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Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.

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La Homilía de Betania: V Domingo de Cuaresma. 17 de Maro de 2013

La Homilía de Betania: V Domingo de Cuaresma. 17 de Maro de 2013

1.- UNA RELIGIÓN QUE SALVA, FRENTE A UNA RELIGIÓN QUE CONDENA

Por Gabriel González del Estal

1.- Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más. Ya desde los primeros tiempos del cristianismo, los cristianos siempre le hemos llamado a Cristo “el Salvador”. Es el mismo Cristo el que nos dijo que él no había venido a condenar al mundo, sino a salvar al mundo. En este relato evangélico de la mujer sorprendida en flagrante adulterio, esta actitud de Jesús Salvador, que había venido a llamar a los pecadores, no a los justos, se ve con claridad meridiana. Los escribas y fariseos se mostraban empeñados en salvar la letra de la ley, aunque para eso tuvieran que condenar a las personas; Jesús estaba empeñado en salvar a las personas, interpretando para eso la ley desde una religión de comprensión y de amor. La religión de los escribas y fariseos que condenaban a la mujer sorprendida en flagrante adulterio era una religión que se basaba fundamentalmente en la letra de la ley, mientras que la religión de Jesús que no condenó a la mujer sorprendida en flagrante adulterio, era una religión que se basaba en el espíritu de la ley. Y ya sabemos: la letra muchas veces mata, el espíritu siempre vivifica. Esta interpretación de la religión, este doble uso de la religión, no es exclusivo de los tiempos de Jesús. Valernos de la religión para justificar la violencia y la muerte ha sido y sigue siendo un método habitual en muchas personas, pueblos y comunidades religiosas. Frente a la interpretación farisaica de la religión, como una religión que se usa para condenar a las personas, los cristianos debemos interpretar la ley al estilo de Jesús, como una religión que busca, por encima de todo, salvar a las personas. No son las personas para la ley, sino que es la ley para las personas, como no es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre. Los escribas y fariseos querían usar su religión para condenar y matar a la mujer sorprendida en flagrante adulterio; Jesús de Nazaret salvó religiosamente a esa misma mujer. Actuemos nosotros al estilo de Jesús, pues para eso nos llamamos cristianos.

2.- No recordéis lo de antaño, no penséis lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo. En este precioso texto del segundo Isaías, Dios le dice a su pueblo que recobren la esperanza, porque va a ser él mismo el que acuda a salvarles. El mismo Dios que libró al pueblo de la esclavitud de Egipto y les acompañó durante el éxodo, a través del desierto, les va a salvar ahora de la esclavitud en Babilonia y les va a conducir de nuevo hacia la patria deseada. No penséis ya más –les dice- en el tiempo pasado, muy pronto se abrirán caminos por el desierto, ríos en el yermo, y podréis alabar a Dios en Jerusalén. Estas palabras que, a través del profeta Isaías, dice Dios a su pueblo, también podemos aplicárnoslas nosotros en estos tiempos que ahora vivimos, tiempos que muchos consideran, desde el punto de vista religioso, como tiempos de desolación y de crisis. Ahora, más que nunca, necesitamos reavivar la esperanza cristiana, porque nuestro Dios es un Dios liberador. Cristo vino a liberarnos, a salvarnos, y nosotros, los cristianos, debemos predicar con la palabra y con nuestro ejemplo nuestra esperanza invencible en Jesús liberador y salvador.

3.- Olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús. Los cristianos entendemos la vida como un camino hacia la resurrección, hacia nuestra resurrección. Un cristiano sin esperanza, no es cristiano. No nos apoyamos en nuestros propios méritos, sino en los méritos del que nos salvó; agarrados a Cristo también nosotros resucitaremos. No será la justicia de la Ley, nos dice san Pablo, la que nos salve, sino la justicia que viene de nuestra fe en Cristo. Los cristianos somos personas optimistas y esperanzadas, porque la esperanza nos salva. “Spe salvi”: por la fe estamos salvados. ¿Recuerdan la Encíclica de Benedicto XVI?


2.- ESPERANZA RENOVADORA

Por Pedro Juan Díaz

1.- “Sólo desde el amor la libertad germina”. Es el inicio de un himno de la liturgia de las horas que siempre he rezado con mucho cariño y que hoy me ha venido al pensamiento al fijarme en la mujer del Evangelio, una pecadora a la que el amor de Jesús, y no su condena, la convierte en una mujer nueva y libre para seguirle.

2.- A las puertas de la semana santa, de la semana del “amor más grande”, la Palabra de Dios nos invita una vez más a la conversión sincera, esa que sólo se puede hacer desde el corazón, cambiando nuestras actitudes. Y si nos fijamos en las actitudes de Jesús, nos ayudará a mirar la vida y a las personas con una esperanza renovadora.

3.- El Evangelio nos presenta a una mujer “sorprendida” en adulterio y a la que la ley manda apedrear. Los letrados y fariseos se la llevan a Jesús para ver cómo responde. Pero Jesús guarda silencio, omite la condena y vuelca en ella toda la misericordia de Dios, lo que hace que hasta los más viejos del lugar den un paso atrás y se retiren, dejando a la mujer sola con Jesús. “¿Ninguno te ha condenado? Tampoco yo te condeno”. Aquella mujer fue renovada por el perdón de Dios, que le dio nuevas esperanzas a su vida.

4.- Sólo un amor que no juzga nos deja con esa sensación preciosa de vivir en libertad y con nuestra dignidad intacta, ya que un amor así nos dignifica y es un estímulo para vivir nuestra fe. Pero esto requiere un paso de madurez en nuestra fe, una gran dosis de conversión y de esperanza.

