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Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.

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La Homilía de Betania: V Domingo de Pascua. 28 de abril, 2013.

La Homilía de Betania: V Domingo de Pascua. 28 de abril, 2013.

1.- EL AMOR ES LA PIEDRA DE TOQUE PARA LOS CRISTIANOS

Por Antonio García-Moreno

1.- PASAR LA ANTORCHA.- Pablo y Bernabé, dos grandes misioneros de la Iglesia primitiva, dos enviados de Dios para que vayan sembrando por vez primera la semilla del evangelio. Ahora vuelven a los mismos lugares por donde pasaron antes, confirmando en la fe a los cristianos... No era fácil perseverar en la fe entonces, ni hoy tampoco lo es. Nunca puede ser fácil creer y vivir según las exigencias últimas de la fe. Los apóstoles se hacen eco de las palabras del Señor. Os perseguirán, os calumniarán, tendréis que negaros a vosotros mismos, habréis de cargar con la cruz de cada día y caminar cuesta arriba.

Sólo así se puede entrar en el Reino de Dios; sólo siguiendo la ruta marcada por el caminar de Cristo, esa difícil ruta... Señor, ayúdanos. Somos unos comodones; por naturaleza nos inclinamos a lo más fácil, huimos de lo que suponga lucha y esfuerzo. Y corremos el peligro de destruirnos a nosotros mismos a fuerza de confort, a fuerza de no combatir.

Iban pasando la antorcha, iban encendiendo nuevas lámparas, transmitían los poderes que habían recibido. Poder de perdonar los pecados, poder de consagrar el Cuerpo y la Sangre del Señor. Y nuevos hombres iban asumiendo, con generosidad y con audacia, la misión de continuar alargando la presencia humilde de Cristo, la tarea de servir con desinterés y continuidad a los hijos de Dios.

Por eso oraban al Señor y ayunaban. Elevaban a Dios fervientes súplicas por los elegidos, por los designados para ser presbíteros. Rezaban para que fueran fieles, para que fueran santos, para que se entregaran día a día a la gozosa crucifixión con Cristo Jesús... Orar, rezar, pedir, suplicar, rogar a Dios. Y ayunar y sacrificarse. Hoy también. Sí, hoy también. Los presbíteros, Señor, los sacerdotes. Los curas, que sean santos, que cumplan con su misión, que traduzcan con exactitud tu mensaje de salvación. Que no caigan en la tentación de tergiversar el verdadero sentido de tus palabras.

2.- EL AMOR, PIEDRA DE TOQUE.- Cuando Judas abandonó el Cenáculo, comenzaba la hora de la Pasión, se iniciaba la noche más triste de la historia. Y, sin embargo, en ese preciso momento empezaba también la glorificación de Jesucristo. Él mismo nos lo dice en el pasaje evangélico de hoy: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en Él. Los sufrimientos que le hicieron sudar sangre y angustiarse hasta casi morir, eran el camino obligado para llegar al destino inefable de la gloria. Y no sólo para Jesús sino también para todos y para cada uno de nosotros. El Señor fue el guía, el primero que pasó por esa ruta, marcando a golpe de sus pisadas el sendero que nos ha de llevar a nuestro propio triunfo.

Tengamos en cuenta, además, que como en el caso de Cristo, el sufrimiento soportado por amor a Dios no sólo glorifica al justo que lo sufre, sino que también es motivo de gloria para el mismo Dios. En efecto, al ver cómo sufrió Jesús por amor al Padre, no podemos menos de pensar que el Padre es digno de una veneración y un amor sin límites. Dios se nos presenta así tan grande que la vida misma es poco para entregarla en su servicio. Por otra parte, vemos que el Padre corresponde al Hijo con un amor semejante y lo eleva a la más alta gloria que imaginarse pueda. De la misma forma, el hombre que por amor a Dios cumple con su deber de cada instante, se empeña en todo momento por agradar al Señor, ése recibirá también un día la gloria de los que triunfan, la corona de la vida que se promete a los que sean fieles hasta la muerte.

En ese momento que recordamos bajo la luz de la Pascua, les dice Jesús a los suyos como ya le quedaba poco tiempo de estar con ellos. Sus palabras son, prácticamente, las últimas que les diría. Por eso tienen un relieve peculiar, una fuerza mayor. Hay como un cierto énfasis y solemnidad cuando les dice: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. Son estas palabras el testamento espiritual de Jesucristo, la última recomendación que venía a resumir y a culminar todo cuanto les había dicho a lo largo de su vida pública.

