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28 noviembre 2013 4 28 /11 /noviembre /2013 21:40

Meditación Lucas 21,29-33: Viernes XXXIV Semana Tiempo Ordinario, Ciclo C. 29 de noviembre, 2013. 

Jesús, Rey, anuncia su venida al final de los tiempos: “Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios”.

“En aquel tiempo, expuso Jesús una parábola a sus discípulos: -«Fijaos en la higuera o en cualquier árbol: cuando echan brotes, os basta verlos para saber que el verano está cerca. Pues, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. Os aseguro que antes que pase esta generación todo eso se cumplirá. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán»” (Lucas 21,29-33).

1. –“Cuando empiece a suceder esto poneos derechos y alzad la cabeza”...  La Iglesia anda «encorvada» bajo el peso de las pruebas y de las persecuciones, Jesús le pide de enderezarse, de alzar la cabeza. Lo que, para mucha gente, aparece como una destrucción y un juicio terribles, para los creyentes, por el contrario, debe aparecer como el comienzo de la salvación... 

-“Porque vuestra redención está cerca.” “Redención”, término muy usado en san Pablo, pero sólo aquí en los Evangelios: «liberación». "¡Vuestra liberación está cerca!" Señor, ayúdame a considerar todo acontecimiento de la historia, como una etapa que me acerca a la «liberación».

-“Y les puso una comparación: Fijaos en la higuera o en cualquier otro árbol: Cuando echan brotes, os basta verlos, para saber que el verano ya está cerca”. Un árbol en primavera. Brotes tiernos... Para ti, Jesús, la cercanía del «fin» es un acercarse a la primavera… el reino de Dios está cerca. Un aforismo medieval dice: "Rey que no tiene amigo es como un mendigo". La vida no está hecha para solitarios. El cielo nuevo es para ser compartido. La tierra nueva es para ser labrada juntando las manos en la tarea de desbrozar la mala hierba. A esto también se puede referir lo de la higuera…

-«Los hombres se morirán de miedo en el temor de las desgracias que sobrevendrán en el mundo».  «Vosotros, ¡enderezaos! ¡El Reino de Dios está cerca!» En Palestina es rápido el paso del invierno al verano: ¡toda la naturaleza florece de una vez!  Así la muerte... y el paso a la Vida. Se une el final de salvación con el final del viejo templo: "De lo que estáis contemplando, días vendrán en los que no quedará piedra sobre piedra". 

-“Maestro, ¿cuándo sucederá?- Cuando esto suceda, enderezaos”: La primera actitud ante los anuncios escatológicos, es... ¡la esperanza! 

-“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”...  La segunda actitud, es... ¡la confianza! La certeza de que Dios no puede fracasar, que las palabras divinas son sólidas, no son frágiles, ni caducas. ¿Damos los cristianos testimonio de esa seguridad tranquila de la que Jesús daba prueba, pocos días antes de su muerte? ¡Señor, danos una fe más sólida! (Noel Quesson).

Cayó Jerusalén. Luego Roma. Otros muchos imperios e ideologías. Y cada momento es tiempo de gracia, "kairós", tiempo de encuentro con el Dios que nos salva. Los brotes y luego hojas y flores y frutos, van sucediéndose en la historia que Cristo inició. El Concilio Vaticano II retomó con fuerza el tema de los "signos de los tiempos": "es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de los tiempos. Es necesario comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones" (GS 4). Más que escudriñar fechas de cumplimientos de profecías de fin de los tiempos, es la cercanía o lejanía del Reino lo que nosotros podemos y debemos discernir de entre los signos de los tiempos (Josep Rius-Camps).

El Reino de Dios no es algo repentino e inesperado, sino un proceso histórico que se da a lo largo de todo el tiempo presente. Es necesario, sin embargo, descubrir los signos de su llegada: "os aseguro que antes que pase esta generación todo se cumplirá". ¿El tiempo que hay entre la Resurrección de Jesús y la Parusía es “una generación”? ¿Es la “generación” de los que viven la cercanía del Reino de Dios? ¿O es que ese cumplimiento ya se da, adelantado y celebrado cada vez que vivimos ese Reino hoy en nuestra historia? Otra explicación es la de S. Jerónimo: aludiría a todo el género humano; según otros, al pueblo judío, o sólo a los contemporáneos de Jesús que verían cumplirse esta profecía en la destrucción de la ciudad santa. Fillion, considerando que en este discurso el divino Profeta se refiere paralelamente a la destrucción de Jerusalén y a los tiempos de su segunda Venida, aplica estas palabras en primer lugar a los hombres que debían ser testigos de la ruina de Jerusalén y del Templo, y en segundo lugar a la generación "que ha de asistir a los últimos acontecimientos históricos del mundo", es decir, a la que presencie las señales aquí anunciadas. En fin, según otra bien fundada interpretación, que no impide la precedente, "la generación ésta" es la de fariseos, escribas y doctores, a quienes el Señor acaba de dirigirse con esas mismas palabras en su gran discurso del capítulo anterior.

Otra expresión interesante es la de que “el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Jesucristo es la plenitud de la revelación de Dios a los hombres. Cuántas veces hemos pedido a Jesús luz para nuestra vida con las palabras -Ut videam!, Que vea, Señor- de Bartimeo: o hemos acudido a su misericordia con las del publicano: ¡Oh Dios, apiádate de mí que soy un pecador! ¡Cómo salimos confortados después de ese encuentro diario con Jesús en el Evangelio!

Cuando la vida cristiana comienza a languidecer, es necesario un diapasón que nos ayude a vibrar de nuevo. Las páginas del Evangelio, dice San Cipriano, son cimiento para edificar la esperanza, medio para consolidar la fe, alimento de la caridad, guía que indica el camino... Acudamos amorosamente a sus páginas, y podremos decir con el Salmista: Tu palabra es para mis pies una lámpara, la luz de mi sendero (Salmo 118,105: F. Fernández Carvajal).

2. –“El juicio de Dios... El dragón, la serpiente antigua, el diablo arrojado al abismo”.  El juicio empieza así: por el aniquilamiento del Mal. 

-“Después vi un gran trono blanco”. Juan describe la Audiencia: la sede, el juez, los documentos, los acusados. Ese cuadro es solemne. La vida humana no es un juego, no es un simulacro, Dios nos ha hecho "responsables". ¡Nos considera como tales! Es cosa seria. El mismo tendrá cuenta de ello, respetará nuestras decisiones. 

-“Los muertos fueron juzgados conforme a sus obras y según lo escrito en los libros”. Todo lo que se «hace» diariamente se escribe en «libros». El símbolo es claro. La salvación o la condenación no son una fantasía injusta de Dios: en este momento, HOY, estamos construyendo el Juicio... porque nuestra vida, nuestros gestos, nuestras palabras de HOY, nuestros compromisos y nuestros rechazos de HOY se están inscribiendo en los libros de Dios. Por qué querer ocultarte, Señor que ¡todo esto me espanta! Conozco bien la pobreza y los pecados de mi vida. Ante tu santa mirada es más patente mi pecado. Pero creo también que, en tu gran Libro, se inscribe también mi arrepentimiento, y la demanda humilde de perdón que HOY te hago. Ten piedad, Señor. 

-“Vi entonces un cielo nuevo y una tierra nueva”. Evoco, para mí, la idea de "novedad", de nuevo: un vestido nuevo, una casa nueva, un nuevo niño, una flor nueva, un nuevo amor, un disco nuevo, un cuaderno nuevo... un objeto nuevo que he estado esperando mucho tiempo y que ¡está ahí!  Dios prepara un cielo nuevo, una tierra nueva, una creación nueva. Para Dios la creación no está en el pasado, está al final del esfuerzo, al final de la historia, al final del mundo: la humanidad camina hacia su novedad, hacia su juventud. Gracias. 

-“Y vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén...”  Todo es nuevo, también el mundo y la ciudad santa.

-“Que bajaba del cielo, de junto a Dios”. La ciudad nueva, el nuevo estilo de relación entre los hombres, es un don que «viene de lo alto». 

-“Engalanada, como una novia...” Una bella imagen de la nueva humanidad, una novia para Dios. ¡Una novia! Símbolo de belleza, de juventud, de amor, de frescor, de felicidad...  “Ataviada”...  se engalana... se cuida. 

-“Para su esposo...” Porque ama... porque es amada... Así ve Dios a la humanidad en su estado final. La humanidad desposada con Dios, unida a Dios, introducida por Dios en su propia familia, en su intimidad, ¡introducida por Dios en su propia felicidad! (Noel Quesson).

Satanás es vencido. Tiene 1000 años con cierto poder sobre la tierra, pero luego ya está excluido de todo poder, totalmente vencido.

El juicio divino está siempre ordenado a la salvación, pero que los hombres en cierta manera ya lo llevan a cabo a través de su actitud respecto a Cristo (confesar a Cristo es la piedra de toque de toda opción humana). Es decir, en el destino juegan dos fuerzas: la elección de Dios -«todo el que no estaba escrito en el registro de los vivos...»- y la libertad humana "según sus obras". Finalmente, la muerte es arrojada, impotente, al infierno. Su desaparición es el signo más fehaciente de que este mundo ha pasado. Su destino es idéntico al de Satanás y al de los condenados: los cielos nuevos y la tierra nueva rezuman por todas partes la presencia del Dios de la vida (A. Puig). 

3. Cristo vence en nuestra lucha contra el mal. Te pedimos, Señor, que se cumpla en nosotros la visión optimista del salmo: "ésta es la morada de Dios con los hombres... mi alma se consume y anhela los atrios del Señor... dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre". 

Llucià Pou Sabaté

 

Fuente: www.almudi.org

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27 noviembre 2013 3 27 /11 /noviembre /2013 16:34

Meditación Lucas 21,20-28: Jueves XXXIII Semana Tiempo Ordinario. iclo C. 28 de noviembre, 2013.

El final del mundo no es algo malo sino una boda con el Cordero, Jesús, en el mundo pleno y verdadero, el cielo, la Jerusalén celestial

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción. Entonces, los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo. Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora. Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación»” (Lucas 21,20-28).  

1. Lucas seguramente escribió su evangelio después de la destrucción de Jerusalén, del 70; se ve que pasó lo que Jesús dijo: -“Cuando veréis Jerusalén sitiada por los ejércitos”... Marcos y Mateo decían: «Cuando veréis la abominación de la desolación» (Mc 13,14; Mt 24,25). Era sin duda lo que, de hecho, había dicho Jesús, repitiendo una profecía de Daniel 11,31. Lucas «traduce» con mayor concreción.

