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Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.

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Liturgia de las Horas. XVI Domingo, Tiempo Ordinario. Ciclo C. 21 de julio, 2013.

Liturgia de las Horas. XVI Domingo, Tiempo Ordinario. Ciclo C. 21 de julio, 2013.

IV Semana del Salterio

Propio.

INVITATORIO

Si Laudes es la primera celebración del día:
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

    A continuación se dice el salmo Invitatorio con la antífona:
 Pueblo del Señor, rebaño que él guía, bendice a tu Dios. Aleluya. 

Al final de cada salmo o cantico se reza el Gloria

Salmo 94
INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
 
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
+ entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
 
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses,
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
 
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
 
Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
 
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."

Si antes de Laudes se ha celebrado el Oficio de lectura:
    V. Dios mío, ven en mi auxilio.
    R. Señor, date prisa en socorrerme.
        Gloria. Aleluya.

 

 

LECTURA – LAUDES – MEDIA – VISPERAS - COMPLETAS

Oficio de lectura
 
 
HIMNO
 
Que doblen las campanas jubilosas,
y proclamen el triunfo del amor,
y llenen nuestras almas de aleluyas,
de gozo y esperanza en el Señor.
 
Los sellos de la muerte han sido rotos,
la vida para siempre es libertad,
ni la muerte ni el mal son para el hombre
su destino, su última verdad.

Derrotados la muerte y el pecado,
es de Dios toda historia y su final;
esperad con confianza su venida:
no temáis, con vosotros él está.

Volverán encrespadas tempestades
para hundir vuestra fe y vuestra verdad,
es más fuerte que el mal y que su embate
el poder del Señor, que os salvará.

Aleluyas cantemos a Dios Padre,
aleluyas al Hijo salvador,
su Espíritu corone la alegría
que su amor derramó en el corazón. Amén.


SALMODIA

Ant.1: ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro?

Salmo 23
ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que como hombre sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
El es el Rey de la gloria.

Ant.1: ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro?


Ant. 2: Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, porque él nos ha devuelto la vida. Aleluya.

Salmo 65
HIMNO PARA UN SACRIFICO DE ACCIÓN DE GRACIAS

Este salmo habla de la resurrección de Cristo y de la conversión de los gentiles. (Hesiquio)

I

Aclama al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.

Decid a Dios: «¡Qué terribles son tus obras,
por tu inmenso poder tus enemigos se rinden!

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.

Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres:
transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.

Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna eternamente;
sus ojos vigilan a las naciones,
para que no se subleven los rebeldes.

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus alabanzas,
porque él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran nuestros pies.

¡Oh Dios!, nos pusiste a prueba,
nos refinaste como refinan la plata;
nos empujaste a la trampa,
nos echaste a cuestas un fardo:

sobre nuestro cuello cabalgaban,
pasamos por fuego y por agua,
pero nos has dado respiro.

Ant. 2: Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, porque él nos ha devuelto la vida. Aleluya.


Ant. 3: Fieles de Dios, venid a escuchar lo que el Señor ha hecho conmigo. Aleluya.

II

Entraré en tu casa con víctimas,
para cumplirte mis votos:
los que pronunciaron mis labios
y prometió mi boca en el peligro.

Te ofreceré víctimas cebadas,
te quemaré carneros,
inmolaré bueyes y cabras
.
Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua.

Si hubiera tenido yo mala intención,
el Señor no me habría escuchado;
pero Dios me escuchó,
y atendió a mi voz suplicante.

Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor.

Ant. 3: Fieles de Dios, venid a escuchar lo que el Señor ha hecho conmigo. Aleluya.

V. La palabra de Dios es viva y eficaz.
R. Más penetrante que espada de doble filo.


PRIMERA LECTURA

Año I:

