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Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.

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La Homilía de Betania: XIX Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C. 11 de agosto de 2013

La Homilía de Betania: XIX Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C.11 de agosto de 2013

1.- CONFIANZA Y VIGILANCIA

Por Pedro Juan Díaz

1.- La historia de nuestra fe y, en el fondo, de nuestra vida, es precisamente eso, historia, o mejor dicho, parte de una historia. Nuestra propia vida se escribe en la historia de la salvación de la humanidad. Nuestra fe tiene su origen en la historia de salvación de un pueblo en el que Dios puso su mirada y su promesa. La fe cristiana, como la judía, se fundamenta en que Dios actúa en la historia, promete su salvación y cumple lo que promete. La salvación de Dios se realiza en la historia, ¿qué hay que hacer para recibirla? Ya sabemos que no se trata de “hacer”, sino de ACOGER, es un regalo.

2.- De tantos aspectos de la Palabra de Dios de hoy, nos podríamos quedar con una frase, la primera de Jesús en el Evangelio: “no temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino”. Esa es la promesa de Dios, que se va cumpliendo en nuestra historia, en nuestras propias vidas. Para acoger ese reino que Dios nos regala, el Evangelio nos propone dos actitudes: la confianza y la vigilancia.

3.- La confianza nace de la fe, y la fe –dice la Carta a los Hebreos– “es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve”. También la fe se convierte en historia de salvación, de una salvación prometida por Dios y en la que el pueblo ESPERA. Abrahán, Isaac, Jacob, Sara… todos ellos y muchos otros, hasta hoy, esperaron y esperamos esa salvación con una confianza muy grande en que Dios cumple sus promesas. Dios nos invita a acoger la salvación como un regalo, un regalo que nos viene de Él, que es nuestro Padre, que nos ama y a quien amamos y en quien confiamos plenamente. Para acoger la salvación es necesario CONFIAR en nuestro Buen Padre Dios.

4.- La segunda actitud es la VIGILANCIA, que implica no quedarnos de brazos cruzados, pasivos y cómodos. “Estad preparados”, dice el Evangelio, “tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas”. La vigilancia nos hace estar en actitud de prestar atención a la vida, porque a través de ella descubrimos la acción de Dios. La vigilancia implica seguir buscando en nuestro caminar creyente, buscando a Dios en lo cotidiano, para que nuestra fe crezca, para que nuestra confianza en el reino se haga realidad cada día un poquito más, para que nuestra esperanza sea más contemplativa, mirando adelante, hacia el futuro. Vigilancia es querer vivir la vida con autenticidad, en tensión, siendo fiel a los propios ideales, descubriendo a Dios muy cerca de nosotros, caminando a nuestro lado.

5.- Nuestra historia de fe se remonta a las dos pascuas, la del pueblo de Israel y la de Jesucristo. Esta última es la que sustenta nuestra fe cristiana. Cada Eucaristía es recuerdo de esa pascua de resurrección. Dios está cerca, está aquí, está en medio de nosotros, y se convierte en alimento para nuestro caminar y para nuestras búsquedas. Es el Dios que cumple sus promesas.


2.- CONFIAR EN DIOS Y NO EN LO MATERIAL

Por José María Martín OSA

1- Dios está a nuestro lado. El Libro de la Sabiduría recuerda la actuación de Dios a favor del pueblo. La promesa de Dios sostiene el ánimo de los que pasan la prueba de la fe, lo mismo ayer que hoy. El creyente israelita tiene la seguridad interna de que Dios actúa en la historia entonces como ahora. Si entonces les libró de la opresión ¿por qué no ahora? El creyente de hoy, más que estar preparado y en pie para comer la pascua, tiene que estar en una actitud real de ayuda mutua y de lucha codo con codo contra lo que es contrario a la sabiduría y a la voluntad de Dios: la falsedad que engendra toda injusticia, la tranquilidad engañosa del tirano, cualquier degradación del hombre, las falsas felicidades que el mundo ofrece….

2.- La confianza puesta en Dios. La carta a los Hebreos va dirigida a unas comunidades que viven en medio de un mundo hostil. A muchos cristianos les parecía que el evangelio era una utopía poco menos que irrealizable y empezaban a desfallecer ante las persecuciones, algunos abandonaban incluso la iglesia. Por eso el autor les exhorta a la perseverancia y a la fidelidad. Recurre, para conseguir el efecto deseado, a los ejemplos bíblicos, sobre todo al ejemplo de Abrahán. No pretende dar una definición de la fe, sino destacar aquellos rasgos fundamentales que obtuvo la fe en los grandes creyentes y que convenía recordar a los que vacilaban: la firmeza en la esperanza, que anticipa los bienes futuros, y el convencimiento de lo que aún está por ver y por venir. La fe, como respuesta a la palabra de Dios que tiene el carácter de promesa, es inseparable de la esperanza. De ahí que la fe sea siempre un éxodo, una salida, el comienzo de un camino hacia el futuro de Dios que trae la salvación. El que cree está siempre de paso, vive como un extranjero, como un nómada. Así vivió Abrahán, incluso en la tierra que Dios le había prometido.