-“Sabed que está cerca su devastación. Entonces los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad”. Después de un siglo de ocupación romana la revuelta que se estaba incubando terminó por explosionar, en los alrededores del año 60. Los Zelotes, que habían tratado de arrastrar a Jesús a la insurrección, multiplicaron los atentados contra el ejército de ocupación. El día de Pascua del 66, los Zelotes ocupan el palacio de Agripa y atacan al Legado de Siria. Todo el país se subleva. Vespasiano es el encargado de sofocar la revolución. Durante tres años va recuperando metódicamente el país, y aísla Jerusalén. Reúne fuerzas enormes: la Vª, la Xª; y la XVª legión. Luego el emperador deja a su hijo, el joven Titus, el cuidado de terminar la guerra. El sitio de Jerusalén, fortaleza considerada inexpugnable, dura un año, con setenta mil soldados de infantería y diez mil a caballo. El 17 de julio del 70, por primera vez después del exilio, cesa el sacrificio en el Templo. Desde entonces no lo ha habido nunca más.

El historiador judío, Flavio José, habla de un millón cien mil muertos durante esta guerra, y noventa y siete mil prisioneros cautivos.

-“¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! porque habrá una gran calamidad en el país y un castigo para ese pueblo. Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los paganos”... Tus palabras, Jesús, son de dolor. Es emocionante verte llorar por las pobres madres de ese pueblo que es el tuyo.

-“Jerusalén será pisoteada por los paganos... hasta que la época de los paganos llegue a su término”. Jesús parece anunciar un tiempo para la evangelización de los paganos. A su término, Israel podrá volver a Cristo a quien rechazó entonces. Esta es la plegaria y la esperanza de san Pablo (Rm 11,25-27) compartida con san Lucas (Lc 13,35) ¿Comparto yo esa esperanza?

-“Aparecerán señales en el sol, la luna y las estrellas. En la tierra se angustiarán las naciones por el estruendo del mar y de la tempestad. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo, pensando en lo que se le viene encima al mundo, porque hasta los astros se tambalearán”. Los tres grandes espacios: cielo, tierra y mar... serán trastornados. El caos se abate sobre el universo (ver Is 13,9-10; 34,3-4).

-“Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder y majestad”. Ya no hay culto del Templo... pero sí el culto verdadero en torno al Cuerpo de Cristo, en la Iglesia, nuevo Templo de Dios (Noel Quesson).

Se mezclan al parecer dos planos: la caída de Jerusalén y el final del mundo, la segunda venida de Cristo, precedida de signos en el sol y las estrellas y el estruendo del mar y el miedo y la ansiedad "ante lo que se le viene encima al mundo". Pero la perspectiva es optimista: "entonces verán al Hijo del Hombre venir con gran poder y gloria". El anuncio no quiere entristecer, sino animar: "cuando suceda todo esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".

Jesús, creo en que tú vienes a salvar. Nos dices: “Levantaos, alzad la cabeza”. Hay mucho que trabajar para bien de la humanidad, llevando a cabo la misión que tú iniciaste, Señor, y que luego nos encomiendas a nosotros. Tú ya inauguraste los cielos nuevos y la tierra nueva (J. Aldazábal).

La visión profética trata de descubrir también en el desarrollo de la historia las oportunidades de salvación que se presentan a lo largo del tiempo. Cristo Rey del universo, en su Reino eterno y universal, de la verdad y la vida, de santidad y gracia, de justicia, de amor y de paz (prefacio de la Misa), en su debilidad va avanzando en la historia, desde nuestros primeros padres que quisieron ser como dioses, pero "sin Dios, antes que Dios y no según Dios" (S. Máximo) y siguen repitiendo aquella frase del Evangelio: “No queremos que éste reine sobre nosotros” (Lc 19,14).

¿Qué Reino es el que vino Cristo a predicar? Es un Reino que hay que preparar con penitencia, como dijo Juan Bautista: “Haced penitencia, porque está al llegar el Reino de los Cielos” (Mt 3). Y “comenzó Jesús a predicar y a decir: Haced penitencia, porque está al llegar el Reino de los Cielos” (Mt. 4). Y para entrar en él, hay que cumplir con la Voluntad de Dios: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los Cielos” (Mt 7).

La humildad es la puerta de entrada y condición indispensable para pertenecer a este Reino. “En verdad os digo: si no os convertís y os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos. Pues todo el que se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos” (Mt 18, 3-4).

No caben, por tanto los que no sigan la ley de Dios, y en especial, los soberbios, pues la soberbia está en la raíz de todo pecado. ¿Acaso no sabéis que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios” (1 Cor 6,9-10).

Y habrá pecadores arrepentidos, que han creído en el Hijo de Dios y han actuado en consecuencia con su fe. “Díceles Jesús: En verdad os digo que los publicanos y las meretrices os preceden en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por el camino de la justicia, y no habéis creído en él, mientras que los publicanos y las meretrices creyeron en él. Pero vosotros, aun viendo esto, no os habéis al fin arrepentido, creyendo en él” (Mateo 21,30-34).

Pero nos debemos preguntar: ¿dónde debe reinar Cristo Jesús? Debe reinar, primero en nuestras almas. Debe reinar en nuestra vida, porque toda tiene que ser testimonio de amor. ¡Con errores! No os preocupe tener errores.... ¡Con flaquezas! Siempre que luchemos, no importan. ¿Acaso no han tenido errores los santos que hay en los altares? (san Josemaría). Pero es necesario esforzarse para poder entrar:Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos padece violencia, y los esforzados lo conquistan” (Mt 11,12).

2. –“Cayó «la gran Babilonia»”... San Juan se dirige pues personas atribuladas. El Apocalipsis se escribió para dar respuesta a esa trágica situación. Y la respuesta es ésta: el mal dura un tiempo, Dios le pone un límite…

-“Después oí en el cielo una voz potente, como la de una gran muchedumbre que proclamaba: «¡Aleluya! ¡La salvación, la gloria y el poder son de nuestro Dios!»” Estallan gritos de alabanza, con aclamaciones seguramente litúrgicas. Muchedumbres que exultan y cantan «con voz potente». Esto nos anima a cantar con tono festivo en nuestra misa. Los jóvenes, sobre todo, desean desarrollar ese aspecto de fiesta, en que la voz, los instrumentos y el cuerpo entero participan de la alegría de haber sido «salvados».

-«Porque Dios ha juzgado a la gran prostituta, la que corrompía la tierra... Y ha vengado en ella la sangre de sus siervos...» En la humanidad vemos tanta miseria, corrupción… Perdón, Señor, por nuestra pobre humanidad. Ten piedad de nosotros.

-“Un ángel me dijo entonces: "Escribe: ¡Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero!"” Un banquete será el final de todo, una alianza nupcial: el fin del mundo será la celebración definitiva de las bodas de Cristo con la humanidad. Pero esta boda ya ha comenzado. Estoy invitado a esa boda divina: "¡Dichosos los invitados al banquete de bodas!" Cada una de las misas a las que participo es el anuncio y el comienzo de ese banquete nupcial que celebra "la Alianza nueva y eterna". "Tened vuestras lámparas encendidas, despertaos, ¡he aquí el Esposo que viene!..." "Y las que estaban preparadas entraron, con El, en la sala del banquete de bodas". ¡Ven, Señor, Jesús! Consérvanos vigilantes hasta el día en que Tú aparecerás (Noel Quesson).

3. El ángel dice: "dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero". Y el Misal en latín también lo dice, aunque nosotros digamos en misa: "la cena del Señor", o simplemente "la mesa del Señor". No sólo estamos invitados a esta Eucaristía, sino porque esta Eucaristía es la garantía y la pregustación de un banquete más definitivo al que también estamos invitados: el banquete de bodas del Cordero, Cristo Jesús, con su Esposa, la Iglesia, en el cielo. Es lo que el salmo nos ha hecho repetir, intercalando esta bienaventuranza, "dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero", entre las estrofas del salmo: "aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores" (J. Aldazábal).

Llucià Pou Sabaté

Fuente: www.almudi.org

 

 

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26 noviembre 2013 2 26 /11 /noviembre /2013 17:18

Meditación Lucas 21, 10-19: Miércoles XXXIV Semana Tiempo Ordinario, Ciclo C. 27 de noviembre, 2013.

El Reino de Dios no es de este mundo, pero vencerá al final: “Todos os odiarán por causa mía, pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá”.

 

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas»”

 

Os harán comparecer ante Reyes y Gobernadores a causa de mi Nombre”. Jesús, eres signo de contradicción. Tu nombre es salvación y también van contra tu nombre, te persiguen… Nunca prometiste que en esta vida seríamos aplaudidos y que nos resultaría fácil el camino. Lo que sí nos aseguras es que salvaremos la vida por la fidelidad, y que tú darás testimonio ante el Padre de los que hayan dado testimonio de ti ante los hombres.

 

-“Así tendréis ocasión de dar Testimonio”. Tus discípulos irán probando, a lo largo de la historia, lo que dice san Pablo: «Se ha hecho público en todo el Pretorio que me hallo en cadenas a causa de Cristo» (Fil 1,12). Testimoniar. Ser testigo.

 

Muchos cristianos, a lo largo de la historia, han sido perseguidos, llevados a la muerte. ¡Cuántos mártires, de todos los tiempos, también del nuestro, nos estimulan con su admirable ejemplo! Y no sólo mártires de sangre, sino también los mártires callados de la vida diaria, que están cumpliendo el evangelio de Jesús y viven con admirable energía y constancia tu seguimiento, Jesús, en la lucha de cada día, como nos dijiste: "con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas". El amor, la amistad y la fortaleza -y nuestra fe- no se muestran tanto cuando todo va bien, sino cuando se ponen a prueba  (J. Aldazábal). Nos lo avisó: "si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros" (Jn 15,20), pero también nos aseguró: "os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí; en el mundo tendréis tribulación, pero ¡ánimo! yo he vencido al mundo" (Jn 16,33).

 

-“Por tanto, meteos en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa: yo mismo os inspiraré palabras tan acertadas que ningún adversario os podrá oponer resistencia ni contradeciros”. Los apóstoles hablarán con sabiduría, cosa que extraña a todos «porque se trataba de hombres sin instrucción» (Hch 4,13).

 

Os echarán mano y os perseguirán; os llevarán a las sinagogas y os meterán en la cárcel”. Jesús anuncia que sus discípulos serán perseguidos, como efectivamente pasó: «Pedro y Juan hablaban al pueblo... El jefe del Templo y los saduceos fueron hacia ellos. Les echaron mano y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente» (Hechos 4,1-3; 5,18; 8,3; 24). «Los magistrados de la ciudad de Filipos dieron orden de que quitaran la ropa de Pablo y de Silas y los apalearan. Después de molerlos a palos los metieron en la cárcel» (Hch 16,22).

