Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog
14 agosto 2011 7 14 /08 /agosto /2011 23:10

Meditación: Asunción de Nuestra Señora, La Virgen María. 15 de agosto

«Por aquellos días, María se levantó, y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y en cuanto oyó Isabel el saludo de María, el niño saltó de gozo en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando en voz alta, dijo: Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme? Pues en cuanto llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno; y bienaventurada tú que has creído, porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor. María dijo: Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador: porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava; por eso desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Porque ha hecho en mí cosas grandes el Todopoderoso, cuyo nombre es Santo, cuya misericordia se derrama de generación en generación sobre los que le temen. Manifestó el poder de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y ensalzó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos, y a los ricos los despidió sin nada. Acogió a Israel su siervo, recordando su misericordia, según había prometido a nuestros padres, a Abrahán y a su descendencia para siempre. María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa». (Lucas 1, 39-56)

1º. María se enteró, por el ángel, de que Isabel, la que llamaban estéril, iba a tener un hijo.

No le costó mucho a la Virgen darse cuenta de que la esclava del Señor tenía que ser, por ello mismo, esclava de los hombres.

Por eso, se puso en marcha hacia la montaña donde vivía Isabel: desde Galilea a Judea, desde Nazaret a Aim-Karim.

El evangelio dice que fue «de prisa».

¡Qué buen ejemplo el de María en este terreno!: darse prisa para el bien, «que los hijos de las tinieblas no descansan y siembran cizaña cuando se duermen los hijos de la luz» (Mateo 13, 25).

Hay en esta actitud todo un mundo de enseñanzas para nosotros.

«Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.»

¿Cómo fue el saludo de María?

Pero más importante que la palabra del saludo lo era la voz de María al saludar, esa voz del saludo, es decir, el tono, el acento, el amor que llevaba.

Este saludo y esta voz desencadenaron en Isabel un torrente de gracia y de alegría: Una voz que hacía saltar de gozo al Bautista en el seno materno, y que llenaba a Isabel del Espíritu Santo trayendo a sus labios una letanía de gloria: «-Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí que me visite la Madre de mi Señor? Dichosa tú porque has creído.»

Piropos encendidos...

Alabanzas, aclamaciones...

Detrás de todos estos elogios está el Espíritu Santo.

Es el Espíritu Santo quien impulsa al culto y la veneración a la Virgen.

La Virgen es bendita -como la llama Isabel- pues sobre ella se dijo la mejor palabra salida de la boca de Dios: bendita por su divina Maternidad, bendita por su fe, una fe que produce felicidad; bendita entre todas las mujeres, dichosa porque ha creído, santa Madre de Dios.

2º. El Magníficat

Ante el raudal de alabanzas que se le prodiga, la humildad de María se vuelve hacia Dios para referírselo todo a El.

Nunca se queda la Virgen con la gloria.

La gloria es de Dios.

«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador.»

En estos dos verbos está contenida la actividad espiritual de María Santísima.

Esta es la actitud de la Virgen, colmada ella como nadie de la plenitud del Espíritu Santo, cantar la gloria de Dios.

Pero hay dos verbos también, en el Magnificat, que expresan la acción de Dios sobre la Virgen: «Miró la humillación de su esclava, hizo en ella cosas grandes»

La mirada de Dios sobre la actitud humilde de la Virgen que se hace pequeña y se anonada y se considera -se sabe- esclava del Señor.

¡Cómo descansa la mirada de Dios en una persona así!

Este verbo indica una mirada de predilección.

Mirada de amor de preferencia por la Virgen, por la pequeñez de la Virgen, por su profundísima humildad.

«Hizo en mí cosas grandes.»

Dios es el Hacedor. Cosas grandes ciertamente.

Pero Dios hizo cosas grandes sobre todo en María: la hizo Inmaculada desde el primer instante de su concepción, la colmó de gracia, la llevó hasta los linderos de la divinidad por la grandeza de la divina maternidad, la hizo corredentora al pie de la Cruz, la constituyó Medianera universal de todas las gracias, la llevó en cuerpo y alma a la gloria del cielo, la coronó como Reina y Señora de todo lo creado...

Esta es la actitud de Dios con la Virgen.

¿Y cuál es la actitud de los hombres, de nosotros?

Ella lo dice en una palabra: «me llamarán dichosa.»

Nosotros, según la enseñanza de Cristo, llamamos dichosos, bienaventurados, a los pobres, a los mansos, a los que tienen hambre y sed de justicia...

Pero todos estos adjetivos se concentran en María.

Llamamos dichosa a María.

Clamaría después una mujer del pueblo hablando con Jesús: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».

Y todas las generaciones del mundo harán lo mismo: «me felicitarán.»

Desgraciado aquel que no lo haga, que se niegue a proclamarla bienaventurada y a bendecirla precisamente a causa de su disponibilidad, su amor y entrega a Dios.

Pienso que quien la alabe y la felicite de todo corazón tendrá en sí el alma de María, el espíritu de María, para engrandecer a Dios y exultar de gozo en el Señor.

La actitud del cristiano con María es manifestativa de la actitud del cristiano con Dios.

3º. San Lucas termina este pasaje diciendo que la visita de María duró unos tres meses, es decir, hasta el tiempo en que Isabel dio a luz.

Duró su visita mientras hizo falta, mientras fueron necesarios sus servicios.

«Y luego volvió a su casa» -dice el evangelio.

Es el don de la oportunidad, que en sumo grado tenía la Virgen.

También estará en las bodas de Caná, ayudando, sirviendo, dándose cuenta la primera de que escaseaba el vino, y luego desapareciendo otra vez.

Hacer y desaparecer.

Es el gozo de servir.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Tiempo ordinario. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

 

Compartir este post
Repost0
13 agosto 2011 6 13 /08 /agosto /2011 18:11

Meditación: Domingo XX Semana T. O. Ciclo A. 14 de agosto 2011.

«Después que Jesús partió de allí, se retiró a la región de Tiro y Sidón. En esto una mujer cananea, venida de aquellos contornos, se puso a gritar: ¡Señor Hijo de David, apiádate de mí! Mi hija es cruelmente atormentada por el demonio. Pero él no le respondió palabra. Entonces, acercándose sus discípulos, le rogaban diciendo: Atiéndela y que se vaya, pues viene gritando detrás de nosotros. El respondió: No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Ella, no obstante, se acercó y se postró ante él diciendo: ¡Señor ayúdame! El le respondió: No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos. Pero ella dijo: Es verdad, Señor pero también los perrillos comen de las migajas que caen de las mesas de sus amos. Entonces Jesús le respondió: ¡Oh mujer grande es tu fe! Hágase como tú quieres. Y quedó sana su hija en aquel instante. (Mateo 15, 21-28)

 

1º. Jesús, la mujer cananea del Evangelio de hoy me enseña una gran lección -lección de fe, lección de humildad y lección de perseverancia-  a la hora de pedirte lo que necesito para mi o para mis seres queridos.

Ojalá aprenda de ella esta triple lección, y  como ella  consiga de Ti las gracias que necesito.

+Lección de fe.

La fe es el primer requisito para que mi oración sea escuchada.

Jesús, Tú siempre pides fe antes de hacer un milagro.

«Todo es posible para el que cree» (Marcos 9,23).

A veces, como en el caso de hoy, pones esa fe a prueba.

Incluso puede parecer que no me escuchas, que no me quieres.

Haces como el padre que enseña a andar a su hijo: se separa unos pasos, y cuando el niño -con gran esfuerzo- va a llegar a su padre, él se separa un poco más.

No se separa porque no le quiera, sino para que aprenda a caminar.

Cuando me pides más fe, no me dejas sólo.

Me estás esperando, para poder decirme: «¡grande es tu fe! Hágase como tú quieres.»

+Lección de humildad.

«Se acercó y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, ayúdame!»

Esta es la actitud del alma humilde que se ve necesitada.

Yo también he de acercarme a Ti, y pedirte con humildad: ¡Jesús, ayúdame! Sé que no me merezco nada, después de lo poco que he hecho por Ti.

«Es verdad Señor, pero también los perrillos comen de las migajas que caen de las mesas de sus amos».

Aunque no me lo merezca, Jesús, ¡ten piedad de mí!

2º. «Persevera en la oración. -Persevera, aunque tu labor parezca estéril. -La oración es siempre fecunda» (Camino.-101)

+Lección de perseverancia.

Los discípulos te piden que atiendas a la mujer cananea pues «viene gritando detrás de nosotros.»

No se cansa de pedir, a pesar de que Tú no le respondes.

Ni siquiera se rinde cuando le pones a prueba diciendo que has sido enviado sólo «a las ovejas perdidas de la casa de Israel».

«No por eso desmaye y deje la oración y de hacer lo que todas, que a las veces viene el Señor muy tarde, y paga tan bien y tan junto como pagó en muchos anos» (Santa Teresa.-Camino de perfección).

 Esta mujer no se cansa, y por eso recibe.

Persevera en la oración.

Jesús, que no me canse de pedir siempre lo mismo, si hace falta.

