Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.
La Homilía de Betania: XXI Domingo del Tiempo Ordinario, 26 de agosto de 2012
1.- HUMILDAD Y SINCERIDAD SE IDENTIFICAN
Por Antonio García-Moreno
1.- PROFESIÓN DE AMOR.- Josué ha sido el sucesor de Moisés que, con brazo seguro y pie firme, ha entrado en la Tierra Prometida. Consciente de la misión que Yahvé, el Dios vivo, le ha encomendado, reúne a todo el pueblo de Israel: a los ancianos, a los jefes, a los jueces, a los magistrados. Y allí, invocando al Señor, les propone algo decisivo para la historia del pueblo: su entrega incondicional y su consagración a Dios.
Josué propone a los suyos: "Si no os parece bien servir al Señor, escoged a quien servir: a los dioses a quienes sirvieron vuestros antepasados al este del Éufrates, o a los dioses de los amorreos, en cuyo país habitáis". Son libres de volver a los ídolos que adoraron antes de conocer a Yahvé, o de postrarse ante los dioses de los amorreos.
Estos hombres tienen ante ellos al Señor de los cielos y tierra, al Señor que los ha librado de la esclavitud y los ha guiado por un duro desierto, interminable. A ese Dios que tiene derecho a la entrega sin condiciones del pueblo israelita que tanto, todo cuanto es, le debe. Pero el Señor quiere una decisión nacida del amor, una decisión libérrima. Por eso plantea la cuestión en tales términos.
Al contemplar este modo tan atrayente de querernos, de pedirnos por amor lo que te debemos por justicia, te decimos que somos totalmente tuyos, que sólo a ti te vamos a servir, que sólo a ti te vamos a amar, en ti vamos a creer y a esperar.
El pueblo ha visto muchas cosas, ha presenciado en mil ocasiones cómo el Señor les demostraba su desvelo, su empeño de cuidarles con el esmero y la ternura de una buena madre, con la previsión de un padre sabio y fuerte. Movidos por esa experiencia, exclaman: "El Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de la esclavitud; él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos entre los pueblos por donde cruzamos. Nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios".
Cada uno podría contarnos cómo el Señor le ha mostrado su presencia. Todos, estoy seguro, hemos notado que Dios estaba interviniendo en nuestro favor. Es un detalle, es una coincidencia, es una "casualidad", algo que no podemos explicar más que refiriéndolo al Señor, ese Dios que no se ve con los ojos de la cara, pero sí con los del alma.
Al recordar tanto amor, tanta providencia, tanto desvelo, queremos reconocerte como Señor y dueño de nuestra existencia. Y lograr que todo nuestro quehacer sea un vivir para ti, feliz al saber que aceptas y miras complacido nuestras pequeñas y sencillas acciones, esas que constituyen el entramado de nuestra vida. Esos gestos ordinarios y corrientes que tratamos de que sean grandes, extraordinarios por el amor y esmero que en ellos ponemos. Sí y siempre sí: "Nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios.
2.- SÓLO LOS HUMILDES.- Este modo de hablar es inadmisible, dijeron muchos de los que escucharon las palabras del Maestro divino. Hoy también hay quienes repiten lo mismo, quienes se echan atrás a la hora de ser consecuentes con las exigencias, a veces duras, que comporta la fe. Son los que ven las cosas con criterios humanos, juzgan los hechos con medidas terrenas; olvidan que sólo con la fe y la esperanza, con un grande y profundo amor, podremos entender y aceptar la revelación de Dios.
Jesús les explica de alguna manera el sentido de sus palabras sobre la Eucaristía. Les hace comprender que lo que ha dicho tiene un sentido más profundo, del que parece a simple vista. Su carne y su sangre son ciertamente comida y bebida, pero no en un sentido meramente físico, como si se tratase de una forma de canibalismo. Se trata de algo muy distinto que, en definitiva, sólo por medio de la fe se puede aceptar y, en cierto modo, hasta entender.
Lo que sí hay que destacar es que Jesús no se desdice de lo que ha dicho acerca de su presencia real en la Eucaristía, y sobre la inmolación de su cuerpo y su sangre en sacrificio redentor por todos los hombres. Por otra parte, es preciso subrayar que en ocasiones seguir a Cristo supone negarse a Sí mismo, dejar el propio criterio y abandonarse en la palabra y en las manos de Dios.
