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Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.

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La Homilía de Betania: II Domingo del Tiempo Ordinario, 20 de Enero, 2013

La Homilía de Betania: II Domingo del Tiempo Ordinario
20 de enero de 2013

1.- JESÚS NOS REGALA LA VIDA EN ABUNDANCIA

Por José María Martín OSA

1.- El amor de Dios salva. El profeta, Tercer Isaías, alza su voz para levantar la esperanza del pueblo. Yahvé quiere salvar al pueblo. De ahí que el profeta, lleno de impaciencia y también de esperanza, no dejará de gritar hasta que amanezca la salvación precedida por la aurora de la justicia y el Señor cambie la suerte de Jerusalén. Pero la gloria futura está en contradicción manifiesta con la miseria presente de Jerusalén. De momento se parece más a una esposa abandonada y así la llaman las gentes, y su tierra, dejada de la mano de Dios y entregada a la rapiña de sus enemigos, se la conoce por el nombre de "devastada". Pero el Señor recibirá un día a la "Abandonada" y le dará el nombre de "mi favorita" y llamara a la tierra de Judá "Mi desposada". Porque no se ha olvidado del amor de su juventud, de su primer amor. Describe el autor, para explicar la relación de Dios con su pueblo, las relaciones más cálidas entre los hombres: el amor conyugal. Todo ello en términos de alegría: la alegría de después de la boda, la alegría interna de sentirse amado es lo que Israel va a experimentar. La imposición del nombre es característico de la toma de posesión, o de la nueva orientación que se da a una persona o a una cosa; decir el nombre es llegar a la esencia de la persona. El Señor mismo es el que pronuncia el nombre, el que da un nuevo impulso a Israel. Por eso mismo, por la obra del Señor, los pueblos vendrán a Israel. Es el milagro del Señor. El amor de Dios es el pueblo. También el salmo 95 exalta tanto al Creador de los seres como al Salvador de los pueblos: Dios "afianzó el orbe, y no se moverá; él gobierna a los pueblos rectamente”. El verbo "gobernar" expresa la certeza de que no nos hallamos abandonados a las oscuras fuerzas del caos o de la casualidad, sino que desde siempre estamos en las manos de un Soberano justo y misericordioso.

2.- Diversidad de dones al servicio de la comunidad. Pablo, en la Primera Carta a los Corintios, habla de los carismas. El carisma es una gracia singular –del griego “jaris”-- que Dios concede a cada uno, pero que está destinada al bien de todos y a la edificación de la Iglesia. La gran variedad de los carismas no está reñida en modo alguno con la unidad de la Iglesia y la comunión fraterna. Distingue el Apóstol entre los dones, los servicios y las funciones o “ministerios”. Por otra parte, todos los carismas tienen un mismo destino, que es el bien común. De modo que la unidad abarca la variedad y ésta es el contenido de la unidad de la iglesia. Nada más extraño a esta unidad, que viene de Dios, que la uniformidad que a veces quieren imponernos. El texto concluye afirmando la soberanía y la libertad del Espíritu, que nadie puede monopolizar, y subrayando la idea central: la unidad del origen de los diferentes carismas y su gratuidad.

