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15 enero 2014 3 15 /01 /enero /2014 17:13

Lecturas Jueves I Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 16 de enero, 2014

Año par

Israel fue derrotado y el arca de Dios capturada

Lectura del primer libro de Samuel     4, 1b-11
 
    Los filisteos se reunieron para combatir contra Israel. Israel les salió al encuentro para el combate, y acamparon en Eben Ezer, mientras los filisteos acampaban en Afec. Los filisteos se alinearon en orden de batalla frente a Israel, y se entabló un duro combate. Israel cayó derrotado delante de los filisteos, y unos cuatro mil hombres fueron muertos en el frente de batalla, en campo abierto.
    Cuando el pueblo regresó al campamento, los ancianos de Israel dijeron: «¿Por qué el Señor nos ha derrotado hoy delante de los filisteos? Vayamos a buscar a Silo el Arca de la Alianza del Señor: que ella esté presente en medio de nosotros y nos salve de la mano de nuestros enemigos».
    El pueblo envió unos hombres a Silo, y trajeron de allí el Arca de la Alianza del Señor de los ejércitos, que tiene su trono sobre los querubines. Jofní y Pinjás, los dos hijos de Elí, acompañaban el Arca.
    Cuando el Arca de la Alianza del Señor llegó al campamento, todos los israelitas lanzaron una gran ovación y tembló la tierra.
    Los filisteos oyeron el estruendo de la ovación y dijeron: «¿Qué significa esa estruendosa ovación en el campamento de los hebreos?» Al saber que el Arca del Señor había llegado al campamento, los filisteos sintieron temor, porque decían: «Un dios ha llegado al campamento». Y exclamaron: «¡Ay de nosotros, porque nada de esto había sucedido antes! ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de este dios poderoso? Este es el dios que castigó a los egipcios con toda clase de plagas en el desierto. ¡Tengan valor y sean hombres, filisteos, para no ser esclavizados por los hebreos, como ellos lo fueron por ustedes! ¡Sean hombres y luchen!»
    Los filisteos libraron batalla. Israel fue derrotado y cada uno huyó a sus campamentos. La derrota fue muy grande, y cayeron entre los israelitas treinta mil hombres de a pie. El Arca del Señor fue capturada, y murieron Jofní y Pinjás, los dos hijos de Elí.
 
Palabra de Dios.
 
 
SALMO
     
Sal 43, 10-11. 14-15. 24-25 (R.: 27b)
 
R.
 ¡Líbranos, Señor, por tu misericordia!
 
Ahora, Señor, nos rechazaste y humillaste:
dejaste de salir con nuestro ejército,
nos hiciste retroceder ante el enemigo
y nuestros adversarios nos saquearon. 
R.
 
Nos expusiste a la burla de nuestros vecinos,
a la risa y al escarnio de los que nos rodean;
hiciste proverbial nuestra desgracia
y los pueblos nos hacen gestos de sarcasmo. 
R.
 
¡Despierta, Señor! ¿Por qué duermes?
¡Levántate, no nos rechaces para siempre!
¿Por qué ocultas tu rostro
y te olvidas de nuestra desgracia y opresión? 
R.
 
 
ALELUIA     
Cf. Mt 4, 23
 
Aleluia.
Jesús proclamaba la Buena Noticia del Reino
y curaba todas las dolencias de la gente.
Aleluia.
 
 
EVANGELIO

La lepra desapareció y quedó purificado

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos     1, 40-45
 
    Se acercó a Jesús un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: «Si quieres, puedes purificarme». Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado.» En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.
    Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: «No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a Él de todas partes.
 
Palabra del Señor.

 Comentario:

Hoy, en la primera lectura, leemos: «¡Ojalá oyereis la voz del Señor: ‘No queráis endurecer vuestros corazones’!» (Heb 3,7-8). Y lo repetimos insistentemente en la respuesta al Salmo 94. En esta breve cita, se contienen dos cosas: un anhelo y una advertencia. Ambas conviene no olvidarlas nunca. 

Durante nuestro tiempo diario de oración deseamos y pedimos oír la voz del Señor. Pero, quizá, con demasiada frecuencia nos preocupamos de llenar ese tiempo con palabras que nosotros queremos decirle, y no dejamos tiempo para escuchar lo que el Buen Dios nos quiere comunicar. Velemos, por tanto, para tener cuidado del silencio interior que —evitando las distracciones y centrando nuestra atención— nos abre un espacio para acoger los afectos, inspiraciones... que el Señor, ciertamente, quiere suscitar en nuestros corazones.

Un riesgo, que no podemos olvidar, es el peligro de que nuestro corazón —con el paso del tiempo— se nos vaya endureciendo. A veces, los golpes de la vida nos pueden ir convirtiendo, incluso sin darnos cuenta de ello, en una persona más desconfiada, insensible, pesimista, desesperanzada... Hay que pedir al Señor que nos haga conscientes de este posible deterioro interior. La oración es ocasión para echar una mirada serena a nuestra vida y a todas las circunstancias que la rodean. Hemos de leer los diversos acontecimientos a la luz del Evangelio, para descubrir en cuáles aspectos necesitamos una auténtica conversión.

¡Ojalá que nuestra conversión la pidamos con la misma fe y confianza con que el leproso se presentó ante Jesús!: «Puesto de rodillas, le dice: ‘Si quieres, puedes limpiarme’» (Mc 1,40). Él es el único que puede hacer posible aquello que por nosotros mismos resultaría imposible. Dejemos que Dios actúe con su gracia en nosotros para que nuestro corazón sea purificado y, dócil a su acción, llegue a ser cada día más un corazón a imagen y semejanza del corazón de Jesús. Él, con confianza, nos dice: «Quiero; queda limpio» (Mc 1,41).

