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31 diciembre 2013 2 31 /12 /diciembre /2013 21:12

ORDINARIO MISA DE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS
Octava de la Navidad del Señor

Antífona de entrada
Te saludamos, santa Madre de Dios, porque diste al mundo al Rey
que gobierna para siempre el cielo y la tierra.
 
O bien     Cf. Is 9, 2.6; Lc 1, 33
Hoy brillará la luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor;
él será llamado Dios admirable, Príncipe de la paz, Padre para siempre,
y su reino no tendrá fin.
 
Gloria

Gloria a Dios en el Cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias.
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre:
Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros:
porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. 
Amén.

 
Oración colecta

Dios nuestro, que por la fecunda virginidad de María
otorgaste a los hombres la salvación eterna,
concédenos experimentar la intercesión de aquella
por quien recibimos al Autor de la vida, Jesucristo, tu Hijo.
Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
 
18. 
Acabada la homilía, cuando está prescrito, se canta o se dice el Símbolo o Profesión de fe:
 
Creo en un solo Dios,
Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
 
Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos.
Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre;
por quien todo fue hecho;
que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo,
 
En estas palabras que siguen, hasta se hizo hombre, todos se inclinan.
 
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nosotros fue crucificado bajo el poder de Poncio Pilato, padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día según las Escrituras,
y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos
y su reino no tendrá fin.
 
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de Vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Profeso un solo bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro. Amén.
 
19. 
En lugar del Símbolo Niceno-Constantinopolitano, sobre todo en el tiempo de Cuaresma y en el tiempo de Pascua, se puede emplear el Símbolo bautismal de la Iglesia de Roma, también llamado «de los Apóstoles».
 
Creo en Dios, Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra.
 
Creo en Jesucristo, su único Hijo,
nuestro Señor,
 
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.
 
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María Virgen.
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.
Fue crucificado, muerto y sepultado.
Descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
 
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los Santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.
.
 
Oración sobre las ofrendas

Dios nuestro, que con tu bondad
comienzas y perfeccionas toda obra buena,
concede que, así como nos alegramos
en la fiesta de Santa María, Madre de Dios,
al celebrar la aurora de la salvación,
podamos también gozar de la plenitud de tu gracia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
PREFACIO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA I
LA MATERNIDAD DE SANTA MARÍA VIRGEN

62. El siguiente prefacio se dice en las Misas de la Virgen María, haciendo mención, en el lugar correspondiente (***), de la fiesta, según se indica en cada Misa.
 
V.
 El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
 
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
 
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
 
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
 
Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria
en la 
(***) de santa María, siempre virgen.
Porque ella concibió a tu único Hijo
por obra del Espíritu Santo,
y, sin perder la gloria de su virginidad,
derramó sobre el mundo la luz eterna,
Jesucristo, Señor nuestro.
 
Por eso, los ángeles y los arcángeles
y todos los coros celestiales
celebran tu gloria unidos en común alegría.
Permítenos asociarnos a sus voces,
cantando humildemente tu alabanza:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

 
En las Plegarias eucarísticas, se dicen las partes propias de Navidad.
 
Antífona de comunión     Heb 13, 8

Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y lo será para siempre.
 
Oración después de la comunión
Señor y Dios nuestro,
hemos recibido con alegría los sacramentos celestiales;
te pedimos que nos ayuden a alcanzar la vida eterna
a cuantos nos gloriamos de proclamar a María, siempre Virgen,
Madre de tu Hijo y Madre de la Iglesia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 

Bendición Solemne
3. 
Al comienzo del año
Dios Padre, fuente y principio de todo bien,
les conceda su gracia
derrame sobre ustedes una abundante bendición
y los conserve sanos y salvos durante todo este año.
R. Amén.
 
Él los mantenga íntegros en la fe,
les conceda una esperanza generosa,
y los haga perseverar en la caridad
R. Amén.
 
Él guíe en la paz las acciones de ustedes,
escuche siempre sus plegarias
y los conduzca a la vida eterna.
R. Amén.
 
Y la bendición de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo 
+ y del Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
R. Amén.

 

 

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7 diciembre 2013 6 07 /12 /diciembre /2013 21:36

ORDINARIO DE LA MISA: LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
Solemnidad

Antífona de entrada     Cf. Is 61, 10
Desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios.
Porque él me vistió con las vestiduras de la salvación
y me envolvió con el manto de la justicia,
como una esposa que se adorna con sus joyas.
.

Oración colecta

Dios nuestro, por la Concepción Inmaculada de la Virgen María
preservada de todo pecado,
preparaste a tu Hijo una digna morada
en atención a los méritos de la muerte redentora de Cristo,
concédenos, por su intercesión,
que también nosotros lleguemos a ti
purificados de todas nuestras culpas.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.

Acabada la homilía, cuando está prescrito, se canta o se dice el Símbolo o Profesión de fe:
 
Creo en un solo Dios,
Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
 
Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos.
Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre;
por quien todo fue hecho;
que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo,
 
En estas palabras que siguen, hasta se hizo hombre, todos se inclinan.
 
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nosotros fue crucificado bajo el poder de Poncio Pilato, padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día según las Escrituras,
y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos
y su reino no tendrá fin.
 
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de Vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Profeso un solo bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro. Amén.
 
19. 
En lugar del Símbolo Niceno-Constantinopolitano, sobre todo en el tiempo de Cuaresma y en el tiempo de Pascua, se puede emplear el Símbolo bautismal de la Iglesia de Roma, también llamado «de los Apóstoles».
 
Creo en Dios, Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra.
 
Creo en Jesucristo, su único Hijo,
nuestro Señor,
 
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.
 
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María Virgen.
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.
Fue crucificado, muerto y sepultado.
Descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
 
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los Santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.


Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, este sacrificio de salvación
que te ofrecemos en la solemnidad
de la Inmaculada Concepción de la Virgen María,
y así como a ella tu gracia la preservó limpia de toda mancha,
por su intercesión líbranos de todas las culpas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio:

El misterio de María y de la Iglesia

V/. El Señor esté con ustedes
R/. Y con tu espíritu.

V/. Levantemos el corazón.
R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R/. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Realmente es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Tú preservaste a la Virgen María
de toda mancha del pecado original
y la enriqueciste con la plenitud de tu gracia,
preparándola para que fuera la Madre digna de tu Hijo
y comienzo e imagen de la Iglesia, esposa de Cristo,
llena de juventud y de limpia hermosura.

Purísima debía ser la Virgen que nos diera a tu Hijo,
el Cordero inocente que quita el pecado del mundo.
Purísima la que, para todos los hombres,
es ahora abogada de gracia y modelo de santidad.

Por eso, unidos a los coros de los ángeles,
cantamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

Antífona de comunión
Virgen María, de ti se han dicho maravillas,
porque de ti nació el sol de justicia, Cristo, nuestro Dios.

Oración después de la comunión
Señor, Dios nuestro,
que el sacramento recibido
repare en nosotros las consecuencias de aquella culpa
de la que preservaste a la Virgen María
en su Concepción Inmaculada.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición Solemne

 

La santísima Virgen María
Dios, que por su bondad quiso redimir al género humano
mediante la maternidad de la Virgen María,
derrame sobre ustedes una abundante bendición.
R. Amén.
 
Que experimenten siempre y en todas partes
la protección de la Virgen María,
por quien recibieron al autor de la vida.
R. Amén.
 
Y todos ustedes,
reunidos para celebrar con amor esta fiesta en su honor,
reciban los dones de la alegría espiritual
y los premios eternos.
R. Amén.
 
Y la bendición de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo 
+ y del Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
R. Amén.

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1 diciembre 2013 7 01 /12 /diciembre /2013 15:46

Ordinario de la Misa: Lunes I de Adviento

Antífona de entrada     Cf. Jer 31, 10; Is 35, 4
Escuchen, naciones, la Palabra del Señor,
anúncienla en las costas más lejanas.
No teman: ahí está su Salvador.
 
Oración colecta
Señor y Dios nuestro,
concédenos esperar con amor solícito
la llegada de tu Hijo Jesucristo,
para que, cuando él venga y nos llame,
nos encuentre velando en oración
y cantando con alegría sus alabanzas.
Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
 
Oración sobre las ofrendas
Dios nuestro, acepta los dones que recibimos de ti
y ahora te presentamos;
que esta ofrenda realizada en el tiempo presente,
sea para nosotros anticipo de la salvación eterna.
Por Jesucristo, Nuestro Señor.

Prefacio I o II
 
PREFACIO DE ADVIENTO I
LAS DOS VENIDAS DE CRISTO

33. Este prefacio se dice en las Misas del tiempo, desde el primer domingo de Adviento hasta el 16 de diciembre, y en las restantes Misas que se celebran durante este tiempo y que no tienen prefacio propio.
 
V.
 El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
 
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
 
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
 
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo Señor nuestro.
 
Él vino por primera vez en la humildad de nuestra carne,
para realizar el plan de redención trazado desde antiguo,
y nos abrió el camino de la salvación;
para que, cuando venga por segunda vez
en el esplendor de su grandeza,
podamos recibir los bienes prometidos 
que ahora aguardamos en vigilante espera.
 
Por eso, con los ángeles y los arcángeles,
y con todos los coros celestiales
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

PREFACIO DE ADVIENTO II
CRISTO, SEÑOR Y JUEZ DE LA HISTORIA

33b. Este prefacio se dice en las misas del tiempo, desde el primer domingo de Adviento hasta el día 16 de diciembre, y en las restantes Misas que se celebran durante este mismo tiempo y no tienen prefacio propio.
 
V.
 El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
 
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
 
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
 
En verdad es justo darte gracias,
es nuestro deber cantar en tu honor
himnos de bendición y de alabanza,
Padre todopoderoso,
principio y fin de todo lo creado.
 
Tú has querido ocultarnos el día y la hora en que Cristo, tu Hijo,
Señor y Juez de la Historia,
aparecerá sobre las nubes del cielo revestido de poder y de gloria.
En aquel día, tremendo y glorioso al mismo tiempo,
pasará la figura de este mundo
y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva.
 
El Señor se manifestará entonces lleno de gloria,
el mismo que viene ahora a nuestro encuentro
en cada hombre y en cada acontecimiento,
para que lo recibamos en la fe
y para que demos testimonio por el amor,
de la espera dichosa de su reino.
 
Por eso, mientras aguardamos su última venida,
unidos a los ángeles y a los santos,
cantamos el himno de tu gloria:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

 
Antífona de comunión     Cf. Sal 105, 4-5; Is 38, 3
Ven, Señor, visítanos con tu paz,
y nos alegraremos en tu presencia con integridad de corazón.
 
Oración después de la comunión
Te pedimos, Padre,
que fructifique en nosotros la celebración de los santos misterios
con los que tú nos enseñas a amar y adherirnos a los bienes eternos,
mientras peregrinamos
en medio de las realidades transitorias de esta vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor. 

 

 

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27 octubre 2013 7 27 /10 /octubre /2013 17:43

ORDINARIO DE LA MISA: SAN SIMÓN Y SAN JUDAS. 28 DE OCTUBRE
apóstoles
Fiesta

Antífona de entrada
Estos son los santos varones
a quienes el Señor eligió por su caridad sincera;
él les dio la gloria eterna.

Gloria

Gloria a Dios en el Cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias.
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre:
Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros:
porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
.

Oración colecta

Dios nuestro, que por la predicación de los apóstoles
nos llevaste al conocimiento de tu nombre;
te rogamos que, por intercesión de los santos Simón y Judas,
tu Iglesia se vea enriquecida con nuevos pueblos que crean en ti.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
Te pedimos, Señor, que recibas nuestras súplicas
al venerar la gloria eterna de tus apóstoles Simón y Judas,
y nos dispongas para celebrar dignamente estos santos misterios.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO DE LOS APÓSTOLES I
LOS APÓSTOLES, PASTORES DEL PUEBLO DE DIOS

64. Este prefacio se dice en las Misas de los Apóstoles, principalmente en las de San Pedro y San Pablo
 
V.
El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
 
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
 
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
 
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
 
Tú nunca abandonas a tu rebaño, Pastor eterno,
sino que lo proteges y conservas siempre
por medio de los santos Apóstoles,
y quieres que sea conducido por aquellos mismos pastores
a quienes tu Hijo confió la misión de continuar su obra.
 
Por eso, con los ángeles y los arcángeles,
y con todos los coros celestiales
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.


Antífona de comunión     Jn 14, 23

Dice el Señor: El que me ama será fiel a mi palabra;
mi Padre lo amará, iremos a él y habitaremos en él.

Oración después de la comunión
Dios nuestro, después de recibir estos sacramentos,
e impulsados por el Espíritu Santo, te rogamos humildemente
que el misterio celebrado
en el martirio de los apóstoles Simón y Judas,
nos haga perseverar siempre en tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición Solemne

17.
Apóstoles
Dios todopoderoso,
que los estableció sobre el fundamento apostólico los bendiga
por la intercesión de los gloriosos apóstoles
N. y N. (del apóstol N.)
R. Amén.
 
Él, que quiso instruirlos
con la doctrina y los ejemplos de los apóstoles,
los ayude a ser ante todos los hombres
testigos de la verdad.
R. Amén.
 
Que la intercesión de los santos apóstoles,
que los instruyeron en la sólida doctrina de la fe,
les permita a todos ustedes, alcanzar la herencia eterna.
R. Amén.
 
Y la bendición de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo
+ y del Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
R. Amén..

 

Fuente: Misal Romano

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14 octubre 2013 1 14 /10 /octubre /2013 21:55

Ordinario Misa: Santa Teresa de Jesús
virgen y doctora de la Iglesia
Memoria obligatoria

Antífona de entrada     Sal 41, 2-3
Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua,
así mi alma suspira por ti, mi Dios.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente.

Oración colecta
Dios nuestro, que por la acción de tu Espíritu
elegiste a santa Teresa de Jesús
para mostrar a la Iglesia el camino de la perfección,
concédenos alimentarnos siempre con su doctrina espiritual
y arder en deseos de verdadera santidad.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, estas ofrendas,
tú que aceptaste con tanto agrado
el homenaje lleno de fervor que te ofreció santa Teresa.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión     Sal 88, 2
Cantaré eternamente el amor del Señor,
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.

Oración después de la comunión
Señor Dios nuestro,
que has alimentado a tu familia con el pan del cielo,
concédenos que, a ejemplo de santa Teresa,
podamos alegrarnos cantando eternamente tus misericordias.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Fuente: Misal Romano

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11 octubre 2013 5 11 /10 /octubre /2013 17:36

Ordinario de la Misa (Formularios para la Semana Tiempo Ordinario). Ciclo C. del 13 de octubre al 19 de octubre, 2013.

Ordinario de la Misa

Oraciones Misas Dominicales y Cotidianas. (XXVIII Semana)

Prefacios (I y II)

Ritos iniciales

Plegaria Eucarística

Rito de Comunión

Rito de Conclusión

Bendición Solemne

MISAS DOMINICALES Y COTIDIANAS

XXVIII DOMINGO «DURANTE EL AÑO»

Antífona de entrada     Sal 129, 3-4
Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir?
Dios de Israel, en ti se encuentra el perdón.
 
Oración colecta
Dios todopoderoso,
que tu gracia siempre nos preceda y acompañe,
y nos ayude en la práctica constante de las buenas obras.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad de Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
 
Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, las oraciones de tus fieles
junto con estas ofrendas;
haz que este sacrificio, celebrado con amor,
nos lleve a la gloria del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
Antífona de comunión     Sal 33, 11
Los ricos se empobrecen y sufren hambre,
pero los que buscan al Señor no carecen de nada.
 
O bien:   1 Jn 3, 2
Cuando se manifieste el Señor, seremos semejantes a él,
porque lo veremos tal cual es.
 
Oración después de la comunión
Padre, humildemente te pedimos
que así como nos alimentas con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
nos hagas partícipes de la naturaleza divina.
Por Jesucristo nuestro Señor.

