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Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.

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La Homilía de Betania: XVI Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C. 21de julio de 2013

La Homilía de Betania: XVI Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo C.21de julio de 2013

1.- CONTEMPLATIVOS EN ACCIÓN

Por José María Martín OSA

1.- El don de la amistad y la hospitalidad. El texto narra con sencillez y calor humano la acogida que Abrahán, el más ilustre de todos los nómadas, dispensa al mismo Dios. Abrahán despliega en su honor todas las delicadezas de la hospitalidad proverbial en los hombres del desierto. Los ángeles no se identifican con Yahvé, pero tampoco son meros representantes que hablen en su nombre en ausencia de Yahvé. Porque son como el signo visible de su presencia invisible, como los querubines del arca de la alianza que señalan el lugar de la manifestación del Señor. El tránsito de una alocución en plural a otra en singular denota que, en definitiva, es el mismo Yahvé quien habla y actúa por medio de sus enviados. La narración alcanza su punto culminante en la promesa. Abrahán y Sara eran dos ancianos, pero Abrahán había esperado contra toda esperanza. El nacimiento de Isaac vendría a demostrar que la esperanza de Abrahán en su amigo fiel no iba a ser defraudada.

3.- El verano tiempo de vacaciones, tiempo de encuentro y acogida. En verano nos encontramos de nuevo con nuestros familiares y amigos. Hacemos nuevas amistades, trabamos nuevos lazos con personas que antes no conocíamos. Buen tiempo para poner en práctica nuestro sentido de hospitalidad y de acogida. Se ha perdido en nuestro tiempo un valor que era primordial para nuestros padres. Ahora hay más desconfianza ante el desconocido o forastero, más recelo ante aquél que no es de los nuestros. Quizá, debido a la sensación que tenemos de que no nos falta de nada, llegamos a la conclusión de que no necesitamos a los demás. De esta manera la conclusión es que cada cual que se las apañe como pueda, cada uno que se soluciones sus problemas, pues no es nuestro problema. No nos damos cuenta de que acoger a los demás enriquece nuestra vida, nos abre nuevos horizontes, nos hace sentir el gozo de la fraternidad y nos ayuda a encontrarnos con nosotros mismos y con Dios. En palabras de San Agustín, "necesitamos a los demás para ser nosotros mismos". Cuando acogemos al hermano, acogemos al propio Dios que nos visita.

3.- Acción y contemplación, dos realidades necesarias. Marta y María han sido identificadas como prototipo de la acción y la contemplación respectivamente. Según San Agustín, “en estas mujeres están representadas las dos vidas: la presente y la futura, la trabajosa y la que ha llegado al descanso, la necesitada y la bienaventurada, la temporal y la eterna” (Serm. 104, 3, 4 en PL 38, 617 infra)….” Estaban, pues, en aquella casa las dos vidas y la fuente misma de la vida: en Marta la imagen de lo presente, en María la imagen de lo que está por venir. Lo que Marta hacía, eso somos aquí; lo que María hacía, es lo que esperamos”. Es decir, María y Marta designan según Agustín no dos posibilidades de esta vida, sino el término y el camino, el allende y el aquende. La figura de la vida en este mundo es Marta. Y María escogió "la mejor parte" solo en cuanto que es tipo de lo permanente, de aquello que ya no se le quitará, de la hartura eterna por el Verbo en el nuevo mundo. En palabras del santo obispo de Hipona: “El trabajo pasa y el descanso permanece, pero solo se llega al descanso por el trabajo. La nave pasa y llega a la patria, pero sólo se llega a la patria por la nave. Que estemos haciendo una travesía, lo sabemos solo mirar a las ondas y tormentas de este tiempo. Y yo estoy cierto de que no nos hundimos, porque nos lleva el madero de la cruz”. Por tanto, son necesarias las dos, la acción y la contemplación. No debemos abandonar ninguna de las dos. La contemplación debe conducir a la acción, es decir a las buenas obras. La acción debe alimentarse con la contemplación, para evitar el peligro del “activismo” vacío y peligroso para el equilibrio espiritual.