Del segundo libro de Samuel     15, 7-14. 24-30; 16, 5-13

REVOLUCIÓN DE ABSALÓN Y HUIDA DE DAVID

    En aquellos días, dijo Absalón al rey David:
    «Permíteme que vaya a Hebrón a cumplir el voto que hice al Señor. Porque tu siervo hizo voto cuando estaba en Guesur de Aram, diciendo: "Si el Señor me permite volver a Jerusalén, le daré culto en Hebrón."»
    El rey le dijo:
    «Vete en paz.»
    Él se levantó y se fue a Hebrón. Envió Absalón mensajeros a todas las tribus de Israel, diciendo:
    «Cuando oigáis sonar el cuerno decid: "¡Absalón se ha proclamado rey en Hebrón!"»
    Con Absalón habían partido de Jerusalén doscientos hombres invitados; eran inocentes y no sabían absolutamente nada. Absalón mandó a buscar a su ciudad de Guiló a Ajitófel el guilonita, consejero de David, y lo tuvo consigo cuando ofrecía los sacrificios. Así la conjuración se fortalecía y los partidarios de Absalón iban aumentando. Llegó uno que avisó a David:
    «El corazón de los hombres de Israel va tras de Absalón.»
    Entonces David dijo a todos los servidores que estaban con él en Jerusalén:
    «Levantaos y huyamos, porque no tenemos escape ante Absalón. Apresuraos a partir, no sea que venga a toda prisa y nos dé alcance, vierta sobre nosotros la ruina y pase la ciudad a filo de espada.»
    Iban también con él Sadoq y todos los levitas, llevando el arca de la alianza de Dios. Se detuvieron con el arca de Dios junto a Abiatar hasta que todo el pueblo acabó de salir de la ciudad. Dijo el rey a Sadoq:
    «Haz volver el arca de Dios a la ciudad. Si he hallado gracia a los ojos del Señor, me hará volver y me permitirá ver el arca y su morada. Y si él dice: "No me has agradado", que me haga lo que mejor le parezca.»
    Dijo también el rey al sacerdote Sadoq:
    «Mirad, tú y Abiatar volveos en paz a la ciudad, con vuestros dos hijos, Ajimaas, tu hijo, y Jonatán, hijo de Abiatar. Mirad, yo me detendré en las llanuras del desierto, hasta que me llegue una palabra vuestra que me dé noticias.»
    Sadoq y Abiatar volvieron el arca de Dios a Jerusalén y se quedaron allí. David subía la cuesta de los Olivos, subía llorando con la cabeza cubierta y los pies desnudos; y toda la gente que estaba con él había cubierto su cabeza y subía la cuesta llorando.
    Cuando el rey David llegó a Bajurim salió de allí un hombre de la familia de la casa de Saúl, llamado Semeí, hijo de Guerá. Iba maldiciendo mientras avanzaba. Tiraba piedras a David y a todos los servidores del rey, mientras toda la gente y todos los servidores se colocaban a derecha e izquierda. Semeí decía maldiciendo:
    «Vete, vete, hombre sanguinario y malvado. El Señor haga caer sobre ti toda la sangre de la casa de Saúl, cuyo reino usurpaste. Así el Señor ha entregado tu reino en manos de Absalón, tu hijo. Has caído en tu propia maldad, porque eres un hombre sanguinario.»
    Abisay, hijo de Sarvia, dijo al rey:
    «¿Por qué ha de maldecir este perro muerto a mi señor el rey? Voy ahora mismo y le corto la cabeza.»
    Respondió el rey:
    «¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia? Deja que maldiga, pues, si el Señor le ha dicho: "Maldice a David", ¿quién le puede decir: "Por qué haces esto"?»
    Y añadió David a Abisay y a todos sus siervos:
    «Mirad, mi hijo, salido de mis entrañas, busca mi muerte, pues ¿cuánto más ahora un benjaminita? Dejadlo que maldiga, pues se lo ha mandado el Señor. Acaso el Señor mire mi aflicción y me devuelva el Señor bien por las maldiciones de este día.»
    Y David y sus hombres prosiguieron su camino, mientras Semeí marchaba por el flanco de la montaña, paralelo a él; iba maldiciendo, tirando piedras y arrojando polvo.

Responsorio     Sal 40, 10; Me 14, 18

R. Mi amigo, de quien yo me fiaba, * el que compartía mi pan es el primero en traicionarme.
V. Uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo.
R. El que compartía mi pan es el primero en traicionarme.