Para eso hay que ser muy humildes y sinceros con nosotros mismos. En el fondo, humildad y sinceridad se identifican. Se trata, en una palabra, de reconocer la propia limitación de entendimiento y comprensión, aceptar que uno es muy poca cosa para captar bien lo referente a Dios. Fiarse del más sabio y del más fuerte, saberse pequeño y torpe, escuchar con sencillez al Señor.
Entonces sí "comprenderemos", entonces sí aceptaremos. Dios que siente debilidad por los humildes, nos iluminará la mente y nos encenderá el corazón, para que la dicha y la paz inunden nuestro espíritu, en ese acercamiento supremo entre Dios y el hombre, que se realiza en la Sagrada Eucaristía.
2.- HAY QUE ELEGIR
Por Pedro Juan Díaz
1.- Durante todo este mes de agosto hemos estado escuchando, del evangelio de Juan, el discurso de Jesús sobre el Pan de Vida. Un discurso que comenzó con la multiplicación de los panes y los peces y que termina hoy. Y hoy, al finalizar, después de haber escuchado a Jesús, es el momento de la elección, hay que elegir.
2.- Jesús se presenta como el Mesías que viene de Dios y que trae la Palabra y el Espíritu que pueden dar VIDA a aquellos que lo acojan. “Las palabras que os he dicho son espíritu y vida”, nos dice. Jesús nos invita a acogerle a Él, renunciando a “otros dioses”. Es la opción que hace el pueblo de Israel en la asamblea de Siquén (1ª lectura). Josué les plantea: “escoged hoy a quién queréis servir”. Y el pueblo se compromete a servir al Señor. Es una decisión que nace de la libertad, pero también del sentirse agradecidos al Dios que les ha sacado de la esclavitud de Egipto y que los acompaña en su caminar.
3.- Y es la misma elección que tienen que hacer los discípulos en el evangelio. Y también la que hemos hecho nosotros, como discípulos de Jesús. Si en la primera lectura las cosas están claras, en el evangelio aparecen las dudas. “Este modo de hablar es duro”. Es la primera reacción de los que le escuchan. Lo que Jesús plantea no es estar de acuerdo con una serie de afirmaciones o criterios, sino una manera de vivir. Y es legítimo que aparezcan dudas a la hora de elegir, y más si se trata de una opción tan fundamental como esta. En el fondo, estamos planteando si queremos vivir bajo los valores de la entrega, la generosidad, la fidelidad, el amor, el perdón, la justicia, etc… o si preferimos dejarnos llevar por el materialismo, el consumismo, el poseer, el interés propio, la corrupción… Hay que elegir.
4.- Jesús da varios criterios para ayudar en la elección. El primero de ellos es cuando dice: “el espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada”. Se trata de vivir encerrados en uno mismo y en el egoísmo, o abiertos a la vida y al espíritu. Y en segundo lugar, dice Jesús: “nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”. Por eso decimos que la fe es un don que hay que acoger. El Padre nos la ofrece y en nuestras manos y en nuestra libertad está acogerla, acoger a Jesús y su estilo de vida, u optar por otros estilos, por “otros dioses”.
5.- “Muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él”. Es una elección, totalmente respetable, y que nace de la libertad de los hijos de Dios. Pero ahora viene la pregunta para nosotros: “¿también vosotros queréis marcharos?”. La respuesta de Pedro es atrevida: “tú tienes palabras de vida eterna”. Y esa elección le llevará hasta dar la vida, al estilo de Jesús. A nosotros quizás no se nos pida llegar hasta esos extremos, pero sí que la vida de cada día nos va pidiendo pequeñas entregas, pequeñas opciones, decisiones, exigencias, compromisos que van formando nuestro estilo de vida en la medida en que vamos respondiendo, en la medida en que nos dejamos llevar por el Espíritu y por la Palabra de Vida que Jesús nos ofrece.
6.- Jesús es el Pan de la Vida. La Eucaristía es el alimento que nos fortalece en nuestra entrega, en nuestra fe, en nuestra opción por Jesús y su Evangelio. Que no nos falte nunca en nuestra vida para que podamos optar por un estilo de vivir en el que tengamos en cuenta a nuestros hermanos, especialmente a los que sufren y a los más necesitados.
