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Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.

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La Homilía de Betania: XXII Domingo del Tiempo Ordinario, 2 de Septiembre, 2012.

La Homilía de Betania: XXII Domingo del Tiempo Ordinario, 2 de Septiembre, 2012.

1.- LO PRIMERO ES CAMBIAR EL CORAZÓN

Por Gabriel González del Estal

1.- Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Jesús conocía bien a la gente de su tiempo y, por extensión, a la gente de todos los tiempos. A los fariseos y escribas del tiempo de Jesús la pureza ritual y el cumplimiento estricto de la tradición les servía fácilmente para tapar la mezquindad de su corazón. Con ritos, rezos, ayunos y sacrificios, tranquilizaban su conciencia, aunque su corazón permaneciera cerrado al perdón, a la misericordia y al amor de Dios y del prójimo. Hoy a muchos cristianos de nuestro tiempo nos pasa lo mismo: podemos seguir siendo egoístas, tacaños, inmisericordes, siempre que, eso sí, nos mantengamos fieles a ritos, normas y cumplimientos que nos impone la tradición religiosa en la que nos han educado. Jesús de Nazaret lo tenía muy claro: es de dentro, del corazón del hombre, de donde salen los buenos y los malos propósitos. El corazón del hombre es, simbólicamente, el centro de donde salen los deseos más nobles: bondad, lucha por la justicia, nobleza de alma, amor generoso; pero también el corazón es, simbólicamente, el centro de donde salen los malos propósitos, fornicaciones, robos, homicidios, codicias, injusticias, fraudes, egoísmo, envidia, orgullo. Si cambiamos el corazón, cambiarán nuestras costumbres. Esta es nuestra gran tarea a lo largo de nuestra vida: cambiar nuestro corazón. Pero muchas veces empezamos por el final: intentamos cambiar nuestras acciones, sin intentar cambiar nuestro corazón. Sólo en la medida en que nuestro corazón vaya cambiando, irán cambiando nuestras acciones.

2.- No añadáis nada a lo que os mando ni suprimáis nada. En el Deuteronomio –segunda ley- Moisés manda a su pueblo cumplir los preceptos del Señor, para así poder tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de sus padres, les dará. Los preceptos del Señor, les dice, serán vuestra sabiduría y vuestra inteligencia. Si hacen esto, hasta los otros pueblos comprenderán que el Dios de Israel es un Dios más cercano y justo que los dioses de los otros pueblos. Bien, dejando a un lado lo que este texto bíblico tiene de apología histórica del pueblo de Israel y de su religión, yo creo que lo que a nosotros nos puede servir hoy de este texto es la importancia que se da a la cercanía de Dios hacia su pueblo. Esta cercanía de Dios hacia toda persona de buena voluntad se ve profundamente expresada en las palabras y en la conducta de Jesús. Jesús fue una persona de corazón manso y humilde, acogedor y cercano a todos los que estaban cansados y agobiados. En Jesús se ve y se palpa maravillosamente la cercanía de Dios hacia las personas. Alegrémonos los cristianos de tener un Dios que “está tan cerca de nosotros siempre que lo invocamos”.

3.- La religión pura e intachable a los ojos de Dios es esta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo. Es importante resaltar que, en este texto, el apóstol Santiago nos dice que la mejor manera de aceptar dócilmente la palabra de Dios y llevarla a la práctica es atender a las personas necesitadas. Hacer esto, dice el apóstol, es llevar la palabra de Dios a la práctica, no limitándonos simplemente a escucharla, engañándonos a nosotros mismos. Volviendo al evangelio, podemos ver en este texto del apóstol Santiago una respuesta magnífica al grupo de fariseos y escribas que se quejaron a Jesús porque sus discípulos comían con manos impuras. En fin, pidamos a Dios que nos dé un corazón puro y cercano a los que más sufren, como fue el corazón de Jesús, como es el corazón de Dios.


2.- ESTILO DE VIDA

Por Pedro Juan Díaz

1.- Parece ser que todas las lecturas de hoy giran en torno al estilo de vida de los discípulos de Jesús, de los cristianos. En la primera lectura, Moisés entrega al pueblo unos mandamientos que no son otra cosa que una experiencia de fe, expresión de la sabiduría de la vida. En la Carta del Apóstol Santiago, que comenzamos hoy, se nos habla de lo importante de que nuestra fe no se quede en palabras, sino que sepamos poner en práctica la Palabra de Dios a través del amor y del servicio. Y en el Evangelio, vemos una concreción de cómo Jesús vivía esto, de su libertad frente a las leyes y las tradiciones. En el fondo, todo es un mensaje que va a parar al mismo sitio, y es que nuestra religión no se aprende en los libros, sino que se vive y se practica en la vida y con los demás.

2.- Si algo vino a dejar claro Jesús es que Dios mira nuestro corazón, y no las apariencias exteriores que podamos manifestar. Me viene a la mente la parábola del fariseo y el publicano que rezan juntos, pero este último es el que sale justificado, por su humildad de corazón. También hay otros muchos ejemplos que puso Jesús en los que los aparentemente “justos” no lo son tanto, porque su corazón está lejos de Dios. Las leyes, las normas y los mandamientos solo nos sirven si nos ayudan a transformar nuestro corazón. Ese es el objetivo de nuestra religión, que nuestra relación con Dios nos lleve a ser mejores con las personas que nos rodean. Si no es así, algo falla.

