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Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.

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Homilías: IV Domingo de Pascua. Ciclo A. 15 de mayo 2011

1.- EL LIDERAZGO DEL “BUEN PASTOR”

Por Gabriel González del Estal

1.- Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante. Para entender bien el texto del evangelio de este domingo es bueno conocer el contexto del texto. Jesús acababa de curar al ciego de nacimiento y los fariseos habían expulsado de la sinagoga al ciego y se habían enfurecido cuando éste se atrevió a confesar, delante de ellos, que Jesús era el enviado de Dios. La parábola del Buen Pastor va dirigida directamente a los fariseos, que se creían y se llamaban a sí mismos auténticos guías y pastores del pueblo de Israel. Ellos, los fariseos, en lugar de guiar y dar vida a la gente lo que hacían era desorientarla; por eso las ovejas, el pueblo, no les seguía, ni conocía su voz. Él, Cristo, les guía con su palabra y con su ejemplo y les da vida abundante, su propia vida. Él es la puerta segura por donde deben entrar todos los que quieran encontrar a Dios. Al ciego de nacimiento Cristo le había dado la luz de los ojos del cuerpo y el ciego de nacimiento, abriendo de par en par los ojos del alma, había reconocido en Jesús al enviado de Dios. Los fariseos habían hecho de la religión un conjunto amplio y pesado de normas y leyes; la religión de Jesús, en cambio, consistía en dar vida abundante, su propia vida. Por eso, él era el Buen Pastor. La religión de Jesús, el cristianismo, no es un conjunto de normas; la religión de Jesús es su persona, su vida, una vida dada y entregada por amor. Jesús quiere que todas las personas tengamos vida y la tengamos abundante; si nosotros nos dejamos guiar y seguimos el ejemplo de este Buen Pastor, gastando y desgastando nuestra vida por amor, “nos salvaremos y podremos entrar y salir, y encontraremos pastos”.

2.- Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas. En esta primera carta del apóstol Pedro se nos dice que Cristo “padeció su pasión por nosotros”, es decir, entregó voluntariamente su vida para que nosotros tuviéramos vida. “Sus heridas nos han curado”. Cristo no sufrió por gusto, y, si aceptó una muerte violenta y cruel, no fue por amor a la muerte, sino por amor a la vida, para regalarnos a nosotros vida, una vida abundante, eterna. El Buen Pastor siempre busca dar vida a las ovejas que le siguen. Nos guía y nos conduce dándonos vida, su propia vida. Quiere guardar nuestra vida con su propia vida. Su liderazgo es un liderazgo de vida. Si nosotros queremos seguir a este Buen Pastor debemos estar dispuestos a recibir y a dar vida, la vida de Cristo en comunión con nuestra propia vida. No vamos a convencer, ni mucho menos a salvar a los demás, con palabras y con discursos, sino con el ejemplo de nuestra propia vida, de una vida vivida en comunión con la vida de Cristo, nuestro único y verdadero Pastor.

3.- Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo. Convertirse a Cristo, bautizarse en nombre de Jesucristo, es recibir su espíritu, el Espíritu Santo. Vivimos como personas bautizadas en nombre de Jesucristo cuando es el espíritu de Cristo el que guía todos nuestros pensamientos y acciones. El espíritu de Cristo es siempre un espíritu de verdad y de vida, de gracia y de amor. El cristiano es el que sigue a Cristo, el que actúa siguiéndole a él, en comunión con él, dejándose guiar por él. No es la economía, ni la política, ni las opiniones al uso, las que guían y dirigen nuestros pensamientos y acciones, es la vida de Cristo. Convertirse a Cristo es dejarse guiar por él, elegirle a él como a nuestro único Pastor.


2.- JESÚS NOS LLAMA Y NOS INVITA A SEGUIRLE

Por Pedro Juan Díaz

1.- El cuarto domingo de la Pascua es el domingo del Buen Pastor y la Iglesia celebra en este día la jornada mundial de oración por las vocaciones. Seguimos contemplando a Jesús resucitado y su acción en el grupo de los discípulos, que van anunciando su presencia viva por todas partes. Un ejemplo es el discurso de Pentecostés en el que Pedro anuncia este mensaje a todos los judíos y que vamos escuchando en las primeras lecturas. También las segundas lecturas van vinculado la fe pascual con la vida de la comunidad cristiana que está naciendo y, por tanto, son pistas para nuestro caminar de fe. Y los evangelios ya nos van mostrando palabras de Jesús anteriores a la resurrección, pero leídas ahora a la luz de la experiencia que se está viviendo en la comunidad cristiana de que el crucificado es el resucitado. Y un ejemplo de esto es la imagen de Jesús como Buen Pastor.

2.- Esta referencia de Jesús como Buen Pastor era cercana en aquellos tiempos, ya que los pastores eran una imagen habitual. La comunidad cristiana vio en Jesús a ese “referente” que camina delante y que marca el ritmo. Por eso la fe nace no de seguir unas ideas, ni unos valores, sino a una persona concreta: Jesús, el Buen Pastor. Un pastor que nos conoce a cada uno por nuestro nombre y nos llama para una vocación, por eso hoy rezamos de manera especial por las vocaciones, por todas las vocaciones, y para que cada uno descubramos cual es la nuestra.

