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Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.

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La Homilía de Betania, XVI Domingo del Tiempo Ordinario

La Homilía de Betania, XVI Domingo del Tiempo Ordinario
22 de julio de 2012

1.- LA COMPASIÓN Y LA JUSTICIA COMO MOTORES DE LA EVANGELIZACIÓN

Por Gabriel González del Estal

1.- Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor. La compasión cristiana ha tenido, generalmente, muy mala prensa. Más de un escritor ha dicho que la Iglesia católica ha querido, a lo largo de los siglos, tapar con compasión y obras de caridad el gran agujero negro de su falta de justicia social. Más justicia y menos caridad, nos dicen. Es posible que, en determinados momentos, esto haya sido verdad, pero lo que hoy queremos gritar los cristianos es que en nuestra sociedad hace falta mucha más justicia y mucha más caridad. Es más, si analizamos con profundidad el concepto de justicia evangélica, descubriremos que la verdadera justicia evangélica, la justicia moral cristiana, incluye la caridad. Con la sola justicia legal, con la justicia que dictan los jueces, nuestra sociedad seguirá siendo una sociedad desigual y moralmente injusta. La justicia legal permite que sigan existiendo tremendas injusticias morales. Si Cristo viera hoy las larguísimas colas de parados y hambrientos que acuden diariamente a nuestros centros de Caritas, en nuestras parroquias, seguro que sentiría lástima de ellos y, movido por la compasión, intentaría por todos los medios aliviar su situación. Y lo haría criticando durísimamente una justicia legal que permite que existan, legalmente, situaciones moralmente tan injustas. La compasión no sólo no va contra la verdadera justicia, sino que la promueve y la reclama. Movida por la compasión, la Iglesia Católica debe gritar hoy con todas sus fuerzas contra la tremenda injusticia social de la son víctimas muchísimas personas inocentes y de buena voluntad.

2.- Vosotros dispersasteis mis ovejas, las expulsasteis, no las guardasteis. El profeta Jeremías, en nombre de Dios, dice palabras durísimas a los “pastores” de Israel: se han servido de las ovejas, en vez de servir a sus ovejas. En consecuencia, las ovejas han abandonado a sus pastores, en busca de mejores pastos y de mejores pastores. Dios mismo suscitará un vástago legítimo, que actuará con justicia e impondrá el derecho en la tierra; le llamarán: “El Señor –nuestra- justicia”. Este vástago legítimo es, para nosotros los cristianos, Jesús de Nazaret, el Buen Pastor. Jesús de Nazaret, movido por la compasión hacia los más débiles, vino a instaurar un reino donde triunfara la justicia. ¿Podríamos actualizar este texto del profeta Jeremías aplicándolo a los pastores de nuestra Iglesia Católica? Yo quiero creer en la buena intención de todos los “pastores” que actualmente pastorean a la Iglesia de Cristo. Pero lo cierto es que hoy muchas de nuestras iglesias se están quedando vacías de jóvenes; ¿será por culpa de los “pastores”? La verdad es que yo no lo sé. Pidamos al Buen Pastor que envíe a su Iglesia pastores buenos que, movidos por la compasión hacia los más débiles, luchen contra todo y contra todos para que en nuestra sociedad triunfe de una vez la justicia evangélica que Cristo predicó.

3.- Cristo vino y trajo la noticia de la paz. San Pablo se refiere en este texto a la paz entre los gentiles y los judíos. Cristo superó la Ley de Moisés, ofreciendo una salvación universal a todas las personas de todos los pueblos. La Iglesia de Cristo es una Iglesia Católica, universal, que quiere la paz para todos los pueblos. La paz sólo puede alcanzarse practicando la justicia; la justicia y la paz se besan, dice el salmo y lo repite más de una vez el apóstol Santiago. Busquemos todos los cristianos la paz, practicando la verdadera justicia, la justicia que, movido por la compasión, predicó con su palabra y con su vida nuestro Señor Jesucristo.


 

2.- PASTOREADOS POR EL ÚNICO PASTOR

Por Pedro Juan Díaz

1.- Los discípulos vuelven de la misión a la que Jesús les envió la semana pasada y “le contaron todo lo que habían hecho y enseñado”. Puede parecer demasiado simple, pero una buena manera de rezar, al final del día, es “contarle” a Jesús lo que hemos hecho, revisarlo con Él, ver si hemos sabido descubrirle y encontrarle en la vida y en las personas con las que hemos estado. Por eso me parece muy especial que Jesús reúna a sus discípulos para que le cuenten, para revisar como ha ido la misión.

