Natanael y para todos los que han venido a escucharle. La confianza de Jesús en el discípulo y la profesión de fe del discípulo en Jesús son como dos caras de una misma moneda. Jesús propone este dinamismo nuevo antes del ingreso a la ciudad, donde ocurrirá su muerte.

 

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27 septiembre 2011 2 27 /09 /septiembre /2011 18:44

Evangelio del Miércoles XXVI Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 28 de septiembre, 2011

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (9, 57-62)

Gloria a ti, Señor.

 

En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, alguien le dijo: “Te seguiré a donde quiera que vayas”.

 Jesús le respondió:

“Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza”. A otro,Jesús le dijo: “Sígueme”.

Pero él le respondió: “Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre”. Jesús le replicó: “Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el Reino de Dios”.

Otro le dijo: “Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia”. Jesús le contestó: “El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”.

 

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Ahora que hemos leído detenidamente a Lucas desde el capítulo 5 hasta el fin del capítulo 9 comprendemos mejor por qué se ubica el texto del seguimiento radical a Jesús en este lugar del evangelio, o mejor dicho, en esta parte del camino.

La emoción que suscita la personalidad de Jesús conduce a expresiones como ésta: “Te seguiré a donde vayas”, y, si el lugar de destino es la muerte en el patíbulo, seguirá en pie la oferta.

La misión por el Reino de Dios es asumida ahora por quienes lo han seguido, escuchado y han asimilado sus enseñanzas.

Ahora es Jesús quien ratifica su llamado a quienes lo siguen; quiere saber con quiénes cuenta hasta el final, pues con razón presiente que se irá quedando solo.

La opción por el Reino amplía la familia y crea una nueva forma de lazos familiares y de fraternidad. Por esta razón los operarios que aún añoran su antiguo estilo de vida familiar no son aptos para el Reino de Dios.

Jesús radicaliza su ministerio público, ahora va al corazón de cada uno de los que le siguen, allí radica la fuerza para asumir el reto que les espera.

 

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