5.- Nos dará mucha luz en este sentido la segunda lectura, las palabras de ánimo que San Pablo da a los cristianos de Filipos, a los que tanto quiere, y también a nosotros que hemos escuchado con atención esta Palabra. Pablo dice que vive la fe como si de una carrera se tratara, y que el amor y la entrega son el esfuerzo que él pone para llegar a la meta. Pero ese esfuerzo no es una condición para alcanzar la salvación, sino que es como fruto de ella, es decir, corre sabiendo que ya tiene ganada la carrera, y ese esfuerzo se convierte en amor y en entrega libre y generosa hacia los demás, y no en una carga voluntarista y pesada que termina por no dar vida.

6.- ¿Nuestra fe es así? ¿Vivimos la fe desde el amor y la entrega a los demás como fruto de la salvación que Dios nos regala en Cristo? ¿Estamos convencidos de que la salvación es gratuita y de que no nos viene por los muchos y grandes esfuerzos que nosotros podamos hacer? ¿Convertimos nuestros esfuerzos por “correr en la carrera de la fe” en amor y entrega generosa y libre a los demás? ¿O seguimos pensando en clave voluntarista y condenatoria de los que no son ni piensan como nosotros?

7.- “No recordéis lo de antes –dice el profeta Isaías en la primera lectura–, mirad que realizo algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notáis?”. Frente a la situación de destierro del pueblo, el profeta invita a poner la mirada en la liberación de dios. Se trata de no quedarse anclado en la situación de dolor actual, sin fortalecer la esperanza. Esa acción liberadora de Dios, ese “algo nuevo” es Jesús que vivió su vida desde el amor y la libertad y que vino a mostrarnos a un Dios que no quiere nuestra condena, sino nuestra salvación, y que nos quiere libres, y no sometidos a unas prácticas y unas leyes que nos atan porque no las vivimos desde el amor y la libertad.

8.- “Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor; todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía, la de la Ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe”. Y la fe de Cristo no es otra que la fe en el crucificado/resucitado que ha entregado su vida por nosotros para que tengamos Vida Eterna. Sólo desde un amor tan grande puede germinar la libertad necesaria para vivir la fe de manera gratuita y generosa para con los demás, especialmente para con los más pobres.

9.- En la Eucaristía, cada domingo, recordamos la entrega generosa de Jesús, anunciamos su muerte y proclamamos su resurrección. Nos unimos a Él al comulgar su Cuerpo y nos comprometemos a vivir nuestra fe en la vida desde el amor y la libertad que Él nos enseñó y sin perder la esperanza en un mundo mejor.


3.- LA FUERZA DEL PERDÓN

Por José María Martín OSA

1.- La salvación ya está llegando. El profeta invita a los exiliados a ver lo que sucede y a interpretar los signos de su propia liberación. El Deutero-lsaías es un profeta consolador, que anuncia mensajes de liberación. Un profeta atento a los signos de los tiempos: "¿No lo notáis?". Y los signos anuncian esperanza y liberación. Pero la liberación de los desterrados no vendrá de Ciro el persa, sino de Dios del éxodo. El Dios capaz de sacar agua de la roca y hacer ríos en el desierto. Vale la pena recordar y mirar al pasado, pero éste no agota a Dios. Será como un segundo éxodo, y es bueno no olvidarse del primero para cobrar aliento y confianza en el poder de Yahvé. Pero ahora también será algo distinto y hasta sorprendente, algo nuevo, algo que hará olvidar las antiguas hazañas de Yahvé: "No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que yo realizo algo nuevo" Si en el primer éxodo abrió Yahvé caminos en el mar, en este segundo hará brotar ríos por el desierto y transformará una situación de muerte en otra situación de vida. El autor introduce un rasgo poético para expresar el cambio que se anuncia en la historia de Israel: hasta las fieras del desierto se alegrarán por el agua del desierto, también ellas recibirán de Dios la comida y la bebida abundante. Las liberaciones históricas del pasado son garantía de la intervención presente. La liberación presente continúa y profundiza las del pasado.

2.- Jesús compromete a los hombres para que no se erijan a sí mismos en jueces contra nadie y consideren su propio pecado personal. La escena tiene lugar en el Templo, por la mañana. Allí está Jesús sentado en el suelo y rodeado de un puñado de discípulo, enseñando al pueblo. El tribunal juzgaba habitualmente en el ámbito del templo. Escribas y fariseos citan la pena señalada por la Ley contra las mujeres sorprendidas en adulterio: lapidación. Jesús, sentado en el suelo, puede escribir perfectamente en el polvo. No se trata de qué escribiera, pues se trata más bien de un gesto para mostrar su desinterés y el deseo de que lo dejen en paz. Hay quien dice que escribía el nombre de los acusadores, todos ellos pecadores. Ante la insistencia de estos, Jesús se levanta, pero no para condenar a la mujer adúltera, sino para denunciar la mala fe de estos escribas y fariseos que no querían otra cosa que comprometer a Jesús ante la opinión pública y ante el Sanedrín.

3.- La gracia del perdón está por encima de la justicia. Jesús denuncia que los escribas y fariseos no son jueces legítimos sino sólo acusadores de la mala fe, hombres que se tienen a sí mismos por justos y se erigen en jueces de los demás. Jesús se encara con sus enemigos y les dice que comience a tirar la primera piedra el que de ellos se encuentre sin pecado. La palabra de Jesús y su actitud contra estos hipócritas produjo el efecto deseado. Jesús se sentó de nuevo, mientras sus enemigos se marchaban corridos. Cuando todos se habían ido y quedó Jesús con sus discípulos y la mujer en medio del corro. Jesús se levantó de nuevo para pronunciar ahora una palabra de misericordia. No disculpa ciertamente la acción que ha cometido esta mujer, pero hace valer para ella la gracia y no el rigor de la justicia.


Fuente: www.betania.es

 

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