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Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.

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La Homilía de Betania: III Domingo del Tiempo Ordinario. 27 de enero de 2013

La Homilía de Betania: III Domingo del Tiempo Ordinario. 27 de enero de 2013

1.- HOY ES EL MOMENTO DE HACER REALIDAD LA BUENA NOTICIA

Por José María Martín OSA

1.- Escuchar y aceptar la Palabra. Comenta Nehemías en la primera lectura: "Y todo el pueblo escuchaba atentamente la Palabra de la ley y todo el pueblo respondió Amén". La escucha es un acto de disciplina que exige dejar otros pensamientos y exige concentración. La escucha es un acto de amor. El crecimiento y el cambio, en la vida cristiana, comienza cuando se escucha con atención la Palabra de Dios. La escucha de la Palabra de Dios produce la rehabilitación de nuestro vivir. Respuesta del pueblo: Amén. Adoraron al Señor y su Palabra. La Palabra, no obstante, hay que hacerla vida.

2.- Hoy y no mañana. Dice el Evangelio de Lucas: “Hoy se cumple esta Escritura”. Jesús volvió a su pueblo, Nazaret, enseñaba en la sinagoga y aquel día abrió el libro e hizo la lectura del profeta Isaías. Todos tenían los ojos fijos en él. Terminada la lectura dijo: "Hoy se cumplen estas profecías que acaban de escuchar". Jesús no vino a leer la Biblia. Vino a cumplirla. Un hoy que hace referencia a la actualidad, a nuestra situación personal y comunitaria. "Hoy se cumple esta Escritura". "Hoy ha nacido el salvador". "Hoy estarás conmigo en el paraíso". Hoy debe cumplirse lo que es la Buena Noticia. El cristiano vive siempre en el hoy de Dios siempre presente, siempre buscándonos, siempre amnistiándonos. La palabra y los actos no deben presentar ruptura. Este hoy del que nos habla el Evangelio, nos sigue cuestionando. Si bien es cierto que la liberación de Jesús tiene un matiz de interioridad y afecta al corazón mismo de la persona, también es cierto que esa liberación tiene un marcado acento social, que realiza y quiere hacer presente el Reino de Dios, negarlo sería negar prácticamente todo el Evangelio.

3.- Hoy es el momento en que la Buena Noticia debe llegar a los pobres. Nos conmovemos cuando sucede un terremoto como el de Haití. Es algo normal, humano…Todos somos miembros del cuerpo de Cristo y cuando un miembro enferma, todo el cuerpo lo siente. Pero no se trata de ser solidarios temporalmente. Se trata ser solidarios siempre con los que sufren las consecuencias de la injusticia. Han pasado tres años de aquel terremoto y parece que ya nos hemos olvidado.... Haití sigue necesitando ayuda y otros países también. Desde hace unos años, muchos cristianos y no cristianos, (ONGs, grupos, Congregaciones, colectivos...), están pidiendo no sólo que se condone la Deuda Externa, sino que se busque una cooperación más eficaz con los países del Tercer Mundo, entre otras cosas, para que no tengan que emigrar, o simplemente que se cumpla con lo firmado por, al menos, los 22 países más prósperos a través de la ONU: dedicar el 0,7% de su PIB en ayuda al desarrollo. No cabe duda que si se cumpliera esto, sería una Buena Noticia para los pobres, un año de gracia. Pero la situación no mejora, los ricos somos cada vez más ricos y los pobres más pobres. Jesucristo vino a hacer con nosotros el camino hacia el cielo. Jesús no vino a predicar el infierno. Vino a abrir las puertas del cielo a todos. Jesús vino a "proclamar el año de la gracia del Señor". Amnistía para todos. Libertad para los cautivos. Buenas noticias para los pobres. Los charlatanes, los políticos, los predicadores, todos nosotros, hacemos promesas y profecías, contamos visiones, ofrecemos la luna, estamos llenos de buenos deseos y qué pobres son nuestras obras. Jesús comenzó su ministerio diciendo el primer día "hoy se cumple esta escritura" y pudo decir el último día: "Todo está cumplido". El libro que leyó Jesús está ahí a mi alcance. Yo también lo puedo coger y leer. Yo, hijo de Dios, también poseo el secreto de la Buena Noticia y como Jesús estoy llamado a evangelizar con la predicación de la vida y de la palabra a todos en este Año de la Fe.