3.- “Haced lo que Él os diga”. Jesús comenzó sus signos, comenzó a dar "señales" de la vida y de la abundancia de la vida que vino a traernos, precisamente en medio de una fiesta, en unas bodas que se celebraban en Caná de Galilea. María, que llegó primero a la boda, intercede por los novios ante su hijo, pues faltaba vino. Se explica perfectamente que el vino llegara a faltar durante tantos días, podían ser siete, de boda y que María, que con toda seguridad ayudaría en la tarea de atender a los convidados, se diera cuenta de los apuros de los novios. La respuesta de Jesús debió de ser para el evangelista de gran importancia, pero es de difícil interpretación. En ella se aprecia un cierto distanciamiento de Jesús frente a su madre, como si quisiera dejar en claro que nadie debe inmiscuirse en la misión que ha venido a cumplir. Por eso la llama "mujer", cosa muy extraña en la boca de un hijo y sobre todo en el contexto socio-cultural de Jesús. Es difícil saber lo que significaba la "hora". Hay comentaristas que entienden esa "hora" como la hora de la cruz, en la que Jesús tenía que ser glorificado o exaltado según la voluntad del Padre. Otros dicen que se trata de la hora del milagro o de su primera manifestación como enviado de Dios. De todos modos, la hora de la manifestación de Jesús no la señalan los hombres. Porque es la hora que Dios quiere y que sólo El conoce. De hecho, no llega nunca con el simple transcurrir del tiempo, sino cuando aparece la fe como un don de Dios. Jesús, con su respuesta aparentemente dura, es el que prepara y actualiza la fe de su madre, y entonces llega la hora del milagro o del signo. Sin embargo, María no entendió esta respuesta como un rechazo y advirtió a los sirvientes que estuvieran atentos a lo que les dijera Jesús: “Haced lo que Él os diga”. Un mensaje actual también para cada uno de nosotros. María nos habla y nos dice que pongamos en práctica lo que Jesús nos dice.

4.- El vino es la abundancia de la vida que Jesús ha venido a regalarnos. La palabra "signo" tiene en el evangelio de Juan un doble sentido: de una parte es una demostración del poder de Dios y de su presencia salvadora; de otra, es la revelación de la verdad de Dios y su mensaje. "Signo" debe entenderse en un doble sentido: demostrativo del poder de Dios y mostrativo o aclarativo del Misterio. Los milagros que nos relata San Juan tienen siempre un significado. ¿De dónde proviene este vino?: "De las tinajas de piedra para la purificación de los judíos". Juan capacita así al lector para que lea entre líneas algo muy concreto: el orden religioso judío queda superado por Jesús. Agua y vino funcionan en el relato como símbolos de los dos órdenes distintos: ley (judaísmo), amor (Jesús). La transformación del agua en vino significa la abundancia de la vida que Jesús ha venido a traer al mundo, la nueva vida y el verdadero gozo de vivir. Es un signo paralelo al de la multiplicación de los panes en el desierto. Uno y otro anticipan el sacrificio de Cristo, en el que se vuelca la generosidad de Dios sobre nosotros. Es lo que celebramos en la Eucaristía con pan y vino, con el pan de cada día y con el vino de las fiestas. Es la gracia, que llena hasta rebosar las tinajas de la ley (de las purificaciones de los judíos) y que es el cumplimiento de todas las promesas. El relato quiere explicar en clave plástica quién y de dónde es Jesús. La clave es el vino, que procede de un agua, a la que supera. San Agustín explica, en el comentario a este evangelio, que “el esposo de las bodas de Caná al que se dijo: Has conservado el buen vino hasta ahora, representaba la persona del Señor. Cristo, de hecho, había conservado hasta aquel momento el buen vino, es decir, su evangelio”.


2.- JESÚS, CERCA DE LAS COSAS PEQUEÑAS

Por Antonio García-Moreno

1.- INEFABLE AMOR.- Abandonada, devastada. Tanto, de tal modo, que esa situación calamitosa viene a dar nombre propio a la tierra de Israel. Era el estado doloroso en que quedó el pueblo sumido, después de haberse olvidado de Dios. Momentos de angustia, momentos de tristeza infinita. Los hombres se alejan por el pecado de su Creador, y al estar lejos se sumergen en un mar de lágrimas, en un mundo oscuro y gris.

Esa historia colectiva es figura y paradigma de muchas historias individuales, de todas las historias de cada uno de los pecadores, y de una forma u otra todos los somos. Cuando el hombre peca, en efecto, el alma se queda como tierra baldía, tierra abandonada y devastada. Aflora el miedo, la sensación de vacío, la tristeza. Es cierto que en ocasiones el hombre llega a encallecerse y a no sentir nada ante el pecado, a vivir "tranquilo" sin Dios. Pero en el fondo late el temor ante lo desconocido, el miedo ante lo que pueda ocurrir, la incertidumbre ante el más allá de la muerte, la duda que atormenta.