 

Los primeros cristianos fueron valientes y no aceptaron el sistema de valores pagano. Fueron criticados por no divinizar el Estado. Valoraron al ser humano por encima de las diferencias étnicas, religiosas y sociales. Constituyeron la comunidad en el centro de interés dejando a un lado el culto por el cuerpo y el placer. Este modo de ver y sentir la vida los llevó a inevitables enfrentamientos.

 

Jesús, no prometes el éxito, sino la Verdad. Tú no has mentido. Los cristianos se encuentran con la cruz. Pero esos, vencidos la Bestia, la vencerán (servicio bíblico latinoamericano).

 

-“Todos seréis detestados por causa de mi Nombre. Pero ni un solo cabello de vuestra cabeza se perderá”. ¡Con vuestro aguante y perseverancia conseguiréis la Vida! Perseverancia. Paciencia. Gozo, a pesar de todo. ¿Estoy yo convencido que yendo hacia mi "fin" voy hacia la "Vida"? (Noel Quesson). Aunque haya quienes no comprendan la vocación cristiana... Aunque lleguen dificultades económicas, familiares... aunque llegue la enfermedad, el desaliento, el cansancio... La paciencia es necesaria para perseverar, para estar alegres por encima de cualquier circunstancia; esto será posible porque tenemos la mirada puesta en Cristo, que nos alienta a seguir adelante, sin fijarnos demasiado en lo que querría quitarnos la paz. Sabemos que, en todas las situaciones, la victoria está de nuestra parte. Tú eres, Señor, mi esperanza, en quien confío, quien sé que no me va a fallar.

 

La paciencia es una virtud bien distinta de la mera pasividad ante el sufrimiento; no es un no reaccionar, ni un simple aguantarse: es parte de la virtud de la fortaleza, y lleva a aceptar con serenidad el dolor y las pruebas de la vida, grandes o pequeñas, como venidos del amor de Dios. Entonces identificamos nuestra voluntad con la del Señor, y eso nos permite mantener la fidelidad y la alegría en medio de las pruebas. Son diversos los campos en los que debemos ejercitar la paciencia. En primer lugar con nosotros mismos, puesto que es fácil desalentarse ante los propios defectos. Paciencia con quienes nos relacionamos, sobre todo si hemos de ayudarles en su formación o en su enfermedad: la caridad nos ayudará a ser pacientes. Y paciencia con aquellos acontecimientos que nos son contrarios porque ahí nos espera el Señor.

Para el apostolado, la paciencia es absolutamente imprescindible. El Señor quiere que tengamos la calma del sembrador que echa la semilla sobre el terreno que ha preparado previamente y sigue los ritmos de las estaciones. El Señor nos da ejemplo de una paciencia indecible. La paciencia va de la mano de la humildad y de la caridad, y cuenta con las limitaciones propias y las de los demás. Las almas tienen sus ritmos de tiempo, su hora. La caridad a todo se acomoda, cree todo, todo lo espera y todo lo soporta (1 Cor 13,7). Si tenemos paciencia, seremos fieles, salvaremos nuestra alma y también la de muchos que la Virgen pone constantemente en nuestro camino.

 

2. Sigue el Apocalipsis: -“Vi también como un mar de cristal mezclado de fuego, y a los que habían triunfado de la Bestia, de pie junto al mar de cristal, llevaban las cítaras de Dios y cantaban...” En Éxodo 14-15, la "primera Pascua" de los hebreos, vemos a los liberados de la esclavitud de Egipto, que atravesado el Mar Rojo, se mantuvieron de pie «a la orilla del mar» y entonaron un cántico de acción de gracias.

Los cristianos, nuevo pueblo de Dios, vencedores del mal, vencedores de la «Bestia», habiendo salvado el obstáculo -el mar-, después de su largo éxodo en el dolor de la persecución y de las pruebas, entonan alegres un cántico eucarístico; el fin del mundo y de la historia es como la suprema fiesta de Pascua, de la cual la primera a orillas del Mar Rojo, no era más que un pálido anuncio. ¡Al fin libres! ¡Al fin, salvados definitivamente! Quiero contemplar, Señor, a la humanidad llegada al término de su larga marcha... una humanidad que ha vencido a la Bestia... una humanidad que canta...

Gracias, Señor, por darnos estas perspectivas de esperanza.

 

-“Aquellos que han vencido a la «Bestia», su imagen, y la cifra de su nombre...” La «bestia» sería aquí el Imperio Romano, perseguidor e idólatra. Y «las siete cabezas de la Bestia representan siete colinas» (17,18), y Roma está construida sobre siete colinas. Incluso se ha identificado a la «bestia» con el mismo Nerón. La policía imperial no tenía que ver esos símbolos, y sólo los cristianos lo entenderían. Todavía HOY hay persecuciones...

 

-“Cantan el cántico de Moisés y el cántico del Cordero: «Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios Todopoderoso... Rey de las naciones...»” Es la acción de gracias de los salvados, de los que han escapado a un gran peligro. El triunfo de los elegidos no es aquí abajo un triunfo aparente. Esa esperanza sólo es posible en una visión de fe. Es una alegría y una acción de gracias conquistadas con gran esfuerzo personal. En apariencia más bien ocurre lo contrario: Dios no parece Todopoderoso, puesto que ha dejado que sus mártires fuesen exterminados... y el rey de las naciones, aparentemente, es Nerón.

 

-“Justos y verdaderos son tus caminos... Sólo Tú eres santo. Todas las naciones vendrán y se postrarán ante Ti”. ¡Señor, danos esta fe y esta esperanza! A pesar de no ver todavía la realización efectiva de ese gran designio, creemos que Tú, Señor, trabajas en él: ha comenzado para tu pueblo la liberación de toda servidumbre, y avanzamos hacia la meta, nos encaminamos siguiendo «tus caminos»... y todas las naciones están en marcha hacia Ti, Señor (Noel Quesson).

 

3. "Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios soberano de todo...", rezamos en un himno del Breviario. En esta línea, el salmo es eufórico: "Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas, el Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia". Con un estribillo del Apocalipsis: "grandes y maravillosas son tus obras".

 

La victoria es segura, aunque perdamos alguna batalla. Al final, el Señor sacará bien de todo. Lo mejor siempre está por llegar. Todo es para bien, para los que Dios ama, para los que se abren a su amor.

 

Necesitamos esas palabras de ánimo, para poder dirigir en nuestra vida y nuestro mundo una mirada pascual y esperanzada, aunque la lucha continúa. Nos acogemos bajo el amparo de santa María Virgen, nuestro consuelo y auxilio.

Llucià Pou Sabaté

Fuente: www.almudi.org

 

 

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22 noviembre 2013 5 22 /11 /noviembre /2013 19:38

Meditación Jesucristo Rey del Universo; Lucas 23,35-43: XXXIV Domingo. Tiempo Ordinario. Ciclo C. 24de noviembre, 2013.

«Las autoridades y el pueblo hacían muecas a Jesús, diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido”. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: “Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: ÉSTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro lo increpaba: “¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada”. Y decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Jesús le respondió: “Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso”» (Lucas 23,35-43)

 

1º.  Hoy, último domingo del tiempo ordinario, como coronación de todo un año en el que te he ido conociendo día a día un poco más, la Iglesia quiere presentarte como Rey, porque Tú eres verdaderamente Rey.

Rey del mundo y de la entera creación.

Pero ¿cómo me afecta esto a mí?

Me afecta, Jesús, porque es preciso que nunca me olvide de que soy una criatura, un siervo del Gran Rey.

Es preciso que no me crea autosuficiente, señor de mí mismo; porque ese engaño procede de la soberbia y me hace el peor de los esclavos: esclavo de mí mismo y de mis miserias.

En cambio, si aprendo a servirte por amor encontraré la verdadera libertad.

Jesucristo es Señor: posee todo poder en los cielos y en la tierra. El está por encima de todo Principado, Potestad, Virtud, Dominación porque el Padre bajo sus pies sometió todas las cosas. Cristo es el Señor del cosmos y de la historia. En él, la historia de la humanidad e incluso de toda la Creación encuentran su recapitulación, su cumplimiento trascendente» (CEC.-668).

2º. «Celebramos hoy la fiesta de Cristo Rey. Y no me salgo de mi oficio de sacerdote cuando digo que, si alguno entendiese el reino de Cristo como un programa político, no habría profundizado en la finalidad sobrenatural de la fe y estaría a un paso de gravar las conciencias con pesos que no son los de Jesús, porque su yugo es suave y su carga es ligera. Amemos de verdad a todos los hombres; amemos a Cristo, por encima de todo; y, entonces, no tendremos más remedio que amar la legítima libertad de los otros, en una pacífica y razonable convivencia» (Es Cristo que pasa.-184).

Jesús, aunque Tú eres el Rey de todos, no todos te escuchan ni te sirven.

Hay en el mundo como una gran rebelión contra Ti y contra tu Iglesia; una gran voz de protesta que es como el eco de las palabras del salmo: «se han levantado los reyes de la tierra, y se han reunido los príncipes contra el Señor y contra su Cristo» (Salmo, 2,2).

No quieren obedecer, no quieren servir; entienden tus mandatos sólo como restricciones a su libertad.

«Rompamos, dijeron, sus ataduras, y sacudamos lejos de nosotros su yugo» (Salmo 2,3). 

Y se engañan sirviendo sus propias pasiones, esclavos de sí mismos e incapaces de darse a los demás.

Otros, utilizan el Reino de Cristo como un programa político; y quieren imponer la fe por la fuerza, o usan tu mensaje para defender su solución personal o de partido a problemas económicos y sociales.

Sin embargo, Jesús, Tú no has venido a fundar un reino temporal: «Mi reino no es de este mundo».

El cristiano tiene libertad para escoger las soluciones políticas que crea convenientes, siempre que no vayan contra la fe o la dignidad de la persona.

Jesús, ésta es la verdad que has venido a traer al mundo: que Tú eres Dios, Rey del universo, y también hombre como yo; que servirte a Ti es la actitud más acorde con la verdad; y que sólo en la verdad podemos ser realmente libres.

«Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»

Ayúdame a entender mi vida como un servicio; un servicio que vale la pena porque Tú, Señor, eres mi Rey.

Y yo quiero servirte como te mereces: con todo mi corazón, con toda mi alma, con todas mis potencias, con todas mis fuerzas.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Tiempo ordinario. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

Fuente: www.almudi.org

 

 

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18 noviembre 2013 1 18 /11 /noviembre /2013 19:43

Meditación Lucas 17,7-10: Martes XXXIII Semana Tiempo Ordinario, Ciclo C. 19 de noviembre, 2013.

