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13 marzo 2014 4 13 /03 /marzo /2014 04:05

La Homilía: II Domingo de Cuaresma. Ciclo A. 16  de marzo, 2014.

1.- UN ADELANTO DE LA "VISIÓN BEATÍFICA"

Por Antonio García-Moreno

1.- SAL DE TU TIERRA.- Los hombres han pasado por la prueba del diluvio. Nuevamente la tierra se ha ido poblando. Y una vez más los hombres se apartan de los caminos de Dios. Un nuevo pecado va a dividir a la Humanidad. Babel, el deseo de llegar hasta lo más alto del cielo, hasta el mismo Dios. Al fin y al cabo, lo mismo que ocurrió con Adán. El deseo de independizarse de Dios, de ser como Él. El hombre no acaba de entender que sólo apoyándose en Dios, podrá llegar a su capacidad máxima de grandeza y de dignidad. No entiende que al prescindir de Dios se hunde, se empequeñece, se aniquila.

Pero la terquedad humana en apartarse del Señor no logra ahogar el afán divino de atraer al hombre. Y para mantener viva la promesa de una liberación final, escoge a un personaje originario de la tierra de los caldeos, Abrahán. Un hombre que oye la llamada de Dios y responde incondicionalmente, con fe absoluta, con una gran generosidad. Y, fiado en las palabras divinas, sale de su tierra, rumbo a los confines que Yahvé le señala. Soñando con ese hijo que Dios le promete, esperando a pesar de la esterilidad y vejez de su esposa Sara.

Desde ese momento se entabla una honda amistad entre Yahvé y Abrahán. Muchas veces nos narra el libro sagrado cómo este hombre llega a intimar con Dios, cómo habla con Él confiadamente, con la misma ingenuidad y sencillez, con el mismo atrevimiento que un hijo pequeño tiene al hablar con su padre.

Abrahán creyó en Yahvé siempre. También cuando su palabra le exigía sacrificios tan grandes como abandonar su patria o sacrificar a su hijo único. Abrahán dijo siempre que sí. Y Dios le premió su fidelidad con creces, mucho más de lo que aquel viejo patriarca pudiera soñar.

Creer en Dios, decir que sí a sus exigencias de amor, entregarse incondicionalmente, abandonarse y abandonarlo todo en manos del Señor... Quisiéramos, Señor, ser tan fieles como Abrahán, tan generosos como él lo fue. Salir de nuestra tierra, abandonar esta casa de nuestro egoísmo, de nuestra pereza, de nuestra comodidad, de nuestra ambición, de nuestro sensualismo. Y caminar con paso decidido hacia la Tierra Prometida, unido estrechamente a Ti, tratándote con el cariño, la ternura y la audacia del hijo más pequeño.

2.- LA GLORIA DEL DOLOR.- Jesús, como en otras ocasiones, se queda sólo con Pedro y los dos hijos de Zebedeo, Santiago y Juan. Estos tres apóstoles serán testigos cualificados de su gloria en la Transfiguración del Tabor y también de su poder cuando resucitó a la hija de hache personaje principal en Israel. Pero lo mismo que estos tres apóstoles contemplaron el esplendor de su gloria, también estos tres predilectos de Cristo contemplarán la humillación extrema del Maestro en Getsemaní. En efecto, verán cómo el Señor será abatido por el temor, escucharán su oración dolorida, descubrirán cómo su humanidad se quebranta ante el peso aplastante de la pasión.

El Señor los había elegido con el fin de fortalecer su fe, pues había de ser fundamento para la fe de los demás. Ellos podrían decir, cuando llegase el momento de la prueba y del abandono de Jesucristo, que habían contemplado el esplendor de su poder y de su gloria. Cuando Jesús quedara atravesado en la cruz, colgado entre el cielo y la tierra, ellos podrían confesar que a pesar de todo, aquel condenado a muerte era el mismo Hijo de Dios.

La de ellos es una situación que se puede repetir en nuestras vidas. A veces la prueba es dura, insoportable. Entonces hay que recordar los momentos en los que Dios ha estado cerca de nosotros, mostrándonos en cierto modo el fulgor de su grandeza. Podemos afirmar que también nosotros hemos sido testigos del poder y la gloria de Dios, y sentirnos fuertes cuando llegue el momento del dolor y de la contradicción.

Qué hermoso es estar aquí, exclama Pedro en la cima del Tabor, con la espontaneidad que le caracteriza. El resplandor de la figura de Jesucristo le embarga el corazón, le embelesa los sentidos. Aquello fue un pequeño adelanto de la "visión beatífica" que gozan los que ya están en el Cielo, visión que colma todos los deseos y anhelos del hombre y lo hace intensamente feliz. Es ese bien sin sombra de mal alguno que constituye la posesión de Dios, esa dicha inefable que el Señor tiene preparada para quienes sean fieles hasta el fin. Ojalá que el convencimiento de que vale la pena alcanzar ese bien, sostenga nuestra esperanza y estimule nuestro afán de lucha.


2.- ¡BUENA CUARESMA Y BUEN CAMINO!

Por Pedro Juan Díaz

1.- La palabra que hoy podría simbolizar el mensaje de Jesús a través de estas lecturas podría ser esta: “camino”. Hay referencias constantes en la Palabra de Dios de hoy a ese caminar como símbolo de la vida. Por ejemplo, Dios invita a Abraham en la primera lectura a “ponerse en camino”: “Sal de tu tierra… Haré de ti un gran pueblo… Y Abraham marchó, como le había dicho el Señor”. Y Abraham y Sara, su mujer, que también comparte el camino con su marido, se ponen en camino confiando en la promesa que Dios les ha hecho. Pero no sólo se ponen en camino físicamente, sino que comienzan la tarea de construir el Pueblo de Dios. El camino de la vida, por tanto, esta lleno de tareas en las que Dios nos invita a constituirnos como su Pueblo.

2.- Hay otra referencia al camino en el Evangelio. El contexto de este pasaje se desarrolla cuando Jesús está subiendo con sus discípulos a Jerusalén para celebrar allí la Pascua. Ya sabéis que todos los judíos se reunían en Jerusalén y peregrinaban desde sus pueblos porque allí estaba el Templo y era el lugar para celebrar la Pascua. Y todas las familias salían en peregrinación, se ponían en camino hacia Jerusalén. Jesús también lo hace, acompañado de los suyos. Y en ese camino Jesús hace un alto y se lleva a tres discípulos a una montaña y se transfigura. ¿Qué significa esto? El camino a Jerusalén es el camino de Jesús hacia la muerte en cruz, y se lo va anunciando a sus discípulos, pero estos no entienden de que va la cosa. Jesús hace un alto para mostrarles a sus discípulos más cercanos que, a pesar de que el camino acabe en cruz, su Padre Dios está con Él y le rescatará de la muerte. Por eso el rostro de Jesús transfigurado, glorioso, resucitado. Es una manera de transmitir confianza en el camino. En el camino de la vida, por tanto, Dios nos transmite confianza, a pesar de las dificultades que podamos encontrar. Porque Él nos acompaña, está con nosotros, no nos deja de la mano.

3.- ¿Qué es lo importante de esta experiencia que viven los discípulos? ¿Qué fue lo que movió a Abraham y a Sara a “tirar p’alante"? Yo me atrevería a decir que fue escuchar a Dios que les habló al corazón, que les habló en sus vidas, en sus caminos, en sus búsquedas y al que ellos supieron escuchar. “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle”. Los discípulos caen por los suelos al escuchar a Dios, porque saben que escucharle a Él implica seguir a Jesús en su camino, y ese camino es de servicio a la voluntad de Dios, hasta la muerte en cruz. Pero Jesús les da cariño y confianza. Se acerca a ellos, los tocó y les dijo: “levantaos, no temáis”; “el final del camino, a pesar de las dificultades, va a ser un final feliz, porque Dios está conmigo, y con vosotros, si queréis”.

4.- Quizás a nosotros también nos da miedo escuchar a Jesús, ponerle en el centro de nuestras vidas y de nuestras comunidades. El mensaje de Jesús pasa por el servicio al Reino, que no es otra cosa que el servicio a los hermanos, a los más necesitados. Una experiencia de fe no es verdaderamente cristiana si nos aísla de los hermanos, si nos deja cómodamente instalados en la vida y nos aleja del servicio a los más necesitados.

5.- Si escuchamos a Jesús, sentiremos que hemos de “ponernos en camino”, como sintió Abraham, y salir de nuestro conformismo y de nuestro estilo de vida egoísta, para empezar a vivir más atentos a los demás y, juntos, construir ese Pueblo de Dios, ese Reino de Jesús, y que se vaya haciendo realidad cada día entre nosotros. La vida es un camino, no exento de dificultades, ni de cruces, pero en el que Dios nos invita a caminar con confianza, como pueblo, siempre unidos, siempre juntos, como hermanos, escuchándole sólo a Él y fiándonos de su Palabra. El final del camino es la VIDA, con mayúsculas. No tengamos miedo. Estemos a la escucha, porque en cualquier momento Dios puede dejar oír su voz.

6.- Termino con una reflexión que encontré preparando esta homilía: “Cuando las dificultades del camino crezcan, cuando la marcha del desierto al jardín se presente cuesta arriba, cuando parezca que vas a ceder ante el desánimo, confía. Coloca tus pies sobre las pisadas de Jesús y déjale que agarre tu mano, quizá en silencio. El Hijo amado del Padre sabe el camino, porque Él es el Camino”. ¡Buena Cuaresma y buen camino!


3.- SUBIR AL ENCUENTRO CON DIOS Y BAJAR AL ENCUENTRO CON EL HERMANO

Por José María Martín OSA

1.- Emprender un camino interior. El domingo pasado considerábamos un aspecto importante de la existencia humana: la tentación y el peligro de autodestrucción que ocasiona el pecado. La liturgia de este segundo domingo de Cuaresma nos presenta la otra cara de la vida: también Dios nos tienta y trata de seducirnos para que vivamos total y plenamente. La historia de la salvación comenzó con la fe de un hombre, Abrahán. A través de su obediencia todos hemos sido bendecidos. Era la voz de Dios la que le ordenaba salir. Era la voz de Dios la que le invitaba a la alianza. Era la voz de Dios la que le hacía nuevas promesas: una tierra y una gran descendencia. Abrahán se puso en camino. Era un viaje espiritual, una nueva orientación de su vida, un cambio interior. Abrahán dejó sus dioses, sus ídolos y empezó la hermosa aventura del encuentro de Dios. Lo encontró, creyó, y obedeció. Su confianza en Dios y su disponibilidad para hacer la voluntad de Dios es un ejemplo para todos nosotros. Lo material y las nuevas obsesiones nos han quitado el deseo y la libertad para este viaje interior, espiritual, que es la búsqueda de Dios. Abrahán no pidió seguridades ni garantías. El Señor era su seguridad y su garantía, su guía y su paz. Igual que él dejó “sus ídolos”, también nosotros podemos abandonar “nuestros ídolos” y emprender el camino de renovación interior.

2.- Orar es escuchar a Dios. Puede que cada uno tengamos una imagen distinta de Dios; quizá ese rostro de Dios nos hable de temor, de amenaza o de castigos. Hoy la palabra de Dios nos urge para que descubramos el verdadero rostro divino: rostro de vida y solamente de vida. Subir a la montaña es el proceso simbólico de acercamiento a Dios. En la montada surgen las Teofanías. Y subir es costoso, hace falta ascesis, dejar el peso que nos estorba. El que ora descubre quién es de verdad Dios. El ámbito de la divinidad --lo blanco, la luz-- inunda al hombre. Descubre cómo culmina la ley y los profetas en Jesús. El gozo del Espíritu trastorna a Pedro. El momento crucial de la oración está en escuchar a Dios. Él ya sabe qué nos apremia. No intentemos marearle con nuestras voces. Más bien oramos para escucharle, para afinar nuestro oído. Elías lo oyó en la brisa que apenas movía las hojas. En la oración vamos percibiendo la voluntad de Dios, crecemos en ganas de construir el Reino, logramos dar paso a los gritos de los pobres, como Moisés. Ellos dos, Moisés y Elías, están presentes en la transfiguración porque supieron escuchar la voz de Dios. Representan la ley los profetas, es decir la palabra de Dios anunciada al pueblo.

3.- Bajar a la vida. ¡Qué hermoso! A uno le gustaría estar siempre así. La tentación de evadirse del mundo acecha. Menos mal que Jesús se acercó, y tocándolos les dijo: Levantaos, no temáis. Las palabras de ánimo en el coloquio final son necesarias en toda nuestra vida. Ten confianza, no temas. Pero, ¿dónde, en qué país de la tierra se encuentra hoy este monte bendito? No es ya un lugar geográfico. Es un lugar humano. Donde quiera se reúne la comunidad creyente, hay un Tabor. Hay también otra clase de montes santos. Son los miembros dolientes de la humanidad, los pobres y pequeños, en quienes Cristo te espera para transformarte y para transfigurarlos. Y son los grupos humanos que luchan por la paz y la justicia. Si el movimiento primero fue subir, el que cierra el tiempo de oración es bajar del monte. Bajar a la vida a encontrarnos con el parado, con el enfermo, el necesitado, el compañero que sufre de soledad o que, sin más, quiere pasar un rato charlando con alguien.

 

Fuente: www.betania.es

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6 marzo 2014 4 06 /03 /marzo /2014 03:22

La Homilía: I Domingo de Cuaresma. Ciclo A. 9  de marzo, 2014.

HOMILÍAS PRIMER DOMINGO DE CUARESMA A

1.- LAS TENTACIONES NUESTRAS DE CADA DÍA

Por Gabriel González del Estal

1.- Las lecturas de este primer domingo de cuaresma nos hablan de las tentaciones con las que el diablo pretendió engañar, en el principio de los tiempos, a nuestros primeros padres, Adán y Eva, y, posteriormente, a Jesús. A nuestros primeros padres, el demonio, disfrazándose de serpiente, les tentó con la promesa del conocimiento del bien y del mal. Ya no necesitarían de Dios, porque sabrían tanto como él, es decir, serían los dioses de sí mismos. A Eva la idea de comer del árbol prohibido le pareció atrayente y deseable, porque eso les daría inteligencia. Se lo dijo a Adán, y también a este la idea le pareció buena y comió el fruto que le daba su mujer. Las consecuencias ya las sabemos: se les despertó la inteligencia y lo primero que vieron es que estaban desnudos, con todas sus fragilidades al aire, y así, claro, no podían presentarse ante Dios. Huyeron de Dios, comenzaron a guiarse por sí mismos y les pasó lo que les pasó. También a todos nosotros, hijos de Eva, la idea de guiarnos por nosotros mismos, por nuestro propio conocimiento, desobedeciendo el mandato de Dios, nos ha parecido siempre atrayente y deseable, pero también es verdad que el caer en esta tentación nos ha traído muchos males a lo largo de los tiempos. No hay más que mirarnos a nosotros mismos y mirar a la sociedad en la que vivimos, para darnos cuenta de que el no dejarnos guiar por Dios ha hecho de la historia del hombre una historia de guerras, hambres, violencias y desmanes sin cuento. En lugar de amar a Dios y a los hermanos por Dios, hemos preferido amarnos cada uno a nosotros mismos y al prójimo sólo en tanto en cuanto esté y se ponga al servicio de nuestros intereses egoístas. Total, que en lugar de vivir en la tierra como en un paraíso, tenemos que vivir aquí como en un valle de lágrimas.

2.- Por la desobediencia de un solo hombre todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno sólo todos serán constituidos justos. No interpretemos este texto de San Pablo como un texto referido al “pecado original”. El concepto y la doctrina sobre el “pecado original” no aparecen en el cristianismo hasta tres siglos más tarde. Para San Pablo, el pecado es siempre eso: desobediencia a Dios. Lo que aquí nos dice San Pablo es que por la desobediencia de nuestro primer padre biológico la muerte “inauguró su reino” en el mundo, puesto que, antes, en el paraíso, Adán y Eva no estaban sometidos a la ley de la muerte. Y, por la obediencia de Cristo, Dios nos perdona el pecado y alcanzamos la justicia y la salvación. Después de Cristo, será la fe en Cristo lo que nos salve. Bien, el tema es complicado y difícil de explicar. Se han escrito muchos libros sobre esto. A nosotros, en este primer domingo de cuaresma, nos basta saber que en la obediencia y en el cumplimiento de la voluntad de Dios está la santidad y la salvación. No es fácil aceptar en nuestras vidas la voluntad de Dios, sobre todo cuando las cosas nos vienen mal dadas. Al mismo Cristo le costó sudor y sangre. Pero el único camino que tenemos para obtener la salvación de Dios es cumplir su voluntad.