2.- JESÚS VA A BETANIA

Por Antonio García-Moreno

1.- ABRE TU PUERTA.- Abrahán está sentado a la puerta de su tienda. Hace calor dentro y la brisa fresca de la tarde invita a sentarse al aire libre. La añosa encina de Mambré aumenta, con el rumor de sus hojas, la sensación de bienestar, el aire sereno que llena de calma y de paz el espíritu del viejo patriarca. Por el sendero pasan tres caminantes. Tienen la piel curtida por el viento caliente del mediodía, traen el aire cansino de quienes caminaron horas y horas. Sus pies resecos y polvorientos hablan de guijarros y tierra dura de mil caminos.

Abrahán se levanta y sale a su encuentro: Venid, traeré agua para vuestros pies, pan para vuestra hambre, sombra de mi encina para vuestro sol ardiente, brisa de atardecer para vuestro calor del mediodía... Hospitalidad patriarcal, acogida amable para el que va de camino, palabras blandas para el que está lejos de su patria. Hoy también pasan, delante de nuestro cómodo rincón, muchos que vienen de lejos, el aire cansado y el corazón triste y solo. Que sepamos abrir la puerta, practicar la hospitalidad, la acogida cordial de los antiguos patriarcas.

Muchas veces se repite el mismo hecho. Después de haber ejercido la hospitalidad con una persona desconocida y necesitada, resultó que se trataba del rey, o del mismo Dios. A cambio de esta generosidad, de ese sacrificio de compartir el pan y el techo, se recibe un don infinitamente mayor, algo que se anhela, algo que llena de ilusión y de alegría el corazón. En el caso de Abrahán, éste recibe la promesa de que Sara, su vieja y amada esposa, tendrá un hijo. Su esterilidad y su vejez no serán obstáculos para que les nazca un niño, ese hijo nacido de la libre que tanto habían añorado.

No siempre se da el milagro de que caiga la tosca apariencia tras la que, sin duda, se esconde el Señor. Y ocurre así porque recibir al Señor no es eso lo más importante. Lo que realmente tiene valor es que uno sea capaz de abrir el corazón, de hacer sitio en su casa a quien lo necesita. Ese es el verdadero milagro, lo que Dios valora y premia con su bendición, un pago más que suficiente, para quien, por amor a Dios, abre la puerta de casa a quien está muy lejos de la suya.

2.- MARTA Y MARÍA.- Hoy nos habla el Evangelio de que Jesús va a Betania y se hospeda en casa de Marta y María, las hermanas de Lázaro. No es la única vez que entra el Señor en esta casa, como nos lo indica, por ejemplo, el evangelista san Juan. Se ve que Jesús se encontraba a gusto con aquella familia que le ama con sencillez y generosidad. Allí había calor de hogar, un ambiente de sosiego y de paz, de dicha serena y entrañable. De ahí que podamos considerar Betania como un modelo para nuestros hogares que, según la predilección de Jesús, debería parecerse al de Nazaret. Es de gran importancia conseguir que el propio hogar tenga ese calor de familia bien avenida, que sea un lugar en el que gusta estar y vivir, un sitio para descansar y recuperar fuerzas, el rincón íntimo de nuestra vida en el que encontramos cariño y comprensión, consuelo y ánimo para la lucha y el trabajo de cada día, descanso para las fatigas que la existencia humana comporta.

Marta y María a pesar de ser hermanas eran, sin embargo, muy distintas. Marta parece nerviosa e inquieta, se preocupaba demasiado de las cosas materiales, se angustiaba porque no llegaba a lo que ella quería. Se multiplicaba para dar abasto con el servicio, dice la versión litúrgica de este pasaje de San Lucas. María por el contrario aparece tranquila y de carácter sosegado. En otro momento, mientras Marta sale deprisa al encuentro del Señor, ella se queda sentada. Sólo cuando le dicen que el Señor estaba fuera y la llamaba se levanta y acude a Jesús... Mientras Marta va de un lado para otro, María escucha arrobada las palabras del Maestro. Estas dos actitudes han quedado en la vida espiritual como modelos de la vida contemplativa y la vida activa. Incluso se ha considerado que Marta representaría el activismo, esa especie de herejía que olvida la oración y la vida interior por atender al servicio de los hombres.