 PREFACIO COMÚN I
EL UNIVERSO RESTAURADO POR CRISTO

72. Este prefacio se dice en las Misas del tiempo "durante el año" que carecen de prefacio propio.
 
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
 
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
 
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
 
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.
 
En él has querido restaurar todas las cosas,
y hacernos participar a todos de su plenitud.
Él, que era de condición divina, se anonadó a sí mismo,
y por su Sangre derramada en la cruz pacificó todas las cosas;
y así, constituido Señor del universo,
es fuente de salvación eterna
para cuantos creen en él.
 
Por eso, unidos a los coros de los ángeles,
cantamos el himno a tu gloria,
diciendo sin cesar:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

PREFACIO COMÚN II
LA SALVACIÓN POR CRISTO

73. Este prefacio se dice en las Misas del tiempo "durante el año" que carecen de prefacio propio.
 
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
 
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
 
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
 
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
 
Tú creaste al hombre por amor,
y aunque condenado justamente,
con tu misericordia lo redimiste,
por Cristo, Señor nuestro.
 
Por él, los ángeles celebran tu gloria,
te adoran las dominaciones, se estremecen las potestades.
En el cielo te aclaman con alegría las virtudes celestiales
y los santos serafines.
Permítenos asociarnos a sus voces,
cantando humildemente tu alabanza:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

 

Ritos iniciales

1. Reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar, con los ministros, mientras se entona el canto de entrada.
 
Cuando llega al altar, habiendo hecho con los ministros una inclinación profunda, venera el altar con un beso y, si es oportuno, inciensa la cruz y el altar. Después se dirige con los ministros a la sede.
 
Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:
 
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
 
El pueblo responde: Amén.
 
2. Después el sacerdote, extendiendo las manos, saluda al pueblo, diciendo:
 
La gracia de nuestro Señor Jesucristo,
el amor de Dios Padre
y la comunión del Espíritu Santo
estén con todos ustedes
 
O bien:
 
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre,
y Jesucristo el Señor,
estén con todos ustedes.
 
O bien:
 
El Señor esté con ustedes.

_________________________________________________________

El obispo, en vez de las anteriores fórmulas, en este primer saludo dice:
La paz esté con ustedes.

_________________________________________________________

El pueblo responde: Y con tu espíritu.

Acto penitencial

El domingo, especialmente en el tiempo pascual, en lugar del acto penitencial habitual, en algunas ocasiones puede hacerse la bendición y aspersión del agua en memoria del Bautismo, como aparece en el Apéndice II.

4. A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:

I

Hermanos:
Para celebrar dignamente estos sagrados misterios,
reconozcamos nuestros pecados.
 
O bien:
El Señor Jesús,
que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía,
nos llama ahora a la conversión.
Reconozcamos, pues, que somos pecadores
e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
 
O bien:
Humildes y penitentes, como el publicano en el templo,
acerquémonos al Dios justo,
y pidámosle que tenga piedad de nosotros,
que también nos reconocemos pecadores.
 
O bien:
Jesucristo, el justo, intercede por nosotros
y nos reconcilia con el Padre.
Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento,
para acercarnos a la mesa del Señor.
 
O bien:
Pidamos perdón a Dios de todo corazón.
 
O bien, pero sólo en los domingos, y durante la octava de Pascua:
En el día en que celebramos la victoria de Cristo
sobre el pecado y sobre la muerte,
confesemos nuestra necesidad de la misericordia del Padre
para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.
 
Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos hacen en común la fórmula de la confesión general:
 
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión;
 
Y, golpeándose el pecho, dicen:
 
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 
Luego, prosiguen:
 
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
 
Sigue la absolución del sacerdote.
 
Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
 
El pueblo responde: Amén.

____________________________________________________________________________

2

O bien (segunda forma del acto penitencial):
5. El sacerdote invita a los fieles al acto penitencial con una de las invitaciones anteriores u otras breves palabras.
 
Se hace una breve pausa de silencio. Después el sacerdote dice:
 Señor, ten misericordia de nosotros.
 
El pueblo responde: Porque hemos pecado contra ti.
 
El sacerdote prosigue:
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
 
El pueblo responde: Y danos tu salvación
 
Sigue la absolución del sacerdote:
Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la Vida eterna.
 
El pueblo responde: Amén.

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7.Siguen las invocaciones: Señor, ten piedad (Kyrie eléison), si no se han dicho ya en alguna de las fórmulas del acto penitencial.
 
V. Señor, ten piedad.            R. Señor, ten piedad.
 
V. Cristo, ten piedad.            R. Cristo, ten piedad.
 
V. Señor, ten piedad.            R. Señor, ten piedad.
 
Se pueden tomar las melodías del Gradual Romano.
 
8. A continuación, cuando está prescrito, se canta o se dice el himno:
 
Gloria a Dios en el Cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias.
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre:
Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros:
porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
 
9. Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Oremos
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo.
 
Entonces, el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta, al final de la cual, el pueblo aclama:
 
Amén.

____________________________________________________________________________

La colecta termina siempre con la conclusión larga.

Si la oración se dirige al Padre:
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que es Dios y vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
 
Si se dirige al Padre, pero hacia el final de la oración se menciona al Hijo:
Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios, por los siglos de los siglos.
 
Si la oración se dirige al Hijo:
Que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo
y eres Dios, por los siglos de los siglos.

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Liturgia de la Palabra

10. Después, el lector se dirige al ambón y lee la primera lectura, que todos escuchan sentados.
 
Para indicar el final de la lectura, el lector dice:
Palabra de Dios.
 
Todos responden: Te alabamos, Señor.
 
11.El salmista, o el cantor, canta o recita el salmo, y el pueblo pronuncia la respuesta.
 
12.Después, si hay segunda lectura, el lector la lee desde el ambón, como la primera.
 
Para indicar el final de la lectura, el lector dice:
Palabra de Dios.
 
Todos responden: Te alabamos, Señor.
 
13.Sigue el Aleluia, u otro canto determinado por las rúbricas, según lo requiera el tiempo litúrgico.
 
14.Mientras tanto, si se usa incienso, el sacerdote lo pone en el incensario. Después, el diácono que va a proclamar el Evangelio, profundamente inclinado ante el sacerdote, pide la bendición, diciendo en voz baja:
Padre, dame tu bendición.
 
El sacerdote, en voz baja, dice:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios,
para que anuncies dignamente su Evangelio.
En el nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo.
 
El diácono se signa con la señal de la cruz y responde:
Amén.
 
Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso,
para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.
 
15. Después el diácono, o el sacerdote, se dirige al ambón, acompañado por los ministros que llevan el incienso y los cirios, si es oportuno, y dice:
El Señor esté con ustedes.
 
El pueblo responde: Y con tu espíritu.
 
El diácono, o el sacerdote:
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san según san N.
 
Y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y sobre su frente, labios y pecho.
 
El pueblo aclama: Gloria a ti, Señor.
 
Luego el diácono, o el sacerdote, si se usa incienso, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
 
16.Acabado el Evangelio, el diácono o el sacerdote, dice:
Palabra del Señor.
 
Todos responden: Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Si la aclamación es cantada, pueden usarse otras respuestas de alabanza a Jesucristo como las siguientes:
Tu palabra, Señor, es la verdad,
y tu ley nuestra libertad.
 
O bien:
Tu palabra, Señor,
es lámpara que alumbra nuestros pasos.
 
O bien:
Tu palabra, Señor,
permanece por los siglos.
 
Después besa el libro, diciendo en secreto:
Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados.
 
17. Luego se hace  la homilía, que corresponde al sacerdote o al diácono, y que debe hacerse obligatoriamente todos los domingos y fiestas de precepto; se recomienda en los otros días.
 
18. Acabada la homilía, cuando está prescrito, se canta o se dice el Símbolo o Profesión de fe:
Creo en un solo Dios,
Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
 
Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos.
Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre;
por quien todo fue hecho;
que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo,
 
En estas palabras que siguen, hasta se hizo hombre, todos se inclinan.
 
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nosotros fue crucificado bajo el poder de Poncio Pilato, padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día según las Escrituras,
y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos
y su reino no tendrá fin.
 
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de Vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Profeso un solo bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro. Amén.
 
19. En lugar del Símbolo Niceno-Constantinopolitano, sobre todo en el tiempo de Cuaresma y en el tiempo de Pascua, se puede emplear el Símbolo bautismal de la Iglesia de Roma, también llamado «de los Apóstoles».
 
Creo en Dios, Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra.
 
Creo en Jesucristo, su único Hijo,
nuestro Señor,
 
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.
 
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María Virgen.
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.
Fue crucificado, muerto y sepultado.
Descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
 
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los Santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.
 
20. Después se hace la oración universal u oración de los fieles.
 
La oración universal u oración de los fieles se desarrolla de la siguiente manera:
    Invitatorio
 
El sacerdote invita a los fieles a orar, por medio de una breve monición.
    Intenciones
 
Las intenciones son propuestas por un diácono o, si no lo hay, por un lector o por otra persona idónea.
 
El pueblo manifiesta su participación con una invocación u orando en silencio.
 
La sucesión de intenciones ordinariamente debe ser la siguiente:
    a)    Por las necesidades de la Iglesia.
    b)    Por los gobernantes y por la salvación del mundo entero.
    c)    Por aquellos que se encuentran en necesidades particulares.
    d)    Por la comunidad local.
    Conclusión.
 
El sacerdote termina la plegaria común con una oración conclusiva.

 PLEGARIA EUCARÍSTICA I
O CANON ROMANO

83.     V. El Señor esté con ustedes.
          R. Y con tu espíritu.

          V. Levantemos el corazón.
          R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

          V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
          R. Es justo y necesario.

Sigue el prefacio, dicho según las rubricas, que se concluye:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

84. El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CP
Padre misericordioso,
te pedimos humildemente
por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,
 
Junta las manos y dice:
que aceptes
 
Traza el signo de la cruz sobre el pan y el vino conjuntamente, diciendo:
y bendigas + estos dones,
este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,
 
Con las manos extendidas, prosigue:
ante todo, por tu Iglesia santa y católica,
para que le concedas la paz, la protejas,
la congregues en la unidad
y la gobiernes en el mundo entero,
con tu servidor el Papa N.,
con nuestro Obispo N., (Aquí se puede hacer mención del Obispo Coadjutor o Auxiliar, de acuerdo con la Ordenación general del Misal Romano, n. 149).
y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad,
promueven la fe católica y apostólica.
 


    El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:
    conmigo, indigno siervo tuyo,
 
    Cuando celebra un Obispo que no es el ordinario diocesano, dice:
    con mi hermano N., Obispo de esta iglesia de N.,
    conmigo, indigno siervo tuyo,


 
85. Conmemoración de los vivos.
Cl
Acuérdate, Señor,
de tus hijos N. y N.
 
Junta las manos y ora unos momentos por quienes tiene la intención de orar.
 
Después, con las manos extendidas prosigue:
y de todos los aquí reunidos,
cuya fe y entrega bien conoces;
por ellos y todos los suyos,
por el perdón de sus pecados
y la salvación que esperan,
te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen,
este sacrificio de alabanza,
a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.
 
86. Conmemoración de los santos.
C2
Reunidos en comunión con toda la Iglesia,
veneramos la memoria,
ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María,
Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;
la de su esposo, San José;
la de los santos apóstoles y mártires
Pedro y Pablo, Andrés,
[Santiago y Juan,
Tomás, Santiago, Felipe,
Bartolomé, Mateo,
Simón y Tadeo;
Lino, Cleto, Clemente, Sixto,
Cornelio, Cipriano,
Lorenzo, Crisógono,
Juan y Pablo,
Cosme y Damián,]
y la de todos los santos;
por sus méritos y oraciones
concédenos en todo tu protección.
 
(Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)
 


87. Con las manos extendidas, prosigue:
CP
Acepta, Señor, en tu bondad,
esta ofrenda de tus servidores
y de toda tu familia santa;
ordena en tu paz nuestros días,
líbranos de la condenación eterna
y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos.
(Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)


 

88.Extendiendo las manos sobre las ofrendas, dice:
CC
Bendice y santifica esta ofrenda, Padre,
haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti,
de manera que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre
de tu Hijo amado,
Jesucristo, nuestro Señor.
 
Junta las manos.
 
89.En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.
Él mismo, la víspera de su Pasión,
 
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:


 


tomó pan en sus santas y venerables manos,
 
Eleva los ojos,
y, elevando los ojos al cielo,
hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso,
dando gracias te bendijo,
lo partió,
y lo dio a sus discípulos, diciendo:
 
Se inclina un poco.
 
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

 
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.
 
90. Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
 
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó este cáliz glorioso
en sus santas y venerables manos,
dando gracias te bendijo,
y lo dio a sus discípulos, diciendo:
 
Se inclina un poco.
 
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR USTEDES Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.
 
HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

 
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.
 
91. Luego dice una de las siguientes fórmulas:
CP
Éste es el Misterio de la fe.
 
O bien:
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
 
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!


O bien:
CP
Éste es el Misterio de nuestra fe, Cristo nos redimió.
 
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz,
anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
 
O bien:
CP
Éste es el Misterio de la fe, Cristo se entregó por nosotros.
 
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Salvador del mundo, sálvanos,
que nos has liberado por tu cruz y resurrección.


92. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CC
Por eso, Padre,
nosotros, tus servidores,
y todo tu pueblo santo,
al celebrar este memorial
de la muerte gloriosa de Jesucristo,
tu Hijo, nuestro Señor;
de su santa resurrección del lugar de los muertos
y de su admirable ascensión a los cielos,
te ofrecemos, Dios de gloria y majestad,
de los mismos bienes que nos has dado,
el sacrificio puro, inmaculado y santo:
pan de vida eterna
y cáliz de eterna salvación.
 
93.
Mira con ojos de bondad esta ofrenda
y acéptala,
como aceptaste los dones del justo Abel,
el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe,
y la oblación pura
de tu sumo sacerdote Melquisedec.
 
94. Inclinado, con las manos juntas, prosigue:
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso,
que esta ofrenda sea llevada a tu presencia,
hasta el altar del cielo,
por manos de tu ángel,
para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
al participar aquí de este altar, 
 
Se endereza y se signa, diciendo:
seamos colmados de gracia y bendición.
 
Junta las manos.
(Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)
 
95.Conmemoración de los difuntos.
Con las manos extendidas dice:
C3
Acuérdate también, Señor,
de tus hijos N. y N.,
que nos han precedido con el signo de la fe
y duermen ya el sueño de la paz.
 
Junta las manos y ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar.
 
Después, con las manos extendidas, prosigue:
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo,
concédeles el lugar del consuelo,
de la luz y de la paz.
 
Junta las manos.
(Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)
 
96. Con la mano derecha se golpea el pecho, diciendo:
C4
Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos,
 
Con las manos extendidas prosigue:
que confiamos en tu infinita misericordia,
admítenos en la asamblea
de los santos apóstoles y mártires,
Juan el Bautista, Esteban,
Matías y Bernabé,
[Ignacio, Alejandro,
Marcelino y Pedro,
Felicidad y Perpetua,
Águeda, Lucía,
Inés, Cecilia, Anastasia,]
y de todos los santos;
y acéptanos en su compañía,
no por nuestros méritos,
sino conforme a tu bondad.
 
Junta las manos:
CP
Por Cristo, Señor nuestro.
 
97. Y continúa:
Por quien sigues creando todos los bienes,
los santificas, los llenas de vida, los bendices
y los repartes entre nosotros.
 
98. Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, y elevándolos, dice:
CP o CC
Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.
 
El pueblo aclama:
Amén.
 
RITO DE LA COMUNIÓN

124. Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Fieles a la recomendación del Salvador
y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
 
O bien:
Llenos de alegría por ser hijos de Dios,
digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:
 
O bien:
El amor de Dios a sido derramado en nuestros corazones
con el Espíritu Santo que se nos ha dado;
movidos por ese Espíritu digamos con fe y esperanza:
 
O bien:
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía,
signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna,
oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:
 
O bien:
Recemos con humildad y confianza diciendo:
 
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el Cielo,
santificado sea tu Nombre,
venga a nosotros tu Reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 
125. Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor,
y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.
 
