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Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.

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La Homilía de Betania: V Domingo del Tiempo Ordinario. 10 de Febrero de 2013

La Homilía de Betania: V Domingo del Tiempo Ordinario. 10 de Febrero de 2013

1.- PORQUE TÚ LO QUIERES, VOLVERÉ A LANZAR MI RED…

Por Antonio García Moreno

1.- CUANDO DIOS LLAMA.- Isaías contempla, entre extasiado y atónito, el grandioso espectáculo que se despliega ante sus ojos. Los cielos se han abierto, todo ha desaparecido de su vista, la opacidad de las cosas terrenas ha quedado bañada por la brillante policromía del mundo de la luz. Y allá, en lo alto, en lo más excelso, está sentado el Señor, llenando con su esplendor el recinto del templo.

Un canto nunca oído, una melodía jamás escuchada, una sinfonía inefable suena. La letra de esa música es tan sencilla como sublime: ¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria...! Y temblaban las jambas de las puertas al clamor de sus voces, y el templo estaba lleno de humo. Una visión rutilante y terrible, una mezcla de paz y de horror. El profeta exclama asustado: ¡Ay de mí, está perdido!

Quizás por eso, Dios mío, té escondes. Quizás por no asustarnos te ocultas tras este mundo que has hecho de la nada. Sí, eso es más asequible para nosotros. Pero tenemos el peligro de no descubrirte, de quedar insensibles ante una flor abierta al rocío irisado, ante el espectáculo radiante de una alborada, ante el río que sigue su trote entre las piedras y los árboles. Tenemos el peligro de no pensar en ti cuando la noche llega, cuando nace la mañana, cuando la muerte pasa, cuando la vida empieza. No te pido que aparezcas ante nuestros ojos como apareciste ante el profeta Isaías. Pero sí te pido que sepamos descubrirte, y adorarte, tras el bello y sencillo transcurrir de todos los días.

Está temblando el profeta. Lo había dicho el Señor a Moisés: No puede verme hombre alguno y vivir. Por eso Isaías espera, de un momento a otro, rodar por tierra sin vida. Es el terror ante Dios, ese sentimiento que tiene el hombre cuando siente la grandeza y el poder divinos. Sentimiento tan lejano de esa apatía y frialdad del hombre sin sensibilidad religiosa, incapaz de percibir, ni de lejos, el mundo de lo sobrenatural.

Danos fe, Señor. Abre nuestros ojos, te lo pedimos otra vez, para que podamos reconocerte, sentirte presente en el fondo de nuestra alma. Y haz que temamos con el temor santo que es el principio de la sabiduría. Danos un respeto hacia ti, tan profundo que nos haga temblar ante la sola posibilidad de ofenderte.

Entonces podremos responder a la llamada del Señor y, con los mismos acentos que el profeta Isaías, decirle: Aquí me tienes, envíame a donde tú quieras. Apoyado en tu poder y confiando en tu amor seré capaz de las más grandes hazañas... Sin darnos cuenta, el temor se habrá cambiado en esperanza, el miedo en la intrepidez de la fe.

2.- ECHAD LAS REDES.- A orillas del lago de Genesaret tuvieron lugar muchos encuentros de Jesús con la muchedumbre. Paisaje sencillo de barcas y pescadores, de montañas, de aguas claras y azules. También allí llamó el Maestro a los primeros apóstoles que eran pescadores y siguieron siéndolo después. Aquellos momentos han quedado en la vida cristiana como ejemplo y modelo de esos otros encuentros que, a lo largo de la historia, se han ido repitiendo. Entregas generosas y decididas a este Señor y Dios nuestro que sigue cerca de nosotros, para llamarnos a colaborar con él en esta tarea de salvar a todos los hombres que existen y que existirán.

