Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.
La Homilía de Betania: XXVII Domingo del Tiempo Ordinario, 7 de Octubre, 2012.
1.- AMOR SUPREMO Y SIEMPRE FIEL
Por Antonio García Moreno
1.- UNA SOLA CARNE.- Dios está preocupado. Adán se siente solo. Aquel mundo maravilloso que le circunda es demasiado grande para él, demasiado bello para no comunicar con alguien los hondos sentimientos que su contemplación provoca. Las aguas azules, los verdes valles, las rojas alboradas, la blanca nube. Mil matices polícromos que despiertan los deseos de cantar, de derramar hacia fuera el torrente de gozo que hay dentro.
Dios preocupado porque Adán está solo. Así de sencillo, y así de misterioso. Este relato, cargado de antropomorfismo, nos presenta en su lenguaje popular la maravillosa preocupación de Dios por ese hombre de barro recién hecho, con los ojos apenas abiertos a la luz del día. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera. Así el hombre nominó a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo... Adán pone el nombre, ello equivale a decir que toma posesión de aquel mundo vivo que canta y que ruge, que lucha y que goza. La fuerza, la agilidad, la piel suave, los ojos profundos. Animales grandes y pequeños. Todos bajo el dominio de Adán... Pero el hombre sigue triste, con la soledad pintada en su mirada perdida. Y Dios sigue preocupado por él.
El sueño de Adán. Eso será la mujer. La imaginación del primer hombre vuela por las regiones lejanas e imprecisas de los sueños. Por el misterio del subconsciente el hombre vaga flotando sobre las cosas, buscando entre aquella selva exótica algo que llene su corazón vacío. Y de pronto, al despertar, ella, la primera mujer, está allí. Y Adán exclama entusiasmado: Esta sí que es carne de mi carne... El primer piropo ha florecido en el aire limpio de la mañana. Adán se ha enamorado, Dios ha creado el amor humano, fiel reflejo del divino. Ahora tiene el hombre lo que le faltaba para asemejarse más a Dios: el amor.
Los dos serán una misma carne, una vinculación íntima e irrompible ata dulcemente al hombre y a la mujer. Adán ya no está solo, los ojos le brillan otra vez con el color de la alegría. Sí, es maravilloso amar... Y después todo se viene abajo. Y el amor se rompe y la carne que debía ser una, se desgarra. El pecado lo manchó todo, lo arruinó. El pecado es el único obstáculo que impide y recorta la grandeza del amor, lo único que envenena la dulzura del cariño para convertirlo en la amargura del odio... Líbranos, Señor, del pecado. Haz que nuevamente el hombre descubra la belleza del auténtico amor.
2.- LO QUE DIOS HA UNIDO.- Siempre hubo problemas en la vida matrimonial. Sencillamente porque siempre falló el corazón humano, tan voluble y egoísta a veces. Ante esta dificultad hubo quienes pensaron que lo mejor era cortar por lo sano, olvidando que lo que Dios ha unido no lo debe separar el hombre. Sin tener en cuenta, además, que la solución de cortar por lo sano, destruye todo posible rescoldo de amor en vez de alentarlo, corroe la vida familiar privándola de la capacidad de abnegación y de olvido de sí mismo, en favor de los demás, en especial en favor de los hijos.
San Marcos nos refiere con sencillez y brevedad el episodio de los fariseos que preguntan al Señor si le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer. Según el libro del Deuteronomio, uno podía dar el libelo de repudio a su mujer y casarse con otra. Jesús reconoce esta situación, pero la considera como una concesión provisoria a la terquedad de los israelitas. En realidad ese pasaje no permitía el divorcio. Simplemente tenía presente la costumbre introducida por algunos y procuraba imponer unas reglas para evitar mayores abusos. Es decir, ese texto de Dt 24, 1-4 es antidivorcista, a pesar de que lo tolera.
Pero aun admitiendo otro sentido a ese pasaje veterotestamentario, Jesús lo deroga con claridad y recurre a la originalidad de lo primigenio, a la voluntad primera de Dios que determinó que el hombre se uniera para siempre a la mujer, con un nudo que sólo la muerte podría romper. "Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". Es una sentencia tan concisa y clara que no es posible admitir componendas.
Jesús reconoce la dificultad que su doctrina entraña para que pueda ser entendida y aceptada sin más por el hombre. Pero él no echa marcha atrás y mantiene sus exigencias de amor supremo y siempre fiel. Decir otra cosa es tergiversar la palabra de Dios; aguar, por así decir, el vino fuerte y oloroso del Evangelio. Es cierto que, según el paralelo de San Mateo, Jesús alude a una posible excepción aparente, al caso llamado en el original griego "porneia". Pero la interpretación correcta de esa palabra la considera igual a matrimonios que son concubinarios o amancebamientos. En esos casos de uniones no matrimoniales, es posible la separación. Excluye, por tanto, todo matiz suavizante a la doctrina claramente enunciada en San Lucas y en San Marcos por el Señor. Así, pues, una vez que se da un verdadero matrimonio, éste es indisoluble.
