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Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.

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LECTURAS DOMINGO DE PENTECOSTÉS

LECTURAS DOMINGO DE PENTECOSTÉS

MISA DEL DÍA

Año "C"

Todos quedaron llenos del Espíritu Santo,
y comenzaron a hablar

Lectura de los Hechos de los apóstoles     2, 1-11

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.
Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Con gran admiración y estupor decían:
«¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.»

Palabra de Dios.


SALMO
     
Sal 103, 1ab. 24ac. 29b-31. 34

R.
 Señor, envía tu Espíritu
y renueva la faz de la tierra.


O bien:

Aleluia.

Bendice al Señor, alma mía: 
¡Señor, Dios mío, qué grande eres!
¡Qué variadas son tus obras, Señor! 
la tierra está llena de tus criaturas! 
R.

Si les quitas el aliento, 
expiran y vuelven al polvo. 
Si envías tu aliento, son creados, 
y renuevas la superficie de la tierra. 
R.

¡Gloria al Señor para siempre, 
alégrese el Señor por sus obras! 
que mi canto le sea agradable, 
y yo me alegraré en el Señor. 
R.

Todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu
para formar un solo Cuerpo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto     12, 3b-7. 12-13

Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es el Señor», si no está impulsado por el Espíritu Santo.
Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común.
Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.

Palabra de Dios.

A elección:

Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios
son hijos de Dios

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma     8, 8-17

Hermanos:
Los que viven de acuerdo con la carne no pueden agradar a Dios.
Pero ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo. Pero si Cristo vive en ustedes, aunque el cuerpo esté sometido a la muerte a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes.
Hermanos, nosotros no somos deudores de la carne, para vivir de una manera carnal. Si ustedes viven según la carne, morirán. Al contrario, si hacen morir las obras de la carne por medio del Espíritu, entonces vivirán.
Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios ¡Abbaa!, es decir, ¡Padre!. El mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, porque sufrimos con él para ser glorificados con el.

Palabra de Dios.


SECUENCIA


Ven, Espíritu Santo,
y envía desde el cielo
un rayo de tu luz.

Ven, Padre de los pobres,
ven a darnos tus dones,
ven a darnos tu luz.

Consolador lleno de bondad,
dulce huésped del alma
suave alivio de los hombres.

Tú eres descanso en el trabajo,
templanza de la pasiones,
alegría en nuestro llanto.

Penetra con tu santa luz
en lo más íntimo
del corazón de tus fieles.

Sin tu ayuda divina
no hay nada en el hombre,
nada que sea inocente.

Lava nuestras manchas,
riega nuestra aridez,
cura nuestras heridas.

Suaviza nuestra dureza,
elimina con tu calor nuestra frialdad,
corrige nuestros desvíos.

Concede a tus fieles,
que confían en tí,
tus siete dones sagrados.

Premia nuestra virtud,
salva nuestras almas,
danos la eterna alegría.


ALELUIA

Aleluia.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Aleluia.


EVANGELIO

Como el Padre me envió a mí,
yo también los envío a ustedes:
Reciban el Espíritu Santo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     20, 19-23

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes.» Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.»

Palabra del Señor.

A elección:

El Espíritu Santo les enseñará todo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     14, 15-16. 23b-26

Durante la Última Cena, Jesús dijo a sus discípulos:
Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes.
El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él.
El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. 
Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.

Palabra del Señor.

Homilia:

