Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.
La Homilía de Betania: La Inmaculada Concepción de Santa María Virgen. 8 de diciembre de 2012
1.- EL BORDADO TIENE UN NOMBRE: INMACULADA
Por Javier Leoz
1.- En cierta ocasión se juntaron un grupo de científicos para analizar la belleza y la pureza de una excepcional seda enriquecida con diversos oros. Vinieron desde continentes distintos; desde países lejanos en culturas, tradiciones y formas de vida.
Una vez que se pusieron manos a la obra habrían de definir entre todos “aquel misterio” tan extraordinario que guardaba aquel tejido: estaba resplandeciente como en el momento de su confección, limpio como en sus primeros días, sin fisuras y perfecto en sus colores y líneas.
Después de muchas disquisiciones, todos y por unanimidad, llegaron a la conclusión que la construcción del bordado, debido a su calidad y a su oro, inexplicablemente había resistido al paso de los siglos: era algo sencillamente extraordinario tan único en su género que hubiera parecido ser tejido y bordado por las manos del mismo Dios.
2.- Hoy es la fiesta de la Inmaculada Concepción:
María es ese bordado que escapa a toda racionalidad humana. Antes y después sigue siendo una criatura limpia porque, el mismo Dios, la dejó y la quiso intacta, resplandeciente, pura y bella. Aunque su dogma fuera declarado no hace mucho tiempo, todo es poco para expresar lo que desde muchos siglos el pueblo cristiano y sencillo sintió de antemano: ¡INMACULADA DESDE SIEMPRE!
María, en su Inmaculada Concepción, es aquella mujer privilegiada cuyo “SI” en Nazaret sigue resonando con emoción e intensidad: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 2)
María es aquella joya que lejos de ser estudiada por la ciencia (que todo lo racionaliza, lo enfría y hasta lo frivoliza) se nos presenta abierta en cuerpo y alma a lo que siempre es un posible para Dios: “Has encontrado Gracia ante El”
María es aquella que escucha y atiende, oye y practica dejando que gima en su interior el rostro humanado de Dios.
María es aquella seda que tira, y nunca se rompe, hacia el espíritu cristiano de la navidad. Nos empuja hacia ese Jesús que se hará presente en la noche más dichosa y esperada del año
María es aquel bordado pensado y meditado por Dios desde hace muchos siglos en cuyo bastidor aparecen desde el principio, y para que no exista confusión, las iniciales de Jesús hombre y salvador.
María es aquel resultado final donde resplandece el auténtico sentido de la Navidad: Dios se hace hombre en el seno virginal de una nazarena
María es la sencillez encarnada. Ha sido, y lo sigue siendo, el clamor popular junto con los impulsos del corazón creyente lo que nos hace gritar a los cuatro vientos que no hay nada parecido a esta mujer que, aun viviendo un tiempo en la tierra, sigue brillando y destellando en lo más alto del cielo.
María, en su pureza, pone al descubierto esas otras coordenadas de corrupción y de desencanto, de lodos y de hipocresías, de soberbias y de humillaciones, de muertes y de esclavitudes que nos rodean y hasta nos confunden. Precisamente por esto último, hay una parte del mundo que vivirá al margen de esta celebración mariana, porque no le interesa interpelarse sobre tanta zafiedad en la que le gusta nadar, presumir e incluso pavonearse.
3.- Todos hemos sido testigos en varias ocasiones como los atletas de natación, antes de zambullirse en el agua, cogen fuerza e impulso en el trampolín. A mí se me ocurre que, María, en este tiempo de adviento se convierte en plataforma donde Dios se hizo hombre como nosotros. Donde el hombre coge altura para llegar a Dios. Donde Cristo se reviste de nuestra humanidad para descender hasta el mismo hondón donde nos encontramos.
¡Bendita la Navidad que llega! La necesitamos para calmar aguas, oleajes y hasta aquellas tormentas que nos impiden vivir con la misma tesitura, transparencia y la misma felicidad con que lo hizo María. En este tiempo en el que tanto se habla de desahucios, hay uno que no es menos grave: el desahucio espiritual. Aquel en el que el hombre aleja de sí mismo ese rincón, el alma, en el que puede aprender a ser feliz si cuenta con Dios. Como lo hizo María.
Que en este Año Santo de la Fe, aprendamos a vivir con intensidad este tiempo de adviento de la mano de la Madre.