2.- EL CRISTIANO DEBE SER BUENA NOTICIA PARA LOS POBRES

Por Gabriel González del Estal

1.- Me ha enviado para dar la Buena noticia a los pobres. Es buen cristiano el que tiene el espíritu de Cristo, el que es buena noticia, evangelio, para los pobres, el que anuncia la libertad a los que están privados injustamente de ella, el que hace ver la verdad a los ciegos, el que proclama y reparte la gracia de Dios. Hoy día estar habitado por el espíritu de Cristo es gritar contra la inmensa e inmunda corrupción que habita y pulula en nuestra sociedad, es gritar contra la inmensa e inmunda desigualdad social que rompe necesariamente la convivencia humana, es gritar contra los ricos y poderosos ciegos de turno que no quieren ver el mal que habita en el mundo porque es un mal generado por su inmenso egoísmo y por su impía avaricia. Es buen cristiano el que tiene la palabra de Cristo, el que quiere vivir hoy día con el mismo espíritu con el que vivió Cristo. Es buen cristiano el que actúa ungido por el espíritu de Cristo, sin dejarse contaminar por la polución densa y pestífera que generan muchos medios de comunicación y de la que también somos un poco responsables muchos de los que nos llamamos cristianos y hemos sido bautizados en el espíritu de Cristo. Cuando un pobre, un marginado, cualquier víctima de la injusticia social, ve a un cristiano debe ver en él a un defensor de sus derechos humanos, a un hombre rico en piedad, y en justicia, y en verdad, y en amor, que lucha a brazo partido contra el mal y contra los malos y males del mundo. Es muy difícil ser hoy un buen cristiano, ser un buen seguidor de Cristo, porque nos asusta el sufrimiento, porque no queremos morir en la cruz. Entremos los cristianos en la sociedad con la fuerza del espíritu de Cristo y prediquemos en nuestra sociedad la verdad de Cristo; así seremos buena noticia para los últimos y para los oprimidos por el mal del mundo.

2.- El pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley. Por fin, después de tantos años de destierro, el pueblo judío podía renovar la antigua alianza con su Dios. Esdras, el sacerdote y letrado, junto a los levitas, leía el texto de la Ley con claridad y explicando el sentido, y todo el pueblo, emocionado, respondía “Amén”. Esdras, el sacerdote, y Nehemías, el Gobernador, decían al pueblo que estuvieran alegres, comieran buenas tajadas y bebieran vino dulce, sin olvidarse de los pobres, porque este era un día grande consagrado a Dios. Las palabras de la ley eran una buena noticia para el pueblo de Israel porque eran palabras que hablaban de amor a Dios y de justicia y misericordia para con los pobres y necesitados. Para nosotros los cristianos la palabra de la ley es Cristo Jesús; él es la Palabra encarnada del Padre. Como hemos leído en las palabras del texto evangélico, el espíritu del Señor se encarnó en Jesús de Nazaret y Jesús fue la Palabra del Padre que anunció la Buena noticia a los pobres y oprimidos por el diablo. También para los cristianos la palabra de Jesús es una palabra gozosa que nos urge al amor a Dios y al prójimo más necesitado. También nosotros, cuando en la eucaristía oímos leer al sacerdote la Palabra del Señor debemos responder con eficacia y gozosa emoción: “Amén”. Porque las palabras del Señor, como nos dice hoy el salmo, son espíritu y vida y nos alegran el corazón.

3.- Todos hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Vosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro. Un cristiano nunca es cristiano a solas; los cristianos somos siempre comunidad. El cristiano sufre con los que sufren y goza con los que gozan, porque ama a todos. Un amor egoísta nunca es amor cristiano; el amor cristiano es universal, con especial predilección con los más pobres y necesitados. En nuestras comunidades cristianas todos somos necesarios para la buena salud de la comunidad entera. Si somos cuerpo de Cristo debemos estar también siempre habitados por el espíritu de Cristo. Cuando el sacerdote, en la eucaristía, nos dice “cuerpo de Cristo” debemos entender que no se refiere sólo al cuerpo glorificado de Cristo, sino al cuerpo místico de Cristo, que quiere vivir encarnado en cada uno de los cristianos.


3.- JESÚS ES LA PALABRA DE DIOS HECHA VIDA

Por Pedro Juan Díaz

1.- Las lecturas de hoy nos invitan a cuidar y a valorar la importancia que tiene la Palabra de Dios para nuestra vida y para nuestra fe. Cada una de las lecturas es un ejemplo de esto. Me vienen a la memoria las palabras de San Jerónimo, que decía que “desconocer la Escritura es desconocer a Cristo”, ya que Jesús es la PALABRA con mayúsculas que Dios nos ha dirigido a todos nosotros. Él es la Palabra de Dios hecha carne, hecha vida. Cada vez que nos acercamos a la Palabra, nos acercamos a Jesús, para conocerle mejor, amarle más y seguirle más de cerca.