Junta las manos.
 
El pueblo concluye la oración aclamando:
Tuyo es el Reino,
tuyo el poder y la gloria
por siempre, Señor.
 
126. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles:
«La paz les dejo, mi paz les doy»,
no tengas en cuenta nuestros pecados
sino la fe de tu Iglesia,
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
 
Junta las manos.
 
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
 
El pueblo responde: Amén.
 
127. El sacerdote, vuelto hacia al pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
 
El pueblo responde: Y con tu espíritu.
 
128. Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
Démonos fraternalmente la paz
 
O bien:
Como hijos de Dios, intercambiemos ahora
un signo de comunión fraterna.
 
O bien:
En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su cruz,
démonos la paz como signo de reconciliación.
 
O bien:
En el Espíritu de Cristo resucitado,
démonos fraternalmente la paz.
 
Y todos, según las costumbres del lugar, se intercambian un signo de paz, de comunión y de caridad. El sacerdote da la paz al diácono o al ministro.
 
129. Después toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena y pone una partícula dentro del cáliz, diciendo en secreto:
El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo,
unidos en este cáliz,
sean para nosotros
alimento de vida eterna.
 
130. Mientras tanto se canta o se dice:
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
 
Esta aclamación puede repetirse varias veces, si la fracción del pan se prolonga. La última vez se dice: danos la paz.
 
131. A continuación el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto:
Señor Jesucristo, Hijo del Dios vivo,
que por voluntad del Padre,
cooperando el Espíritu Santo,
diste con tu muerte la Vida al mundo,
líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre,
de todas mis culpas y de todo mal.
Concédeme cumplir siempre tus mandamientos
y jamás permita que me separe de ti.
 
O bien:
Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre
no sea para mí un motivo de juicio y condenación,
sino que, por tu piedad
me sirva para defensa de alma y cuerpo,
y como remedio de salvación.
 
132.El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevada sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Este es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
 
Y, juntamente con el pueblo, añade:
Señor, no soy digno
de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya
bastará para sanarme.
 
133. El sacerdote, vuelto hacia el altar, dice en secreto:
El Cuerpo de Cristo me proteja para la Vida eterna.
 
Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.
 
Después toma cáliz, y dice en secreto:
La Sangre de Cristo me guarde para la Vida eterna.
 
Y bebe reverentemente la Sangre de Cristo.
 
134. Después toma la patena o la píxide y se acerca a los que van a comulgar. Muestra el pan consagrado a cada uno, sosteniéndolo un poco elevado y le dice:
El Cuerpo de Cristo.
 
El que va a comulgar responde: Amén.
 
Y comulga.
 
El diácono, si distribuye la sagrada Comunión, lo realiza de la misma manera observan los mismos ritos.
 
135. Si se comulga bajo las dos especies se observa el rito descrito en su lugar.
 
136. Cuando el sacerdote ha comulgado el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de comunión.
 
137. Finalizada la Comunión, el sacerdote o el diácono, o el acólito, purifica la patena sobre el cáliz y también el cáliz.
 
Mientras hace la purificación, el sacerdote dice en secreto:
Haz, Señor, que recibamos con un corazón limpio
el alimento que acabamos de tomar,
y que el don que nos haces en esta vida
nos sirva para la vida eterna.
 
138. Después el sacerdote puede volver a la sede. Si se considera oportuno, se puede dejar un breve espacio de silencio sagrado o entonar un salmo o algún cántico de alabanza.
 
139. Luego, de pie en el altar o en la sede, el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.

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La oración después de la comunión termina con la conclusión breve.
 
Si la oración se dirige al Padre:
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
Si la oración se dirige al Padre,
pero al final de la misma se menciona al Hijo:
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos
 
Si la oración se dirige al Hijo:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

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El pueblo, al terminar, aclama: Amén.

RITO DE LA CONCLUSIÓN

140. Siguen, si es necesario, breves avisos para el pueblo.
 
141. Después tiene lugar la despedida. El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:
El Señor esté con ustedes.
 
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
 
El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
La bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo, + y el Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes.
 
El pueblo responde: Amén.

____________________________________________________________________________

142. En algunos días u ocasiones, a ésta fórmula de bendición precede, según las rúbricas, otra fórmula de bendición más solemne o una oración sobre el pueblo.

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143. En la Misa pontifical el celebrante recibe la mitra y, extendiendo las manos, dice:
 El Señor esté con ustedes.
 
Todos responden:
Y con tu espíritu.
 
El celebrante dice:
Bendito sea el nombre del Señor.
 
Todos responden:
Desde ahora y para siempre.
 
El celebrante dice:
Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
 
Todos responden:
Que hizo el cielo y la tierra.
 
Entonces el celebrante, habiendo recibido el báculo, si lo usa, dice:
La bendición de Dios todopoderoso,
 
Y, haciendo tres veces la señal de la cruz sobre el pueblo, añade:
Padre, + Hijo, + y Espíritu + Santo,
descienda sobre ustedes.
 
Todos responden: Amén.

____________________________________________________________________________

144. Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, vuelto hacia el pueblo, dice:
Pueden ir en paz.
 
O bien:
La alegría del Señor sea nuestra fuerza.
Pueden ir en paz.
 
O bien:
Glorifiquen al Señor con su vida.
Pueden ir en paz.
 
O bien:
En el nombre del Señor, pueden ir en paz.
 
O bien, especialmente en los domingos de pascua:
Anuncien a todos la alegría del Señor resucitado.
Pueden ir en paz.
 
El pueblo responde:
Demos gracias a Dios.
 
145. Después el sacerdote venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha inclinación profunda con los ministros, se retira.
 
145. Si inmediatamente sigue alguna acción litúrgica, se omite el rito de despedida.

BENDICIONES AL FINAL DE LA MISA
Y ORACIONES SOBRE EL PUEBLO

BENDICIONES SOLEMNES 
El diácono o, a falta de éste, el mismo sacerdote, dice:Inclinados, reciban la bendición. Luego el sacerdote, con las manos extendidas sobre el pueblo, dice la bendición y todos responden: Amén.

 
7. Ascensión del Señor
Dios todopoderoso
los bendiga en este día en que su Hijo subió al cielo
y les abrió la entrada de la gloria
para llegar a estar junto a él.
R. Amén.
 
Cristo, que se apareció a sus discípulos
después de su Resurrección,
se manifieste también a ustedes lleno de misericordia,
cuando venga para el juicio final.
R. Amén.
 
Y al proclamarlo glorioso junto al Padre,
les conceda la alegría de experimentar que permanece con ustedes
hasta el fin del mundo, como lo ha prometido.
R. Amén.
 
Y la bendición de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
R. Amén.
 

1. El tiempo « durante el año » comprende 34 ó 33 semanas. Comienza el lunes siguiente al domingo después del 6 de enero y continúa hasta el comienzo de la Cuaresma; comienza nuevamente el lunes después del domingo de Pentecostés y termina el sábado anterior al primer domingo de Adviento.
 
2. Los domingos y las semanas del tiempo « durante el año » se cuentan del modo siguiente:
 
a) El domingo en que se celebra la fiesta del Bautismo del Señor ocupa el lugar del primer domingo « durante el año »; la semana que le sigue es la primera de este tiempo. Los demás domingos y semanas se enumeran en orden progresivo hasta el comienzo de la Cuaresma.
 
b) Después de Pentecostés, cuando hay treinta y cuatro semanas « durante el año », la numeración interrumpida por la Cuaresma se continúa en la semana que sigue al domingo de Pentecostés, teniendo en cuenta, sin embargo, que la Misa del domingo de Pentecostés y de la solemnidad de la Santísima Trinidad ocupan el lugar de las misas dominicales. Pero cuando hay treinta y tres semanas « durante el año », se omite la primera semana que debería tomarse después de Pentecostés.
 
3. Por lo tanto, en el Misal se presentan treinta y cuatro misas para los domingos y ferias de este tiempo, que se utilizan según los principios siguientes:
 
a) En los domingos, como de costumbre, se utiliza la Misa que corresponde al número del domingo del tiempo « durante el año », a no ser que coincida con una solemnidad o fiesta que corresponda celebrar en ese día.
 
En las ferias puede decirse cualquiera de las treinta y cuatro Misas, teniendo en cuenta la utilidad pastoral de los fieles.
 
4. En estos domingos se canta o se dice el Gloria y se dice el Credo, pero se omiten en las ferias.
 
5. En los domingos se dice alguno de los prefacios dominicales del tiempo «durante el año», a no ser que se elija una Plegaria eucarística con prefacio propio; en las ferias se dice alguno de los prefacios comunes.
 
6. Para la comunión se proponen dos antífonas, la primera tomada de los salmos y la otra, generalmente, del Evangelio. Puede elegirse cualquiera de las dos, según las circunstancias, prefiriendo, sin embargo, la que mejor concuerde con el Evangelio del día.

Fuentes: Misal Romano

 

y Leccionario IV (Ferias del Tiempo Ordinario

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Published by xcmasmasmas - en Ordinario de la Misa
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11 octubre 2013 5 11 /10 /octubre /2013 17:35

Ordinario de la Misa (Formularios para la Semana Tiempo Ordinario). Ciclo C. del 13 de octubre al 19 de octubre, 2013.

Ordinario de la Misa

Oraciones Misas Dominicales y Cotidianas. (XXVIII Semana)

Prefacios (I y II)

Ritos iniciales

Plegaria Eucarística

Rito de Comunión

Rito de Conclusión

Bendición Solemne

MISAS DOMINICALES Y COTIDIANAS

XXVIII DOMINGO «DURANTE EL AÑO»

Antífona de entrada     Sal 129, 3-4
Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir?
Dios de Israel, en ti se encuentra el perdón.
 
Oración colecta
Dios todopoderoso,
que tu gracia siempre nos preceda y acompañe,
y nos ayude en la práctica constante de las buenas obras.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad de Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
 
Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, las oraciones de tus fieles
junto con estas ofrendas;
haz que este sacrificio, celebrado con amor,
nos lleve a la gloria del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
Antífona de comunión     Sal 33, 11
Los ricos se empobrecen y sufren hambre,
pero los que buscan al Señor no carecen de nada.
 
O bien:   1 Jn 3, 2
Cuando se manifieste el Señor, seremos semejantes a él,
porque lo veremos tal cual es.
 
Oración después de la comunión
Padre, humildemente te pedimos
que así como nos alimentas con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
nos hagas partícipes de la naturaleza divina.
Por Jesucristo nuestro Señor.

 PREFACIO COMÚN I
EL UNIVERSO RESTAURADO POR CRISTO

72. Este prefacio se dice en las Misas del tiempo "durante el año" que carecen de prefacio propio.
 
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
 
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
 
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
 
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.
 
En él has querido restaurar todas las cosas,
y hacernos participar a todos de su plenitud.
Él, que era de condición divina, se anonadó a sí mismo,
y por su Sangre derramada en la cruz pacificó todas las cosas;
y así, constituido Señor del universo,
es fuente de salvación eterna
para cuantos creen en él.
 
Por eso, unidos a los coros de los ángeles,
cantamos el himno a tu gloria,
diciendo sin cesar:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

PREFACIO COMÚN II
LA SALVACIÓN POR CRISTO

73. Este prefacio se dice en las Misas del tiempo "durante el año" que carecen de prefacio propio.
 
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
 
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
 
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
 
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
 
Tú creaste al hombre por amor,
y aunque condenado justamente,
con tu misericordia lo redimiste,
por Cristo, Señor nuestro.
 
Por él, los ángeles celebran tu gloria,
te adoran las dominaciones, se estremecen las potestades.
En el cielo te aclaman con alegría las virtudes celestiales
y los santos serafines.
Permítenos asociarnos a sus voces,
cantando humildemente tu alabanza:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

 

Ritos iniciales

1. Reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar, con los ministros, mientras se entona el canto de entrada.
 
Cuando llega al altar, habiendo hecho con los ministros una inclinación profunda, venera el altar con un beso y, si es oportuno, inciensa la cruz y el altar. Después se dirige con los ministros a la sede.
 
Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:
 
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
 
El pueblo responde: Amén.
 
2. Después el sacerdote, extendiendo las manos, saluda al pueblo, diciendo:
 
La gracia de nuestro Señor Jesucristo,
el amor de Dios Padre
y la comunión del Espíritu Santo
estén con todos ustedes
 
O bien:
 
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre,
y Jesucristo el Señor,
estén con todos ustedes.
 
O bien:
 
El Señor esté con ustedes.

_________________________________________________________

El obispo, en vez de las anteriores fórmulas, en este primer saludo dice:
La paz esté con ustedes.

_________________________________________________________

El pueblo responde: Y con tu espíritu.

Acto penitencial

El domingo, especialmente en el tiempo pascual, en lugar del acto penitencial habitual, en algunas ocasiones puede hacerse la bendición y aspersión del agua en memoria del Bautismo, como aparece en el Apéndice II.

4. A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:

I

Hermanos:
Para celebrar dignamente estos sagrados misterios,
reconozcamos nuestros pecados.
 
O bien:
El Señor Jesús,
que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía,
nos llama ahora a la conversión.
Reconozcamos, pues, que somos pecadores
e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
 
O bien:
Humildes y penitentes, como el publicano en el templo,
acerquémonos al Dios justo,
y pidámosle que tenga piedad de nosotros,
que también nos reconocemos pecadores.
 
O bien:
Jesucristo, el justo, intercede por nosotros
y nos reconcilia con el Padre.
Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento,
para acercarnos a la mesa del Señor.
 
O bien:
Pidamos perdón a Dios de todo corazón.
 
O bien, pero sólo en los domingos, y durante la octava de Pascua:
En el día en que celebramos la victoria de Cristo
sobre el pecado y sobre la muerte,
confesemos nuestra necesidad de la misericordia del Padre
para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.
 
Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos hacen en común la fórmula de la confesión general:
 
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión;
 
Y, golpeándose el pecho, dicen:
 
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 
Luego, prosiguen:
 
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
 
Sigue la absolución del sacerdote.
 
Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
 
El pueblo responde: Amén.

____________________________________________________________________________

2

O bien (segunda forma del acto penitencial):
5. El sacerdote invita a los fieles al acto penitencial con una de las invitaciones anteriores u otras breves palabras.
 
Se hace una breve pausa de silencio. Después el sacerdote dice:
 Señor, ten misericordia de nosotros.
 
El pueblo responde: Porque hemos pecado contra ti.
 
El sacerdote prosigue:
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
 
El pueblo responde: Y danos tu salvación
 
Sigue la absolución del sacerdote:
Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la Vida eterna.
 
El pueblo responde: Amén.

____________________________________________________________________________

7.Siguen las invocaciones: Señor, ten piedad (Kyrie eléison), si no se han dicho ya en alguna de las fórmulas del acto penitencial.
 
V. Señor, ten piedad.            R. Señor, ten piedad.
 
V. Cristo, ten piedad.            R. Cristo, ten piedad.
 
V. Señor, ten piedad.            R. Señor, ten piedad.
 
Se pueden tomar las melodías del Gradual Romano.
 
8. A continuación, cuando está prescrito, se canta o se dice el himno:
 
Gloria a Dios en el Cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias.
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre:
Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros:
porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
 
9. Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Oremos
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo.
 
Entonces, el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta, al final de la cual, el pueblo aclama:
 
Amén.

____________________________________________________________________________

La colecta termina siempre con la conclusión larga.

Si la oración se dirige al Padre:
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que es Dios y vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
 
Si se dirige al Padre, pero hacia el final de la oración se menciona al Hijo:
Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios, por los siglos de los siglos.
 
Si la oración se dirige al Hijo:
Que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo
y eres Dios, por los siglos de los siglos.

