Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.
La Homilía de Betania: I Domingo de Adviento 2 de diciembre de 2012
1.- LA FE NOS MUEVE A LA ESPERANZA Y A LA CARIDAD
Por Pedro Juan Díaz
1.- Volvemos a comenzar el Adviento. Es el inicio del año litúrgico y cambiamos al ciclo C, tercero de los tres ciclos en que se divide la liturgia para ayudarnos a celebrar el misterio de Cristo al completo. Y comenzamos por la preparación a su nacimiento. Esa fue la primera venida de Jesús. Y sabemos que habrá una segunda. Por eso seguimos con este lenguaje un tanto escatológico. De nuevo en el evangelio aparecen el sol, la luna y las estrellas. Es una especie de cataclismo universal que nos habla del final. Pero mientras tanto, la vida sigue y es necesario vivirla con la cabeza bien alta.
2.- El Adviento se caracteriza por ser un tiempo de esperanza. La espera del nacimiento de aquel que será luz y gloria de las naciones, también de la nuestra, que lo necesita con urgencia. Pero no es una espera de brazos cruzados, sino activa. Es el tiempo, como dice el Papa en la carta de convocatoria para este Año de la Fe, para redescubrir la alegría de creer, intensificar el testimonio de la Caridad y fortalecer la esperanza. Es tiempo, en definitiva, para seguir descubriendo a Dios en nuestra vida, ese mismo Dios que se hizo niño una vez y que se quedó para siempre entre nosotros, compartiendo nuestros sufrimientos y nuestras alegrías. Es el Dios-cercano, el Dios-con-nosotros, el Emmanuel.
3.- Hasta el profeta Jeremías, que no se caracteriza por ser muy halagüeño, nos invita a la esperanza. Y no son tiempos favorables. Por aquella época la ciudad de Jerusalén estaba amenazada por las tropas babilónicas. Ahora estamos asistiendo a nuevos conflictos en la tierra del Señor. Y en la nuestra seguimos con la crisis y sus consecuencias. Pero en medio de la dificultad, el profeta sabe ver un futuro esperanzador donde se cumplirán las promesas de Dios: “Mirad que llegan días… en que cumpliré la promesa”, dice el Señor, y “suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra”. Ese “vástago” es Jesús, el Mesías, que traerá la justicia y el derecho a la tierra, los dones mesiánicos. Dios ha cumplido su promesa. La fe nos ayuda a ver el futuro con esperanza.
4.- Pero no solo importa el futuro, también el presente. Y para el presente hay dos actitudes a cuidar. Nos las propone la Palabra de Dios de hoy. La primera sería la vigilancia: “estad siempre despiertos”, dice el evangelio. Despiertos y atentos para descubrir a Dios cerca de nosotros. Despiertos y atentos para verle en nuestros hermanos que sufren y en los más necesitados. La segunda es consecuencia de esta actitud: “que el Señor os colme y os haga rebosar de amor… y que así os fortalezca internamente”. No hay otra manera de vivir la fe, de reconocer a Dios en nuestra vida, que a través del amor. La fe nos mueve a la esperanza y también a la caridad. Y al mismo tiempo, la esperanza y la caridad fortalecerán nuestra fe.
5.- En este tiempo de Adviento estamos llamados a permanecer vigilantes y activos frente a tantas necesidades que hay a nuestro alrededor. Por eso lanzamos de nuevo la campaña de recogida de alimentos, con urgencia. El nacimiento de Jesús fue motivo de alegría para los más pobres, los pastores, que pasaban la noche al raso. También lo ha de ser para los pobres de hoy, para los necesitados, para nuestros vecinos, para los que se han quedado sin trabajo, para que no pierdan la esperanza, para que no la perdamos nosotros tampoco. El Señor nos invita a mirar la vida con la cabeza alta. Él viene a nuestro encuentro. “Levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación”. Es todo un Dios que se hace niño, que se hace pobre, naciendo en un pesebre, con buey y mula o sin ellos, pero cercano, humilde, pequeño… para hacernos grandes.
6.- Vamos a vivir este Adviento con fe, con esperanza y con amor. Tenemos por delante cuatro semanas para ir con atención al encuentro de Dios, para no perdernos su venida. Cuatro semanas de estar despiertos, con la cabeza alta, esperando nuestra liberación. Que la Eucaristía nos ayude a ello.
2- ¡VEN SEÑOR JESÚS!
Por Ángel Gómez Escorial
1.- Comienza un año litúrgico. El Evangelio de San Lucas enlaza con el del domingo pasado y que nos sitúa el inicio del Reino de Jesucristo. Hay mensaje escatológico en las palabras de Jesús. Anuncia un final de un mundo. Pero la apertura de otro más venturoso con su segunda llegada, con la Parusía. No es fácil dejar de pensar --muchas veces, muchos días-- en esa Segunda Venida y no tanto por ningún principio finalista, milenarista o mágico. Solo porque es difícil no tener ganas de ver al Señor. Sin más. Son entrañables los testimonios de San Pablo cuando creía que la llegada del Jesús acontecería antes de su muerta y da cumplida explicación del salto necesario para acompañar al Señor Jesús ya desde ese momento.