Sé que me escuchas y que me atiendes, pero soy como un niño pequeño que, a veces, pide lo que no conviene o en un momento que no conviene.

Lo que puedo aprender de los niños pequeños es su perseverancia en el pedir: piden y piden, hasta que reciben.

«Persevera, aunque tu labor parezca estéril.»

Jesús, aunque parezca inútil mi esfuerzo, mi dedicación, mi petición, Tú quieres que siga pidiendo.

El simple hecho de pedirte cosas, me fortalece espiritualmente: aumenta mi fe, mi esperanza y mi amor a Ti, me aumenta la gracia.

Por eso, a veces, Tú prefieres esperar un poco, y aprovechar esa necesidad mía para que pida más y, por tanto, para darme más gracia.

Que me convenza, Jesús, de que la oración es siempre fecunda.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Tiempo ordinario. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

 

Compartir este post
Repost0
12 agosto 2011 5 12 /08 /agosto /2011 22:30

Meditación: Sábado XIX Semana T.O. Ciclo A. 13 de agosto 2011; año impar

«Entonces le presentaron unos niños, para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían. Ante esto, Jesús, dijo: Dejad a los niños que vengan a mí, porque de éstos es el Reino de los Cielos. Y después de imponerles las manos, se marchó de allí» (Mateo 19, 13-15)

1º. Jesús, ¿por qué los discípulos riñen a los que te presentaban a esos niños?

Claramente esas personas tienen una buena intención: que les impongas tus manos y que ores por ellos.

Sin embargo, probablemente los discípulos pensaran que era una pérdida de tiempo para el Maestro tener que atender a unos niños, pues todavía no eran capaces de entender tu mensaje.

Tu respuesta es clara: «dejad a los niños que vengan a mí».

Hay gente que no quiere bautizar a los niños porque prefieren esperar a que puedan decidir por sí solos.

Tal vez sin darse cuenta, les están impidiendo que se acerquen a Ti.

Además, de esta manera, les dificultan la posibilidad de que te encuentren en el futuro.

Al igual que una buena madre da a sus hijos pequeños el mejor alimento, sin dejar que escojan, es lógico que les den también el mejor alimento espiritual, la puerta de toda gracia: el Bautismo.

«Puesto que nacen con una naturaleza humana caída y manchada por el pecado original, los niños necesitan también el nuevo nacimiento en el Bautismo para ser librados del poder de las tinieblas y ser trasladados al dominio de la libertad de los hijos de Dios, a la que todos lo hombres están llamados. La pura gratuidad de la gracia de la salvación se manifiesta particularmente en el bautismo de niños. Por tanto, la Iglesia y los padres privarían al niño de la gracia inestimable de ser hijos de Dios si no le administraran el Bautismo poco después de su nacimiento.» (C. I. C.-1250)

«Porque de éstos es el Reino de los Cielos.»

Jesús, quieres que yo también sea pequeño en mi vida espiritual: que me sienta necesitado de tu ayuda, que confíe plenamente en Ti, que no me asuste ante las dificultades, que no me avergüence confesar mis pecados, que sepa amar con ternura, que me invada la seguridad, alegría y paz propia de saberme hijo pequeño de Dios.

2º. «Cuando éramos pequeños, nos pegábamos a nuestra madre, al pasar por caminos oscuros o por donde había perros.

Ahora, al sentir las tentaciones de la carne, debemos juntarnos estrechamente a Nuestra Madre del Cielo, por medio de su presencia bien cercana y por medio de las jaculatorias.

Ella nos defenderá y nos llevará a la luz» (Surco 847).

María, Jesús quiso -desde la Cruz- que te tratara como madre.

Sabía que, aunque la gracia que me estaba consiguiendo con su sacrificio es más que suficiente para que me haga santo, iba a necesitar la ayuda de aquélla que era Inmaculada y Reina del Universo.

María, tú me quieres con amor de madre, me comprendes, me disculpas, estás pendiente de mí, como lo está una madre de su hijo pequeño.

El problema es que, a veces, yo no estoy tan pendiente de ti: voy a mi aire, por mi cuenta, sin atender a tus consejos y a tus cuidados.

Y en los momentos de debilidad, al sentir las tentaciones de la carne, me encuentro solo, perdido, sin fuerzas.

He querido ser mayor en la vida espiritual, y me he olvidado de que el Reino de los Cielos es para los que se hacen como niños.

Madre, me podrás ayudar en los momentos difíciles si te tengo a mi lado por medio de tu presencia bien cercana y por medio de las jaculatorias.

Si me esfuerzo en saludar a tus imágenes  tal vez llevando una estampa en la cartera, como los novios tienen el retrato de la novia para mirarla de vez en cuando, si trato de rezar el rosario con atención, el Ángelus a mediodía y las tres avemarías por la noche, cuando me encuentre a oscuras o en peligro, tú me defenderás y me llevarás a la luz.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Tiempo ordinario. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

 

Compartir este post
Repost0
11 agosto 2011 4 11 /08 /agosto /2011 20:10

Meditación: Santa Juana Francisca de Chantal. 12 de agosto

Santa Juana Francisca Fremiot nació en Dijon, Francia, el 23 de enero, de 1572, nueve años después de finalizado el Concilio de Trento. De esta manera, estaba destinada a ser uno de los grandes santos que el Señor levantó para defender y renovar a la Iglesia después del caos causado por la división de los protestantes. Santa Juana fue contemporánea de S. Carlos Borromeo de Italia, de Sta. Teresa de Ávila y S. Juan de la Cruz de España, de S. Juan Eudes y de sus compatriotas, el Cardenal de Berulle, el Padre Olier y sus dos renombrados directores espirituales, San Francisco de Sales y San Vicente de Paúl.  En el mundo secular, fue contemporánea de Catalina de Medici, del Rey Luis XIII, Richelieu, Mary Stuart, la Reina Isabel y Shakespeare. Murió en Moulins el 13 de diciembre, de 1641.

Su madre murió cuando tenía tan solo dieciocho meses de vida. Su padre, hombre distinguido, de recia personalidad y una gran fe, se convirtió así en la mayor influencia de su niñez. A los veintiún años se casó con el Barón Christophe de Rabutin-Chantal, de quien tuvo seis hijos. Dos de ellos murieron en la temprana niñez. Un varón y tres niñas sobrevivieron. Tras siete años de matrimonio ideal, su esposo murió en un accidente de cacería. Ella educó a sus hijos cristianamente.

En el otoño de 1602, el suegro de Juana la forzó a vivir en su castillo de Monthelon, amenazándola con desheredar a sus hijos si se rehusaba. Ella pasó unos siete años bajo su errática y dominante custodia, aguantando malos tratos y humillaciones. En 1604, en una visita a su padre, conoció a San Francisco de Sales. Con esto comenzó un nuevo capítulo en su vida.

Bajo la brillante dirección espiritual de San Francisco de Sales, nuestra Santa creció en sabiduría espiritual y auténtica santidad. Trabajando juntos, fundaron la Orden de la Visitación de Annecy en 1610. Su plan al principio fue el de establecer un instituto religioso muy práctico algo similar al de las Hijas de la Caridad, de S. V. de Paúl. No obstante, bajo el consejo enérgico e incluso imperativo del Cardenal de Marquemont de Lyons, los santos se vieron obligados a renunciar al cuidado de los enfermos, de los pobres y de los presos y otros apostolados para establecer una vida de claustro riguroso. El título oficial de la Orden fue la Visitación de Santa María.

Sabemos que cuando la Santa, bajo la guía espiritual de S. Francisco de Sales, tomó la decisión de dedicarse por completo a Dios y a la vida religiosa, repartió sus joyas valiosas y sus pertenencias entre sus allegados y seres queridos con abandono amoroso. De allí en adelante, estos preciosos regalos se conocieron como "las Joyas de nuestra Santa." Gracias a Dios que ella dejó para la posteridad joyas aún más preciosas de sabiduría espiritual y edificación religiosa.

A diferencia de Sta. Teresa de Ávila y de otros santos, Juana no escribió sus exhortaciones, conferencias e instrucciones, sino que fueron anotadas y entregadas a la posteridad gracias a muchas monjas fieles y admiradoras de su Orden.

Uno de los factores providenciales en la vida de Sta. Juana fue el hecho de que su vida espiritual fuera dirigida por dos de los más grandes santos todas las épocas, S. Francisco de Sales y S. Vicente de Paúl. Todos los escritos de la Santa revelan la inspiración del Espíritu Santo y de estos grandiosos hombres. Ellos, a su vez, deben haberla guiado a los escritos de otros grandes santos, ya que vemos que ella les indicaba a sus Maestras de Novicias que se aseguraran de que los escritos de Sta. Teresa de Ávila se leyeran y estudiaran en los Noviciados de la Orden.

Santa Juana fue una auténtica contemplativa. Al igual que Sta. Brígida de Suecia y otros místicos, era una persona muy activa, llena de múltiples proyectos para la gloria de Dios y la santificación de las almas. Estableció no menos de ochenta y seis casas de la Orden. Se estima que escribió no menos de once mil cartas, que son verdaderas gemas de profunda espiritualidad. Más de dos mil de éstas se conservan todavía. La fundación de tantas casas en tan pocos años, la forzó a viajar mucho, cuando los viajes eran un verdadero trabajo.

