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Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.

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La Homilía de Betania: XXIII Domingo del Tiempo Ordinario, 9 de septiembre de 2012

La Homilía de Betania: XXIII Domingo del Tiempo Ordinario, 9 de septiembre de 2012

1.- TODO LO HIZO BIEN, ¿POR QUÉ?

Por Gabriel González del Estal

1.- En el colmo del asombro decían: todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos. No podemos ignorar que las muchedumbres que seguían a Jesús lo hacían por intereses muy concretos: ser curados de sus enfermedades, saciar su hambre, encontrar acogida y cariño, esperanza en un futuro, en un mundo, en un reino nuevo y mejor. Las muchedumbres no seguían a Jesús por la sublimidad de sus enseñanzas teológicas, ni porque fuera más sabio e inteligente que los demás rabinos, escribas o fariseos. Los demás rabinos, escribas y fariseos también decían cosas maravillosas sobre Dios y la Ley, pero no curaban enfermos, ni acogían a los pecadores, ni multiplicaban el pan y los peces. Es decir, que la causa principal por la que las muchedumbres seguían a Jesús era el egoísmo, porque Jesús les daba y les prometía algo que no le daban, ni le prometían los demás. Hablo de las multitudes, de la gente en general, que seguía a Jesús. Doy por supuesto que hubo personas particulares que siguieron a Jesús movidas preferentemente por su admiración, devoción o amor a él, como pudieron ser Nicodemo, José de Arimatea, algunos apóstoles, la Magdalena y otros. Esto, que es un dato comprobable en una lectura simple de los evangelios, debe hacernos reflexionar a todos los que, de distintas maneras, queremos ser seguidores de Jesús de Nazaret. Si no damos a las personas, a la gente, algo que desean y necesitan, no nos van a seguir por mucho tiempo. Todos somos egoístas desde que nacemos hasta que morimos, con egoísmos más o menos domesticados o camuflados. Tratemos de hacer el bien a los demás, de darles algo que realmente quieren y necesitan; de lo contrario nuestras más excelsas y sublimes predicaciones serán estériles e ineficaces. Cada uno de nosotros y nuestra Iglesia, en general, debe tener esto en cuenta.

2.- Decid a los cobardes de corazón: “sed fuertes, no temáis”. ¿Cuál era la razón que les daba el profeta Isaías a los israelitas que estaban en el desierto, para que no temieran? Que “vuestro Dios trae el desquite, viene en persona, os resarcirá y os salvará”. En definitiva, la razón fundamental que esgrimía el profeta para que sus paisanos, bastantes siglos antes de Cristo, no se apartaran de su Dios era una razón muy parecida a las razones por las que las muchedumbres seguirían después a Jesús. Sí, una razón interesada: porque Dios les iba a dar lo que los jefes y políticos del momento no conseguían darles: la liberación de todas las esclavitudes políticas, culturales y religiosas que estaban padeciendo. Las frases y metáforas que emplea el profeta para que sus paisanos atiendan y entiendan, son unas metáforas deslumbrantes y cautivadoras: los ciegos verán, los sordos oirán, los cojos saltarán como ciervos, se desatará la lengua de los mudos, hasta en el desierto brotarán torrentes y estanques. Se ve que el profeta Isaías conocía muy bien la materia física y psíquica de la que estaban hechos sus paisanos. Aunque con palabras y metáforas más apropiadas a nuestro tiempo, no estaría mal que nosotros copiáramos un poco de la utopía y sabiduría del profeta Isaías.

3.- No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con el favoritismo. El apóstol Santiago, en este texto, se muestra tan práctico y concreto como siempre. La fe teórica no salva, salvan las obras concretas que hacemos en cada momento, nos dice en varias ocasiones. Aquí se refiere al favoritismo, un vicio siempre arraigado en la sociedad, y que, por lo que escribe el apóstol, también estaba presente en la Iglesia de su tiempo. Los privilegios y el trato de favor que han tenido los ricos en la Iglesia Católica a lo largo de muchos siglos han sido siempre contrarios al espíritu y a la voluntad de Cristo, amante de los más pobres y que quiere que en su Iglesia todos nos consideremos como verdaderos hermanos. Yo no veo hoy en nuestra iglesia, afortunadamente, mucho favoritismo, ni trato de favor a los más ricos, pero, si en algún caso todavía lo hay, debemos desterrarlo totalmente de nuestras iglesias. Nada hay más contrario al espíritu evangélico que juzgar a las personas por sus títulos políticos o nobiliarios, o por el dinero que tienen en su cuenta corriente. En la Iglesia de Cristo, si algunos deben ser los primeros, son precisamente los últimos.


2.- "ÁBRETE"

Por Pedro Juan Díaz

1.- La curación de esta persona, sorda y muda, es un símbolo de cómo Jesús quiere abrir los oídos de toda la humanidad para que acojamos su Buena Noticia y la anunciemos con alegría. Tú y yo formamos parte de esa humanidad y hoy conviene que nos hagamos una revisión de oídos y de boca. ¿Cómo andamos de escucha y de anuncio?