3.- Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Fijémonos en que lo que nos dice el evangelio es que fue el Espíritu el que llevó a Jesús al desierto, para que fuera tentado por el diablo. Las tentaciones no son malas, en sí mismas, porque son inevitables, consecuencia de nuestra naturaleza humana, que es una naturaleza frágil e inclinada al pecado. Lo que es malo es caer en la tentación; por eso no le pedimos a Dios que nos libre de las tentaciones, sino que le pedimos todos los días, en el Padrenuestro, que no nos deje caer en la tentación. Las tentaciones del comer y beber desordenadamente, la tentación del poder y de la vanidad, la tentación del egoísmo y de la lujuria, las tentaciones nuestras de cada día, las vamos a tener mientras siga viva y pujante nuestra naturaleza humana. Lo que tenemos que pedirle a Dios todos los días es que no nos deje caer en la tentación.


2.- ES POSIBLE VIVIR SUPERANDO LAS TENTACIONES

Por Pedro Juan Díaz

1.- En este primer domingo de Cuaresma, la Iglesia nos recuerda siempre el momento de las tentaciones de Jesús en el desierto. Y es precisamente este lugar, el desierto, el que aparece en dos de las lecturas de hoy: en el evangelio y en el génesis.

2.- En la primera lectura del génesis, el ser humano es conducido al desierto como consecuencia de su mala elección, de su pecado. No superó la prueba, cayó en la tentación de “la manzana” y perdió su “estatus” en el jardín del Edén. Sin embargo, Jesús, en el Evangelio, supera las tentaciones del desierto y nos enseña que lo más importante es vivir como Hijo de Dios y que nuestra vida ha de estar marcada por cumplir la voluntad de nuestro Padre Dios. Y todo esto lo resume San Pablo en la segunda lectura diciendo que si por un hombre vino el pecado, por Jesús ha venido la salvación de Dios y el perdón de los pecados.

3.- Por tanto, Jesús nos muestra que es posible vivir superando las tentaciones, sin perder nuestra dignidad y nuestra condición de Hijos de Dios, y buscando en todo momento hacer su voluntad, como rezamos en el padrenuestro. Pero hay una cosa importante y es que para superar las tentaciones es importante saber cuales son. ¿Qué tentaciones tenemos hoy los cristianos? El Evangelio nos muestra tres tentaciones a Jesús que se pueden trasladar a nosotros.

4.- En la primera tentación, el demonio le dice a Jesús: “di que estas piedras se conviertan en panes”. Nuestra tentación podría ser hacer de la satisfacción de las necesidades materiales el objetivo absoluto de nuestra vida. Pensar que la felicidad última del ser humano se encuentra en la posesión y el disfrute de los bienes. Pero Jesús nos dice que eso no es suficiente, que los valores que Él nos propone son compartir, no poseer; dar, no acaparar; crear vida y vivir como hermanos, no explotar a los demás como si no tuvieran dignidad. ¿Me pasa algo de esto a mí?

5.- En la segunda tentación, el demonio le dice a Jesús: “tírate abajo, porque está escrito: encargará a los ángeles que cuiden de ti y te sostendrán en sus manos para que tu pie no tropiece con las piedras”. Nuestra tentación podría ser buscar el poder, el éxito o el prestigio personal, por encima de todo y a cualquier precio, incluso cayendo en las idolatrías más ridículas. Pero Jesús nos dice que, frente al propio prestigio y poder, frente a la competencia y la rivalidad con los demás, está el servicio generoso y desinteresado a los hermanos. ¿Caigo en estas cosas alguna vez?

6.- Finalmente, en la tercera tentación, el demonio le dice a Jesús: “todo esto te daré si te postras y me adoras”. Y creo que aquí tropezamos bastante, porque nuestra tentación es utilizar a Dios de manera mágica y egoísta, tratando de que Él nos resuelva los problemas de la vida, sin entrar nosotros en ningún riesgo, ni lucha, ni esfuerzo. Le pedimos, le prometemos, le invocamos… pero nuestro compromiso no se ve por ninguna parte. Jesús nos dice que esa no es la verdadera fe, una fe pasiva, acomodada, sin acción, ni compromiso transformador ante los problemas y las dificultades de la vida. Al contrario, el que ha entendido lo que es ser fiel a Dios y vivir como Hijo suyo, cumpliendo siempre su voluntad, se arriesga y se compromete cada día en la lucha por lograr un mundo más digno y justo para todas las personas. ¿Me veo reflejado en alguna de estas tentaciones? ¿Se dan en mi vida cristiana?

7.- Si hemos descubierto nuestras tentaciones, ya es un paso para poder afrontarlas y, con la fuerza de Dios, superarlas. La Eucaristía nos invita siempre a reconocer que necesitamos a Dios, que necesitamos pedirle perdón y que contamos con su misericordia, porque conoce nuestra debilidad. Así comenzamos siempre, con el perdón, y también con la paz, signo de que ese perdón que hemos recibido de Dios se ha convertido también en tarea: la de ofrecerlo a los hermanos, para construir mejores relaciones entre nosotros. La Eucaristía nos invita a cambiar nuestro corazón y a transformar nuestra realidad. La Cuaresma es un tiempo propicio para ello. Aprovechémoslo.


3.- EL ENEMIGO QUE NO DESCANSA

Por Antonio García-Moreno

1.- DE BARRO.- Allá en los principios, cuando la tierra acababa de estrenarse, hundida aún en el silencio y en la soledad, sin nadie capaz de transformarla, de contemplarla y de cantarla. Entonces Dios creó al hombre. El libro sagrado nos relata con palabras sencillas, cargadas de poesía y de simbolismo, lo que ocurrió en aquellos instantes decisivos para la Historia.

Dios, como alfarero que hunde sus dedos en el barro blando y rojizo. Como escultor que modela con mimo los perfiles de esa figura hecha a su imagen y semejanza, al hombre. Infundiéndole el soplo de su Espíritu, animando aquel cuerpo muerto, dándole vida, haciéndolo partícipe de su propio hálito vital.

Misterio del hombre. Barro y espíritu. Extraña mezcla de tierra fangosa y de cielo limpio. Ansias de eternidad y avidez por lo sensible, hambre de grandeza y deseos de lo material y caduco. Dos fuerzas en tensión continua. Hacia arriba, muy arriba. Y hacia abajo, muy abajo... Señor, compadécete de la obra de tus manos, corta esas amarras que nos frenan en nuestro vuelo vertical y ascendente de seres racionales.

Sigue el relato con sus matices ingenuos y casi míticos, transmitiendo una verdad profunda con su ropaje de palabras sencillas al alcance de todos los hombres, también de aquellos que, con una mentalidad casi infantil, escucharon por vez primera cuanto ocurrió en el principio de la Historia. Pero a través de esas palabras se descubre entre líneas la presencia del maligno. Ese espíritu infernal, esa fuerza maléfica, ese demonio horrible que acecha y engaña con mentiras descaradas, con tentaciones que seducen y que arrastran.

Seréis como Dios. Y la mujer se lo creyó, y el hombre también. Cayeron en la trampa, quedando aprisionados en la miseria y en el dolor, en la angustia y en la muerte... Y el padre de la mentira, el diablo, sigue susurrando al oído del hombre sus palabras malditas, dulcemente envenenadas... Señor, haznos sordos a sus insinuaciones, ten compasión de tus hijos. Manda de nuevo a Miguel Arcángel para que venza a Luzbel, para que nos defienda en la lucha y nos ampare contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprime las fuerzas del infierno, que el Príncipe de la celestial milicia lance con el divino poder a Satanás y a los otros malignos enemigos que, para perdición de las almas, andan dispersos por el mundo.

2.- DEJARSE LLEVAR POR EL ESPÍRITU.- El Espíritu Santo conduce a Jesús hasta el desierto, para que se retire a orar y ayunar, preparándose así para la vida pública. También entonces tuvo lugar la primera refriega con el enemigo por antonomasia, con Satanás. El Señor sigue las mociones del Espíritu, esos impulsos internos que le empujan suavemente hacia la lucha y la entrega. Aunque de modo diferente, también en nuestro interior actúa el Espíritu Santo, y trata de conducirnos por caminos de santidad. La pena es que con frecuencia nos resistimos y no secundamos su acción santificadora.

Ahora que se inicia la Cuaresma es buen tiempo para rectificar y seguir las indicaciones que el Espíritu Santo, por medio de la Iglesia y sus ministros, insinúa en nuestros corazones. Emprendamos otra vez la ruta que nos conduce a la paz y a la alegría, rompamos las ataduras de nuestras pasiones y pecados. Hagamos frente con energía a la tentación que, como en el caso de Cristo, nos viene de Satanás. Ese enemigo que no descansa en su afán por perdernos. Por tanto, ahora es tiempo propicio para romper con el demonio y esforzarnos, mediante la confesión sacramental, por purificar nuestras almas.

Cristo ha vencido al diablo. Las falacias y promesas mentirosas de Satanás fueron rebatidas con prontitud y con decisión por nuestro Señor Jesucristo. Apoyados en la gracia de Dios, que no nos ha da faltar, también nosotros venceremos a nuestro más encarnizado enemigo, a Lucifer. Entonces, como Jesús, hallaremos el consuelo y la paz, la satisfacción de nuestras ansiedades y deseos.

Por otra parte, aprendamos la gran lección que Jesús nos da en este pasaje sobre la verdadera índole de su mesianismo. En las tentaciones vemos cómo lo más importante no es lo material, ni siquiera lo más perentorio, como es el satisfacer el hambre, ni lo es el ser aplaudido por la gente, o poseer el poder y la gloria humana. Lo más importante está en vivir de la Palabra de Dios, en abandonarse y confiar en Él pero sin presunción, en adorarle y amarle con toda el alma. Él es, por tanto, un Mesías abnegado que busca antes la Palabra de Dios que el pan y el alimento, un Mesías que no quiere el triunfo temporal sino el espiritual, y que nos recuerda la grave obligación de adorar y servir tan sólo a Dios.

Fuente: www.betania.es

 

 

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6 marzo 2014 4 06 /03 /marzo /2014 03:22

La Homilía: I Domingo de Cuaresma. Ciclo A. 9  de marzo, 2014.

HOMILÍAS PRIMER DOMINGO DE CUARESMA A

1.- LAS TENTACIONES NUESTRAS DE CADA DÍA

Por Gabriel González del Estal

1.- Las lecturas de este primer domingo de cuaresma nos hablan de las tentaciones con las que el diablo pretendió engañar, en el principio de los tiempos, a nuestros primeros padres, Adán y Eva, y, posteriormente, a Jesús. A nuestros primeros padres, el demonio, disfrazándose de serpiente, les tentó con la promesa del conocimiento del bien y del mal. Ya no necesitarían de Dios, porque sabrían tanto como él, es decir, serían los dioses de sí mismos. A Eva la idea de comer del árbol prohibido le pareció atrayente y deseable, porque eso les daría inteligencia. Se lo dijo a Adán, y también a este la idea le pareció buena y comió el fruto que le daba su mujer. Las consecuencias ya las sabemos: se les despertó la inteligencia y lo primero que vieron es que estaban desnudos, con todas sus fragilidades al aire, y así, claro, no podían presentarse ante Dios. Huyeron de Dios, comenzaron a guiarse por sí mismos y les pasó lo que les pasó. También a todos nosotros, hijos de Eva, la idea de guiarnos por nosotros mismos, por nuestro propio conocimiento, desobedeciendo el mandato de Dios, nos ha parecido siempre atrayente y deseable, pero también es verdad que el caer en esta tentación nos ha traído muchos males a lo largo de los tiempos. No hay más que mirarnos a nosotros mismos y mirar a la sociedad en la que vivimos, para darnos cuenta de que el no dejarnos guiar por Dios ha hecho de la historia del hombre una historia de guerras, hambres, violencias y desmanes sin cuento. En lugar de amar a Dios y a los hermanos por Dios, hemos preferido amarnos cada uno a nosotros mismos y al prójimo sólo en tanto en cuanto esté y se ponga al servicio de nuestros intereses egoístas. Total, que en lugar de vivir en la tierra como en un paraíso, tenemos que vivir aquí como en un valle de lágrimas.

2.- Por la desobediencia de un solo hombre todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno sólo todos serán constituidos justos. No interpretemos este texto de San Pablo como un texto referido al “pecado original”. El concepto y la doctrina sobre el “pecado original” no aparecen en el cristianismo hasta tres siglos más tarde. Para San Pablo, el pecado es siempre eso: desobediencia a Dios. Lo que aquí nos dice San Pablo es que por la desobediencia de nuestro primer padre biológico la muerte “inauguró su reino” en el mundo, puesto que, antes, en el paraíso, Adán y Eva no estaban sometidos a la ley de la muerte. Y, por la obediencia de Cristo, Dios nos perdona el pecado y alcanzamos la justicia y la salvación. Después de Cristo, será la fe en Cristo lo que nos salve. Bien, el tema es complicado y difícil de explicar. Se han escrito muchos libros sobre esto. A nosotros, en este primer domingo de cuaresma, nos basta saber que en la obediencia y en el cumplimiento de la voluntad de Dios está la santidad y la salvación. No es fácil aceptar en nuestras vidas la voluntad de Dios, sobre todo cuando las cosas nos vienen mal dadas. Al mismo Cristo le costó sudor y sangre. Pero el único camino que tenemos para obtener la salvación de Dios es cumplir su voluntad.

3.- Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Fijémonos en que lo que nos dice el evangelio es que fue el Espíritu el que llevó a Jesús al desierto, para que fuera tentado por el diablo. Las tentaciones no son malas, en sí mismas, porque son inevitables, consecuencia de nuestra naturaleza humana, que es una naturaleza frágil e inclinada al pecado. Lo que es malo es caer en la tentación; por eso no le pedimos a Dios que nos libre de las tentaciones, sino que le pedimos todos los días, en el Padrenuestro, que no nos deje caer en la tentación. Las tentaciones del comer y beber desordenadamente, la tentación del poder y de la vanidad, la tentación del egoísmo y de la lujuria, las tentaciones nuestras de cada día, las vamos a tener mientras siga viva y pujante nuestra naturaleza humana. Lo que tenemos que pedirle a Dios todos los días es que no nos deje caer en la tentación.


2.- ES POSIBLE VIVIR SUPERANDO LAS TENTACIONES

Por Pedro Juan Díaz

1.- En este primer domingo de Cuaresma, la Iglesia nos recuerda siempre el momento de las tentaciones de Jesús en el desierto. Y es precisamente este lugar, el desierto, el que aparece en dos de las lecturas de hoy: en el evangelio y en el génesis.

2.- En la primera lectura del génesis, el ser humano es conducido al desierto como consecuencia de su mala elección, de su pecado. No superó la prueba, cayó en la tentación de “la manzana” y perdió su “estatus” en el jardín del Edén. Sin embargo, Jesús, en el Evangelio, supera las tentaciones del desierto y nos enseña que lo más importante es vivir como Hijo de Dios y que nuestra vida ha de estar marcada por cumplir la voluntad de nuestro Padre Dios. Y todo esto lo resume San Pablo en la segunda lectura diciendo que si por un hombre vino el pecado, por Jesús ha venido la salvación de Dios y el perdón de los pecados.

3.- Por tanto, Jesús nos muestra que es posible vivir superando las tentaciones, sin perder nuestra dignidad y nuestra condición de Hijos de Dios, y buscando en todo momento hacer su voluntad, como rezamos en el padrenuestro. Pero hay una cosa importante y es que para superar las tentaciones es importante saber cuales son. ¿Qué tentaciones tenemos hoy los cristianos? El Evangelio nos muestra tres tentaciones a Jesús que se pueden trasladar a nosotros.