Sta. Juana le escribió muchas cartas a S. Francisco de Sales, en búsqueda de guía espiritual. Desafortunadamente, después de la muerte de S. Francisco la mayoría de las cartas le fueron devueltas a Sta. Juana por uno de los miembros de la familia de Sales. Como era de esperarse, ella las destruyó, a causa de su naturaleza personal sagrada. De este modo, el mundo quedó privado de lo que pudo haber sido una de las mejores colecciones de escritos espirituales de esta naturaleza.


--------------------------------------------------------------------------------

SANTA JUANA FRANCISCA FREMIOT DE CHANTAL
VIUDA; COFUNDADORA DE LA CONGREGACIÓN DE LA VISITACIÓN (1641 P.C.)

Nació en el año 1572 en Dijon (Francia). Casada con el barón de Chantal, tuvo seis hijos, a los que educó cristianamente. Muerto su marido, llevó, bajo la dirección de san Francisco de Sales, una admirable vida de perfección, ejerciendo, sobre todo, la caridad con los pobres y enfermos. Fundó el Instituto de la Visitación, y lo gobernó sabiamente. Murió el año 1641.

Vida familiar

El padre de Santa Juana de Chantal era Benigno Frémiot, presidente del parlamento de Borgoña. El señor Frémiot había quedado viudo cuando sus hijos eran todavía pequeños, pero no ahorró ningún esfuerzo para educarlos en la práctica de la virtud y prepararlos para la vida. Juana, que recibió en la confirmación el nombre de Francisca, fue sin duda la que mejor supo aprovechar esa magnífica educación. Cuando la joven tenía veinte años, su padre, que la amaba tiernamente, la concedió en matrimonio al barón de Chantal, Cristóbal de Rabutin. El barón tenía veintisiete años, era oficial del ejército francés y contaba con un largo historial de victoriosos duelos; su madre descendía de la Beata Humbelina, cuya fiesta se celebra también el día de hoy. El matrimonio tuvo lugar en Dijon y Juana Francisca partió con su marido a Bourbilly. Desde la muerte de su madre, el barón no había llevado una vida muy ordenada, de suerte que la servidumbre de su casa se había acostumbrado a cierta falta de disciplina; en consecuencia, el primer cuidado de la flamante baronesa fue establecer el orden en su casa. Los tres primeros hijos del matrimonio murieron poco después de nacer; pero los jóvenes esposos tuvieron después un niño y tres niñas que vivieron. Por otra parte, poseían cuanto puede constituir la felicidad a los ojos del mundo y procuraban corresponder a tantas bendiciones del cielo. Cuando su marido se hallaba ausente, la baronesa se vestía en forma muy modesta y, si alguien le preguntase por qué, ella respondía: "Los ojos de aquél a quien quiero agradar están a cien leguas de aquí". Las palabras que San Francisco de Sales dijo más tarde sobre Santa Juana Francisca podían aplicársele ya desde entonces: "La señora de Chantal es la mujer fuerte que Salomón no podía encontrar en Jerusalén".

El dolor visita

Pero la felicidad de la familia sólo duró nueve años. En 1601, el barón de Chantal salió de cacería con su amigo, el señor D'Aulézy, quien accidentalmente le hirió en la parte superior del muslo. El barón sobrevivió nueve días, durante los cuales sufrió un verdadero martirio a manos de un cirujano muy torpe y recibió los últimos sacramentos con ejemplar resignación, La baronesa había vivido exclusivamente para su esposo, de modo que el lector puede suponer fácilmente su dolor al verse viuda a los veintiocho años. Durante cuatro meses estuvo sumida en el más profundo dolor, hasta que una carta de su padre le recordó sus obligaciones para con sus hijos. Para demostrar que había perdonado de corazón al señor D'Aulézy, la baronesa le prestó cuantos servicios pudo y fue madrina de uno de sus hijos. Por otra parte, redobló sus limosnas a los pobres y consagró su tiempo a la educación e instrucción de sus hijos. Juana pedía constantemente a Dios que le diese un guía verdaderamente santo, capaz de ayudarla a cumplir perfectamente su voluntad. Una vez, mientras repetía esta oración, vio súbitamente a un hombre cuyas facciones y modo de vestir reconocería más tarde, al encontrar en Dijon a San Francisco de Sales.En otra ocasión, se vio a sí misma en un bosquecillo, tratando en vano de encontrar una iglesia. Por aquel medio, Dios le dio a entender que el amor divino tenía que consumir la imperfección del amor propio que había en su corazón y que se vería obligada a enfrentarse con numerosas dificultades. La futura santa fue a pasar el año del luto en Dijon, a casa de su padre. Más tarde, se trasladó con sus hijos a Monthelon, cerca de Autun, donde habitaba su suegro, que tenía ya setenta y cinco años. Desde entonces, cambió su hermosa y querida casa de Bourbilly por un viejo castillo. A pesar de que su suegro era un anciano vanidoso, orgulloso y extravagante, dominado por una ama de llaves insolente y de mala reputación, la noble dama no pronunció jamás una sola palabra de queja y se esforzó por mostrarse alegre y amable.

Un guía espiritual excepcional

En 1604, San Francisco de Sales fue a predicar la cuaresma a Dijon y Juana se trasladó ahí con su suegro para oír al famoso predicador. Al punto reconoció en él al hombre que había vislumbrado en su visión y comprendió que era el director espiritual que tanto había pedido a Dios. San Francisco cenaba frecuentemente en casa del padre de Juana Francisca y ahí se ganó, poco a poco, la confianza de ésta. Ella deseaba abrirle su corazón, pero la retenía un voto que había hecho por consejo de un director espiritual indiscreto, de no abrir su conciencia a ningún otro sacerdote. Pero no por ello dejó de sacar gran provecho de la presencia del santo obispo, quien a su vez se sintió profundamente impresionado por la piedad de Juana Francisca. En cierta ocasión en que se había vestido más elegantemente que de ordinario, San Francisco de Sales le dijo: "¿Pensáis casaros de nuevo?" "De ninguna manera, Excelencia", replicó ella. "Entonces os aconsejo que no tentéis al diablo", le dijo el santo. Juana Francisca siguió el consejo.

Después de vencer sus escrúpulos sobre su voto indiscreto, la santa consiguió que Francisco de Sales aceptara dirigirla. Por consejo suyo, moderó un tanto sus devociones y ejercicios de piedad para poder cumplir con sus obligaciones mundanas en tanto que vivía con su padre o con su suegro. Lo hizo con tanto éxito, que alguien dijo de ella: "Esta dama es capaz de orar todo el día sin molestar a nadie". De acuerdo con una estricta regla de vida, consagrada la mayor parte de su tiempo a sus hijos, visitaba a los enfermos pobres de los alrededores y pasaba en vela noches enteras junto a los agonizantes. La bondad y mansedumbre de su carácter mostraban hasta qué punto había secundado las exigencias de la gracia, porque en su naturaleza firme y fuerte había cierta dureza y rigidez que sólo consiguió vencer del todo al cabo de largos años de oración, sufrimiento y paciente sumisión a la dirección espiritual. Tal fue la obra de San Francisco de Sales, a quien Juana Francisca iba a ver, de cuando en cuando, a Annecy y con quien sostenía una nutrida correspondencia. El santo la moderó mucho en materia de mortificaciones corporales, recordándole que San Carlos Borromeo, "cuya libertad de espíritu tenía por base la verdadera caridad", no vacilaba en brindar con sus vecinos, y que San Ignacio de Loyola había comido tranquilamente carne los viernes Por consejo de un médico, "en tanto que un hombre de espíritu estrecho hubiese discutido esa orden cuando menos durante tres días". San Francisco de Sales no permitía que su dirigida olvidase que estaba todavía en el mundo, que tenía un padre anciano y, sobre todo, que era madre; con frecuencia le hablaba de la educación de sus hijos y moderaba su tendencia a ser demasiado estricta con ellos. En esta forma, los hijos de Juana Francisca se beneficiaron de la dirección de San Francisco de Sales tanto como su madre.

Sueño hecho realidad

Durante algún tiempo, la señora de Chantal se sintió inclinada a la vida conventual por varios motivos, entre los que se contaba la presencia de las carmelitas en Dijon. San Francisco de Sales, después de algún tiempo de consultar el asunto con Dios, le habló en 1607 de su proyecto de fundar la nueva Congregación de la Visitación. Santa Juana acogió gozosamente el proyecto; pero la edad de su padre, sus propias obligaciones de familia y la situación de los asuntos de su casa constituían, por el momento, obstáculos que la hacían sufrir. Juana Francisca respondió a su director que la educación de sus hijos exigía su presencia en el mundo, pero el santo le respondió que sus hijos ya no eran niños y que desde el claustro podría velar por ellos tal vez con más fruto, sobre todo si tomaba en cuenta que los dos mayores estaban ya en edad de "entrar en el mundo". En esa forma, lógica y serena, resolvió San Francisco de Sales todas las dificultades de la señora de Chantal.