Hoy se nos narra una de las pescas milagrosas que aquellos pescadores lograron gracias a la fe que tenían en Jesús. Con la sinceridad de siempre, Pedro dice al Maestro que están cansados de lanzar la red durante toda la noche, sin conseguir nada. Pero por darle gusto, por obedecerle harán otra tentativa. Lección meridiana de confianza total en el poder de Dios, ejemplo de audacia en acometer las más difíciles y arriesgadas empresas, incluso las que nos parecen imposibles. Hay que decir como Pedro: Señor, porque tú lo quieres, volveré a lanzar mi red. Estemos seguros de que nuestro intento y nuestro esfuerzo no quedarán sin fruto abundante, más del que nosotros pensamos.

Después del prodigio, Pedro se siente anonadado, indigno de ser amigo de Jesús de Nazaret. Apártate de mí, le dice, que soy un pecador. Es una reacción lógica y hasta buena. Todo el que comprenda la grandeza de Dios y piense en su propia miseria, ha de sentirse indigno de ser amigo del Señor, incapaz de hacer nada bueno y, mucho menos, de entregarse a su servicio y consagrar la propia vida a su inmenso amor. Al mirar nuestra condición de pecadores, nos asustamos de la cercanía de Dios, nos sentimos manchados en su presencia. Uno quisiera huir y contemplar de lejos, casi a escondidas, la magnificencia y bondad del Señor.

Y sin embargo, Jesús elige a ese pobre pecador que era san Pedro. No temas, le dice, desde ahora serás pescador de hombres. Entonces aquel hombre rudo, avezado sólo en barcas y peces, se olvida de sí mismo y, como hizo antes, obedece a la voz de Cristo y se fía plenamente de él. Cuando llegue el momento, echará otra vez sus redes, ahora tejidas de palabras y oraciones, de gozosas renuncias, y de nuevo se repetirá el milagro de una pesca milagrosa. El primer momento de Pentecostés se repetirá mil veces en la persona de otros que, como Pedro y a pesar de su propia condición, confíen plenamente en la palabra de Jesucristo y echen, animosos e incansables, sus redes en todas las aguas y los vientos del mundo.


 

2.- REMAR MAR ADENTRO HOY

Por José María Martín OSA

1.- La vocación de Isaías, un ejemplo de disponibilidad. La visión del rey Yahvé, rodeado de serafines, la purificación con el tizón encendido, la pregunta de Dios y la dispuesta contestación del profeta son de una belleza literaria incomparable. ¿Cómo puede un hombre de labios impuros hacerse eco de la gloria de Dios? ¿Cómo puede participar en su alabanza? ¿Cómo puede tomar en sus labios el santo nombre de Dios y su palabra? ¿Cómo puede llevar esa palabra a un pueblo que es también un pueblo de labios impuros? No es miedo alocado ni terror lo que invade al profeta; es el sentimiento radical del pecador ante la santidad transparente de Dios, que le hace incapaz de mantenerse en su presencia. Ahora bien, Isaías se tranquiliza ante la revelación de un Dios que le purifica y le llena para hacer de él su enviado, para confiarle una misión: "Vete y di a ese pueblo...". El profeta, con disponibilidad total, salvará la distancia entre el Dios santo y su pueblo. Es esa disponibilidad lo que conservará la pureza de sus labios y lo que hará que la palabra de Dios llegue sin adulteraciones al pueblo que ha de escucharla. Con la misma disposición que María se someterá a los designios de Dios, ahora el profeta acepta voluntariamente la misión que se le encomienda: "Aquí estoy, mándame".

2.- La Buena Noticia es que Cristo ha resucitado. Pablo, en la Carta a los Corintios sale al paso de la tendencia relativizadora de todo y de todos, recordando lo que está por encima de todo partidismo o ideología: la buena noticia de la muerte y resurrección de Jesús. Porque éste es el acontecimiento único que hace feliz a la humanidad: Jesucristo ha resucitado y nos resucitará a nosotros. Este es el corazón del mensaje cristiano. No quiere terminar su carta sin recordarles el Evangelio que les predicó y que ellos aceptaron, el Evangelio que es lo único que puede salvarles si es que no lo han olvidado. Porque tiene sus dudas al respecto, ya que algunos niegan la resurrección de los muertos.