Jesús salva a un pecador publicano: “El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.”

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: -«Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: -«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.» Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: -«Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.» Jesús le contestó: -«Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido»” (Lucas 19,1-10).

1. Lucas es el único evangelista que nos cuenta la famosa escena de la conversión de Zaqueo. Estamos en Jericó, primer bastión de la tierra prometida, símbolo de las luchas de Israel. El evangelista de la misericordia y del perdón nos habla hoy de ese publicano -recaudador de impuestos, y además para la potencia ocupante, los romanos-, despreciado y con negocios un tanto dudosos. Dirigía el grupo de cobradores de impuestos de la comarca.

Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Zaqueo, jefe de publicanos y rico, como no podía ver a Jesús entre la gente por ser bajo, se subió a una higuera, para verlo. Las búsquedas de Zaqueo lo conducen a Jesús, superando todos los obstáculos que se le presentan en su camino. Soluciona su falta de estatura encaramándose a un sicomoro.

“Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: -«Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Él bajó en seguida y lo recibió muy contento”. Zaqueo tendrá una conversión radical, consecuente, llevada hasta sus consecuencias materiales y sociales. Jesús busca a todos y que a todos les predica una Noticia. La conversión será paulatina: comienza con el deseo de conocer a Jesús de cerca; luego Jesús le habla, y él lo acoge en su casa.

Jesús, Tú que conoces el interior de las almas no te haces esperar; y una vez más, pagas con creces insospechadas la generosidad del corazón humano: él buscaba verte, y Tú vas a hospedarte en su casa. Zaqueo bajó rápido y lo recibió con gozo. No puede ser de otra manera. Si acudimos continuamente a ponernos en la presencia del Señor, se acrecentará nuestra confianza, al comprobar que su Amor y su llamada permanecen actuales: Dios no se cansa de amarnos. La esperanza nos demuestra que, sin Él, no logramos realizar ni el más pequeño deber; y con él, con su gracia, cicatrizarán nuestras heridas; nos revestiremos con su fortaleza para resistir los ataques del enemigo, y mejoraremos. En resumen: la conciencia de que estamos hechos de barro de botijo nos ha de servir, sobre todo, para afirmar nuestra esperanza en Cristo Jesús (Josemaría Escrivá, Amigos de Dios).

“Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: -«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.»” Jesús, tu presencia remueve a Zaqueo y le lleva a la conversión.

“Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: -«Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.»” Es el momento de la decisión, de la luz, de la esperanza, la conversión.

Jesús le contestó: -«Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido»” Hoy ha llegado la salvación a esta casa. Todo empezó por aquel deseo de conocerte que le llevó a poner los medios que hiciera falta para verte pasar. Señor, yo también necesito que vengas a mi casa: a mi vida, a mi alma. Tengo tantas heridas que necesitan cicatrizar, tantas flaquezas que necesitan de tu fortaleza divina, tantos egoísmos que me impiden ser feliz. A veces pienso que no puedo... lléname de esperanza: “¡No desesperéis nunca! Os lo diré en todos mis discursos, en todas mis conversaciones; y si me hacéis caso, sanaréis. Nuestra salvación tiene dos enemigos mortales: la presunción cuando las cosas van bien y la desesperación después de la caída; este segundo es con mucho el más terrible” (San Juan Crisóstomo).

Jesús, que la conciencia de mi poquedad y mi fragilidad no me lleve a la desconfianza ni a la desesperación. La conciencia de que estamos hechos de barro de botijo nos ha de servir, sobre todo, para afirmar nuestra esperanza en Cristo Jesús. Y si alguna vez me rompo en mil pedazos, que siempre sepa volver a Ti, especialmente a través del Sacramento de la Penitencia, dándome cuenta de que el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido (Pablo Cardona).

Jesús, provocas el encuentro… el resultado es la alegría, la salvación. “Elige a un jefe de publicanos, ¿quién deseperará de sí mismo cuando éste alcanza la gracia?” (S. Ambrosio). En Zaqueo vemos la búsqueda de Dios, sin miedo… “convéncete de que el ridículo no existe para quien hace lo mejor” (S. Josemaría Escrivá, Camino 392).

Al final, su correspondencia a la gracia, propósitos de devolver… “Que aprendan los ricos que no consiste el mal en tener riquezas, sino en no usar bien de ellas; porque así como las riquezas son un impedimento para los malos, son también un medio de virtud para los buenos” (S. Ambrosio). Jesús llamó a la puerta de Zaqueo y él oyó-subió-abrió, con el esfuerzo que supone querer oír, alzarse y abrir. Jesús entró y comieron juntos. Y la salvación iluminó la casa de un pecador que deseaba oír-ver, quería levantarse y anhelaba abrir la puerta. La salvación entró en casa de alguien que, sabiéndose necesitado de ella, aguzó el oído (Luis Ángel de las Heras).

También de este pasaje aprendo a tener confianza a todos, como hacías tú, Jesús. Deberíamos hacer fácil la rehabilitación de las personas que han tenido momentos malos en su vida, sabiendo descubrir que, por debajo de una posible mala fama, tienen muchas veces valores interesantes. Pueden ser "pequeños de estatura", como Zaqueo, pero en su interior -¡quién lo diría!- hay el deseo de "ver a Jesús", y pueden llegar a ser auténticos "hijos de Abrahán". ¿Nos alegramos del acercamiento de los alejados?, ¿tenemos corazón de buen pastor, que celebra la vuelta de la oveja o del hijo pródigo?, ¿o nos encastillamos en la justicia, como el hermano mayor o como los fariseos, intransigentes ante las faltas de los demás? Si Jesús, nuestro Maestro, vino "a buscar y a salvar lo que estaba perdido", ¿quiénes somos nosotros para desesperar de nadie? "Hoy voy a comer en tu casa". "Hoy ha sido la salvación de esta casa". Cada vez que celebramos la Eucaristía, que es algo más que recibir la visita del Señor, debería notarse que ha entrado la alegría en nuestra vida y que cambia nuestra actitud con los demás (J. Aldazábal).

2. Hoy leemos las cartas que fueron dirigidas a Sardes y a Laodicea. El tono aparece pesimista. Hay desconcierto quizá porque la caída de Jerusalén no supuso como pensaban el fin del mundo. Pero se va viendo que no se puede interpretar así la historia, sino que la visión de Dios es distinta de la del teatro del mundo…y nuestra esperanza se basa en Dios y no en signos de la historia.

-“Tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto. Despierta... Si no estás en vela, vendré como un ladrón sin que sepas la hora, te sorprenderé”. Los cristianos del siglo I, como nosotros, se veían tentados por la falta de vitalidad y de dinamismo... la muerte, el sueño, la tibieza espiritual. Juan repite los acentos de Jesús: «Velad... despertaos... vengo... os sorprenderé como un ladrón que viene de improviso».

El tema de la «venida» de Jesús es esencial. Este tema importante ocupa ahora un lugar destacado en las nuevas aclamaciones eucarísticas: «esperamos tu venida gloriosa, esperamos tu retorno... Ven, Señor, Jesús...» Inmediatamente después de la consagración, en cada misa, reafirmamos esta fe, que estaba ya presente en el credo, aunque poco valorada: «Volverá glorioso a juzgar a vivos y muertos

-“No eres ni frío ni caliente... Puesto que eres tibio, te vomitaré de mi boca”. Ningún texto condena con tal fuerza la «mediocridad espiritual»… ¿no es quizá la tibieza, la mediocridad lo que caracteriza muchos de mis días? Señor Jesús, enviado por el Padre para sanar y salvar, ¡ten piedad de mí!

“Escucha mi consejo... Cúrate... A los que amo los reprendo y corrijo. ¡Vamos, sé pues ferviente y arrepiéntete!” Es exactamente el mismo Jesús del evangelio, que curaba a los enfermos y devolvía la vista a los ciegos. «A los que amo». ¡Qué ternura en estas palabras! «¡Vamos, anímate!» Escucho estas palabras de aliento que Jesús me dirige. También en este momento me repites las mismas palabras: «¡vamos, ánimo, arrepiéntete!»

-“Mira que estoy a la puerta y llamo...” Una hermosa imagen de la Biblia, es un símbolo, muy comprensible, para todos los tiempos. Dios es «el que espera a nuestra puerta y solicita entrar en nosotros». Humildad de Dios. Discreción de Dios. Proximidad escondida. «El Señor ha llamado a tu ventana, amigo, amigo, amigo... Pero tú dormías.» (Padre Duval)

-“Si alguien oye mi voz y abre la puerta...” Inmenso y misterioso respeto a la libertad de cada uno. Dios no fuerza la puerta. Incluso la «fe», a pesar de la gracia que solicita a todo hombre, sigue siendo un acto libre. Cuando pienso, Señor, como te hemos obligado, a «¡esperarte fuera!» Y, aun más, sin cansarte, continúas llamando discretamente... para que te abramos. Quiero meditar detenidamente esta imagen. Concédeme, Señor, una mayor atención a tu Presencia. Ayúdame a interpretar los signos de tu «venida» cotidiana. Pues, en realidad, es así como «Tú vienes» cada día.

-“Entraré en su casa y cenaré con él y El conmigo”. La cena, intimidad, felicidad. La «comunidad cristiana» de Laodicea, a la que escribía san Juan, no podía dejar de aplicar todas esas imágenes a la eucaristía, sacramento de la presencia de Jesús, anuncio del «festín mesiánico» del fin de los tiempos. Cenar con un amigo, un invitado. Tal es el ofrecimiento de Dios… dulzura y esperanza: tal es una de las imágenes del «fin de los tiempos». ¡Gracias, Señor! (Noel Quesson).

3. En el momento de participar en la Eucaristía, reconozcamos la voz de Jesús: "estoy a la puerta llamando; si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos". Si lo hacemos así, nos incorporará al cortejo de los que participan de su victoria: "a los vencedores los sentaré en mi trono, junto a mí". Es lo que cantamos en el salmo: “El que procede honradamente / y practica la justicia, / el que tiene intenciones leales / y no calumnia con su lengua”. Te pido, Señor, un corazón bueno, que sepa amar: “El que no hace mal a su prójimo / ni difama al vecino, / el que considera despreciable al impío / y honra a los que temen al Señor”. Quien no    hace daño y obra la verdad, “el que así obra nunca fallará”.

Llucià Pou Sabaté

Fuente: www.almudi.org

 

 

 

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17 noviembre 2013 7 17 /11 /noviembre /2013 17:05

Meditación Lucas 18,35-43: lunes de la XXXIII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C. 18 de noviembre, 2013.

