Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.
Evangelio Viernes I Semana de Adviento. Ciclo C. 7 de Diciembre, 2012.
Santo del día: San Ambrosio
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (9, 27-31)
Gloria a ti, Señor.
Cuando Jesús salía de Cafarnaúm, lo siguieron dos ciegos, que gritaban:
“¡Hijo de David, compadécete de nosotros!” Al entrar Jesús en la casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les preguntó:
“¿Creen que puedo hacerlo?”
Ellos le contestaron:
“Sí, Señor”.
Entonces les tocó los ojos, diciendo:
“Que se haga en ustedes conforme a su fe”. Y se les abrieron los ojos.
Jesús les advirtió severamente:
“Que nadie lo sepa”. Pero ellos, al salir, divulgaron su fama por
toda la región.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Comentario:
Toda discapacidad humana establece límites para que la persona pueda desarrollar todas sus facultades en plenitud. La ceguera física condiciona a la persona para poderse desplazar y poder reconocer colores, formas, distancias, espacios, etc. ¡Cuánto más la ceguera de conciencia! Ésta impide ver la realidad, mirar más allá de la superficie de las cosas. Probablemente ésta era la realidad de los ciegos que buscaban a Jesús. Eran tantas las vendas que el legalismo religioso e ideológico había colocado sobre los ojos de la gente que les era casi imposible ver las causas de la situación que los oprimía y deshumanizaba. Pero ellos encuentran en Jesús una alternativa, una luz para sus vidas. Jesús responde afirmativamente a la petición de los ciegos. Su fe, es decir, su adhesión incondicional a Jesús les hace ver la luz. Él les devuelve su dignidad de hijos de Dios. – Hoy padecemos de muchas cegueras ocasionadas por la propaganda política, por la publicidad atiborrante, etc. Son tantas las cosas relumbrantes que encandilan y ofuscan nuestros ojos que no podemos ver la verdadera luz. Entonces tenemos que ponernos en camino, como los ciegos del relato, para pedirle a Jesús que nos devuelva la vista de la conciencia, del corazón.