4.- LO MEJOR DE MARÍA
Lo mejor de María:
Su amor
El empuje de su amor:
Su sencillez
Lo mejor de su sencillez:
Su alma
El movimiento de su alma:
Su obediencia
Lo mejor de su obediencia:
Su “si”
Lo grande de su si:
Jesús
El regalo de Jesús:
Dios
La locura de Dios:
que es nuestro Padre
lo mejor del Padre:
que nos da la Salvación
El fruto de la Salvación:
la Eternidad
lo mejor de la Eternidad:
Ver a Dios
¿Ver a Dios? ¡Si!
y, con María, primero, en Belén
¿En Belén? ¡Si! pronto, con María:
con los ojos de su pureza
con las manos de su delicadeza
con la fortaleza de su fe
con la humildad de su persona
con el gemido de sus entrañas
¿Ver a Dios? ¡Si!
con la sonrisa de una Virgen
que, por ser Inmaculada,
es agua y es espejo donde se refleja
el Amor de todo un Dios que, rebajándose,
cae de lleno a la tierra.
Amen
2.- AVE, MARÍA PURÍSIMA
Por Gabriel González del Estal
1.- Alégrate, llena de gracia. ¿Cuántas veces habremos dicho en nuestra vida “Dios te salve, María”, o, en los tiempos en los que rezábamos en latín, “Ave, María, gratia plena”? Y, ¿cuántas veces habremos dicho todos los católicos, en nuestra vida, “Ave, María purísima”? No sólo cada vez que nos acercábamos al confesionario, sino en muchas otras ocasiones. A los seminaristas de mi tiempo, en el Real Monasterio del Escorial, cada mañana, muy tempranito, nos despertaba el velero con unos golpes en la puerta de la celda, al tiempo que decía con voz grave y despertadora: ave, María purísima. Sin duda, la figura de María, como “la Purísima”, ha presidido el decir y el pensar de millones de personas a lo largo de los siglos. A María siempre la hemos pensado los católicos como a una criatura purísima, sin pecado concebida. Pues bien, en esta fiesta de la Inmaculada Concepción de María, es bueno que nos dirijamos a María, con el corazón y con los labios, como a una criatura santa y pura que nos está invitando a nosotros constantemente a vivir en santidad. Es verdad que nosotros no podemos aspirar a ser criaturas sin pecado y llenos de gracia como María, pero queremos pedirle a ella, con humildad y confianza, que nos ayude a vivir, desde nuestra condición de pecadores, como personas que luchamos cada día para alejarnos un poco más del pecado y que nos esforzamos cada día para estar un poco más cerca de la santidad que María tuvo en plenitud. Con este deseo decimos hoy: ¡Ave, Dios te salve, María purísima!
2.- Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Ese es el secreto de la santidad de María, su humildad. Claro que la gracia de Dios que se hizo realidad en ella plenamente fue un regalo de Dios, pero María supo recibir el regalo de Dios precisamente como eso, como regalo de Dios. En ningún momento creyó María que eran sus propios méritos los que habían obligado a Dios a librarla de todo pecado desde el momento mismo de su concepción; María entendió desde el primer momento que había sido la grandeza de Dios la que había obrado el milagro de su santidad, mirando, eso sí, con beneplácito “la humillación de su esclava”. Esta debe ser siempre nuestra actitud ante Dios: Dios nos ha escogido a cada uno de nosotros como instrumentos de su acción salvadora en el mundo. Nuestra obligación es no poner obstáculos a la acción de Dios, ser canales limpios por donde la gracia y la acción de Dios puedan llegar en toda su plenitud hasta los demás. Sólo nuestro pecado y nuestra soberbia pueden obstruir el canal de Dios y sólo nuestra humildad hará posible que la gracia de Dios se distribuya plena y limpiamente, a través de nosotros, hasta todas aquellas personas a las que Dios quiere salvar y redimir, valiéndose de nosotros.
3.Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Todas las personas estamos llamados a correr hacia la santidad por el mismo camino, aunque cada uno de nosotros tengamos en la vida caminos propios y distintos. Pero a la santidad sólo se llega, como nos dice hoy el apóstol san Pablo, por el camino del amor. Porque ese fue el camino que escogió Cristo para sí mismo y ese fue el camino que eligió también para sí la Virgen María, la Inmaculada y Purísima criatura a la que saludamos hoy, en su fiesta, con devoción y amor.
