Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.
Meditación: Domingo de la semana 30 de tiempo ordinario; ciclo B. 28 de Octubre, 2012.
«Llegan a Jericó. Y al salir él de Jericó con sus discípulos y una gran multitud, el hijo de Timeo, Bartimeo, ciego, estaba sentado junto al camino pidiendo limosna. Y al oír que era Jesús Nazareno, comenzó a gritar y a decir: «Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí». Y muchos le reprendían para que se callase. Pero él gritaba mucho más: «Hijo de David, ten compasión de mí».
Se detuvo Jesús y le dijo: «Llamadle». Llaman al ciego diciéndole: «¡Animo!, levántate, te llama». El, arrojando su manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús, preguntándole, dijo: «¿Qué quieres que te haga?». El ciego le respondió: «Rabboni, que vea». Entonces Jesús le dijo: «Anda, tu fe te salvado». Al instante recobró la vista, y le seguía por el camino. (Marcos 10, 49-52)
1º. La escena del ciego de Jericó se repite continuamente en mi vida.
Por eso vale la pena tenerla muy metida en mi corazón y en mi cabeza.
Cada día, Jesús, de un modo o de otro, pasas cerca de mi.
Si te busco en la oración y procuro mantener la presencia de Dios en mi trabajo, te reconoceré en las circunstancias más normales de la jornada: cuando he de poner un poco más de esfuerzo, tener un detalle de servicio o acabar un trabajo con perfección.
Jesús, pasas a mi lado y me pides un pequeño vencimiento, un sacrificio, una sonrisa.
Me pides, en definitiva, que me levante de esa postura cómoda o egoísta, que me ciega espiritualmente y me hace inútil para los demás.
Y ante mis deseos de levantarme y acercarme a Ti, muchos -amigos, costumbres, vicios- me reprenden y me aconsejan que me quede tirado en la cuneta.
Mientras, Tú callas.
Es el momento de gritar mas fuerte: «hijo de David, ten compasión de mí».
Jesús, ayúdame a vencer esas tentaciones, esa pereza, ese egoísmo, esos respetos humanos.
Y entonces me haces llamar, me envías la gracia que me hacía falta para dar ese pequeño salto.
«El, arrojando su manto, dio un salto y se acercó a Jesús».
Siempre hay algo que arrojar, algo que dejar, para acercarse a Ti; pero Tú eres buen pagador y me devuelves el ciento por uno.
«Que los falsos placeres de la vida presente no impidan el empuje de aquellos que están en marcha por el camino de la verdad, y que los fieles se consideren como viajeros en el itinerario que siguen hacia su patria; que comprendan que en el uso de los bienes temporales, si a veces hay algunos que le agradan, no deben apegarse bajamente, sino continuar valientemente la marcha» (San León Magno).
2º. «Rezad conmigo al Señor: doce me facere voluntatem tuam, quia Deus meus es tu, enséñame a cumplir tu Voluntad, porque Tú eres mi Dios. En una palabra, que brote de nuestros labios el afán sincero de corresponder, con deseo eficaz, a las invitaciones de nuestro Creador, procurando seguir sus designios con una fe inquebrantable, con el convencimiento de que El no puede fallar
Pero volvamos a la escena que se desarrolla a la salida de Jericó. Ahora es a ti, a quien habla Cristo. Te dice: ¿Qué quieres de mí? ¡Que vea, Señor, que vea! Y Jesús: Anda, que tu fe te ha salvado. E inmediatamente lo y le iba siguiendo por el camino. Seguirle en el camino. Tú has conocido lo que el Señor te proponía, y has decidido acompañarle en el camino. Tú intentas pisar sobre sus pisadas, vestirte de la vestidura de Cristo, ser el mismo Cristo: pues tu fe, fe en esa luz que el Señor te va dando, ha de ser operativa y sacrificada. No te hagas ilusiones, no pienses en descubrir modos nuevos. La fe que Él nos reclama es así: hemos de andar a su ritmo con obras llenas de generosidad, arrancando y soltando lo que nos estorba» (Amigos de Dios.-198).
Jesús, yo me he acercado a Ti dejando en el proceso el manto que me estorbaba: vicios, pereza, amistades negativas.
Y Tú me has llenado de tu luz.
Ahora veo que me pides más, que me necesitas, que quieres que te acompañe por el camino para llevar el Evangelio a todas las gentes.
«Ve, tu fe te ha salvado. Al instante recobró la vista, y le seguía por el camino.»
Pero ese camino no es un camino fácil.
No te hagas ilusiones: el ritmo es potente y está marcado por obras llenas de generosidad.
Jesús, me da igual.
Tu gracia me basta.
Sólo necesito tener fe en Ti, y poner los medios a mi alcance.
Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Tiempo ordinario. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.
Fuente: www.almudi.org