2.- Relacionándolo con lo que decía Jesús la semana pasada, y en un intento de superar el ritualismo de escuchar la Palabra de forma rutinaria en las celebraciones, siempre he tenido la tentación de preguntar, al final de la misa, a los que han participado en ella, de qué hablaba hoy el evangelio, para comprobar hasta qué punto somos capaces no solo de retener el mensaje evangélico, sino de acogerlo en nuestro corazón y que transforme nuestra vida. Porque si no es así, nos pareceremos mucho al sordomudo del evangelio que acabamos de proclamar.

3.- Jesús va atravesando tierras paganas. La gente de allí le presenta a una persona sordomuda. Tienen fe en Él, más que los judíos. En estas tierras paganas, Jesús es mejor acogido que entre los suyos. Jesús cura al sordomudo de una forma peculiar: metiéndole los dedos en los oídos y tocándole la lengua con la saliva. Mira al cielo, suspira y le dice: “Ábrete”. Esta persona estaba “cerrada” a Dios y a los demás. No podía oír la Buena Noticia del Evangelio, ni tampoco proclamarla, ni alabar a Dios. Las palabras de Jesús son una gran liberación para él. “Ábrete” quiere decir que esta persona se ha liberado, se ha transformado en un hombre nuevo, gracias a Jesús.

4.- “Ábrete” es una palabra que nos anuncia la salvación y la liberación del mensaje de Jesús, pero al mismo tiempo, nos denuncia nuestras “ataduras” y nuestras “cerrazones”. Las personas corremos el riesgo de vivir con el corazón cerrado, ensimismados en nosotros mismos, ignorando a los demás. Pero Jesús con su Palabra quiere abrirnos el corazón. Para eso no basta con escuchar la Palabra, hay que acoger el mensaje, dejar que entre en lo más profundo de nosotros mismos, en nuestra intimidad. Cuando somos capaces de experimentar que la Palabra de Dios ha llegado a nuestro corazón y se ha convertido en luz para nuestra vida, entonces también se nos desata la lengua y empezamos a alabar a Dios, como aquella gente pagana que reconoce en Jesús al Mesías: “Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos”. Eran los gestos mesiánicos. Isaías, en la primera lectura, también dice: “se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mundo cantará”. Es Dios que viene en persona y trae la salvación. Eso vino a anunciar Jesús.

5.- Hasta que la Palabra de Dios no toque nuestro corazón, no entenderemos que la fe y la vida van unidas, como dice el apóstol Santiago en la segunda lectura, y que lo que Dios quiere no es que nos preocupemos de nosotros y de nuestra salvación, sino que levantemos la cabeza, afinemos el oído y hagamos vida esa Buena Noticia entre los más pobres, que son los preferidos de Dios: “¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que lo aman?”.

6.- Quizás podíamos hacernos hoy la pregunta al terminar la celebración, al llegar a casa. ¿Qué me ha dicho Dios hoy a través de su Palabra? ¿Ha tocado mi corazón? ¿Le he dejado entrar en mi intimidad? ¿O sigo sordo y mudo? La respuesta nos la dará nuestra vida, si en ella permanecemos “atados” a lo material y “encerrados” en nosotros mismos, o si por el contrario, somos capaces de encarnar el mensaje salvador de Jesús, a través de la alegría, el servicio, la esperanza, el amor, la acogida, la escucha, la solidaridad... Que esta sea hoy nuestra revisión. Nunca es tarde para dejar que Dios entre en nuestro corazón y en nuestra vida.


3.- ESCUCHA PRIMERO, HABLA DESPUÉS

Por José María Martín OSA

1.- Dios nos libera de nuestras opresiones. Muchas ataduras y esclavitudes nos atenazan. El hombre de hoy, como el pueblo de Israel vive en estado de opresión, son nuestras esclavitudes y miserias. Nos cuesta mucho liberarnos de ellas, bajamos las manos y nos desesperamos. El profeta Isaías invita a los que todavía tienen esperanza para que le ayuden a levantar el ánimo de los que ya están cansados de esperar. El primer efecto de la palabra profética ha de ser liberar a los hombres del miedo que les esclaviza el corazón: "Mirad a vuestro Dios que trae el desquite...", proclama. Dios, que hace un asunto personal de las desgracias de su pueblo, ya está llegando para juzgar a unos y salvar a otros. Las señales de la venida del Señor serán las curaciones de todos los achaques corporales y espirituales de los cautivos. Los que ahora no pueden ver, verán la salvación; los que no pueden escuchar, escucharán la buena noticia; los que no pueden o no se atreven a hablar, cantarán, y hasta los cojos saltarán de gozo. Hasta la tierra se alegrará con la presencia del Señor, que libera a su pueblo. El desierto, símbolo de la muerte, engendrará la vida. Correrán las aguas por la estepa y lo reseco será un manantial. Se repetirán las maravillas del primer éxodo. Es la maravilla que se producirá en nosotros cuando nos liberemos de nuestras esclavitudes.

