Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.
Homilías: Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor. Misa del Día. 31 de marzo de 2013.
1.- DIOS PASA Y RESUCITA
Por Pedro Juan Díaz
1.- Queridos amigos: ¡¡Jesús ha resucitado!! Ese Jesús que nació en Belén, que se crio bajo los cuidados de María y José, que a los 30 años inició su vida pública bautizándose en el Jordán y que paso por el mundo haciendo el bien, hablando de Dios que es amor y acercándolo a la vida de los más pobres, que fue juzgado y condenado a morir en una cruz, que fue crucificado, muerto y sepultado. Ese mismo Jesús hoy ha resucitado. La muerte no ha tenido poder sobre Él. La injusticia no ha triunfado sobre una víctima inocente. Desde ahora, todos los crucificados de este mundo pueden llevar sus cruces con esperanza, porque el mismo Dios que ha resucitado a Jesús, también nos resucitará a nosotros. Hoy hacemos experiencia en nuestra vida de un Dios que Pasa y Resucita.
2.- Desde ahora se trata de andar en una vida nueva, resucitada, la vida que nos ofrece Dios y de la que nos ha dado buena prueba Jesús. Y que mejor prueba que ir hoy al sepulcro y ver que allí no está Jesús. “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado”. Es la experiencia más grande de nuestra vida, sentir en nuestro corazón que Dios ha pasado, que ha hecho su Pascua, su paso de la muerte a la vida, y que nos ha unido con Él. Ahora somos testigos de esa Pascua.
3.- Las mujeres cuentan lo que han visto. Pedro va al sepulcro y “se volvió admirándose de los sucedido”. También Juan. Y poco a poco todos los demás. Todo cobra sentido, todos los cabos se atan, las palabras de Jesús se cumplen. En las lecturas de esta noche hemos hecho memoria de cómo el pueblo de Dios ha ido descubriendo en cada paso de su historia a un compañero de camino muy especial, un peregrino invisible y silencioso que ha estado cerca todo el tiempo, marcando el camino. Ese es Dios. Y si miramos nuestra vida con los ojos de la fe le descubriremos a nuestro lado en cada momento, pasando por ella y ayudándonos a resucitar a tantas cosas negativas y dolorosas que nos encontramos por el camino.
4.- A la luz de la fe descubrimos a Dios en el principio de la creación haciendo posible la vida. También en Abraham, en Moisés, en los profetas y en tantos otros que han ido mostrando sus señales al pueblo. Y finalmente, en Jesús, su Hijo amado, al que ha rescatado de la muerte, lo ha resucitado y lo ha sentado a su derecha. Y Dios sigue pasando y caminando al lado de todo ser humano, creando, liberando, llamando a la fe, resucitando… Ahora se trata de vivir en consecuencia: “ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra”.
5.- Hoy la vida vuelve a empezar, Dios la re-crea y nos re-crea, nos da una nueva oportunidad para hacer mejor las cosas, para ser mejores también nosotros, para hacer mejor el mundo en el que vivimos y tratar mejor a las personas con las que convivimos. Hoy, “el primer día de la semana”, Jesús resucitado nos dice que vivir de otra manera es posible, que la vida tiene sentido, a pesar de las dificultades, de las frustraciones y de los fracasos, que no nos dejemos vencer por el mal, por lo negativo, porque siempre es posible resucitar.
6.- Vamos a acoger esta nueva oportunidad que Dios nos da y vamos a renovar nuestro Bautismo, nuestro compromiso con Él y con los que están a nuestro alrededor, especialmente con los más pobres y necesitados. Renunciemos a todo lo que se opone al estilo de vida que Jesús nos ofrece y hagamos opción por una vida vivida desde la fe en Jesús resucitado. En este Año de la Fe, la renovamos públicamente y redescubrimos la alegría de ser cristianos.