____________________________________________________________________________

Liturgia de la Palabra

10. Después, el lector se dirige al ambón y lee la primera lectura, que todos escuchan sentados.
 
Para indicar el final de la lectura, el lector dice:
Palabra de Dios.
 
Todos responden: Te alabamos, Señor.
 
11.El salmista, o el cantor, canta o recita el salmo, y el pueblo pronuncia la respuesta.
 
12.Después, si hay segunda lectura, el lector la lee desde el ambón, como la primera.
 
Para indicar el final de la lectura, el lector dice:
Palabra de Dios.
 
Todos responden: Te alabamos, Señor.
 
13.Sigue el Aleluia, u otro canto determinado por las rúbricas, según lo requiera el tiempo litúrgico.
 
14.Mientras tanto, si se usa incienso, el sacerdote lo pone en el incensario. Después, el diácono que va a proclamar el Evangelio, profundamente inclinado ante el sacerdote, pide la bendición, diciendo en voz baja:
Padre, dame tu bendición.
 
El sacerdote, en voz baja, dice:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios,
para que anuncies dignamente su Evangelio.
En el nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo.
 
El diácono se signa con la señal de la cruz y responde:
Amén.
 
Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso,
para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.
 
15. Después el diácono, o el sacerdote, se dirige al ambón, acompañado por los ministros que llevan el incienso y los cirios, si es oportuno, y dice:
El Señor esté con ustedes.
 
El pueblo responde: Y con tu espíritu.
 
El diácono, o el sacerdote:
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san según san N.
 
Y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y sobre su frente, labios y pecho.
 
El pueblo aclama: Gloria a ti, Señor.
 
Luego el diácono, o el sacerdote, si se usa incienso, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
 
16.Acabado el Evangelio, el diácono o el sacerdote, dice:
Palabra del Señor.
 
Todos responden: Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Si la aclamación es cantada, pueden usarse otras respuestas de alabanza a Jesucristo como las siguientes:
Tu palabra, Señor, es la verdad,
y tu ley nuestra libertad.
 
O bien:
Tu palabra, Señor,
es lámpara que alumbra nuestros pasos.
 
O bien:
Tu palabra, Señor,
permanece por los siglos.
 
Después besa el libro, diciendo en secreto:
Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados.
 
17. Luego se hace  la homilía, que corresponde al sacerdote o al diácono, y que debe hacerse obligatoriamente todos los domingos y fiestas de precepto; se recomienda en los otros días.
 
18. Acabada la homilía, cuando está prescrito, se canta o se dice el Símbolo o Profesión de fe:
Creo en un solo Dios,
Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
 
Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos.
Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre;
por quien todo fue hecho;
que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo,
 
En estas palabras que siguen, hasta se hizo hombre, todos se inclinan.
 
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nosotros fue crucificado bajo el poder de Poncio Pilato, padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día según las Escrituras,
y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos
y su reino no tendrá fin.
 
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de Vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Profeso un solo bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro. Amén.
 
19. En lugar del Símbolo Niceno-Constantinopolitano, sobre todo en el tiempo de Cuaresma y en el tiempo de Pascua, se puede emplear el Símbolo bautismal de la Iglesia de Roma, también llamado «de los Apóstoles».
 
Creo en Dios, Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra.
 
Creo en Jesucristo, su único Hijo,
nuestro Señor,
 
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.
 
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María Virgen.
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.
Fue crucificado, muerto y sepultado.
Descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
 
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los Santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.
 
20. Después se hace la oración universal u oración de los fieles.
 
La oración universal u oración de los fieles se desarrolla de la siguiente manera:
    Invitatorio
 
El sacerdote invita a los fieles a orar, por medio de una breve monición.
    Intenciones
 
Las intenciones son propuestas por un diácono o, si no lo hay, por un lector o por otra persona idónea.
 
El pueblo manifiesta su participación con una invocación u orando en silencio.
 
La sucesión de intenciones ordinariamente debe ser la siguiente:
    a)    Por las necesidades de la Iglesia.
    b)    Por los gobernantes y por la salvación del mundo entero.
    c)    Por aquellos que se encuentran en necesidades particulares.
    d)    Por la comunidad local.
    Conclusión.
 
El sacerdote termina la plegaria común con una oración conclusiva.

 PLEGARIA EUCARÍSTICA I
O CANON ROMANO

83.     V. El Señor esté con ustedes.
          R. Y con tu espíritu.

          V. Levantemos el corazón.
          R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

          V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
          R. Es justo y necesario.

Sigue el prefacio, dicho según las rubricas, que se concluye:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

84. El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CP
Padre misericordioso,
te pedimos humildemente
por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,
 
Junta las manos y dice:
que aceptes
 
Traza el signo de la cruz sobre el pan y el vino conjuntamente, diciendo:
y bendigas + estos dones,
este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,
 
Con las manos extendidas, prosigue:
ante todo, por tu Iglesia santa y católica,
para que le concedas la paz, la protejas,
la congregues en la unidad
y la gobiernes en el mundo entero,
con tu servidor el Papa N.,
con nuestro Obispo N., (Aquí se puede hacer mención del Obispo Coadjutor o Auxiliar, de acuerdo con la Ordenación general del Misal Romano, n. 149).
y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad,
promueven la fe católica y apostólica.
 


    El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:
    conmigo, indigno siervo tuyo,
 
    Cuando celebra un Obispo que no es el ordinario diocesano, dice:
    con mi hermano N., Obispo de esta iglesia de N.,
    conmigo, indigno siervo tuyo,


 
85. Conmemoración de los vivos.
Cl
Acuérdate, Señor,
de tus hijos N. y N.
 
Junta las manos y ora unos momentos por quienes tiene la intención de orar.
 
Después, con las manos extendidas prosigue:
y de todos los aquí reunidos,
cuya fe y entrega bien conoces;
por ellos y todos los suyos,
por el perdón de sus pecados
y la salvación que esperan,
te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen,
este sacrificio de alabanza,
a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.
 
86. Conmemoración de los santos.
C2
Reunidos en comunión con toda la Iglesia,
veneramos la memoria,
ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María,
Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;
la de su esposo, San José;
la de los santos apóstoles y mártires
Pedro y Pablo, Andrés,
[Santiago y Juan,
Tomás, Santiago, Felipe,
Bartolomé, Mateo,
Simón y Tadeo;
Lino, Cleto, Clemente, Sixto,
Cornelio, Cipriano,
Lorenzo, Crisógono,
Juan y Pablo,
Cosme y Damián,]
y la de todos los santos;
por sus méritos y oraciones
concédenos en todo tu protección.
 
(Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)
 


87. Con las manos extendidas, prosigue:
CP
Acepta, Señor, en tu bondad,
esta ofrenda de tus servidores
y de toda tu familia santa;
ordena en tu paz nuestros días,
líbranos de la condenación eterna
y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos.
(Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)


 

88.Extendiendo las manos sobre las ofrendas, dice:
CC
Bendice y santifica esta ofrenda, Padre,
haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti,
de manera que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre
de tu Hijo amado,
Jesucristo, nuestro Señor.
 
Junta las manos.
 
89.En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.
Él mismo, la víspera de su Pasión,
 
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:


 


tomó pan en sus santas y venerables manos,
 
Eleva los ojos,
y, elevando los ojos al cielo,
hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso,
dando gracias te bendijo,
lo partió,
y lo dio a sus discípulos, diciendo:
 
Se inclina un poco.
 
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

 
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.
 
90. Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
 
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó este cáliz glorioso
en sus santas y venerables manos,
dando gracias te bendijo,
y lo dio a sus discípulos, diciendo:
 
Se inclina un poco.
 
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR USTEDES Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.
 
HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

 
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.
 
91. Luego dice una de las siguientes fórmulas:
CP
Éste es el Misterio de la fe.
 
O bien:
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
 
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!


O bien:
CP
Éste es el Misterio de nuestra fe, Cristo nos redimió.
 
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz,
anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
 
O bien:
CP
Éste es el Misterio de la fe, Cristo se entregó por nosotros.
 
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Salvador del mundo, sálvanos,
que nos has liberado por tu cruz y resurrección.


92. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CC
Por eso, Padre,
nosotros, tus servidores,
y todo tu pueblo santo,
al celebrar este memorial
de la muerte gloriosa de Jesucristo,
tu Hijo, nuestro Señor;
de su santa resurrección del lugar de los muertos
y de su admirable ascensión a los cielos,
te ofrecemos, Dios de gloria y majestad,
de los mismos bienes que nos has dado,
el sacrificio puro, inmaculado y santo:
pan de vida eterna
y cáliz de eterna salvación.
 
93.
Mira con ojos de bondad esta ofrenda
y acéptala,
como aceptaste los dones del justo Abel,
el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe,
y la oblación pura
de tu sumo sacerdote Melquisedec.
 
94. Inclinado, con las manos juntas, prosigue:
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso,
que esta ofrenda sea llevada a tu presencia,
hasta el altar del cielo,
por manos de tu ángel,
para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
al participar aquí de este altar, 
 
Se endereza y se signa, diciendo:
seamos colmados de gracia y bendición.
 
Junta las manos.
(Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)
 
95.Conmemoración de los difuntos.
Con las manos extendidas dice:
C3
Acuérdate también, Señor,
de tus hijos N. y N.,
que nos han precedido con el signo de la fe
y duermen ya el sueño de la paz.
 
Junta las manos y ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar.
 
Después, con las manos extendidas, prosigue:
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo,
concédeles el lugar del consuelo,
de la luz y de la paz.
 
Junta las manos.
(Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)
 
96. Con la mano derecha se golpea el pecho, diciendo:
C4
Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos,
 
Con las manos extendidas prosigue:
que confiamos en tu infinita misericordia,
admítenos en la asamblea
de los santos apóstoles y mártires,
Juan el Bautista, Esteban,
Matías y Bernabé,
[Ignacio, Alejandro,
Marcelino y Pedro,
Felicidad y Perpetua,
Águeda, Lucía,
Inés, Cecilia, Anastasia,]
y de todos los santos;
y acéptanos en su compañía,
no por nuestros méritos,
sino conforme a tu bondad.
 
Junta las manos:
CP
Por Cristo, Señor nuestro.
 
97. Y continúa:
Por quien sigues creando todos los bienes,
los santificas, los llenas de vida, los bendices
y los repartes entre nosotros.
 
98. Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, y elevándolos, dice:
CP o CC
Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.
 
El pueblo aclama:
Amén.
 
RITO DE LA COMUNIÓN

124. Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Fieles a la recomendación del Salvador
y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
 
O bien:
Llenos de alegría por ser hijos de Dios,
digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:
 
O bien:
El amor de Dios a sido derramado en nuestros corazones
con el Espíritu Santo que se nos ha dado;
movidos por ese Espíritu digamos con fe y esperanza:
 
O bien:
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía,
signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna,
oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:
 
O bien:
Recemos con humildad y confianza diciendo:
 
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el Cielo,
santificado sea tu Nombre,
venga a nosotros tu Reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 
125. Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor,
y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.
 
Junta las manos.
 
El pueblo concluye la oración aclamando:
Tuyo es el Reino,
tuyo el poder y la gloria
por siempre, Señor.
 
126. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles:
«La paz les dejo, mi paz les doy»,
no tengas en cuenta nuestros pecados
sino la fe de tu Iglesia,
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
 
Junta las manos.
 
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
 
El pueblo responde: Amén.
 
127. El sacerdote, vuelto hacia al pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
 
El pueblo responde: Y con tu espíritu.
 
128. Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
Démonos fraternalmente la paz
 
O bien:
Como hijos de Dios, intercambiemos ahora
un signo de comunión fraterna.
 
O bien:
En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su cruz,
démonos la paz como signo de reconciliación.
 
O bien:
En el Espíritu de Cristo resucitado,
démonos fraternalmente la paz.
 
Y todos, según las costumbres del lugar, se intercambian un signo de paz, de comunión y de caridad. El sacerdote da la paz al diácono o al ministro.
 
129. Después toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena y pone una partícula dentro del cáliz, diciendo en secreto:
El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo,
unidos en este cáliz,
sean para nosotros
alimento de vida eterna.
 
130. Mientras tanto se canta o se dice:
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
 
Esta aclamación puede repetirse varias veces, si la fracción del pan se prolonga. La última vez se dice: danos la paz.
 
131. A continuación el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto:
Señor Jesucristo, Hijo del Dios vivo,
que por voluntad del Padre,
cooperando el Espíritu Santo,
diste con tu muerte la Vida al mundo,
líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre,
de todas mis culpas y de todo mal.
Concédeme cumplir siempre tus mandamientos
y jamás permita que me separe de ti.
 
O bien:
Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre
no sea para mí un motivo de juicio y condenación,
sino que, por tu piedad
me sirva para defensa de alma y cuerpo,
y como remedio de salvación.
 
132.El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevada sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Este es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
 
Y, juntamente con el pueblo, añade:
Señor, no soy digno
de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya
bastará para sanarme.
 
133. El sacerdote, vuelto hacia el altar, dice en secreto:
El Cuerpo de Cristo me proteja para la Vida eterna.
 
Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.
 
Después toma cáliz, y dice en secreto:
La Sangre de Cristo me guarde para la Vida eterna.
 
Y bebe reverentemente la Sangre de Cristo.
 
134. Después toma la patena o la píxide y se acerca a los que van a comulgar. Muestra el pan consagrado a cada uno, sosteniéndolo un poco elevado y le dice:
El Cuerpo de Cristo.
 
El que va a comulgar responde: Amén.
 
Y comulga.
 
El diácono, si distribuye la sagrada Comunión, lo realiza de la misma manera observan los mismos ritos.
 
135. Si se comulga bajo las dos especies se observa el rito descrito en su lugar.
 
136. Cuando el sacerdote ha comulgado el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de comunión.
 
137. Finalizada la Comunión, el sacerdote o el diácono, o el acólito, purifica la patena sobre el cáliz y también el cáliz.
 
Mientras hace la purificación, el sacerdote dice en secreto:
Haz, Señor, que recibamos con un corazón limpio
el alimento que acabamos de tomar,
y que el don que nos haces en esta vida
nos sirva para la vida eterna.
 
138. Después el sacerdote puede volver a la sede. Si se considera oportuno, se puede dejar un breve espacio de silencio sagrado o entonar un salmo o algún cántico de alabanza.
 
139. Luego, de pie en el altar o en la sede, el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.

____________________________________________________________________________

La oración después de la comunión termina con la conclusión breve.
 
Si la oración se dirige al Padre:
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
Si la oración se dirige al Padre,
pero al final de la misma se menciona al Hijo:
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos
 
Si la oración se dirige al Hijo:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

____________________________________________________________________________

El pueblo, al terminar, aclama: Amén.

RITO DE LA CONCLUSIÓN

140. Siguen, si es necesario, breves avisos para el pueblo.
 
141. Después tiene lugar la despedida. El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:
El Señor esté con ustedes.
 
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
 
El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
La bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo, + y el Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes.
 
El pueblo responde: Amén.

____________________________________________________________________________

142. En algunos días u ocasiones, a ésta fórmula de bendición precede, según las rúbricas, otra fórmula de bendición más solemne o una oración sobre el pueblo.

____________________________________________________________________________

143. En la Misa pontifical el celebrante recibe la mitra y, extendiendo las manos, dice:
 El Señor esté con ustedes.
 
Todos responden:
Y con tu espíritu.
 
El celebrante dice:
Bendito sea el nombre del Señor.
 
Todos responden:
Desde ahora y para siempre.
 
El celebrante dice:
Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
 
Todos responden:
Que hizo el cielo y la tierra.
 
Entonces el celebrante, habiendo recibido el báculo, si lo usa, dice:
La bendición de Dios todopoderoso,
 
Y, haciendo tres veces la señal de la cruz sobre el pueblo, añade:
Padre, + Hijo, + y Espíritu + Santo,
descienda sobre ustedes.
 
Todos responden: Amén.