Un ciego lleno de fe pide a Jesús ver, y también nosotros pedimos al Señor la fe y la perseverancia en el amor

“En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron: -«Pasa Jesús Nazareno.» Entonces gritó: -«¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!» Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: -«¡Hijo de David, ten compasión de mí!» Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: -«¿Qué quieres que haga por ti?» Él dijo: -«Señor, que vea otra vez.» Jesús le contestó: -«Recobra la vista, tu fe te ha curado.» En seguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios” (Lucas 18,35-43).

1. Jesús, te vemos hoy después de anunciar tu Pasión y resurrección, que curas a un ciego que es modelo de fe. Veo que subes a Jerusalén para cumplir la ley y los profetas; pero para comprender este misterio pascual hay que abrir los ojos de la fe para poder entender las Escrituras, como los discípulos de Emaús. Lucas concibe su Evangelio como una subida progresiva a Jerusalén en donde se consumará el sacrificio de la cruz. El hombre judío quiere manifestar con su peregrinación a la ciudad santa el contenido de su fe en Yahvé. Así también tú, Señor, subes a Jerusalén para morir de amor por los hombres (Maertens-Frisque).

El ciego se ponía todos los días en el mismo lugar, y aparece Jesús el Nazareno.

-“Al oír que pasaba gente”... Serán peregrinos, que cantan sin duda los «cánticos de las subidas», los Salmos 120 a 134, según la tradición. El ciego sentado está oyéndolos.

-“Preguntó qué era aquello”. Es el ciego, el que toma la iniciativa.

-“Le explicaron: «Está pasando Jesús, el Nazareno.

-Empezó a gritar diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mi!»” Es el título mesiánico, anunciado a María el día de la concepción de Jesús (Lucas 1,32): «el Señor Dios le dará el trono de David, su padre». De modo que muchos vieron las obras de Jesús y permanecieron ciegos sobre su verdadera identidad. Pero el Mesías, anunciado por los profetas, es ciertamente aquel que «cura a los ciegos» (Isaías 35,5; Lucas 4,18) ¡y son esos «videntes interiores», los pobres, los que ven justo!

Los que estaban ahí le regañaban para que callara. Es triste que en el momento del encuentro contigo, Señor, haya gente que quiera impedir que se te acerquen las almas.

-“Jesús se paró y mandó que se lo trajeran”. Acepta ese título de realeza, cuyo uso había prohibido antes (Mateo 9,30). Ahora que su Pasión está cerca, todas las esperanzas políticas y nacionales que no quiso asumir, cuando todo el mundo le empujaba a ellas, han quedado atrás: se dirige a Jerusalén, no para tomar el poder, sino para morir.

-El diálogo es breve: "Señor, que vea otra vez". «El descubrimiento de la vocación personal es el momento más importante de toda la existencia. Hace que todo cambie sin cambiar nada, de modo semejante a como un paisaje, siendo el mismo, es distinto después de salir el sol que antes, cuando lo bañaba la luna con su luz o le envolvían las tinieblas de la noche. Todo descubrimiento comunica una nueva belleza a las cosas y, como al arrojar nueva luz provoca nuevas sombras, es preludio de otros descubrimientos y de luces nuevas, de más belleza» (F. Suárez, La Virgen Nuestra Señora).

-"Recobra tu vista, tu fe te ha curado". Y el buen hombre le sigue lleno de alegría, glorificando a Dios. Podemos vernos reflejados de varias maneras. También nosotros recobramos la luz cuando nos acercamos a Jesús. El que le sigue no anda en tinieblas. Y nunca agradeceremos bastante la luz que Dios nos ha regalado en Cristo Jesús. Con su Palabra, que escuchamos tan a menudo, él nos enseña sus caminos e ilumina nuestros ojos para que no tropecemos. ¿O tal vez estamos en un período malo de nuestra vida en que nos sale espontánea la oración: "Señor, que vea otra vez"? También podemos preguntarnos qué hacemos para que otros recobren la vista: ¿somos de los que ayudan a que alguien se entere de que está pasando Jesús?, ¿o más bien de los que no quieren oír los gritos de los que buscan luz y ayuda? Si somos seguidores de Jesús, ¿no tendríamos que imitarle en su actitud de atención a los ciegos que hay al borde del camino?, ¿sabemos pararnos y ayudar al que está en búsqueda, al que quiere ver?, ¿o sólo nos interesamos por los sanos y los simpáticos y los que no molestan?

Esos "ciegos" que buscan y no encuentran pueden ser jóvenes desorientados, hijos o hermanos con problemas, amigos que empiezan a ir por malos caminos. ¿Les ayudamos? ¿Les llevamos hacia Jesús, que es la Luz del mundo? (J. Aldazábal).

-“Jesús le dijo: «Recobra la vista. Tu fe te ha salvado.» Y en el acto recobró la vista, y siguió a Jesús bendiciendo a Dios.” ¡Concédeme, Señor, que yo también te siga hasta la cruz y hasta la Pascua! (Noel Quesson).

El Señor nunca niega su gracia. Este hombre es imagen “de quien desconoce la claridad de la luz eterna”, pues en ocasiones el alma puede sufrir también momentos de ceguera y de oscuridad. Muchas veces esta situación está causada por pecados personales, cuyas consecuencias no han sido del todo zanjadas, o por falta de correspondencia a la gracia. En otras ocasiones, el Señor permite esta difícil situación para purificar el alma, para madurarla en la humildad y en la confianza en Él. Sea cual sea su origen, si alguna vez nos encontramos en ese estado, ¿qué haremos? Dirigirnos al Señor, siempre cercano para que tenga misericordia de nosotros, y pedirle: ¡Que vea, Señor!

Si el Señor permite que nos quedemos a oscuras, incluso en cosas pequeñas; si sentimos que nuestra fe no es firme, acudamos al buen pastor. La falta de objetividad con que nos vemos a nosotros mismos hace imposible encontrar los senderos seguros que nos llevan en la dirección justa. “El alma sola sin maestro, que tiene virtud, es como el carbón encendido que está solo; antes se irá enfriando que encendiendo” (San Juan de la Cruz). ¡Cuántas veces Jesús espera la sinceridad y la docilidad del alma para obrar el milagro! Nunca niega el Señor su gracia si acudimos a Él en la oración y en los medios por los cuales derrama su gracia.

En quien nos ayuda vemos al mismo Cristo, que enseña, ilumina, cura y da alimento a nuestra alma para que siga su camino. Sin ese sentido sobrenatural, sin esta fe, el acompañamiento espiritual quedaría desvirtuado. Se transformaría en algo completamente distinto: en intercambio de opiniones, quizá. Este medio es una gran ayuda cuando lo que realmente queremos es averiguar la voluntad de Dios sobre nosotros e identificarnos con ella. No busquemos en la dirección espiritual a quien pueda resolver nuestros asuntos temporales; nos ayudará a santificarlos, nunca a organizarlos ni a resolverlos. No es ésa su misión. Si seguimos bien este medio de dirección espiritual, nos sentiremos como el ciego que seguía en el camino a Jesús glorificando a Dios, lleno de alegría.

2. Durante las dos últimas semanas del año litúrgico, la Iglesia nos presenta textos que evocan el "fin de los tiempos". El “Apocalipsis” de san Juan no es sinónimo de «catastrófico». Quiere decir «revelación». Allí hay «ideas teológicas» y «símbolos concretos», es un mensaje cifrado, y nos da algunas explicaciones: una «estrella» representa un «ángel», un «candelabro» significa «una iglesia particular», el color «blanco del lino» representa «las buenas acciones de los fieles»…

-“Revelación que Dios ha entregado a Jesucristo para que muestre a sus siervos lo que tiene que suceder pronto". Cristo, por medio de un ángel, se la comunica al "siervo Juan", el cual, "narrando lo que ha visto, se hace testigo de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo". Por tanto, no hay que buscar cábalas ni lo que sale en películas futuristas o góticas. Es «levantar el velo» (re-velar) de ciertas realidades, que sólo Dios conoce. Y se nos felicita a los lectores: "dichosos los que escuchan las palabras de esta profecía y tienen presente lo que en ella está escrito".

-“El que tiene las siete estrellas en su mano derecha, y que camina en medio de siete candelabros de oro...” Siete estrellas, Ángeles de las iglesias, «en la mano derecha» de Dios: su poder. Creo, Señor que la Iglesia continúa HOY estando en tu mano.

-“Al ángel de la iglesia de Efeso, escribe esto...” Leemos el primero de «siete» mensajes dirigidos a siete «parroquias» o «diócesis» de Asia Menor, en la Turquía actual. Señor, ayúdanos a implantarnos humildemente en algún sitio; existe un lugar, una iglesia en la que recibo la Palabra de Dios y la Eucaristía.

-"La voz del cielo" alaba la entereza de Éfeso: "has sufrido por mí y no te has rendido a la fatiga", y ha sabido discernir quiénes eran los falsos profetas en su seno. Pero le recrimina: “Conozco tu conducta, tu trabajo y tu perseverancia... Pero tengo en contra que has abandonado tu amor primero... Conviértete”... Invitación a progresar... a encontrar de nuevo los entusiasmos de la juventud… (Noel Quesson).

«El que tenga oídos, que oiga»: es una invitación a desentrañar las palabras de la profecía, a abrirse totalmente a ellas. Porque la palabra del Señor descubre las cosas ocultas y es exigencia de conversión constante (A. Puig).

La redacción de este texto pudo ser a fines del siglo I, en una Iglesia duramente perseguida por el emperador Domiciano (81-96), y con otras crisis internas de fatiga, herejías y divisiones. El dragón y el Cordero lucharán, el mal y el bien.

Quizá también nosotros sintamos el reproche: "has abandonado el amor primero". La perseverancia nos cuesta a todos, y más en medio de un mundo que no nos ayuda a seguir los caminos de Jesús. Cada uno sabrá en qué ha decaído y, por tanto, en qué ha de recapacitar en estos últimos días del año y en el Adviento próximo. Que resuene dentro de nosotros la invitación del vidente: "recuerda de dónde has caído, conviértete y vuelve a proceder como antes". "¡Vuelve!".

3. El salmo primero nos invita a una renovada fidelidad: "dichoso el que no sigue el consejo de los impíos ni entra por la senda de los pecadores, sino que su gozo es la ley del Señor... el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal". El estribillo es esperanzador, como todo el Apocalipsis de donde se toma: "al que venciere le daré a comer del árbol de la vida".

Llucià Pou Sabat

 Fuente: www.almudi.org

 

 

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15 noviembre 2013 5 15 /11 /noviembre /2013 19:07

Meditación Lucas 21, 5-19: XXXIII Domingo. Tiempo Ordinario. Ciclo C. 17 de noviembre, 2013.

