Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.
Evangelio XVII Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C.28 de julio, 2013.
Santo del Día:. Santa María Josefa Rosello
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 11, 1-13
Gloria a ti Señor
Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos».
Él les dijo entonces: «Cuando oren, digan:
Padre, santificado sea tu Nombre,
que venga tu Reino,
danos cada día nuestro pan cotidiano;
perdona nuestros pecados,
porque también nosotros perdonamos
a aquellos que nos ofenden;
y no nos dejes caer en la tentación».
Jesús agregó: «Supongamos que algunos de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: "Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle," y desde adentro él le responde: "No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos".
Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario.
También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá.
¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!»
Palabra del Señor.
Comentario:
"Cuando oréis, decid: Padre..." (Lc 11, 2) Muchas son las veces que Jesús aparece en los Evangelios sumido en oración. El evangelista san Lucas es el que más se fija en esa faceta de la vida del Señor y nos la refiere en repetidas ocasiones. Esa costumbre, ese hábito de oración, llama la atención de sus discípulos, los anima a imitarle. Por eso le ruegan que les enseñe a rezar, lo mismo que el Bautista enseñó a sus discípulos. El Maestro no se hace rogar y les enseña la oración más bella y profunda que jamás se haya pronunciado: el Padrenuestro.
Lo primero que hay que destacar es que nos enseñe a dirigirnos a Dios llamándole Padre. La palabra original aramea es la de Abba, de tan difícil traducción que lo mismo san Marcos que san Pablo la transmiten tal como suena. Es una palabra tan entrañable, tan llena de ternura filial y de confianza, tan familiar y sencilla, tan infantil casi, que los judíos nunca la emplearon para llamar a Dios. Le llamarán Padre; incluso Isaías lo compararán con una madre, o mejor dicho, con todas las madres del mundo, pero no lo llamarán nunca Abba.
La misma Iglesia es consciente del atrevimiento que supone dirigirse a Dios con el nombre de Padre, con la confianza y la ternura del hijo pequeño, que suple con un balbuceo su dificultad para pronunciar bien el nombre de padre. Por eso en la liturgia eucarística, antes de la recitación del Padrenuestro, el sacerdote dice que fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo sus divinas enseñanzas, nos atrevemos a decir; "audemus dicere", dice el texto latino, tenemos la audacia de decir.
Dios es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos pequeños y queridos. Por eso podemos y debemos dirigirnos a él llenos de esperanza, seguros de ser escuchados y atendidos en nuestras necesidades, materiales y espirituales. Es cierto que en ocasiones nos puede parecer que el Señor no nos escucha. Pero nada más lejos de la realidad. Él sabe más y conoce lo que de verdad nos conviene, lo que en definitiva será para nuestro bien, y lo que nos puede perjudicar.
Por otra parte recordemos que esa oración que Jesús nos enseña nos dice que Dios es Padre nuestro. No mío ni tuyo, sino nuestro. Es cierto que las relaciones que Jesús establece entre Dios y el hombre son relaciones personales, de tú a tú. Pero también es verdad que esas relaciones pasan por el prójimo, hasta el punto que si nos olvidamos de los hermanos, no podemos llegar hasta el Padre. Así, pues, no se puede ser hijo de Dios sin ser hermano de los hombres. Por eso le llamamos Padre nuestro y pedimos el pan nuestro de cada día y que perdone nuestras deudas --no mis deudas--, al tiempo que prometemos que también nosotros, por amor suyo, perdonamos a nuestros deudores... Termina el pasaje con una exhortación, tres veces repetida, para que pidamos sin descanso. Estas palabras de Jesús dan la impresión, una vez más, de que Dios está más dispuesto a dar que nosotros a pedir.
Por Antonio García Moreno
Fuente Lecturas: Leccionario II
http://www.betania.es (Comentario/Resumen Por Antonio García-Moreno)