Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.
La Homilía de Betania: La Epifanía del Señor. 6 de enero de 2013
1.- EL MEJOR REGALO ES EL QUE NOS DA JESÚS
Por José María Martín OSA
1.- La Epifanía es el otro nombre que recibe la Navidad, el nombre que le dieron las iglesias orientales desde el principio. Si la Navidad, fiesta de origen latino, alude al nacimiento: "La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros", Epifanía significa manifestación y sugiere la idea de alumbramiento o de dar a luz: "y hemos visto su gloria, gloria propia del Hijo del Padre, lleno de gracia y de verdad". Por consiguiente, la metáfora bíblica de esta fiesta es la luz: "la gloria del Señor que amanece sobre Jerusalén", "la revelación del misterio escondido", la estrella de los magos que vienen de oriente... Debemos esforzarnos para rescatar el auténtico significado de la fiesta que celebramos. Como tantas otras, y quizás más que ninguna esta fiesta, llamada vulgarmente día de Reyes ha sido mercantilizada y degradada.
2.- Jesús nace en Belén para todos los hombres, para los de cerca y para los de lejos, para los judíos y para los gentiles, para los pastores y para los magos que vienen de oriente. No hay acepción de personas. Pero los primeros en recibirlo van a ser los pobres, los pastores, para que se vea que "los pobres son evangelizados", como había dicho el profeta Isaías. Y, después, llegarán los magos guiados por una estrella y buscando su significado. No importa si eran tres o eran más, si venían de Oriente o del Sur de España, lo importante es que fueron a adorarle. La estrella que nos conduce a todos, debe ser la que nos saca de casa, del acomodo en bienes y opiniones, de las certezas humanas, de la pretensión de poseer la verdad. Es la pregunta sobre el sentido de nuestra vida, que buscamos y nos pone en camino, más allá de nuestros prejuicios e intereses. Es la pregunta en la que se formula el deseo y la esperanza no el interrogatorio en que se pone en guardia el recelo y el miedo. Herodes interroga a los magos y termina persiguiendo a los niños inocentes. Los magos preguntan. Herodes se sobresalta y, con él, toda la ciudad de Jerusalén, pero los magos se llenan de inmensa alegría al salir de esa ciudad y ver de nuevo la estrella. Para hallar la verdad que nace en Belén de Judá, hay que salir de los muros y de los convencionalismos, guiados por esa estrella, por esa pregunta, que nos hace peregrinos y mendigos de la verdad, hambrientos de ella y no poseedores y satisfechos de nuestras pobres verdades. Los que se creen en posesión de la verdad lo único que hacen es enseñar "sus verdades" despóticamente al pueblo. Los magos no fueron a Belén cargados de razón, sino preocupados y encaminados por una pregunta. Se acercaron al pesebre de Belén para contemplar la verdad hecha carne.
3.- ¿Qué regalo espera Dios de nosotros? En un día de ilusión para los niños y de regalos para todos debemos hacernos esta pregunta. Dios acepta nuestra debilidad, lo que somos; incluido nuestro pecado y nuestras fragilidades, para rehabilitarnos y hacernos plenamente felices. Quiere que descarguemos ante él las pesadas cargas que nos impiden ser nosotros mismos. Alguien me contó un cuento de Navidad que leyó en alguna parte. Lo contaré a continuación porque realiza un hermoso viaje al corazón de Jesús Niño.
“Se dice que, cuando los pastores se alejaron y la quietud volvió, el niño del pesebre levantó la cabeza y miró la puerta entreabierta. Un muchacho joven, tímido, estaba allí, temblando y temeroso.
- Acércate- le dijo Jesús- ¿Por qué tienes miedo?
- No me atrevo... no tengo nada para darte.
- Me gustaría que me des un regalo – dijo el recién nacido.
El pequeño intruso enrojeció de vergüenza y balbuceó:
- De verdad no tengo nada... nada es mío, si tuviera algo, algo mío, te lo daría... mira.
Y buscando en los bolsillos de su pantalón andrajoso, sacó una hoja de cuchillo herrumbrada que había encontrado.
- Es todo lo que tengo, si la quieres, te la doy...
- No - contestó Jesús- guárdala. Querría que me dieras otra cosa. Me gustaría que me hicieras tres regalos.
- Con gusto – dijo el muchacho- pero... ¿qué?