«Como algunos le hablaban del Templo, que estaba adornado con bellas piedras y ofrendas votivas, dijo: «Vendrán días en los que de esto que veis no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida. Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo acontecerá esto y cuál será la señal de que comienza a suceder?». El dijo: «Mirad no os dejéis engañar; pues muchos vendrán en mi nombre diciendo: Yo soy, y el momento esta próximo". No les sigáis. Cuando oigáis rumores de guerras y revoluciones, no os aterréis: porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato. Se levantará pueblo contra pueblo y reino contra reino; habrá grandes terremotos y, hambre y peste en diversos lugares; habrá cosas aterradoras y grandes señales en el cielo. Pero antes de todas estas cosas os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, llevándoos ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: esto os sucederá para dar testimonio. Determinad, pues, en vuestros corazones no tener preparado cómo habéis de responder; porque yo os daré palabras y sabiduría que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados incluso por padres y hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados por todos a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». (Lucas 21, 5-19)

1º. Jesús, al ver que aquellas gentes daban tanta importancia al templo de Jerusalén, profetizas su destrucción, que ocurrirá hacia el año 70 por obra de los romanos.

No quieres que pongan sus esperanzas en una obra humana: lo importante no es el templo, sino Dios que habita en el templo.

Las obras humanas pasan, pero Dios permanece para siempre.

Cuando la esperanza se apoya en Dios, que es todo poderoso y además es Padre, nada ni nadie la puede destruir.

Jesús, no me ocultas que, a lo largo de la historia, habrá guerras, terremotos, hambre y enfermedades.

Incluso en determinados momentos puede parecer que el mundo se viene abajo.

Sin embargo, el fin no es inmediato.

Todas estas calamidades y catástrofes tienen un sentido.

En concreto, la adversidad física o moral puede producir madurez humana y espiritual: puede ser ocasión de mayor unión con Dios y con las personas que comparten con nosotros aquel sufrimiento.

Jesús, ante todo me pides que confíe siempre en Ti; que en cualquier circunstancia, pero aún más cuando tenga mayor dificultad, sepa acudir a Ti para pedirte ayuda.

La virtud de la esperanza consiste precisamente en confiar en Ti, porque Tú eres mi Padre y quieres lo mejor para tus hijos.

Por eso, para el que se sabe hijo de Dios, todo lo que ocurre es para bien, y nada en esta tierra puede quitarle la alegría.

La virtud de la esperanza es una roca firme que mantiene segura mi fe y no deja que se apague mi amor por Ti.

Jesús, como quieres que sea santo, es decir, que en medio de mis tareas ordinarias y a base de luchar contra mis defectos, me identifique cada día más contigo, Tú me darás las gracias necesarias.

Esta firme esperanza en tu ayuda, me dará fuerzas para sobrellevar las dificultades con alegría, y contribuirá a robustecer mi voluntad.

2º. Jesús, pocos días antes de tu pasión quieres avisar a tus discípulos que la vida del cristiano no es una vida fácil: es una vida exigente, que no se adapta a las debilidades personales ni a las concepciones culturales; es una vida que va a chocar con el éxito de vida pagana de cada tiempo histórico.

Por ello, el cristiano va a ser perseguido y odiado, incluso por familiares y amigos, al igual que te persiguieron y odiaron a Ti.

Jesús, en la última cena, cuando recuerdas a los apóstoles los mandatos más importantes y les hablas con mayor intimidad que nunca, les vuelves a hacer la misma advertencia: «No es el siervo más que su Señor. Si me han perseguido a mí, también a vosotros os perseguirán» (Juan 15,20).

Quieres que estén preparados «para dar testimonio».

El cristiano ha de ser la sal de la tierra y la luz del mundo, dando testimonio con su vida mortificada y alegre de la fe que profesa.

Jesús, aunque dar testimonio cristiano puede resultar difícil en ocasiones me aseguras que Tú estarás siempre a mi lado: «Yo os daré palabras de sabiduría que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios».

Porque no voy a convencer a los que me rodean a base de argumentos teóricos o fórmulas matemáticas, sino por la atracción y el ejemplo de una vida entregada a Dios y a los demás: una vida sencilla, alegre, llena de sentido.

Esas son las «palabras» que Tú me das con tu gracia -tu vida en mí- y que nadie puede contradecir.

Tú me amas hasta el punto de morir por mí, y me pides que te siga, que sea tu discípulo: que viva realmente como un cristiano.

Hoy me recuerdas, Jesús, que el camino no es cuesta abajo ni está exento de peligros.

Seguirte a Ti comporta tomar la cruz, y aguantar la pendiente y el mal tiempo.

Jesús, me avisas de las dificultades, no para que me vuelva atrás, sino que para que -confiando siempre en Ti- persevere en el camino.

«Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.»

Y ¿cómo voy a perseverar a pesar del cansancio y de las contradicciones?

Enamorándome cada día más de Ti: Enamórate, y no «le» dejarás.

Ayúdame a tratarte de tal modo en mi oración personal, cada día, que me sienta ligado a Ti -como la hiedra se adhiere a la pared, dice una canción- por amor.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

Fuente: www.almudi.org

 

 

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15 noviembre 2013 5 15 /11 /noviembre /2013 17:40

Meditación Lucas 18,1-8.: Sábado XXXII Semana Tiempo Ordinario.  Ciclo C. 16 de noviembre, 2013.

Dios hará justicia a sus elegidos que le piden, y nos pide que cooperemos en la propagación de la verdad.

“En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: -«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad habla una viuda que solía ir a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario." Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, corno esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara. "» Y el Señor añadió: -«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»”(Lucas 18,1-8).

1. Lucas nos muestra muchas veces a Jesús orando y nos transmite su enseñanza sobre cómo debemos orar. Hoy, con la parábola de la viuda insistente.

-“Entonces les propuso esta parábola, para explicar a sus discípulos que tenían que orar siempre y no desanimarse”. Jesús quiere que despertemos de nuestras torpezas y de nuestras indiferencias, pero no quiere angustiarnos. Por eso, la contemplación del juicio en estos últimos días del año litúrgico, ha de hacerse con mucha paz. A las preguntas: ¿perseveraré hasta el fin? ¿Sería yo capaz de abandonar a Dios? ¿Podría mi fe desmoronarse por la duda o la desgracia?, el Señor nos habla de oración, que es una medicina anti-angustia:

-“Érase una vez un juez que no temía a Dios y se burlaba de los hombres. En la misma ciudad había una viuda que iba a decirle: «Hazme justicia»”. Las viudas eran generalmente objeto de explotación y marginación, junto con los huérfanos, los extranjeros y los enfermos. Podían buscar un defensor de sus derechos, que era llamado «Goel» y representaba el camino hacia una vida digna. Jesús toma este ejemplo y lo aplica a la oración. En la oración nos sentimos como la viuda: carentes de toda protección y a merced de la voluntad de Dios. Sin embargo, Dios no es un juez sordo o injusto. Dios se nos muestra como un Padre misericordioso, resuelto a escuchar a sus hijos. Fe y constancia, confianza y tenacidad, son las dos llaves que nos abren la posibilidad de un diálogo sincero con Dios y con los hermanos. Dios escucha el clamor de los marginados, de los oprimidos, de los justos. Si nosotros clamamos en estas condiciones hemos de tener la certeza de ser escuchados (servicio bíblico latinoamericano).

El juez por bastante tiempo no quiso atenderla, pero después pensó: "Yo no temo a Dios, ni respeto a los hombres; pero esa viuda me está amargando la vida: Le voy a hacer justicia para que no venga sin parar a importunarme..."” ¡Fijaos en lo que dice ese juez injusto!Pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que están clamando a El día y noche? Hemos de hacer como la viuda, seguros de que, si perseveramos, conseguiremos lo que pedimos, pues Jesús dijo esta parábola "para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse". Dios siempre escucha nuestra oración. Él quiere nuestro bien y nuestra salvación más que nosotros mismos. Nuestra oración es una respuesta, no es la primera palabra. Nuestra oración se encuentra con la voluntad de Dios, que deseaba lo mejor para nosotros. El Catecismo lo expresa con el ejemplo del encuentro de Jesús con la mujer samaritana, junto a la boca del pozo. "Nosotros vamos a buscar nuestra agua", pero resulta que ya estaba allí Jesús: "Cristo va al encuentro de todo ser humano, es el primero en buscarnos y el que nos pide de beber. Jesús tiene sed, su petición llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de él" (1560).

Esto se llama una parábola «a contraste» en la que la lección a sacar de ella es lo «contrario» del ejemplo expuesto. El juez es «sin Dios» y «sin misericordia» y acaba haciendo justicia... ¡Con cuánta mayor razón, Dios que es padre y ama a los hombres, hará justicia a los que ama y la hará prontamente! La lección esencial de la parábola no es la perseverancia en la oración, sino más bien en la certidumbre de ser atendida: si un hombre impío y sin escrúpulos acaba atendiendo a una pobretona, ¡cuánto más sensible será Dios a los clamores de los que, en su pobreza, se dirigen a El! Sus elegidos claman a El noche y día... Hay que rogar siempre, sin desanimarse... Vuelvo a escuchar esas palabras. Si nos pides esto, Señor Jesús, es porque Tú mismo lo has hecho también: orabas sin cesar noche y día. No nos pides nada imposible ¿Cómo trataré hoy de hacer algo mejor una plegaria continua? No, forzosamente, recitando fórmulas de plegarias... sino por una unión constante contigo.

-“Pero, cuando vuelva el Hijo del hombre, ¿encontrará Fe en la tierra?” Señor, confío en ti, y te pido que no te abandone jamás. ¿Qué voy a hacer HOY para alimentar mi fe? (Noel Quesson; J. Aldazábal).

Orar más y mejor es un deseo que a menudo se encadena con el deseo de hacer un poco de ejercicio físico, vigilar la dieta o comunicarnos con los amigos que hace años que no vemos. A veces tenemos la impresión de estar siempre empezando y de estar siempre interrumpiendo.

Cuando nos indignamos por la injusticia de los  hombres, y no podemos hacer nada, descubrimos a fondo la importancia de la oración. Nos podemos desanimar si no recibimos rápido lo que pedimos, y por eso, Jesús, nos cuentas la parábola que nos muestra la fuente de toda justicia y que conviene orar siempre, sin desfallecer jamás. Así la lucha por la justicia va unida a la confianza en Dios, íntimamente comprometido con los valores de la justicia (Josep Rius-Camps).