Año II:

Del libro de Job     11, 1-20

SOFAR EXPONE LA TESIS COMÚN SOBRE LA RETRIBUCIÓN

    Sofar de Naamat tomó la palabra y dijo:
    «¿Va a quedar sin respuesta tal palabrería?, ¿va a tener razón el charlatán? ¿Hará callar a otros tu locuacidad?, ¿te burlarás sin que nadie te confunda?
    Tú has dicho: "Mi doctrina es limpia, soy puro ante tus ojos." Pero que Dios te hable, que abra los labios para responderte, y te enseñará secretos de sabiduría, retorcerá tus argucias, y sabrás que aun te ha perdonado buena parte de tus culpas.
    ¿Pretendes sondear el abismo de Dios o alcanzar los límites del Todopoderoso? Es la cumbre del cielo: ¿qué vas a hacer tú?, es más hondo que el abismo: ¿qué sabes tú?, es más largo que la tierra y más ancho que el mar.
    Si se presenta y encarcela y cita a juicio, ¿quién se lo puede impedir? El conoce a los hombres falsos, ve su maldad y la penetra. Cuando un asno salvaje se domestique, el mentecato cobrará sentido.
    Si diriges tu corazón a Dios y extiendes las manos hacia él, si alejas de tu mano la maldad y no alojas en tu tienda la injusticia, podrás alzar la frente sin mancilla; acosado, no sentirás miedo, olvidarás tus desgracias, o las recordarás como agua que pasó; tu vida resurgirá como un mediodía, tus tinieblas serán como la aurora; tendrás seguridad en la esperanza, te recogerás y te acostarás tranquilo, dormirás sin sobresaltos y muchos buscarán tu favor. Pero a los malvados se les ciegan los ojos, no encuentran refugio, su esperanza es sólo un suspiro.»

Responsorio     2Co 4, 8-9. 10

R. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; nos ponen en aprietos, mas no desesperamos de encontrar salida; * somos acosados, mas no aniquilados.
V. Llevamos siempre en nosotros por todas partes los sufrimientos mortales de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nosotros.
R. Somos acosados, mas no aniquilados.


SEGUNDA LECTURA

Comienza la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Magnesios

ES NECESARIO NO SOLO LLAMARSE CRISTIANOS, SINO SERLO EN REALIDAD

    Ignacio por sobrenombre Teóforo es decir Portador dé Dios, a la Iglesia de Magnesia del Meandro, a la bendecida en la gracia de Dios Padre por Jesucristo, nuestro Salvador: mi saludo en él y mis votos por su más grande alegría en Dios Padre y en Jesucristo.
    Después de enterarme del orden perfecto de vuestra caridad según Dios, me he determinado, con regocijo mío, a tener en la fe en Jesucristo esta conversación con vosotros. Habiéndose dignado el Señor honrarme con un nombre en extremo glorioso, voy entonando en estas cadenas que llevo por doquier un himno de alabanza a las Iglesias, a las que deseo la unión con la carne y el espíritu de Jesucristo, que es nuestra vida para siempre, una unión en la fe y en la caridad, a la que nada puede preferirse, y la unión con Jesús y con el Padre; en él resistimos logramos escapar de toda malignidad del príncipe de este mundo, y así alcanzaremos a Dios.
    Tuve la suerte de veros a todos vosotros en la persona de Damas, vuestro obispo, digno de Dios, y en la persona de vuestros dignos presbíteros Baso y Apolonio, así como del diácono Soción, consiervo mío, de cuya compañía ojalá me fuera dado gozar, pues se somete a su obispo como a la gracia de Dios, y al colegio de ancianos como a la ley de Jesucristo.
    Es necesario que no tengáis en menos la poca edad de vuestro obispo, sino que mirando en él el poder de Dios Padre le tributéis toda reverencia. Así he sabido que vuestros santos ancianos no menosprecian su juvenil condición, que salta a la vista, sino que, como prudentes en Dios, le son obedientes, o por mejor decir, no a él, sino al Padre de Jesucristo, que es el obispo o supervisor de todos. Así pues, para honor de aquel que nos ha amado. es conveniente obedecer sin ningún género de fingimiento, porque no es a este o a aquel obispo que vemos a quien se trataría de engañar, sino que el engaño iría dirigido contra el obispo invisible; es decir, en este caso, ya no es contra un hombre mortal, sino contra Dios, a quien aun lo escondido está patente.
    Es pues necesario no sólo llamarse cristianos, sino serlo en realidad; pues hay algunos que reconocen ciertamente al obispo su título de vigilante o supervisor, pero luego lo hacen todo a sus espaldas. Los tales no me parece a mí que tengan buena conciencia, pues no están firmemente reunidos con la grey, conforme al mandamiento.
    Ahora bien, las cosas están tocando a su término, y se nos proponen juntamente estas dos cosas: la muerte y la vida, y cada uno irá a su propio lugar. Es como si se tratara de dos monedas, una de Dios y otra del mundo, que llevan cada una grabado su propio cuño: los incrédulos, el de este mundo, y los que han permanecido fieles por la caridad, el cuño de Dios Padre grabado por Jesucristo. Y si no estamos dispuestos a morir por él, para imitar su pasión, tampoco tendremos su vida en nosotros.

