Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.
Evangelio del Sabado XVIII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo B. 11 de Agosto, 2012.
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (17, 14-20)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, al llegar Jesús a donde estaba la multitud, se le acercó un hombre, que se puso de rodillas y le dijo:
“Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques terribles. Unas veces se cae en la lumbre y otras muchas, en el agua. Se lo traje a tus discípulos, pero no han podido curarlo”.
Entonces Jesús exclamó:
“¿Hasta cuándo estaré con esta gente incrédula y perversa? ¿Hasta cuándo tendré que aguantarla? Tráiganme aquí al muchacho”. Jesús ordenó al demonio que saliera del muchacho, y desde ese momento éste quedó sano.
Después, al quedarse solos con Jesús, los discípulos le preguntaron:
“¿Por qué nosotros no pudimos echar fuera a ese demonio?”
Les respondió Jesús:
“Porque les falta fe. Pues yo les aseguro que si ustedes tuvieran fe al menos del tamaño de una semilla de mostaza, podrían decirle a ese monte: ‘Trasládate de aquí para allá’, y el monte se trasladaría.
Entonces nada sería imposible para ustedes”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Comentario:
Un grano de mostaza es tan grande como uno de arena, es decir, apenas uno o dos milímetros. Las palabras de Jesús son un duro cuestionamiento para sus discípulos. Ellos se presentan como personas religiosas, pero carecen de la materia prima: la fe. Esa carencia hace ineficaz sus acciones; en particular cuando se enfrentan a una persona atrapada entre polaridades, entre puntos irreconciliables como el fuego y el agua. La fe tiene un potencial transformador: hace que seamos capaces de confiar en el poder de Dios para aliviar el dolor de las personas. La fe es un escudo: nos permite afrontar el mal que se apodera de las personas y las somete. La fe es una fuerza extraordinaria: vence la inercia de las costumbres y nos empuja hacia lo nuevo. – ¿Qué nos pide Jesús? Que poseamos el equivalente a un granito de esa fe para desatar nuestro potencial humano y posibilitar la acción divina. Eso nos exigiría superar la desconfianza radical que nos impide creer en nosotros mismos y, sobre todo, el temor a abrirnos al prójimo. De la misma manera, nos obligaría a buscar esa verdad que nos manifiesta en el libro de la Biblia, libro de la Palabra de Dios.