2.- Por eso les dice: “venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco”. Estamos en tiempo de “descanso”, aunque no para todos. Y es un tiempo que se puede dedicar a revisar como vamos. Pero el descanso a los discípulos les dura poco, porque la tarea continúa, porque el Reino de Dios no descansa, porque “el Señor no se va de vacaciones”. Por eso no podemos desaprovechar este tiempo de verano. Seguimos “conectados” a Él. Y Jesús también quiere estar con nosotros, y nos pregunta cómo nos va, qué nos preocupa.

3.- Porque Jesús es el PASTOR (con mayúsculas). Él se preocupa de nosotros, de cada uno y de todos. A Jesús se le conmueven las entrañas cuando llega con la barca y ve a toda aquella gente que le busca “porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma”. Aquella gente no tenía “pastor”, estaban desamparadas, abandonadas por los dirigentes del pueblo, que no cumplen su cometido. Y Jesús, acercándose a ellos, anuncia la Buena Noticia del Reino de Dios y también denuncia la pasividad de los dirigentes.

4.- Es como Jeremías en la primera lectura. La imagen del pastor y del rebaño es muy usada en el Antiguo Testamento para hablar de la relación de Dios con su pueblo, pero también se asocia la figura del pastor con los dirigentes políticos y religiosos. ¿Puede ser que nos esté pasando eso mismo también a nosotros, que nos sintamos abandonados por nuestros “dirigentes”, que nadie responda a nuestras inquietudes, a nuestras indignaciones, que estemos perdiendo la esperanza?

5.- Las palabras que Dios pronuncia a través del profeta Jeremías son esperanzadoras: “Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas… les pondré pastores que las pastoreen… Suscitaré un vástago legítimo… hará justicia y derecho en la tierra… Y lo llamarán: El-Señor-nuestra-justicia”. El profeta, sin saberlo, está hablando de Jesús. Por eso Jesús tiene lástima de esa gente y muestra la compasión de Dios hacia ellos, hacia las ovejas desamparadas, a las que les promete un futuro diferente, un futuro en el que Él, el Buen Pastor, estará con ellas. Esa es nuestra esperanza, que Dios siempre estará con nosotros, de nuestra parte.

6.- Al celebrar la Eucaristía nos sentimos pastoreados por el único Pastor, Jesucristo. Él nos conduce hacia fuentes tranquilas y repara nuestras fuerzas (Salmo 22). Él, con su muerte en la Cruz, ha reconciliado a judíos y gentiles, a creyentes y no creyentes, ha formado un solo rebaño y nos pastorea con compasión, con misericordia y con amor. Que nuestra relación con las demás personas también sea así. Y que sepamos pedir a nuestros dirigentes que nos “pastoreen” respetando siempre la dignidad de cada persona, por encima de intereses económicos o de cualquier otro tipo.


3.- LAS VACACIONES DE JESÚS

Por José María Martín OSA

1.- Llegará un auténtico pastor. A comienzos del siglo VI a. C., Joaquín, después de reinar solamente tres meses sobre Judá, se rinde a Nabucodonosor, que lo deporta a Babilonia y pone en su lugar a Sedecías. Este, rey por la gracia de Nabucodonosor, que no por la gracia de Dios, es un hombre débil que se deja manejar por sus cortesanos hasta que viene sobre Jerusalén y su templo la ruina definitiva. Personajes como Sedecías llenan las páginas de todos nuestros periódicos. Dirigentes del pueblo pululan y crecen por todas las partes como hierba. Debe ser "una profesión rentable". Todos hablan de "servir" al pueblo, de orientarle, de conducirle a los buenos pastos del bienestar y del progreso; a veces dicen que es "servicio muy pesado", ¿No intentarán más bien "medrar" a costa de las pobres ovejas? Personajes como Sedecías hay muchos; auténticos liberadores, se pueden contar con los dedos de la mano. Las pobres y esquilmadas ovejas aún continúan soñando con un Liberador. El profeta Jeremías anuncia que Dios suscitará a David un "vástago legítimo". Ese vástago de David estará al servicio de la "justicia y el derecho", cosa que no ha cumplido Sedecías, y unificará Israel con Judá en un reino de paz. El vástago llevará un nombre auténtico, aclamado por todo el pueblo: "El Señor es nuestra justicia". El Mesías será descendiente de David, será rey para establecer el reinado de la justicia y traer así la salvación. La figura del pastor, ensalzada en el salmo 22, es una simbología bíblica que designa al líder religioso o político. Desde el rey David, pastor y rey al mismo tiempo, surge la promesa de que Dios mismo vendrá a apacentar sus ovejas y a reunirlas de la dispersión a que las ha llevado la corrupción de sus pastores.