Responsorio     1Tm 4, 12. 16. 15

R. Sé modelo para los fieles en las palabras y en el trato, en la caridad, en la fe y en la pureza de vida. * Obrando así, te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan.
V. Pon interés en estas cosas, ocúpate de ellas, de modo que tus progresos sean manifiestos a todos.
R. Obrando así, te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan.


Himno final


Oración

Mira con misericordia a estos tus hijos, Señor, y multiplica tu gracia sobre nosotros, para que, fervorosos en la fe, la esperanza y el amor, perseveremos en el fiel cumplimiento de tus mandamientos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
 
 
CONCLUSIÓN
 
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
 
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
 
 
 
Laudes


HIMNO

Es la Pascua real, no ya la sombra, 
la verdadera Pascua del Señor; 
la sangre del pasado es sólo un signo, 
la mera imagen de la gran unción.

En verdad, tú, Jesús, nos protegiste 
con tus sangrientas manos paternales;
envolviendo en tus alas nuestras almas, 
la verdadera alianza tú sellaste.

Y, en tu triunfo, llevaste a nuestra carne 
reconciliada con tu Padre eterno; 
y, desde arriba, vienes a llevarnos 
a la danza festiva de tu cielo.

Oh gozo universal, Dios se hizo hombre 
para unir a los hombres con su Dios; 
se rompen las cadenas del infierno, 
y en los labios renace la canción.

Cristo, Rey eterno, te pedirnos 
que guardes con tus manos a tu Iglesia, 
que protejas y ayudes a tu pueblo 
y que venzas con él a las tinieblas. Amén.


SALMODIA

Ant. 1: Dad gracias al Señor porque es eterna su misericordia. Aleluya.

Salmo 117
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA

Jesús es la piedra que desechasteis vosotros,
los arquitectos, y que se ha convertido
en piedra angular. (Hch 4, 11)

Dad gracias al Señor porque es bueno, 
porque es eterna su misericordia

Diga la casa de Israel: 
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón: 
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor: 
eterna es su misericordia,

En el peligro grité al Señor, 
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre? 
El Señor está conmigo y me auxilia, 
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor 
que fiarse de los hombres, 
mejor es refugiarse en el Señor 
que confiar en los magnates.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé; 
me rodeaban cerrando el cerco, 
en el nombre del Señor los rechacé; 
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas, 
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme, 
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía, 
él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria 
en las tiendas de los justos:
«La diestra del Señor es poderosa
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
Pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo, 
y entraré para dar gracias al Señor.

Ésta es la puerta del Señor: 
los vencedores entrarán por ella.

Te doy gracias porque me escuchaste 
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos 
es ahora la piedra angular. 
Es el Señor quien lo ha hecho, 
ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor: 
sea nuestra alegría y nuestro gozo. 
Señor, danos la salvación; 
Señor, danos prosperidad.

Bendito el que viene en nombre del Señor 
os bendecimos desde la casa del Señor!
el Señor es Dios: él nos ilumina.

Ordenad una procesión con ramos 
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias; 
Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno, 
porque es eterna su misericordia.

Ant. 1: Dad gracias al Señor porque es eterna su misericordia. Aleluya.


Ant. 2: Aleluya. Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor. Aleluya.

Cántico    Dn 3 52-57
QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR

El Creador... es bendito por los siglos. (Rm 1, 25)

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito tu nombre, santo y glorioso: 
a él gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino: 
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú que sentado sobre querubines
sondeas los abismos: 
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo: 
a ti honor y alabanza por los siglos.