Antes de abandonar el mundo, Juana Francisca casó a su hija mayor con el barón de Thorens, hermano de San Francisco de Sales, y se llevó consigo al convento a sus dos hijas menores; la primera murió al Poco tiempo, y la segunda se caso más tarde con el señor de Toulonjon. Celso Benigno, el hijo mayor, quedó al cuidado de su abuelo y de varios tutores. Después de despedirse de sus amistades, Juana fue a decir adiós a Celso Benigno. El joven, que había tratado en vano de apartarla de su resolución, se tendió por tierra ante el dintel de la puerta de la habitación para cerrarle la salida, pero la santa no se dejó vencer por la tentación de escoger la solución más fácil y pasó sobre el cuerpo de su hijo. Frente a la casa la esperaba su anciano padre, Juana Francisca se postró de rodillas y, llorando, le pidió su bendición. El anciano le impuso las manos y le dijo: "No puedo reprocharte lo que haces. Ve con mi bendición. Te ofrezco a Dios como Abraham le ofreció a Isaac, a quien amaba tanto como yo a ti. Ve a donde Dios te llama y sé feliz en Su casa. Ruega por mí". La santa inauguró el nuevo convento el domingo de la Santísima Trinidad de 1610, en una casa que San Francisco de Sales le había proporcionado, a orillas del lago de Annecy. Las primeras compañeras de Juana Francisca fueron María Favre, Carlota de Bréchard y una sirvienta llamada Ana Coste. Pronto ingresaron en el convento otras diez religiosas. Hasta ese momento, la congregación no tenía todavía nombre y la única idea clara que San Francisco de Sales poseía sobre su finalidad, era que debía servir de puerto de refugio a quienes no podían ingresar en otras congregaciones y que las religiosas no debían vivir en clausura para poder consagrarse con, mayor facilidad a las obras de apostolado y caridad.

Naturalmente, la idea provocó fuerte oposición por parte de los espíritus estrechos e incapaces de aceptar algo nuevo. San Francisco de Sales acabó por modificar sus planes y aceptar la clausura para sus religiosas. A las reglas de San Agustín añadió unas constituciones admirables por su sabiduría y moderación, Año demasiado duras para los débiles y no demasiado suaves para los fuertes. Lo único que se negó a cambiar fue el nombre de la Congregación de la Visitación de Nuestra Señora, y Santa Juana Francisca le exhortó a hacer concesiones en ese punto. El santo quería que la humildad y la mansedumbre fuesen la base de la observancia. "Pero en la práctica", decía a sus religiosas, "la humildad es la fuente de todas las otras virtudes; no pongáis límites a la humildad y haced de ella el principio de todas vuestras acciones.

Fuente de amor y alegría

Para bien de Santa Juana y de las hermanas más experimentadas, el santo obispo escribió el "Tratado del amor de Dios". Santa Juana progresó tanto en la virtud bajo la dirección de San Francisco de Sales, que éste le permitió que hiciese el voto de que, en todas las ocasiones, realizaría lo que juzgase más perfecto a los ojos de Dios. Inútil decir que la santa gobernó prudentemente su comunidad, inspirándose en el espíritu de su director.

La madre de Chantal tuvo que salir frecuentemente de Annecy, tanto para fundar nuevos conventos como para cumplir con sus obligaciones de familia. Un año después de la toma de hábito, se vio obligada a pasar tres meses en Dijon, con motivo de la muerte de su padre, para poner en orden sus asuntos. Sus parientes aprovecharon la ocasión para intentar hacerla volver al mundo. Una mujer exclamó al verla: "¿Cómo podéis sepultaros en dos metros de tela? Deberíais hacer pedazos ese velo". San Francisco de Sales le escribió entonces las palabras decisivas: "Si os hubiéseis casado de nuevo con algún señor de Gascuña o de Bretaña, habríais tenido que abandonar a vuestra familia y nadie habría opuesto en ese caso la menor objeción . . ." Después de la fundación de los conventos de Lyon, Moulins, Grénoble y Bourges Francisco de Sales, que estaba entonces en París, mandó llamar a la madre de Chantal para que fundase un convento en dicha ciudad. A pesar de las intrigas y la oposición, Santa Juana Francisca consiguió fundarlo en 1619. Dios la sostuvo, le dio valor y la santa se ganó la admiración de sus más acerbos opositores con su paciencia y mansedumbre. Ella misma gobernó durante tres años el convento de París, bajo la dirección de San Vicente de Paul y ahí conoció a Angélica Arnauld, la abadesa de Port-Royal, quien le consiguió permiso de renunciar a su cargo e ingresar en la Congregación de la Visitación.

Una dolorosa pérdida

En 1622, murió San Francisco de Sales y su muerte constituyó un rudo golpe para la madre de Chantal; pero su conformidad con la voluntad divina le ayudó a soportarlo con invencible paciencia. El santo fue sepultado en el convento de la Visitación de Annecy. En 1627, murió Celso Benigno en la isla de Ré, durante las batallas contra los ingleses y los hugonotes; el hijo de la santa, que no tenía sino treinta y un años, dejaba a su esposa viuda y con una hijita de un año, la que con el tiempo sería la célebre Madame de Sévigné. Santa Juana Francisca recibió la noticia con heroica fortaleza y ofreció su corazón a Dios, diciendo: "Destruye, corta y quema cuanto se oponga a tu santa voluntad". El año siguiente, se desató una terrible peste, que asoló Francia, Saboya y el Piamonte, y diezmó varios conventos de la Visitación. Cuando la peste llegó a Annecy, la santa se negó a abandonar la ciudad, puso a la disposición del pueblo todos los recursos de su convento y espoleó a las autoridades a tomar medidas más eficaces para asistir a los enfermos. En 1632, murieron la viuda de Celso Benigno, Antonio de Toulonjon (el yerno de la santa, a quien esta quería mucho) y el P. Miguel Favre, quien había sido el confesor de San Francisco y era muy amigo de las visitantinas. A estas pruebas se añadieron la angustia, la oscuridad y la sequedad espiritual, que en ciertos momentos era Dios que permite con frecuencia que las almas que le son más queridas atraviesen por largos períodos de bruma, oscuridad y angustia; pero a través de ellos las casi insoportables, como lo prueban algunas cartas de Santa Juana Francisca, lleva con mano segura a las fuentes de la felicidad y al centro de la luz.

Santa muerte

En los años de 1635 y 1636, la santa visitó todos los conventos de la Visitación, que eran ya sesenta y cinco, pues muchos de ellos no habían tenido aún el consuelo de conocerla. En 1641, fue a Francia para ver a Madame de Montmorency en una misión de caridad. Ese fue su último viaje.

La reina Ana de Austria la convidó a París, donde la colmó de honores y distinciones con gran confusión por parte de la homenajeada. Al regreso, cayó enferma en el convento de Moulins, donde murió el 13 de diciembre de 1641, a los sesenta y nueve años de edad. Su cuerpo fue trasladado a Annecy y sepultado cerca del de San Francisco de Sales.

La canonización de Santa Juana Francisca tuvo lugar en 1767. San Vicente de Paul dijo de ella: "Era una mujer de gran fe y, sin embargo, tuvo tentaciones contra la fe toda su vida. Aunque aparentemente había alcanzado la paz y tranquilidad de espíritu de las almas virtuosas, sufría terribles pruebas interiores, de las que me habló varias veces. Se veía tan asediada de tentaciones abominables, que tenía que apartar los ojos de sí misma para no contemplar ese espectáculo insoportable. La vista de su propia alma la horrorizaba como si se tratase de una imagen del infierno. Pero en medio de tan grandes sufrimientos jamás perdió la serenidad ni cejó en la plena fidelidad que Dios le exigía. Por ello, la considero como una de las almas más santas que me haya sido dado encontrar sobre la tierra".

Fuente Bibliográfica:

-Butler, Vidas de los Santos, Vol. III.
-Oficio Divino I, p. 1026


--------------------------------------------------------------------------------

EXHORTACIONES
Juana de Chantal

La mayoría de sus exhortaciones las dio en la sala de capítulo de sus conventos de manera formal.

"¿Queréis ser humilde, hija mía? Tratad de conoceros bien; desead que os reconozcan imperfecta; amad el desprecio, en todas sus formas y de cualquier parte que os venga. No ocultéis vuestros defectos; dejad que se vean, aceptando con cariño la abyección que de ellos os resulte. No dejéis nunca decaer vuestro corazón por alguna falta que podáis cometer. Desconfiad de vos misma y confiad única e incesantemente en Dios, persuadida de que, no pudiendo nada por vos, todo lo podéis con su gracia y poderosa ayuda." -a sus hijas espirituales de la Orden de la Visitación.

En un retiro de Navidad

"(Jesucristo) es un Señor tan grande, rico y poderoso, que no tiene necesidad de nuestros bienes. ¿Qué presentes podremos, pues, hacerle, si todo el mundo es suyo? Es preciso ofrecerle almas puras y corazones limpios y blancos y vacíos de todas las cosas terrenas; fijaos que nuestras almas han de estar muy limpias para ser ofrecidas a este Niño divino, que nace en este día, el cual es Autor de toda pureza y santidad. He aquí el más grato presente que podemos hacerle: un corazón limpio, contrito y humillado. Él no quiere de nosotras más que el corazón."