____________________________________________________________________________

144. Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, vuelto hacia el pueblo, dice:
Pueden ir en paz.
 
O bien:
La alegría del Señor sea nuestra fuerza.
Pueden ir en paz.
 
O bien:
Glorifiquen al Señor con su vida.
Pueden ir en paz.
 
O bien:
En el nombre del Señor, pueden ir en paz.
 
O bien, especialmente en los domingos de pascua:
Anuncien a todos la alegría del Señor resucitado.
Pueden ir en paz.
 
El pueblo responde:
Demos gracias a Dios.
 
145. Después el sacerdote venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha inclinación profunda con los ministros, se retira.
 
145. Si inmediatamente sigue alguna acción litúrgica, se omite el rito de despedida.

BENDICIONES AL FINAL DE LA MISA
Y ORACIONES SOBRE EL PUEBLO

BENDICIONES SOLEMNES 
El diácono o, a falta de éste, el mismo sacerdote, dice:Inclinados, reciban la bendición. Luego el sacerdote, con las manos extendidas sobre el pueblo, dice la bendición y todos responden: Amén.

 
7. Ascensión del Señor
Dios todopoderoso
los bendiga en este día en que su Hijo subió al cielo
y les abrió la entrada de la gloria
para llegar a estar junto a él.
R. Amén.
 
Cristo, que se apareció a sus discípulos
después de su Resurrección,
se manifieste también a ustedes lleno de misericordia,
cuando venga para el juicio final.
R. Amén.
 
Y al proclamarlo glorioso junto al Padre,
les conceda la alegría de experimentar que permanece con ustedes
hasta el fin del mundo, como lo ha prometido.
R. Amén.
 
Y la bendición de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
R. Amén.
 

1. El tiempo « durante el año » comprende 34 ó 33 semanas. Comienza el lunes siguiente al domingo después del 6 de enero y continúa hasta el comienzo de la Cuaresma; comienza nuevamente el lunes después del domingo de Pentecostés y termina el sábado anterior al primer domingo de Adviento.
 
2. Los domingos y las semanas del tiempo « durante el año » se cuentan del modo siguiente:
 
a) El domingo en que se celebra la fiesta del Bautismo del Señor ocupa el lugar del primer domingo « durante el año »; la semana que le sigue es la primera de este tiempo. Los demás domingos y semanas se enumeran en orden progresivo hasta el comienzo de la Cuaresma.
 
b) Después de Pentecostés, cuando hay treinta y cuatro semanas « durante el año », la numeración interrumpida por la Cuaresma se continúa en la semana que sigue al domingo de Pentecostés, teniendo en cuenta, sin embargo, que la Misa del domingo de Pentecostés y de la solemnidad de la Santísima Trinidad ocupan el lugar de las misas dominicales. Pero cuando hay treinta y tres semanas « durante el año », se omite la primera semana que debería tomarse después de Pentecostés.
 
3. Por lo tanto, en el Misal se presentan treinta y cuatro misas para los domingos y ferias de este tiempo, que se utilizan según los principios siguientes:
 
a) En los domingos, como de costumbre, se utiliza la Misa que corresponde al número del domingo del tiempo « durante el año », a no ser que coincida con una solemnidad o fiesta que corresponda celebrar en ese día.
 
En las ferias puede decirse cualquiera de las treinta y cuatro Misas, teniendo en cuenta la utilidad pastoral de los fieles.
 
4. En estos domingos se canta o se dice el Gloria y se dice el Credo, pero se omiten en las ferias.
 
5. En los domingos se dice alguno de los prefacios dominicales del tiempo «durante el año», a no ser que se elija una Plegaria eucarística con prefacio propio; en las ferias se dice alguno de los prefacios comunes.
 
6. Para la comunión se proponen dos antífonas, la primera tomada de los salmos y la otra, generalmente, del Evangelio. Puede elegirse cualquiera de las dos, según las circunstancias, prefiriendo, sin embargo, la que mejor concuerde con el Evangelio del día.

Fuentes: Misal Romano

 

y Leccionario IV (Ferias del Tiempo Ordinario

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11 octubre 2013 5 11 /10 /octubre /2013 06:48

ORDINARIO DE LA MISA: COMÚN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

12 de octubre
Nuestra Señora del Pilar

En Argentina: memoria libre
 
    Según una venerable tradición, la Virgen se manifestó en Zaragoza (España) sobre una columna o pilar. María permanece en la Iglesia como la columna de fe que ayuda a sus hijos a vivirla.

 

Estas Misas se dicen también en la conmemoración de santa María en sábado y en las Misas votivas de la Virgen María. En todas estas oraciones, donde dice «conmemoración»puede decirse en su lugar «memoria» si parece conveniente.

I. Tiempo durante el año

Estos formularios pueden usarse, según las normas, también en tiempo de Cuaresma, donde se realice alguna celebración de la Santísima Virgen inscrita en el calendario propio.

1

Antífona de entrada
Te saludamos, santa Madre de Dios,
porque diste al mundo al Rey que gobierna para siempre el cielo y la tierra.
 

Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno,
que en la gloriosa Madre de tu Hijo
has concedido un amparo celestial
a quienes la honran con la advocación del Pilar,
concédenos, por su intercesión, fortaleza en la fe,
seguridad en la esperanza y constancia en el amor.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos. 


Oración sobre las ofrendas

Escucha, Señor, la oración de tu pueblo
y acepta nuestras ofrendas, para que,
por intercesión de la santísima Virgen María, Madre de tu Hijo,
sea atendido todo deseo y escuchada toda petición.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA I
LA MATERNIDAD DE SANTA MARÍA VIRGEN

62. El siguiente prefacio se dice en las Misas de la Virgen María, haciendo mención, en el lugar correspondiente (***), de la fiesta, según se indica en cada Misa.
 
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
 
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
 
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
 
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
 
Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria
en la (***) de santa María, siempre virgen.
Porque ella concibió a tu único Hijo
por obra del Espíritu Santo,
y, sin perder la gloria de su virginidad,
derramó sobre el mundo la luz eterna,
Jesucristo, Señor nuestro.
 
Por eso, los ángeles y los arcángeles
y todos los coros celestiales
celebran tu gloria unidos en común alegría.
Permítenos asociarnos a sus voces,
cantando humildemente tu alabanza:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA II
LA IGLESIA ALABA A DIOS CON LAS PALABRAS DE MARÍA

63. Este prefacio se dice en las Misas de la Santísima Virgen.
 
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
 
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
 
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
 
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
Señor, Padre santo,
reconocer tu grandeza en la perfección de los santos,
y proclamar especialmente tu inmensa bondad
al conmemorar a la santísima virgen María.
 
porque tú realizaste grandes cosas en el mundo
y diste pruebas de tu infinita misericordia
cuando miraste la pequeñez de tu servidora,
y por medio de ella,
nos diste al autor de nuestra salvación,
Jesucristo, tu Hijo y nuestro Señor.
 
Por él, adoran tu grandeza
todos los ángeles que se alegran en tu presencia.
Permítenos asociarnos a sus voces,
cantando alegremente:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

 
Antífona de comunión     Cf. Lc 11, 27

Feliz la Virgen María,
que llevó en su seno al Hijo del Padre eterno.
 
Oración después de la comunión
Después de recibir los sacramentos celestiales,
te suplicamos, Dios nuestro,
que cuantos nos alegramos en la celebración
de la santísima Virgen María,
a ejemplo suyo, colaboremos dignamente
en el misterio de nuestra redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

2

Antífona de entrada
Tú eres feliz, Virgen María,
porque llevaste en tu seno al Creador del universo.
Engendraste al que te creó, y para siempre permaneces virgen.
 
Oración colecta
Padre misericordioso,
ayúdanos en nuestra debilidad
para que, al celebrar a la Santa Madre de Dios,
su intercesión nos libre de todo pecado.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios, por los siglos de los siglos.
 
Oración sobre las ofrendas
En la conmemoración de la Madre de tu Hijo,
te pedimos, Señor,
que por la gracia de este sacrificio
nos conviertas en ofrenda eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
PREFACIO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA I
LA MATERNIDAD DE SANTA MARÍA VIRGEN

62. El siguiente prefacio se dice en las Misas de la Virgen María, haciendo mención, en el lugar correspondiente (***), de la fiesta, según se indica en cada Misa.
 
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
 
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
 
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
 
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
 
Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria
en la (***) de santa María, siempre virgen.
Porque ella concibió a tu único Hijo
por obra del Espíritu Santo,
y, sin perder la gloria de su virginidad,
derramó sobre el mundo la luz eterna,
Jesucristo, Señor nuestro.
 
Por eso, los ángeles y los arcángeles
y todos los coros celestiales
celebran tu gloria unidos en común alegría.
Permítenos asociarnos a sus voces,
cantando humildemente tu alabanza:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA II
LA IGLESIA ALABA A DIOS CON LAS PALABRAS DE MARÍA

63. Este prefacio se dice en las Misas de la Santísima Virgen.
 
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
 
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
 
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
 
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
Señor, Padre santo,
reconocer tu grandeza en la perfección de los santos,
y proclamar especialmente tu inmensa bondad
al conmemorar a la santísima virgen María.
 
porque tú realizaste grandes cosas en el mundo
y diste pruebas de tu infinita misericordia
cuando miraste la pequeñez de tu servidora,
y por medio de ella,
nos diste al autor de nuestra salvación,
Jesucristo, tu Hijo y nuestro Señor.
 
Por él, adoran tu grandeza
todos los ángeles que se alegran en tu presencia.
Permítenos asociarnos a sus voces,
cantando alegremente:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

 
Antífona de comunión     Lc 1, 49

El Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas;
su nombre es santo.
 
Oración después de la comunión
Señor y Dios nuestro, 
en esta celebración de la Madre de tu Hijo, 
te pedimos que la participación 
en los misterios de la redención eterna 
nos conceda experimentar la abundancia de tu gracia 
y nos lleve a la plenitud de tu salvación. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Fuente: Misal Romano

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5 octubre 2013 6 05 /10 /octubre /2013 02:47

Ordinario de la Misa (Formularios para la Semana Tiempo Ordinario). Ciclo C. del 6 de octubre al 12 de octubre, 2013.

1.1.-Misa

Ordinario de la Misa

Oraciones Misas Dominicales y Cotidianas. (XXVII Semana)

Prefacios (I y II)

Ritos iniciales

Plegaria Eucarística

Rito de Comunión

Rito de Conclusión

Bendición Solemne

MISAS DOMINICALES Y COTIDIANAS

XXVII DOMINGO «DURANTE EL AÑO»

Antífona de entrada     Est 13, 9. 10-11
Señor, todo está bajo tu poder y nada puede resistir a tu voluntad.
Tú hiciste el cielo y la tierra, y todo lo que está bajo el firmamento;
tú eres el Señor del universo.
 
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno,
que con amor generoso
sobrepasas los méritos y los deseos de los que te suplican,
derrama sobre nosotros tu misericordia
perdonando lo que inquieta nuestra conciencia
y concediéndonos aún aquello que no nos atrevemos a pedir.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
 
Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, la oblación instituida por ti
y, por estos sagrados misterios que celebramos,
danos la gracia de tu redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
Antífona de comunión     Lam 3, 25
El Señor es bondadoso con los que esperan en él,
con aquellos que lo buscan.
 
O bien:     Cfr 1 Cor 10, 17
Hay un solo pan, y nosotros, aunque somos muchos,
formamos un solo cuerpo,
porque participamos de ese único pan y del único cáliz.
 
Oración después de la comunión
Dios todopoderoso,
sácianos con el sacramento del Cuerpo y de la Sangre de tu Hijo,
para que nos transformemos en aquello que hemos recibido.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

 PREFACIO COMÚN I
EL UNIVERSO RESTAURADO POR CRISTO

72. Este prefacio se dice en las Misas del tiempo "durante el año" que carecen de prefacio propio.
 
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
 
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
 
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
 
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.
 
En él has querido restaurar todas las cosas,
y hacernos participar a todos de su plenitud.
Él, que era de condición divina, se anonadó a sí mismo,
y por su Sangre derramada en la cruz pacificó todas las cosas;
y así, constituido Señor del universo,
es fuente de salvación eterna
para cuantos creen en él.
 
Por eso, unidos a los coros de los ángeles,
cantamos el himno a tu gloria,
diciendo sin cesar:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

PREFACIO COMÚN II
LA SALVACIÓN POR CRISTO

73. Este prefacio se dice en las Misas del tiempo "durante el año" que carecen de prefacio propio.
 
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
 
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
 
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
 
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
 
Tú creaste al hombre por amor,
y aunque condenado justamente,
con tu misericordia lo redimiste,
por Cristo, Señor nuestro.
 
Por él, los ángeles celebran tu gloria,
te adoran las dominaciones, se estremecen las potestades.
En el cielo te aclaman con alegría las virtudes celestiales
y los santos serafines.
Permítenos asociarnos a sus voces,
cantando humildemente tu alabanza:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

 

Ritos iniciales

1. Reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar, con los ministros, mientras se entona el canto de entrada.
 
Cuando llega al altar, habiendo hecho con los ministros una inclinación profunda, venera el altar con un beso y, si es oportuno, inciensa la cruz y el altar. Después se dirige con los ministros a la sede.
 
Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:
 
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
 
El pueblo responde: Amén.
 
2. Después el sacerdote, extendiendo las manos, saluda al pueblo, diciendo:
 
La gracia de nuestro Señor Jesucristo,
el amor de Dios Padre
y la comunión del Espíritu Santo
estén con todos ustedes
 
O bien:
 
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre,
y Jesucristo el Señor,
estén con todos ustedes.
 
O bien:
 
El Señor esté con ustedes.

_________________________________________________________

El obispo, en vez de las anteriores fórmulas, en este primer saludo dice:
La paz esté con ustedes.

_________________________________________________________

El pueblo responde: Y con tu espíritu.

Acto penitencial

El domingo, especialmente en el tiempo pascual, en lugar del acto penitencial habitual, en algunas ocasiones puede hacerse la bendición y aspersión del agua en memoria del Bautismo, como aparece en el Apéndice II.

4. A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:

I

Hermanos:
Para celebrar dignamente estos sagrados misterios,
reconozcamos nuestros pecados.
 
O bien:
El Señor Jesús,
que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía,
nos llama ahora a la conversión.
Reconozcamos, pues, que somos pecadores
e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
 
O bien:
Humildes y penitentes, como el publicano en el templo,
acerquémonos al Dios justo,
y pidámosle que tenga piedad de nosotros,
que también nos reconocemos pecadores.
 
O bien:
Jesucristo, el justo, intercede por nosotros
y nos reconcilia con el Padre.
Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento,
para acercarnos a la mesa del Señor.
 
O bien:
Pidamos perdón a Dios de todo corazón.
 
O bien, pero sólo en los domingos, y durante la octava de Pascua:
En el día en que celebramos la victoria de Cristo
sobre el pecado y sobre la muerte,
confesemos nuestra necesidad de la misericordia del Padre
para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.
 
Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos hacen en común la fórmula de la confesión general:
 
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión;
 
Y, golpeándose el pecho, dicen:
 
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 
Luego, prosiguen:
 
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
 
Sigue la absolución del sacerdote.
 
Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
 
El pueblo responde: Amén.

____________________________________________________________________________

2

O bien (segunda forma del acto penitencial):
5. El sacerdote invita a los fieles al acto penitencial con una de las invitaciones anteriores u otras breves palabras.
 
Se hace una breve pausa de silencio. Después el sacerdote dice:
 Señor, ten misericordia de nosotros.
 
El pueblo responde: Porque hemos pecado contra ti.
 
El sacerdote prosigue:
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
 
El pueblo responde: Y danos tu salvación
 
Sigue la absolución del sacerdote:
Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la Vida eterna.
 
El pueblo responde: Amén.

____________________________________________________________________________

7.Siguen las invocaciones: Señor, ten piedad (Kyrie eléison), si no se han dicho ya en alguna de las fórmulas del acto penitencial.
 