Pero todo eso tiene fin para los que vuelven, arrepentidos y pesarosos, sus ojos a Dios, que como un buen padre está siempre dispuesto al perdón, a la espera del retorno del hijo pródigo, para correr a su encuentro tan pronto lo vea llegar. Entonces se iluminarán nuestros sombríos horizontes y un nuevo capítulo gozoso se iniciará en nuestra historia personal.

Amor de juventud, primer amor. El despertar de los sentidos al amor, ese sentimiento tan hondo, tan humano y tan divino. Las palabras quedan inexpresivas para describir el amor, son un torpe balbuceo que trata inútilmente de expresarse. Es una realidad que sólo cuando se siente, se comprende. Podemos decir que es lo que más se asemeja al ser de Dios.

Quizá por eso sea inefable, tan difícil de describirlo, pues el Señor rebasa con mucho nuestra capacidad de entendimiento. Si no fuera porque él mismo se nos ha revelado poco sabríamos de su grandeza. Así y todo, hemos de reconocer que sólo de forma analógica podemos comprender algo de él. Pero esa aproximación es suficiente para asombrarnos, para colmarnos de veneración y de ternura. A través de Isaías, nos dice hoy que nos ama como un adolescente enamorado ama a su primer amor, y que se alegra al vernos lo mismo que el esposo cuando ve a su amada. Ojalá que esta declaración divina de amor, tan inaudita y encendida, nos despierte y nos empuje a corresponderle, a quererle con toda nuestra alma.

2.- BODAS EN CANÁ.- La grandeza y divinidad de Jesús no le impedía estar cerca de las cosas pequeñas de la vida humana de cada día. Esta actitud sería luego criticada por sus enemigos, le llamarían comilón y bebedor simplemente porque participaba en fiestas y celebraciones de sus amigos. Hoy nos narra el evangelio las bodas que se celebraron en Caná de Galilea. A ella fueron invitados Jesús con su madre y sus discípulos. De este modo el Señor santificó con su presencia divina ese acontecimiento crucial en la vida del hombre, bendice la unión entre marido y mujer hasta hacer de ella el gran sacramento, el símbolo vivo de su propia unión con la Iglesia, la esposa de Cristo sin defecto ni mancha.

San Juan que vivió con María cuando el Señor se marchó a los cielos; él, que la tomó como madre por encargo de Jesús agonizante en la cruz; él, que fue el discípulo amado, sólo habla dos veces de la Virgen en todo su evangelio; aquí en Caná y luego cuando refiere la crucifixión en el Calvario. Son pocas veces, desde luego, para todo lo que él habría escuchado de labios de Santa María. Sin embargo, cuanto dice es más que suficiente para que podamos conocer la categoría excelsa de Nuestra Señora, la madre de Jesús, como siempre la llama Juan. Ya con este detalle nos está enseñando que María es la madre de Dios, un hecho que es el punto de arranque y la base teológica en donde se apoya toda la grandeza soberana de la Virgen, privilegio singular del que derivan todos los demás.

Con este milagro, realizado gracias a la intervención de María, se pone de manifiesto: Por un lado la ternura de su corazón materno, el desvelo por las necesidades de sus hijos; y por otra parte aparece su poder de intercesión ante su divino Hijo, que se siente incapaz de no atender la súplica de su Madre santísima. Con razón, por tanto, la podemos invocar como Madre de misericordia y como la Omnipotente suplicante.

Cuánto nos ama el Señor. No sólo muere por nosotros en la cruz y derrama toda su sangre para redimirnos. Además nos entrega lo que le era más querido y entrañable, a su propia Madre, para que lo sea también nuestra. Con razón la llamamos "spes nostra", esperanza nuestra y causa de nuestra alegría. Quien confíe en ella no se verá jamás defraudado, lo mismo que nunca defrauda el amor de una buena madre al hijo de sus entrañas.


