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Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.

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Ordinario de la Misa. Lecturas y Oraciones. Sábado II Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A. 22 de enero 2011

= Sabado 22 de Enero, 2011

Mírame, Dios mío, y ten piedad de mí

Feria de la 2a. S. T. O. o memoria libre de san Vicente, diácono y mártir; o de Santa María en Sábado

El Señor es mi luz y mi salvación

Antífona de Entrada

Tengo los ojos puestos en el Señor, porque él me libra de todo peligro. Mírame, Dios mío, y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido.

Oración Colecta

Oremos:

Nos acogemos, Señor, a tu providencia, que nunca se equivoca, y te pedimos humildemente que apartes de nosotros todo mal y nos concedas aquello que pueda contribuir a nuestro bien.

Por nuestro Señor Jesucristo…

Amén.

 

Primera Lectura

Lectura de la carta a los

hebreos (9, 2-3. 6-7. 11-14)

Hermanos: En la antigua alianza, el santuario estaba dispuesto de tal manera, que en una primera tienda, llamada el “lugar santo”, se hallaban el candelabro y la mesa con los panes sagrados; separada por un velo, había una segunda tienda, llamada el “lugar santísimo”.

Al “lugar santo” entraban los sacerdotes todos los días para celebrar el culto; pero al “lugar santísimo” entraba una vez al año el sumo sacerdote, él solo, llevando consigo sangre de animales para ofrecerla en expiación por sus propios pecados y por los del pueblo.

Ahora bien, cuando Cristo se presentó como sumo sacerdote que nos obtiene los bienes definitivos, penetró una sola vez y para siempre en el “lugar santísimo”, a través de una tienda, que no estaba hecha por mano de hombre, ni pertenecía a esta creación. No llevó consigo sangre de animales, sino su propia sangre, con la cual nos obtuvo una redención eterna.

Porque si la sangre de los machos cabríos y de los becerros y las cenizas de una ternera, cuando se esparcían sobre los impuros, eran capaces de conferir a los israelitas una pureza legal, meramente exterior, ¡cuánto más la sangre de Cristo purificará nuestra conciencia de todo pecado, a fin de que demos culto al Dios vivo, ya que a impulsos del Espíritu Santo, se ofreció a sí mismo como sacrificio inmaculado a Dios, y así podrá purificar nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte,

para servir al Dios vivo!

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Salmo Responsorial Salmo 46

Entre voces de júbilo,

Dios asciende a su trono.

Aplaudan, pueblos todos; aclamen al Señor, de gozo llenos, que el Señor, el Altísimo, es terrible y de toda la tierra, rey supremo.

Entre voces de júbilo,

Dios asciende a su trono.

Entre voces de júbilo y trompetas, Dios, el Señor, asciende hasta su trono. Cantemos en honor de nuestro Dios, al rey honremos y cantemos todos.

Entre voces de júbilo,

Dios asciende a su trono.

Porque Dios es el rey del universo, cantemos el mejor de nuestros cantos. Reina Dios sobre todas las naciones desde su trono santo.

Entre voces de júbilo,

Dios asciende a su trono.

 

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.

Abre, Señor, nuestros corazones, para que comprendamos las palabras de tu Hijo.

Aleluya.

 

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio

según san Marcos (3, 20-21)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús entró en una casa con sus discípulos y acudió tanta gente, que no los dejaban ni comer. Al enterarse sus parientes, fueron a buscarlo, pues decían que se había vuelto loco.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión:

Jesús regresa de la montaña a la casa, de la cercanía con Dios al encuentro con la humanidad. Es en el hogar, en la intimidad de la persona y de la comunidad, donde Jesús se hace presente, en donde él actúa y hace efectiva su misión como Hijo de Dios. La casa posee un significado especial para el evangelista Marcos. Es el lugar de reunión, donde Jesús instruye a los suyos, donde se enseña, se predica y se vive el evangelio. La casa se convierte entonces en un lugar de referencia para la comunidad de creyentes, pues de allí surge una nueva manera de relacionarse, una nueva manera de ser hombre y mujer, una nueva manera de concebir el mundo y a Dios. En esta “casa” el trabajo no da tiempo para comer, hay muchas personas buscando a Jesús, buscando un cambio de vida. Jesús y sus discípulos realizan, por medio del servicio y la solidaridad, un trabajo que no es propiamente de locos; es un trabajo sensato en beneficio del Reino. Las comunidades cristianas deben ser para la sociedad lugares en los que se teje un mundo nuevo, fundado en el servicio y el amor y no en el poder y la injusticia. 

 

Oración sobre las Ofrendas

Confiados en tu misericordia, Señor, venimos a tu altar con nuestros dones a fin de que te dignes purificarnos por este memorial que estamos celebrando.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Prefacio Común IX

La gloria de Dios es el hombre

viviente.

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Tú eres el Dios vivo y verdadero; el universo está lleno de tu presencia, pero sobre todo has dejado la huella de tu gloria en el hombre, creado a tu imagen. Tú lo llamas a cooperar con el trabajo cotidiano en el proyecto de la creación y le das tu Espíritu para que sea artífice de justicia y de paz, en Cristo, el hombre

nuevo.

Por eso, unidos a los ángeles y a los santos, cantamos con alegría el himno de tu alabanza:

Santo, Santo, Santo…

 

Antífona de la Comunión

Yo te invoco, porque tú me, respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras.

Oración después de la Comunión

Oremos:

Padre santo, tú que nos has alimentado con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, guíanos por medio de tu Espíritu a fin de que, no sólo con palabras, sino con toda nuestra vida podamos demostrarte nuestro amor y así merezcamos entrar

al Reino de los cielos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

 

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