 

Fuente: www.evangeli.net

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15 enero 2014 3 15 /01 /enero /2014 00:41

LECTURAS MISA MIÉRCOLES I SEMANA TIEMPO ORDINARIO. 15 DE ENERO, 2014


Año par

Habla, Señor, porque tu servidor escucha

Lectura del primer libro de Samuel     3, 3b-10.19

    Samuel estaba acostado en el Templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy». Samuel fue corriendo adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Pero Elí le dijo: «Yo no te llamé; vuelve a acostarte». Y él se fue a acostar.
    El Señor llamó a Samuel una vez más. Él se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Elí le respondió: «Yo no te llamé, hijo mío; vuelve a acostarte». Samuel aún no conocía al Señor, y la palabra del Señor todavía no le había sido revelada. El Señor llamó a Samuel por tercera vez. Él se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, porque me has llamado». Entonces Elí comprendió que era el Señor el que llamaba al joven, y dijo a Samuel: «Ve a acostarte, y si alguien te llama, tú dirás: Habla, Señor, porque tu servidor escucha». Y Samuel fue a acostarse en su sitio.
    Entonces vino el Señor, se detuvo, y llamó como las otras veces: «¡Samuel, Samuel!» Él respondió: «Habla, porque tu servidor escucha».
    Samuel creció; el Señor estaba con él, y no dejó que cayera por tierra ninguna de sus palabras.
 
Palabra de Dios.
 
 
SALMO
     
Sal 39, 2 y 5. 7-8. 9. 10 (R.: cf. 8 y 9c)
 
R.
 ¡Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad!
 
Esperé confiadamente en el Señor:
Él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.
¡Feliz el que pone en el Señor toda su confianza,
y no se vuelve hacia los rebeldes
    que se extravían tras la mentira! 
R.
 
Tú no quisiste víctima ni oblación;
pero me diste un oído atento;
no pediste holocaustos ni sacrificios,
entonces dije: «Aquí estoy». 
R.
 
«En el libro de la Ley está escrito
lo que tengo que hacer:
yo amo, Dios mío, tu voluntad,
y tu ley está en mi corazón». 
R.
 
Proclamé gozosamente tu justicia
en la gran asamblea;
no, no mantuve cerrados mis labios,
Tú lo sabes, Señor. 
R.
 
 
ALELUIA     
Jn 10, 27
 
Aleluia.
«Mis ovejas escuchan mi voz,
Yo las conozco y ellas me siguen», dice el Señor.
Aleluia.
 
 
EVANGELIO

Sanó a muchos enfermos que sufrían diversos males

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos     1, 29-39
 
    Jesús fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. Él se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.
    Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús sanó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era Él.
    Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando».
    Él les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido». Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.
 
Palabra del Señor.

Comentario:

Hoy vemos claramente cómo Jesús dividía la jornada. Por un lado, se dedicaba a la oración, y, por otro, a su misión de predicar con palabras y con obras. Contemplación y acción. Oración y trabajo. Estar con Dios y estar con los hombres.

En efecto, vemos a Jesús entregado en cuerpo y alma a su tarea de Mesías y Salvador: cura a los enfermos, como a la suegra de san Pedro y muchos otros, consuela a los tristes, expulsa demonios, predica. Todos le llevan sus enfermos y endemoniados. Todos quieren escucharlo: «Todos te buscan» (Mc 1,37), le dicen los discípulos. Seguro que debía tener una actividad frecuentemente muy agotadora, que casi no le dejaba ni respirar.

Pero Jesús se procuraba también tiempo de soledad para dedicarse a la oración: «De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración» (Mc 1,35). En otros lugares de los Evangelios vemos a Jesús dedicado a la oración en otras horas e, incluso, muy entrada la noche. Sabía distribuirse el tiempo sabiamente, a fin de que su jornada tuviera un equilibrio razonable de trabajo y oración.

Nosotros decimos frecuentemente: —¡No tengo tiempo! Estamos ocupados con el trabajo del hogar, con el trabajo profesional, y con las innumerables tareas que llenan nuestra agenda. Con frecuencia nos creemos dispensados de la oración diaria. Realizamos un montón de cosas importantes, eso sí, pero corremos el riesgo de olvidar la más necesaria: la oración. Hemos de crear un equilibrio para poder hacer las unas sin desatender las otras.

San Francisco nos lo plantea así: «Hay que trabajar fiel y devotamente, sin apagar el espíritu de la santa oración y devoción, al cual han de servir las otras cosas temporales».

Quizá nos debiéramos organizar un poco más. Disciplinarnos, “domesticando” el tiempo. Lo que es importante ha de caber. Pero más todavía lo que es necesario.

 

Fuente: www.evamgeli.net

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14 enero 2014 2 14 /01 /enero /2014 03:53

LECTURAS DE LA MISA MARTES I SEMANA TIEMPO ORDINARIO. CICLO A 14 DE ENERO, 2014.


Año par

El Señor se acordó de Ana, quien dio a luz a Samuel

Lectura del primer libro de Samuel     1, 10-20
 
    Ana, con el alma llena de amargura, oró al Señor y lloró desconsoladamente. Luego hizo este voto: «Señor de los ejércitos, si miras la miseria de tu servidora y te acuerdas de mí, si no te olvidas de tu servidora y le das un hijo varón, yo lo entregaré al Señor para toda su vida, y la navaja no pasará por su cabeza».
    Mientras ella prolongaba su oración delante del Señor, el sacerdote Elí miraba atentamente su boca. Ana oraba en silencio; sólo se movían sus labios, pero no se oía su voz.
    Elí pensó que estaba ebria, y le dijo: «¿Hasta cuándo te va a durar la borrachera? ¡Ve a que se te pase el efecto del vino!»
    Ana respondió: «No, mi señor; yo soy una mujer que sufre mucho. No he bebido vino ni nada que pueda embriagar; sólo me estaba desahogando delante del Señor. No tomes a tu servidora por una mujer cualquiera; si he estado hablando hasta ahora, ha sido por el exceso de mi congoja y mi dolor».
    «Vete en paz, le respondió Elí, y que el Dios de Israel te conceda lo que tanto le has pedido».
    Ana le dijo entonces: «¡Que tu servidora pueda gozar siempre de tu favor!» Luego la mujer se fue por su camino, comió algo y cambió de semblante.
    A la mañana siguiente, se levantaron bien temprano y se postraron delante del Señor; luego regresaron a su casa en Ramá. Elcaná se unió a su esposa Ana, y el Señor se acordó de ella. Ana concibió, y a su debido tiempo dio a luz un hijo, al que puso el nombre de Samuel, diciendo: "Se lo he pedido al Señor".
 