V. Señor, ten piedad.            R. Señor, ten piedad.
 
V. Cristo, ten piedad.            R. Cristo, ten piedad.
 
V. Señor, ten piedad.            R. Señor, ten piedad.
 
Se pueden tomar las melodías del Gradual Romano.
 
8. A continuación, cuando está prescrito, se canta o se dice el himno:
 
Gloria a Dios en el Cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias.
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre:
Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros:
porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
 
9. Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Oremos
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo.
 
Entonces, el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta, al final de la cual, el pueblo aclama:
 
Amén.

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La colecta termina siempre con la conclusión larga.

Si la oración se dirige al Padre:
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que es Dios y vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
 
Si se dirige al Padre, pero hacia el final de la oración se menciona al Hijo:
Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios, por los siglos de los siglos.
 
Si la oración se dirige al Hijo:
Que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo
y eres Dios, por los siglos de los siglos.

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Liturgia de la Palabra

10. Después, el lector se dirige al ambón y lee la primera lectura, que todos escuchan sentados.
 
Para indicar el final de la lectura, el lector dice:
Palabra de Dios.
 
Todos responden: Te alabamos, Señor.
 
11.El salmista, o el cantor, canta o recita el salmo, y el pueblo pronuncia la respuesta.
 
12.Después, si hay segunda lectura, el lector la lee desde el ambón, como la primera.
 
Para indicar el final de la lectura, el lector dice:
Palabra de Dios.
 
Todos responden: Te alabamos, Señor.
 
13.Sigue el Aleluia, u otro canto determinado por las rúbricas, según lo requiera el tiempo litúrgico.
 
14.Mientras tanto, si se usa incienso, el sacerdote lo pone en el incensario. Después, el diácono que va a proclamar el Evangelio, profundamente inclinado ante el sacerdote, pide la bendición, diciendo en voz baja:
Padre, dame tu bendición.
 
El sacerdote, en voz baja, dice:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios,
para que anuncies dignamente su Evangelio.
En el nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo.
 
El diácono se signa con la señal de la cruz y responde:
Amén.
 
Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso,
para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.
 
15. Después el diácono, o el sacerdote, se dirige al ambón, acompañado por los ministros que llevan el incienso y los cirios, si es oportuno, y dice:
El Señor esté con ustedes.
 
El pueblo responde: Y con tu espíritu.
 
El diácono, o el sacerdote:
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san según san N.
 
Y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y sobre su frente, labios y pecho.
 
El pueblo aclama: Gloria a ti, Señor.
 
Luego el diácono, o el sacerdote, si se usa incienso, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
 
16.Acabado el Evangelio, el diácono o el sacerdote, dice:
Palabra del Señor.
 
Todos responden: Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Si la aclamación es cantada, pueden usarse otras respuestas de alabanza a Jesucristo como las siguientes:
Tu palabra, Señor, es la verdad,
y tu ley nuestra libertad.
 
O bien:
Tu palabra, Señor,
es lámpara que alumbra nuestros pasos.
 
O bien:
Tu palabra, Señor,
permanece por los siglos.
 
Después besa el libro, diciendo en secreto:
Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados.
 
17. Luego se hace  la homilía, que corresponde al sacerdote o al diácono, y que debe hacerse obligatoriamente todos los domingos y fiestas de precepto; se recomienda en los otros días.
 
18. Acabada la homilía, cuando está prescrito, se canta o se dice el Símbolo o Profesión de fe:
Creo en un solo Dios,
Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
 
Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos.
Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre;
por quien todo fue hecho;
que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo,
 
En estas palabras que siguen, hasta se hizo hombre, todos se inclinan.
 
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nosotros fue crucificado bajo el poder de Poncio Pilato, padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día según las Escrituras,
y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos
y su reino no tendrá fin.
 
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de Vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Profeso un solo bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro. Amén.
 
19. En lugar del Símbolo Niceno-Constantinopolitano, sobre todo en el tiempo de Cuaresma y en el tiempo de Pascua, se puede emplear el Símbolo bautismal de la Iglesia de Roma, también llamado «de los Apóstoles».
 
Creo en Dios, Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra.
 
Creo en Jesucristo, su único Hijo,
nuestro Señor,
 
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.
 
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María Virgen.
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.
Fue crucificado, muerto y sepultado.
Descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
 
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los Santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.
 
20. Después se hace la oración universal u oración de los fieles.
 
La oración universal u oración de los fieles se desarrolla de la siguiente manera:
    Invitatorio
 
El sacerdote invita a los fieles a orar, por medio de una breve monición.
    Intenciones
 
Las intenciones son propuestas por un diácono o, si no lo hay, por un lector o por otra persona idónea.
 
El pueblo manifiesta su participación con una invocación u orando en silencio.
 
La sucesión de intenciones ordinariamente debe ser la siguiente:
    a)    Por las necesidades de la Iglesia.
    b)    Por los gobernantes y por la salvación del mundo entero.
    c)    Por aquellos que se encuentran en necesidades particulares.
    d)    Por la comunidad local.
    Conclusión.
 
El sacerdote termina la plegaria común con una oración conclusiva.

 PLEGARIA EUCARÍSTICA I
O CANON ROMANO

83.     V. El Señor esté con ustedes.
          R. Y con tu espíritu.

          V. Levantemos el corazón.
          R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

          V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
          R. Es justo y necesario.

Sigue el prefacio, dicho según las rubricas, que se concluye:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

84. El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CP
Padre misericordioso,
te pedimos humildemente
por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,
 
Junta las manos y dice:
que aceptes
 
Traza el signo de la cruz sobre el pan y el vino conjuntamente, diciendo:
y bendigas + estos dones,
este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,
 
Con las manos extendidas, prosigue:
ante todo, por tu Iglesia santa y católica,
para que le concedas la paz, la protejas,
la congregues en la unidad
y la gobiernes en el mundo entero,
con tu servidor el Papa N.,
con nuestro Obispo N., (Aquí se puede hacer mención del Obispo Coadjutor o Auxiliar, de acuerdo con la Ordenación general del Misal Romano, n. 149).
y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad,
promueven la fe católica y apostólica.
 


    El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:
    conmigo, indigno siervo tuyo,
 
    Cuando celebra un Obispo que no es el ordinario diocesano, dice:
    con mi hermano N., Obispo de esta iglesia de N.,
    conmigo, indigno siervo tuyo,


 
85. Conmemoración de los vivos.
Cl
Acuérdate, Señor,
de tus hijos N. y N.
 
Junta las manos y ora unos momentos por quienes tiene la intención de orar.
 
Después, con las manos extendidas prosigue:
y de todos los aquí reunidos,
cuya fe y entrega bien conoces;
por ellos y todos los suyos,
por el perdón de sus pecados
y la salvación que esperan,
te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen,
este sacrificio de alabanza,
a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.
 
86. Conmemoración de los santos.
C2
Reunidos en comunión con toda la Iglesia,
veneramos la memoria,
ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María,
Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;
la de su esposo, San José;
la de los santos apóstoles y mártires
Pedro y Pablo, Andrés,
[Santiago y Juan,
Tomás, Santiago, Felipe,
Bartolomé, Mateo,
Simón y Tadeo;
Lino, Cleto, Clemente, Sixto,
Cornelio, Cipriano,
Lorenzo, Crisógono,
Juan y Pablo,
Cosme y Damián,]
y la de todos los santos;
por sus méritos y oraciones
concédenos en todo tu protección.
 
(Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)
 


87. Con las manos extendidas, prosigue:
CP
Acepta, Señor, en tu bondad,
esta ofrenda de tus servidores
y de toda tu familia santa;
ordena en tu paz nuestros días,
líbranos de la condenación eterna
y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos.
(Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)


 

88.Extendiendo las manos sobre las ofrendas, dice:
CC
Bendice y santifica esta ofrenda, Padre,
haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti,
de manera que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre
de tu Hijo amado,
Jesucristo, nuestro Señor.
 
Junta las manos.
 
89.En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.
Él mismo, la víspera de su Pasión,
 
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:


 


tomó pan en sus santas y venerables manos,
 
Eleva los ojos,
y, elevando los ojos al cielo,
hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso,
dando gracias te bendijo,
lo partió,
y lo dio a sus discípulos, diciendo:
 
Se inclina un poco.
 
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

 
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.
 
90. Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
 
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó este cáliz glorioso
en sus santas y venerables manos,
dando gracias te bendijo,
y lo dio a sus discípulos, diciendo:
 
Se inclina un poco.
 
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR USTEDES Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.
 
HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

 
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.
 
91. Luego dice una de las siguientes fórmulas:
CP
Éste es el Misterio de la fe.
 
O bien:
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
 
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!


O bien:
CP
Éste es el Misterio de nuestra fe, Cristo nos redimió.
 
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz,
anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
 
O bien:
CP
Éste es el Misterio de la fe, Cristo se entregó por nosotros.
 
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Salvador del mundo, sálvanos,
que nos has liberado por tu cruz y resurrección.


92. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CC
Por eso, Padre,
nosotros, tus servidores,
y todo tu pueblo santo,
al celebrar este memorial
de la muerte gloriosa de Jesucristo,
tu Hijo, nuestro Señor;
de su santa resurrección del lugar de los muertos
y de su admirable ascensión a los cielos,
te ofrecemos, Dios de gloria y majestad,
de los mismos bienes que nos has dado,
el sacrificio puro, inmaculado y santo:
pan de vida eterna
y cáliz de eterna salvación.
 
93.
Mira con ojos de bondad esta ofrenda
y acéptala,
como aceptaste los dones del justo Abel,
el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe,
y la oblación pura
de tu sumo sacerdote Melquisedec.
 
94. Inclinado, con las manos juntas, prosigue:
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso,
que esta ofrenda sea llevada a tu presencia,
hasta el altar del cielo,
por manos de tu ángel,
para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
al participar aquí de este altar, 
 
Se endereza y se signa, diciendo:
seamos colmados de gracia y bendición.
 
Junta las manos.
(Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)
 
95.Conmemoración de los difuntos.
Con las manos extendidas dice:
C3
Acuérdate también, Señor,
de tus hijos N. y N.,
que nos han precedido con el signo de la fe
y duermen ya el sueño de la paz.
 
Junta las manos y ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar.
 
Después, con las manos extendidas, prosigue:
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo,
concédeles el lugar del consuelo,
de la luz y de la paz.
 
Junta las manos.
(Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)
 
96. Con la mano derecha se golpea el pecho, diciendo:
C4
Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos,
 
Con las manos extendidas prosigue:
que confiamos en tu infinita misericordia,
admítenos en la asamblea
de los santos apóstoles y mártires,
Juan el Bautista, Esteban,
Matías y Bernabé,
[Ignacio, Alejandro,
Marcelino y Pedro,
Felicidad y Perpetua,
Águeda, Lucía,
Inés, Cecilia, Anastasia,]
y de todos los santos;
y acéptanos en su compañía,
no por nuestros méritos,
sino conforme a tu bondad.
 
Junta las manos:
CP
Por Cristo, Señor nuestro.
 
97. Y continúa:
Por quien sigues creando todos los bienes,
los santificas, los llenas de vida, los bendices
y los repartes entre nosotros.
 
98. Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, y elevándolos, dice:
CP o CC
Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.
 
El pueblo aclama:
Amén.
 
RITO DE LA COMUNIÓN

124. Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Fieles a la recomendación del Salvador
y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
 
O bien:
Llenos de alegría por ser hijos de Dios,
digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:
 
O bien:
El amor de Dios a sido derramado en nuestros corazones
con el Espíritu Santo que se nos ha dado;
movidos por ese Espíritu digamos con fe y esperanza:
 
O bien:
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía,
signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna,
oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:
 
O bien:
Recemos con humildad y confianza diciendo:
 
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el Cielo,
santificado sea tu Nombre,
venga a nosotros tu Reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 
125. Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor,
y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.
 
Junta las manos.
 
El pueblo concluye la oración aclamando:
Tuyo es el Reino,
tuyo el poder y la gloria
por siempre, Señor.
 
126. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles:
«La paz les dejo, mi paz les doy»,
no tengas en cuenta nuestros pecados
sino la fe de tu Iglesia,
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
 
Junta las manos.
 
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
 
El pueblo responde: Amén.
 
127. El sacerdote, vuelto hacia al pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
 
El pueblo responde: Y con tu espíritu.
 
128. Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
Démonos fraternalmente la paz
 
O bien:
Como hijos de Dios, intercambiemos ahora
un signo de comunión fraterna.
 
O bien:
En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su cruz,
démonos la paz como signo de reconciliación.
 
O bien:
En el Espíritu de Cristo resucitado,
démonos fraternalmente la paz.
 
Y todos, según las costumbres del lugar, se intercambian un signo de paz, de comunión y de caridad. El sacerdote da la paz al diácono o al ministro.
 
129. Después toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena y pone una partícula dentro del cáliz, diciendo en secreto:
El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo,
unidos en este cáliz,
sean para nosotros
alimento de vida eterna.
 
130. Mientras tanto se canta o se dice:
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
 
Esta aclamación puede repetirse varias veces, si la fracción del pan se prolonga. La última vez se dice: danos la paz.
 
131. A continuación el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto:
Señor Jesucristo, Hijo del Dios vivo,
que por voluntad del Padre,
cooperando el Espíritu Santo,
diste con tu muerte la Vida al mundo,
líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre,
de todas mis culpas y de todo mal.
Concédeme cumplir siempre tus mandamientos
y jamás permita que me separe de ti.
 
O bien:
Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre
no sea para mí un motivo de juicio y condenación,
sino que, por tu piedad
me sirva para defensa de alma y cuerpo,
y como remedio de salvación.
 
132.El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevada sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Este es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
 
Y, juntamente con el pueblo, añade:
Señor, no soy digno
de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya
bastará para sanarme.
 
133. El sacerdote, vuelto hacia el altar, dice en secreto:
El Cuerpo de Cristo me proteja para la Vida eterna.
 
Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.
 
Después toma cáliz, y dice en secreto:
La Sangre de Cristo me guarde para la Vida eterna.
 
Y bebe reverentemente la Sangre de Cristo.
 
134. Después toma la patena o la píxide y se acerca a los que van a comulgar. Muestra el pan consagrado a cada uno, sosteniéndolo un poco elevado y le dice:
El Cuerpo de Cristo.
 
El que va a comulgar responde: Amén.
 
Y comulga.
 
El diácono, si distribuye la sagrada Comunión, lo realiza de la misma manera observan los mismos ritos.
 
135. Si se comulga bajo las dos especies se observa el rito descrito en su lugar.
 
136. Cuando el sacerdote ha comulgado el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de comunión.
 
137. Finalizada la Comunión, el sacerdote o el diácono, o el acólito, purifica la patena sobre el cáliz y también el cáliz.
 
Mientras hace la purificación, el sacerdote dice en secreto:
Haz, Señor, que recibamos con un corazón limpio
el alimento que acabamos de tomar,
y que el don que nos haces en esta vida
nos sirva para la vida eterna.
 
138. Después el sacerdote puede volver a la sede. Si se considera oportuno, se puede dejar un breve espacio de silencio sagrado o entonar un salmo o algún cántico de alabanza.
 
139. Luego, de pie en el altar o en la sede, el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.

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La oración después de la comunión termina con la conclusión breve.
 
Si la oración se dirige al Padre:
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
Si la oración se dirige al Padre,
pero al final de la misma se menciona al Hijo:
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos
 
Si la oración se dirige al Hijo:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

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El pueblo, al terminar, aclama: Amén.

RITO DE LA CONCLUSIÓN

140. Siguen, si es necesario, breves avisos para el pueblo.
 
141. Después tiene lugar la despedida. El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:
El Señor esté con ustedes.
 
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
 
El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
La bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo, + y el Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes.
 
El pueblo responde: Amén.

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142. En algunos días u ocasiones, a ésta fórmula de bendición precede, según las rúbricas, otra fórmula de bendición más solemne o una oración sobre el pueblo.