2.- Necesitamos el descanso y la quietud. Nos lo pueden dar las vacaciones, pero sólo alcanzaremos el pleno sosiego si alimentamos nuestro espíritu, ahora que tenemos más tiempo libre. Jesús es el pastor del salmo 22: “Nos hace recostar en verdes praderas y nos conduce hacia fuentes tranquilas”. Sin duda, una imagen deliciosa de paz y de quietud. Pero nosotros, siempre llevando la contraria, después de tanto protestar por el ritmo y las dificultades del viaje, somos incapaces de pararnos. Jugamos a ser personas importantes, siempre atareadas. Oración, distensión, silencio, reflexión: no tenemos tiempo para estas cosas. Tenemos todo el tiempo ocupado en mil naderías, que llamamos pomposamente «compromisos urgentes», «necesidades improrrogables» y no tenemos un minuto para dedicarlo a nosotros mismos. Por eso estamos siempre cansados. Y nuestro espíritu en vez de robustecerse, se entristece y entumece alarmantemente, ni nos damos cuenta de que existe. Damos vueltas en el vacío, creyéndonos que hacemos algo. Jesús actúa como ese nuevo pastor; en El, Dios en persona se ha hecho cargo de su pueblo. Asume la función de pastor de toda la humanidad. Se conmueve de la multitud y renuncia a su relax para enseñar a los que han ido en su busca. En Jesús, Dios mismo pastorea a su pueblo; un pueblo nuevo que es toda la humanidad; pues su sacrificio fue uno para siempre y para todos.

3.- Jesús necesita descansar, pero está siempre dispuesto a servir. Herodes acababa de mandar ejecutar a Juan El Bautista y los apóstoles habían vuelto de su primera experiencia misionera. La primera noticia produjo, sin duda, una gran tristeza en Jesús, pero sabe que tiene que seguir adelante y se preocupa de sus discípulos, que necesitan descanso. Les invita a retirarse a un lugar desierto para que descansaran, pues eran tantos los que iban y venían, que no tenían tiempo ni para comer. Pero la multitud les descubre y a Jesús le da pena: “se compadeció de ellos porque eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas”. El texto nos presenta a Jesús en medio de esa multitud y su actitud, que no es la de retirarse y huir, sino compadecerse de ellos, como manifestación encarnada de Dios que es Amor. La compasión que Dios tiene por nosotros es contagiosa y quiere despertar también en nosotros otras compasiones para con todas las indigencias que sufren nuestros hermanos. A veces también nosotros podemos querer despedir a la multitud, quizás no tanto para que no los sorprenda la noche, sino para sacárnosla de encima y evitarnos complicaciones. Lo que Jesús quiere recordarnos es la urgencia de una caridad pastoral siempre despierta y atenta a lo que podemos hacer por los demás. Compiten dos aspectos de la compasión de Cristo. Ve el agotamiento de sus discípulos, sin mencionar el suyo que debía ser mucho mayor, y ve la necesidad del pueblo, hambriento de la palabra de salvación. Es hermoso ver a Jesús debatirse entre estos dos rostros del amor: el amor que quiere acoger y dar reposo, y el amor que quiere sanar y enseñar. La gente necesita a Jesús, está sedienta de un nuevo mensaje que sacie su sed de felicidad. Hoy día ocurre lo mismo…… ¿En este momento de nuestra vida nos estamos dejando guiar por el cayado de Jesús, nuestro Pastor?, ¿sabemos compaginar contemplación y acción, experiencia de Dios y servicio al prójimo?

Fuente: www.betania.es

 

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