Que nos amemos unos a otros. Y además, de la misma forma como Él nos amó, con la misma intensidad, con el mismo desinterés, con la misma constancia, con idéntica abnegación... A los discípulos, como a nosotros, debió parecerles excesivo los que Jesús les pedía. Pero el Señor no aminora su exigencia. Para que no les quede la menor duda, añade: La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros. Por eso si no queremos de verdad a los otros no somos discípulos de tal Maestro. Tendremos quizá otras cualidades, pero de nada nos servirán si nos falta el amor y la comprensión para los demás. No lo olvidemos nunca, el amor es la piedra de toque para un seguidor de Cristo.


2.- LA SEÑAL DEL CRISTIANO: UN AMOR REDENTOR

Por Gabriel González del Estal

1.- La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os améis como yo os he amado. El amor, sin más, no es la señal del cristiano: hay amor de amigos, amor de padres, amor sexual, amor de compasión, amor político, amor animal, amor humano, etc. Dos personas pueden amarse mucho, sin ser, ni querer ser, cristianos. La señal del cristiano es un amor que quiere ser como fue el amor de Cristo: un amor que destruyó el pecado, que superó el sufrimiento, que venció a la muerte, un amor redentor. Todos los días repetimos los cristianos: por la señal de la santa cruz, pero es necesario que entendamos bien esto. Cristo no nos salvó por lo mucho que sufrió en la cruz, ni por lo mucho que sufrió en su lucha contra el mal y contra los malos; Cristo nos salvó por el mucho amor que puso en su lucha contra el mal, el pecado y la muerte. Lo que nos redimió no fue el sufrimiento y la cruz, por sí mismos; lo que nos salvó fue el amor redentor de Cristo. Sólo por amor aceptó Cristo el sufrimiento y la cruz. Si nosotros sufrimos y padecemos mucho luchando contra el mal y el pecado, pero no lo hacemos con amor cristiano, no somos auténticos discípulos de Cristo. No queremos decir que las personas que padecen y sufren luchando contra el mal, sin referencia a Cristo, hagan mal; de ninguna manera. Luchar contra el mal siempre es bueno, pero no siempre es señal de ser buenos cristianos. A lo largo de la historia ha habido muchísimas personas que se han distinguido por su amor a los demás, aunque no hayan profesado ninguna religión. Han sido personas admirables, en muchos casos, pero si no se amaron, ni pretendieron amarse, con el amor de Cristo, no podemos llamarlos, estrictamente, discípulos suyos. Lo que nos hace discípulos de Cristo no es el amor, sin más, sino el amor de Cristo, un amor que busca la salvación y la redención de todas aquellas personas que necesitan ser salvadas y redimidas de cualquier clase de opresión y muerte. Por eso el amor cristiano es siempre un amor a los más necesitados. En este sentido nos dice hoy Cristo en su evangelio que la señal del cristiano es un amor semejante al suyo: un amor redentor.

2.- Diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios. Pablo y Bernabé fueron dos maravillosos predicadores del evangelio de Jesús; los dos tuvieron que sufrir muchísimo para llevar a cabo la misión que el Señor les había encomendado. Ahora, en este texto, les dicen ellos a los otros discípulos que no se desanimen ante las dificultades que tienen para llevar a cabo su misión evangelizadora. La cruz acompañó a Cristo en su camino hacia el Padre; la cruz seguirá siempre acompañando a los auténticos discípulos de Cristo. El que quiera seguir a Cristo que tome su cruz y le siga, pero que la lleven siempre con amor y por amor, como el mismo Cristo la llevó. Los cristianos tenemos que ponernos al servicio de Dios, al estilo de Cristo, para que Dios por medio de nosotros siga manifestando su amor al mundo. Sabemos que para realizar bien nuestra misión tendremos que sufrir mucho, pero sabemos también que, si aceptamos este sufrimiento con amor cristiano, Dios puede hacer cosas grandes por medio de nosotros.