Esas dos actitudes no tienen por qué ser una dicotomía insalvable. Incluso podemos afirmar que es un ideal de vida cristiana el conjugar esas dos facetas de la vida espiritual. Vivir una intensa vida de oración, ser contemplativos y al mismo tiempo trabajar sin descanso por el Reino de Dios. Estar metidos en el corazón del mundo con el ejercicio de una profesión determinada, y al mismo tiempo estar de continuo estrechamente unido a Dios. Puede parecer imposible, o por lo menos muy difícil, pero lo cierto es que es eso, en definitiva, lo que enseña la "Lumen gentium" del Vaticano II cuando habla de la unidad de vida, es decir, cuando exhorta a no vivir una vida cara a Dios y otra cara a los hombres, sino que esa vida de cada día, la que se desarrolla en una actividad cualquiera, esté siempre marcada y sostenida por una unión íntima con Dios, gracias a una vida espiritual sólida, alimentada con la oración y la mortificación, con la frecuencia de sacramentos que haga posible vivir habitualmente en gracia de Dios.


           

3.- MARTA DE BETANIA Y TERESA DE ÁVILA

Por José María Maruri, SJ

1. - Conocida por todos posiblemente es la frase de nuestra Mística castellana, Santa Teresa de Ávila: “también entre pucheros anda Dios”. Tal vez, es menos conocida esta otra, escrita interpretando precisamente el pasaje del Evangelio de Marta y María: “Si todas estuvieran como la Magdalena embebidas, no hubiera quien diera de comer a este divino huésped”, en que Santa Teresa toma abiertamente partido por Marta, un poco en contra de lo que aparentemente dice Jesús. Lo cual es muy propio de Santa Teresa. Ya sabéis que yendo de viaje sobre una mula se desató una tremenda tormenta, y tanto se cansó y se mojó la santa, que ya sin poder aguantar se enfrentó al Señor y le soltó: “Señor, no me extraña que tengáis tan pocos amigos si a los que lo somos nos tratáis tan mal” La familiaridad de Teresa con Jesús le permitían estas expresiones. Y la familiaridad de Jesús con Marta, María y Lázaro le permitieron a Él y a Marta aquellas frases que acabamos de leer.

2. - Es san Juan el que nos deja escrito: “Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro”. Por ese orden. Y sin duda Marta lo sabía. Y por eso cuando ya se vio ahogada con la preparación de una comida para por lo menos trece huéspedes que se habían presentado de improviso (y las amas de casa que estáis ahora aquí sabéis lo que eso significa) No se dirige a María, sino a Jesús y como santa Teresa se encara con Él y le dice: “Pero Señor es que no te importa que mi hermana me haya dejado sola en el servicio. Dile que me eche una mano”. Con otras palabras: “basta ya de cháchara, Señor, que no doy abasto y os tengo que preparar de comer.

Y en ese mismo ambiente familiar la contestación de Jesús: “una sola cosa es necesaria”. No son pocos los que la interpretan como si el Señor hubiera dicho: “Marta, vengo a pasar unas horas con vosotros y tú te metes en la cocina y no hay manera de verte y oírte. Por favor, déjalo todo que con cualquier cosa me contento. Un par de huevos es suficiente”.

3. - De una cosa si nos quiere avisar el Señor. Y es del peligro de robotismo. A fuerza de trabajar, a fuerza de atender a los mil detalles que exige un hogar acabamos por no saber para qué trabajamos. El norte se nos niebla y no nos queda más que la monotonía desesperante de ese día a día. Siempre igual en la mayoría de nuestras ocupaciones y mucho más en el trabajo de la casa. Y tanto más lo sentís vosotras las amas de casa cuando muchas veces vuestro trabajo pasa desapercibido y no merece ni un gracias por parte de los vuestros, por los que trabajáis día a día y año tras año.

Y no estaría de más que los Lázaros y las Marías que estáis aquí, maridos, hijos, hijas, hermanos, os pararais a pensar lo que esa madre de familia viene haciendo por cada uno de vosotros. Y primero se lo agradecéis de corazón y segundo pensáis en que podéis echar una mano en el trabajo del hogar. Y es hogar cuando todos participan en él, y no se convierte en una pensión, que lo mismo se puede llamar Pensión Juana que La Casa de la Troya

El Señor nos ayude a todos a realizar en nuestras vidas el adagio latino de “Ora et Labora”, Ora y Trabaja. Sabiendo encontrar a Dios entre los pucheros como Santa Teresa. Y para terminar quiero deciros que estoy seguro de que Jesús diría a María: “Anda a ayudar a tu hermana”.

Fuente: www.betania.es

 

 

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