Palabra de Dios.
 
 
SALMO
     
1Sam 2, 1. 4-5. 6-7. 8abcd (R.: cf. 1a)
 
R.
 ¡Mi corazón se regocija en el Señor!
 
Mi corazón se regocija en el Señor,
tengo la frente erguida gracias a mi Dios.
Mi boca se ríe de mis enemigos,
porque tu salvación me ha llenado de alegría. 
R.
 
El arco de los valientes se ha quebrado,
    y los vacilantes se ciñen de vigor;
los satisfechos se contratan por un pedazo de pan,
y los hambrientos dejan de fatigarse;
la mujer estéril da a luz siete veces,
    y la madre de muchos hijos se marchita. 
R.
 
El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el Abismo y levanta de él.
El Señor da la pobreza y la riqueza,
humilla y también enaltece. 
R.
 
El levanta del polvo al desvalido
y alza al pobre de la miseria,
para hacerlos sentar con los príncipes
y darles en herencia un trono de gloria. 
R.
 
 
ALELUIA     
Cf. 1Tes 2, 13
 
Aleluia.
Reciban la Palabra de Dios, no como palabra humana,
sino como lo que es realmente, como Palabra de Dios.
Aleluia.
 
 
EVANGELIO

Les enseñaba como quien tiene autoridad

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos     1, 21-28
 
    Jesús entró a Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
    Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios».
    Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre». El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre.
    Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!» Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.
 
Palabra del Señor.

Comentario:

Hoy, primer martes del tiempo ordinario, san Marcos nos presenta a Jesús enseñando en la sinagoga y, acto seguido, comenta: «Quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas» (Mc 1,21). Esta observación inicial es impresionante. En efecto, la razón de la admiración de los oyentes, por un lado, no es la doctrina, sino el maestro; no aquello que se explica, sino Aquél que lo explica; y, por otro lado, no ya el predicador visto globalmente, sino remarcado específicamente: Jesús enseñaba «con autoridad», es decir, con poder legítimo e irrecusable. Esta particularidad queda ulteriormente confirmada por medio de una nítida contraposición: «No lo hacía como los escribas».

Pero, en un segundo momento, la escena de la curación del hombre poseído por un espíritu maligno incorpora a la motivación admirativa personal el dato doctrinal: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad!» (Mc 1,27). Sin embargo, notemos que el calificativo no es tanto de contenido como de singularidad: la doctrina es «nueva». He aquí otra razón de contraste: Jesús comunica algo inaudito (nunca como aquí este calificativo tiene sentido).

Añadimos una tercera advertencia. La autoridad proviene, además, del hecho que a Jesús «hasta a los espíritus inmundos le obedecen». Nos encontramos ante una contraposición tan intensa como las dos anteriores. A la autoridad del maestro y a la novedad de la doctrina hay que sumar la fuerza contra los espíritus del mal.

¡Hermanos! Por la fe sabemos que esta liturgia de la palabra nos hace contemporáneos de lo que acabamos de escuchar y que estamos comentando. Preguntémonos con humilde agradecimiento: ¿Tengo conciencia de que ningún otro hombre ha hablado jamás como Jesús, la Palabra de Dios Padre? ¿Me siento rico de un mensaje que tampoco tiene parangón? ¿Me doy cuenta de la fuerza liberadora que Jesús y su enseñanza tienen en la vida humana y, más concretamente, en mi vida? Movidos por el Espíritu Santo, digamos a nuestro Redentor: Jesús-vida, Jesús-doctrina, Jesús-victoria, haz que, como le complacía decir al gran Ramon Llull, ¡vivamos en la continua “maravilla” de Ti!

Fuente: www.evangeli.net

 

 

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12 enero 2014 7 12 /01 /enero /2014 17:58

LECTURAS LUNES I SEMANA TIEMPO ORDINARIO. CICLO A. 13 DE ENERO, 2014.

Año par

Su rival afligía constantemente a Ana,
porque el Señor la había hecho estéril.

Principio del primer libro de Samuel     1, 1-8
 
    Había un hombre de Ramataim, de la familia de surf, de la montaña de Efraím, que se llamaba Elcaná, hijo de Ierojám, hijo de Eliú, hijo de Toju, hijo de Suf, de la familia de Efraím. Él tenía dos mujeres: una se llamaba Ana y la otra Peniná. Peniná tenía hijos, pero Ana no tenía ninguno.
    Este hombre subía cada año desde su ciudad, para adorar y ofrecer sacrificios al Señor en Silo. Allí eran sacerdotes del Señor, Jofni y Pinjás, los dos hijos de Elí.
    El día en que Elcaná ofrecía su sacrificio, daba a su esposa Peniná, y a todos sus hijos e hijas, porciones de la víctima. Pero a Ana le daba una porción especial, porque la amaba, aunque el Señor la había hecho estéril. Su rival la afligía constantemente para humillarla, porque el Señor la había hecho estéril.
    Así sucedía año tras año: cada vez que ella subía a la Casa del Señor, la otra la afligía de la misma manera. Entonces Ana se ponía a llorar y no quería comer. Pero Elcaná, su marido, le dijo: «Ana, ¿por qué lloras y no quieres comer? ¿Por qué estas triste? ¿No valgo yo para ti más que diez hijos?»
 
Palabra de Dios.
 
 
SALMO
     
Sal 115, 12-13. 14 y 17. 18-19 (R.: 17a)
 
R.
 ¡Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza!
 
O bien:
 
Aleluia.
 
