Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.
La Homilía de Betania: XIII Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C.30 de junio de 2013
1.- JESÚS NOS INVITA A SEGUIRLO CON RADICALIDAD
Por José María Martín OSA
1.- Consagración y misión. El profeta Elías echa su manto sobre Eliseo para significar que le transfiere la misión profética. Es como una imposición de manos: el vestido era considerado como parte de la persona que lo vestía. Por lo tanto, el gesto de Elías significa que Eliseo participa desde este momento del espíritu de Elías. Esta concepción acerca del vestido la vemos claramente en el caso de Jonatán que, queriendo expresar su amistad con David y hacer un pacto con él, le entregó su manto y David, vestido con el manto de su amigo, participó de su fortaleza, de suerte que tuvo éxito en todas sus empresas bélicas. Nosotros hemos recibido en el Bautismo la consagración con el Santo Crisma, que nos compromete a ser auténticos testigos de Jesús y profetas de la liberación y la esperanza. En la Confirmación recibimos por la imposición de manos la fuerza del Espíritu, que nos trasforma y nos envía a anunciar el Evangelio
2.- Vivir en libertad. San Pablo, en la carta a los Gálatas, nos dice que el auténtico y recto ejercicio de la libertad acontece en el mutuo servicio del amor. Libertad es ponerse a disposición de Dios. Los deseos de la carne, es decir, el egoísmo, el servirse a sí mismo, llevan a morderse y devorarse mutuamente; llevan a la misma destrucción, a la que conduce la ley. El filósofo Hobbes dijo que el hombre es un lobo para el hombre, “homo homini lupus”. El amor auténtico, en cambio, es liberación del propio yo y se desarrolla sirviendo a los demás. ¿Cómo perseverar en la libertad del amor?: con la guía y la fuerza del Espíritu. Este se impone frente a la carne solo cuando nos abrimos a él y nos decidimos por él. Es entonces cuando dejamos de estar bajo el dominio de la ley y empezamos a ser libres. El creyente realmente libre es el que se considera "esclavo" de Cristo: soy de Cristo y estoy al servicio de mis hermanos. De ahí nacen alegría y paz.
3.- La radicalidad del seguimiento de Jesús. El episodio del evangelio de hoy ocurre de camino hacia Jerusalén. Viene un escriba que pide ser admitido entre sus seguidores. Es hermosa su disposición. Quiere seguir a Jesús a todas partes. Jesús no contesta con una negativa ni con una aprobación. Solamente muestra lo que aguarda el que le quiera seguir. Porque llegar a ser discípulo de Jesús no solamente significa ir a su escuela para "aprender" algo. Sobre todo significa compartir la vida propia de Jesús. Después del escriba viene un discípulo y pide a Jesús que antes de reunirse con él pueda cumplir los deberes de piedad con su padre. Esta espera podría durar un prolongado período de tiempo. La respuesta de Jesús parece sumamente rigurosa: “Sígueme”. Este seguimiento es mucho más importante y urgente que cualquier obligación filial. “Deja a los muertos que entierren a los muertos”. La decisión de seguir a Jesús como discípulo lleva de la muerte a la vida. El que no es discípulo de Jesús, que no ha aceptado su mensaje del reino y de la vida eterna, está en la muerte. Las respuestas de Jesús en cuanto al seguimiento hay que entenderlas en la capacidad de sugerencia que adquiere el lenguaje en una cultura de tipo oral: no es tan importante lo que se dice cuanto lo que se quiere decir. El contenido de las propuestas de Jesús significan, pues, que seguirle, condición de todo discípulo, exige disponibilidad total, radicalidad de entrega y coherencia.