--------------------------------------------------------------------------------

Sobre las cualidades que debe tener nuestro trato y nuestro afecto hacia el prójimo

"Mis queridas Hermanas, no nos hagamos ilusiones; es preciso que nuestro afecto, para ser bendecido por Dios, sea común e igual, pues el Salvador no ha mandado que se amara más a unos que a otros, sino que ha dicho: Amarás al prójimo como a ti mismo.

Pensamos a veces que nuestros afectos son muy puros; pero delante de Dios es muy diferente; el afecto que es del todo puro no mira más que a Dios, no aspira más que a Dios y no pretende más que a Dios. Yo amo a mis Hermanas porque veo a Dios en ellas y porque Dios lo quiere así... Vuestra caridad es falsa si no es igual, general y completa con todas vuestras Hermanas, de manera que seáis tan suave con una como con otra. El motivo del amor que profesáis a vuestras Hermanas no debe estar fundado más que en el seno de Dios; si está fuera de ahí, no vale nada. ...cuanto esta unión con nuestras Hermanas sea más pura, más general y más entera, tanto mayor será nuestra unión con Dios."


--------------------------------------------------------------------------------

También les dio Conferencias, las cuales representan las conversaciones espirituales con las Hermanas durante sus tiempos de recreación diaria, en un estilo informal y conversacional.

Sobre la reforma del alma

"En verdad, mis queridas hijas, es por falta de conocernos bien por lo que nos asombramos de vernos defectuosas, pues presumimos tanto de nosotras, que siempre esperamos algo bueno; nos engañamos, y Ntro. Señor mismo permite que caigamos, algunas veces bien torpemente, a fin de que nos conozcamos...

Este conocimiento de nosotras mismas consiste en que debemos creer, con gran certidumbre de fe, que no somos nada, que no podemos nada; que somos débiles, flacas e imperfectas, aficionando nuestra voluntad a amar nuestra pobreza y miseria.

La reforma del alma comienza: por el conocimiento de sí misma y la confianza en Dios; el propio conocimiento nos hará ver que hay en nosotras muchas cosas que corregir y reformar, y que, sin embargo, no podremos llevarlo a cabo por nosotras mismas; la confianza en Dios nos hará esperar que todo lo podemos en Él y que, con su gracia, todas las cosas nos serán posibles y fáciles."


--------------------------------------------------------------------------------

Sobre la caridad y la pureza de intención

"Alguna vez podrá ocurrir que una Hermana nos haya molestado, que nos haya hecho alguna mala partida, o que no le tengamos simpatía; otra vendrá a hablarnos bien de ella, y contestaremos con medias palabras que rebajarán todo aquel bien y harán como una gota de aceite que cae en la tela, una mancha irremediable en el corazón de aquella Hermana con quien hablamos. Y notad que todo el mal que haga la Hermana a consecuencia de esa mala impresión que nosotras le hayamos causado cargará sobre nuestra conciencia, y seremos culpables de ello y castigadas severamente. Dios dice que odia seis cosas, pero que la séptima la abomina, y son aquellos que desunen los corazones y siembran la discordia entre los hermanos."


--------------------------------------------------------------------------------

Sobre el amor propio y los perjuicios que causa en el alma

"Cuando uno se ha vencido o ha ejecutado alguna buena acción, se siente cierta complacencia y satisfacción que lo estropea todo, y nos lo hace perder todo, si no ponemos mucho cuidado. ¡Qué desgracia cuando, después de haber hecho algunos sacrificios, alguna auto-negación de actitudes o palabras o cualquier otra cosa, terminamos complaciéndonos en nosotras mismas! Pero mirad: si no se puede nunca, o rara vez, hacer el bien sin que nos quede alguna satisfacción, esto no es malo; la que echa a perder todo es el entretenerse y complacerse en ello.

Y ¿qué hacer entonces? Hay que ahuyentar y aniquilar todos los pensamientos de complacencia y vana satisfacción, humillarse y procurar su desprecio, dar a Dios la gloria de todo y reconocer que nada podemos por nosotras mismas. O sea que no se debe buscar más que la gloria de Dios en todas las cosas y no hacer nada sino para complacerle."


--------------------------------------------------------------------------------

Les inculcaba y transmitía a sus hijas un amor profundo al Corazón de Jesús y al Corazón de María. Las Instrucciones sobre la oración y la vida espiritual se dirigían a las novicias y a sus maestras.

Sobre "la confianza que debemos tener
en la infinita sabiduría, bondad y omnipotencia de Dios":

"...Consideraba que Ntro. Señor ha permitido que desde el tiempo de los Apóstoles haya habido siempre herejías, y toleraba que se adorara a los perros, gatos y otra suerte de ídolos, como si fueran verdaderos dioses; y pensar que nosotras, miserables criaturas como somos, nos queremos preferir a las demás; queremos que nos estimen, y nos disgustamos cuando no hacen más caso de nosotras que de las demás; ¡y, no obstante, vemos que el Hijo de Dios ha sufrido tantos desprecios!


--------------------------------------------------------------------------------

Sobre las palabras de Ntro. Señor:
"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo..."

"Estas palabras son el fundamento de toda la perfección cristiana y religiosa. Negarse a sí mismo es renunciar a toda la voluntad de la carne, a todas nuestras inclinaciones, deseos, contentos, satisfacciones, delicadezas, gustos, placeres, humores, hábitos, propensiones, aversiones y repugnancias a las cosas ásperas; en fin, renunciar en todo y por todo a ese perverso yo. Luchar por destruir vuestros caracteres, pasiones e inclinaciones; en una palabra, toda nuestra naturaleza; y esto, con enérgica voluntad y con una generosa y perseverante mortificación de todo vuestro ser.

Es necesario saber que solamente hay que mortificar las inclinaciones imperfectas o de cosas malas, y no las buenas o las que tenemos a cosas buenas; por ejemplo: me mandan hacer un trabajo y yo me siento inclinada a hacer otro; hay que mortificar esta inclinación y sujetarla a la obediencia. Pero me dan a hacer un trabajo que me gusta: no debo entonces, bajo el pretexto de mortificar mi inclinación, rehusar dicho trabajo, sino ofrecer a Dios esta labor y decir: la hago, no por la inclinación que a ella siento, sino porque la obediencia me lo manda (o, en el caso de los laicos: Lo hago por amor a ti, Señor; o, porque es mi obligación)."


--------------------------------------------------------------------------------

Es necesario aclarar que todos estos pasos de la vida espiritual hacia la santidad, los vivía y enseñaba Santa Juana, al igual que todos los santos, con gran gozo y amor, ya que los mandatos del Señor, lejos de ser una carga, "son dulces como la miel para quien ama a Dios", como decía S. Francisco de Sales.

En todas las conversaciones y cartas de Sta. Juana de Chantal, el pensamiento más importante era, sin duda, la mayor gloria de Dios y la santificación de las almas.


--------------------------------------------------------------------------------

Podemos concluir compartiendo una visión que experimentó San Vicente de Paul

"San Vicente de Paúl me contó que, habiendo tenido noticias de la gravedad de la enfermedad de nuestra desahuciada Madre (Sta. Juana Fca. De Chantal), cayó de rodillas para rogar a Dios por ella, y el primer pensamiento que le vino, fue el de hacer un acto de contrición por los pecados que ella hubiera cometido, y que inmediatamente después, se le apareció un globito de fuego, que se levantaba de la tierra y se absorbía en la parte superior del aire con otro globo más grande y más luminoso y ambos se unieron en uno solo, fueron elevados más alto, entrando y ardiendo dentro de otro globo infinitamente más grande y más luminoso que los otros; y que él supo interiormente que el primer globo era el alma de Nuestra Carísima Madre, el segundo la de nuestro Bienaventurado Padre (S. F. de Sales) y el otro, la Esencia Divina, que el alma de nuestra queridísima Madre se había vuelto a unir a la de nuestro Padre, y las dos, con Dios, su Principio Soberano."

Él contó más adelante, que, "en la celebración de la Santa Misa por nuestra querida Madre apenas se enteró de que había pasado a mejor vida, se le ocurrió que debería rezar por ella, ya que podría estar en el purgatorio por ciertas palabras que había dicho hacía un tiempo, las cuales, al parecer, contenían pecado venial, y al instante volvió a tener la visión, los mismos globos y su unión, y tuvo la convicción interior de que el alma de nuestra Madre estaba bendecida, que no tenia necesidad de oraciones."

Deseamos que el conocer sobre la vida y algunos rasgos de las enseñanzas de Sta. Juana de Chantal, cuyos restos descansan en el Monasterio de Annecy, Francia junto a los de San Francisco de Sales, sean de gran provecho para el lector, lo lleven a amar más y a desear las virtudes del Corazón de Ntro. Señor Jesucristo y de su Santísima Madre y a promover el reinado de estos Dos Corazones, a través de una vida de virtud auténtica, oración y sacrificio.