¿Con qué pagaré al Señor
todo el bien que me hizo?
Alzaré la copa de la salvación
e invocaré el nombre del Señor. 
R.
 
Cumpliré mis votos al Señor,
en presencia de todo su pueblo.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
e invocaré el nombre del Señor. 
R.
 
Cumpliré mis votos al Señor,
en presencia de todo su pueblo,
en los atrios de la Casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén. 
R.
 
 
ALELUIA     
Mc 1, 15
 
Aleluia.
«El reino de Dios está cerca.
Conviértanse y crean en la Buena Noticia», dice el Señor.
Aleluia.
 
 
EVANGELIO

Conviértanse y crean en la Buena Noticia

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos     1, 14-20
 
    Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia».
    Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jesús les dijo: «Síganme, y Yo los haré pescadores de hombres». Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.
    Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.
 
Palabra del Señor.

 Comentario:   

Hoy, el Evangelio nos invita a la conversión. «Convertíos y creed en la Buena Nueva» (Mc 1,15). Convertirse, ¿a qué?; mejor sería decir, ¿a quién? ¡A Cristo! Así lo expresó: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí» (Mt 10,37).

Convertirse significa acoger agradecidos el don de la fe y hacerlo operativo por la caridad. Convertirse quiere decir reconocer a Cristo como único señor y rey de nuestros corazones, de los que puede disponer. Convertirse implica descubrir a Cristo en todos los acontecimientos de la historia humana, también de la nuestra personal, a sabiendas de que Él es el origen, el centro y el fin de toda la historia, y que por Él todo ha sido redimido y en Él alcanza su plenitud. Convertirse supone vivir de esperanza, porque Él ha vencido el pecado, al maligno y la muerte, y la Eucaristía es la garantía. 

Convertirse comporta amar a Nuestro Señor por encima de todo aquí en la tierra, con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas. Convertirse presupone entregarle nuestro entendimiento y nuestra voluntad, de tal manera que nuestro comportamiento haga realidad el lema episcopal del Santo Padre, Juan Pablo II, Totus tuus, es decir, Todo tuyo, Dios mío; y todo es: tiempo, cualidades, bienes, ilusiones, proyectos, salud, familia, trabajo, descanso, todo. Convertirse requiere, entonces, amar la voluntad de Dios en Cristo por encima de todo y gozar, agradecidos, de todo lo que acontece de parte de Dios, incluso contradicciones, humillaciones, enfermedades, y descubrirlas como tesoros que nos permiten manifestar más plenamente nuestro amor a Dios: ¡si Tú lo quieres así, yo también lo quiero!

Convertirse pide, así, como los apóstoles Simón, Andrés, Jaime y Juan, dejar «inmediatamente las redes» e irse con Él (cf. Mc 1,18), una vez oída su voz. Convertirse es que Cristo lo sea todo en nosotros.

 

www.evangeli.net (Comentario)

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10 enero 2014 5 10 /01 /enero /2014 16:53

LECTURAS MISA DEL SÁBADO II SEMANA DE NAVIDAD. CICLO A. 11 DE ENERO, 2014

El Espíritu, el agua y la sangre

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan     5, 5-13

Hijos míos:
¿Quién es el que vence al mundo,
sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
Jesucristo vino por el agua y por la sangre;
no solamente con el agua,
sino con el agua y con la sangre.
Y el Espíritu da testimonio
porque el Espíritu es la verdad.
Son tres los que dan testimonio:
el Espíritu, el agua y la sangre;
y los tres están de acuerdo.
Si damos fe al testimonio de los hombres,
con mayor razón
tenemos que aceptar el testimonio de Dios.
Y Dios ha dado testimonio de su Hijo.

El que cree en el Hijo de Dios
tiene en su corazón el testimonio de Dios.
El que no cree a Dios
lo hace pasar por mentiroso,
porque no cree en el testimonio
que Dios ha dado acerca de su Hijo.
Y el testimonio es este:
Dios nos dio la Vida eterna,
y esa Vida está en su Hijo.
El que está unido al Hijo, tiene la Vida;
el que no lo está, no tiene la Vida.

Les he escrito estas cosas,
a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios,
para que sepan que tienen la Vida eterna.

Palabra de Dios.


SALMO
     
Sal 147, 12-15. 19-20

R.
 ¡Glorifica al Señor, Jerusalén!

O bien:

Aleluia.

¡Glorifica al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sión!
El reforzó los cerrojos de tus puertas
y bendijo a tus hijos dentro de ti. 
R.

El asegura la paz en tus fronteras
y te sacia con lo mejor del trigo.
Envía su mensaje a la tierra,
su palabra corre velozmente. 
R.

Revela su palabra a Jacob,
sus preceptos y mandatos a Israel:
a ningún otro pueblo trató así
ni le dio a conocer sus mandamientos. 
R.


ALELUIA     
Cf. Mt 4, 23

Aleluia.
Jesús proclamaba la Buena Noticia del Reino,
y curaba todas las dolencias de la gente.
Aleluia.


EVANGELIO

Al instante la lepra desapareció

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     5, 12-16

Mientras Jesús estaba en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús, se postró ante él y le rogó: «Señor, si quieres, puedes purificarme.»
Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado.» Y al instante la lepra desapareció.
El le ordenó que no se lo dijera a nadie, pero añadió: «Ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.»
Su fama se extendía cada vez más y acudían grandes multitudes para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Pero él se retiraba a lugares desiertos para orar.

Palabra del Señor.

Comentario:

Juan nos presenta la fe en Jesús como una «victoria sobre el mundo». No deja de ser un planteamiento llamativo. Y hoy especialmente interesante, cuando los creyentes que miramos el mundo y la realidad desde la perspectiva de los pobres estamos tentados generalmente de desaliento.