3.- En el evangelio, Jesús llama hipócritas a los fariseos y a los escribas que, en teoría, eran unos perfectos conocedores de todas las leyes y las prácticas religiosas que había que hacer, pero “el culto que me dan está vacío”, decía Jesús. Además, decía que le hacían más casos a las tradiciones que habían inventado los hombres, que a los propios mandamientos que venían de Dios, y que son los que verdaderamente nos ayudarán a transformar el corazón. Por eso decía que lo importante es el interior de las personas, no el exterior. Del interior de una persona pueden salir los mejores sentimientos, pero también todo lo peor. Si Dios ha tocado nuestro corazón, seguramente sacará lo mejor de cada uno de nosotros. Pero si Dios solo es un pequeño barniz exterior, no cambiará nada.

4.- Lo verdaderamente importante en nuestra vida será tener una verdadera experiencia de Dios, de su amor, de su perdón. Y eso se verá reflejado en nuestro estilo de vida, en nuestra manera de vivir. Lo que cuenta de cada persona es su corazón, su actitud en la vida, y no tanto las palabras que, como dice el refrán, “se las lleva el viento”. Quizá podamos hacernos un pequeño examen, personal e interior, de cómo vivimos nosotros nuestra fe si nos fijamos en tres cosas: en nuestra manera de vivir, en nuestra manera de tratar a los demás y en nuestra manera de administrar nuestro dinero. Preguntarnos estas tres cosas nos ayudará a discernir si la fe está tocando nuestro corazón o no.

5.- La Eucaristía ha de ser una experiencia de encuentro interior con Dios y exterior con los hermanos. Si no, será un rito vacío que no nos llevará a ningún sitio. Abramos el corazón, con confianza, con autenticidad, para que sea Dios el que entre en él y transforme nuestra vida.


3.- CREER Y VIVIR

Por José María Martín OSA

1.- Un Dios cercano es lo que importa. En los tres primeros capítulos del libro del Deuteronomio Moisés ha pronunciado su primer discurso, en el que ha recordado los acontecimientos desde el monte Horeb hasta el paso del Jordán. Moisés ha señalado en concreto cómo es Yahvé precisamente el que ha comenzado a revelar su deseo de pacto. Ahora le toca a Israel corresponder con su compromiso: cumplir fielmente ese pacto, la alianza. Así es como podrá alcanzar y poseer la tierra prometida.

En el alma de los israelitas se introduce una reconfortante seguridad: el cumplimiento fiel de la ley procura la bendición o ayuda de Dios y con ella el respeto por parte de todos los pueblos; pues no hay otro pueblo que tenga un Dios como éste, capaz de apoyar totalmente a su pueblo.

Israel, pues, escucha los mandatos que su Dios le enseña a cumplir. Así vive la alianza. Vivir la alianza es la misión de Israel; vivirla siendo totalmente fiel a un Dios que se muestra cercano, a pesar de que no se le ve ni tiene figura. Hoy sucede lo mismo: la misión de la Iglesia no es tanto comentar la resurrección de Jesús, cuanto vivirla; porque así hay que hacer presente entre los hombres a Cristo resucitado.

2.- La esencia del cristianismo. Santiago en su Carta lo dice muy claro: «La religión pura e intachable ante Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas». Por eso es que frente a cualquier clase de apariencias externas, el apóstol Santiago critica con dureza la preferencia por el rico en detrimento y humillación del pobre. La fe en Jesucristo exige el amor al prójimo y excluye cualquier preferencia que se funde en la riqueza o en el poder. Este tipo de preferencias son contrarias y antitéticas al método de Dios, que «ha escogido a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino». Ciertamente la pobreza verdadera es la que nace de la fe, que genera la confianza en Dios y se traduce en el amor al prójimo. La relación entre el amor a Dios y el amor al prójimo, comenta Benedicto XVI en su Carta encíclica, Dios es amor, es inseparable: «ambos están tan estrechamente entrelazados, que la afirmación de amar a Dios es en realidad una mentira si el hombre se cierra al prójimo o incluso lo odia... el amor del prójimo es un camino para encontrar también a Dios, y... cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios» (n. 16).

3.- Vivir con humildad sin creernos superiores. Los fariseos del Evangelio de hoy se creen los mejores. Se consideran los practicantes irreprochables, virtuosos, sin fallos. Pero a Jesús no le convencen y, por eso, les pone en entredicho delante de todos. Señala que sus prácticas son inútiles y perjudiciales. Se encierran en sí mismos, en lugar de avanzar hacia Dios y hacia el prójimo. Se consideran puros, “separados”, que es lo que significa la palabra “fariseo”. Endurecen su corazón y no dejan que Dios entre en él. Están equivocados…Los actos religiosos, aunque se practiquen con fervor, no valen para nada si no estamos cerca de los otros. Servir a Dios es también abrirse a la los otros, sean de la condición que sean. Los fariseos, en cambio, se separan de los otros y creen servir a Dios.

4.- Lo que importa es la autenticidad de nuestra vida. Posiblemente pocas cosas nos resultan más desagradables de algunas personas como notar que su conducta no responde a los sentimientos de su corazón. También hoy, como hace veinte siglos, podemos dar demasiada importancia a ciertas rutinas en el trato o en el comportamiento en general, que se supone son propias de personas educadas, honradas, trabajadoras, veraces, amantes de la libertad... Puede suceder, y a veces lamentablemente sucede, que nos quedemos casi solamente en cuidar las formas, desentendiéndonos de si esas actitudes nuestras manifiestan auténticas realidades personales Es actual en el hombre el pecado de hipocresía; porque la autenticidad de cada uno, para bien o para mal, está en el corazón. Alentemos, pues, sentimientos generosos, de honradez, de justicia. Lo que sale de dentro del corazón es lo que importa.

 

 

Fuente: www.betania.es

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