3.- JESÚS ES EL VINO BUENO

Por Gabriel González del Estal

1.- Has guardado el vino bueno hasta ahora. Atrás quedaron las tinajas de piedra, llenas de un agua que purificaba de las impurezas legales y de manchas externas, pero que no limpiaba, ni daba vida por dentro. Atrás quedaba el Antiguo Testamento, ahora comenzaba del Nuevo Testamento. Cristo les traía el vino de Dios, el vino que purifica el alma y llena de gracia el espíritu, el vino que se convierte en sangre de Cristo, el vino que es Cristo, el vino que es amor. Todo esto ha ocurrido en la celebración de una boda, en un ambiente de fiesta donde lo que se celebra realmente es la manifestación de un amor que quiere ser eterno. Ha sido como una segunda epifanía, esta vez no ha sido una epifanía a magos que vienen de oriente, sino que es una manifestación de la gloria de Dios que Cristo ha querido mostrar ahora a sus amigos, a sus discípulos, a sus familiares. Fue el primer signo, nos dice san Juan, con el que Jesús manifestó su gloria, un signo que significa, que hace referencia a un amor grande y desbordante. Jesús, el hijo de un Dios amor, sólo podía comenzar su vida pública manifestando amor, un amor que rompía todos los moldes humanos, un amor que era un amor divino, porque era el amor de un verdadero Dios. El evangelio de la boda de Caná de Galilea sólo puede inducirnos a nosotros a dejar atrás nuestros egoísmos insulsos, nuestras conductas raquíticas, mezquinamente humanas; el relato de la conversión del agua en vino debe animarnos a nosotros a convertir nuestras flaquezas y nuestras lánguidas debilidades del cuerpo en ánimo del espíritu y en fortaleza del alma, en una alegría nueva, espiritual y viva. Cristo es amor y el verdadero amor produce siempre alegría y gozo en el alma.

2.- La madre de Jesús les dijo: no les queda vino. María sólo sale dos veces en el evangelio de Juan: en esta ocasión de una boda en Caná de Galilea, para pedirle a su hijo que remediara el apuro grande en el que se encontraba la familia de los novios, al acabárseles el vino antes de que terminara la fiesta, y desde la cruz cuando le dice a su madre: ahí tienes a tu hijo. En los dos casos la llama “mujer”. María, la mujer, la madre, parece que fue en este caso la primera en enterarse del apuro grande en el que se encontraba la familia del novio. En ambos casos la intercesión de María ante su hijo fue una intercesión eficaz. El título de intercesora, auxiliadora, será un título que podremos ya aplicar siempre, desde entonces, a María, la mujer, la madre de Jesús. La Iglesia católica así lo entendió ya desde los primeros siglos y en el pueblo cristiano la devoción a María ha sido siempre una devoción grande y popular. Apenas habrá algún pueblo en España en el que María no sea especialmente invocada en alguna fiesta solemne. Acudamos también hoy nosotros a María para que nunca nos falte el vino bueno que vino a traernos su hijo, el vino de un amor revitalizador, reconfortante, que levante nuestro ánimo y mantenga viva en nosotros la llama viva del amor de su hijo, Jesús. “A Jesús por María” nos enseñaron, cuando éramos niños, nuestros padres y educadores; escojamos confiados el camino de la madre, María, para llegar con seguridad al corazón del hijo, Jesús.

3.- Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; en cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Este texto del capítulo 12 de la primera carta del apóstol Pablo a los Corintios es un texto mil veces citado y comentado por los predicadores cristianos. Merece la pena leerlo y comentarlo, aunque sea brevísimamente, una vez más. Cada uno de nosotros, todos, tenemos algún don del Espíritu; todos debemos poner los dones que tenemos al servicio del bien común. No nos creamos más de lo que somos, pero tampoco menos. Nuestras buenas cualidades, que algunas seguro que tenemos, no las guardemos en el arca secreta del alma, sino que las pongamos generosamente al servicio del bien común, al servicio de las personas a las que podamos servir y ayudar. Todas las buenas cualidades que tenemos son dones de Dios; pongámoslas al servicio de los hermanos.

Fuente: www.betania.es

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