2.- LA PASCUA PARA INFUNDIR OPTIMISMO Y ESPERANZA PERMANENTE
Por Antonio García-Moreno
1.- PEDRO, PIEDRA BASILAR.- Una vez más es Pedro quien toma la palabra, como portavoz de los demás. Ahora en unas circunstancias decisivas y solemnes. Se trataba de incorporar a la Iglesia, al nuevo Israel, a quienes siempre se les había considerado como "goyim", como gentiles, paganos, gentes impuras e idólatras. Es verdad que será Pablo el que evangelice de modo particular a las gentes, por lo que recibiría el título de Apóstol de los gentiles. Pero antes, en este pasaje que contemplamos, san Pedro movido, casi arrastrado, por el Espíritu Santo entra en casa de Cornelio, venciendo sus escrúpulos de buen judío, y anuncia la Buena Nueva a la familia de aquel centurión romano.
Vemos en estos hechos la voluntad peculiar del Señor, respecto de Pedro, en relación con la fundación de la Iglesia. En efecto, el Señor hizo piedra de fundamento a Simón, el hijo de Jonás, llamado desde ese momento Pedro, precisamente por el papel que Jesucristo le había asignado como piedra basilar de la Iglesia. Y porque no era un privilegio personal sino en provecho de la Iglesia de todos los tiempos, esa condición de piedra de fundamento y de jerarca supremo pasaría luego a sus sucesores en la Sede romana, que el Príncipe de los Apóstoles había glorificado con su martirio.
Se lee en el texto de la primera lectura que Jesús fue ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo. Podemos decir que también Pedro recibió de modo particular la fuerza de lo Alto, la especial asistencia del Espíritu Santo para poder desempeñar, a pesar de su debilidad, la tarea que el Señor le había encomendado. De hecho, Jesús en la última Cena le había prevenido diciéndole que el demonio estaba acechándolos para zarandearlos como se zarandea el grano, pero que él mismo había rogado por Pedro para que, una vez confirmado, confirmara él a los demás. Y así fue. El demonio lo derrotó en el atrio del sumo sacerdote ante una criada y unos siervos que le acusaban de ser discípulo de Jesús.
Pero la mirada profunda y entrañable del Maestro, el canto de un gallo rasgando el alba, fueron suficientes para hacerle llorar de dolor y de arrepentimiento. Después de aquella caída, Pedro repetirá una y otra vez, entre temeroso y confiado: "Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo". Y el Maestro le devolverá sus poderes, renovará su promesa y le encomendará que apaciente a sus ovejas. Esa misión que nuestro flamante Pontífice Francisco, continúa en nuestros días.
2.- EL AMOR, MÁS FUERTE QUE LA MUERTE.- Era todavía de noche y todo estaba a oscuras. Era muy de madrugada cuando María Magdalena, empujada por su amor a Jesús sale hacia el sepulcro, junto con las otras mujeres, que como ella estaban ansiosas de ultimar el sepelio del cuerpo del Señor, de rendirle el último servicio. La muerte no les arredra porque el amor es más fuerte. El cariño, en efecto, pervive aún después de la muerte del ser querido. El amor intuye que el ser amado sigue presente de alguna forma, cercano y entrañable como siempre, e incluso más aún.
El hombre, a pesar de su condición humana, que a menudo se niega a creer en el más allá, en la existencia de otra vida diversa de ésta, a pesar de su "si no lo veo no lo creo", tiene como un misterioso sentido que le hace intuir que no todo termina con la muerte, y que en un sepulcro, donde sólo hay restos mortales, existe algo de ese ser querido que merece todavía el cariño y el recuerdo que encierran unas flores, una oración o simplemente una lámpara encendida.
Por eso las mujeres caminaban presurosas al rayar el alba, deseosas de honrar después de la muerte a quien tanto habían amado cuando estaba vivo. Por otra parte reflejaban con su conducta ese culto a los difuntos tan arraigado en el judaísmo, y en las demás religiones. Es un fenómeno que indica la clara conciencia que tienen los hombres de una vida, la que sea, después de la muerte.