2. –“Cuando un sosegado silencio lo envolvía todo... Tu Palabra omnipotente, Señor, irrumpió en medio de este país”... En esta última página que leemos del libro de la Sabiduría, su autor reflexiona sobre la décima plaga que cayó sobre Egipto para que el Faraón se decidiera finalmente a dejar salir a los judíos hacia el desierto. No sólo Israel, sino todo el cosmos "retozaban como potros y triscaban como corderos, alabándote a ti, Señor, su libertador".

El éxodo de los israelitas fue una poderosa figura del definitivo éxodo, la muerte y resurrección de Jesús, su paso a través de la muerte a la nueva existencia, guiando, como nuevo Moisés, al pueblo de los salvados. Esta lectura nos prepara para la celebración del domingo y nos ayuda a refrescar nuestra admiración por las maravillas que ha obrado Dios. Tu Palabra, Señor, es siempre «activa» en el corazón de los hombres y en el de los acontecimientos. Pero, a menudo, no la oímos. Permanecemos envueltos en el silencio. Ayúdanos a percibir esta Voz.

-“La creación entera, obediente a tus decretos, se rehízo de nuevo en sus diversos elementos, a fin de que tus hijos fuesen preservados de todo daño”. El agua, los animales, el mar Rojo, intervienen para «salvar» a los hebreos, signo de que hay una correlación entre la "salvación de los justos" y el «equilibrio cósmico».

-“Se vio una nube proteger su campamento... Una tierra seca emerger del agua que la cubría... Un camino practicable a través del mar Rojo... Una verde llanura del oleaje impetuoso...” Es claramente como una "reproducción" de la creación primera. También en el Génesis el Espíritu, como una nube planeaba sobre las aguas (Gn 1,9). Así el Éxodo de Egipto es también la "evocación" de la creación futura. La Palabra de Dios que en el principio lo creó todo, está siempre presente sobre la tierra para preparar una "nueva creación" más allá de la muerte. En estas reflexiones hay una perspectiva, un sentido de la historia. Dios no ha hecho la "naturaleza", el "cuerpo", la "materia" para la destrucción. El proyecto de Dios no es tan solo la «salvación de las almas»: la creación material está realmente asociada al hombre. No olvidemos que ese texto fue escrito tan sólo unos años antes de Jesús. No solamente no desprecia Dios la «carne y el mundo material»... sino que "se encarna en él" y «resucita los cuerpos».

-“Los que tu mano protegía mientras contemplaban tan admirables prodigios, eran "como caballos conducidos a los pastizales". "Retozaban como corderos", alabándote a Ti, Señor, que los habías liberado”. La exultación corporal del hombre... es como la del caballo que salta y relincha percibiendo ya cerca el pastizal. La imagen es hermosa y audaz. Esforzándose por comprender el mundo, a veces el hombre tiende a separar "la materia del espíritu". En ciertos ambientes es de buen tono despreciar el cuerpo y la materia, lo que es una visión pesimista, jansenista. Es verdad que la "máquina", el "erotismo" pueden alienar al hombre. Pero el pensamiento cristiano no se resigna a un dualismo que diría: el espíritu es bueno... la materia es mala. De hecho, el dogma de la resurrección nos presenta como ideal buscar ya aquí y ahora, una reconciliación entre el cuerpo y el espíritu, un cuerpo flexible al ritmo del pensamiento y del amor. ¡Glorificar a Dios con todo mi ser y toda la naturaleza! (Noel  Quesson).

3. Nunca será suficiente nuestra gratitud y nuestros cantos de alegría. ¿Estamos joviales o tristes es nuestra Eucaristía? Los cantos nos ayudan a ver que la Pascua de Jesús hace nuevas todas las cosas, y eso nos hace interpretar positivamente la historia y los pequeños o grandes acontecimientos de nuestra vida, con la consecuencia de que siempre estemos optimistas y llenos de confianza en Dios. A ver si nos dejamos contagiar el entusiasmo del salmo y, con instrumentos o a viva voz, expresamos nuestra alabanza a Dios: "recordad las maravillas que hizo el Señor, cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas que se alegren los que buscan al Señor, porque sacó a su pueblo con alegría, a sus escogidos con gritos de triunfo". Es un amor que requiere correspondencia: “"Se alegre el corazón de los que buscan a Dios" (Sal 105,3). Si el hombre puede olvidar o rechazar a Dios, Dios no cesa de llamar a todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la dicha. Pero esta búsqueda exige del hombre todo el esfuerzo de su inteligencia, la rectitud de su voluntad, "un corazón recto", y también el testimonio de otros que le enseñen a buscar a Dios” (Catecismo 30).

Llucià Pou Sabaté

 Fuente: www.almudi.org

 

 

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14 noviembre 2013 4 14 /11 /noviembre /2013 17:09

Meditación Lucas, 17,26-37: Viernes XXXII Semana Tiempo Ordinario, Ciclo C. 15 de noviembre, 2013. 

El Hijo del Hombre vendrá en el día final, a poner justicia. Pero ya podemos vivir en el Reino siguiendo a Jesús

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará. Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán.» Ellos le preguntaron: -«¿Dónde, Señor?» Él contestó: -«Donde se reúnen los buitres, allí está el cuerpo»” (Lucas, 17,26-37).  

1. Si ayer nos anunciaba Jesús que el Reino es imprevisible, hoy refuerza su afirmación comparando su venida a la del diluvio en tiempos de Noé y al castigo de Sodoma en los de Lot.

A medida que el año litúrgico se acerca a su fin, nuestro pensamiento se orienta también hacia una reflexión sobre el «fin» de todas las cosas. «Todo lo que se acaba es corto». A medida que Jesús subía hacia Jerusalén, su pensamiento se orientaba hacia el último fin. En la lectura de hoy, Jesús nos propondrá que descifremos tres hechos históricos que considera símbolos de todo «Fin»: el diluvio... la destrucción de una ciudad entera, Sodoma... la ruina de Jerusalén...

-“En tiempo de Noé... En tiempo de Lot... Lo mismo sucederá el día que el Hijo del hombre se revelará...” En nuestro tiempo... Una salida de fin de semana... o bien en primavera... o durante el trabajo... o en plenas vacaciones...

-“Comían... Bebían... Se casaban... Compraban... Vendían... Sembraban... Construían”... Estamos en una sociedad de «consumo»... de «producción»..., como decimos hoy. De crisis, porque nos preocupa la situación en estos años. El diluvio sorprendió a la mayoría de las personas muy entretenidas en sus comidas y fiestas. El fuego que cayó sobre Sodoma encontró a sus habitantes muy ocupados en sus proyectos. No estaban preparados. Así sucederá al final de los tiempos. ¿Dónde? (otra pregunta de curiosidad): "donde está el cadáver se reunirán los buitres", o sea, en cualquier sitio donde estemos, allí será el encuentro definitivo con el juicio de Dios.

Lo que Jesús dice del final de la historia, con la llegada del Reino universal podemos aplicarlo al final de cada uno de nosotros, al momento de nuestra muerte, y también a esas gracias y momentos de salvación que se suceden en nuestra vida de cada día. Otras veces puso Jesús el ejemplo del ladrón que no avisa cuándo entrará en la casa, y el del dueño, que puede llegar a cualquier hora de la noche, y el del novio que, cuando va a iniciar su boda, llama a las muchachas que tengan preparada su lámpara. Estamos terminando el año litúrgico. Estas lecturas son un aviso para que siempre estemos preparados, vigilantes, mirando con seriedad hacia el futuro, que es cosa de sabios. Porque la vida es precaria y todos nosotros, muy caducos. Vale la pena asegurarnos los bienes definitivos, y no quedarnos encandilados por los que sólo valen aquí abajo. Sería una lástima que, en el examen final, tuviéramos que lamentarnos de que hemos perdido el tiempo, al comprobar que los criterios de Cristo son diferentes de los de este mundo: "el que pretenda guardarse su vida, la perderá, y el que la pierda, la recobrará". La seriedad de la vida va unida a una gozosa confianza, porque ese Jesús al que recibimos con fe en la Eucaristía es el que será nuestro Juez como Hijo del Hombre, y él nos ha asegurado: "el que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día" (J. Aldazábal).

Muchos no se poseen, están “entre-tenidos”, es decir “tenidos-entre muchas cosas”, distraídos… en satisfacer el hambre, la sed, el sexo, la afición por los negocios, trabajo, tareas. Dormir... Muchos afirman «no haber nada después de la muerte».

-“Entonces llegó el diluvio, y perecieron todos... Pero el día que Lot salió de Sodoma llovió fuego y azufre del cielo y perecieron todos...” La vida no es una «diversión» agradable. Es algo más…

-“Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas”. Jesús, eres el mismo que nos hablas de abandono en Dios, pero aquí quieres que hagamos examen, para no perder el tiempo, la vida…

-“Aquella noche estarán dos en una cama, a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán”. Nos repites que hay que estar «siempre a punto». «Dios mío, ¿será esta noche?» Cada día es el día del juicio (Noel Quesson).

Demasiado ocupados en sus cosas algunos prefieren no escuchar (como los habitantes de Sodoma); o abandonan la lucha retornando hacia lo antiguo (la mujer de Lot). De forma irresponsable, como con inconsciencia, afrontan muchos la vida. Pero el tiempo presente es ámbito de realización de la salvación para nosotros y para los demás. El tiempo es “kairós”, oportunidad de salvación que nos aleja de la despreocupación y de una vida “light”, en la espera del Señor que vendrá con gran poder y majestad; y quiere que estemos vigilantes, como el siervo bueno y fiel a quien el Amo confió el cuidado de todas sus posesiones y de los habitantes de su casa. El Señor viene en cada hombre y en cada acontecimiento de la vida, y si bien habrá un final, nuestra lucha en el hoy es servicio a Dios, amando, sirviendo, socorriendo, alimentando, visitando, consolando a nuestros prójimos que viven desprotegidos, construyendo un mundo más en paz y más fraternalmente unido por el amor. Entonces estaremos ciertos de que, al final, seremos de Dios y estaremos con Él eternamente (www.homiliacatolica.com).

Jesús, son enigmáticas las palabras que dices cuando te preguntan: -«¿Dónde, Señor?» Él contestó: -«Donde se reúnen los buitres, allí está el cuerpo».” El cuerpo, dicen algunos, sería el anticristo, al que hace referencia la primera lectura que vemos a continuación. Los buitres, son sus seguidores que buscan esa carroña de muerto. Mostraría la caducidad de lo malo, pues al final se queda en nada. Por contraste, las águilas serán los seguidores nobles del Cuerpo (de Cristo, la Eucaristía).