La Agenda Latinoamericana'97 (pág. 30) hace, entre sus «análisis de coyuntura» iniciales para tomar el pulso al año entrante, un «análisis de coyuntura de la hora psicológica de América Latina» (ver al final la referencia bibliográfica). Las sociedades, como las personas, tienen su psicología, su tono vital, sus horas altas y sus horas bajas. La «hora psicológica, o espiritual» de América Latina en este momento es una hora «baja», de depresión. Por un sin fin de cosas que han ocurrido. Los militantes, personas que en otros años han sido esforzados luchadores por utopías generosas y valientes, hoy se encuentran -en un porcentaje muy alto- desanimados, desilusionados, cuando no se da el caso de haber abjurado de los principios y utopías por los que en años pasados estuvieron a punto de dar la vida.

Los militantes cristianos no sabemos con frecuencia cómo interpretar esta hora. Porque estamos experimentando el fracaso, un fracaso que es, sin duda, el fracaso mismo de Jesús. Porque no hay que olvidar que Jesús también se sintió perdido, y acorralado, y solo. No era del «Mundo» (en el lenguaje de Juan), y el Mundo lo odió. Murió víctima del mundo. Prefirió dejarse matar antes que apartarse de su camino. Pareció que su fracaso fue completo. Pero lo que ocurrió fue lo contrario: fue él quien venció al mundo. Con su fe, se mantuvo firme, «como viendo al invisible».

Hoy también nosotros estamos como acorralados, sin salida, sin alternativa a este sistema social que, a nuestro leal parecer, va contra los intereses de los pobres, contra los intereses de la Humanidad, y por eso mismo contra los intereses de Dios, pero que sin embargo es el sistema triunfante de hecho... Estamos acorralados por el «sistema-mundo» (world system), como dicen ahora los sociólogos ante el mundo mundializado (globalización).

Pues bien, también ante ese mundo, nuestra victoria es la fe: seguir creyendo en Jesús, seguir apostando por su Causa, por su utopía (¡el Reino!), sin acobardarse y dejando la vida en el empeño, si fuese preciso, como Jesús...

El que cree en Jesús, ha vencido al mundo... dice Juan. El que a pesar de la mala situación actual, sigue creyendo que merece la pena seguir apostando la vida por la Causa de Jesús, ése vence al mundo, al sistema del mundo, aunque aparentemente el mundo le desprecie... Aguantar, resistir ahora, es nuestra fuerza, nuestra victoria. Resistiendo, manteniéndonos fieles, nuestra fe vence al mundo, a este sistema mundializado...

SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO (Comentario)

 

 

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10 enero 2014 5 10 /01 /enero /2014 01:01

LECTURAS VIERNES II SEMANA DE NAVIDAD, CICLO A. 10 DE ENERO, 2014

El que ama a Dios debe amar también a su hermano

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan     4, 19 -- 5, 4

Hijos míos:
Nosotros amamos porque Dios nos amó primero.
El que dice: «Amo a Dios»,
y no ama a su hermano, es un mentiroso.
¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve,
el que no ama a su hermano, a quien ve?
Este es el mandamiento que hemos recibido de Él:
el que ama a Dios
debe amar también a su hermano.

El que cree que Jesús es el Cristo
ha nacido de Dios;
y el que ama al Padre
ama también al que ha nacido de Él.
La señal de que amamos a los hijos de Dios
es que amamos a Dios
y cumplimos sus mandamientos.
El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos,
y sus mandamientos no son una carga,
porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo.
Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe.

Palabra de Dios.


SALMO
     
Sal 71, 1-2. 14. 15acd. 17

R.
 ¡Pueblos de la tierra alaben al Señor!

Concede, Señor, tu justicia al rey
y tu rectitud al descendiente de reyes,
para que gobierne a tu pueblo con justicia
y a tus pobres con rectitud. 
R.

Los rescatará de la opresión y la violencia,
y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos.
Por eso, que viva largamente
que oren por él sin cesar y lo bendigan todo el día. 
R.

Que perdure su nombre para siempre
y su linaje permanezca como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos
y todas las naciones lo proclamen feliz. 
R.


ALELUIA     
Lc 4, 18

Aleluia.
El Señor me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres,
a anunciar la liberación a los cautivos.
Aleluia.


EVANGELIO

Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     4, 14-22a

Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.
Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha consagrado por la unción.
Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres,
a anunciar la liberación a los cautivos
y la vista a los ciegos,
a dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un año de gracia del Señor».
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír.»
Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca.

Palabra del Señor.

Comentario:

Nos encontramos frente a un texto del Evangelio que recoge la razón de ser del ministerio de Jesús. El expone frente a la asamblea sinagogal, en Nazareth, para qué lo envió su Padre, cuál era su verdadera misión. Un cristiano no podrá negar nunca que Jesús vino a salvar a la humanidad. Pero tendrá también que afirmar, con el evangelio en la mano, que lo vino a hacer a través de la realidad del Reino: "anunciar la Buena Noticia a los pobres y oprimidos" por el egoísmo de las personas y de las estructuras.

Para entender este tipo de salvación centrada en el pobre, el evangelista retoma unos signos muy concretos, los mismos que el profeta Isaías había señalado para anunciar su propia misión: dar libertad a los cautivos, dar vista a los ciegos, liberar a los oprimidos e inaugurar un "Año de Perdón de Deudas" (por eso se llama un "Año de gracia" que se proclama en nombre de Dios). Llegar a hacer esto en la sociedad, presupone cambiar sus estructuras: de insolidarias, de elitistas, de excluidoras, de usureras... hay que hacerlas pasar a ser solidarias, igualitarias, fraternas. Por eso, este trabajo del Reino que toca realidades sociales, y es el trabajo más espiritual que se pueda pensar: exige la conversión interior de personas y estructuras.

Unas líneas más adelante, el evangelio nos dice que, por causa de esta propuesta, la asamblea sinagogal se alborotó e intentó despeñarlo. Así se mataba la persona y su propuesta. Los seguidores de Jesús no pondrán nunca olvidar su proclama del Reino. Es una propuesta revolucionaria que jamás podrá darse sin dificultades y sin persecución. Quien acepte ser discípulo del Reino, habrá de tener claro que la propuesta de Jesús toca lo social, ya que el Reino de fraternidad que Jesús anuncia debe comenzar a palparse en esta vida. De lo contrario Dios no tendría sentido concreto para los pobres.