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143. En la Misa pontifical el celebrante recibe la mitra y, extendiendo las manos, dice:
 El Señor esté con ustedes.
 
Todos responden:
Y con tu espíritu.
 
El celebrante dice:
Bendito sea el nombre del Señor.
 
Todos responden:
Desde ahora y para siempre.
 
El celebrante dice:
Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
 
Todos responden:
Que hizo el cielo y la tierra.
 
Entonces el celebrante, habiendo recibido el báculo, si lo usa, dice:
La bendición de Dios todopoderoso,
 
Y, haciendo tres veces la señal de la cruz sobre el pueblo, añade:
Padre, + Hijo, + y Espíritu + Santo,
descienda sobre ustedes.
 
Todos responden: Amén.

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144. Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, vuelto hacia el pueblo, dice:
Pueden ir en paz.
 
O bien:
La alegría del Señor sea nuestra fuerza.
Pueden ir en paz.
 
O bien:
Glorifiquen al Señor con su vida.
Pueden ir en paz.
 
O bien:
En el nombre del Señor, pueden ir en paz.
 
O bien, especialmente en los domingos de pascua:
Anuncien a todos la alegría del Señor resucitado.
Pueden ir en paz.
 
El pueblo responde:
Demos gracias a Dios.
 
145. Después el sacerdote venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha inclinación profunda con los ministros, se retira.
 
145. Si inmediatamente sigue alguna acción litúrgica, se omite el rito de despedida.

BENDICIONES AL FINAL DE LA MISA
Y ORACIONES SOBRE EL PUEBLO

BENDICIONES SOLEMNES 
El diácono o, a falta de éste, el mismo sacerdote, dice:Inclinados, reciban la bendición. Luego el sacerdote, con las manos extendidas sobre el pueblo, dice la bendición y todos responden: Amén.

 
7. Ascensión del Señor
Dios todopoderoso
los bendiga en este día en que su Hijo subió al cielo
y les abrió la entrada de la gloria
para llegar a estar junto a él.
R. Amén.
 
Cristo, que se apareció a sus discípulos
después de su Resurrección,
se manifieste también a ustedes lleno de misericordia,
cuando venga para el juicio final.
R. Amén.
 
Y al proclamarlo glorioso junto al Padre,
les conceda la alegría de experimentar que permanece con ustedes
hasta el fin del mundo, como lo ha prometido.
R. Amén.
 
Y la bendición de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
R. Amén.
 

1. El tiempo « durante el año » comprende 34 ó 33 semanas. Comienza el lunes siguiente al domingo después del 6 de enero y continúa hasta el comienzo de la Cuaresma; comienza nuevamente el lunes después del domingo de Pentecostés y termina el sábado anterior al primer domingo de Adviento.
 
2. Los domingos y las semanas del tiempo « durante el año » se cuentan del modo siguiente:
 
a) El domingo en que se celebra la fiesta del Bautismo del Señor ocupa el lugar del primer domingo « durante el año »; la semana que le sigue es la primera de este tiempo. Los demás domingos y semanas se enumeran en orden progresivo hasta el comienzo de la Cuaresma.
 
b) Después de Pentecostés, cuando hay treinta y cuatro semanas « durante el año », la numeración interrumpida por la Cuaresma se continúa en la semana que sigue al domingo de Pentecostés, teniendo en cuenta, sin embargo, que la Misa del domingo de Pentecostés y de la solemnidad de la Santísima Trinidad ocupan el lugar de las misas dominicales. Pero cuando hay treinta y tres semanas « durante el año », se omite la primera semana que debería tomarse después de Pentecostés.
 
3. Por lo tanto, en el Misal se presentan treinta y cuatro misas para los domingos y ferias de este tiempo, que se utilizan según los principios siguientes:
 
a) En los domingos, como de costumbre, se utiliza la Misa que corresponde al número del domingo del tiempo « durante el año », a no ser que coincida con una solemnidad o fiesta que corresponda celebrar en ese día.
 
En las ferias puede decirse cualquiera de las treinta y cuatro Misas, teniendo en cuenta la utilidad pastoral de los fieles.
 
4. En estos domingos se canta o se dice el Gloria y se dice el Credo, pero se omiten en las ferias.
 
5. En los domingos se dice alguno de los prefacios dominicales del tiempo «durante el año», a no ser que se elija una Plegaria eucarística con prefacio propio; en las ferias se dice alguno de los prefacios comunes.
 
6. Para la comunión se proponen dos antífonas, la primera tomada de los salmos y la otra, generalmente, del Evangelio. Puede elegirse cualquiera de las dos, según las circunstancias, prefiriendo, sin embargo, la que mejor concuerde con el Evangelio del día.

Fuentes: Misal Romano

 

y Leccionario IV (Ferias del Tiempo Ordinario

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28 septiembre 2013 6 28 /09 /septiembre /2013 02:39

Ordinario de la Misa (Formularios para la Semana Tiempo Ordinario). Ciclo C. del 29 de septiembre al 5 de octubre, 2013.

Ordinario de la Misa

Oraciones Misas Dominicales y Cotidianas. (XXVI Semana)

Prefacios (I y II)

Ritos iniciales

Plegaria Eucarística

Rito de Comunión

Rito de Conclusión

Bendición Solemne

MISAS DOMINICALES Y COTIDIANAS

XXVI DOMINGO «DURANTE EL AÑO»

Antífona de entrada     Dan 3, 31. 29. 30. 43. 42
Todo lo que hiciste con nosotros, Señor, es verdaderamente justo,
porque pecamos contra ti y no obedecimos tu ley;
pero glorifica tu nombre, tratándonos según tu gran misericordia.
 
Oración colecta
Dios nuestro, que manifiestas tu poder
sobre todo en la misericordia y el perdón,
derrama sin cesar tu gracia sobre nosotros,
para que, deseando tus promesas,
nos hagas participar de los bienes celestiales.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
 
Oración sobre las ofrendas
Dios misericordioso,
concédenos que nuestra ofrenda te sea aceptable,
y que, mediante ella, se nos abra la fuente de toda bendición.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
Antífona de comunión     Sal 118, 49-50
Acuérdate, Señor, de la palabra que diste a tu servidor,
ella me infunde esperanza y consuelo en mi dolor.
 
O bien:     1 Jn 3, 16
En esto hemos conocido el amor de Dios:
que él entregó su vida por nosotros.
Por eso, también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos.
 
Oración después de la comunión
Por esta eucaristía que hemos celebrado,
renueva, Señor, nuestro cuerpo y nuestro espíritu,
para que participemos de la herencia gloriosa de tu Hijo,
cuya muerte anunciamos y compartimos.
Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

 PREFACIO COMÚN I
EL UNIVERSO RESTAURADO POR CRISTO

72. Este prefacio se dice en las Misas del tiempo "durante el año" que carecen de prefacio propio.
 
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
 
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
 
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
 
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.
 
En él has querido restaurar todas las cosas,
y hacernos participar a todos de su plenitud.
Él, que era de condición divina, se anonadó a sí mismo,
y por su Sangre derramada en la cruz pacificó todas las cosas;
y así, constituido Señor del universo,
es fuente de salvación eterna
para cuantos creen en él.
 
Por eso, unidos a los coros de los ángeles,
cantamos el himno a tu gloria,
diciendo sin cesar:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

PREFACIO COMÚN II
LA SALVACIÓN POR CRISTO

73. Este prefacio se dice en las Misas del tiempo "durante el año" que carecen de prefacio propio.
 
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
 
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
 
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
 
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
 
Tú creaste al hombre por amor,
y aunque condenado justamente,
con tu misericordia lo redimiste,
por Cristo, Señor nuestro.
 
Por él, los ángeles celebran tu gloria,
te adoran las dominaciones, se estremecen las potestades.
En el cielo te aclaman con alegría las virtudes celestiales
y los santos serafines.
Permítenos asociarnos a sus voces,
cantando humildemente tu alabanza:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

 

Ritos iniciales

1. Reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar, con los ministros, mientras se entona el canto de entrada.
 
Cuando llega al altar, habiendo hecho con los ministros una inclinación profunda, venera el altar con un beso y, si es oportuno, inciensa la cruz y el altar. Después se dirige con los ministros a la sede.
 
Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:
 
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
 
El pueblo responde: Amén.
 
2. Después el sacerdote, extendiendo las manos, saluda al pueblo, diciendo:
 
La gracia de nuestro Señor Jesucristo,
el amor de Dios Padre
y la comunión del Espíritu Santo
estén con todos ustedes
 
O bien:
 
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre,
y Jesucristo el Señor,
estén con todos ustedes.
 
O bien:
 
El Señor esté con ustedes.

_________________________________________________________

El obispo, en vez de las anteriores fórmulas, en este primer saludo dice:
La paz esté con ustedes.

_________________________________________________________

El pueblo responde: Y con tu espíritu.

Acto penitencial

El domingo, especialmente en el tiempo pascual, en lugar del acto penitencial habitual, en algunas ocasiones puede hacerse la bendición y aspersión del agua en memoria del Bautismo, como aparece en el Apéndice II.

4. A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:

I

Hermanos:
Para celebrar dignamente estos sagrados misterios,
reconozcamos nuestros pecados.
 
O bien:
El Señor Jesús,
que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía,
nos llama ahora a la conversión.
Reconozcamos, pues, que somos pecadores
e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
 
O bien:
Humildes y penitentes, como el publicano en el templo,
acerquémonos al Dios justo,
y pidámosle que tenga piedad de nosotros,
que también nos reconocemos pecadores.
 
O bien:
Jesucristo, el justo, intercede por nosotros
y nos reconcilia con el Padre.
Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento,
para acercarnos a la mesa del Señor.
 
O bien:
Pidamos perdón a Dios de todo corazón.
 
O bien, pero sólo en los domingos, y durante la octava de Pascua:
En el día en que celebramos la victoria de Cristo
sobre el pecado y sobre la muerte,
confesemos nuestra necesidad de la misericordia del Padre
para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.
 
Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos hacen en común la fórmula de la confesión general:
 
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión;
 
Y, golpeándose el pecho, dicen:
 
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
 
Luego, prosiguen:
 
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
 
Sigue la absolución del sacerdote.
 
Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la vida eterna.
 
El pueblo responde: Amén.

____________________________________________________________________________

2

O bien (segunda forma del acto penitencial):
5. El sacerdote invita a los fieles al acto penitencial con una de las invitaciones anteriores u otras breves palabras.
 
Se hace una breve pausa de silencio. Después el sacerdote dice:
 Señor, ten misericordia de nosotros.
 
El pueblo responde: Porque hemos pecado contra ti.
 
El sacerdote prosigue:
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
 
El pueblo responde: Y danos tu salvación
 
Sigue la absolución del sacerdote:
Dios todopoderoso
tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados
y nos lleve a la Vida eterna.
 
El pueblo responde: Amén.

____________________________________________________________________________

7.Siguen las invocaciones: Señor, ten piedad (Kyrie eléison), si no se han dicho ya en alguna de las fórmulas del acto penitencial.
 
V. Señor, ten piedad.            R. Señor, ten piedad.
 
V. Cristo, ten piedad.            R. Cristo, ten piedad.
 
V. Señor, ten piedad.            R. Señor, ten piedad.
 
Se pueden tomar las melodías del Gradual Romano.
 
8. A continuación, cuando está prescrito, se canta o se dice el himno:
 
Gloria a Dios en el Cielo,
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias.
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre:
Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros:
porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre.
Amén.
 
9. Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Oremos
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante un breve espacio de tiempo.
 
Entonces, el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta, al final de la cual, el pueblo aclama:
 
Amén.

____________________________________________________________________________

La colecta termina siempre con la conclusión larga.

Si la oración se dirige al Padre:
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que es Dios y vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
 
Si se dirige al Padre, pero hacia el final de la oración se menciona al Hijo:
Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios, por los siglos de los siglos.
 
Si la oración se dirige al Hijo:
Que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo
y eres Dios, por los siglos de los siglos.

____________________________________________________________________________

Liturgia de la Palabra

10. Después, el lector se dirige al ambón y lee la primera lectura, que todos escuchan sentados.
 
Para indicar el final de la lectura, el lector dice:
Palabra de Dios.
 
Todos responden: Te alabamos, Señor.
 
11.El salmista, o el cantor, canta o recita el salmo, y el pueblo pronuncia la respuesta.
 
12.Después, si hay segunda lectura, el lector la lee desde el ambón, como la primera.
 
Para indicar el final de la lectura, el lector dice:
Palabra de Dios.
 
Todos responden: Te alabamos, Señor.
 
13.Sigue el Aleluia, u otro canto determinado por las rúbricas, según lo requiera el tiempo litúrgico.
 
14.Mientras tanto, si se usa incienso, el sacerdote lo pone en el incensario. Después, el diácono que va a proclamar el Evangelio, profundamente inclinado ante el sacerdote, pide la bendición, diciendo en voz baja:
Padre, dame tu bendición.
 
El sacerdote, en voz baja, dice:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios,
para que anuncies dignamente su Evangelio.
En el nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo.
 
El diácono se signa con la señal de la cruz y responde:
Amén.
 
Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso,
para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.
 
15. Después el diácono, o el sacerdote, se dirige al ambón, acompañado por los ministros que llevan el incienso y los cirios, si es oportuno, y dice:
El Señor esté con ustedes.
 
El pueblo responde: Y con tu espíritu.
 
El diácono, o el sacerdote:
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san según san N.
 
Y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y sobre su frente, labios y pecho.
 
El pueblo aclama: Gloria a ti, Señor.
 
Luego el diácono, o el sacerdote, si se usa incienso, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
 
16.Acabado el Evangelio, el diácono o el sacerdote, dice:
Palabra del Señor.
 
Todos responden: Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Si la aclamación es cantada, pueden usarse otras respuestas de alabanza a Jesucristo como las siguientes:
Tu palabra, Señor, es la verdad,
y tu ley nuestra libertad.
 
O bien:
Tu palabra, Señor,
es lámpara que alumbra nuestros pasos.
 
O bien:
Tu palabra, Señor,
permanece por los siglos.
 
Después besa el libro, diciendo en secreto:
Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados.
 
17. Luego se hace  la homilía, que corresponde al sacerdote o al diácono, y que debe hacerse obligatoriamente todos los domingos y fiestas de precepto; se recomienda en los otros días.
 
18. Acabada la homilía, cuando está prescrito, se canta o se dice el Símbolo o Profesión de fe:
Creo en un solo Dios,
Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
 
Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos.
Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre;
por quien todo fue hecho;
que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo,
 
En estas palabras que siguen, hasta se hizo hombre, todos se inclinan.
 
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nosotros fue crucificado bajo el poder de Poncio Pilato, padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día según las Escrituras,
y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos
y su reino no tendrá fin.
 
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de Vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Profeso un solo bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro. Amén.
 
19. En lugar del Símbolo Niceno-Constantinopolitano, sobre todo en el tiempo de Cuaresma y en el tiempo de Pascua, se puede emplear el Símbolo bautismal de la Iglesia de Roma, también llamado «de los Apóstoles».
 
Creo en Dios, Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra.
 
Creo en Jesucristo, su único Hijo,
nuestro Señor,
 
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.
 
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María Virgen.
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.
Fue crucificado, muerto y sepultado.
Descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
 
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los Santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.
 
20. Después se hace la oración universal u oración de los fieles.
 
La oración universal u oración de los fieles se desarrolla de la siguiente manera:
    Invitatorio
 
El sacerdote invita a los fieles a orar, por medio de una breve monición.
    Intenciones
 
Las intenciones son propuestas por un diácono o, si no lo hay, por un lector o por otra persona idónea.
 
El pueblo manifiesta su participación con una invocación u orando en silencio.
 
La sucesión de intenciones ordinariamente debe ser la siguiente:
    a)    Por las necesidades de la Iglesia.
    b)    Por los gobernantes y por la salvación del mundo entero.
    c)    Por aquellos que se encuentran en necesidades particulares.
    d)    Por la comunidad local.
    Conclusión.
 