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor, 
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ant. 2: Aleluya. Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor. Aleluya.


Ant. 3: Todo ser que alienta, alabe al Señor Aleluya.

Salmo 150
ALABAD AL SEÑOR

Salmodiad con el espíritu, salmodiad con toda
vuestra mente, es decir, glorificad a Dios con
el cuerpo y con el alma. (Hesiquio)

Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas, 
alabadlo con arpas y cítaras,

alabadlo con tambores y danzas, 
alabadlo con trompas y flautas,

alabadlo con platillos sonoros, 
alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta, alabe al Señor. 

Ant. 3: Todo ser que alienta, alabe al Señor Aleluya.


LECTURA BREVE    2Tm 2, 8. 11-13

Acuérdate de Cristo Jesús, del linaje de David, que vive resucitado de entre los muertos. Verdadera es la sentencia que dice: Si hemos muerto con él, viviremos también con él. Si tenemos constancia en el sufrir, reinaremos también con él; si rehusamos reconocerle, también él nos rechazará; si le somos infieles, él permanece fiel; no puede él desmentirse a sí mismo.


RESPONSORIO BREVE

V. Te damos gracias, ¡oh Dios!, invocando tu nombre.
R. Te damos gracias, ¡oh Dios!, invocando tu nombre. 

V. Pregonando tus maravillas.
R. Invocando tu nombre.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Te damos gracias, ¡oh Dios!, invocando tu nombre.


CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant.: Una hermana de Marta, llamada María, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras.

Cántico de Zacarías   Lc 1, 68-79
EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Ant.: Una hermana de Marta, llamada María, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras.


PRECES

Dios nos ama y sabe lo que nos hace falta; invoquémosle, pues, diciendo:

    Te bendecimos y en ti confiamos, Señor.

Te alabamos, Dios todopoderoso, Rey del universo, porque a nosotros, injustos y pecadores, nos has llamado al conocimiento de la verdad;
    haz que te sirvamos con santidad y justicia.

Vuélvete hacia nosotros, Señor, tú que has querido abrirnos la puerta de tu misericordia,
    y haz que nunca nos apartemos del camino que lleva a la vida.

Ya que hoy celebramos la resurrección del Hijo de tu amor,
    haz que este día transcurra lleno de gozo espiritual.

Da, Señor, a tus fieles el espíritu de oración y de alabanza,
    para que en toda ocasión te demos gracias.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Movidos ahora todos por el mismo Espíritu que nos da Cristo resucitado acudamos a Dios, de quien somos verdaderos hijos, diciendo: Padre nuestro.


Oración

Mira con misericordia a estos tus hijos, Señor, y multiplica tu gracia sobre nosotros, para que, fervorosos en la fe, la esperanza y el amor, perseveremos en el fiel cumplimiento de tus mandamientos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.



hora intermedia


V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
    Gloria. Aleluya.


HIMNO

Se dice el himno según la Hora


SALMODIA

Ant. 1: El que come este pan vivirá para siempre. Aleluya.

Salmo 22
EL BUEN PASTOR

El Cordero los apacentará y los guiará a los manantiales de las aguas de la vida. (Ap 7, 17)

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;

me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.

Ant. 1: El que come este pan vivirá para siempre. Aleluya.


Ant. 2: Vendrá el Señor y será glorificado y enaltecido en la asamblea de sus santos. Aleluya.

Salmo 75
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA

Verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo. (Mt 24, 30)

I

Dios se manifiesta en Judá,
su fama es grande en Israel;
su tabernáculo está en Jerusalén,
su morada en Sión:
allí quebró los relámpagos del arco,
el escudo, la espada y la guerra.

Tú eres deslumbrante, magnífico,
con montones de botín conquistados.
Los valientes duermen su sueño,
y a los guerreros no les responden sus brazos.
Con un bramido, ¡oh Dios de Jacob!,
inmovilizaste carros y caballos.

Ant. 2: Vendrá el Señor y será glorificado y enaltecido en la asamblea de sus santos. Aleluya.


Ant. 3: Haced votos y traed tributos al Señor, vuestro Dios. Aleluya.

