Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.
Evangelio Martes I Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C. 15 de Enero, 2012.
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, se hallaba Jesús en Cafarnaúm y el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”.
Jesús le ordenó:
“¡Cállate y sal de él!”
El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban:
“¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Comentario:
Hoy contemplamos a Jesús en pleno ejercicio del ministerio. Sabemos por la geografía bíblica que Cafarnaún era un puerto pesquero al norte de Galilea. Esto indica que Jesús comienza su ministerio no en el centro del poder (Jerusalén), sino en la periferia: Galilea (gente sospechosa), en frontera con el mundo pagano, en medio de pescadores (considerados impuros). Su primera acción es enfrentarse con un endemoniado, considerado impuro por el fundamentalismo religioso judío, que lo convertía al mismo tiempo en una persona marginada, excluida y rechazada por la sociedad. La autoridad de los escribas se centra en la ley. La de Jesús en la fuerza de su Palabra, respaldada por una vida coherente y trasparente. Por eso los “demonios”, los poderosos, los dominadores le temen y le rechazan desde el comienzo. Su autoridad desvela la mentalidad descompuesta, manipuladora, de los dirigentes religiosos del pueblo.
Podríamos preguntarnos nosotros, ¿en qué se fundamenta nuestra autoridad? ¿En las palabras, en las normas, en los ritos, en las ceremonias, en las costumbres? ¿O en una vida auténtica que se traduce en praxis de solidaridad, justicia y fraternidad, en medio de nuestro mundo “endemoniado” por la violencia, la corrupción y la opresión?