El sacerdote termina la plegaria común con una oración conclusiva.

 PLEGARIA EUCARÍSTICA I
O CANON ROMANO

83.     V. El Señor esté con ustedes.
          R. Y con tu espíritu.

          V. Levantemos el corazón.
          R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

          V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
          R. Es justo y necesario.

Sigue el prefacio, dicho según las rubricas, que se concluye:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

84. El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CP
Padre misericordioso,
te pedimos humildemente
por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,
 
Junta las manos y dice:
que aceptes
 
Traza el signo de la cruz sobre el pan y el vino conjuntamente, diciendo:
y bendigas + estos dones,
este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,
 
Con las manos extendidas, prosigue:
ante todo, por tu Iglesia santa y católica,
para que le concedas la paz, la protejas,
la congregues en la unidad
y la gobiernes en el mundo entero,
con tu servidor el Papa N.,
con nuestro Obispo N., (Aquí se puede hacer mención del Obispo Coadjutor o Auxiliar, de acuerdo con la Ordenación general del Misal Romano, n. 149).
y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad,
promueven la fe católica y apostólica.
 


    El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:
    conmigo, indigno siervo tuyo,
 
    Cuando celebra un Obispo que no es el ordinario diocesano, dice:
    con mi hermano N., Obispo de esta iglesia de N.,
    conmigo, indigno siervo tuyo,


 
85. Conmemoración de los vivos.
Cl
Acuérdate, Señor,
de tus hijos N. y N.
 
Junta las manos y ora unos momentos por quienes tiene la intención de orar.
 
Después, con las manos extendidas prosigue:
y de todos los aquí reunidos,
cuya fe y entrega bien conoces;
por ellos y todos los suyos,
por el perdón de sus pecados
y la salvación que esperan,
te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen,
este sacrificio de alabanza,
a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.
 
86. Conmemoración de los santos.
C2
Reunidos en comunión con toda la Iglesia,
veneramos la memoria,
ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María,
Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;
la de su esposo, San José;
la de los santos apóstoles y mártires
Pedro y Pablo, Andrés,
[Santiago y Juan,
Tomás, Santiago, Felipe,
Bartolomé, Mateo,
Simón y Tadeo;
Lino, Cleto, Clemente, Sixto,
Cornelio, Cipriano,
Lorenzo, Crisógono,
Juan y Pablo,
Cosme y Damián,]
y la de todos los santos;
por sus méritos y oraciones
concédenos en todo tu protección.
 
(Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)
 


87. Con las manos extendidas, prosigue:
CP
Acepta, Señor, en tu bondad,
esta ofrenda de tus servidores
y de toda tu familia santa;
ordena en tu paz nuestros días,
líbranos de la condenación eterna
y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos.
(Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)


 

88.Extendiendo las manos sobre las ofrendas, dice:
CC
Bendice y santifica esta ofrenda, Padre,
haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti,
de manera que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre
de tu Hijo amado,
Jesucristo, nuestro Señor.
 
Junta las manos.
 
89.En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.
Él mismo, la víspera de su Pasión,
 
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:


 


tomó pan en sus santas y venerables manos,
 
Eleva los ojos,
y, elevando los ojos al cielo,
hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso,
dando gracias te bendijo,
lo partió,
y lo dio a sus discípulos, diciendo:
 
Se inclina un poco.
 
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

 
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.
 
90. Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
 
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó este cáliz glorioso
en sus santas y venerables manos,
dando gracias te bendijo,
y lo dio a sus discípulos, diciendo:
 
Se inclina un poco.
 
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR USTEDES Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.
 
HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

 
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.
 
91. Luego dice una de las siguientes fórmulas:
CP
Éste es el Misterio de la fe.
 
O bien:
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
 
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!


O bien:
CP
Éste es el Misterio de nuestra fe, Cristo nos redimió.
 
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz,
anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
 
O bien:
CP
Éste es el Misterio de la fe, Cristo se entregó por nosotros.
 
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Salvador del mundo, sálvanos,
que nos has liberado por tu cruz y resurrección.


92. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CC
Por eso, Padre,
nosotros, tus servidores,
y todo tu pueblo santo,
al celebrar este memorial
de la muerte gloriosa de Jesucristo,
tu Hijo, nuestro Señor;
de su santa resurrección del lugar de los muertos
y de su admirable ascensión a los cielos,
te ofrecemos, Dios de gloria y majestad,
de los mismos bienes que nos has dado,
el sacrificio puro, inmaculado y santo:
pan de vida eterna
y cáliz de eterna salvación.
 
93.
Mira con ojos de bondad esta ofrenda
y acéptala,
como aceptaste los dones del justo Abel,
el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe,
y la oblación pura
de tu sumo sacerdote Melquisedec.
 
94. Inclinado, con las manos juntas, prosigue:
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso,
que esta ofrenda sea llevada a tu presencia,
hasta el altar del cielo,
por manos de tu ángel,
para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
al participar aquí de este altar, 
 
Se endereza y se signa, diciendo:
seamos colmados de gracia y bendición.
 
Junta las manos.
(Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)
 
95.Conmemoración de los difuntos.
Con las manos extendidas dice:
C3
Acuérdate también, Señor,
de tus hijos N. y N.,
que nos han precedido con el signo de la fe
y duermen ya el sueño de la paz.
 
Junta las manos y ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar.
 
Después, con las manos extendidas, prosigue:
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo,
concédeles el lugar del consuelo,
de la luz y de la paz.
 
Junta las manos.
(Por Cristo, nuestro Señor. Amén.)
 
96. Con la mano derecha se golpea el pecho, diciendo:
C4
Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos,
 
Con las manos extendidas prosigue:
que confiamos en tu infinita misericordia,
admítenos en la asamblea
de los santos apóstoles y mártires,
Juan el Bautista, Esteban,
Matías y Bernabé,
[Ignacio, Alejandro,
Marcelino y Pedro,
Felicidad y Perpetua,
Águeda, Lucía,
Inés, Cecilia, Anastasia,]
y de todos los santos;
y acéptanos en su compañía,
no por nuestros méritos,
sino conforme a tu bondad.
 
Junta las manos:
CP
Por Cristo, Señor nuestro.
 
97. Y continúa:
Por quien sigues creando todos los bienes,
los santificas, los llenas de vida, los bendices
y los repartes entre nosotros.
 
98. Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, y elevándolos, dice:
CP o CC
Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.
 
El pueblo aclama:
Amén.
 
RITO DE LA COMUNIÓN

124. Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Fieles a la recomendación del Salvador
y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
 
O bien:
Llenos de alegría por ser hijos de Dios,
digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:
 
O bien:
El amor de Dios a sido derramado en nuestros corazones
con el Espíritu Santo que se nos ha dado;
movidos por ese Espíritu digamos con fe y esperanza:
 
O bien:
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía,
signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna,
oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:
 
O bien:
Recemos con humildad y confianza diciendo:
 
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el Cielo,
santificado sea tu Nombre,
venga a nosotros tu Reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
 
125. Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor,
y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.
 
Junta las manos.
 
El pueblo concluye la oración aclamando:
Tuyo es el Reino,
tuyo el poder y la gloria
por siempre, Señor.
 
126. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles:
«La paz les dejo, mi paz les doy»,
no tengas en cuenta nuestros pecados
sino la fe de tu Iglesia,
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
 
Junta las manos.
 
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
 
El pueblo responde: Amén.
 
127. El sacerdote, vuelto hacia al pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
 
El pueblo responde: Y con tu espíritu.
 
128. Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
Démonos fraternalmente la paz
 
O bien:
Como hijos de Dios, intercambiemos ahora
un signo de comunión fraterna.
 
O bien:
En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su cruz,
démonos la paz como signo de reconciliación.
 
O bien:
En el Espíritu de Cristo resucitado,
démonos fraternalmente la paz.
 
Y todos, según las costumbres del lugar, se intercambian un signo de paz, de comunión y de caridad. El sacerdote da la paz al diácono o al ministro.
 
129. Después toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena y pone una partícula dentro del cáliz, diciendo en secreto:
El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo,
unidos en este cáliz,
sean para nosotros
alimento de vida eterna.
 
130. Mientras tanto se canta o se dice:
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
 
Esta aclamación puede repetirse varias veces, si la fracción del pan se prolonga. La última vez se dice: danos la paz.
 
131. A continuación el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto:
Señor Jesucristo, Hijo del Dios vivo,
que por voluntad del Padre,
cooperando el Espíritu Santo,
diste con tu muerte la Vida al mundo,
líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre,
de todas mis culpas y de todo mal.
Concédeme cumplir siempre tus mandamientos
y jamás permita que me separe de ti.
 
O bien:
Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre
no sea para mí un motivo de juicio y condenación,
sino que, por tu piedad
me sirva para defensa de alma y cuerpo,
y como remedio de salvación.
 
132.El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevada sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Este es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
 
Y, juntamente con el pueblo, añade:
Señor, no soy digno
de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya
bastará para sanarme.
 
133. El sacerdote, vuelto hacia el altar, dice en secreto:
El Cuerpo de Cristo me proteja para la Vida eterna.
 
Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.
 
Después toma cáliz, y dice en secreto:
La Sangre de Cristo me guarde para la Vida eterna.
 
Y bebe reverentemente la Sangre de Cristo.
 
134. Después toma la patena o la píxide y se acerca a los que van a comulgar. Muestra el pan consagrado a cada uno, sosteniéndolo un poco elevado y le dice:
El Cuerpo de Cristo.
 
El que va a comulgar responde: Amén.
 
Y comulga.
 
El diácono, si distribuye la sagrada Comunión, lo realiza de la misma manera observan los mismos ritos.
 
135. Si se comulga bajo las dos especies se observa el rito descrito en su lugar.
 
136. Cuando el sacerdote ha comulgado el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de comunión.
 
137. Finalizada la Comunión, el sacerdote o el diácono, o el acólito, purifica la patena sobre el cáliz y también el cáliz.
 
Mientras hace la purificación, el sacerdote dice en secreto:
Haz, Señor, que recibamos con un corazón limpio
el alimento que acabamos de tomar,
y que el don que nos haces en esta vida
nos sirva para la vida eterna.
 
138. Después el sacerdote puede volver a la sede. Si se considera oportuno, se puede dejar un breve espacio de silencio sagrado o entonar un salmo o algún cántico de alabanza.
 
139. Luego, de pie en el altar o en la sede, el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.

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La oración después de la comunión termina con la conclusión breve.
 
Si la oración se dirige al Padre:
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
Si la oración se dirige al Padre,
pero al final de la misma se menciona al Hijo:
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos
 
Si la oración se dirige al Hijo:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

____________________________________________________________________________

El pueblo, al terminar, aclama: Amén.

RITO DE LA CONCLUSIÓN

140. Siguen, si es necesario, breves avisos para el pueblo.
 
141. Después tiene lugar la despedida. El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:
El Señor esté con ustedes.
 
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
 
El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
La bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo, + y el Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes.
 
El pueblo responde: Amén.

____________________________________________________________________________

142. En algunos días u ocasiones, a ésta fórmula de bendición precede, según las rúbricas, otra fórmula de bendición más solemne o una oración sobre el pueblo.

____________________________________________________________________________

143. En la Misa pontifical el celebrante recibe la mitra y, extendiendo las manos, dice:
 El Señor esté con ustedes.
 
Todos responden:
Y con tu espíritu.
 
El celebrante dice:
Bendito sea el nombre del Señor.
 
Todos responden:
Desde ahora y para siempre.
 
El celebrante dice:
Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
 
Todos responden:
Que hizo el cielo y la tierra.
 
Entonces el celebrante, habiendo recibido el báculo, si lo usa, dice:
La bendición de Dios todopoderoso,
 
Y, haciendo tres veces la señal de la cruz sobre el pueblo, añade:
Padre, + Hijo, + y Espíritu + Santo,
descienda sobre ustedes.
 
Todos responden: Amén.

____________________________________________________________________________

144. Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, vuelto hacia el pueblo, dice:
Pueden ir en paz.
 
O bien:
La alegría del Señor sea nuestra fuerza.
Pueden ir en paz.
 
O bien:
Glorifiquen al Señor con su vida.
Pueden ir en paz.
 
O bien:
En el nombre del Señor, pueden ir en paz.
 
O bien, especialmente en los domingos de pascua:
Anuncien a todos la alegría del Señor resucitado.
Pueden ir en paz.
 
El pueblo responde:
Demos gracias a Dios.
 
145. Después el sacerdote venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha inclinación profunda con los ministros, se retira.
 
145. Si inmediatamente sigue alguna acción litúrgica, se omite el rito de despedida.

BENDICIONES AL FINAL DE LA MISA
Y ORACIONES SOBRE EL PUEBLO

BENDICIONES SOLEMNES 
El diácono o, a falta de éste, el mismo sacerdote, dice:Inclinados, reciban la bendición. Luego el sacerdote, con las manos extendidas sobre el pueblo, dice la bendición y todos responden: Amén.

 
7. Ascensión del Señor
Dios todopoderoso
los bendiga en este día en que su Hijo subió al cielo
y les abrió la entrada de la gloria
para llegar a estar junto a él.
R. Amén.
 
Cristo, que se apareció a sus discípulos
después de su Resurrección,
se manifieste también a ustedes lleno de misericordia,
cuando venga para el juicio final.
R. Amén.
 
Y al proclamarlo glorioso junto al Padre,
les conceda la alegría de experimentar que permanece con ustedes
hasta el fin del mundo, como lo ha prometido.
R. Amén.
 
Y la bendición de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
R. Amén.
 

1. El tiempo « durante el año » comprende 34 ó 33 semanas. Comienza el lunes siguiente al domingo después del 6 de enero y continúa hasta el comienzo de la Cuaresma; comienza nuevamente el lunes después del domingo de Pentecostés y termina el sábado anterior al primer domingo de Adviento.
 
2. Los domingos y las semanas del tiempo « durante el año » se cuentan del modo siguiente:
 
a) El domingo en que se celebra la fiesta del Bautismo del Señor ocupa el lugar del primer domingo « durante el año »; la semana que le sigue es la primera de este tiempo. Los demás domingos y semanas se enumeran en orden progresivo hasta el comienzo de la Cuaresma.
 
b) Después de Pentecostés, cuando hay treinta y cuatro semanas « durante el año », la numeración interrumpida por la Cuaresma se continúa en la semana que sigue al domingo de Pentecostés, teniendo en cuenta, sin embargo, que la Misa del domingo de Pentecostés y de la solemnidad de la Santísima Trinidad ocupan el lugar de las misas dominicales. Pero cuando hay treinta y tres semanas « durante el año », se omite la primera semana que debería tomarse después de Pentecostés.
 
3. Por lo tanto, en el Misal se presentan treinta y cuatro misas para los domingos y ferias de este tiempo, que se utilizan según los principios siguientes:
 
a) En los domingos, como de costumbre, se utiliza la Misa que corresponde al número del domingo del tiempo « durante el año », a no ser que coincida con una solemnidad o fiesta que corresponda celebrar en ese día.
 
En las ferias puede decirse cualquiera de las treinta y cuatro Misas, teniendo en cuenta la utilidad pastoral de los fieles.
 
4. En estos domingos se canta o se dice el Gloria y se dice el Credo, pero se omiten en las ferias.
 
5. En los domingos se dice alguno de los prefacios dominicales del tiempo «durante el año», a no ser que se elija una Plegaria eucarística con prefacio propio; en las ferias se dice alguno de los prefacios comunes.
 
6. Para la comunión se proponen dos antífonas, la primera tomada de los salmos y la otra, generalmente, del Evangelio. Puede elegirse cualquiera de las dos, según las circunstancias, prefiriendo, sin embargo, la que mejor concuerde con el Evangelio del día.

Fuentes: Misal Romano

 

y Leccionario IV (Ferias del Tiempo Ordinario

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