- Ofréceme el último de tus dibujos.
El chico, cohibido, enrojeció. Se acercó al pesebre y, para impedir que María y José lo oyeran, murmuró algo al oído del Niño Jesús:
- No puedo... mi dibujo es horrible... ¡nadie quiere mirarlo...!
- Justamente, por eso lo quiero... siempre tienes que ofrecerme lo que los demás rechazan y lo que no les gusta de ti. Además quisiera que me dieras tu plato.
- Pero... ¡lo rompí esta mañana! – tartamudeó el chico.
- Por eso lo quiero... Debes ofrecerme siempre lo que está quebrado en tu vida, yo quiero arreglarlo... Y ahora –insistió Jesús- repíteme la respuesta que le diste a tus padres cuando te preguntaron cómo habías roto el plato.
El rostro del muchacho se ensombreció, bajó la cabeza. Avergonzado, y, tristemente, murmuró:
- Les mentí... Dije que el plato se me cayó de las manos, pero no era cierto... ¡estaba enojado y lo tiré con rabia!
- Eso es lo que quería oírte decir –dijo Jesús- Dame siempre lo que hay de malo en tu vida, tus mentiras, tus calumnias, tus cobardías, tus crueldades. Yo voy a descargarte de ellas... No tienes necesidad de guardarlas... Quiero que seas feliz y siempre voy a perdonarte tus faltas. A partir de hoy me gustaría que vinieras todos los días a mi casa”
2.- UNA NUEVA ESTRELLA SE ENCIENDE EN LO ALTO
Por Antonio García-Moreno
1.- LA ENTREGA DE UN DON.- El profeta canta lleno de alegría y exhorta a Jerusalén para que también se llene de gozo: "Vienen todos los de Sabá, trayendo incienso y oro...” (Is 60, 6). Contempla como la luz hace retroceder a las tinieblas. Como el Bien vence al Mal y se inicia la salvación de los hombres que sólo Dios puede otorgarnos. Vislumbra extasiado como el Dios de los cielos nace en la tierra. El nuevo y definitivo Rey de Israel, el Hijo de David anunciado como redentor nace y con él la esperanza, la alegría y la paz.
Y como a Salomón, el otro hijo de David, vienen desde las tierras del sur y de este, de Sabá y de Madián, a festejar su grandeza, a rendirle pleitesía. Para ello llegan cargados de dones: oro, incienso y mirra. Elementos valiosos y altamente significativos. Expresión de su amor y de su fe. Ratificación de sus sentimientos mediante la entrega de algo de sí mismos, de un don que pruebe la autenticidad de su reconocimiento y admiración.
2.- LA LLAMADA DE UNA ESTRELLA.- San Pablo nos recuerda que "...también los gentiles son coherederos..." (Ef 3, 5). Hoy es el día en que conmemoramos, revivimos, el momento en el que Dios se manifiesta a los gentiles, es decir, cuando el Señor abre las puertas de su Reino a todos los hombres, sean o no hebreos, pertenezcan o no al pueblo judío, el elegido en primer lugar. Hasta que Cristo nace los que no fueran descendientes de Abrahán no podían entrar en el Reino de Dios. Eran los gentiles, gente impura cuya cercanía manchaba, hasta el punto de que no se podía entrar en sus casas sin quedar impuros ante Dios.
Todo aquello desaparece y el Señor destruye sus fronteras. Con el nacimiento de Cristo, una nueva estrella se enciende en lo alto de los cielos, su luz brilla con claridad y fuerza, es un signo visible del amor de Dios, de su llamada insistente y persuasiva para que cada uno siga el camino marcado por la luz de la fe en Cristo, un camino distinto y personal, uno pero igual para todos ya que a todos nos llama Dios a ser santos.
3.- SE HAN ABIERTO LOS CAMINOS DIVINOS DE LA TIERRA.- San Mateo nos recuerda hoy que los reyes magos “...se marcharon a su tierra por otro camino" (Mt 2, 12). Dios premió su constancia y abnegación, su firme fe y su acendrada esperanza. Aquella estrella que tenía un brillo especial, les llamó la atención desde el primer momento. Por otro lado, había un clima universal de expectación, en una parte y en otra se oía decir que vendría un Salvador. Además la situación en muchos lugares de la tierra era cada vez más penosa, los anhelos de salvación eran profundos. Por eso no era extraño que Dios se apiadara y enviase al Mesías esperado.