4.- En la primera tentación, el demonio le dice a Jesús: “di que estas piedras se conviertan en panes”. Nuestra tentación podría ser hacer de la satisfacción de las necesidades materiales el objetivo absoluto de nuestra vida. Pensar que la felicidad última del ser humano se encuentra en la posesión y el disfrute de los bienes. Pero Jesús nos dice que eso no es suficiente, que los valores que Él nos propone son compartir, no poseer; dar, no acaparar; crear vida y vivir como hermanos, no explotar a los demás como si no tuvieran dignidad. ¿Me pasa algo de esto a mí?

5.- En la segunda tentación, el demonio le dice a Jesús: “tírate abajo, porque está escrito: encargará a los ángeles que cuiden de ti y te sostendrán en sus manos para que tu pie no tropiece con las piedras”. Nuestra tentación podría ser buscar el poder, el éxito o el prestigio personal, por encima de todo y a cualquier precio, incluso cayendo en las idolatrías más ridículas. Pero Jesús nos dice que, frente al propio prestigio y poder, frente a la competencia y la rivalidad con los demás, está el servicio generoso y desinteresado a los hermanos. ¿Caigo en estas cosas alguna vez?

6.- Finalmente, en la tercera tentación, el demonio le dice a Jesús: “todo esto te daré si te postras y me adoras”. Y creo que aquí tropezamos bastante, porque nuestra tentación es utilizar a Dios de manera mágica y egoísta, tratando de que Él nos resuelva los problemas de la vida, sin entrar nosotros en ningún riesgo, ni lucha, ni esfuerzo. Le pedimos, le prometemos, le invocamos… pero nuestro compromiso no se ve por ninguna parte. Jesús nos dice que esa no es la verdadera fe, una fe pasiva, acomodada, sin acción, ni compromiso transformador ante los problemas y las dificultades de la vida. Al contrario, el que ha entendido lo que es ser fiel a Dios y vivir como Hijo suyo, cumpliendo siempre su voluntad, se arriesga y se compromete cada día en la lucha por lograr un mundo más digno y justo para todas las personas. ¿Me veo reflejado en alguna de estas tentaciones? ¿Se dan en mi vida cristiana?

7.- Si hemos descubierto nuestras tentaciones, ya es un paso para poder afrontarlas y, con la fuerza de Dios, superarlas. La Eucaristía nos invita siempre a reconocer que necesitamos a Dios, que necesitamos pedirle perdón y que contamos con su misericordia, porque conoce nuestra debilidad. Así comenzamos siempre, con el perdón, y también con la paz, signo de que ese perdón que hemos recibido de Dios se ha convertido también en tarea: la de ofrecerlo a los hermanos, para construir mejores relaciones entre nosotros. La Eucaristía nos invita a cambiar nuestro corazón y a transformar nuestra realidad. La Cuaresma es un tiempo propicio para ello. Aprovechémoslo.


3.- EL ENEMIGO QUE NO DESCANSA

Por Antonio García-Moreno

1.- DE BARRO.- Allá en los principios, cuando la tierra acababa de estrenarse, hundida aún en el silencio y en la soledad, sin nadie capaz de transformarla, de contemplarla y de cantarla. Entonces Dios creó al hombre. El libro sagrado nos relata con palabras sencillas, cargadas de poesía y de simbolismo, lo que ocurrió en aquellos instantes decisivos para la Historia.

Dios, como alfarero que hunde sus dedos en el barro blando y rojizo. Como escultor que modela con mimo los perfiles de esa figura hecha a su imagen y semejanza, al hombre. Infundiéndole el soplo de su Espíritu, animando aquel cuerpo muerto, dándole vida, haciéndolo partícipe de su propio hálito vital.

Misterio del hombre. Barro y espíritu. Extraña mezcla de tierra fangosa y de cielo limpio. Ansias de eternidad y avidez por lo sensible, hambre de grandeza y deseos de lo material y caduco. Dos fuerzas en tensión continua. Hacia arriba, muy arriba. Y hacia abajo, muy abajo... Señor, compadécete de la obra de tus manos, corta esas amarras que nos frenan en nuestro vuelo vertical y ascendente de seres racionales.

Sigue el relato con sus matices ingenuos y casi míticos, transmitiendo una verdad profunda con su ropaje de palabras sencillas al alcance de todos los hombres, también de aquellos que, con una mentalidad casi infantil, escucharon por vez primera cuanto ocurrió en el principio de la Historia. Pero a través de esas palabras se descubre entre líneas la presencia del maligno. Ese espíritu infernal, esa fuerza maléfica, ese demonio horrible que acecha y engaña con mentiras descaradas, con tentaciones que seducen y que arrastran.

Seréis como Dios. Y la mujer se lo creyó, y el hombre también. Cayeron en la trampa, quedando aprisionados en la miseria y en el dolor, en la angustia y en la muerte... Y el padre de la mentira, el diablo, sigue susurrando al oído del hombre sus palabras malditas, dulcemente envenenadas... Señor, haznos sordos a sus insinuaciones, ten compasión de tus hijos. Manda de nuevo a Miguel Arcángel para que venza a Luzbel, para que nos defienda en la lucha y nos ampare contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprime las fuerzas del infierno, que el Príncipe de la celestial milicia lance con el divino poder a Satanás y a los otros malignos enemigos que, para perdición de las almas, andan dispersos por el mundo.

2.- DEJARSE LLEVAR POR EL ESPÍRITU.- El Espíritu Santo conduce a Jesús hasta el desierto, para que se retire a orar y ayunar, preparándose así para la vida pública. También entonces tuvo lugar la primera refriega con el enemigo por antonomasia, con Satanás. El Señor sigue las mociones del Espíritu, esos impulsos internos que le empujan suavemente hacia la lucha y la entrega. Aunque de modo diferente, también en nuestro interior actúa el Espíritu Santo, y trata de conducirnos por caminos de santidad. La pena es que con frecuencia nos resistimos y no secundamos su acción santificadora.

Ahora que se inicia la Cuaresma es buen tiempo para rectificar y seguir las indicaciones que el Espíritu Santo, por medio de la Iglesia y sus ministros, insinúa en nuestros corazones. Emprendamos otra vez la ruta que nos conduce a la paz y a la alegría, rompamos las ataduras de nuestras pasiones y pecados. Hagamos frente con energía a la tentación que, como en el caso de Cristo, nos viene de Satanás. Ese enemigo que no descansa en su afán por perdernos. Por tanto, ahora es tiempo propicio para romper con el demonio y esforzarnos, mediante la confesión sacramental, por purificar nuestras almas.

Cristo ha vencido al diablo. Las falacias y promesas mentirosas de Satanás fueron rebatidas con prontitud y con decisión por nuestro Señor Jesucristo. Apoyados en la gracia de Dios, que no nos ha da faltar, también nosotros venceremos a nuestro más encarnizado enemigo, a Lucifer. Entonces, como Jesús, hallaremos el consuelo y la paz, la satisfacción de nuestras ansiedades y deseos.

Por otra parte, aprendamos la gran lección que Jesús nos da en este pasaje sobre la verdadera índole de su mesianismo. En las tentaciones vemos cómo lo más importante no es lo material, ni siquiera lo más perentorio, como es el satisfacer el hambre, ni lo es el ser aplaudido por la gente, o poseer el poder y la gloria humana. Lo más importante está en vivir de la Palabra de Dios, en abandonarse y confiar en Él pero sin presunción, en adorarle y amarle con toda el alma. Él es, por tanto, un Mesías abnegado que busca antes la Palabra de Dios que el pan y el alimento, un Mesías que no quiere el triunfo temporal sino el espiritual, y que nos recuerda la grave obligación de adorar y servir tan sólo a Dios.

Fuente: www.betania.es

 

 

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27 febrero 2014 4 27 /02 /febrero /2014 23:39

La Homilía: VIII Domingo, Tiempo Ordinario. Ciclo A. 2 de marzo, 2014.

1.- ¿A QUIEN SERVIMOS?

Por José María Martín OSA

1.- Nadie puede tener dos amos al mismo tiempo. No podemos “servir a Dios y al dinero”. Jesús anuncia el peligro y riesgo de las riquezas. Aquí la palabra de Jesús no se anda con rodeos. La idolatría del dinero es mala porque aparta de Dios y aparta del hermano. La preocupación por la riqueza casi inevitablemente ahoga la palabra de Dios. La crítica de Jesús al abuso de la riqueza se basa en el poder totalizador y absorbente de ésta. La riqueza quiere ser señora absoluta de aquél a quien posee. Nadie puede tener dos amos al mismo tiempo porque terminará por cumplir con uno solo o no cumplir con ninguno, de la misma forma y con más razón es incompatible el servicio a Dios con el servicio a las riquezas. Sólo queda, por tanto, elegir entre uno y otro: o el Reino de Dios y su justicia, o el reino del dinero y sus injusticias. Jesús, como fino conocedor de la intimidad del hombre, sabe que su corazón está llamado a amar y entregarse; y siempre amará algo o a alguien, siempre buscará en el encuentro con las cosas o las personas esa corriente de dar y recibir, de vaciarse y de ser llenado.

2.- Evitar el agobio de los bienes materiales.: Buscad "primero" el Reino de Dios, dice Jesús. Sólo se busca lo que se valora como necesario. Jesús propone, en definitiva, una inversión en el orden de los valores, un ordenamiento distinto, una justicia distinta. El ordenamiento de la vida basado en el dinero genera en la persona un estado angustioso de agobio que termina por aniquilarla. ¿Y no vale más la persona que todos los dineros juntos? Contempla los pájaros: no hay en ellos el más leve asomo de angustia. Propone Jesús la confianza absoluta en Dios. Nos lo recuerda también Isaías: igual que una buena madre nunca se olvida de su criatura, de la misma manera Dios nunca se olvida de nosotros. Sólo en Dios descansa nuestra alma, proclamamos en el Salmo 61. La propuesta de Jesús es una apuesta por la libertad y la alegría de todos y cada uno de nosotros. Las palabras de Jesús nacen de su descubrimiento de una persona, de su descubrimiento del Padre. Esta experiencia de fe genera serenidad y evita el sufrimiento de la inseguridad por el futuro: "El mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos". El evangelio de hoy nos invita a la confianza en Dios y a evitar el agobio de los bienes materiales.

3.-El Reino de Dios y su justicia. La injusticia social se opone a la construcción del Reino. Jesús no critica la riqueza en sí misma, sino la valoración de la riqueza como bien supremo y motor de las actividades del hombre. Jesús reclama la atención sobre el poder destructivo del afán de posesión, el verdadero anti-evangelio del Reino. Una sociedad fundamentada sobre el ideal de poseer más y más lleva necesariamente a la destrucción de todo ideal de comunidad auténticamente humana. El amor a las riquezas es un pecado netamente social y, por eso mismo, mucho más destructor que otro tipo de pecados, porque genera un pecado institucional, un sistema social injusto en el que la persona humana termina por ser considerada como un simple valor de intercambio comercial. La fe en Cristo postula un orden social en el cual la posesión de bienes y riquezas se someta a los postulados del Reino de Dios y su justicia.


2.- BUSCAR EL REINO DE DIOS

Por Pedro Juan Díaz

1.- Nos encontramos en el último domingo antes de comenzar la Cuaresma el próximo miércoles con la imposición de la ceniza. Dejamos aquí la lectura del sermón de la montaña. Si la liturgia continuara, aún leeríamos un domingo más este bello discurso de Jesús, pero llega la Cuaresma y se interrumpe el ciclo ordinario.

2.- Después de haber escuchado las bienaventuranzas y el amor a los enemigos, entre otras cosas, hoy Jesús nos habla de nuestra relación con el dinero y los bienes materiales. Son textos para leer despacio y apuntar algunas frases de Jesús que, si lo reconocemos con sinceridad, están hablando de actitudes y contravalores en los que nosotros caemos. Son, pues, advertencias para nuestra vida. Yo me he quedado con algunas frases que nos pueden ayudar a concretar el mensaje de Jesús. Por ejemplo:

- No podéis servir a Dios y al dinero.

-No andéis preocupados por la comida o el vestido. La vida y las personas son más importantes y Dios lo sabe.

-Dios alimenta a las aves del cielo y hace crecer los lirios del campo. Pero vosotros sois más importantes. ¿Cuánto no hará por vosotros, entonces?

-Dios sabe lo que necesitáis. Vosotros buscad primero el Reino de Dios y lo que es propio de él y lo demás vendrá.

3.- ¿Qué significa “buscar el Reino de Dios”? Yo entiendo que es poner en práctica una serie de valores y actitudes que Jesús nos anunció con su vida y nos propuso para la nuestra.

--El primero es el AMOR. Es el más importante, del cual se deriva todo lo demás.

- Si AMO… seré solidario, ayudaré al que lo necesita, compartiré lo que tengo, mis bienes, mi comida, mi ropa… a nadie le faltará lo necesario para vivir dignamente si yo puedo evitarlo.

- Si hago todo eso, Dios se hará más presente en la vida de esas personas y en la mía y su Reino crecerá. Por lo tanto, estaré haciendo crecer el Reino de Dios y todo lo que ello conlleva de una vida mejor para todas las personas, como Dios quiere. ¿Se entiende?

4.- El resumen de todo este mensaje está en la primera lectura, esa tan corta pero que contiene el núcleo de lo que estamos diciendo. ¿Cómo se hace presente Dios en nuestra historia y en nuestras vidas? La respuesta es amando. ¿Y cómo nos ama Dios? Como una madre ama a sus hijos. ¿Puede una madre olvidarse de sus hijos? Aunque así fuera, Dios no lo hará, no nos olvidará nunca y nunca dejará de cuidarnos. Así es nuestro Dios. Él nos ama y nos cuida a través de las personas que tenemos a nuestro alrededor y lo hacen. Seguramente Dios querría que fueran más y mejor, pero a veces nuestro corazón se endurece y se vuelve egoísta y el “poderoso caballero don dinero” gana la partida.

5.- Pero en la medida en que seamos conscientes de que las personas, nuestros hermanos y hermanas, son lo primero, cuidaremos de que a nadie le falte de nada. De esa manera, los demás experimentarán el cuidado y la cercanía de Dios, a través de nosotros, de nuestras acciones, de nuestro amor. También evitaremos caer en cosas superfluas. Dios sabe lo que necesitamos de verdad y nos lo da. De lo demás, podemos prescindir.

6.- Y cuando veamos que estas cosas no se dan, que en nuestra sociedad no se pone a las personas por encima de todo, sino que lo más importante es la economía, saldremos a la calle y protestaremos enérgicamente, ya que todo lo que vaya en contra de las personas, va también en contra de Dios. Por eso nos dice Jesús que no podemos servir a Dios y al dinero. Dios Padre ha creado todas las cosas para que todos sus hijos podamos vivir felices y de manera digna. Incluso ha creado el dinero para este fin. El dinero nos ha de ayudar a hacer felices a los demás y aliviar el sufrimiento de los que lo pasan mal. El dinero puede ser un signo, un sacramento del amor generoso de Dios, cuando lo liberamos de la ambición, de la avaricia, de la codicia, del rendimiento, de la obsesión por acumular, del competir por quien es más teniendo más.

7.- En la Eucaristía se hace visible la fraternidad y la solidaridad. Somos hermanos reunidos por un Padre común. Compartimos lo que tenemos de manera generosa en el momento de la ofrenda. Y desde ahí ayudamos a otros hermanos que no tienen lo necesario para vivir. Aquí se hace realidad el proyecto de Dios, si lo vivimos con sinceridad de corazón. Nos queda la invitación de Jesús: buscad el Reino de Dios. Lo demás, vendrá.


3.- HEMOS DE VIVIR SEGUROS DE QUE DIOS EXISTE Y QUE NOS AMA

Por Antonio García-Moreno

1.- MÁS QUE TODAS LAS MADRES JUNTAS.- Isaías recoge las quejas del pueblo. Quejas que quizá se hayan también esbozado en nuestro interior. Palabras doloridas que brotan de un corazón herido por la angustia y envuelto en la soledad. Quebranto de quien se ha visto cerca de Dios, y de pronto se ve lejos, abandonado, perdido, solo. Noche oscura del alma que no tenía otra cosa que a Dios, y que por la causa que sea se ve sin Él, desnuda y desamparada, sin tener dónde agarrarse, sin encontrar apoyo que la sostenga en su caminar vacilante.

"Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado". No es verdad. Él no nos olvida. Él sólo permite que nosotros, libremente, nos alejemos y le olvidemos. Entonces, cuando uno se da cuenta de la gran equivocación, cuando uno percibe lo que significa estar sin Dios, entonces viene la zozobra y la angustia, el escozor de la peor soledad que pueda afligir al hombre. Y al no encontrar ni paz ni sosiego en nada ni en nadie, el hombre vuelve sobre sus pasos y acude de nuevo a Dios, a quien se queja dolorido y humillado.

Isaías contempla la reacción divina, escucha asombrado esas palabras que revelan en parte la inabarcable grandeza de la misericordia divina. ¿Puede una madre olvidarse de su hijito?, pregunta Dios enternecido. Pues aunque todas las madres se olvidaran de sus pequeñuelos _hipótesis absurda_, Dios no se olvidaría de ti, ni de mí. Toda la carga de amor, toda la dulzura, todo el cariño de cuantas madres han existido y existirán, todo el cúmulo afectivo de la maternidad es algo nimio en comparación con el amor de Dios. Él sólo está esperando que le llamemos para acudir corriendo a nuestro lado. Él sólo necesita que le pidamos perdón para perdonarnos inmediatamente.

Parece imposible que el Señor se comporte así con nosotros. Pero más imposible parece que nosotros, siendo las cosas de este modo, no quedemos transidos de amor por Dios, atados para siempre a su inmenso cariño. Todo se explica porque Dios es Dios, y también porque el hombre es hombre. De todas formas, ese perdón y ternura maternal de Dios ha de removernos profundamente y empujarnos a serle cada día más fieles.

2.- DIOS Y EL DINERO.- En más de una ocasión expresa Cristo las condiciones tajantes que suponen su seguimiento. Sus exigencias están en la misma línea de amor exclusivo que exigía Yahvé en el Antiguo Testamento a su pueblo. No hay más que un solo Dios y Señor. El politeísmo de los pueblos vecinos era inadmisible para la religión yahvista. Jesús continúa esa revelación veterotestamentaria, viene a darle cumplimiento. Por eso insiste en que o se está con Él, o se está contra Él. Hay que decidirse.

Aquí nos habla el Señor del servicio al dinero. Podría parecer que son pocos los que realmente sirven al dinero, y que sucede lo contrario, es decir, que nosotros nos servimos del dinero y no le servimos a él. No obstante, cuando se pone al dinero en primer plano, se acaba por vivir sólo para ganar dinero, sin que nunca sea suficiente por mucho que se gane. Entonces se comienzan a sacrificar cosas al dinero: el tiempo, los sentimientos, la familia, uno mismo.

Jesús nos pone en guardia para que no caigamos en semejante aberración. El dinero tiene sólo una importancia relativa. Por encima de él se han de poner los valores del espíritu, la amistad, la honradez, la conciencia, el amor en sus múltiples manifestaciones, Dios en definitiva. Sólo así alcanzaremos la paz y la felicidad.

Hay que trabajar por supuesto, tratar de obtener cuanto necesitamos para llevar una vida digna. Pero siempre eso será un medio y no un fin. Por otra parte, hemos de vivir seguros de que Dios existe y que nos ama, que puede ayudarnos y nos está continuamente ayudando. Vivir confiados en la providencia divina, siempre ocupados pero nunca preocupados. Luchando con toda el alma, pero sin perder jamás la calma.

 

Fuente: www.betania.es

 

 

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19 febrero 2014 3 19 /02 /febrero /2014 23:30

La Homilía: VII Domingo, Tiempo Ordinario. Ciclo A. 23 de febrero, 2014

1.- DESCUBRIERON AL DIOS DE LA LIBERTAD Y DEL AMOR

Por Pedro Juan Díaz

1.- Continuamos escuchando en el Evangelio de Mateo la aplicación de las bienaventuranzas a la vida de la comunidad cristiana, dentro de este capítulo 5 que venimos escuchando en las últimas semanas y que termina hoy. En las tres lecturas hay una llamada a ser santos (“sed perfectos”, dice Jesús). Y esa santidad pasa necesariamente por el mandamiento del amor, que es el que empapa todo el mensaje de Jesús, y que vamos viendo aplicado desde las bienaventuranzas hasta el texto de hoy en su forma más radical. Esa llamada a la santidad contrasta con el estar sometidos a nuestra condición de seres humanos, imperfectos, limitados. Cuando comenzamos la Eucaristía lo hacemos reconociéndonos necesitados de Dios, pecadores. Pero Dios sabe bien de nuestra frágil naturaleza, porque se ha encarnado, ha sido uno de nosotros. Y nos sigue llamando y convocando a ser perfectos, a vivir el amor como Él lo vivió. Porque sólo el amor vivido así, a su estilo, hará posible nuestra santidad.

2.- Ese amor de nosotros hacia Dios no se puede improvisar. Es un amor que nace de una experiencia religiosa, una experiencia que da sentido a toda nuestra vida. Para el pueblo de Israel, esa experiencia fue la de sentirse liberados. Descubrieron a un Dios preocupado por sus vidas, por sus sufrimientos. Descubrieron a un Dios que se les dio a conocer liberándolos de la esclavitud de Egipto. Descubrieron al Dios de la libertad y del amor. Años más tarde, esa experiencia religiosa se “enfrió”, por decirlo de alguna manera, o quizás se “descafeinó”. Y se “escondió” a ese Dios del amor y de la libertad debajo de un montón de normas que hacían la vida más difícil, en vez de todo lo contrario. Entonces llegó Jesús, y comenzó a “desvelar” al Dios del amor y de la libertad que estaba en el origen de la experiencia religiosa de aquel pueblo. Y Él mismo se convirtió en experiencia de amor y de liberación para cuantos le siguieron, desde entonces hasta hoy.

3.- Detrás de esa experiencia de amor y libertad que los cristianos descubrimos no pueden haber obligaciones, sino gratitud. Gratitud hacia un Dios que se ha hecho uno de nosotros y ha dado su vida para que tengamos Vida eterna. Gratitud a un Dios que no deja nunca de preocuparse por sus hijos e hijas, especialmente por los más pobres e indefensos. Gratitud hacia un Dios que nos ama y nos ha amado incondicionalmente, sin nosotros pedírselo, ni merecerlo. Esa es la experiencia religiosa que tiene que estar en el origen de nuestro seguimiento de Jesús. Si está, descubriremos que es el amor el motor y el sentido de nuestras vidas, el amar al estilo de Dios, al estilo de Jesús. Pero si no está, todo nos vendrá cuesta arriba, desde el venir a Misa, hasta el desprendernos de lo nuestro para que otros puedan vivir dignamente, y no digamos el “amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por os que os persiguen y calumnian”, que propone hoy el Evangelio.

4.- Ante las dificultades de la vida, los cristianos confiamos en el amor, que está avalado por una experiencia religiosa: sentirnos amados y ayudados por un Dios que se ha comprometido por nosotros. Es el mismo Dios del amor y de la libertad al que el pueblo de Israel descubrió y siguió. Y el mejor agradecimiento que podemos mostrarle es el vivir unidos, en comunidad, en Iglesia, siendo todos, una gran familia. “¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?”. Es lo que Pablo les dice a los recién bautizados de la comunidad de Corinto. Todos los bautizados formamos un solo cuerpo, somos parte de la misma comunidad, de la misma parroquia, y estamos llamados a ser un signo de unidad para las personas que conviven con nosotros. “Mirad como se aman”, era la expresión de la gente cuando veían el estilo de vida de los primeros cristianos.

5.- La Eucaristía es el momento de mayor agradecimiento de los cristianos. Es cuando damos gracias a Dios por la entrega de su hijo Jesús. Es cuando fortalecemos nuestra experiencia religiosa para salir a la vida de cada día y ser testigos de ese Dios del amor y de la libertad que se ha comprometido con la humanidad y que nunca nos va a abandonar. Nuestro compromiso es vivir en acción de gracias, vivir amando. Termino con una frase que leí al preparar esta reflexión: “amar igual que Dios, solo Dios; pero amar a su estilo, es posible”. Proclamemos nuestra fe como comunidad cristiana en el Dios que nos ama y nos ha hecho libres para responderle con gratitud.


2.- NO HAY QUE DEVOLVER MAL POR MAL

Por Antonio García-Moreno

1.- SED SANTOS, PERFECTOS.- Dios es el Santo. Nadie como Él es justo y bueno, distinto y singular, trascendente y diverso. Por eso los que ha elegido para formar parte de su Pueblo, los que creen el Él, han de ser santos, perfectos, hombres consagrados para servirle. De hecho, al ser bautizado el creyente es consagrado, santificado. Todo su ser queda, en cierto modo, separado del uso meramente profano, su persona queda consagrada a Dios. De tal forma que cuanto el bautizado haga, si permanece unido al Señor por la gracia, viene a ser algo grato al Señor, algo también santo. El estar consagrado implica dedicación a Dios, y por eso mismo supone también perfección.

En efecto, cuanto se consagraba a Dios había de ser intachable, sin el menor menoscabo. Por eso la consagración supone santidad, e implica también perfección y rectitud en el orden moral. El creyente, mediante el Bautismo, es un ser sagrado, queda constituido en hijo de Dios, y como tal ha de comportarse. Lo dirá expresamente Jesús: "Sed perfectos, como mi Padre celestial es perfecto". El lugar paralelo de san Lucas formula de otra forma lo mismo al decir: "Sed misericordiosos, como vuestro Padre celestial es misericordioso". Es una aclaración muy provechosa, ya que es en la misericordia donde está el aspecto divino que podemos imitar. Hay que extirpar como mala hierba cualquier tendencia que nos incline al rencor o al odio. Más aun hay que fomentar el deseo de ayudar al prójimo en cuanto podamos, no sólo en el plano moral sino también en el material. Hay que aprender a ponerse en el lugar del prójimo, de ese que está junto a nosotros. Hay que amar al otro como a uno mismo.

En otra ocasión Jesús nos dará una medida aun mayor para la práctica de la misericordia, para vivir el amor. Como yo os he amado, nos dice, así habéis de amaros los unos a los otros. Por tanto, la medida de amor que tiene el Corazón divino de Jesús, esa ha de ser nuestra propia medida. Sólo así llegaremos a esa perfección y santidad que el Señor nos exige.

2.- OJO POR OJO, DIENTE POR DIENTE.- Este pasaje corresponde a una de las antítesis que Jesús pronuncia en el Sermón de la Montaña. Aunque es cierto que la Ley sigue en vigor, hay sin embargo un modo nuevo de vivirla, una exigencia de mayor interiorización y autenticidad en su cumplimiento. Así dirá que el mandamiento de no matar implica también un respeto hacia el hermano, hasta el punto que quien se enfade contra su prójimo, o le insulte, es reo de juicio o del fuego de la Gehenna.

En el caso de la ley del Talión, Cristo abre unas perspectivas nuevas. Es cierto que el ojo por ojo y diente por diente en la ley del Talión era un modo de atemperar la venganza personal o la represalia. Se intentaba, en efecto, que quien se tomara la justicia por su mano no se excediera, llevado por su indignación ante el daño sufrido, y causara un mal desproporcionado. Sin embargo, Cristo considera que hay que desechar todo deseo de venganza o de justa compensación por el daño sufrido. Según la doctrina evangélica, no hay que enfrentarse a quien nos perjudica, no hay que devolver mal por mal. Aunque eso sea lo normal, e incluso podemos decir que lo natural.

Jesucristo, por el contrario, desea que actuemos, no como hijos de los hombres, sino como hijos de Dios. Es decir, quiere que nos parezcamos más a nuestro Padre Dios. Y si Él no distingue entre buenos y malos a la hora de mandar la lluvia o de hacer salir el sol, tampoco quienes somos sus hijos podemos dejarnos llevar de criterios meramente humanos. Hemos de luchar por ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto, o, como dice el paralelo de Lucas, hemos de ser misericordiosos como nuestro Padre celestial es misericordioso.


3.- LA MEDIDA DEL AMOR ES EL AMOR SIN MEDIDA

Por Gabriel González del Estal

1. En este domingo debemos reflexionar sobre las dos últimas antítesis que Jesús pronunció en el sermón del monte: perdonar a los que nos ofenden y amar al enemigo. Es decir, que seguimos hablando de la plenitud de la ley, de la ley que, según Jesús, no cumplían en su plenitud los escribas y los fariseos. La primera de las antítesis hace referencia al mandato que establecía la llamada ley del talión, tal como está escrita en el libro del Éxodo, 21, 25: ojo por ojo y diente por diente. La ley del talión era considerada por los judíos como una ley sagrada, dada por Moisés a su pueblo, para impedir la venganza desproporcionada e indiscriminada. En su momento, fue una ley buena y necesaria. Pero Jesús de Nazaret les pide a sus discípulos que ellos vayan mucho más allá de la ley, que si reciben una bofetada en la mejilla, no sólo no respondan con otra bofetada en la mejilla del agresor, sino que presenten mansamente la otra mejilla. Yo no sé si nosotros, en nuestro comportamiento diario, somos más partidarios de la ley de Moisés, que del consejo de Jesús. Pero lo que sí sé es que la plenitud del perdón, según el mandamiento de Jesús, nos obliga a no devolver mal por mal, sino a vencer el mal con el bien. Los cristianos debemos ofrecer mansedumbre y paz siempre, incluso a los que nos ofenden o injurian injustamente. Es evidente que ahora existen los tribunales de justicia, y que también los cristianos tenemos derecho a hacer uso de ellos cuando lo creamos justo y conveniente. Pero en la convivencia de cada día debemos esforzarnos en parecer y en ser siempre mansos y humildes de corazón.

2. La segunda de las antítesis que nos presenta Jesús este domingo se refiere al amor a los enemigos: “Yo, en cambio, os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian”. ¿Es posible amar a los enemigos? Afectivamente, casi nunca es posible, pero lo que nos manda Cristo no es que amemos afectivamente a los enemigos, sino que les hagamos el bien y recemos por ellos. Esto no sólo es posible hacerlo, sino que haciéndolo nos sentiremos mucho mejor. La apalabra <amar> a una persona significa en este caso hacerle el bien, rezar por ella. Nos dice Jesús que si hacemos esto actuaremos como verdaderos hijos de Dios, de un Dios padre de todos, que hace salir el sol sobre buenos y malos. Amar a una persona en la medida en la que ella nos ama, es relativamente fácil; amar a una persona más allá de la medida en la que ella nos ama, es difícil. Eso es amar sin medida, amar con la medida de Dios. Muchas personas dicen: yo perdono, pero no olvido. Pues si perdonan en sentido cristiano, ya es suficiente. Olvidar, ya sabemos que, psicológicamente, es imposible y nadie nos lo va a exigir. Esa es la paz de conciencia que nos debe dar la religión, ante las injurias, los insultos y los daños no merecidos. El perdón es la cara humilde del amor; el que sabe perdonar, sabe amar.

3. ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Este pensamiento que San Pablo escribe a los primeros cristianos de Corinto es un pensamiento que nos debe llenar de paz y, al mismo tiempo, de responsabilidad. El templo no es sagrado por la riqueza arquitectónica de sus muros, o por la suntuosidad interior y exterior que presenta al que lo mira. El templo es sagrado porque es la casa visible donde Dios se manifiesta. Si nosotros somos templos de Dios, debemos presentarnos a los demás como personas en las que Dios habita y en las que Dios se manifiesta. Dios quiere vivir en nosotros como un Dios bondadoso y lleno de amor. Si sabemos vaciarnos de nuestro yo vanidoso y carnal, Dios podrá manifestarse en nosotros como un Dios Amor, como el Dios de Jesucristo. Así cada uno de nosotros será un templo vivo de Dios, porque el Espíritu de Dios habita en nosotros.


