Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.
Ordinario de la Misa; Sábado XVII Semana Tiempo Ordinario. Ciclo B. 04 de Agosto, 2012
San Juan María Vianney, presbítero
Memoria
Defiéndeme y ayúdame, Dios mío
Antífona de Entrada
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la Buena Nueva a los pobres y anunciar su liberación a los cautivos.
Oración Colecta
Oremos:
Dios omnipotente y misericordioso, que hiciste admirable a san Juan María Vianney por su amor a las almas, concédenos que, por amor a Cristo, trabajemos por la salvación de nuestros hermanos y podamos llegar con ellos a la gloria eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
Lectura del libro del profeta
Jeremías (26, 11-16. 24)
En aquellos días, los sacerdotes y los profetas dijeron a los jefes y al pueblo:
“Ese hombre, Jeremías, merece la muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad, como ustedes mismos lo han oído”.
Pero Jeremías les dijo a los jefes y al pueblo:
“El Señor me ha enviado a profetizar todo lo que han oído contra este templo y esta ciudad. Pues bien, corrijan su conducta y sus obras, escuchen la voz del Señor, su Dios, y el Señor se retractará de la amenaza que ha pronunciado contra ustedes.
Por mi parte, yo estoy en manos de ustedes: hagan de mí lo que les parezca justo y conveniente.Pero sépanlo bien:
si me matan, ustedes, la ciudad y sus habitantes serán responsables de la muerte de un inocente, porque es cierto que el Señor me ha enviado a ustedes para anunciarles todas estas cosas”.
Los jefes y todo el pueblo dijeron a los sacerdotes y a los profetas:
“Este hombre no merece sentencia de muerte, porque nos ha hablado en nombre del Señor, nuestro Dios”.
Entonces Ajicam, hijo de Safán, defendió a Jeremías, para que no fuera entregado en manos del pueblo y lo mataran.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial Salmo 68
Defiéndeme y ayúdame,
Dios mío.
Sácame de este cieno, no vaya a ser que me hunda; ponme a salvo, Señor, de los que me odian y de estas aguas tan profundas.
Defiéndeme y ayúdame,
Dios mío.
No dejes que me arrastre la corriente y que me trague el remolino; no dejes que se cierre sobre mí la boca del abismo.
Defiéndeme y ayúdame,
Dios mío.
Mírame enfermo y afligido; defiéndeme y ayúdame, Dios mío. En mi cantar exaltaré tu nombre, proclamaré tu gloria,agradecido.
Defiéndeme y ayúdame,
Dios mío.
Se alegrarán al verlo los que sufren; quienes buscan a Dios tendrán más ánimo, porque el Señor jamás desoye al pobre, ni olvida al que se encuentra encadenado.
Defiéndeme y ayúdame,
Dios mío.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos, dice el Señor.
Aleluya.
Evangelio
† Lectura del santo Evangelio
según san Mateo (14, 1-12)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, el rey Herodes oyó lo que contaban de Jesús y les dijo a sus
cortesanos:
“Es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas”.
Herodes había apresado a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, pues Juan le decía a Herodes que no le estaba permitido tenerla por mujer. