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Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.

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Meditación: Jueves Semana XX T.O. 18 de agosto 2011

Meditación: Jueves Semana XX T.O. 18 de agosto 2011

«Jesús les habló de nuevo en parábolas diciendo: El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró las bodas de su hijo, y envió a sus criados a llamar a los invitados a las bodas; pero éstos no querían acudir. Nuevamente envió a otros criados ordenándoles: Decid a los invitados: mirad que tengo preparado ya mi banquete, se ha hecho la matanza de mis terneros y reses cebadas, y todo está a punto; venid a las bodas. Pero ellos, sin hacer caso, se marcharon uno a sus campos, otro a sus negocios; los demás echaron mano a los siervos, los maltrataron y dieron muerte. El rey se encolerizó y enviando a sus tropas, acabó con aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. Luego dijo a sus criados: Las bodas están preparadas pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y llamad a las bodas a cuantos encontréis. Los criados, saliendo a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos; y se llenó de comensales la sala de bodas. Entró el rey para ver a los comensales, y se fijó en un hombre que no vestía traje de boda; y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin llevar traje de boda? Pero él se calló. Entonces dijo el rey a sus servidores: Atadlo de pies y manos y echadlo a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.» (Mateo 22, 1-14)           

1º. Jesús, Tú eres el Hijo del rey.

Tu boda es la nueva alianza que nos has ganado con tu muerte en la cruz y que se realiza a través de la Iglesia.

Es la boda de Cristo con su Iglesia: tu compromiso indisoluble de ayudar a los hombres con tu gracia, de darte a ellos mediante los sacramentos, de estar con ellos «hasta el fin del mundo» (Mateo 28,20)

«La Iglesia que es llamada también «la Jerusalén de arriba» y «madre nuestra», se la describe como la esposa inmaculada del Cordero inmaculado. Cristo la amó y se entregó por ella para santificaría; se unió a ella en alianza indisoluble, la alimenta y la cuida sin cesar» (CEC.-757)

Dios envía a sus siervos a «llamar a los invitados a las bodas», que eran los judíos: a ellos les fue predicado el Evangelio en primer lugar.

«Pero éstos no querían acudir».

Maltrataron a los profetas -enviados de Dios- y acabaron matándote a Ti.

No aceptaron la invitación de venir a las bodas, a la nueva y definitiva alianza que es la Iglesia.

Pero «las bodas están preparadas», y por eso mandas llamar «a todos cuantos encontréis».

La llamada se convierte así en una invitación universal.

Todos  judíos y no judíos, de todas las naciones, razas, condición social, sexo y edad  quedan invitados a participar de esta nueva alianza que nos hace hijos de Dios por la gracia.

2º. «Me gusta comparar la vida interior a un vestido, al traje de bodas de que habla el Evangelio. El tejido se compone de cada uno de los hábitos o prácticas de piedad que, como fibras, dan vigor a la tela. Y así como un traje con un desgarrón se desprecia, aunque el resto esté en buenas condiciones, si haces oración, si trabajas..., pero no eres penitente -o al revés-, tu vida interior no es -por decirlo así- cabal» (Surco.-249).

Estar en la Iglesia, no es condición suficiente para participar del banquete celestial.

Para entrar en el Cielo es necesario tener «el traje de bodas»: estar en gracia de Dios, haber vivido en la tierra una vida cristiana profunda, interior, espiritual.

Esa vida interior se compone de hábitos o prácticas de piedad que, como fibras, dan vigor a la tela.

Mi tarea en esta vida es ir tejiendo este traje espiritual, para que al final pueda merecer el premio eterno.

Todos los mandamientos y todas las virtudes son importantes: no seria cabal practicar sólo las que mejor me parezca, o sólo en determinadas circunstancias.

La vida interior tiene una unidad que no debo romper.

Por eso, Jesús, no quieres que tenga como una doble vida: a ratos cristiana y a ratos pagana.

Quieres que siempre y en todo, mi vida sea ejemplarmente cristiana: en el trabajo, en el descanso, en la diversión; cuando estoy con mi familia, con mis amigos o con mis compañeros; cuando estoy contento, y también cuando atravieso alguna dificultad.

Esta meditación está tomada de: “Una cita con Dios” de Pablo Cardona. Tiempo ordinario. Ediciones Universidad de Navarra. S. A. Pamplona.

 

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