II

Tú eres terrible: ¿quién resiste frente a ti
al ímpetu de tu ira?
Desde el cielo proclamas la sentencia:
la tierra teme sobrecogida,
cuando Dios se pone en pie para juzgar,
para salvar a los humildes de la tierra.

La cólera humana tendrá que alabarte,
los que sobrevivan al castigo te rodearán.
Haced votos al Señor y cumplidlos,
y traigan los vasallos tributo al Temible:
él deja sin aliento a los príncipes,
y es temible para los reyes del orbe.

Ant. 3: Haced votos y traed tributos al Señor, vuestro Dios. Aleluya.


LECTURA BREVE

TERCIA     ICo 6, 19-20

¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? Él habita en vosotros. Lo habéis recibido dé Dios, y por lo tanto no os pertenecéis a vosotros mismos. Habéis sido comprados a precio. En verdad glorificad a Dios con vuestro cuerpo.

V. Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor.
R. Mi corazón y mi carne se alegran con el Dios vivo.

Oremos:



SEXTA     Dt 10, 12

¿Qué es lo que te exige el Señor, tu Dios? Que temas al Señor, tu Dios, que sigas sus caminos y lo ames, que sirvas al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma.

V. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
R. El que procede honradamente y tiene intenciones leales.


Oremos:



NONA     Ct 8, 6b-7

El amor es fuerte como la muerte, es cruel la pasión como el abismo; es centella de fuego, llamarada divina: las aguas torrenciales no podrían apagar el amor, ni anegarlo los ríos.

V. Yo te amo, Senor, tú eres mi fortaleza.
R. Mi escudo, mi fuerza salvadora.


Oremos:



CONCLUSIÓN

Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.



II Vísperas


INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
    Gloria. Aleluya.


HIMNO

Hacedor de la luz: tú que creaste 
la que brilla en los días de este suelo, 
y que, mediante sus primeros rayos, 
diste principio al universo entero.

Tú que nos ordenaste llamar día 
al tiempo entre la aurora y el ocaso, 
ahora que la noche se aproxima 
oye nuestra oración y nuestro llanto.

Que cargados con todas nuestras culpas 
no perdamos el don de la otra vida, 
al no pensar en nada duradero 
y al continuar pecando todavía.

Haz que, evitando todo lo dañoso 
y a cubierto de todo lo perverso, 
empujemos las puertas celestiales 
y arrebatemos el eterno premio.

Escucha nuestra voz, piadoso Padre, 
que, junto con tu Hijo Jesucristo 
y con el Santo Espíritu Paráclito, 
reinas y reinarás en todo siglo. Amén.


SALMODIA

Ant. 1: Yo mismo te engendré, entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7
EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Él debe reinar hasta poner todos sus enemigos bajo sus pies. (1Co 15, 25)

Oráculo del Señor a mi Señor: 
«Siéntate a mi derecha, 
y haré de tus enemigos 
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor 
el poder de tu cetro: 
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, 
entre esplendores sagrados; 
yo mismo te engendré, como rocío, 
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: 
«Tú eres sacerdote eterno 
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira, 
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente, 
por eso levantará la cabeza.

Ant. 1: Yo mismo te engendré, entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya.


Ant. 2: Dichosos los que tienen hambre y sed de ser justos, porque ellos serán saciados.

Salmo 111
FELICIDAD DEL JUSTO

Caminad como hijos de la luz; toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. (Ef 5, 8-9)

Dichoso quien teme al Señor 
y ama de corazón sus mandatos. 
Su linaje será poderoso en la tierra, 
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia, 
su caridad es constante, sin falta. 
En las tinieblas brilla como una luz 
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta, 
y administra rectamente sus asuntos. 
El justo jamás vacilará, 
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias, 
su corazón está firme en el Señor. 
Su corazón está seguro, sin temor, 
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres; 
su caridad es constante, sin falta, 
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará, 
rechinará los dientes hasta consumirse. 
La ambición del malvado fracasará.

Ant. 2: Dichosos los que tienen hambre y sed de ser justos, porque ellos serán saciados.


