Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.
La Homilía de Betania: XX Domingo del Tiempo Ordinario, 19 de agosto de 2012
1.- "YO SOY EL PAN VIVO QUE HA BAJADO DEL CIELO"
Por Antonio García Moreno
1.- SABIDURÍA DE DIOS.- La sabiduría de Dios, el saber infinito en el que están metidos los secretos de los mundos sin fin. Sabiduría de Dios, luz sin sombras. "En ella hay un espíritu inteligente, santo, único, multiforme, sutil, ágil, penetrante, incontaminado, diáfano, impasible, amante de lo bueno, agudo, incoercible, benéfico, amante de los hombres, estable, firme, sin preocupaciones, todopoderoso, todo lo vigila, penetra en todos los espíritus inteligentes, puros, sutiles...".
Y esa sabiduría infinita, inabarcable, ha construido una morada asentada sobre siete columnas, una morada donde reina la paz, la dicha, la alegría sin término... Qué torpes somos para comprender las cosas de la Sabiduría divina, qué poco llegamos a penetrar en el sentido de esa morada, qué poco intuimos de esa grandeza. Danos, Señor, un poco de luz para ver lo que esa morada supone. Rompe un poco este velo denso que nos tapa los ojos, abre en nuestra honda noche un resquicio de esa luz eterna.
Sabiduría de Dios, la misma que nos hizo como somos, la que nos construyó este mundo ancho y largo, este universo de distancias sin medidas, de misterios indescifrables. Sabiduría que nos penetra íntimamente, que nos conoce hasta muy dentro. Ella sabe lo que nos llena, lo que colma este anhelo vago que acucia nuestra hambre y nuestra sed de, no sabemos a veces, qué.
Y nos invita a nosotros, a nosotros que tan poco merecemos su predilección: "Venid a comer mi pan y a beber del vino que he mezclado..." Un banquete nunca visto, nunca pensado... En la Antigua Alianza el pacto con Dios se culminaba en un banquete con las carnes de los animales sacrificados.
En la Nueva Alianza, por un salto inaudito de la Sabiduría de Dios, se ofrece un nuevo sacrificio, el sacrificio del Cordero Inmaculado, el Unigénito de Dios. El Verbo, la Sabiduría, el Hijo Eterno vierte su sangre en el Calvario. Y su carne, junto con su sangre, es el Sacramento de nuestra fe, el Pan bajado del cielo, la bebida de salvación. Pan de vida que se vuelve a ofrecer en la Eucaristía, repitiéndose de modo incruento el santo sacrificio de Cristo en la Cruz. Santa Misa, banquete sacrificial, en que se come, sacramentalmente, la carne de Cristo, se bebe su sangre, se recibe la vida misma de Dios, la vida que dura siempre... Comida de fraternidad con Jesucristo, realización de la mayor intimidad entre el Cielo y la tierra, unión entrañable y amorosa entre Dios y el hombre.
2.- EL PAN VIVO.- Las palabras de Jesús son claras y contundentes: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo". Los judíos se sorprenden ante esta afirmación, se resisten a creer en el Señor que repite una y otra vez que su Carne es verdadera comida y su Sangre verdadera bebida. Pero los israelitas no entendían lo que Jesús estaba diciendo, pues no tenían fe en él, a pesar del milagro que acababa de realizar ante ellos.
Hoy sabemos que esa comida y esa bebida la tomamos de forma sacramental y mística. Lo cual no quiere decir que no tomemos realmente el Cuerpo del Señor, ya que en la Eucaristía se contiene a Jesucristo con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad. De todas formas, hoy como entonces, es preciso adoptar una actitud de fe, si de veras queremos aceptar la doctrina acerca de la Eucaristía. Sólo así, por la fe, podremos acercarnos al Misterio y captar de alguna manera la grandeza, que en nuestros sagrarios tenemos, a Jesús mismo.
Otra idea que el Maestro repite en este pasaje evangélico es la de que quien come su Carne y bebe su Sangre tiene vida eterna, es decir, vivirá para siempre. Este alimento transmite, por tanto, una vida nueva, a la que la muerte no podrá vencer jamás. Una vida sin fronteras de tiempo, una vida siempre joven, una vida singular, la vida misma de Dios.