3.- LA FE, COMO APUESTA VITAL DEFINITIVA
Por Gabriel González del Estal
1.- Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna. No sólo fue Pascal, el gran filósofo y matemático francés, el que dijo que la fe religiosa es una apuesta personal conveniente desde un punto de vista estrictamente racional; antes y después de Pascal ya lo habían dicho y hecho otras muchas personas creyentes y responsables. Yo creo que el mismo San Pedro, en este famoso texto que hoy comentamos, decidió seguir a Cristo porque le parecía la solución más conveniente y razonable para él y para sus compañeros. Sí, ya sé que Cristo le dice a pedro que ha sido el Padre el que le ha empujado a tomar esta decisión, pero, en definitiva, esto no es más que decirle que ha sido el Padre el que le ha aconsejado bien. Lo bueno de san Pedro es que en este caso sí se ha dejado conducir por el Espíritu, que “es el que da vida”. La razón última que le ha llevado a san Pedro a tomar esta decisión de seguir a Cristo es que, entre las dos opciones posibles, esta es la más aconsejable, porque sólo Cristo tiene palabras de vida eterna. No hay duda de que lo que Cristo les había dicho sobre el pan de vida y sobre la necesidad de creer en él para obtener la vida eterna era difícil de creer, era “un modo de hablar duro”, pero, si no creían a Cristo ¿a quién iban a creer? Algo de esto nos pasa a los cristianos del siglo XXI: seguir a Cristo nos parece una decisión difícil y arriesgada, pero si no apostamos por Cristo ¿por quién podemos apostar? ¿Por nuestros políticos, o por nuestros científicos, o por la selección española de fútbol? Sólo Cristo tiene palabras de vida eterna; todo lo demás son palabras pasajeras y, en muchos casos, tramposas y vacuas.
2.- Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir. También Josué les preguntó a las tribus de Israel si querían servir al Señor, o si preferían servir a los ídolos. “Yo y mi casa, les dice, serviremos al Señor”. Y todo el pueblo respondió: “¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! También nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!” También hoy a nosotros, los cristianos de este siglo XXI, se nos propone frecuentemente la misma pregunta que propuso Josué a su pueblo: ¿queréis servir a Dios, o preferís servir a vuestros actuales ídolos? Y la verdad es que la respuesta de nuestra sociedad no es la respuesta de las tribus de Israel. Los ídolos de nuestro tiempo llenan más estadios y ocupan más espacios en los medios de comunicación que los predicadores del evangelio de Cristo. ¿Porque los ídolos actuales tienen palabras de vida eterna? No, porque nuestra sociedad está tan obsesionada con nuestra vida temporal, que no tiene tiempo, ni ganas, de pensar y creer en la vida eterna. ¡Es una pena!
3.- Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia. San Pablo, para explicar esta afirmación, dice una frase que hoy a más de un joven cristiano le puede parecer fuera de lugar. En concreto, san Pablo dice: “porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia”. Hoy día nos resultaría difícil admitir que el marido sea cabeza de su mujer y que, consecuentemente, debe amar a su mujer porque, lo mismo que Cristo es cabeza de la Iglesia, él es cabeza de su mujer. Lo de amar a la mujer con entrega y generosidad sí lo entiende cualquier marido cristiano, pero lo de amar a la mujer porque él es cabeza de la mujer como Cristo es cabeza de la Iglesia les parece difícil y complicado. Es cierto que, bien explicado, lo de amar a la mujer como Cristo amó a su Iglesia, viene a ser lo mismo que lo de amar a la mujer con entrega y generosidad máxima. Pero esto requiere mucha explicación. Los tiempos de san Pablo no son nuestros tiempos y, consecuentemente, las palabras y los signos que eran claros en tiempos de san Pablo puede ser que hoy no sean tan claros. Afortunadamente, la mujer tiene hoy unos derechos y una consideración social que no tenía en tiempos de san Pablo. Esto es algo de lo que nos alegramos todos los cristianos y debemos tenerlo en cuenta en todos los momentos, y muy especialmente cuando hablamos de las relaciones que deben tener los maridos con sus mujeres.
Fuente: www.betania.es