3.- Jesús es el Buen Pastor que, además de conocernos y llamarnos, nos “saca fuera”, a la vida, y “camina delante” como referente que es, y nosotros le seguimos a Él, a su persona, y de Él aprendemos a caminar y a vivir. Como los primeros discípulos, nosotros también le descubrimos caminando con nosotros en la vida, acompañándonos, marcando el rumbo, como Buen Pastor, para que “encontremos pastos”, para que “tengamos vida y la tengamos abundante”.

--Jesús también dice: “yo soy la puerta de las ovejas; quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir”. Jesús es la puerta para acceder a Dios, una puerta que hace libres a todos aquellos que pasan por ella, para que entren y salgan.

---Jesús nos llama y nos invita a seguirle, sólo a Él. Nosotros reconocemos su voz, su Palabra que nos salva. Nuestra fe no es otra cosa que seguirle a Él, ponerle como referente y guía en el camino. Todo lo demás serán “milongas”, todo lo demás no será “entrar por la puerta”, sino buscar atajos que no sabemos bien a donde llevan.

--Jesús nos lleva a “buenos pastos”. Cada domingo nos ofrece la Eucaristía como lugar de reposo y como alimento para nuestro caminar, para recuperar las fuerzas perdidas en la tarea de anunciar la buena noticia del evangelio a nuestros hermanos y hermanas. Nosotros respondemos orando a Dios para que escuchemos su voz de Buen Pastor y sepamos responder con generosidad cada uno a las llamadas que Él nos hace a ser religiosos, religiosas, sacerdotes, madres, padres, cristianos, laicos y laicas comprometidos con la misión de anunciar la Buena noticia de Jesús y con la tarea de llevarla a todas las personas, especialmente a los más necesitados de esa buena noticia, a los más pobres, a los más enfermos, a las “ovejas” más débiles, luchando siempre por la justicia, la paz, la comunión, etc.

4.- Ya sabemos que en esa respuesta, en ese camino, no vamos solos. Jesús es nuestro acompañante, camina delante, nos guía. Y María, su madre, nos enseña a caminar tras Él. Fiémonos de Él como ella lo hizo. Escuchemos sólo su voz. Entremos por su puerta. Andemos el camino de la fe en la vida que Él nos propone. “Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante”.


3.- UNA PUERTA ABIERTA DE PAR EN PAR

Por José María Martín OSA

1.- Podemos superar las dificultades con la ayuda de Jesús. En el Libro de los Hechos y en su Primera Carta Pedro nos hace ver que el Jesús crucificado es el Cristo, Mesías y Señor. Ante el sufrimiento de la persecución que experimentan los primeros cristianos, les alienta a no desfallecer imitando el ejemplo de Cristo. El cargó con nuestros pecados para que nosotros muramos al pecado y experimentemos la gracia de la conversión. Ya no vamos a andar como ovejas descarriadas, sino que tenemos un pastor que nos guía. El propósito de la epístola es sostener la fe de los destinatarios en medio de las tribulaciones que les asaltan. Hoy día también los cristianos del siglo XXI somos incomprendidos y, en algunos lugares, perseguidos. Hemos de mantener la entereza y la confianza en Dios. Es lo que proclama el salmo 22 “El Señor es mi pastor, nada me falta”.

2.- ¡Ojo con los falsos pastores! El evangelio de hoy es la respuesta a una pregunta formulada por los fariseos en el capítulo anterior tras la curación del ciego. Preguntan los fariseos: "¿Somos también nosotros ciegos?". Tomando la comparación, bastante habitual en la Biblia, de los pastores (dirigentes) y las ovejas (pueblo), se rechaza a quienes guían al pueblo mirando en beneficio de sus propios intereses económicos y políticos. Son ladrones y bandidos. Los guías de Israel no hacen uso de la puerta, es decir, no aceptan a Jesús. Este es su pecado, al que siguen aferrados. Los falsos pastores no son en este caso los fariseos, sino aquellos que se hicieron pasar por el Mesías y llevaron al pueblo a la desolación. Los falsos pastores buscan las ovejas para aprovecharse de ellas, despojarlas y conducirlas a la ruina. En cambio la misión de Jesús es dar vida a sus ovejas, dar vida abundante e, incluso, desvivirse por ellas hasta el extremo de la cruz.

3.- Una puerta siempre abierta. La salvación pasa necesariamente por Jesús. Jesús camina delante y conoce a sus ovejas. Él es el camino verdadero y viviente. Su vida y su muerte están patentes ante los ojos de todos. No dirige su comunidad desde un despacho. El conocimiento es personal. Él conoce el nombre de cada oveja, y ellas le conocen a él. Nada parecido a un ejército o a una gran empresa. Rebaño y pastor son uno. Jesús es la puerta de entrada de la comunidad cristiana más allá de las herencias sociales en materia de religión. Una puerta siempre abierta es una posibilidad que se ofrece y no es nunca un obstáculo. La comunidad y sus pastores de cada momento habrán de cuidar para no estrechar su dintel, modificando lo establecido por el único Pastor. La fidelidad al Señor es el alimento de su rebaño. Las ovejas, que hacen uso de la puerta, es decir, los que aceptan a Jesús, están a salvo, gozan de plena libertad y tienen abundancia de pastos. Jesús no ha venido a imponer una reglamentación de cargas y prácticas. Una puerta de par en par jamás es obstáculo. Jesús ha venido para que los hombres vivan y puedan acceder a la salvación. No pongamos trabas o dificultades a la salvación que Dios nos regala gratuitamente.

 

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