Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.
Evangelio del Jueves XI Semana Tiempo Ordinario. Ciclo B. 21 de Junio, 2012
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (6, 7-15)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
“Cuando ustedes hagan oración, no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes pues, oren así:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.
Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Comentario:
La oración del ‘Padrenuestro’ se ha convertido, por muy buenas razones, en el estandarte del cristiano. En su versión más larga aparecen una invocación y siete plegarias que condensan todas las convicciones cristianas. Lo primero es reconocer a Dios como ‘Padre’. Esta experiencia filial transforma todas nuestras expectativas, porque ya no somos sólo especie o raza, sino que somos familia universal. Las tres primeras plegarias nos recuerdan la tarea de santificación que se realiza cotidianamente en la vida cristiana. Santificarse es acercarse con confianza a Dios reconociendo que Él nos conoce más y mejor de lo que nosotros mismos nos conocemos. Es, también, comprometernos para que sea él quien gobierne nuestras decisiones e instaure su Reino entre nosotros. Es aceptar su voluntad, aunque casi siempre sobrepase nuestro entendimiento. Reconocer a Dios como Padre es dar las gracias por el alimento cotidiano y evitar que se pudra en nuestros congeladores o que se devalúe en nuestras cuentas bancarias. Casi todo lo que necesitamos para ser felices está a una distancia menor que la extensión de nuestros brazos. Allí están las personas que amamos, el alimento que necesitamos y la voz de la otra persona distante que se comunica con nosotros en un texto o en un teléfono.
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