2. "Todo cambia", dicen. Y algunos miran al pasado como si fueran mejores. Juan nos habla aquí de afrontar firmemente las «herejías», las «falsas ideas».

-“Muchos seductores han salido al mundo que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne mortal: éste es el seductor y el Anticristo”. La verdad de la «encarnación» de Dios... está en la base de nuestra fe: «Jesús venido en carne mortal». Algunos «espirituales», siguiendo a algunos filósofos griegos desprecian la «materia» y la «carne». Lo rezamos: «se encarnó de María Virgen».

Tú, Señor, has venido a habitar entre nosotros. Gracias por tomar nuestra condición de hombres hasta la muerte. Gracias por compartir nuestras alegrías y nuestras penas, de cerca, desde la intimidad. Gracias por salvarnos de nuestros pecados, cargando sobre Ti nuestras faltas.

-“El que no permanece en la doctrina de Cristo, no posee a Dios”. Dios es inaccesible. No hay otro camino para encontrarle que el que pasa por Jesús. Jesús es el único que nos revela al verdadero Dios. A través de la «carne» de Jesús, «poseemos a Dios». La eucaristía es este signo, sensible, carnal, por así decirlo que nos hace encontrar a Dios.

-“He tenido el gozo de encontrarme entre los que viven en la verdad, según el mandamiento del Padre”... es la verdad del mandamiento nuevo: "Amaos los unos a los otros." Para Juan, todo eso guarda relación (Noel Quesson). "El que no ama, no conoce a Dios. Dios es Amor. Y a Dios se le encuentra cuando se ama".

3. La felicidad viene de acoger el don de Dios, es la vida buena que canta el salmo: “Dichoso el que, con vida intachable, / camina en la voluntad del Señor.

Dichoso el que, guardando sus preceptos, / lo busca de todo corazón.

Te busco de todo corazón, / no consientas que me desvíe de tus mandamientos”. Esto pido al Señor, cumplir su voluntad en su amor: “En mi corazón escondo tus consignas, / así no pecaré contra ti.

Haz bien a tu siervo: viviré / y cumpliré tus palabras.

Ábreme los ojos, y contemplaré / las maravillas de tu voluntad”.

Llucià Pou Sabaté

 

Fuente: www.almudi.org

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13 noviembre 2013 3 13 /11 /noviembre /2013 19:16

Meditación Lucas, 17,20-25: Jueves XXXII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C. 14 de noviembre, 2013.

El Reino de Dios se va haciendo realidad dentro de nosotros y en la Historia, cuando tenemos buen corazón a imagen de Jesús

“En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios Jesús les contestó: -«El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.» Dijo a sus discípulos: -«Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación»” (Lucas, 17,20-25).  

1. -“Los fariseos preguntaron a Jesús; «¿Cuándo va a llegar el reino de Dios?»” Para Israel, un Día, Dios tomaría el poder, y salvaría a su pueblo de todos sus opresores... Era la espera de «días mejores», la espera de la «gran noche», el deseo de «una sociedad nueva», el sueño de una humanidad feliz. No eran sólo los fariseos los que deseaban ese Día. Los Doce, ellos también, en el momento en que Jesús iba a dejarles, se acercaban aún a preguntarle: «¿Es ahora cuando vas a restaurar el Reino para Israel?» (Hch 1,6).

La llegada de los tiempos había anunciada por el profeta Daniel. Hay mucha curiosidad, entonces como ahora, por el final, apocalipsis, pero Jesús nunca contesta directamente a esta clase de preguntas, sino que aprovecha para aclarar algunos aspectos: "el Reino de Dios no vendrá espectacularmente", "el Reino de Dios está ya dentro de vosotros".

-“Jesús les contestó: "El Reino de Dios viene sin dejarse sentir"”. Rezamos muchas veces: "venga a nosotros tu Reino". Es como el fermento que actúa en lo escondido, la semilla que es sepultada en tierra y va produciendo su fruto. Está oculto, pero ya está actuando: en la Iglesia, en su Palabra, en los sacramentos, en la vitalidad de tantos y tantos cristianos que han creído en el evangelio y lo van cumpliendo. En los humildes y sencillos: "bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de los cielos". En lo sencillo, en lo cotidiano. Es el Dios de las cosas pequeñas. Al impetuoso Elías, Dios le dio una lección y se le apareció, no en el terremoto ni en el estruendo de la tormenta ni en el viento impetuoso, sino en una suave brisa. El Reino está "dentro de vosotros", o bien, "en medio de vosotros", como también se puede traducir, o "a vuestro alcance" (en griego es "entós hymón", y en latín "intra vos").

-“Ni podrán decir: «¡Míralo aquí o allí!" porque el Reino de Dios ya está entre vosotros”. Y es que el Reino es el mismo Jesús. Que, al final de los tiempos, se manifestará en plenitud, pero que ya está en medio de nosotros. Y más, para los que celebramos su Eucaristía: "el que me come, permanece en mí y yo en él" (J. Aldazábal).

Lo importante es el día de la fidelidad a la vida cotidiana, como hiciste tú, Jesús. Hasta que llegó Cristo, el hombre consideró el tiempo como una fatalidad que se le imponía desde fuera. Inclusive el judío que ansiaba ya más un tiempo de tipo lineal e "histórico", seguía concibiendo su evolución como una iniciativa exclusiva de Dios. Festejar el tiempo era conformarse con una evolución de la que no se poseían las llaves. Con Jesucristo, el primer hombre que percibió la eternidad del presente porque era Hombre-Dios, el hombre festeja su propio tiempo en la medida en que busca la eternidad de cada instante y la vive en la vida misma de Dios.

La vida cotidiana avanza según esto al compás de un calendario preestablecido; la memoria del pasado y los proyectos hacia el futuro solo sirven para contribuir al valor de eternidad que se encierra en el presente. No existe ningún día que haya que esperar más allá de la historia; cada día encierra en sí la eternidad para quien lo vive en unión con Dios (Maertens-Frisque).

No puede decirse: «Míralo aquí o allí»... simplemente porque ¡ya ha llegado! ¡Ese Reino está oculto! Para detectarlo es necesaria mucha agudeza de atención, buenos oídos finos para oír su susurro, y ojos nuevos para discernirlo «en la noche». ¡Ese Reino es misterio! No se le encuentra nunca en lo espectacular y ruidoso sino tan sólo en humildes trazos, en pobres «signos», en los sacramentos de su presencia oculta. Pero, como precisamente un signo es siempre frágil y ambiguo, hay que descifrarlo, interpretarlo... ese es el papel de la Fe.

-“Llegará un tiempo en que desearéis vivir siquiera un día con el Hijo del hombre y no lo veréis. Os dirán: «¡Míralo aquí, míralo allí!" No vayáis, no corráis detrás”. ¡Siempre tenemos la tentación de ir a buscar los signos de Dios en otra parte! Es en vuestra vida cotidiana donde se encuentra Dios.

-“Porque igual que el fulgor del relámpago brilla de un extremo a otro del cielo, así ocurrirá con el Hijo del hombre cuando vendrá en "su Día" Pero antes tiene que padecer mucho y ser rechazado por esa generación”. Sí, «un Día» vendrá para Gloria de Dios, para el Esplendor de Dios, para el Triunfo de Dios y de su Cristo. Será como el estruendo del trueno, como el rayo que cruza el firmamento: imprevisible, sorprendente, súbito. Pero, entre tanto, es el tiempo del «sufrimiento», del «rechazo», de la «humillación y vergüenza»: "Antes tiene que padecer mucho". Antes de ese triunfo de Jesús y de su Padre, ambos, escarnecidos, humillados, arrastrados en el lodo y la sangre... negados por los ateos, dejados de lado por los indiferentes... ridiculizados por todos los descreídos... y, por desgracia, traicionados por «los suyos». ¡Señor, ten piedad de nosotros! (Noel Quesson).

2. La carta que Pablo dirige a Filemón sobre su esclavo es el escrito más corto del Nuevo Testamento. El esclavo –Onésimo- había huido y se había convertido a la fe, y estaba con Pablo, que ahora lo devuelve según la justicia de la época y le exhorta a acogerlo con amor y no portarse con él como un amo pagano. Pablo no rechaza la esclavitud social pero sí la moral, luego las ideas penetrarán en las costumbres sociales. Se ponen las bases del amor y fraternidad que supera las diferencias globales que en aquel momento se dan aún consagradas por la ley y la costumbre.

Onésimo quiere decir "útil". Sin ir contra la ley, dirá Pablo que no habrá ya entre ellos una relación de "utilidad" sino de "fraternidad" en la que el “amo” no puede hacer lo que le plazca, ha quedado modificada. La llamada de Cristo acarrea una transformación radical de las relaciones: el esclavo se convierte en un liberto de Cristo y el libre se hace esclavo de Cristo. Esta libertad gracias a Cristo y la servidumbre bajo él, la hermandad en el Señor, es la solución dada por el cristianismo primitivo al problema de la esclavitud. Merced al evangelio se produce una nueva relación del hombre para con Dios, y ella crea a su vez una nueva relación respecto a los demás hombres, cuyo determinante es el amor. Habrá que esperar para que esas ideas fructifiquen en cambio social (Dabar 1977).

No puede abolir la esclavitud en el mundo, pero logra que dos hombres se sientan hermanos y se abracen. Nos toca no deshumanizar la vida cristiana. Antes están las personas que los principios. La dureza por la dureza no es cristiana (J. Guiteras).

Pablo le llama "Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión". Y ahora pide que lo acepte de nuevo "no como esclavo, sino como hermano querido", ya que ahora los dos, el amo y el esclavo, son cristianos. Y añade: "si te debe algo, ponlo en mi cuenta: yo, Pablo, te firmo el pagaré de mi puño". Al igual que el grado de marginación del niño o de la mujer, ahora Pablo, pide a Filemón la libertad a Onésimo.

3. El salmo nos muestra los sentimientos de Dios: “Que mantiene su fidelidad perpetuamente, / que hace justicia a los oprimidos, / que da pan a los hambrientos. / El Señor liberta a los cautivos”.  Son los que hemos de tener nosotros con los demás, transformando la sociedad paso a paso, persona a persona.

El Señor abre los ojos al ciego, / el Señor endereza a los que ya se doblan, / el Señor ama a los justos. / El Señor guarda a los peregrinos”. Sólo en la relación con cada persona podemos encontrar su misterio, y promover leyes para todos.

Sustenta al huérfano y a la viuda / y trastorna el camino de los malvados. / El Señor reina eternamente, / tu Dios, Sión, de edad en edad”. Así promovemos el Reino de Dios.

Llucià Pou Sabaté

 

Fuente: www.almudi.org

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