3.- “Rema mar adentro”. La predicación de Jesús, el milagro de la pesca y la decisión de abandonarlo todo para seguir al Maestro, marcan tres momentos psicológicos en el proceso de la vocación de los apóstoles. La "señal" o el milagro refuerza las palabras de Jesús y aumenta su credibilidad ante los que van a ser sus discípulos en adelante. La invitación a internarse en alta mar conlleva el riesgo a afrontar los temporales tan frecuentes como inesperados en el lago de Tiberiades. Toda la tradición exegética se ha recreado glosando este pasaje, interpretando la barca de Pedro como figura de la iglesia de Cristo. En este sentido resultan sugerentes las palabras de Jesús: "Rema mar adentro y echa las redes para pescar". El riesgo de la pesca de altura, en medio del temporal, viene compensado por la abundancia de la pesca. En esta sociedad de la increencia es necesario más que nunca “remar mar adentro” para proponer la fe en las personas alejadas. Las palabras de Jesús confortan a Pedro y le capacitan para la misión que ha de recibir. Pedro y sus compañeros, seguros en el que los envía, podrán aceptar responsablemente la vocación de ser en adelante "pescadores de hombres". Esto no debe entenderse en un sentido proselitista, de "echar el gancho" o de servirse de tretas para que la gente "pique". Echar las redes tiene aquí el sentido de sembrar o de anunciar generosamente la palabra de Dios, confiando en la virtud de esta palabra y en Dios que es el que da el incremento y la cosecha.

4.- “No hay justicia sin igualdad”. Con este lema Manos Unidas continúa presentando los distintos Objetivos de Desarrollo del Milenio, centrando este año su trabajo en el Objetivo número 3 “Promover la igualdad de sexos y la autonomía de la mujer”. La presente Campaña quiere ser una llamada a la conciencia de la sociedad para que colabore en la defensa efectiva del desarrollo integral de cada persona, hombre y mujer, y del ejercicio de todos y cada uno de sus derechos fundamentales, gravemente conculcados y numerosas partes del mundo. Son muchos los países, los hábitos y las circunstancias en las que la mujer padece las consecuencias de la desigualdad. En todo el mundo, muchas mujeres son víctimas de la violencia física, sexual y psicológica, incluyendo la violación como arma de guerra. En Manos Unidas se da la mano a las personas que están en la orilla del camino del desarrollo, que sufren hasta lo inimaginable la discriminación. Por ellas, y para que su progreso se corresponda con su propia dignidad, trabaja Manos Unidas buscando siempre la igualdad entre hombres y mujeres en los países más desfavorecidos, desde la ejecución de los proyectos que apoyamos, y desde la educación para el desarrollo, proponiendo soluciones eficaces. Esas soluciones para promocionar la desigualdad exigen un claro compromiso: capacitar a las mujeres para superar las desigualdades estructurales y para favorecer que tanto, ellas como los hombres, participen en igualdad de condiciones en las acciones para su crecimiento personal, el de sus familias y el de sus comunidades. Seguir a Jesús es prestar nuestra colaboración para que se acaben las injusticias y las desigualdades económicas y sociales.