 

Compartir este post
Repost0
9 agosto 2011 2 09 /08 /agosto /2011 21:33

Meditación: Miércoles XIX Semana T. O. Ciclo A. 10 de agosto 2011

«Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígele a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no escucha, toma entonces contigo a uno o dos, para que cualquier asunto quede firme por la palabra de dos o tres testigos. Pero si no quiere escucharlos, díselo a la Iglesia. Si tampoco quiere escuchar a la Iglesia, tenlo por pagano y publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el Cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el Cielo. Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra sobre cualquier cosa que quieran pedir; mi Padre que está en los Cielos se lo concederá. Pues donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.» (Mateo 18, 15-20)

1º. Jesús, hoy me enseñas una de las consecuencias del mandamiento nuevo: si he de amar a los demás como Tú los amas, tengo también la responsabilidad de intentar que rectifiquen cuando su comportamiento no es el que debería ser.

Esta responsabilidad se llama corrección fraterna: corregir al hermano.

«Si te escucha, habrás ganado a tu hermano;» le habrás hecho el mayor favor, le habrás mostrado que le quieres de verdad.

En mi apostolado de cristiano corriente, además de abrir horizontes espirituales a los que me rodean mostrándoles la belleza del camino de santidad, debo advertirles -sin ofender, con cariño- aquellas cosas que no hagan bien.

Es un deber cristiano, como lo es el deber de ayudar a los que están necesitados en el terreno material.

Pero no es suficiente con señalar los defectos.

Lo que me pides, Jesús, es que les ayude a mejorar: con mi oración, con mi ejemplo y con mi palabra.

Jesús, me has dado un gran medio para ayudar a mis amigos a ser mejores: la Confesión.

Este sacramento no sólo perdona los pecados, sino que además da fuerzas para luchar en aquello de lo que uno se confiesa.

Les has dado a los apóstoles  y a través de ellos a los sacerdotes  el poder de atar y desatar: el poder de perdonar los pecados y administrar tu gracia.

¡Qué gran complemento a la corrección fraterna es el llevar a mis amigos a la Confesión!

Toda la virtud de la penitencia reside en que nos restituye a la gracia de Dios y nos une con Él con profunda amistad. El fin y el efecto de este sacramento son, pues, la reconciliación con Dios. En los que reciben el sacramento de la Penitencia con un corazón contrito y con una disposición religiosa, tiene como resultado la paz y la tranquilidad de conciencia, a las que acompaña un profundo consuelo espiritual. En efecto, el sacramento de la reconciliación con Dios produce una verdadera «resurrección espiritual», una restitución de la dignidad y de los bienes de la vida de los hijos de Dios, el más precioso de los cuales es la amistad de Dios» (CEC.-1468).

2º. «¿No es raro que muchos cristianos, pausados y hasta solemnes para la vida de relación (no tienen prisa), para sus poco activas actuaciones profesionales, para la mesa y para el descanso (tampoco tienen prisa), se sientan urgidos y urjan al Sacerdote, en su afán de recortar; de apresurar el tiempo dedicado al Sacrificio Santísimo del Altar? (Camino.-530).

Jesús, hoy me haces una promesa que debo recordar a menudo: «donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»

Quieres que los cristianos nos reunamos en tu nombre para rezar, para pedir cosas al Padre.

De ahí la importancia de rezar en familia, hacer la oración acompañado de otros, y de muchas costumbres en las que los cristianos se reúnen para rezar: procesiones, romerías, etc.

Jesús, Tú estableciste que la reunión de cristianos por excelencia fuera la Santa Misa: «haced esto en memoria mía» (Lucas 22,19).

En la Santa Misa, Tú estás en medio de nosotros de manera muy especial: te haces presente en la Eucaristía con tu cuerpo y sangre, alma y divinidad.

Por eso, la Santa Misa es el mejor lugar para pedirte lo que necesito, y también para alabarte, darte gracias y pedirte perdón.

Si esto es así, ¿no es raro que muchos cristianos se sientan urgidos para recortar el tiempo dedicado al Sacrificio Santísimo del Altar?

Jesús, lo que pasa es que me falta fe para descubrir tu presencia en la Misa.

Auméntame mi fe.

Precisamente la Misa es el mejor momento para pedirte que aumentes mi fe, especialmente en la Consagración y en la Comunión, pues la Eucaristía es el Sacramento de nuestra Fe.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Tiempo ordinario. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

 

Compartir este post
Repost0
9 agosto 2011 2 09 /08 /agosto /2011 01:24

Meditación: Martes XIX Semana T. O. Ciclo A. 9 de agosto 2011

«En aquella ocasión se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Quién juzgas que es el mayor en el Reino de los Cielos? Entonces, llamando a un niño, lo preso en medio de ellos y dijo: En verdad os digo: si no os convertís y os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos. Pues todo el que se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos; y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de despreciar a uno de estos pequeños, pues os digo que sus ángeles en los Cielos están viendo siempre el rostro de mi Padre que está en los Cielos.

¿Qué os parece? Si a un hombre que tiene cien ovejas se le pierde una de ellas, ¿no dejará las noventa y nueve en el monte e irá a buscar a la que se ha perdido? Y si llega a encontrarla, os aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se habían perdido. Del mismo modo, no es voluntad de vuestro Padre que está en los Cielos que se pierda ni uno solo de estos pequeños.» (Mateo 18, 1-5.10.12-14)

1º. Jesús, «¿quién es el mayor en el Reino de los Cielos?»; ¿quién es el más santo?; ¿quién se parece más a Ti?

Y me respondes: el que se convierte y se hace pequeño «como los niños».

Esta es una de las paradojas de tu doctrina: el que quiera ser mayor a tus ojos, debe hacerse el menor a los ojos de los hombres.

Y para ello, es necesario convertirse, cambiar de vida, rechazar todo orgullo, aprender a pedir perdón con humildad.

No se trata de hacerse niño en estatura o en falta de madurez, sino de obedecer con humildad la voluntad del Padre Celestial: «el que se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos.»

Además, es el único camino para imitarte, Jesús, pues Tú mismo no buscaste otro fin que el obedecer la voluntad de Dios: «no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22,42).

Jesús, ¿busco en mi vida hacer la voluntad de mi Padre Dios?

¿Intento pedirte luces en la oración para que seas Tú quien me guíes en mi camino diario o, más bien, voy a lo mío, según me parezca, según me interese o tenga ganas?

¿Me apoyo en la dirección espiritual, dándome cuenta de que necesito ayuda para ver mejor y exigirme más?

2º. «Cristo espera mucho de tu labor. Pero has de ir a buscar a las almas, como el Buen Pastor salió tras la oveja centésima: sin aguardar a que te llamen. Luego, sírvete de tus amigos para hacer bien a otros: nadie puede sentirse tranquilo -díselo a cada uno- con una vida espiritual que, después de llenarle, no rebose hacia fuera con celo apostólico» (Surco.-223).

Jesús, si he de intentar imitarte, he de ser humilde: hacerme niño en lo espiritual, dejarme ayudar y aconsejar.

Pero eso no significa ser apocado, tener una voluntad débil.

Al contrario: significa tener fuerza de voluntad suficiente para decir muchas veces que no a mis intereses personales y decir sí a lo que Tú me pides.

Y una cosa que me pides es que también yo sea Buen Pastor con los que me rodean.

No quieres que se pierda «ni uno solo»de los que conviven conmigo.

Por eso he de sentir la responsabilidad de salvar a todas las almas.

El apostolado es una necesidad que nace del amor a Ti y del amor a los demás: es el deseo de que los demás tengan también la suerte de encontrarte y amarte.

«Orad sin interrupción por los demás hombres. Hay en ellos esperanza de conversión, una conversión que les conducirá a Dios. Volveos hacia ellos, para que, por medio de vuestras obras, se hagan discípulos vuestros. Ante su cólera estad llenos de dulzura. Ante su jactancia tened sentimientos de humildad. Ante sus blasfemias, estad en oración. Ante sus errores, permaneced firmes en la fe. Ante sus violencias, sed pacíficos, sin imitarlos» (San Ignacio de Antioquia).

Si me veo impotente ante la tarea de salvar a todas las almas, al menos puedo empezar por mis amigos.

Luego, sírvete de tus amigos para hacer bien a otros.

Y poco a poco, iremos devolviéndote, Jesús, esas ovejas perdidas.

Además, tengo un aliado silencioso en el apostolado: el ángel custodio de la persona que trato de acercarte.

Él está «viendo siempre el rostro de Dios»,y también desea ardientemente acercarlo a Ti.