2.- Si por un lado es completamente absurdo estar esperando al adviento de los últimos días como única razón para vivir o esperar --algunos grupos basan sus creencias en fundamentalmente la divinización de esos momentos--, no lo es tanto considerar que sería imposible, porque está anunciado y a algunos los tocará vivir esos días difíciles; pero, para gozar de esa idea, hay que trabajar con alegría a todas las horas, asegurar que el mundo no se está acabando y comprender que los adoradores de lo apocalíptico no van por buen camino. Alguien los ha engañado. Amanece todas las mañanas y el fresco de las primeras horas es el mensaje de la oferta que Dios hace cotidianamente a los hombres. En su trabajo, en el servicio a los demás, en la esperanza y en la alegría está el mejor seguimiento de Cristo. Y hablamos de esto porque abundan, en los últimos tiempos, los mensajes de algunos finalistas sin causa, ni conocimiento.
3. - Sin embargo, todos deseamos la venida del Señor Jesús. Ahora, al iniciar el Adviento le esperamos como Niño, que viene a salvarnos. Pero tenemos además la esperanza de su Segunda Venida. No sabemos cuando será, pero tampoco nos importa. Mientras tanto –como decía—hay mucho trabajo en la tierra y con los hermanos. Me parece muy útil y conveniente recitar aquí uno de los himnos más bellos de la liturgia cristiana.
¡Marana tha!
¡Ven, Señor Jesús!
Yo soy la Raíz y el Hijo de David,
la Estrella radiante de la mañana.
El Espíritu y la Esposa dicen: "¡Ven, Señor!"
Quien lo oiga, diga: "¡Ven, Señor!"
Quien tenga sed, que venga; quien lo desee,
que tome el don del agua de la vida.
Sí, yo vengo pronto.
¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!
4.- ¡Marana tha! La frase aramea se repite en la cristiandad desde los tiempos inmediatamente posteriores a la Ascensión a los cielos de Jesús. No ha cambiado. ¡Ven, Señor Jesús! Le esperamos, aunque siempre estamos con él. Día a día, en la Eucaristía. Hora a hora en la oración. El ambiente de este Primer Domingo de Adviento ya nos anuncia su venida. Pero será, como decía su Segunda Venida, la que esperamos, llena de Majestad y Gloria. Y en la que se condensan todas nuestras esperanzas. La primera, su Nacimiento en Belén, sus consecuencias cotidianas, están junto a nosotros y en nuestras manos. No podríamos vivir nuestro camino de cristianos si Él no estuviera cerca y sintiéramos su presencia. El Adviento significa venida, advenimiento. Permítasenos la licencia: Jesús llega cada Navidad "un poco más" a nuestras vidas. No podemos desaprovechar la ocasión.
Y así, aprovechemos, pues, este Primer Domingo de Adviento para limpiar nuestro corazón y para poner más calor en nuestra alma. Esperamos a un Niño que cambiará nuestras vidas. Te Esperamos. Maraná Tha. Ven Señor Jesús.
3.- PORTADORES DE ESPERANZA
Por José María Martín OSA
1.- Hoy comienza el Adviento. Es tiempo de esperanza, porque es posible un mundo nuevo. Para que esto sea posible se nos pide una actitud de vigilancia y de atención. No debemos permitir que se embote nuestra mente con las realidades mundanas. Debemos estar despiertos y levantar la cabeza para poder observar la liberación que se nos ofrece. Los signos que se nos ofrecen alientan nuestra esperanza. Algunos interpretan estos signos negativamente, anunciando catástrofes sin fin por nuestros pecados. Pero Dios nos ofrece la liberación total. Sus sendas, nos dice el salmo, son misericordia y lealtad. El Señor es bueno y es recto y enseña el camino a los pecadores.
2.- Nuestro mundo necesita una buena dosis de esperanza. Contamos con la providencia de Dios que vela por nosotros, pero espera nuestra colaboración. Hagamos posible la esperanza a los que viven desesperados porque su vida ha dejado de tener sentido. Muchas familias tienen a todos sus miembros en paro, la crisis económica hace que surja en nosotros el desaliento y la impotencia. Hay muchos cristianos desanimados porque no ven a los jóvenes participando en la Eucaristía, otros se sienten desconcertados ante la falta de valores y la desintegración de muchas familias, hay quien está decepcionado porque ve una Iglesia demasiado instalada y alejada del Evangelio. Ante esto optan por la pasividad o resignación y niegan cualquier posibilidad de cambio. Hoy la Palabra de Dios nos alerta para que nos demos cuenta de que Jesús, el Hijo del Hombre, viene a liberarnos de todas nuestras dudas e incertidumbres. Él es nuestra justicia y nuestra salvación.
3.- Tenemos por delante una hermosa tarea durante estas cuatro semanas: preparar nuestro interior como si fuera una cuna que va a recibir a Aquél que nos da la vida. El tren de la esperanza va a pasar por delante de nosotros, no lo perdamos, subamos a él y valoremos todo lo bueno que vamos encontrando en nuestro camino. Siendo nosotros también liberadores, justos, alegres y solidarios podremos hacer que todos los que en él viajamos podamos construir la nueva humanidad que tanto anhelamos. La crisis puede hacernos más solidarios y sensibles a las necesidades de muestro prójimo. Pero seamos profetas de la esperanza, no del desaliento, pues ya estamos cansados de agoreros, necesitamos hombres y mujeres, esperanzados y esperanzadores.
Fuente: www.betania.es