 

SERVICIO BÍBLICO LATINOAMERICANO (comentario)

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9 enero 2014 4 09 /01 /enero /2014 00:50

Lecturas Jueves II Semana de Navidad. Ciclo A. 9 de enero, 2014

Si nos amamos los unos a los otros,
Dios permanece en nosotros.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan     4, 11-18

Queridos míos,
si Dios nos amó tanto,
también nosotros debemos amarnos los unos a los otros.
Nadie ha visto nunca a Dios:
si nos amamos los unos a los otros,
Dios permanece en nosotros
y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros.
La señal de que permanecemos en Él
y Él permanece en nosotros,
es que nos ha comunicado su Espíritu.
Y nosotros hemos visto y atestiguamos
que el Padre envió al Hijo como Salvador del mundo.
El que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios,
permanece en Dios,
y Dios permanece en él.
Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene
y hemos creído en él. 
Dios es amor,
y el que permanece en el amor
permanece en Dios,
y Dios permanece en él.

La señal de que el amor
ha llegado a su plenitud en nosotros,
está en que tenemos plena confianza
ante el día del Juicio,
porque ya en este mundo
somos semejantes a Él.
En el amor no hay lugar para el temor:
al contrario, el amor perfecto elimina el temor,
porque el temor supone un castigo,
y el que teme no ha llegado a la plenitud del amor.

Palabra de Dios.


SALMO
     
Sal 71, 1-2. 10-13

R.
 ¡Que se postren ante ti, Señor,
todos los pueblos de la tierra!


Concede, Señor, tu justicia al rey
y tu rectitud al descendiente de reyes,
para que gobierne a tu pueblo con justicia
y a tus pobres con rectitud. 
R.

Que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas le paguen tributo.
Que los reyes de Arabia y de Sebá le traigan regalos;
que todos los reyes le rindan homenaje
y lo sirvan todas las naciones. 
R.

Porque él librará al pobre que suplica
y al humilde que está desamparado.
Tendrá compasión del débil y del pobre,
y salvará la vida de los indigentes. 
R.


ALELUIA     
Cf. 1Tim 3, 16

Aleluia.
Gloria a ti, oh Cristo, proclamado a los paganos;
gloria a ti, oh Cristo, creído en el mundo.
Aleluia.


EVANGELIO

Lo vieron caminar sobre el mar

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos     6, 45-52

Después que los cinco mil hombres se saciaron, en seguida, Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida, mientras él despedía a la multitud. Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar.
Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y él permanecía solo en tierra. Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo.
Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero él les habló enseguida y les dijo: «Tranquilícense, soy yo; no teman.» Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó.
Así llegaron al colmo de su estupor, porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba enceguecida.

Palabra del Señor.

 Comentario:

La profundidad o densidad de las palabras de Juan hoy tocan un punto importante en el que puede ser bueno que fijemos nuestra atención: nos referimos a la relación entre el amor y el temor. Dice Juan: En el amor no hay temor; el amor perfecto echa fuera el temor. (4, 18)

Podría ser puesta esta afirmación en relación con aquel otro principio bíblico clásico: El inicio de la sabiduría es el temor del Señor (Pro 9, 10). ¿Tiene validez o sentido el «temor de (a) Dios»? El temor de Dios ha sido un principio tradicional de la espiritualidad. Con frecuencia la predicación ha tratado de inculcar el temor de Dios como el medio mejor para asegurar una vida cristiana practicante y fiel. En los tiempos de la edad media y del barroco, la estrella del firmamento del imaginario cristiano fue precisamente el tema de la condenación eterna; el temor a Dios, a su justicia, a la condenación, al infierno... vino a ser la pieza clave indiscutible, el «principio y fundamento» sobre el que construir la vida cristiana...

Hoy día las cosas no son ya así, y no lo son, «afortunadamente», porque hoy, con la carta de Juan en la mano, vemos con más claridad que una vivencia cristiana centrada en el temor no es compatible con la madurez cristiana. Quizá el temor de (a) Dios sea el «principio de la sabiduría» -como dice Pro 9, 10-, pero quizá sea sólo eso, el «principio». Continuar ahí años y años, o de por vida, indicaría que nuestra fe no creció suficientemente. Igual que nos pasa en nuestra relación con nuestros padres humanos, cuando se llega a amar con amor adulto ya no tiene cabida una relación de temor, aunque ese temor haya sido precisamente una pauta pedagógica que sirvió para adentrarnos en el amor. Es normal, y hasta quizá bueno (?) en cierta pedagogía, que el niño tema al papá, pero sería absurdo que el hijo adulto maduro continuara temiéndolo... El amor perfecto echa fuera el temor, dice Juan.

Y el evangelio de hoy coincide en el mismo mensaje: No tengan miedo, soy yo. Si lo que está detrás de todas estas cosas que nos pasan, detrás de toda esta tormenta amenazante que atravesamos, es nada menos que la mano providente de Dios... no debemos tener miedo. Entonces es la fe la que tampoco deja cabida al temor.

Que la eucaristía de hoy nos afiance en el amor y en la fe y aleje de nosotros el temor.

 

SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO (comentario)

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5 enero 2014 7 05 /01 /enero /2014 18:08

LECTURAS LUNES II SEMANA DE NAVIDAD. CICLO A. 6 DE ENERO, 2014.

EPIFANÍA DEL SEÑOR

Solemnidad

La gloria del Señor brilla sobre ti

Lectura del libro del profeta Isaías     60, 1-6
 
¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz
y la gloria del Señor brilla sobre ti!
Porque las tinieblas cubren la tierra
y una densa oscuridad, a las naciones,
pero sobre ti brillará el Señor
y su gloria aparecerá sobre ti.
Las naciones caminarán a tu luz
y los reyes, al esplendor de tu aurora.