Ant. 3: Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el Oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Cántico    Cf. Ap 19, 1-2. 5-7
LAS BODAS DEL CORDERO

Aleluya. 
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios. 
(R. Aleluya.) 
Porque sus juicios son verdaderos y justos. 
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya. 
Alabad al Señor, sus siervos todos. 
(R. Aleluya.) 
Los que le teméis, pequeños y grandes. 
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya. 
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. 
(R. Aleluya.) 
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias. 
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya. 
Llegó la boda del Cordero. 
(R. Aleluya.) 
Su esposa se ha embellecido. 
R. Aleluya, (aleluya).

Ant. 3: Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.


LECTURA BREVE    Hb 12, 22-24

Vosotros os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a la asamblea de los innumerables ángeles, a la congregación de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino, al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.


RESPONSORIO BREVE

V. Nuestro Señor es grande y poderoso.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso. 

V. Su sabiduría no tiene medida.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.


CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant.: Sólo una cosa es necesaria; María ha escogido la mejor parte, y no se la quitarán nunca.

Cántico de la Santísima Virgen María   Lc 1, 46-55
ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Ant.: Sólo una cosa es necesaria; María ha escogido la mejor parte, y no se la quitarán nunca.


PRECES

Alegrándonos en el Señor, de quien vienen todos los dones, digámosle:

    Escucha, Señor, nuestra oración.

Padre y Señor de todos, que enviaste a tu Hijo al mundo para que tu nombre fuese glorificado desde donde sale el sol hasta el ocaso,
    fortalece el testimonio de tu Iglesia entre los pueblos.

Haz que seamos dóciles a la predicación de los apóstoles,
   y sumisos a la fe verdadera.

Tú que amas la justicia,
    haz justicia a los oprimidos.

Libera a los cautivos, abre los ojos al ciego,
    endereza a los que ya se doblan, guarda a los peregrinos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Haz que nuestros hermanos que duermen ya el sueño de la paz
    lleguen, por tu Hijo, a la santa resurrección.

Unidos entre nosotros y con Jesucristo, y dispuestos a perdonarnos siempre unos a otros, dirijamos al Padre nuestra súplica confiada: Padre nuestro.


Oración

Mira con misericordia a estos tus hijos, Señor, y multiplica tu gracia sobre nosotros, para que, fervorosos en la fe, la esperanza y el amor, perseveremos en el fiel cumplimiento de tus mandamientos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amen



Completas


INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
    Gloria. Aleluya.


EXAMEN DE CONCIENCIA

Es muy de alabar que, después de la invocación inicial, se haga el examen de conciencia, el cual en la celebración comunitaria puede concluirse con alguna de las fórmulas del acto penitencial de la misa.


HIMNO

Se inclina ya mi frente,
sellado está el trabajo;
Señor, tu pecho sea
la gracia del descanso.

Mis ojos se retiran,
la voz deja su canto,
pero el amor enciende
su lámpara velando.

Lucero que te fuiste,
con gran amor amado,
en tu gloria dormimos
y en sueños te adoramos. Amén.


SALMODIA

Ant.: Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.

Salmo 90
A LA SOMBRA DEL OMNIPOTENTE

Os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones. (Lc 10,19)

Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: “Refugio mío, alcázar mío.
Dios mío, confío en ti.”

Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás:
su brazo es escudo y armadura.

No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta a mediodía.

Caerán a tu izquierda mil,
diez mil a tu derecha;
a ti no te alcanzará.

Tan sólo abre tus ojos
y verás la paga de los malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio,
tomaste al Altísimo por defensa.

No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos;

te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.

«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.

Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré;
lo saciaré de largos días,
y le haré ver mi salvación.»

Ant.: Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.


LECTURA BREVE    Ap 22, 4-5

Verán el rostro del Señor, y tendrán su nombre en la frente. Y no habrá más noche, y no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.


RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.


CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

Cántico de Simeón    Lc 2, 29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.


Oración

Humildemente te pedimos, Señor, que después de haber celebrado en este día los misterios de la resurrección de tu Hijo, sin temor alguno, descansemos en tu paz, y mañana nos levantemos alegres para cantar nuevamente tus alabanzas. Por Cristo nuestro Señor.


CONCLUSIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda un noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.



ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

I

Madre del Redentor, virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella de mar,
ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.

Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.

II

Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.

Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.

III

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
 
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
 
Oh clemente, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!

IV

Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios,
no desprecies las oraciones
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.

 

Fuente: Liturgia de las Horas (Tomo III)

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