 

 

Fuente: www.betania.es

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12 febrero 2014 3 12 /02 /febrero /2014 21:59

La Homilía: VI Domingo, Tiempo Ordinario. Ciclo A. 16 de febrero, 2014

1.- ANTE TODO, EL AMOR

Por José María Martín OSA

1.- El amor por encima de la ley. Jesús nos llama hoy a ir más allá del legalismo: «Os digo que si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos». La Ley de Moisés apunta al mínimo necesario para garantizar la convivencia, pero el cristiano ha de procurar superar este mínimo para llegar al máximo posible del amor. Lo que hoy nos enseña Jesús es a no creernos seguros por el hecho de cumplir esforzadamente unos requisitos con los que podemos reclamar méritos a Dios, como hacían los maestros de la ley y los fariseos. Más bien debemos poner el énfasis en el amor a Dios y los hermanos, amor que nos hará ir más allá de la fría ley y a reconocer humildemente nuestras faltas en una conversión sincera. El evangelista pone en boca de Jesús un repaso rápido de cuanto la ley exigía a sus contemporáneos. El no ha venido a destruirla sino a darla su cumplimiento. No bastará no matar. Será necesario no enfadarse con el hermano, no boicotearle, no pisarle, no ignorarle, no olvidarle, no despreciarle. ¿Y las relaciones con la mujer? El evangelio de Mateo pone de relieve el deseo de Jesús de dignificar a la mujer de su tiempo. Entre los judíos la mujer apenas era una cosa. A través de la historia y durante mucho tiempo apenas ha sido más que cosa. La división de la humanidad en hombres y mujeres ha dado una terrible consecuencia: la discriminación irritante de la mujer. El cristiano tiene ante sí otro reto puesto por Jesucristo: el de considerar a la mujer como persona con la que compartir un proyecto de vida, el de dar una espléndida lección al mundo, mostrar qué maravilla son capaces de forjar dos seres que, considerándose iguales, viven fundados en Cristo.

2.- Aprender la lección del perdón. Hay quien dice: ‘Yo soy bueno porque no robo, ni mato, ni hago mal a nadie’; pero Jesús nos dice que esto no es suficiente, porque hay otras formas de robar y matar. Podemos matar las ilusiones de otro, podemos menospreciar al prójimo, anularlo o dejarlo marginado, le podemos guardar rencor; y todo esto también es matar, no con una muerte física, pero sí con una muerte moral y espiritual. El Señor nos llama a ser personas consecuentes: «Deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano», es decir, la fe que profesamos cuando celebramos la Liturgia debería influir en nuestra vida cotidiana y afectar a nuestra conducta. Por ello, Jesús nos pide que nos reconciliemos con nuestros enemigos. Un primer paso en el camino hacia la reconciliación es rogar ellos, como Jesús nos pide. Si se nos hace difícil, entonces, sería bueno recordar a Jesucristo muriendo por todos. En palabras de Benedicto XVI, «si queremos presentaros ante Él, también debemos ponernos en camino para ir al encuentro unos de otros. Por eso, es necesario aprender la gran lección del perdón: no dejar que se insinúe en el corazón la polilla del resentimiento, sino abrir el corazón a la magnanimidad de la escucha del otro, abrir el corazón a la comprensión, a la posible aceptación de sus disculpas y al generoso ofrecimiento de las propias».

3.- El culto verdadero no olvida la solidaridad. Tal vez sería oportuno que nuestras catequesis incluyeran entre las condiciones para participar válidamente en la eucaristía la de trabajar por la justicia. Sin tensión hacia la justicia no puede haber eucaristía. Pablo negaba la posibilidad de celebrar verdaderamente la cena del Señor a quienes estaban hartos y se desentendían de los que pasaban hambre. La primitiva comunidad cristiana exigía, apoyándose en las palabras del Señor, estar en paz con los hermanos antes de ofrecer el sacrificio. No existe en la realidad el peligro de olvidarnos de Dios por amar al prójimo. Sin embargo, es tristemente habitual que olvidemos al prójimo pretendiendo amar a Dios. Confundimos el mensaje de Jesús con el comportamiento religioso corriente, con ser "gente de orden". Abandonamos así las actitudes más características y nuevas del evangelio. La fraternidad -solidaridad- constituye lo más típico del culto cristiano. No olvidemos que la palabra "liturgia" se deriva de un verbo griego que significa "servir". Si lo tenemos en cuenta, estaremos haciendo “la voluntad del Señor” como nos recuerda la lectura del Eclesiástico y el Salmo 118.

4.-“Su mañana es hoy”. Podemos decir que el mundo es un pañuelo, sobre todo si contemplamos en nuestros televisores a personas geográficamente distantes, pero cercanas en nuestro corazón. Esto quiere decir que el círculo de responsabilidad se ha ampliado a tamaño mundial. Hemos de vivir una tensión hacia la paz con todos los hombres. El Tercer y Cuarto mundo existen. Nos lo hace ver hoy Manos Unidas con su Campaña contra el Hambre. La mortandad infantil, por causas que se podrían evitar, es un escándalo. El lema de la campaña “Su mañana es hoy” y la imagen del plato vacío representan la preocupación diaria de una gran parte de la población, que no puede acceder a una alimentación necesaria para vivir. Hay en el póster un niño que se encuentra en un paisaje vacío, sin recursos, solo ante su realidad. Resuenan ahora las palabras del Evangelio: “Si vas a presentar tu ofrenda ante el altar….”


2.- LA PLENITUD DE LA LEY ES EL AMOR

Por Gabriel González del Estal

1.- No he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Cristo no solo no desprecia la ley, sino que quiere que la cumplamos en plenitud. Cristo ama la ley, pero no es legalista. Sabe que le ley tiene letra y espíritu; atenerse exclusivamente a la letra de la ley puede matar el espíritu de la ley. El ejemplo del cumplimiento del sábado y de la curación de un enfermo en sábado es claramente significativo. Si por cumplir el mandato legal del descanso del sábado no atendemos a un enfermo, hemos pecado gravemente contra el espíritu de la ley del descanso del sábado. Cumplir la ley ateniéndonos al espíritu de la ley, antes que a la letra de la ley, es cumplir la ley en su plenitud. Sabemos que el mandamiento de Cristo, sobre el que se sostienen todos los demás mandamientos, es el mandamiento del amor a Dios y al prójimo. En este sentido dice San Agustín con mucha sabiduría: “la raíz de todas las obras buenas es siempre la caridad. Lo que distingue a las obras buenas de las obras malas es la caridad” (comentarios a la Carta de San Juan). En este sentido debemos entender su famosa y no siempre bien entendida frase: “ama y haz lo que quieras”. Lo que creas que debes hacer, hazlo con amor y estará bien hecho. San Pablo, en su famoso himno al amor de 1 Cor 13, lo dijo aún más claro: ya puedo yo hacer todas las cosas buenas que quiera, que si no las hago con amor no me sirven de nada (muy resumido). Cristo no nos dice que no cumplamos la ley, sino que la cumplamos en plenitud, es decir, con amor.

2.- Si no sois mejor que los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos. Fijémonos en que esta frase de Jesús está dicha inmediatamente después de las palabras del mismo Jesús ensalzando la bondad del cumplimiento de la ley. Por eso, el que Jesús diga ahora que para entrar en el Reino de los cielos hay que ser mejor que los letrados y fariseos es, por lo menos, chocante. ¿Quién cumplía la ley literalmente mejor que los fariseos? Lo que nos confirma una vez más lo que decíamos antes: que el cumplimiento de la ley sólo salva si la cumplimos por amor y con amor. Y, según el mismo Jesús, los letrados y fariseos no cumplían la ley por amor, sino por motivos egoístas e interesados. “¿Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas…?” Una vez más decimos: la plenitud de la ley no está en el cumplimiento literal de la ley, sino en ser fieles al espíritu de la ley. La letra mata y el espíritu vivifica.

3.- Habéis oído que se dijo…, pero yo os digo… Y pone el ejemplo de cuatro de los mandamientos que todo judío sabía de memoria: no matar, no cometer adulterio, las leyes sobre el divorcio y sobre el juramento. Jesús no niega la validez de estas leyes, pero dice que para cumplir estas leyes hay que ir mucho más allá de lo que las mismas leyes dicen literalmente. El mandamiento de “no matar” sólo se cumple en plenitud, es decir, con amor, cuando amamos al prójimo, incluso al que nos ha ofendido, y le perdonamos de corazón. El mandamiento “no cometerás adulterio” no se refiere únicamente al hecho físico, sino al deseo psicológico. El mandamiento “el que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio”, interpretado sólo literalmente deja a la mujer en inferioridad legal frente al hombre; la plenitud de esta ley exige que sea el amor el que regule las relaciones entre los esposos. El mandamiento “no jurarás en falso” es, por supuesto, verdadero, pero la plenitud de esta ley exige ir más allá de lo que dice la letra, exige que mi palabra y la palabra del otro sean palabras fieles y fiables en sí mismas y, en consecuencia, que sea suficiente decir “sí” o “no” para cerrar un pleito o un negocio. En definitiva, que el cumplimiento de la letra de la ley, en sí misma, no nos salva; lo que nos salva es cumplir la ley en su plenitud, es decir, que la ley sea siempre expresión de mi amor a Dios y al prójimo. Eso es cumplir la ley en su plenitud, como el mismo Cristo hizo y como nos recomendó que hiciéramos nosotros.


3.- JESÚS LO QUIERE TODO Y DE VERDAD

Por Antonio García-Moreno

1.- SI QUIERES... Libres, capaces de hacer el bien o de hacer el mal. Tenemos ante nosotros, de forma continua, dos caminos: uno que nos aleja de Dios, otro que nos acerca a Él. Uno, es verdad, fácil de recorrer, cómodo de andar, atractivo a nuestros ojos. El otro empinado, duro y estrecho, poco apetecible a nuestro espíritu de sibaritas. Pero ya sabemos por la fe, y por la experiencia muchas veces, que al término del camino ancho nos aguarda la tristeza, el fracaso, la angustia, la muerte. En cambio, después de recorrer el camino duro encontramos la paz, la alegría, la esperanza, la vida.

"Ante ti están puestos fuego y agua, echa mano a lo que quieras; delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja". Sí, Dios ha querido ser justo con nosotros, quiere darnos lo que merezcamos... Y al mismo tiempo, como haciendo trampa y llevado de su misericordia, ha prometido ayudarnos, venir a nuestro lado cuando le llamemos con fe y confianza, ha prometido darnos su gracia, sin dejar por eso de premiar el éxito final que con su ayuda y nuestro pobre esfuerzo consigamos

Dios es inmensamente sabio, infinitamente poderoso. Él es capaz de hacer libre al hombre, de darle una voluntad apta para la lucha, para querer, para decidirse por una cosa o por otra. Querer, intentar, poner los medios. Y es esa voluntariedad, esa intención lo que determina la bondad o la maldad de nuestros actos. Tanto es así que si intentando, de buena fe, hacer algo bueno, resulta algo malo, Dios mirará a lo que intentamos y no a lo que hicimos.

Pero no pensemos que entonces no hay por qué conseguir nada efectivo, bastando con intentarlo. Dios sabe cuándo realmente queremos y cuándo sólo deseamos sin más algo por lo que no ponemos afán y esfuerzo. Es decir, que Dios sabe de verdad cuál es nuestra intención. Y hasta qué punto estamos actuando con sinceridad o con engaño. A Dios no se le puede despistar como despistamos a los hombres. "Los ojos de Dios ven las acciones, Él conoce todas las obras del hombre; no mandó pecar al hombre, ni deja impunes a los mentirosos".

2.- EXIGENCIAS DE CRISTO.- Hay quien ha considerado a Jesucristo como un revolucionario, un inconformista que echó por tierra los fundamentos de la sociedad de su tiempo. Pero en el fondo, al pensar así, lo que se intenta es justificar la propia postura de los que se empeñan, con razón o sin ella -no se trata de juzgar a nadie-, en derrocar el poder constituido. Ante aquellos que, ya en su tiempo, pensaban así de su misión, el Señor advierte con claridad y firmeza que Él no ha venido a derogar la Ley, sino a darle cumplimiento. Debido a esa actitud, respeta y reconoce la autoridad constituida, aunque la critique con energía en algunas ocasiones, porque no cumplían lo que ellos mismos mandaban, o porque se servían del poder para su provecho personal. Por eso les dice que hagan lo que ellos dicen, pero no lo que hacen.

Jesús, además sienta un principio que es interesantísimo y fundamental a la hora de la verdad: dar importancia incluso a los preceptos menos importantes, el valorar en definitiva las cosas pequeñas. Esto nos recuerda lo que en otra ocasión nos dice, al hablarnos de los siervos que entran en el Reino por haber sido fieles en lo poco, que por eso precisamente entran en el gozo de su Señor. Es como la fórmula de la aprobación divina para el hombre justo. Desde el punto de vista práctico es un hecho evidente que el que cuida los detalles, no descuida lo más grave. También es cierto que el resultado final es la suma de los pequeños esfuerzos de cada momento. Si en cada instante se hace bien lo que hay que hacer, al final la obra será perfecta. Por otra parte, lo que depende realmente de nosotros es lo pequeño, ya que nuestra vida transcurre por cauces sencillos y habituales. Por esto es ahí donde tenemos que luchar, ahí donde hay que demostrar el amor de Dios, ahí donde ha de cuajar nuestro afán de entrega.

Otro punto a destacar en este pasaje es el de la exigencia radical que el Señor ordena en la práctica de la virtud de la castidad. En la Ley se mandaba no cometer adulterio. Jesús va más allá y advierte que quien miró con malos ojos a una mujer, ya ha cometido adulterio en su interior. El interior del hombre, lo que hay en su más recóndita intimidad, eso es lo que cuenta a los ojos de Dios, la intención y el deseo consentido. Jesús que se nos entrega del todo y nos promete el todo, también lo quiere todo y de verdad. No se conforma con las apariencias, con un formalismo sin vida ni vibración.


 

Fuente: www.betania.es

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6 febrero 2014 4 06 /02 /febrero /2014 03:26

La Homilía: V Domingo, Tiempo Ordinario. Ciclo A. 9 de febrero, 2014

1.- CÓMO SER SAL Y LUZ EN NUESTRA SOCIEDAD

Por Gabriel González del Estal

1.- Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? La sal era un elemento tan importe en la sociedad romana que, hasta la palabra <salario> se derivaba de la costumbre romana de pagar a los soldados con una ración determinada de sal. La sal era necesaria para evitar la corrupción de los alimentos y para darles sabor. Ya en el capítulo 2 del Levítico estaba mandado “sazonar con sal toda oblación que se ofreciera a Yahvé” y en los primeros siglos del cristianismo, cuando era costumbre retrasar el bautismo hasta la edad adulta, las familias cristianas frotaban los labios del recién nacido con sal. San Agustín, que se quejaba de que su madre no le hubiera bautizado cuando, de niño, estuvo él muy enfermo, nos dice que lo que sí hizo santa Mónica fue “darle a gustar la sal bendita” nada más nacer. Pues bien, cuando en el evangelio de hoy Jesús les dice a sus discípulos que deben ser la sal de la tierra, lo que les está diciendo es que no sean corruptos y que luchen siempre contra la corrupción, y que, además, den sabor cristiano a todo lo que hacen y dicen. Para no ser corruptos es necesario tener el alma blindada con la sal del evangelio, porque es facilísimo dejarse contaminar de la corrupción generalizada que habita en nuestra sociedad. Corrupción en las palabras y corrupción en las obras, corrupción en la vida privada y corrupción en la vida pública. A veces da la impresión de que únicamente no son corruptos los que o no pueden y no saben serlo. Sin generalizar demasiado, claro, pero sí reconociendo que la corrupción es un fenómeno bastante generalizado en nuestra sociedad. Si los cristianos queremos ser sal de la tierra, deberemos luchar denodadamente contra el fenómeno de la corrupción. Y rociar con sal bendita, dar sabor cristiano, a todo lo que pensemos, digamos y hagamos.