2.- No podemos tener acepción de personas ni discriminar a nadie. Santiago afirma con rotundidad que la fe en Jesucristo no se compagina con la acepción de personas. Por lo tanto, no debemos estimar a los hombres por lo que aparentan o lo que tienen, sino por lo que son delante de Dios. Si la acepción de las personas se practicara en la vida de la iglesia sería un escándalo y un desconocimiento de Cristo, que se ha identificado con los más pobres. Los criterios del mundo son muy distintos de los criterios cristianos. La máxima del mundo es ésta: "Tanto tienes, tanto vales". Pero Jesús llamó bienaventurados a los pobres. Si halagamos a los ricos y despreciamos a los pobres, nos apartamos en la práctica de la verdadera fe y no somos ya discípulos consecuentes de Jesús. El trato que reciban los pobres en nuestras asambleas litúrgicas no puede ser otra cosa que el compromiso real de estar con ellos y luchar con ellos en otras asambleas en las que se ventila también el pan de la justicia.

3.- ¿Sabemos comunicarnos? Vivimos en un mundo dominado por las comunicaciones, tanto que no podemos pasar unos días sin teléfono o sin internet. Es como si estuviéramos enganchados a las nuevas tecnologías. Me sorprendió un reportaje que vi en televisión sobre una casa rural donde los huéspedes buscaban la tranquilidad y para ello aceptaban que se apretase un botón para que en toda la casa no hubiera posibilidad de llamar por teléfono o conectarse a internet a partir de cierta hora del día. ¿Podemos afirmar que nos comunicamos mejor que en tiempos pasados? Es verdad que ahora nos enteramos en seguida de cualquier cosa que pasa en el mundo, pero el hombre y la mujer de hoy se sienten más solos que nunca, hay personas que no pueden comunicarse personalmente con nadie. Estamos sordos cuando, enganchados al teléfono, no escuchamos al que está a nuestro lado pidiendo ayuda, estamos mudos cuando no sabemos decir a nuestro prójimo la palabra adecuada que le saque de la postración. En territorio extranjero, atravesando la Decápolis, Jesús cura a un sordomudo. Era una persona incomunicada y aislada debido a su enfermedad. Le piden que le imponga las manos. La imposición de manos, como rito de bendición, es utilizada frecuentemente por Jesús en sus curaciones. Este gesto significaba también la comunicación del Espíritu de Dios, y como tal ha pasado a la liturgia de la iglesia. Jesús no quiere despertar un entusiasmo ciego y fomentar el sensacionalismo en las multitudes. Jesús retira al enfermo de la multitud curiosa. Aunque generalmente Jesús cura a los enfermos imponiendo las manos y pronunciando su palabra eficaz, aquí realiza también una serie de gestos simbólicos que dan a todo el proceso una solemnidad especial. Por otra parte, son señales necesarias para comunicarse con el sordomudo. La liturgia bautismal ha recogido estos gestos de Jesús, con lo que reconoce que todo hombre debe ser abierto por Dios para que pueda escuchar el evangelio. Marcos ha conservado en su original arameo la palabra de Jesús al sordomudo "effetá". También esta palabra ha pasado a la liturgia bautismal. Tanto Jesús como la iglesia dirigen esta palabra al hombre, para que se abra a la comunicación y se disponga a recibir el evangelio. Ni el milagro de Jesús ni el rito bautismal son acciones mágicas que actúen en virtud de unos gestos determinados y gracias al poder de una fórmula. Los gestos y las palabras tienen en ambos casos un significado y son, por tanto, apelación de quien ve y escucha. El milagro de Jesús se hace entender primero con gestos visibles por el sordomudo y así lo dispone para la fe, después pronuncia la palabra eficaz.

4.- Primero escuchar, después hablar. Recuerdo el lema de la opción preferente del año pasado del colegio donde trabajo: “Escucha primero, habla después”. En un mundo lleno de ruido y de palabras vacías, queríamos hacer caer en la cuenta a los alumnos del valor del silencio y de la escucha. No se puede hablar si no se puede escuchar. Y esto vale también respecto a la audición y confesión del evangelio. Sólo el que cree, el que escucha, puede después proclamar y confesar auténticamente el evangelio. Como dice Pablo: "porque creemos, por eso hablamos". Aunque Jesús ha realizado el milagro apartándose del pueblo, pronto se conoce lo sucedido y todos se hacen lenguas de lo que ha ocurrido. Este milagro es una de las señales anunciadas por Isaías para los tiempos mesiánicos. Es posible que Jesús imponga silencio a estas gentes precisamente por eso, temiendo que la falsa concepción mesiánica que poseían comprometiera su actuación ante los poderes públicos. Si queremos ser testigos de Jesús, primero tenemos que “experimentarle”, buscarle en la meditación asidua de su Palabra.

 

Fuente: www.betania.es

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