2.- EL DIVORCIO Y LA TERQUEDAD HUMANA
Por Gabriel González del Estal
1.- Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. El precepto que Moisés se vio obligado a dar a los israelitas, por su terquedad, dice así: si un hombre toma a una mujer y se casa con ella, y resulta que esta mujer no halla gracia a sus ojos, porque descubre en ella algo que le desagrada, le redactará un libelo de repudio, se lo entregará en su mano y la despedirá de su casa (Deuteronomio 24, 1). El libelo de repudio era una ley que daba Moisés a su pueblo para regular un hecho que era muy frecuente en su tiempo: un hombre podía despedir, echar de su casa, a su mujer por cualquier motivo y sin tener que dar a nadie explicaciones de esto. El divorcio dependía exclusivamente del hombre y la mujer quedaba totalmente abandonada y desamparada, sin que tuviera documento alguno que pudiera presentar ante el tribunal, ante los ancianos del pueblo. El libelo de repudio no servía para mucho a la mujer abandonada, pero era mejor que no tener nada. La intención del legislador y profeta Moisés, al dar este precepto, era ayudar de alguna manera a la mujer ante la terquedad y dureza de corazón del hombre. Si el hombre no hubiera sido, una y otra vez, injusto y terco con la mujer, Moisés no hubiera tenido que dar este precepto. Pero la terquedad del hombre en sus relaciones con la mujer no fue algo querido nunca por Dios. Dios quiso desde el principio que la unión de un hombre con una mujer, el matrimonio, estuviera basado en el amor y no en el dominio de un hombre sobre una mujer. Esta voluntad de Dios respecto al matrimonio sigue siendo hoy tan primera y única como entonces. El divorcio sigue siendo también hoy un hecho frecuente, porque el hombre, en general, sigue siendo un animal muchas veces terco y duro de corazón; es, pues, lógico y necesario que existan leyes que regulen el divorcio. Pero a los verdaderos discípulos de Cristo no deben hacerles falta estas leyes, porque el discípulo de Cristo no debe dejarse llevar por su terquedad, por la dureza de su corazón, sino por el amor. Esta sigue siendo hoy la voluntad clara y explícita de Cristo.
2.- Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de los cielos. ¡Qué diferencia tan enorme hay entre la hipocresía y malevolencia de los fariseos y la inocencia de los niños! Dios prefiere la inocencia a la malevolencia en las relaciones humanas. Acercarse a los otros para tentarlos, o ponerlos a prueba, indica estrechez de corazón y ausencia del amor de Dios y del prójimo. Y eso es lo que hacemos nosotros muchas veces en nuestras relaciones humanas: nos acercamos a los demás tratando de encontrar en ellos algo que criticar, en vez de acercarnos a los demás con la única intención de ayudarles y mostrarles nuestro apoyo y nuestro amor. Actuamos más como fariseos que como niños inocentes. Pero Jesús nos dice que sólo los que acepten el reino de Dios como un niño, podrán entrar en él. Se trata, una vez más, de nuestro actuar con terquedad, con dureza de corazón, en vez de actuar con inocencia y buena voluntad. Pidamos a Dios que nos dé un corazón puro, un espíritu limpio y generoso en nuestras relaciones con el prójimo; así podremos vivir ya desde ahora en el reino de los cielos.
3.- Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos. Se refiere, claro está, a Jesús, a quien Dios hizo un poco inferior a los ángeles, mientras vivió en este mundo. Dios quiso que Jesús se “perfeccionara y se consagrara con sufrimientos” para convertirse así en guía de salvación. Por eso, Jesús puede llamarnos a nosotros hermanos, porque fue en todo igual a nosotros, menos en el pecado. Jesús sufrió y padeció la muerte, para bien de todos nosotros. Los cristianos debemos vivir como hermanos de Jesús, no rehuyendo nunca el sufrimiento redentor; así el Señor nos coronará también a nosotros de gloria, mediante la resurrección. Este es el mensaje que quiere darnos hoy en este texto el autor de esta carta a los Hebreos.
3.- HAY QUE CUIDAR EL AMOR
Por José María Martín OSA
1.- El amor, bendecido por Dios. Las lecturas de este domingo tienen como tema central el matrimonio. Ya desde el principio de la Biblia se dice que Dios bendice la unión del hombre y la mujer para que sean los dos “una sola carne”. Dios quiso que el hombre no estuviera solo. El ser humano, representado por Adán, es un ser social, hecho para dialogar, para relacionarse. En el capítulo primero del Génesis se dice que Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen. Ahora, en el capítulo segundo, se resalta que son iguales en dignidad. La mujer no es solo “la costilla de Adán”, es alguien semejante e igual a él, de su misma carne. ¡No debemos interpretar este texto diciendo que es “machista” porque la mujer ocupa un segundo plano! ¿Qué don concede Dios al hombre y la mujer que se unen en matrimonio?: les da un corazón nuevo para que sean capaces de amarse como El mismo nos ama. Es ésta una fiesta del amor, donde triunfa el amor. El sacramento evoca, convoca y provoca para el futuro. El amor humano ha sido bendecido por Dios. Dios acoge con cariño la historia concreta de amor de dos personas que quieren unir sus vidas para siempre. Y eleva este amor a un nivel verdaderamente divino. A partir de este momento Dios ama a cada uno a través del amor del otro, y cada uno ama a Dios amando al otro.