3.- EL MENSAJE QUE NOS TRAE MARÍA INMACULADA
Por José María Maruri, SJ
1.- Rodeando la hoguera hay una piña de hombres, pastores, nómadas del desierto. Las llamas del fuego juguetean con las sombras de tres o cuatro tiendas de campaña hechas de piel de cabra y dejan entrever en el fondo unas cuantas palmeras.
Todos escuchan con respeto la narración de un anciano venerable. A las puertas de las tiendas de campaña escuchan las mujeres y los niños:
“Dios hizo al hombre del limo de la tierra y le dio una mujer. Un día la serpiente engañó a la mujer por comer del árbol prohibido. Dios maldijo a la serpiente, pero al hombre le prometió que de una mujer el hombre que, con su talón aplastaría la cabeza de la serpiente.
En el misterio de la noche iluminada por las estrellas, quedaría pendiente también como luz esperanzadora ese hombre hijo de la mujer que vencería al espíritu del mal. Y aquellos hombres rudos se llenarían de agradecimiento a un Dios que, en lugar de castigar al hombre, castigo al mal y prometió la salvación al hombre, por medio del hombre y de la mujer.
Durante siglos, antes de que la narración del Génesis, que acabamos de escuchar, quedase fijada en un texto escrito, se fue transmitiendo así, de boca en boca, con la fidelidad de memorias acostumbradísimas a tener que retener todo porque nada podían dejar por escrito, y al tiempo, revestido todo, de esas imágenes populares con las que el pueblo habla.
2.- En 1476 se empieza a celebrar la fiesta de la Inmaculada y en 1854 es declarado solemnemente dogma, que la Virgen María es vencedora del pecado y del mal en previsión de los méritos de Cristo. La labor del Dios en los corazones de los cristianos ha descubierto al fin el secreto de aquella mujer que oían los nómadas del desierto. El Dogma de la Inmaculada no es un dogma negativo (la ausencia de pecado en origen), ni es un mero adorno de la que iba a ser la Madre de Dios.
La Virgen Inmaculada es un mensaje salvador para todos los hombres. Es la demostración palpable de aquella primera misericordia de Dios, de que aquella promesa que Dios hizo al primer hombre pecador de que una mujer vengaría al pecado, se ha cumplido y que, por tanto, todo el plan salvador allí incluido se va a incluir también en cada uno de nosotros.
3.- La venganza de Dios Omnipotente es venganza a lo divino. Es verdad que el pecado ha vencido al hombre, pero eso no va a ser siempre así:
a).- Lo primero que hace es abrirle los ojos al ser humano y mostrarle lo que cura de esa soberbia que le ha llevado a creerse como Dios. No creéis que también hoy Dios trata de abrirnos los ojos y enseñarnos que estamos desnudos, que estamos desamparados, porque nos está fallando la ciencia, el progreso ilimitado, a tener de todo, el placer que nunca satisface, y en nada encontramos felicidad y paz. Y Dios nos llama a todos a que miremos dentro de nosotros, que no echemos la culpa a otros, ni a las cosas, de los excesos que han traído la dura crisis que estamos viviendo. Ni al exceso de producción, ni al exceso de mano de obra, ni al capitalismo, ni al socialismo, a los viejos y a los jóvenes… la culpa la tenemos nosotros –todos y cada uno de nosotros—porque no dominamos nuestro corazón.
b).- El plan de Dios es que donde abundó el pecado abunde la gracia, y esa gracia es el mismo Cristo, que en contra de la soberbia humana, viene en sencillez y humildad, y en contra del odio levanta hombres contra hombres, viene a dar su ley de amor, haciéndonos a todos hijos del mismo Padre, hijos de una misma Madre, María, para que la unión fraternal nos fuerce a amarnos unos a otros.
c).- Y donde hubo un “Non serviam” humano, de desacato a Dios, hay un “He aquí la esclava del Señor”… Este es el mensaje que nos trae María Inmaculada: mensaje de la misericordia de Dios que abre los ojos al hombre para que se conozca que le llama con vocación especial a ser hijo de Dios, santos e irreprochables, y por tanto hermano de todos los hombres y mujeres, a los que ha de servir, y sirviéndolos sirve a Dios.
Fuente: www.betania.es