3.- TRABAJAR DURO Y CONFIAR EN CRISTO

Por Gabriel González del Estal

1.- Nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes. Todos hemos pasado por algunos momentos malos, en los que no veíamos posibilidad alguna de conseguir lo que buscábamos y nos entraron ganas de abandonar y tirar la toalla. Pero alguien que nos conocía y nos quería bien nos animó a seguir luchando y, al fin, después de mucho trabajo y esfuerzo, conseguimos salir adelante. Si esto puede pasar en el orden puramente material de los negocios y empresas humanas, con mucha más razón debemos confiar los creyentes que pasará en el orden de nuestras luchas y afanes espirituales. La confianza en Dios y en la palabra de Cristo debe ser para nosotros una fuerza que nos fortalezca interiormente y una luz que nos guíe en nuestro diario caminar. Simón tenía razones suficientes para sacar las redes a la playa y descansar sosegadamente aquella noche; de pesca sabía él tanto, por lo menos, como el Maestro. Pero para Simón no se trataba tanto en aquel momento de dejarse guiar por sus conocimientos, sino de confiar ciegamente en la palabra de su Maestro espiritual. Sabía Simón que Jesús le quería y que, por eso, de ninguna manera le iba a aconsejar algo que fuera malo para él. También “el milagro de la pesca milagrosa”, tal como nos lo narra hoy Lucas en su evangelio, debe ser para nosotros un signo de la fuerza y de la eficacia de nuestra confianza en Dios y en la palabra de Cristo. ¡La fe mueve montañas! Trabajemos nosotros duro, rememos y breguemos con entusiasmo y dejemos que sea Dios el que, al final, nos ayude a conseguir lo que nosotros, por nuestras solas fuerzas, no éramos capaces de conseguir.

2.- No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Las tres lecturas de este domingo nos hablan del tema de la vocación, de la llamada que Dios hace a las personas para que realicen una determinada misión en su vida. Los compañeros de Simón se habían quedado sobrecogidos y admirados ante la magnitud de la pesca recogida; la palabra del Maestro había sido una palabra de una eficacia sobrehumana. Sin duda su Maestro era una persona admirable y bendecida por Dios, ante la cual ellos, pecadores, sólo podían arrodillarse y obedecerle. Esa era la condición previa que Jesús quería de ellos, antes de hacerles pescadores de hombres: que no confiaran tanto en sus saberes y en sus propias fuerzas, que se fiaran absolutamente de Dios. Simón y sus compañeros habían aprendido la lección y “dejándolo todo, lo siguieron”. Esta debe ser la actitud de toda persona que se siente llamada al apostolado: remar y trabajar duro, pero, al final, reconociéndose débiles y pecadores, fiarse de Dios y trabajar en su nombre.

3.- Contesté: aquí estoy, mándame. La vocación del profeta Isaías se realizó, algunos siglos antes, en una situación muy parecida a la vocación de Simón y de sus compañeros, tal como acabamos de ver y analizar. También el profeta Isaías se sintió llamado por Dios a la misión profética después de haber experimentado, ante una teofanía excelsa, su propia indignidad e impureza: “yo, hombre de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos”. Sintiéndose purificado por Dios, se puso incondicionalmente a su servicio. El profeta Isaías, como más tarde María de Nazaret y Simón y sus compañeros, se ofreció a Dios desde la humildad y el reconocimiento de su pequeñez, consciente de que el Señor levanta a los humildes y destrona a los soberbios. Sabiendo que si buscaba su propia gloria, nunca podría encontrar la gloria de Dios.

4.- Por último, se me apareció también a mí. Todos conocemos de memoria la llamada que Dios le hizo a Pablo, su vocación, en el camino de Damasco. Primero le derribó del caballo y después le hizo su apóstol. San Pablo, antes de su conversión, era un judío valiente, honrado y comprometido con la defensa de su religión, que quería exterminar a sus enemigos con la fuerza de su propio brazo. Pero cuando Cristo le derriba del caballo se da cuenta de su propia fragilidad, de que nada puede por sí mismo, de que sólo vaciándose de sí mismo podía llenarse de Dios. Él, mirándose a sí mismo, se consideraba el último de los apóstoles, pero con la fuerza de Cristo había trabajado como el que más. Porque, como él mismo nos diría más tarde, sólo “por la gracia de Dios, soy lo que soy”, porque “todo lo puedo en Aquel que me conforta”. También la vocación de Pablo, como antes la vocación del profeta Isaías y la de Simón y sus compañeros, estuvo precedida por el reconocimiento de su propia fragilidad y de su propio pecado, de su previa conversión a Cristo, del reconocimiento previo de la grandeza de Dios.

Fuente: www.betania.es

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