Acercarse a comulgar es acercarse a la eternidad, es pasar de un nivel terreno a otro muy distinto, trasladarnos a una atmósfera de luminosidad y de gozo. Comulgar, en definitiva, es unirse íntimamente con Dios, penetrar en el misterio de su vida gloriosa y disfrutar, en cierto modo, de la alegría singular de los bienaventurados en el Cielo.
El Señor lo dice explícitamente en esta ocasión: "El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come, vivirá por mí". Así, pues, lo mismo que Jesús está unido al Padre, así el que participa en la Eucaristía vive unido al Señor. El que comulga con las debidas condiciones, limpio de pecado mortal, llega a la unión mística y grandiosa del alma con Dios, se remonta hasta la cumbre del más grande Amor; ese estado dichoso en que el hombre se identifica, sin confundirse, con el mismo Dios y Señor.
2.- COMIDA QUE NOS DA LA VIDA ETERNA
Por José María Martín OSA
1.- Una oferta verdadera El libro de los Proverbios se sirve del lenguaje de las relaciones personales para describir la sabiduría. Las relaciones personales son más que una metáfora, son la fuente de la sabiduría. Y nuestra relación personal con Dios y los hermanos nos ayudan a vivir y gozar de la verdadera sabiduría. En nuestro mundo encontramos un amplio surtido de ofertas que venden la felicidad, pero que alejan a las personas de un vivir auténtico: trepar como sea y a costa de lo que sea, ansia de tener, de prestigio, de poder, huida de lo que supone esfuerzo, riesgo, dolor, búsqueda individualista de la felicidad... Otro camino, mucho más humano, se abre ante nosotros como posibilidad de encontrar el sentido de la vida: aprender a discernir serenamente lo que es bueno, justo y honrado, atención y cuidado en el trato con los otros y con la creación, la austeridad alegre en el uso de los bienes, el cultivo de la gratuidad y el don, la cercanía solidaria al dolor ajeno, el empeño por colaborar otros en la construcción de un mundo más fraterno, la confianza en el proyecto de Dios para sus hijos e hijas...
2.- Una invitación que merece la pena aceptar. La sabiduría invita a los seres humanos a participar del banquete que ha preparado: “Venid a comer mi pan y a beber el vino que he mezclado”. Ofrece la vida a los que siguen el camino de la prudencia y de la sensatez. El Salmo 33 nos invita a saborear a Dios mismo: “Gustad y ved qué bueno es el Señor”. ¿Aceptaremos la invitación de la sabiduría a sentarnos en la mesa del banquete que ha dispuesto, como anticipo del banquete mesiánico?
3.- Otras ofertas de felicidad. Discernir “lo que el Señor quiere”, es la llamada que resuena en la epístola de Pablo. Pablo nos exhorta a vivir la fe en comunidad. El discernimiento implica intuición para distinguir lo que está en la sintonía de Dios y del Reino, para descubrir qué es lo que lleva a la vida para todos y vida en abundancia, para otear dónde podemos percibir la presencia de Dios en nosotros y en el mundo.
4.- La fiesta de la comunidad cristiana. Continúa Jesús el discurso del pan de vida, después de la multiplicación de los panes y los peces. La comida eucarística es el centro de la comunidad cristiana. El cuerpo y la sangre de Cristo son el alimento espiritual que el creyente necesita para mantenerse en pie, para seguir al Señor y vivir la salvación. En esta comunión, la unión es tan fuerte, tan íntima y profunda que Jesús afirma que el creyente "habita en mi y yo en él" y "vivirá por mí". Habitar en el Hijo supone participar plenamente de su vida, asumir su proyecto, seguir sus pasos. Los primeros cristianos entendieron la cuarta petición del Padre Nuestro como una petición eucarística. Como nosotros, los primeros cristianos rezaron el Padre Nuestro antes de la Comunión. Se dieron cuenta que el verdadero pan de cada día es la Eucaristía, el Cuerpo de Jesús. La multiplicación de los panes vislumbra un milagro aun mayor: la Eucaristía, el Cuerpo y Sangre de Cristo que se ofrece a nosotros. Es cuando venimos a la Eucaristía cuando recibimos la respuesta más profunda a nuestra oración: “Danos hoy nuestro pan de cada día”. La persona creyente nunca podrá hacer esa búsqueda de la voluntad del Señor en solitario sino acompañada por Él y por los hermanos y hermanas con los que recorre el camino, con los que comparte su fe y su esperanza en el hoy de la historia del mundo y de la Iglesia.