Por eso, me hará muchos favores en mi labor apostólica, si se los pido.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Tiempo ordinario. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

 

Compartir este post
Repost0
8 agosto 2011 1 08 /08 /agosto /2011 05:26

Meditación: Lunes XIX Semana T. O. Ciclo A. 8 de agosto 2011

«Cuando estaban en Galilea les dijo Jesús: El Hijo del Hombre debe ser entregado en manos de los hombres, que lo matarán, pero al tercer día resucitará. Y se pusieron muy tristes. Llegados a Cafarnaún, se acercaron a Pedro los recaudadores del tributo y le dijeron: ¿No va a pagar vuestro Maestro la didracma? Respondió. Sí. Al entrar en la casa se anticipó Jesús y le dijo: ¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes reciben tributo o censo los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños? Al responderle que de los extraños, le dijo Jesús: Luego los hijos están exentos; pero para no escandalizarlos, ve al mar, echa el anzuelo y el primer pez que pique sujétalo, ábrele la boca y encontrarás un estárter; tómalo y dalo por mí y por ti.» (Mateo 17,22-27)

1º. Jesús, qué lógica la reacción de los apóstoles ante tu anuncio de la Pasión.

Al principio Pedro quiso que cambiaras de idea.

Pero ahora aunque siguen sin entenderlo muy bien se dan cuenta de que va en serio: vas a ser entregado «en manos de los hombres»y te matarán.

«Y se pusieron muy tristes.»

Han aprendido a quererte de verdad; lo han dejado todo por Ti, y ahora les dices que te van a matar.

Pobres apóstoles.

No entendían aquella muerte tan injusta.

Y mucho menos aún entendían lo de que ibas a resucitar al tercer día.

Por eso están tristes.

No entienden que la Cruz es el principio de la Resurrección: la muerte es la puerta de la vida.

Y esta verdad se aplica también a mi vida.

Como dice San Pablo: «Si somos hijos de Dios, también herederos: herederos de Dios, y coherederos de Cristo, con tal de que padezcamos con él, para ser con El glorificados» (Romanos 8,17).

Jesús, me pides que muera a mi mismo a mis caprichos, a mi soberbia, a mi comodidad  de modo que Tú puedas vivir en mí.

Por eso la Cruz es la señal del cristiano.

Para que Tú me reconozcas como uno de los tuyos, como hijo de Dios y por tanto heredero de la gloria, mi vida diaria debe estar marcada con esta señal.

2º. «Se ha promulgado un edicto de César Augusto, que manda empadronarse a todos los habitantes de Israel. Caminan María y José hacia Belén...  ¿No has pensado que el Señor se sirvió del acatamiento puntual a uno ley, para dar cumplimiento a su profecía?

Ama y respeta lo normas de una convivencia honrada, y no dudes de que tu sumisión leal al deber será, también, vehículo para que otros descubran la honradez cristiana, fruto del amor divino, y encuentren a Dios» (Surco.-322).

Jesús, después de dejar claro a Pedro que Tú eres el Hijo de Dios, y que por tanto no estabas sujeto a pagar un impuesto que era para el culto divino -los hijos están exentos-, prefieres «no escandalizarlos»y cumplir con aquel deber, que se había convertido en una obligación cívica por la ley judía de aquellos tiempos.

De este modo, además, me muestras -como ya lo habían hecho José y María con el edicto del César- que debo cumplir las leyes civiles, siempre y cuando sean acordes con una convivencia honrada, es decir, con las normas de la moral natural.

Pagar unos impuestos justos, seguir las normativas legales en los negocios, obedecer las leyes de tráfico o las indicaciones de la autoridad competente, son también deberes cristianos.

«Lo autoridad sólo se ejerce legítimamente si busca el bien común del grupo en cuestión y si, para alcanzarlo, emplea medios moralmente lícitos. Si los dirigentes proclamasen leyes injustas o tomasen medidos contrarias al orden moral, estas disposiciones no pueden obligar en conciencia. En semejante situación, la propia autoridad se desmorona por completo y se origina una iniquidad espantosa» (CEC.-1903).

De la misma manera que mi amor a Ti me debe llevar a obedecer las leyes justas, ese mismo amor me debe llevar a oponerme a las leyes injustas con todos los medios de que disponga.

Leyes como la que permite el aborto o la que impide la libertad en la educación, chocan frontalmente contra la ley natural y, por tanto, contra la fe.

No puedo desentenderme del deber de luchar para que las leyes de la sociedad sean justas, acordes con la ley natural.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Tiempo ordinario. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

 

Compartir este post
Repost0
6 agosto 2011 6 06 /08 /agosto /2011 19:32

Meditación: Domingo XIX Semana T. O. Ciclo A. 7 de agosto 2011

«Inmediatamente después Jesús mandó a los discípulos que subieran a la barca y que se adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, despedida la multitud, subió al monte a orar a solas; y después de anochecer permanecía él solo allí. Entretanto la barca estaba ya alejada de tierra muchos estadios, batida por las olas, porque el viento le era contrario. En la cuarta vigilia de la noche vino hacia ellos caminando sobre el mar. Cuando le vieron los discípulos caminando sobre el mar se turbaron y decían: Es un fantasma; y llenos de miedo empezaron a gritar. Pero al instante Jesús comenzó a decirles: Tened confianza, soy yo, no temáis. Entonces Pedro le respondió: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las agitas. Él le dijo: Ven. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a andar sobre las aguas hacia Jesús. Pero al ver que el viento era tan fuerte se atemorizó y, al empezar a hundirse, gritó diciendo: ¡Señor sálvame! Al punto Jesús, extendiendo su mano, lo sostuvo y le dijo: Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado? Y cuando subieron a la barca cesó el viento. Los que estaban en la barca le adoraron diciendo: verdaderamente tu eres Hijo de Dios.» (Mateo 14, 22-36)

 

1º. Jesús, acabas de multiplicar los panes y los peces.

Cinco mil personas han comido hasta saciarse y te quieren hacer rey.

Pero Tú te vas al monte «a orar a solas.»

De tu oración con el Padre sacas la fuerza para hacer estos milagros.

Además, me das un buen ejemplo: que no deje nunca esa oración personal, «a solas,»cara a cara contigo, con el Padre y con el Espíritu Santo.

Mientras, en la barca, los apóstoles están luchando contra el viento, que «les era contrario».

A veces, Jesús, no avanzo en mi vida interior, o tengo alguna contrariedad en mi vida profesional, familiar o social.

Y parece que estás lejos, que no me ves luchar o sufrir.

Desde la montaña donde estabas rezando, ves las dificultades de los apóstoles y vienes en su ayuda «caminando sobre el mar».

Si te pido ayuda, fortaleza o fe, tarde o temprano aparecerás y me dirás: «ten confianza, soy yo, no tenias».

Detrás de aquel suceso, de aquella contrariedad, de aquella dificultad, estoy yo: «no temas, ten confianza.»

Pedro empezó a caminar sobre las aguas cuando le llamaste, sin temer las dificultades objetivas que tenía para llegar a ti.

Jesús, que no te tenga miedo.

Que no tema acercarme a Ti, comprometerme, si me llamas.

Aunque sea más cómodo quedarme en mi barca; aunque afuera haga mucho viento; aunque lo que me pidas sea «imposible», dame la fe de Pedro para responder a tu palabra: Ven.

 

2º. «Cuando pierdes la calma y te pones nervioso, es como si quitaras razón a tu razón.

En esos momentos, se vuelve a oír la voz del Maestro a Pedro, que se hunde en las aguas de su falta de paz y de sus nervios: «¿por qué has dudado?» (Surco.-805).

«Pedro, bajando de la barca, comenzó a andar sobre las aguas hacia Jesús».

Decirte que si, entregarte algo que me pides y que me cuesta darte, es como salir de la barca -donde hay cierta seguridad- y empezar a caminar sin suelo bajo los pies: parece algo imposible para mí.

Y es cierto, porque yo solo no puedo nada.

Pero con tu ayuda, Jesús, lo puedo todo.

«Abrid de par en par vuestras puertas a Cristo. ¿Qué teméis? Tened confianza en El. Arriesgaos a seguirlo. Eso exige evidentemente que salgáis de vosotros mismos, de vuestros razonamientos, de vuestra «prudencia», de vuestra indiferencia, de vuestra suficiencia, de costumbres no cristianas que habéis quizá adquirido. Sí; esto pide renuncias, una conversión, que primeramente debéis atreveros a desear a pedirla en la oración y comenzar a practicar. Dejad que Cristo sea para vosotros el camino, la verdad y la vida. Dejad que sea vuestra salvación y vuestra felicidad» (Juan Pablo II).

Puede pasar que, tras los primeros pasos en el cumplimiento de ese propósito de seguirte, me canse, o vea con mayor claridad los defectos o las dificultades que tengo que vencer.

Y si, al ver que no puedo, me pongo nervioso, entonces aún me hundo más.

Es el momento de gritarte: «¡Señor, sálvame!», a la vez que me dejo ayudar en la dirección espiritual.

Si actúo con esa humildad, Tú no tardarás en levantarme: «Al punto Jesús, extendiendo su mano, lo sostuvo y le dijo: Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?»