3.- Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva… Y escuché una voz potente que decía desde el trono: esta es la morada de Dios con los hombres, acampará entre ellos. Hacia este cielo nuevo y hacia esta tierra nueva caminamos los cristianos: hacia una tierra donde pueda acampar nuestro Dios. Queremos vivir en un mundo donde Dios pueda vivir entre nosotros, bendiciendo nuestro trabajo y nuestros esfuerzos. El mundo en el que vivimos ahora no nos gusta, porque no es un mundo gobernado por el amor de Dios, por un amor redentor, sino gobernado por un egoísmo humano que lleva a la desesperación y a la muerte a millones de personas inocentes. En este mundo nuestro, en esta tierra nuestra, no puede acampar nuestro Dios; caminemos hacia un cielo nuevo y hacia una tierra nueva que sí pueda ser morada de Dios, reino de Dios, como quería nuestro Señor Jesucristo. Que sea el amor, un amor redentor, el que dirija nuestros pasos.


 

3.- LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR

Por José María Martín OSA

1.- La puerta abierta de la salvación. El Libro de los de Hechos pone de relieve que el anuncio del evangelio conlleva muchas veces persecuciones. Jesús fue perseguido y sus primeros discípulos también. Hoy día más de doscientos millones de cristianos en todo el mundo tienen dificultades para vivir su fe. En algunos lugares incluso mueren mártires por seguir a Jesucristo. Lucas menciona por vez primera la erección de presbíteros en las iglesias primitivas. No explica los detalles de su función en la Iglesia, pero está claro que eran nombrados para servir a la comunidad como guías y pastores. La lectura termina con la constatación gozosa de que “Dios ha abierto a los gentiles el camino de la fe”. Esta breve frase recalca la importancia idéntica en el orden histórico-salvífico de Antioquía y de Jerusalén, pues todos, judíos y gentiles, son llamados a la salvación. La imagen de la puerta encierra el significado de que la salvación que Jesucristo ofrece está abierta a todos los hombres y mujeres, de toda raza o condición.

2.- La utopía del «nuevo cielo y tierra nueva", proclamada en el Apocalipsis, puede hacerse realidad. No podemos conformarnos con ninguna injusticia, con ninguna mentira, con ningún dolor gratuito. Buscamos siempre la ciudad ideal, que es la ciudad del ser: la sociedad perfecta, que es la civilización del amor. Un mundo en que no nos hagamos sufrir unos a otros, sino que tratemos de ayudarnos unos a otros. El mundo nuevo no supone la destrucción apocalíptica de éste, sino su transformación progresiva. La vida nueva ya está injertada en este mundo viejo. El Reino de Dios ya está dentro de nosotros. Cuando se llegue a conseguir este ideal, toda la ciudad será sagrada: no harán falta templos, porque Dios habitará en medio de su pueblo.

3.- ¿Por qué Jesús llama «nuevo» el mandamiento de amarnos los unos a los otros? Sólo una vez Jesús calificó de «nuevo» un mandamiento. La víspera de su pasión, Jesús dice a sus discípulos: “Os doy un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros; como yo os he amado, amaos los unos a los otros” ¿En qué es nuevo ese mandamiento? ¿Acaso no se pide ya en el mandamiento antiguo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”? Jesús da una nueva medida al amor. Dice “como yo os he amado” en el momento mismo en el que, por amor, entrega todo. “Antes de la fiesta de la Pascua, Jesús, amando a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. Comienza a lavar los pies diciendo: “Es un ejemplo que os doy”.

4.- Ahora será glorificado desde el amor. Precisamente, antes del mandamiento nuevo se encuentra una palabra enigmática: “Ahora el Hijo del Hombre será glorificado”. ¿De qué modo Cristo será glorificado antes de entrar, por medio de la cruz y de la resurrección, en la gloria de su Padre? Ya ha sido glorificado porque su gloria es amar. Es por ello que ahora, cuando «ama hasta el extremo», su gloria se manifiesta. Judas ha «salido de noche» para entregarlo. Pero Jesús no padece pasivamente el acontecimiento: entregado, se da a sí mismo, continúa amando en una situación que parece sin esperanza. Es ésa su gloria. Con el mandamiento nuevo, Jesús asocia a sus discípulos a lo que Él ha vivido, les hace capaces de amar con El ama. Oró en esa tarde: “Que el amor con el que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos.” A partir de ahora Jesús les habitará como amor, amará en ellos. No sólo da una palabra para que la observen; se da El mismo. Con el don del mandamiento nuevo Jesús hace don de su presencia. Si ponemos en práctica este mandamiento habremos conseguido instaurar la “civilización del amor”, de la que hablaba Pablo VI.


Fuente: www.betania.es

 

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