Aquellos magos de Oriente vinieron por un camino y se marcharon por otro, vinieron con la ansiedad de quien busca y se marcharon con el gozo del que ha encontrado lo que tanto buscaban. El camino de ida era incierto y penoso, el de vuelta seguro y alegre... La estrella sigue brillando, "se han abierto los caminos divinos de la tierra", repetía el San Josemaría. Pero es preciso recorrerlos, avanzar hacia Cristo para seguir caminando con seguridad y esperanza, con alegría y paz.
3.- LA EPIFANÍA, UN PRIMER PENTECOSTÉS
Por Gabriel González del Estal
1. También los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el evangelio. La palabra “epifanía” significa manifestación hacia el exterior y litúrgicamente con este término nos referimos a la manifestación de Jesús a unas personas no judías. Sabemos que el Mesías que esperaban los judíos sólo vendría a salvar a Israel, al pueblo judío. Los mismos apóstoles y primeros discípulos de Jesús parece que también pensaban así, al menos, hasta la venida del Espíritu Santo, en Pentecostés. Después de Pentecostés todo empezó a cambiar, aunque muy lentamente, sobre todo por la predicación de Pablo, apóstol de los gentiles. Pues bien, la fiesta de hoy, la epifanía, nos habla de la manifestación de Jesús a unos magos de Oriente, no judíos. Es, al menos en primicia, una primera declaración de la catolicidad de la Iglesia de Jesús, una Iglesia que quiere predicar el mensaje de Cristo a todas las naciones. Nosotros, los cristianos del siglo XXI, debemos saber, por tanto, que Cristo no quiere que pongamos barreras lingüísticas, ni étnicas, ni culturales, al mensaje del evangelio. La Iglesia de Cristo es, necesariamente, una Iglesia misionera, una Iglesia que quiere reunir a todas las personas del mundo bajo un solo pastor, Cristo Jesús. Esto comenzará a verse más claro y a hacerse ya efectivo después de Pentecostés, cuando los discípulos de Jesús vayan por todo el mundo predicando el evangelio. Pero hoy, aunque de una manera sólo anticipatorio, celebramos un primer Pentecostés de la Iglesia de Cristo.
2. Los magos de Oriente como primeros buscadores de Dios. A Dios le encuentra el que le busca, porque es Dios mismo el que suscita en nosotros el deseo de buscarle. Los magos de Oriente encontraron a Dios siguiendo la luz de una estrella del firmamento; cada uno de nosotros debemos buscar insistentemente a Dios, siguiendo las luces que Dios va poniendo continuamente en nuestro caminar por la vida. Puede ser la luz de una persona, o de un libro, o de un acontecimiento personal especialmente significativo, o… Dios deposita en el alma de todas las personas deseos de encontrarle, lo que nosotros debemos hacer es purificar los ojos del alma para descubrir a Dios allí donde él quiere hacérsenos visible. Los magos de Oriente, como buscadores de Dios, deben ser para nosotros un buen ejemplo de inquietud religiosa y de búsqueda de la verdad.
3. La fiesta social de los reyes magos. Es la fiesta del regalo, de la amistad y del amor, especialmente para los niños y personas más queridas y cercanas. A todos nos gusta que nos quieran y el regalo es, sobre todo en este día, una manifestación de cariño y de amor. Muchas veces los cristianos nos hemos esforzado en mostrar al mundo un rostro severo y hasta huraño, como si la vida fuera para nosotros siempre un valle de lágrimas o un purgatorio anticipado. A los santos nos gustaba pintarles arrodillados ante el crucifijo, o haciendo penitencias duras y mortificadoras. Sin que esto sea en sí mismo malo, lo cierto es que muchos santos son y han sido personas alegres, sembradores de paz y de amor en el mundo en el que vivieron. Hoy la fiesta de los reyes magos nos habla de ternura, de amistad, de amor compartido. Celebremos esta fiesta queriendo mucho a los demás y diciéndoselo a través del regalo, aunque sólo se trate del regalo de nuestra sonrisa y de un rostro amable y siempre atento a las necesidades de los demás. Ya se acaban las fiestas de la Navidad, que no se acabe nunca nuestra alegría navideña.
Fuente: www.betania.es