Mira a tu alrededor y observa:
todos se han reunido y vienen hacia ti;
tus hijos llegan desde lejos
y tus hijas son llevadas en brazos.
Al ver esto, estarás radiante,
palpitará y se ensanchará tu corazón,
porque se volcarán sobre ti los tesoros del mar
y las riquezas de las naciones llegarán hasta ti.
Te cubrirá una multitud de camellos,
de dromedarios de Madián y de Efá.
Todos ellos vendrán desde Sabá,
trayendo oro e incienso,
y pregonarán las alabanzas del Señor.
 
Palabra de Dios.


SALMO
     
Sal 71, 1-2. 7-8. 10-13

R.
 ¡Pueblos de la tierra
alaben al Señor!


Concede, Señor, tu justicia al rey
y tu rectitud al descendiente de reyes,
para que gobierne a tu pueblo con justicia
y a tus pobres con rectitud. 
R.

Que en sus días florezca la justicia
y abunde la paz, mientras dure la luna;
que domine de un mar hasta el otro,
y desde el Río hasta los confines de la tierra. 
R.

Que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas
le paguen tributo.
Que los reyes de Arabia y de Sebá
le traigan regalos;
que todos los reyes le rindan homenaje
y lo sirvan todas las naciones. 
R.

Porque él librará al pobre que suplica
y al humilde que está desamparado.
Tendrá compasión del débil y del pobre,
y salvará la vida de los indigentes. 
R.

Ahora ha sido revelado que también los paganos
participan de la misma promesa

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Efeso     3, 2-6

Hermanos:
Seguramente habrán oído hablar de la gracia de Dios, que me ha sido dispensada en beneficio de ustedes.
Fue por medio de una revelación como se me dio a conocer este misterio, tal como acabo de exponérselo en pocas palabras. Al leerlas, se darán cuenta de la comprensión que tengo del misterio de Cristo, que no fue manifestado a las generaciones pasadas, pero que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas.
Este misterio consiste en que también los paganos participan de una misma herencia, son miembros de un mismo Cuerpo y beneficiarios de la misma promesa en Cristo Jesús, por medio del Evangelio.

Palabra de Dios.


ALELUIA
     
Mt 2, 2

Aleluia.
Vimos su estrella en Oriente
y hemos venido a adorar al Señor.
Aleluia.


EVANGELIO

Hemos venido de Oriente a adorar al rey

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     2, 1-12

Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo.»
Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. «En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta:
"Y tú, Belén, tierra de Judá,
ciertamente no eres la menor
entre las principales ciudades de Judá,
porque de ti surgirá un jefe
que será el Pastor de mi pueblo, Israel".»
Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: «Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje.»
Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.

Palabra del Señor.

 Comentario:   

Hoy, el profeta Isaías nos anima: «Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti» (Is 60,1). Esa luz que había visto el profeta es la estrella que ven los Magos en Oriente, con muchos otros hombres. Los Magos descubren su significado. Los demás la contemplan como algo que les parece admirable, pero que no les afecta. Y, así, no reaccionan. Los Magos se dan cuenta de que, con ella, Dios les envía un mensaje importante por el que vale la pena cargar con las molestias de dejar la comodidad de lo seguro, y arriesgarse a un viaje incierto: la esperanza de encontrar al Rey les lleva a seguir a esa estrella, que habían anunciado los profetas y esperado el pueblo de Israel durante siglos.

Llegan a Jerusalén, la capital de los judíos. Piensan que allí sabrán indicarles el lugar preciso donde ha nacido su Rey. Efectivamente, les dirán: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta» (Mt 2,5). La noticia de la llegada de los Magos y su pregunta se propagaría por toda Jerusalén en poco tiempo: Jerusalén era entonces una ciudad pequeña, y la presencia de los Magos con su séquito debió ser notada por todos sus habitantes, pues «el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén» (Mt 2,3), nos dice el Evangelio.

Jesucristo se cruza en la vida de muchas personas, a quienes no interesa. Un pequeño esfuerzo habría cambiado sus vidas, habrían encontrado al Rey del Gozo y de la Paz. Esto requiere la buena voluntad de buscarle, de movernos, de preguntar sin desanimarnos, como los Magos, de salir de nuestra poltronería, de nuestra rutina, de apreciar el inmenso valor de encontrar a Cristo. Si no le encontramos, no hemos encontrado nada en la vida, porque sólo Él es el Salvador: encontrar a Jesús es encontrar el Camino que nos lleva a conocer la Verdad que nos da la Vida. Y, sin Él, nada de nada vale la pena.

 

www.evangeli.net (Comentario)

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4 enero 2014 6 04 /01 /enero /2014 00:24

LECTURAS MISA DEL SÁBADO I SEMANA DE NAVIDAD. CICLO A. 4 DE ENERO, 2014

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan     3, 7-10

Hijos míos,
que nadie los engañe:
el que practica la justicia es justo,
como Dios mismo es justo.
Pero el que peca procede del diablo,
porque el diablo es pecador desde el principio.
Y el Hijo de Dios se manifestó
para destruir las obras del diablo.
El que ha nacido de Dios no peca,
porque el germen de Dios permanece en él;
y no puede pecar,
porque ha nacido de Dios.
Los hijos de Dios y los hijos del diablo
se manifiestan en esto:
el que no practica la justicia no es de Dios,
ni tampoco el que no ama a su hermano.

Palabra de Dios.


SALMO
     
Sal 97, 1. 7-9

R.
 ¡El Señor manifestó su victoria!

Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria. 
R.

Resuene el mar y todo lo que hay en él,
el mundo y todos sus habitantes;
aplaudan las corrientes del océano,
griten de gozo las montañas al unísono. 
R.

Griten de gozo delante del Señor,
porque él viene a gobernar la tierra:
él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con rectitud. 
R.


ALELUIA Hb 1, 1-2

Aleluia.
Después de haber hablado a nuestros padres
por medio de los Profetas,
en este tiempo final, Dios nos ha hablado por medio de su Hijo.
Aleluia.