2.- Vosotros sois la luz del mundo… Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa. La metáfora de la luz, referida a Dios y a Cristo, es muy frecuente en la Biblia, sobre todo en el evangelio de san Juan: Dios es la luz, nosotros somos hijos de la luz, la luz de Cristo debe iluminar nuestro caminar hacia el Padre. La luz de Cristo no sólo debe iluminarnos a nosotros, los cristianos, sino que nosotros, los cristianos debemos iluminar con nuestra vida a la sociedad en la que vivimos. Vivir iluminados por la luz de Cristo es vivir en continua y constante lucha contra la mentira; contra la mentira que habita fácilmente en nosotros mismos y contra las múltiples mentiras con las que nos desayunamos cada mañana cuando escuchamos y leemos los medios de comunicación social. Como de la corrupción, también de la mentira podemos decir que se ha instalado poderosamente en nuestra sociedad: las mentiras de los políticos, las mentiras de los empresarios, las grandes mentiras de los que están arriba y las pequeñas mentiras de los que viven a ras social. Luchar contra la mentira, en cristiano, es ser auténtico, sincero y responsable uno mismo y proclamar las verdad del evangelio en voz alta y crítica frente a las voces mentirosas e interesadas de la sociedad en la que vivimos. En definitiva, vivir en la luz de Dios, en la luz de Cristo, es vivir convertido a la verdad de Cristo.

3.- Esto dice el Señor: parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo y no te cierres a tu propia carne. Entonces romperá tu luz como la aurora. En este precioso texto del profeta Isaías se nos dice que la compasión y la justicia misericordiosa, la caridad cristiana, es condición indispensable para vivir en la luz del Señor. Dios está, les dice el profeta, donde hay un hombre y una mujer que sufre, Dios ha hecho una clara opción preferencial por el pobre y el abatido. La luz de los verdaderos cristianos, su práctica de una justicia generosa y misericordiosa, debe iluminar a la sociedad en la que vivimos. ¿Nos distinguimos precisamente los cristianos, dentro de nuestra sociedad, por ser personas especialmente generosas, misericordiosas y justas, tal como nos recomienda hoy el profeta Isaías y tal como practicó y vivió nuestro Señor Jesucristo? ¿También nuestra sociedad de hoy puede decir, como en los primeros tiempos del cristianismo, que a los cristianos se nos nota enseguida nuestra condición cristiana, por el amor generoso y desinteresado que tenemos y mostramos en nuestro comportamiento diario? Porque una Iglesia que no muestre y demuestre su amor hacia los más pobres, nos dice hoy el Papa Francisco, no es la Iglesia de Cristo.


2.- SER LUZ PARA CONSTRUIR UN MUNDO NUEVO

Por José María Martín OSA

1.- Fe y justicia. La lectura del tercer Isaías interpela a sus coetáneos sobre la vivencia de la fe después de la vuelta del exilio. Observa el profeta la crisis de esperanza provocada por lo que tarda la salvación y denuncia la depravación del culto a los ídolos. Notaba un desprecio de los extranjeros que se habían establecido en la tierra de Israel durante el exilio. Por eso anuncia que toda reconstrucción debe tener en cuenta la dimensión social: no puede haber fe en el Dios de Israel sin la justicia del país. Principio claro y aplicable a nuestros días… La promesa de Dios es clara: la verdadera restauración vendrá cuando el creyente colabore en la restauración de su hermano. Esto está descrito como una especie de procesión ritual: la justicia va delante, en medio el que obra según Dios y, al final, la gloria del Señor. Solo cuando seamos capaces de partir el pan con el hambriento y de saciar el estómago del indigente podrá brillar la luz en el mundo. Es lo mismo que nos recuerda este domingo Manos Unidas con el lema "Un mundo nuevo, proyecto común". En el compromiso de este año propone exigir que se lleve a cabo el octavo y último objetivo de Desarrollo del Milenio fijado por Naciones Unidas: "Fomentar una alianza mundial por el desarrollo". Es posible cumplir la alianza cuando haces que la vida del que vive en tu ciudad pueda ser justa y digna. Mensaje para tiempos de fuertes crisis, las de entonces como las de ahora.

2.- “El justo brilla en las tinieblas como una luz”. En el Salmo 111 se nos recuerda que tenemos que ser justos. El justo es un hombre "de acuerdo" con Dios, que "corresponde" perfectamente al proyecto del creador... Así como se dice "justo", de un zapato que se acomoda perfectamente al pie, ni demasiado grande ni demasiado pequeño. El Antiguo Testamento, tuvo el gran mérito de unir estrechamente los deberes del hombre "hacia Dios" y los deberes del hombre "hacia el hombre". Jesús también resumió en el "amor" toda la conducta moral humana: "lo que hacéis al más pequeño de los míos, lo hacéis conmigo”. En este salmo, que habla esencialmente de la Alianza con Dios, vemos ya resaltados los deberes sociales: "El justo jamás vacilará, reparte... a manos llenas, da al pobre...". Cuando esto es una realidad, brilla la luz en las tinieblas. Pablo fue luz anunciando la Buena Noticia a todos, judíos y gentiles. Pablo no quiso presentarse a los corintios hablando con palabras altisonantes y haciendo alarde de elocuencia. Les predicó sencillamente a Jesucristo y a éste crucificado, sin triunfalismos. Pablo se presentó ante los corintios como un pobre hombre, débil y temeroso. Pero no era su debilidad, sino la fuerza de Dios lo que operaba en su predicación. Anunciaba el Evangelio con sus obras.

3.- Que con nuestras obras seamos sal de la tierra y luz del mundo. Jesús habla a la muchedumbre desde una montaña. Acaba de proclamar las bienaventuranzas, un estilo de vida tan nuevo como chocante. Quien dice "sí" con su vida a estas enseñanzas es sal y luz. Dos imágenes de lo que Dios quiere del cristiano en el mundo. La sal da valor y sabor a lo que toca. Para ello tiene que dejar el salero y disolverse en los alimentos. La luz también es para otro. Con ella se ve, se puede caminar. Ocultarla no tiene sentido. Así el cristiano, portador del don de Dios, no puede limitarse a gozarlo y vivirlo solo él. Debe alumbrar y dar sabor al mundo. No por vanagloria o haciendo alarde de lo que posee, sino para que los demás, viéndolo, den gloria al Padre. El ejemplo más claro es el mismo Jesús, que siempre actuó poniendo su poder y enseñanzas al servicio de la gloria del Padre. Estas dos pequeñas parábolas, dirigidas a los que han escuchado las bienaventuranzas, señalan el valor de las obras en favor de los hombres. Si los discípulos descuidan las obras no tiene ninguna fuerza el anuncio del Evangelio. Si queremos ser creíbles, tenemos que ser consecuentes. Comencemos ya hoy, trabajando en el proyecto común de construir un mundo nuevo.


3.- EL CRISTIANO ES UN HIJO DE LA LUZ

Por Antonio García-Moreno

1.- DERECHO DE PROPIEDAD.- Voces del Antiguo Testamento, voces que sonaron hace más de dos mil años, voces que vienen de Dios aunque salgan por boca de hombres, voces que repiten con insistencia y sin cansancio, aunque sea siempre lo mismo: hay que partir el pan con el que tiene hambre, hay que pensar en los que no tienen lo que nosotros tenemos, hay que vestir al desnudo, hay que dar y darse uno mismo.

Dar y darse. Para eso tenemos todo cuanto de Dios, de una manera o de otra, hemos recibido a lo largo de nuestra vida. Es cierto que la Ley divina no va contra el derecho de propiedad, pero también es cierto que toda riqueza que se cierra en sí misma no es cristiana. En la ley de Dios no cabe el egoísmo, no cabe el que todo lo guarda para sí, el que no abre su corazón y su cartera a las necesidades de los demás hombres. Si actuamos así no somos cristianos, si no miramos hacia los demás, tampoco Dios nos mirará a nosotros.

No nos engañemos. Es imposible ser hijo de Dios y no querer como hermanos a todos los hombres. Ni el Bautismo, ni la Penitencia, ni la misma Eucaristía nos servirán para algo, mientras que no abramos de par en par el corazón a nuestro prójimo. No sólo no nos sirve para nuestro bien, sino que al recibir con malas disposiciones esos sacramentos, nos sirven para nuestro mal. Porque el que come el Cuerpo de Cristo indignamente, se traga su propia condenación.

Y no debemos olvidar que el amar está sobre todo en el dar. Y dar no sólo pan. Porque no sólo de pan vive el hombre. Hay que dar también otras cosas. Hay que dar nuestro tiempo, hay que dar nuestras buenas palabras, hay que dar nuestra sonrisa. Y sobre todo hay que dar nuestra comprensión. Colocarse en la posición del otro, sentir como él siente, ver las cosas como él las ve. Juzgar como se juzga a un ser querido, con benevolencia, saber disculpar, disimular, callar... Desterrar la maledicencia, la lengua desatada que corre a su capricho, sin respetar la buena fama del prójimo... No nos engañemos. O queremos de verdad a todos, o Dios nos despreciará por hipócritas y fariseos.

2.- LUZ DEL MUNDO.- La palabra de Jesús es sencilla. Sus comparaciones brotan de la vida ordinaria, de la vida doméstica podríamos decir. Por otra parte, sus metáforas tienen muchas veces sus raíces en el Antiguo Testamento. Cristo toma en sus manos la antorcha de los viejos profetas y la levanta hasta iluminar a todos los hombres, usa sus palabras recias y vibrantes para renovar e incendiar a la tierra entera. El fuego y la luz constituyen, precisamente, la imagen principal del pasaje evangélico que contemplamos. Vosotros sois la luz del mundo, dice el Maestro a sus discípulos y a la muchedumbre que le rodea, también a nosotros. Una luz encendida que se pone sobre el candelero, una vida cuajada de buenas obras que sea un ejemplo que arrastre y empuje a los hombres hacia el bien, hacia Dios.

Luz de luz, dice san Juan en el prólogo de su evangelio, refiriéndose al Verbo, a la Palabra, al Hijo de Dios. Luz verdadera que ilumina a todo hombre. El mismo Jesús proclamará ante todos los judíos: Yo soy la luz del mundo. El que me sigue, añade, no andará en tinieblas, sino que habrá pasado de la muerte a la vida... Las tinieblas como símbolo de la muerte, la luz como expresión gozosa de la vida. Por eso al Infierno se le llama el abismo de las tinieblas, mientras que el Cielo es la mansión de la luz, la región iluminada no por el sol sino por el mismo Dios, luz esplendente que sólo los bienaventurados pueden llegar a contemplar, extasiados y felices para siempre.

Es una luz que se transmite a cuantos han llegado a la vida eterna y de la que también participan los justos en la tierra, aunque de forma diversa. Así Santa María, la criatura más perfecta que salió de las manos de Dios, es contemplada por el vidente de Patmos, como la mujer revestida con el sol, coronada de estrellas, emergiendo fulgurante en el azul profundo del ancho cielo, con la luna bajo sus pies. Los demás bienaventurados lucirán, dice la Escritura, como antorchas en el cielo... Aquí, en la tierra, esa luz divina irradia también en quienes creen y aman a Cristo. Por eso san Pablo recuerda a los cristianos que son luminarias que lucen en medio de esta oscura tierra. Focos luminosos que iluminan lo bueno de este mundo malo. Desde el Bautismo, cuando se nos entregó un cirio encendido, el cristiano es un hijo de la luz, un hombre iluminado que ha de encender y caldear cuanto le rodea, perpetuando así la presencia del que es Luz de todas las gentes, Jesucristo nuestro Señor.

 

Fuente: www.betania.es

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29 enero 2014 3 29 /01 /enero /2014 21:37

La Homilía:  Domingo de la Presentación del Señor. 2 de febrero, 2014

1.- EN EL CANDELERO

Por Pedro Juan Díaz

1.- Coinciden en este domingo dos celebraciones: la propia del domingo y la de la Presentación del Señor, que es la que celebramos, por ser fiesta del Señor. En esta fiesta, tradicionalmente conocida como “la candelaria”, vemos en el evangelio como los padres de Jesús van a presentarle a Dios en el Templo de Jerusalén, tal y como marcaba la ley, 40 días después de su nacimiento (si hacéis cuentas desde el 25 de diciembre, se cumplen hoy). Jesús es el primogénito y es consagrado al Señor. Lo mejor de cada casa, de cada cosecha, de cada animal es dado al Señor en acción de gracias. Siempre lo mejor, no lo que sobra. Y para “rescatarlo”, ofrecen lo que prescribía la Ley del Señor: “un par de tórtolas o dos pichones”. Es la ofrenda de los pobres, que José y María hacen por su Hijo.

2.- En el Templo, se encuentran con dos personas llenas de Dios. Simeón era un hombre justo y piadoso y “el Espíritu Santo estaba con él”. Ese Espíritu le hizo reconocer, en aquel Niño, al Mesías. Lo cogió en brazos y bendijo a Dios: “mis ojos han visto a tu Salvador”. Y dice de ese Niño que va a ser una gran luz para todas las naciones, para creyentes y no creyentes. Pero también que será un “signo de contradicción”, y eso provocará dolor, en primer lugar, para su madre, que escucha atenta sus palabras. La otra persona es Ana, una profetisa, que se dedicaba a hablar de Dios y a darle culto. Era viuda muchos años y había consagrado su vida a Dios, con sus ayunos y oraciones. Aquella profetisa, al ver al Niño, “se puso a dar gloria a Dios y a hablar del Niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén”.

3.- Dios hizo un gran regalo a aquellas personas: descubrirle a Él mismo en aquel Niño, y llenar de esperanza y alegría sus vidas para siempre. Nosotros podemos también descubrir un regalo de Dios en los niños que nace. Son suyos, son un regalo, son una gracia y, al mismo tiempo, una responsabilidad. Por eso (hoy) se los presentamos, se los “devolvemos”, los ponemos en sus manos de Padre para que crezcan y sean fuertes y estén llenos de sabiduría y gocen del favor de Dios, como aquel Niño Jesús, acompañados de sus padres y de sus padrinos. Han recibido el Bautismo, todos lo hemos recibido, y con él, el Espíritu Santo, la fuerza de Dios para vivir como hijos suyos.

4.- Jesús nos invita a estar “en el candelero” de la vida, dando luz. Así somos los cristianos, como la luz, no para escondernos, sino para iluminar. Para eso recibimos el Bautismo y los demás sacramentos. Y la luz se pone “en el candelero”, en los lugares donde hace falta iluminar. Ahí estamos llamados a estar los cristianos, no recogidos en las sacristías, sino alumbrando el mundo, que necesita de nuestra luz. “En los candeleros” de la vida seremos la luz de Jesús para todos.

5.- Damos gracias a Dios por todo ello en esta celebración, especialmente por todos los niños y niñas que han recibido el Bautismo en esta comunidad parroquial durante el pasado año 2013, y pedimos que nos haga a todos nosotros más conscientes de nuestra responsabilidad de bautizados, llamados a ser luz para todas las personas, especialmente para los más pequeños. Por eso, ahora, renovaremos la fe de nuestro bautismo con las velas encendidas.


2.- EL ANCIANO SIMEÓN Y EL SENTIDO DE LA VIDA

Por Gabriel González del Estal

1.- “Ahora, Señor, según tu promesa puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador”. Cuando el anciano Simeón tomó al niño en sus brazos, sintió profundamente en su alma que en ese momento se estaba cumpliendo la promesa hecha por Dios al pueblo de Israel: aquel niño era el Mesías, el Salvador que alumbraría el camino de todos los pueblos para llegar a Dios. El anciano Simeón era un hombre “justo y piadoso”, que se había pasado la vida aguardando ese momento: “ver al Mesías del Señor, al consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él”. En el mismo momento en el que el anciano Simeón vio cumplida la promesa del Señor, entonó el nunc dimittis: “ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz”. Muchos de nosotros hemos conocido a algunas personas mayores, abuelos, padres, hermanos, que, en los momentos últimos de su vida, se han sentido profundamente agradecidos a Dios y en paz consigo mismo, porque sentían que ya habían cumplido la misión para la que el Señor les había enviado a este mundo. Sí, habían cumplido su misión, la vida había tenido sentido para ellos, no habían vivido en balde y estérilmente. Esto es algo a lo que debemos aspirar todos: a cumplir la misión que Dios nos ha encomendado en esta vida, sea la misión que sea. Que nuestra vida tenga y haya tenido un sentido, tratando de ser siempre fieles al sentido, a la vocación, que el Señor nos ha dado. Todos hemos nacido con una vocación determinada por Dios; seamos fieles a nuestra vocación, cumplamos el sentido de nuestra vida, y, al final, podremos entonar en paz y agradecidos, como el anciano Simeón, el nunc dimittis. Para conseguir esto, pidamos al Señor que el Espíritu Santo more siempre en nosotros.