1. Ven, dulce huésped del alma. Esta “secuencia” que leemos en la liturgia de esta fiesta de Pentecostés, antes del evangelio, es uno de los himnos y oraciones más fervorosamente rezados por las personas cristianas. Es una oración que, rezada con devoción y amor, nos da paz interior, consuelo y descanso en el difícil caminar por este mundo. El Espíritu Santo, cuando se apodera de un alma cristiana, la ilumina y vivifica. La vida del alma cristiana es el Espíritu Santo, porque nos fortalece cuando estamos débiles, nos llena cuando nos sentimos pobres y vacíos, nos da luz y calor cuando estamos apagados y fríos, nos orienta y sana siempre nuestro corazón enfermo y desorientado, muchas veces sucio e indómito. El hombre es, por naturaleza, un ser demasiado egoísta, frágil y tornadizo. Si nos dejamos arrastrar por nuestros instintos más primarios caemos fácilmente en actitudes y comportamientos más animales que espirituales. Necesitamos la fuerza del espíritu, la gracia y el calor de lo alto, para sobreponernos a las tentaciones del mundo y de la carne. Para conseguir esto, necesitamos que el Espíritu Santo nos llene por dentro, sea el dulce huésped del alma, brisa en las horas de fuego, gozo que enjugue las lágrimas, don, en sus dones espléndido. Vamos a pedir hoy, fiesta de Pentecostés, que el Espíritu Santo sea el agua viva que riegue nuestro corazón tantas veces árido y seco, aliento que vivifique y dé vida a nuestra alma, padre amoroso que, con su amor, guíe y llene nuestro corazón casi siempre inquieto e insatisfecho.

2. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Solemos decir que la Iglesia cristiana nació el día de Pentecostés, porque ese día fue cuando los discípulos de Jesús comenzaron a predicar con fuerza y ya sin miedo el evangelio que les había predicado a ellos el Maestro. Hasta entonces, los discípulos habían permanecido con las puertas de la casa, y del alma, cerradas por miedo a los judíos. Pero, a partir de esta fecha, con el Espíritu Santo como motor de sus vidas, ya no pararán de anunciar el evangelio al mundo entero. Primero fue a los judíos y posteriormente también a los gentiles. Jesús había predicado lleno del espíritu del Padre y desde ahora serán los discípulos los que tendrán que hacerlo, estando llenos del espíritu de Jesús: como el Padre me ha enviado, así os envío yo. Todos los cristianos somos discípulos de Jesús y todos los cristianos somos los destinatarios de su mandato; todos los cristianos debemos sentirnos enviados a predicar el evangelio del reino de Dios. La Iglesia de Cristo es, esencialmente, misionera, y no sería Iglesia de Cristo si no se sintiera enviada a predicar su evangelio.

3. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu les sugería. La lengua del Espíritu es siempre una lengua ardiente y luminosa, que enciende e ilumina el alma de la persona que habla y de la que escucha. Las lenguas del Espíritu no son sólo sonidos y voces; son también gestos, actitudes, expresiones que salen del fondo del alma, como lava de un volcán irreprimible. Las lenguas del Espíritu son siempre amor, llamaradas, y el lenguaje del amor es universal. Si nos relacionamos con los demás con el lenguaje de un verdadero amor, del amor del Espíritu, los demás nos entenderán como si les habláramos en su propia lengua. El buen misionero debe aprender amor, antes que lengua, porque, aunque las dos cosas sean necesarias, si no hablamos con amor, nuestro lenguaje terminará siendo ininteligible. Dios es amor y a Dios sólo se le transmite transmitiendo amor.

4. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; en cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. En muchos casos, la única manera de saber si nuestros dones son del Espíritu, o no, es mirar si realmente contribuyen al bien común. Porque, aunque cada persona tiene sus dones, no todos los dones son siempre del Espíritu Santo. Hay personas que tienen el don de saber engañar, o de conseguir dominar, o de vivir del cuento. En esta carta a los Corintios, el apóstol Pablo sólo recomienda los dones que proceden del Espíritu, los que se manifiestan para el bien común. Estos son, pues, los dones que cada uno de nosotros debemos pedir hoy al Espíritu Santo, los dones que brotan de la fe en el Espíritu. Por eso, al mismo tiempo que pedimos hoy, con palabras de la Secuencia: reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos, pidamos también al Padre que aumente nuestra fe.



Donde los fieles deben o suelen asistir a Misa el lunes y martes después de Pentecostés, pueden utilizarse las lecturas del Domingo de Pentecostés, o las indicadas para la administración de la Confirmación.

Fuente: Misal Romano y Leccionario II

Homilia de Betania: Por Gabriel González del Estal


 

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