3.- “Estad preparados”, nos dice Jesús. No lo dice para meternos miedo, sino para darnos confianza. Él ha hecho un descubrimiento: "El Reino se parece a un tesoro escondido en el campo; si un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y de la alegría va a vender todo lo que tiene y compra el campo aquél". Desde este descubrimiento puede Jesús hablar e invitar a la confianza como lo hace. Cuando se ha encontrado un tesoro, ¿qué importa la calderilla? ¿Qué miedo se puede tener a desprenderse de la calderilla? La atención y el interés estarán en el tesoro, no en la calderilla. "Buscad primero el Reino y esas otras cosas (alimento, vestido, etc.) las tendréis de sobra", son las palabras inmediatamente anteriores a las del evangelio de hoy. Secundar la invitación de Jesús a desprenderse de las propias posesiones es lo mismo que secundar una invitación a desprenderse de la calderilla cuando se tiene un tesoro. Jesús no te invita a quedarte sin nada, sencillamente porque antes ya lo tienes todo. Le tienes a Él y la plenitud de vida que Él te regla. No tengas, pues, miedo a dejar el dinero. Pon tu corazón en lo que de verdad importa.


3.- DIOS QUIERE QUE SEAMOS ADMINISTRADORES FIELES Y SOLÍCITOS DE NUESTRA PROPIA VIDA

Por Gabriel González del Estal

1. ¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Todos sabemos lo difícil que es administrar fiel y solícitamente una empresa y administrar bien, en general, la vida de los demás. Que se lo pregunten a nuestros políticos y gobernantes. Pero yo creo que gobernar bien nuestra propia vida es aún más difícil que administrar bien la vida de los demás. Porque el egoísmo, la ambición, las apariencias interesadas, la insinceridad y la vanidad, nos ciegan tremendamente y nos impiden vernos a nosotros mismos con imparcialidad y realismo. La parábola del evangelio de hoy no va dirigida a los gobernantes y administradores en general, sino que va dirigida directamente a sus discípulos, a “su pequeño rebaño”. A ellos les dice que deben estar siempre preparados para que cuando llegue el amo, el Señor, les encuentre en vela, dispuestos a abrirle la puerta en cuanto llame, porque, “a la hora que menos piensen, vendrá el Hijo del hombre”. Un cristiano, un discípulo de Cristo, debe entender siempre su vida aquí en la tierra como una preparación para la vida eterna. Este mundo es camino para el otro, que es morada sin pesar; y cumple tener buen tino para andar este camino sin errar”. El negocio más importante de nuestra vida es nuestra vida misma y nuestra vida aquí en la tierra, hablando en cristiano, debe conducirnos directamente a la vida eterna. Porque, si administramos bien nuestra vida, cuando llegue el Señor “nos hará sentarnos a su mesa y nos irá sirviendo”.

2.- Donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón. Como venimos diciendo, administrar bien nuestra propia vida es vivir de tal modo que seamos dignos de recibir la vida eterna. Y para eso, nos dice Jesús, que lo primero que tenemos que hacer es despegar nuestro corazón del afecto inmoderado al dinero. Si para nosotros lo primero en la vida es el dinero, si tenemos puesto nuestro corazón en el dinero, difícilmente podremos entender el mensaje evangélico. Cristo nos dice que debemos poner el corazón en los valores del reino de Dios, en los valores evangélicos. Esto no es nada fácil, porque el dinero y los placeres de este mundo nos tientan continuamente. Por eso, debemos estar siempre en vela, para que no se introduzca en nuestro corazón el apego al dinero y a los bienes de este mundo. Cristo vivió totalmente despegado del afecto al dinero, preocupado únicamente de los valores del reino. Como cristianos, debemos hacer nosotros lo mismo.

3.- Se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes. En este libro tan tardío de la Biblia, en el libro de la Sabiduría, se nos dice que “los justos piadosos del pueblo judío se habían impuesto una ley sagrada: ser solidarios en los peligros y en los bienes”. Este propósito es siempre válido, para los judíos, para nosotros, los cristianos, y para todo el mundo. La solidaridad es fruto del amor y el amor es la principal virtud de un cristiano. Así nos lo recomendó Jesús y san Pablo no se cansó de repetírnoslo.

4.- Por su fe son reconocidos los antiguos. Los antiguos a los que se refiere el autor de esta carta a los Hebreos son los antiguos del pueblo judío, el patriarca Abrahán, Isaac, Jacob, Sara. Estamos nosotros ahora en el año de la fe; hagamos de nuestra fe cristiana “la seguridad de lo que esperamos y la prueba de lo que no vemos”.


Fuente: www.betania.es

 

 

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