2.- “De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis”. El profeta Malaquías es el último de los profetas menores, que escribe unos 500 años antes de Cristo. Se acababa de reconstruir el segundo templo, una construcción sencilla porque el pueblo era muy pobre, pero que estaba llamado a ser el centro de un culto religioso renovado, a través del cual entraría en el santuario el Señor a quien el pueblo buscaba; en este templo Yahvé se manifestaría a su pueblo. Para nosotros, los cristianos, fue Jesús de Nazaret la persona en la que se cumplió plenamente esta profecía de Malaquías: Cristo no sólo entró en el santuario, sino que él mismo fue el auténtico santuario donde se manifestó el Padre. Nosotros vemos a la persona de Jesús como al único templo desde el que se manifiesta en toda su pureza la voz y la grandeza de Dios; por eso, uniendo las profecías de Malaquías y la del anciano Simeón, para nosotros Jesús es el auténtico Salvador, el Salvador de todos los pueblos.

3.- “Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo”. El autor de esta larga carta a los Hebreos proclama claramente a Jesús como sumo sacerdote, aunque Jesús no fuera de la estirpe de Leví, ni actuara nunca como sacerdote, mientras vivió en este mundo. Y es que el autor de este escrito vio con claridad que el Padre constituyó a su Hijo como sumo sacerdote, después de su muerte en cruz, al aceptar el sacrificio de su propio Hijo, como un sacrificio de expiación y redención de nuestros pecados. Así Cristo fue constituido como único sacerdote eterno, de cuyo sacerdocio participamos todos los cristianos desde el momento mismo de nuestro bautismo. Cristo es así un sacerdote que comprende nuestros dolores y se compadece de nosotros, porque él mismo pasó por la prueba del dolor. También nosotros, como participantes del sacerdocio de Cristo, debemos aceptar nuestros propios dolores como sacrificio de expiación por nuestros pecados y por los pecados del mundo, auxiliando, además, a todas aquellas personas que pasan también por la prueba del dolor.


3.- LA OFRENDA DE JESÚS POR NOSOTROS

Por José María Martín OSA

1.- Ofrenda y obediencia de Jesús. La fiesta de la Presentación del Señor en el Templo, cuarenta días después de su nacimiento, pone ante nuestros ojos un momento particular de la vida de Jesús, con un gran significado teológico. En la primera lectura, la liturgia habla del oráculo del profeta Malaquías: "De pronto entrará en el santuario el Señor". Estas palabras comunican toda la intensidad del deseo que animó la espera del pueblo judío a lo largo de los siglos. Por fin entra en su casa "El Mensajero de la Alianza" y se somete a la Ley: va a Jerusalén para entrar, en actitud de obediencia, en la Casa de Dios. Malaquías anuncia vigorosamente el "Día de Yahvé", cuando Dios destruirá el mal para siempre y asegurará a los fieles una vida saludable. Este anuncio lo realiza vinculándolo muy especialmente al Templo de Jerusalén, y ve el cumplimiento de sus esperanzas cuando Yahvé estará gloriosamente presente en el Templo, y todos los hombres subirán a ofrecer en él un sacrificio aceptable. El significado de este gesto adquiere una perspectiva más amplia en el pasaje de la carta a los Hebreos, proclamado hoy como segunda lectura. Aquí se nos presenta a Cristo, el Mediador que une a Dios y al hombre, superando las distancias, eliminando toda división y derribando todo muro de separación. Cristo viene como nuevo "Sumo Sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y a expiar así los pecados del pueblo". Siendo todavía niño, comienza a avanzar por el camino de la obediencia, que recorrerá hasta las últimas consecuencias.

2.- “Luz para alumbrar a las naciones”. Según la ley mosaica, María y José llevan al Niño Jesús al Templo de Jerusalén para ofrecerlo al Señor. Sus padres cumplen lo que prescribía la Ley: la purificación de la madre, la ofrenda del primogénito a Dios y su rescate mediante un sacrificio. Lucas hace verdadero hincapié en la circuncisión e imposición del nombre. Nos encontramos en este relato con la figura de un niño indefenso e inconsciente, abandonado en manos de sus padres, que lo traen y lo llevan presentándolo a Dios y sometiéndolo al cumplimiento de la ley. Este Jesús que tan pronto ha comenzado a aceptar las instituciones familiares y sociales, será el mismo que relativizará la familia y la sociedad en función del reino. Simeón da al niño una caracterización basándose en títulos de Isaías: "salvación de Dios”, "luz para alumbrar a las naciones”, "gloria de Israel". Tenemos aquí el primer anuncio del universalismo de la misión de Jesús. A ese ancho marco que es el mundo y la vida toda supeditará Jesús toda institución, aun la más querida: la familia. Sin embargo, es en ella donde él fue encontrando el camino de su encarnación concreta.

3.- Jesús será un signo de contradicción. Jesús es un salvador para todos. Pero por el duro corazón del hombre lo que estaba destinado a la salvación se ha convertido para algunos en mensaje de muerte. Este será el trasfondo de toda la tragedia de Jesús. Cuando el creyente vive su mensaje en una intensidad fuerte, puede hacer surgir la contradicción hasta en el seno de su propia familia. En esos momentos de incertidumbre es donde se calibra y mide la actitud que uno tiene ante el reino. Es preciso optar con decisión. El interés de Lucas al relatar la presentación de Jesús en el Templo es expresar la novedad de Dios; es manifestar el profundo significado de la vida y misión de ese pequeño niño. Tal novedad lleva a plenitud las esperanzas mesiánicas de la tradición judía plasmadas en el Antiguo Testamento; por ello Simeón y Ana bendicen y agradecen a Dios, pues han sido testigos de la salvación de Dios a través de la presencia de Jesús; sin embargo, la plenitud de la salvación está mediada por un camino de entrega y sufrimiento, de cruz y de muerte: el camino de la vida de Jesús.

4.- “La alegría del Evangelio en la vida consagrada”. En esta fiesta de la Presentación del Señor la Iglesia celebra la Jornada de la Vida Consagrada, con este lema: “La alegría del Evangelio en la vida consagrada”. Se trata de una ocasión oportuna para alabar al Señor y darle gracias por el don inestimable que constituye la vida consagrada en sus diferentes formas; al mismo tiempo, es un estímulo a promover en todo el pueblo de Dios el conocimiento y la estima por quienes están totalmente consagrados a Dios y viven la “frescura del Evangelio”, de la que nos habla el Papa Francisco.

 

Fuente: www.betania.es

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23 enero 2014 4 23 /01 /enero /2014 00:39

HOMILÍAS TERCER DOMINGO ORDINARIO A, 26 DE ENERO, 2014

1.- LLAMADOS A EVANGELIZAR

Por José María Martín OSA

1.- Luz para los que buscan en tinieblas. En el Salmo proclamamos: “El Señor es mi luz y mi salvación”. Mateo ve en el inicio de la predicación de Jesucristo la realización de la profecía de Isaías: es la gran luz para el pueblo que caminaba en tinieblas. Luz para nosotros, porque todos vivimos de algún modo en tinieblas, sobre todo en tiempos de cambios sociales, culturales y religiosos, en los que a menudo no sabemos qué debemos hacer. Por ello, la primera conclusión del comentario de hoy es: busquemos la luz en Jesucristo. Nosotros debemos ser ahora esta luz. Como dice Pablo: "Cristo me envió a anunciar el Evangelio". Es decir, no simplemente a bautizar a los ya convencidos, sino a comunicar a los demás la luz del Evangelio. Esta es la primera tarea de la Iglesia, que afecta a todos los cristianos. ¿Cómo evangelizamos nosotros ahora? ¿Qué hacemos para ser luz para los hombres que viven con nosotros? Ser cristiano, más que limitarse a ir a misa o ser buena persona, es comunicar Evangelio.

2.- Necesitamos convertirnos. El primer mensaje de Jesús al comenzar su predicación es la conversión. El Evangelio hoy nos urge a un cambio interior para con Dios, para con los hombres, para con el mundo en que vivimos. También nosotros nos acomodamos, nos establecemos y nos quedamos cómodamente sentados en el marco cristiano en el que funciona nuestra vida. Como si no hubiera nada más, nada nuevo que aprender, nada nuevo que conocer, nada nuevo a lo que aspirar. Nos instalamos en una situación cómoda, en la que estamos a gusto porque “cumplimos con Dios, cumplimos con los hombres. La conversión es una decisión que hay que tomar ahora y no dejar para después; dejarlo para después sería desoír su llamada. Jesús agrega una motivación: “El Reino de Dios está cerca”. Esta motivación es la Buena Nueva, es decir, la revelación del amor de Dios hacia el hombre. El amor de Dios es la motivación perfecta para la conversión.

3.- La vocación cristiana se define como “seguimiento a Jesús”. Jesús invita a Pedro, Andrés, Santiago y Juan a seguirle. Todos somos llamados por el Señor para seguirle, y esa vocación al seguimiento se realiza en distintos estados de vida: vida consagrada (religiosos, sacerdotes), y vida secular o laical. Somos llamados para estar con Jesús, para seguir el camino de Jesús, para una misión en la Iglesia y en el mundo. Toda vocación (llamado) es siempre para una misión. Jesús llamó a sus discípulos para luego enviarlos a la misión. La Iglesia es, por su propia naturaleza, misionera; si dejara de ser misionera dejaría de ser Iglesia. Quien quiere seguir al Señor tiene que aceptar las exigencias y consecuencias del seguimiento. No vale decir “después”, “más adelante”, “ahora tengo demasiado trabajo”...También a cada uno de nosotros —a todos los cristianos— Jesús nos pide cada día que pongamos a su servicio todo lo que somos y tenemos. ¿Qué quiere decir “pescadores de hombres”? Una bonita respuesta puede ser un comentario de san Juan Crisóstomo. Este Padre de la Iglesia dice que Andrés no sabía explicarle bien a su hermano Pedro quién era Jesús y, por esto, «lo llevó a la misma fuente de la luz», que es Jesucristo. “Pescar hombres” quiere decir ayudar a quienes nos rodean en la familia y en el trabajo a que encuentren a Cristo, que es la única luz para nuestro camino.

4.- Jesús no sólo predica, hace realidad el Reino con los hechos. Lo hemos oído: predicaba y "curaba las enfermedades y dolencias del pueblo".El Reino de Dios es anunciado con hechos y palabras. Así, con ese estilo capaz de despertar a la gente, que levanta en todos, ilusiones y deseos de ir con El, recorre Galilea. Porque el Reino de Dios, la felicidad que Dios promete, no es sólo una felicidad íntima, algo que queda dentro de nosotros. Es también algo que se hace realidad ya ahora, en cada momento. Y por eso, Jesús no se contenta con proclamar la vida nueva de Dios, sino que la convierte en cosas concretas: lucha contra el mal, elimina el dolor y la tristeza que se encuentra en su camino. Une la palabra y los hechos. Todo eso arrastra a la gente, crea ilusión y llega a ser una verdadera luz en un país que habita en tinieblas, algo nuevo que vale la pena seguir. ¡Que lo sintamos también como una luz para nosotros!


2.-JESÚS PASA A NUESTRO LADO

Por Antonio García-Moreno

1.- HUMILLACIÓN Y GOZO.- Isaías recuerda las humillaciones que padeció el pueblo, las derrotas, los momentos difíciles de una guerra perdida de antemano. Los territorios de Zabulón y Neftalí sufrieron frecuentes incursiones de los pueblos del Norte. Fueron desterrados, despojados de sus bienes, condenados a vivir en tierras extrañas, en medio de sus propios enemigos.

Pero Yahvé los volvería a mirar con amor, se olvidaría de sus delitos, les perdonaría sus pecados y los reintegraría a su patria. Y de nuevo amanecieron días llenos de paz, días sin temores, días serenos y tranquilos. Y todo porque Dios no quiere castigarnos sin fin. Y mientras vivimos ensaya mil formas para atraernos, para hacernos caer en la cuenta de su gran amor por nosotros. Cuando le volvemos la espalda, nos hace ver lo triste que es nuestra vida sin Él. Y al vernos llorar nos perdona, nos limpia las lágrimas y nos anima a volver otra vez junto a él, a empezar de nuevo como si nada hubiera ocurrido.

La alegría, el gozo. Los dones más preciosos que Dios puede hacer al hombre. El sentirse contento, el vivir sin agobios, sin miedo. Vivir alegres, tener ganas de cantar, estar ilusionados con lo que nos rodea, mirar con esperanza y optimismo al futuro, no acobardarse por nada, afrontar con fortaleza y serenidad la vida, por difícil o penosa que sea.

Gozo del que recoge el abundante fruto de su trabajo, alegría del que siega su propia siembra ya granada, júbilo del que se reparte el botín ganado tras una dura batalla... Señor, muchas veces estamos tristes, andamos preocupados, agobiados por el peso de la vida. Repite una vez más el milagro de convertir nuestra tristeza en alegría, danos vivir seriamente nuestra fe, inyecta tu fuerza en nuestra debilidad. Acrecienta en nosotros la alegría, auméntanos el gozo.

2.- ANTORCHAS VIVAS.- Juan Bautista terminó sus días en la cárcel. Aquella antorcha viva que anunció la llegada de la Luz, se extinguió en la tierra, para lucir luego con más esplendor allá en el Cielo. Desde entonces su nombre quedaría esculpido como modelo de fidelidad a su propia misión, como reclamo y llamada para todos los que tenemos la excelsa misión de ser testigos de Cristo a lo largo de toda la Historia. Su misión fue, en efecto, cumplida con toda exactitud. La Luz irrumpió en las regiones ensombrecidas por los errores del paganismo, pueblos que Isaías contemplaba envueltos en las tinieblas de la muerte. De forma paulatina, pero inexorable, la claridad gozosa del Evangelio comenzó su avance por aquellos pueblecitos de Galilea, donde como un incendio en el bosque, se propagaría el fuego que Cristo había traído a la tierra.

Metidos en aquellos parajes tan bucólicos, caminemos junto al Maestro, el atrayente Rabbí de Nazaret, para escuchar sus palabras, para contemplar enamorados su figura y sus gestos, deseosos de empaparnos de su espíritu, anhelantes de serle fieles hasta la muerte, como el Bautista lo fue. Hacer carne de nuestra carne su doctrina, vida de nuestra vida su propia vida.

Hoy vemos a Pedro y Andrés su hermano que pescan cerca de la orilla del lago. La red dibuja círculos sobre el agua y barre repetidamente el fondo. Jesús pasa cerca y les dice que le sigan y los hará pescadores de hombres. Ellos no lo dudaron ni un instante. La palabra persuasiva del Maestro encontró eco en el corazón sencillo de aquellos rudos pescadores. Luego serán Juan y Santiago. También ellos estaban trabajando cuando Jesús los llamó y también ellos respondieron con prontitud y generosidad. De ese modo iniciaron la más bella y audaz aventura que jamás pudieron soñar. Nunca olvidarían aquel encuentro, nunca abandonarían el camino emprendido en aquellos momentos. Camino de luchas y renuncias, pero camino también de luz y de gloria.

También ahora Jesús pasa a nuestro lado. Nos ve quizá enfrascados en nuestra tarea diaria, ensimismados en nuestro trabajo. Nos mira como miró a Pedro y nos dice que le sigamos, que quiere hacernos pescadores de hombres, que quiere encendernos para que seamos anunciadores de la Luz, antorchas vivas que alumbran las sombras de muerte en que yace el mundo. Las barcas y las redes, nuestros pequeños ídolos nos retraen quizá, lo mismo que les ocurriría quizás a los primeros discípulos. Pero como ellos hemos de mirar hacia delante y no hacia atrás, fijarnos en la Luz que está al fin del camino y ser valientes para recorrerlo.