2.- El pasaje del libro de Nehemías que hemos escuchado en la primera lectura, relata un momento muy significativo de la historia del pueblo de Israel, dentro de todas las etapas en las que Dios se va revelando gradualmente. Es la vuelta del destierro. El pueblo, contrito y humillado por la desoladora experiencia que ha vivido en Babilonia, está recuperando su libertad; lo que fue demolido en Jerusalén se está reconstruyendo; Dios no les había abandonado y hay lugar para la esperanza. La asamblea que se congrega en torno al libro de la Ley, de la Palabra de Dios, manifiesta el reconocimiento de que Dios está en medio de su pueblo y sigue ratificando su Alianza. Dios los ha traído de nuevo a su tierra, la tierra que Dios les había dado, y les ha recordado que son el pueblo del Señor. Por eso no hay lugar para el duelo y el llanto. El pueblo, al escuchar la Palabra, se conmueve, adora a Dios, y con su “amén, amén” manifiesta su disposición de vivir conforme a la Ley, que manifiesta la voluntad del Señor. Este pasaje nos enseña a nosotros las actitudes interiores con las que debemos acoger la Palabra de Dios: alegría, gozo, reconocimiento, disponibilidad, fidelidad…

3.- En el evangelio, en la primera parte que hemos leído hoy, Lucas nos explica su intención al escribirlo: “para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido”. La Iglesia ha reconocido desde siempre el gran valor que tienen los evangelios, y toda la Palabra de Dios, para fortalecer nuestra fe. Para un cristiano que quiera crecer en la fe, ha de ser imprescindible la lectura habitual, frecuente, y yo diría que diaria, de la Palabra de Dios. Para Jesús, esa Palabra es muy importante. Jesús entra en la Sinagoga de Nazaret, “donde se había criado”. Todos los sábados solía asistir a la celebración. Ese sábado le toca hacer la lectura. Se pone en pie y lee al profeta Isaías. Y convierte esas palabras en su programa de vida: anunciar, con la fuerza del Espíritu, la Buena Noticia de Dios a los pobres, a los cautivos, a los ciegos, a los oprimidos, en definitiva, a todos aquellos que estén dispuestos a acogerla en su corazón y cambiar de vida.

4.- Finalmente, en la segunda lectura, vemos que esa Palabra es creadora de unidad, de eclesialidad, por la fuerza que tiene, por el Espíritu de Dios que está en ella. “Todos… hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo”. “Vosotros sois el cuerpo de Cristo, dice San Pablo, y cada uno es un miembro. Y Dios os ha distribuido en la Iglesia”. El Espíritu convierte esa Palabra en una Palabra viva que, a pesar de los años, sigue siendo actual y da respuesta a nuestras necesidades vitales más profundas. Es Dios mismo el que nos habla a través de esa Palabra, de su Palabra. Es una Palabra personalizada. Hay que escucharla con atención. No se puede proclamar de cualquier manera. Tampoco se puede permanecer indiferente ante ella. Después de cada celebración deberíamos preguntarnos: ¿Qué me ha dicho hoy a mí la Palabra de Dios que acabo de escuchar? ¿Me ha ayudado a sentirme más unido a mis hermanos, más unido a la Iglesia?

5.- El compromiso que surge de esta celebración es que dediquemos más tiempo a leer y escuchar la Palabra de Dios, en casa, en la parroquia, en un grupo… donde sea, pero aprovechar cualquier momento para profundizar en esta Palabra que es una Palabra de Vida y que nos guía y nos orienta en nuestra vida de cada día. Ahora, la Mesa de la Palabra nos lleva a la Mesa de la Eucaristía y el mismo Jesús se convierte en nuestro alimento espiritual. La Palabra y la Eucaristía fortalecen nuestra fe y nuestra vida. Es nuestro alimento semanal. Lo necesitamos “como el comer” para seguir adelante y no desfallecer en el camino, para seguir creciendo en nuestra fe y en nuestro conocimiento de Jesús, que es la Palabra de Dios hecha vida.

Fuente: www.betania.es

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R
leo frecuentemente las homilias y tengo la inquietud y sugerencia, que para que sea mas enrriquecedor, los comentarios deberian incluir comentarios de Santos, documentos de la iglesia (enciclicas,<br /> sinodos,etc) y numerales de nuestro catesismo.<br /> esperando que mi sugerencia sea bien recibida, ayude al crecimiento y abone nuestro diario caminar. me despido.
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