De hecho, la resurrección de Jesucristo es una confirmación de esa verdad sobre la vida eterna. Esto es un motivo de esperanza y de gozo para cuantos estamos destinados a morir, viendo cómo la muerte nos ronda, o nos roza incluso con su fría y terrible guadaña. También es, sin duda, un motivo de gran consuelo el saber que nuestros seres queridos, esos que atravesaron el muro de la tumba, siguen vivos en alguna parte, capaces de seguir queriéndonos y de protegernos, necesitados quizá de nuestra ayuda, esa que le podemos prestar con una oración, con la aplicación de una Misa, con la entrega de una limosna, o de cualquier otra buena acción.
Por eso para un cristiano no tiene sentido la tristeza ante la muerte, no se entiende el miedo y la angustia. Hoy, fiesta de la Pascua, cuando celebramos la Resurrección de Jesucristo, nuestro corazón debe llenarse de esperanza, de ánimo y de buenos deseos, de ganas de vivir de tal forma que no nos importe morir. Vivir con esa fe es dar contenido y valor a toda nuestra existencia, infundir optimismo y esperanza permanente.
3.- CONSTRUIR UN MUNDO NUEVO
Por José María Martín OSA
1.- ¡Cristo ha resucitado! Hoy es el día en que la vida de Jesús adquiere validez, el sello que garantiza que todo lo anterior ha sido auténtico, que no ha sido un sueño más, que Jesús no ha sido un loco soñador como tantos que nos encontramos a lo largo de la vida. Lo proclama Pedro: Dios resucitó al Jesús que pasó haciendo el bien. La muerte ha sido vencida. La Pascua no es un “pasar” del hombre. Es pasar por el hombre y quedarse definitivamente para siempre.
2.- Desde ahora aspiramos a los bienes de arriba. Esto no significa olvidarnos de nuestro compromiso con la tierra. Significa que el paso del Señor nos reviste de inmortalidad y nuestro destino es la Vida para siempre. A partir de ahora, aunque tengamos que saludar a la hermana muerte, ésta ya no será un motivo para el miedo o para el temor. Cristo nos ha abierto las puertas de la vida. Aunque pasemos por momentos de incertidumbre, sentiremos que el Señor nos acompaña en el caminar y nunca serán mayores las dificultades que nuestra capacidad para hacerles frente. Podemos decir a partir de hoy que “otro mundo es posible”, que otra manera de relacionarnos es posible, que otra manera de vivir y compartir es posible.
3.- Hoy renovamos nuestra fe. En el “Año de la fe” entendemos las Escrituras y creemos, como María Magdalena, como Pedro y “el otro discípulo”, que Cristo vive y está muy dentro de nosotros. El transforma nuestra vida. En el Bautismo fuimos incorporados a la muerte y resurrección de Cristo. Su suerte desde entonces será la nuestra. Hoy es un día para celebrar y festejar, para hacer fiesta con los hermanos. Hoy es día para vivir comunicando esperanza en que la muerte no podrá con la vida porque Dios está con nosotros, empuja en nuestra misma dirección. Esta es la razón más profunda de nuestra fe y nuestra esperanza. La duda y la tristeza de los discípulos al creer que se habían llevado a Jesús se tornó en alegría. Creemos en el Dios de la vida y eso nos hace cultivadores y guardianes, protectores de la vida y de la fraternidad. Hoy es un día para salir al mundo y gritar con nuestro testimonio y con nuestro estilo de vida: “¡Aleluya! ¡Aleluya!
4.- Construir el mundo y la vida que anhelamos. "Creer en la resurrección significa no resignarse a que el mundo siga adelante siempre de la misma manera", afirmaba hace unos años el Cardenal Bergoglio. El actual Papa agregaba que "celebrar la pascua es creer con toda la fuerza de nuestro corazón que Cristo sigue viviendo en medio de nosotros y que es capaz de transformarnos desde dentro para ayudarnos a construir el mundo y la vida que anhelamos, y que nos parece tan lejano". ¡Feliz Pascua de Resurrección! Que el encuentro con Cristo Resucitado sea para nosotros un motivo para vivir, para esperar y para creer que Dios está a nuestro favor.
Fuente: www.betania.es