3.- UNA INVITACIÓN A LA CONVERSIÓN

Por Pedro Juan Díaz

1.- Cafarnaúm, galilea de los gentiles.- Jesús comienza su misión estableciéndose en Cafarnaúm, la “Galilea de los gentiles”, un territorio que no era muy cristiano, para que lo entendáis. Era una tierra de sincretismo, de todo vale, de “cojo un poco de aquí y otro poco de allá”, de relajación de costumbres. Yo creo que se parece bastante al tipo de sociedad en el que vivimos. Jesús podría haberse situado en un contexto más “religioso”, entre los sacerdotes, en el Templo, pero elige alejarse de todo eso y acercarse a los más alejados. Es una reflexión muy interesante para preguntarnos cerca de quien nos situamos los cristianos hoy.

Desde ese ambiente secular lanza una invitación a la conversión, anunciando que Dios está cerca de todos ellos. No dice exactamente Dios, porque los judíos no podían nombrarle. Dice “el reino de los cielos”, que es la manera que tiene Jesús de llamar a su proyecto, al proyecto de Dios para todas las personas, un proyecto que llega a través de lo pequeño y lo sencillo, a través de signos significativos en la vida de cada día; un proyecto que entienden muy bien los más sencillos y humildes. Y después de esa llamada a la conversión, en ese territorio gentil y con una gente alejada de la fe, les propone las bienaventuranzas como camino a seguir. Pero de eso ya hablaremos la semana que viene.

El proyecto de Dios consiste en que todos sus hijos descubran que Él les quiere, que está cerca de ellos, que quiere compartir sus vidas. Por eso ha enviado a su hijo Jesús. Es lo que hemos celebrado durante toda la Navidad. Dios se ha hecho hombre, se ha acercado a nosotros de manera asombrosa, ha puesto su residencia habitual entre nosotros, para que descubramos que “está cerca el Reino de los cielos”, para que nos convirtamos y dejemos de pensar que Dios está allí arriba y nosotros aquí abajo, y que no le preocupan nuestras cosas, ¡todo lo contrario! La conversión necesita, además de cambiar nuestro corazón, cambiar también nuestra mentalidad.

La conversión nos pide también estar cerca de los que están lejos para acercarles el mensaje con nuestro estilo de vida, con nuestra conversión sincera, con nuestra manera de creer y entender que Dios está con nosotros todos los días, hasta el final. Es la manera que tenemos de ser auténticos evangelizadores.

2.- La unidad de los cristianos. Otro testimonio nuestro de la cercanía de Dios será nuestra unidad, “con un mismo pensar y un mismo sentir”, como dice San Pablo en la segunda lectura de hoy a los Corintios, que andaban bastante divididos. Estamos rezando de manera especial en esta semana por la unidad, que será un signo de credibilidad, un testimonio de conversión y de cercanía de Dios para todas las personas. “Os ruego en nombre de nuestro Señor Jesucristo –dice San Pablo-: poneos de acuerdo y no andéis divididos”. Es una asignatura pendiente y necesitada de conversión por parte de todos nosotros.

La Eucaristía es el gran signo de la unidad, es el momento de encuentro de toda la familia cristiana en torno a la mesa de Jesús que nos convoca. Es el momento de celebrar juntos nuestra fe, celebrar que Dios nos quiere y que acompaña cada momento de nuestra vida. Vamos a vivirlo con gozo. Proclamemos nuestra fe en Dios, que se ha acercado a cada uno de nosotros en Jesús y nos dice: “Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos”.

 

Fuente: www.betania.es

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23 enero 2014 4 23 /01 /enero /2014 00:39

HOMILÍAS TERCER DOMINGO ORDINARIO A, 26 DE ENERO, 2014

1.- LLAMADOS A EVANGELIZAR

Por José María Martín OSA

1.- Luz para los que buscan en tinieblas. En el Salmo proclamamos: “El Señor es mi luz y mi salvación”. Mateo ve en el inicio de la predicación de Jesucristo la realización de la profecía de Isaías: es la gran luz para el pueblo que caminaba en tinieblas. Luz para nosotros, porque todos vivimos de algún modo en tinieblas, sobre todo en tiempos de cambios sociales, culturales y religiosos, en los que a menudo no sabemos qué debemos hacer. Por ello, la primera conclusión del comentario de hoy es: busquemos la luz en Jesucristo. Nosotros debemos ser ahora esta luz. Como dice Pablo: "Cristo me envió a anunciar el Evangelio". Es decir, no simplemente a bautizar a los ya convencidos, sino a comunicar a los demás la luz del Evangelio. Esta es la primera tarea de la Iglesia, que afecta a todos los cristianos. ¿Cómo evangelizamos nosotros ahora? ¿Qué hacemos para ser luz para los hombres que viven con nosotros? Ser cristiano, más que limitarse a ir a misa o ser buena persona, es comunicar Evangelio.

2.- Necesitamos convertirnos. El primer mensaje de Jesús al comenzar su predicación es la conversión. El Evangelio hoy nos urge a un cambio interior para con Dios, para con los hombres, para con el mundo en que vivimos. También nosotros nos acomodamos, nos establecemos y nos quedamos cómodamente sentados en el marco cristiano en el que funciona nuestra vida. Como si no hubiera nada más, nada nuevo que aprender, nada nuevo que conocer, nada nuevo a lo que aspirar. Nos instalamos en una situación cómoda, en la que estamos a gusto porque “cumplimos con Dios, cumplimos con los hombres. La conversión es una decisión que hay que tomar ahora y no dejar para después; dejarlo para después sería desoír su llamada. Jesús agrega una motivación: “El Reino de Dios está cerca”. Esta motivación es la Buena Nueva, es decir, la revelación del amor de Dios hacia el hombre. El amor de Dios es la motivación perfecta para la conversión.

3.- La vocación cristiana se define como “seguimiento a Jesús”. Jesús invita a Pedro, Andrés, Santiago y Juan a seguirle. Todos somos llamados por el Señor para seguirle, y esa vocación al seguimiento se realiza en distintos estados de vida: vida consagrada (religiosos, sacerdotes), y vida secular o laical. Somos llamados para estar con Jesús, para seguir el camino de Jesús, para una misión en la Iglesia y en el mundo. Toda vocación (llamado) es siempre para una misión. Jesús llamó a sus discípulos para luego enviarlos a la misión. La Iglesia es, por su propia naturaleza, misionera; si dejara de ser misionera dejaría de ser Iglesia. Quien quiere seguir al Señor tiene que aceptar las exigencias y consecuencias del seguimiento. No vale decir “después”, “más adelante”, “ahora tengo demasiado trabajo”...También a cada uno de nosotros —a todos los cristianos— Jesús nos pide cada día que pongamos a su servicio todo lo que somos y tenemos. ¿Qué quiere decir “pescadores de hombres”? Una bonita respuesta puede ser un comentario de san Juan Crisóstomo. Este Padre de la Iglesia dice que Andrés no sabía explicarle bien a su hermano Pedro quién era Jesús y, por esto, «lo llevó a la misma fuente de la luz», que es Jesucristo. “Pescar hombres” quiere decir ayudar a quienes nos rodean en la familia y en el trabajo a que encuentren a Cristo, que es la única luz para nuestro camino.

4.- Jesús no sólo predica, hace realidad el Reino con los hechos. Lo hemos oído: predicaba y "curaba las enfermedades y dolencias del pueblo".El Reino de Dios es anunciado con hechos y palabras. Así, con ese estilo capaz de despertar a la gente, que levanta en todos, ilusiones y deseos de ir con El, recorre Galilea. Porque el Reino de Dios, la felicidad que Dios promete, no es sólo una felicidad íntima, algo que queda dentro de nosotros. Es también algo que se hace realidad ya ahora, en cada momento. Y por eso, Jesús no se contenta con proclamar la vida nueva de Dios, sino que la convierte en cosas concretas: lucha contra el mal, elimina el dolor y la tristeza que se encuentra en su camino. Une la palabra y los hechos. Todo eso arrastra a la gente, crea ilusión y llega a ser una verdadera luz en un país que habita en tinieblas, algo nuevo que vale la pena seguir. ¡Que lo sintamos también como una luz para nosotros!


2.-JESÚS PASA A NUESTRO LADO

Por Antonio García-Moreno

1.- HUMILLACIÓN Y GOZO.- Isaías recuerda las humillaciones que padeció el pueblo, las derrotas, los momentos difíciles de una guerra perdida de antemano. Los territorios de Zabulón y Neftalí sufrieron frecuentes incursiones de los pueblos del Norte. Fueron desterrados, despojados de sus bienes, condenados a vivir en tierras extrañas, en medio de sus propios enemigos.

Pero Yahvé los volvería a mirar con amor, se olvidaría de sus delitos, les perdonaría sus pecados y los reintegraría a su patria. Y de nuevo amanecieron días llenos de paz, días sin temores, días serenos y tranquilos. Y todo porque Dios no quiere castigarnos sin fin. Y mientras vivimos ensaya mil formas para atraernos, para hacernos caer en la cuenta de su gran amor por nosotros. Cuando le volvemos la espalda, nos hace ver lo triste que es nuestra vida sin Él. Y al vernos llorar nos perdona, nos limpia las lágrimas y nos anima a volver otra vez junto a él, a empezar de nuevo como si nada hubiera ocurrido.

La alegría, el gozo. Los dones más preciosos que Dios puede hacer al hombre. El sentirse contento, el vivir sin agobios, sin miedo. Vivir alegres, tener ganas de cantar, estar ilusionados con lo que nos rodea, mirar con esperanza y optimismo al futuro, no acobardarse por nada, afrontar con fortaleza y serenidad la vida, por difícil o penosa que sea.

Gozo del que recoge el abundante fruto de su trabajo, alegría del que siega su propia siembra ya granada, júbilo del que se reparte el botín ganado tras una dura batalla... Señor, muchas veces estamos tristes, andamos preocupados, agobiados por el peso de la vida. Repite una vez más el milagro de convertir nuestra tristeza en alegría, danos vivir seriamente nuestra fe, inyecta tu fuerza en nuestra debilidad. Acrecienta en nosotros la alegría, auméntanos el gozo.

2.- ANTORCHAS VIVAS.- Juan Bautista terminó sus días en la cárcel. Aquella antorcha viva que anunció la llegada de la Luz, se extinguió en la tierra, para lucir luego con más esplendor allá en el Cielo. Desde entonces su nombre quedaría esculpido como modelo de fidelidad a su propia misión, como reclamo y llamada para todos los que tenemos la excelsa misión de ser testigos de Cristo a lo largo de toda la Historia. Su misión fue, en efecto, cumplida con toda exactitud. La Luz irrumpió en las regiones ensombrecidas por los errores del paganismo, pueblos que Isaías contemplaba envueltos en las tinieblas de la muerte. De forma paulatina, pero inexorable, la claridad gozosa del Evangelio comenzó su avance por aquellos pueblecitos de Galilea, donde como un incendio en el bosque, se propagaría el fuego que Cristo había traído a la tierra.

Metidos en aquellos parajes tan bucólicos, caminemos junto al Maestro, el atrayente Rabbí de Nazaret, para escuchar sus palabras, para contemplar enamorados su figura y sus gestos, deseosos de empaparnos de su espíritu, anhelantes de serle fieles hasta la muerte, como el Bautista lo fue. Hacer carne de nuestra carne su doctrina, vida de nuestra vida su propia vida.

Hoy vemos a Pedro y Andrés su hermano que pescan cerca de la orilla del lago. La red dibuja círculos sobre el agua y barre repetidamente el fondo. Jesús pasa cerca y les dice que le sigan y los hará pescadores de hombres. Ellos no lo dudaron ni un instante. La palabra persuasiva del Maestro encontró eco en el corazón sencillo de aquellos rudos pescadores. Luego serán Juan y Santiago. También ellos estaban trabajando cuando Jesús los llamó y también ellos respondieron con prontitud y generosidad. De ese modo iniciaron la más bella y audaz aventura que jamás pudieron soñar. Nunca olvidarían aquel encuentro, nunca abandonarían el camino emprendido en aquellos momentos. Camino de luchas y renuncias, pero camino también de luz y de gloria.

También ahora Jesús pasa a nuestro lado. Nos ve quizá enfrascados en nuestra tarea diaria, ensimismados en nuestro trabajo. Nos mira como miró a Pedro y nos dice que le sigamos, que quiere hacernos pescadores de hombres, que quiere encendernos para que seamos anunciadores de la Luz, antorchas vivas que alumbran las sombras de muerte en que yace el mundo. Las barcas y las redes, nuestros pequeños ídolos nos retraen quizá, lo mismo que les ocurriría quizás a los primeros discípulos. Pero como ellos hemos de mirar hacia delante y no hacia atrás, fijarnos en la Luz que está al fin del camino y ser valientes para recorrerlo.


3.- UNA INVITACIÓN A LA CONVERSIÓN

Por Pedro Juan Díaz

1.- Cafarnaúm, galilea de los gentiles.- Jesús comienza su misión estableciéndose en Cafarnaúm, la “Galilea de los gentiles”, un territorio que no era muy cristiano, para que lo entendáis. Era una tierra de sincretismo, de todo vale, de “cojo un poco de aquí y otro poco de allá”, de relajación de costumbres. Yo creo que se parece bastante al tipo de sociedad en el que vivimos. Jesús podría haberse situado en un contexto más “religioso”, entre los sacerdotes, en el Templo, pero elige alejarse de todo eso y acercarse a los más alejados. Es una reflexión muy interesante para preguntarnos cerca de quien nos situamos los cristianos hoy.

Desde ese ambiente secular lanza una invitación a la conversión, anunciando que Dios está cerca de todos ellos. No dice exactamente Dios, porque los judíos no podían nombrarle. Dice “el reino de los cielos”, que es la manera que tiene Jesús de llamar a su proyecto, al proyecto de Dios para todas las personas, un proyecto que llega a través de lo pequeño y lo sencillo, a través de signos significativos en la vida de cada día; un proyecto que entienden muy bien los más sencillos y humildes. Y después de esa llamada a la conversión, en ese territorio gentil y con una gente alejada de la fe, les propone las bienaventuranzas como camino a seguir. Pero de eso ya hablaremos la semana que viene.

El proyecto de Dios consiste en que todos sus hijos descubran que Él les quiere, que está cerca de ellos, que quiere compartir sus vidas. Por eso ha enviado a su hijo Jesús. Es lo que hemos celebrado durante toda la Navidad. Dios se ha hecho hombre, se ha acercado a nosotros de manera asombrosa, ha puesto su residencia habitual entre nosotros, para que descubramos que “está cerca el Reino de los cielos”, para que nos convirtamos y dejemos de pensar que Dios está allí arriba y nosotros aquí abajo, y que no le preocupan nuestras cosas, ¡todo lo contrario! La conversión necesita, además de cambiar nuestro corazón, cambiar también nuestra mentalidad.

La conversión nos pide también estar cerca de los que están lejos para acercarles el mensaje con nuestro estilo de vida, con nuestra conversión sincera, con nuestra manera de creer y entender que Dios está con nosotros todos los días, hasta el final. Es la manera que tenemos de ser auténticos evangelizadores.

2.- La unidad de los cristianos. Otro testimonio nuestro de la cercanía de Dios será nuestra unidad, “con un mismo pensar y un mismo sentir”, como dice San Pablo en la segunda lectura de hoy a los Corintios, que andaban bastante divididos. Estamos rezando de manera especial en esta semana por la unidad, que será un signo de credibilidad, un testimonio de conversión y de cercanía de Dios para todas las personas. “Os ruego en nombre de nuestro Señor Jesucristo –dice San Pablo-: poneos de acuerdo y no andéis divididos”. Es una asignatura pendiente y necesitada de conversión por parte de todos nosotros.

La Eucaristía es el gran signo de la unidad, es el momento de encuentro de toda la familia cristiana en torno a la mesa de Jesús que nos convoca. Es el momento de celebrar juntos nuestra fe, celebrar que Dios nos quiere y que acompaña cada momento de nuestra vida. Vamos a vivirlo con gozo. Proclamemos nuestra fe en Dios, que se ha acercado a cada uno de nosotros en Jesús y nos dice: “Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos”.

 

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