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Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.

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Ordinario de la Misa: I Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C. Jueves, 17 de Enero 2013..

Ordinario de la Misa: I Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C. Jueves, 17 de Enero 2013..

San Antonio, abad

Memoria

Señor, que no seamos sordos a tu voz

Antífona de Entrada

Los justos crecerán como  palmeras, se elevarán tan  alto como cedros del Líbano,  plantados en la casa del Señor  en medio de sus patios darán flores.

Oración Colecta

 Oremos:

Dios nuestro, que concediste  a san Antonio abad,  dejar por tu amor cuanto  tenía para servirte  heroicamente en el desierto,  otórganos, por sus méritos,  superar nuestro egoísmo  y amarte a ti sobre todas las cosas.

Por nuestro Señor Jesucristo…

Amén.

 

Primera Lectura

Lectura de la carta a los

hebreos (3, 7-14)

Hermanos:

Oigamos lo que  dice el Espíritu Santo en un  salmo: Ojalá escuchen ustedes  la voz del Señor, hoy.  No endurezcan su corazón,  como el día de la rebelión y el de  la prueba en el desierto, cuando  sus padres me pusieron a prueba  y dudaron de mí, aunque habían  visto mis obras durante cuarenta  años. Por eso me indigné  contra aquella generación y

dije:

“Es un pueblo de corazón  extraviado, que no ha conocido  mis caminos”. Por eso juré en  mi cólera que no entrarían en mi descanso.

Procuren, hermanos, que  ninguno de ustedes tenga un  corazón malo, que se aparte del  Dios vivo por no creer en él. Más  bien anímense mutuamente cada  día, mientras dura este “hoy”,  para que ninguno de ustedes,  seducido por el pecado,  endurezca su corazón; pues si  nos ha sido dado el participar  de Cristo, es a condición de  que mantengamos hasta el fin nuestra firmeza inicial.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Salmo Responsorial Salmo 94

Señor, que no seamos

sordos a tu voz.

Vengan, y puestos de  rodillas, adoremos y bendigamos  al Señor, que nos hizo,  pues él es nuestro Dios y  nosotros, su pueblo; él es  nuestro pastor y nosotros, sus ovejas.

Señor, que no seamos

sordos a tu voz.

Hagámosle caso al Señor,  que nos dice: “No endurezcan  su corazón, como el día  de la rebelión en el desierto,  cuando sus padres dudaron  de mí, aunque habían visto mis obras.

Señor, que no seamos

sordos a tu voz.

Durante cuarenta años sentí  hastío de esta generación.  Entonces dije: ‘Este es un pueblo  de corazón extraviado que no  ha conocido mis caminos’.  Por eso juré, lleno de cólera, que no entrarían en mi descanso”.

Señor, que no seamos

sordos a tu voz.

 

Aclamación antes del Evangelio

 Aleluya, aleluya.

Jesús predicaba el Evangelio  del Reino y curaba toda clase de enfermedades en el pueblo.

Aleluya.

 

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio

según san Marcos (1, 40-45)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, se le acercó  a Jesús un leproso para  suplicarle de rodillas: “Si tú  quieres, puedes curarme”.

Jesús se compadeció de él,  y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo:

“¡Sí quiero: sana!”

Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio.

Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad:

“No se  lo cuentes a nadie; pero para  que conste, ve a presentarte  al sacerdote y ofrece por tu  purificación lo prescrito por Moisés”.

Pero aquel hombre  comenzó a divulgar tanto el  hecho, que Jesús no podía  ya entrar abiertamente en la  ciudad, sino que se quedaba  fuera, en lugares solitarios,  a donde acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Comentario:

La lepra era considerada en tiempos de Jesús como una enfermedad terrible. El leproso tenía que andar por las afueras de la ciudad o de la aldea. Los leprosos formaban parte del grupo de los excluidos, impuros y pecadores extremos de aquella cultura. El leproso de este pasaje rompe todas las convenciones y prohibiciones del momento. Se acerca a Jesús y le solicita la curación (limpieza). Jesús no rechaza la cercanía y el contacto físico de este hombre. Lo escucha, lo acepta y lo acoge. Pero, sobre todo, lo toca, a pesar de que el contacto físico iba en contra de las convenciones religiosas vigentes. Al devolverle la salud, Jesús le está recuperando su dignidad de hijo de Dios. Siguiendo la ley, lo manda a presentar la ofrenda estipulada para estos casos. Jesús demuestra que la persona está por encima de la ley y que es necesario devolverle el sentido salvífico a la misma ley. No la trasgrede, pero la supera a favor de la persona humana excluida y marginada.

Preguntémonos delante del Señor: ¿Quiénes son hoy “los leprosos” de nuestra sociedad? ¿Cuál es nuestra actitud frente a los excluidos y marginados de nuestro tiempo?

Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Señor, estos  dones que humildemente  te presentamos en la  conmemoración de san  Antonio abad, y líbranos de  nuestro apego a los bienes  materiales para que te  poseamos a ti como única riqueza.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

 

Prefacio de los Santos I

La gloria de los santos.

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

Es justo y necesario.

En verdad es justo darte  gracias y deber nuestro  glorificarte, Padre santo.   Porque tu gloria resplandece  en cada uno de los santos, ya  que, al coronar sus méritos,  coronas tus propios dones.

Con su vida, nos proporcionas  ejemplo; ayuda, con su  intercesión, y por la comunión  con ellos, nos haces participar  de sus bienes, para que,  alentados por testigos tan  insignes, lleguemos victoriosos  al fin de la carrera y alcancemos  con ellos la corona inmortal de la gloria. Por Cristo nuestro Señor.

Por eso, con los ángeles y  arcángeles, y con la multitud  de los santos, te cantamos un  himno de alabanza, diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo…

 

Antífona de la Comunión

Si quieres ser perfecto, dice  el Señor, vende lo que posees,  reparte el dinero entre los pobres y después, ven y sígueme.

Oración después de la Comunión

 Oremos:

Por medio de esta Eucaristía,  concédenos, Señor, la fuerza  necesaria para vencer  siempre, a ejemplo de san  Antonio abad, las tentaciones

del enemigo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Fuentes: www.lecturadeldia.com; www.servicioskoinonia.org

 

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