EVANGELIO

Hemos encontrado al Mesías

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     1, 35-42

Estaba Juan con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué quieren?»
Ellos le respondieron: «Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?»
«Vengan y lo verán», les dijo.
Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.
Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.
Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías», que traducido significa Cristo. Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas», que traducido significa Pedro.

Palabra del Señor.

Comentario:

Hoy, el Evangelio nos recuerda las circunstancias de la vocación de los primeros discípulos de Jesús. Para prepararse ante la venida del Mesías, Juan y su compañero Andrés habían escuchado y seguido durante un tiempo al Bautista. Un buen día, éste señala a Jesús con el dedo, llamándolo Cordero de Dios. Inmediatamente, Juan y Andrés lo entienden: ¡el Mesías esperado es Él! Y, dejando al Bautista, empiezan a seguir a Jesús.

Jesús oye los pasos tras Él. Se gira y fija la mirada en los que le seguían. Las miradas se cruzan entre Jesús y aquellos hombres sencillos. Éstos quedan prendados. Esta mirada remueve sus corazones y sienten el deseo de estar con Él: «¿Dónde vives?» (Jn 1,38), le preguntan. «Venid y lo veréis» (Jn 1,39), les responde Jesús. Los invita a ir con Él y a mirar, contemplar.

Van, y lo contemplan escuchándolo. Y conviven con Él aquel atardecer, aquella noche. Es la hora de la intimidad y de las confidencias. La hora del amor compartido. Se quedan con Él hasta el día siguiente, cuando el sol se alza por encima del mundo.

Encendidos con la llama de aquel «Sol que viene del cielo, para iluminar a los que yacen en las tinieblas» (cf. Lc 1,78-79), marchan a irradiarlo. Enardecidos, sienten la necesidad de comunicar lo que han contemplado y vivido a los primeros que encuentran a su paso: «¡Hemos encontrado al Mesías!» (Jn 1,41). Los santos también lo han hecho así. San Francisco, herido de amor, iba por las calles y plazas, por las villas y bosques gritando: «El Amor no está siendo amado».

Lo esencial en la vida cristiana es dejarse mirar por Jesús, ir y ver dónde se aloja, estar con Él y compartir. Y, después, anunciarlo. Es el camino y el proceso que han seguido los discípulos y los santos. Es nuestro camino.

 

Fuente; www.evangeli.net (Comentario)

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2 enero 2014 4 02 /01 /enero /2014 23:21

LECTURAS VIERNES I SEMANA DE NAVIDAD, CICLO A. 3 DE ENERO, 2014

El que permanece en Él no peca

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan     2, 29 - 3, 6

Hijos míos:
Si ustedes saben que él es justo,
sepan también que todo el que practica la justicia
ha nacido de Él.
¡Miren cómo nos amó el Padre!
Quiso que nos llamáramos hijos de Dios,
y nosotros lo somos realmente.
Si el mundo no nos reconoce,
es porque no lo ha reconocido a Él.
Queridos míos,
desde ahora somos hijos de Dios,
y lo que seremos no se ha manifestado todavía.
Sabemos que cuando se manifieste,
seremos semejantes a Él,
porque lo veremos tal cual es.
El que tiene esta esperanza en Él,
se purifica, así como Él es puro.
El que comete el pecado comete también la iniquidad,
porque el pecado es la iniquidad.
Pero ustedes saben que Él se manifestó
para quitar los pecados,
y que Él no tiene pecado.
El que permanece en Él, no peca,
y el que peca no lo ha visto ni lo ha conocido.

Palabra de Dios.


SALMO
     
Sal 97, 1. 3cd-6

R.
 ¡El Señor manifestó su victoria!

Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria. 
R.

Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos. 
R.

Canten al Señor con el arpa
y al son de instrumentos musicales;
con clarines y sonidos de trompeta
aclamen al Señor, que es Rey. 
R.


ALELUIA    
Jn 1, 14a. 12a y c

Aleluia.
La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.
A todos los que la recibieron
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. 
Aleluia.


EVANGELIO

Éste es el Cordero de Dios

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     1, 29-34

Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería, cuando dije:
Después de mí viene un hombre que me precede,
porque existía antes que yo.
Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que Él fuera manifestado a Israel.»
Y Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre Él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo"
Yo lo he visto y doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios.»

Palabra del Señor.

Comentario:

Hoy, este fragmento del Evangelio de san Juan nos adentra de lleno en la dimensión testimonial que le es propia. Es testigo la persona que comparece para declarar la identidad de alguien. Pues bien, Juan se nos presenta como el profeta por excelencia, que afirma la centralidad de Jesús. Veámoslo desde cuatro puntos de vista.

La afirma, en primer lugar, como un vidente que exhorta: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29). Lo hace, en segundo lugar, como un convencido que reitera: «Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’» (Jn 1,30). Lo confirma como consciente de la misión que ha recibido: «He venido a bautizar en agua para que Él sea manifestado a Israel» (Jn 1,31). Y, finalmente, volviendo a su cualidad de vidente, afirma: «El que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre Él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto» (Jn 1,33-34).

Ante este testimonio que conserva dentro de la Iglesia la misma energía de hace dos mil años, preguntémonos, hermanos: —En medio de una cultura laicista que niega el pecado, ¿contemplo a Jesús como aquel que me salva del mal moral? —En medio de una corriente de opinión que sólo ve en Jesús un hombre religioso extraordinario, ¿creo en Él como aquel que existe desde siempre, antes que Juan, antes de que el mundo fuera creado? —En medio de un mundo desorientado por mil ideologías y opiniones, ¿admito a Jesús como aquel que da sentido definitivo a mi vida? —En medio de una civilización que margina la fe, ¿adoro a Jesús como aquel en quien reposa plenamente el Espíritu de Dios?

Y una última pregunta: —Mi “sí” a Jesús, ¿es tan absoluto que también yo, como Juan, proclamo a los que conozco y me rodean: «¡Os doy testimonio de que Jesús es el hijo de Dios!»?

Fuente: www.evangeli.net (Comentario)

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