2.- ¿Qué calidades tiene el amor? Es una participación del amor que Dios nos tiene. Es un amor que toma la iniciativa. No espera que el otro dé el primer paso. Se lanza el primero. Además es comprensivo, disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites. Sabe perdonar porque no busca el propio interés, sino el del otro. Es capaz de decir “¡Perdóname!” y “Te perdono, porque te quiero”. Es un amor personal. Lleva a aceptar al otro como es, sin pretender cambiarlo, ni dominarlo, ni anularlo. Quiere la realización del otro sin esclavitudes. Es como tener al ser querido en un pedestal, buscando en todo momento su bien. Es un amor total. Pone en juego todo lo que somos. La persona es cuerpo: los esposos entregan su propio cuerpo para que sea del otro es en esa liturgia inventada por Dios, que es el encuentro sexual. El amor se dirige a toda la persona, no sólo al cuerpo, de tal manera que la misma relación sexual se convierte en la forma privilegiada de amor y entrega al otro. La persona es corazón: amar es darse. Cada uno se ofrece al otro todo su cariño para hacer feliz al otro. La persona es libertad: los novios se dan un sí que compromete toda vuestra vida. Es como decirse: “Mi vida eres tú”, o “sin ti no soy nada”. No pueden entender la vida el uno sin el otro. Es un amor fecundo. Necesita salir de sí mismo y dar vida: los hijos, fruto del amor. Pero debe ser fecundo también para los demás. No se trata solamente de mirarse el uno al otro, sino también de mirar juntos a los demás, para que el amor sea también bendición para otros muchos. Juntos pueden cambiar el mundo. Muchas personas les siguen necesitando: familia, amigos, compañeros, pobres…
3.- La fidelidad en el amor. El evangelio dice “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. Los esposos se comprometen a vivir siempre juntos. Pero hay que saber priorizar en la vida: el amor es lo más importante, es un tesoro. Tiene que crecer y hay que cuidarlo No podemos ser ingenuos y pensar que crece solo. Son muy importantes los pequeños detalles, el diálogo para mantener la confianza mutua y la comunicación…. Hay que ver las cosas no solo desde el punto de vista de cada uno, sino también como las ve el otro. Siempre debe reinar el respeto en la relación mutua. El dedicarse tiempo el uno al otro es fundamental. Hay que evitar todo aquello que pone en peligro al amor y favorecer lo que le hace crecer. Los esposos deben dejarse ayuda cuando vienen las dificultades, buscar apoyo: familia, amigos, cursillos, encuentros matrimoniales, grupos….
El amor mutuo es el mejor camino para entender y amar a Dios. Dios sella su amor. Han querido que esté presente en medio de ellos y por eso “la cuerda de tres hilos no es fácil de romper”, nos dice el Libro del Eclesiastés. Juntos deben dar gracias a Dios cada día por vuestro amor. Dios está en medio de vuestro hogar. Es El quien les nutre, une y hace posible su amor. El amor así entendido tiene ansia de eternidad ¡Qué hermoso es creer que Dios ha soñado juntos a dos personas que se quieren”.! Una pequeña parábola puede ayudarnos a entender cómo hay que cuidar el amor para que no se rompa nunca:
4.- Un esposo fue a visitar a un sabio consejero y le dijo que ya no quería a su esposa y que pensaba separarse.
El sabio lo escuchó, lo miró a los ojos y solamente le dijo una palabra: Ámala, luego guardó silencio.
-Pero es que ya no siento nada por ella.
-Ámala, repuso el sabio.
Y ante el desconcierto del señor, después de un oportuno silencio, el viejo sabio agrego lo siguiente:
- Amar es una decisión, no un sentimiento; Amar es dedicación y entrega, amar es un verbo y el fruto de esa acción es el amor. El Amor es un ejercicio de jardinería: arranca lo que puede hacer daño a tu jardín, prepara el terreno, siembra, sé paciente, riega y cuida. Debes estar preparado porque habrá plagas, sequías o excesos de lluvias, mas no por eso abandones su jardín. Ama a su pareja, es decir, acéptala, valórala, respétala, dele afecto y ternura, admírala y compréndala. Eso es todo, Ámala.
Fuente: www.betania.es