2.- EL RADICALISMO EVANGÉLICO
Por Gabriel González del Estal
1.- El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios. El radicalismo evangélico no puede significar intransigencia, o incomprensión, ni mucho menos violencia. El radicalismo evangélico sí significa renunciar a todo lo que se oponga a la realización del reino de Dios predicado por Jesús. Radicalismo evangélico es no renunciar nunca a lo fundamental, a la raíz, a la esencia del mensaje evangélico. En el evangelio, como en cualquier código ético, como en cualquier religión, hay siempre unos principios fundamentales, unas normas o mandamientos, que son innegociables, porque son como los cimientos sobre los que se han construido todo el edificio religioso. Todos sabemos que, en el evangelio, el mandamiento fundamental es amar a Dios y al prójimo, como Cristo nos amó. Todo lo que vaya contra el mandamiento del amor cristiano es anticristiano. En este sentido debemos juzgar las actitudes radicales de Santiago y Juan, y del mismo Jesús, de las que se nos habla en el evangelio de este domingo. Santiago y Juan querían matar, en nombre de Dios, a los habitantes de Samaria que no habían querido dar alojamiento a Jesús, en su camino a Jerusalén. Santiago y Juan, en este caso, eran radicales con un radicalismo destructor que, en nombre de Dios, querían matar a unas personas humanas porque no pensaban como ellos. Jesús les regaña, desaprueba su radicalismo. En cambio, en los otros tres casos siguientes, lo que Jesús quiere dar a entender a sus discípulos es que lo primero es anunciar el reino de Dios y que deben renunciar a todo lo que se oponga a eso. Si el amor a los bienes materiales, o el amor a los padres, es un obstáculo para seguirle a él, deberán renunciar entonces a los bienes materiales, y a la misma familia. Los bienes materiales son buenos en sí mismos, la familia es buena en sí misma, pero cuando se convierten en un impedimento para seguir a Jesús es necesario renunciar a ellos. En esto, sí deben ser radicales.
2.- Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo. Elías le dijo: ve y vuelve; ¿quién te lo impide? En este caso, vemos que el profeta Eliseo quiere despedirse de sus padres, antes de seguir al profeta Elías, y a este le parece muy bien que vaya antes a despedirse de sus padres. El amor a sus padres no impedía al profeta Eliseo seguir al profeta Elías, por eso éste le permite que vaya a despedirlos. También aquí hay radicalismo, pero del bueno; una vez que el profeta Eliseo se ha despedido de sus padres, renuncia a sus bienes, ofrece un sacrificio a Dios, convida a los amigos y se pone a disposición del profeta Elías. Nuestros radicalismos no tienen por qué ir nunca contra el amor a la familia y al prójimo, en general, sino todo lo contrario: debemos ser radicales para amar y servir a Dios y al prójimo, usando todo lo que somos y tenemos a la mayor gloria de Dios. Esto es radicalismo evangélico.
3.- Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. En esta carta a los Gálatas, Pablo nos hace un maravilloso elogio de la libertad cristiana. La libertad cristiana es vivir según el Espíritu, sin dejarnos guiar y conducir por nuestras tendencias corporales y por nuestras pasiones. Los grandes santos siempre han sido las personas más libres del mundo, porque se han dejado guiar por el Espíritu de Jesús, aunque muchas veces hayan tenido que sufrir por esto incomprensiones y hasta persecuciones. Lo importante es saber discernir en cada caso qué es lo que nos dice el Espíritu. También para esto nos vale el consejo que da aquí san Pablo a los cristianos de Galacia: sed esclavos unos de otros por amor. Recordemos las frases del apóstol, en este mismo sentido: si no tengo amor, de nada me sirve todo lo demás. Sólo el amor salva; es el radicalismo del amor, tal como lo predica san Pablo en muchas ocasiones.
3.- NUESTRA VOCACIÓN ES LA LIBERTAD
Por Pedro Juan Díaz
1.- Al leer el Evangelio de hoy y ver las respuestas que da Jesús a los que quieren ser discípulos suyos me ha surgido una pregunta: ¿qué hace falta para seguir a Jesús? A cada uno de los tres les da una respuesta, como si les pusiera un “pero”. Ellos le dicen: “Señor, queremos seguirte”. Y Él les contesta como diciendo: “vale, pero…”. Al primero le dice que Él no tiene casa, no tiene un sitio fijo donde quedarse, sino que va de aquí para allá, y si quiere seguirle, que no busque estabilidad. Al segundo y al tercero les dice que en algunas ocasiones tendrá que primar el Reino de Dios por encima de los deberes familiares o las relaciones con la propia familia. ¿Qué es lo que les está pidiendo Jesús, en el fondo?