3.- “FIJAOS BIEN COMO ANDÁIS”.
Por Pedro Juan Díaz
1.- Seguimos a vueltas con el “Pan de Vida”. El Evangelio viene subrayando esta idea con fuerza en las últimas semanas. Pero hoy me ha llamado la atención la Carta a los Efesios. Porque parece que haya sido escrita para nosotros. Esa es la fuerza que tiene la Palabra de Dios, que se hace vida hoy, aquí y ahora. “Fijaos bien cómo andáis…”, dice la carta, “…porque vienen días malos”. Está claro que los días que estamos viviendo no son muy buenos, por lo menos para una mayoría de gente que anda sin trabajo y “con el agua al cuello”. ¿Qué hacer en estos tiempos? Continúa la lectura: “daos cuenta de lo que el Señor quiere”. ¿Cómo darnos cuenta de lo que el Señor quiere que hagamos en estos tiempos?
2.- Es aquí cuando conviene fijarnos en la primera lectura. El libro de los Proverbios personifica a la sabiduría y dice de ella que ha preparado un banquete y ha invitado a todos los que quieran acudir: “Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la prudencia”. Esta referencia al pan y al vino nos hace pensar en la Eucaristía y en Jesús. Por lo tanto, la sabiduría que se ofrece al mundo es Jesús, el “Pan de la Vida”.
3.- Acercarnos a Jesús y comer de su “pan” es necesario para fortalecer nuestra fe y nuestro interior, al igual que es necesario comer todos los días para fortalecer nuestro cuerpo exterior. El seguimiento de Jesús no es cuestión solo de nuestras propias fuerzas, sino también de un corazón transformado, de un interior fuerte, y de una fe grande que nos invita a darle gracias siempre por todo lo que recibimos de Él, por su Cuerpo y su Sangre que recibimos en cada Eucaristía, porque nos acompaña siempre, porque no nos deja solos, porque está pendiente de nuestras idas y venidas, por tantas cosas…
4.- Ese alimento que es Jesús nos dará la sabiduría necesario para discernir lo que el Señor quiere de nosotros y de su Iglesia en estos días difíciles que vivimos. Y además: “el que come de este pan vivirá para siempre”. La gran recompensa que nos da Jesús es una vida con Él para siempre, en la que no habrán días malos, sino que podremos vivir en plenitud el proyecto de felicidad y de fraternidad que Dios quiere para todas las personas.
5.- Jesús ha querido transformar algo muy humano en algo muy divino. El pan y el vino, alimento humano necesario, los ha transformado en su Cuerpo y Sangre, alimento divino también necesario. Él mismo se ha hecho comida y bebida para cada uno de nosotros, para nuestro caminar en la vida. Por eso será importante fijarnos si nuestro modo de ser cristianos y de actuar en el mundo responde al estilo de vivir que Jesús nos propone en el Evangelio, y que no podremos conseguir sin este alimento, que es su Cuerpo y su Sangre, y que nos da en cada Eucaristía.
6.- No se trata de recibirlo sin más, sino de que nuestro corazón se transforme en cada comunión y que nos lleve a actuar de tal manera que podamos dar una respuesta a nuestro mundo desde el Evangelio. Si no nos alimentamos, no podemos vivir. Si no recibimos a Jesús, no podremos ser los cristianos que necesita nuestro mundo y nuestra sociedad. Que vivamos cada Eucaristía como un encuentro íntimo y personal con Jesús y, al mismo tiempo, como un encuentro fraternal y comunitario con los hermanos, para responder a lo que Dios quiere y pide de nosotros.
Fuente: www.betania.es