 

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

 

Compartir este post
Repost0
5 agosto 2011 5 05 /08 /agosto /2011 20:46

Meditación: Sábado XVIII Semana T. O. 6 de agosto 2011

«Al llegar donde la multitud, se acercó a él un hombre y, puesto de rodillas, le suplicó: Señor ten compasión de mi hijo, porque está lunático y sufre mucho; muchas veces se cae al fuego y otras al agua. Lo he traído a tus discípulos y no lo han podido curar Jesús en respuesta dijo: Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo tendré que sufriros? Traédmelo aquí. Le increpó Jesús y salió de él el demonio, y quedó curado el muchacho desde aquel momento. Luego se acercaron a solas los discípulos a Jesús y le dijeron: ¿Por qué nosotros no hemos podido expulsaría? Él les respondió: Por vuestra poca fe. Porque os digo que si tuvierais fe como un granito de mostaza, podríais decir a este monte: Trasládate de aquí allá, y se trasladaría, y nada os sería imposible. (Mateo 17, 14-20)

1º. Jesús, hoy enseñas a tus discípulos -y a mí-  que si no pueden expulsar al demonio es por falta de fe.

«¿Por qué nosotros no hemos podido expulsarlo? Por vuestra poca fe.»

El demonio se mete en mi vida de mil formas distintas: suscitándome tentaciones de avaricia y sensualidad, sugiriéndome que escoja siempre lo fácil y cómodo y, sobre todo, engrandeciendo mi soberbia, mi amor propio, el deseo de que los demás se fijen en mí.

El gran triunfo del demonio es que la gente no crea en su existencia.

De esta forma puede «trabajan» a sus anchas sin encontrar la menor resistencia.

Nunca ha estado más activo que ahora que el mundo piensa que ha vencido este mito.

Porque no es un mito.

Jesús, Tú has hablado innumerables veces del demonio.

Incluso te has dejado tentar por él al comienzo de tu vida pública, dándome ejemplo de cómo vencer sus engaños.

Hoy en día la gente quiere entenderlo todo científicamente.

Por eso algunos pretenden explicar las tentaciones buscando razones psicológicas o del entorno.

Con esta visión puramente humana, de paso, desaparece la responsabilidad de las acciones, la misma noción de pecado y, en el fondo, la libertad.

El demonio utiliza esta visión falsamente científica para adormecer las conciencias ante el mal.

Por ello, para luchar contra las tentaciones del demonio, primero hay que tener fe en tu palabra.

Jesús, Tú hablas del pecado, del demonio, de sus tentaciones, y también del remedio: «orad para no caer en tentación». (Mateo 26,41).

2º. El «non serviam» de Satanás ha sido demasiado fecundo. ¿No sientes el impulso generoso de decir cada día, con voluntad de oración y de obras, un «serviam»  ¡te serviré, te seré fiel!  que supere en fecundidad a aquel clamor de rebeldía?» (Camino.-413).

Jesús, el gran pecado de Satanás fue de soberbia: no quiso servir a su Creador  non serviam: no serviré.

Prefirió servir su orgullo.

Ahora -y siempre- intenta que yo caiga en su mismo error: disfrazado de estatua de libertad, me insinúa que haga lo que me plazca, que no me sujete a nada, ni siquiera a tus mandamientos o a la Iglesia.

«La Escritura atestigua la influencia nefasta de aquel a quien Jesús llama “homicida desde el principio” y que incluso intentó apartarlo de la misión recibida del Padre. “El hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo”. La más grave en consecuencias de estas obras ha sido la seducción mentirosa que ha inducido al hombre a desobedecer a Dios». CEC.-394).

Jesús, además de la oración diaria y de los sacramentos, me has dejado otro «medio» espléndido para vencer al demonio: tu Madre, mi madre Santa Maria.

Madre, tú has sabido decir al Señor: ¡te serviré, te seré fiel!

Ayúdame a que mi vida también sea una continua expresión de fidelidad que supere en fecundidad a aquel clamor de rebeldía.

Madre, tú eres Auxilio de los cristianos y Refugio de los pecadores.

Tú has pisado la cabeza del demonio, y él nada ha podido contra ti.

Por eso eres Inmaculada y llena de gracia, y la muerte -que es consecuencia del pecado- no te alcanzó, subiendo al Cielo en cuerpo y alma.

Ayúdame a vencer las tentaciones del demonio, cueste lo que cueste.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Tiempo ordinario. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona

 

Compartir este post
Repost0
5 agosto 2011 5 05 /08 /agosto /2011 00:17

Meditación: Viernes XVIII Semana T. O. 5 de agosto 2011 

«Entonces dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame; pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. Porque, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?, o ¿qué podrá dar el hombre a cambio de su alma? Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre acompañado de sus ángeles, y entonces retribuirá a cada uno según su conducta. En verdad os digo que hay algunos de los aquí presentes que no sufrirán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su Reino.» (Mateo 16, 24-28)

1º. Jesús, eres Dios y sabes mejor que yo para qué me has creado y como voy a ser realmente feliz.

Sabes que todas las riquezas materiales del mundo juntas no son capaces de llenar un corazón creado para amar.

Si lo propio del corazón es amar, sólo se va a satisfacer amando.

Y amar es darse, entregarse.

Recibir, atesorar, conseguir para uno mismo, pueden satisfacer los deseos materiales del cuerpo; pero si se convierten en el único objetivo, pueden también destrozar la capacidad de amar que tiene nuestra alma espiritual.

Por eso hoy me recuerdas: «¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?»

El egoísta podrá hacerse con cosas del mundo: honores, dinero, diversiones, comodidad.

Pero si pierde su alma, no sabrá amar en la tierra y, por ello, no podrá amar en la otra vida.

Infeliz aquí, infeliz en la eternidad.

«La muerte pone fin a la vida del hombre como tiempo abierto a la aceptación o rechazo de la gracia divina manifestada en Cristo. El Nuevo Testamento habla del juicio principalmente en la perspectiva del encuentro final con Cristo en su segunda venida; pero también asegura reiteradamente la existencia de la retribución inmediata después de la muerte de cada uno como consecuencia de sus obras y de su fe. La parábola del pobre Lázaro y la palabra de Cristo en la Cruz al buen ladrón, así como otros textos del Nuevo Testamento hablan de un último destino del alma que puede ser dijeren te para unos y para otros» CEC.-1021)

Jesús, que me dé cuenta de que vale la pena darse, pensar en los demás, pensar en Ti.

Que sea consciente de que toda mi eternidad depende de la capacidad para amar que desarrolle en estos años de vida en la tierra.

Que no me engañe pensando que Tú me perdonarás con tu gran misericordia.

Tu gran misericordia la demuestras muriendo en la cruz y perdonándome en la confesión.

En el juicio, retribuirás «a cada uno según su conducta.»

2º. «El amor gustoso, que hace feliz al alma, está basado en el dolor: no cabe amor sin renuncia» (Forja.-760).

Jesús, ésta es la gran paradoja: no cabe amor sin renuncia.

Para aprender a amar hay que aprender a sufrir, a sacrificarse por el ser querido.

El que se busca a sí mismo, nunca experimentará ese amor gustoso, que hace feliz al alma.

Por eso aseguras que el que quiera seguirte, el que quiera amarte sobre todas las cosas, debe empezar por negarse a sí mismo: «si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame».

Jesús, la señal de la cruz es la señal del cristiano, porque el sacrificio es el camino del amor, y sólo podemos ser cristianos si nos amamos los unos a los otros, y a Ti sobre todas las cosas.

¿Cómo puedo tomar cada día mi cruz?

Una buena manera de hacerlo es sirviendo a los que me rodean con pequeños detalles, y no quejándome ante los inconvenientes típicos de cada jornada, ofreciéndote esas dificultades por alguna intención.

De este modo, no buscándome a mí mismo sino entregándome a los demás, aunque parezca que pierda mi vida, la encontraré.

«Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará».

Jesús, Tú me has dado el máximo ejemplo de entrega: «nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos» (Juan 15,13).

Tú has entregado tu vida por tus amigos, por mí.

Y por ello tienes el amor más grande, el amor gustoso que llena y hace feliz al alma.

Ayúdame a vencer la aparente contradicción de renunciar a mi egoísmo, de modo que aprenda a amar de veras.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Tiempo ordinario. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

 

Compartir este post
Repost0

Présentation

  • : Por Cristo...Mas, Mas, Mas
  • : Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.
  • Contacto

Perfil

  • xcmasmasmas
  • Soy un Cristiano/Católico, preocupado por la difusión de la Palabra de Dios, convencido que en los momentos actuales la tecnologia de la información es uno de los principales medios para conseguir este objetivo.
Soy viudo, vivo en Santo Domingo,
  • Soy un Cristiano/Católico, preocupado por la difusión de la Palabra de Dios, convencido que en los momentos actuales la tecnologia de la información es uno de los principales medios para conseguir este objetivo. Soy viudo, vivo en Santo Domingo,

Solicitud de Oración

Hermano (a) que nos visita, si necesitas oración por cualquier motivo, solo debes escribir a;

xcmasmasmas@gmail.com, exponiendo tu causa por la cual quieres que oremos,

debes poner tu nombre

Buscar

Permisos

Cualquier artículo, fotos, etc. puede ser copiado por cualquier persona o grupo, que tenga las mismas inquietudes que nosotros, o sea la extensión del Reino de Dios en la tierra

Archivos