2.- Si hiciéramos una encuesta a la salida de la Iglesia y preguntáramos ‘¿qué hace falta para seguir a Jesús?’, imagino que las respuestas serían de lo más variado. Yo creo que la Palabra de Dios hoy dice que para seguir a Jesús hace falta ser libres. Puedes pensar que es una respuesta muy simple, porque a nadie nos obligan a ser cristianos, y si estamos aquí es porque queremos. Pero me gustaría que os fijarais en dos expresiones de las lecturas de hoy que nos pueden ayudar a entender esta respuesta.
3.- La primera está en la primera lectura. El profeta Elías escucha a Dios que le dice que elija a Eliseo como sucesor suyo. Elías se marcha a buscarlo y “le echó encima el manto”, signo de la elección de Eliseo como nuevo profeta. En seguida Eliseo, que está arando con los bueyes, suelta el yugo y le pide que le deje despedirse de sus padres. Y la respuesta de Eliseo es: “ve y vuelve, ¿quién te lo impide?”. Con esa frase Elías le da a entender a Eliseo que la respuesta que ha dado a la elección como profeta nace de su propia libertad. Dios no nos quiere con Él obligados, sino libres, muy libres. Eres libre, responde con fidelidad a tu vocación, a lo que has descubierto que Dios quiere de ti, no porque nadie te lo imponga, sino porque sabes que esa respuesta te va a hacer feliz. ¿Y qué hay más importante en esta vida que ser feliz?
4.- La segunda expresión es de San Pablo en la segunda lectura. Continuamos leyendo la Carta a los Gálatas, a través de la cual Pablo quiere evitar que los cristianos de esa comunidad, que antes eran gentiles, provenientes del paganismo, sucumban a la presión de aquellos que pretenden someterles a la ley judía. San Pablo les dice y nos dice: “para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado… no os sometáis a ningún yugo… vuestra vocación es la libertad”. Y la libertad hace que seamos “esclavos unos de otros por amor”. Y ahí está el elemento fundamental de la cuestión, una vez más EL AMOR.
5.- No podemos querer ni a Dios ni a nadie por obligación. Si decimos que le queremos es por amor y el amor siempre nace unido a la libertad. “Sólo desde el amor la libertad germina” dice un himno de la liturgia de las horas que rezamos los sacerdotes, y “sólo desde la fe va creciéndole alas” al amor. La fe en Dios, el seguimiento de Jesús, hunde sus raíces en el amor de un Dios que nos amó primero, de manera libre, generosa y gratuita, sin nosotros pedirlo, ni merecerlo. Por ese amor primero nace también nuestra respuesta libre y generosa de amor, que se convierte en COMPROMISO.
6.- Si todo lo que hacemos en la iglesia, o por los demás, o en nuestras casas, o en los espacios donde empleamos nuestro tiempo diario, no nace del amor, en lugar de compromiso será una “carga insufrible” que acabaremos por dejar y que no nos habrá ayudado a crecer y madurar como personas y como cristianos. Seremos como esos Gálatas que cedieron ante la presión de someterse a una ley, la judía, que no les decía nada, pero con la que había que “cumplir”. De ahí las respuestas de Jesús a los que querían seguirle. Porque, en el fondo, el amor gratuito de Dios, la experiencia de sentirse amado sin esperar nada a cambio, compromete muchísimo más que seguir unas normas o unas leyes, y es más liberador que cualquier ley o mandamiento. El amor de Dios, manifestado en Jesucristo de forma plena, libera “esclavizando” por amor.
7.- Amor, libertad y compromiso son tres pies que sostienen nuestra fe, o por lo menos así ha de ser. La Eucaristía semanal deja de ser una carga, o un mandato, o una obligación, y se convierte en un momento celebrativo, de fiesta, de agradecimiento a Dios y de encuentro con los hermanos. Todo lo que queráis hacer por Dios, ofrecerle o entregarle, que sea por amor y desde la libertad. Y también con valentía, porque “el que echa mano al arado y sigue mirando para atrás no vale para el reino de Dios”.
Proclamemos juntos nuestra fe en el Dios que nos amó primero, gratuitamente, y que espera nuestra respuesta libre y nuestro seguimiento por amor.
Fuente: www.betania.es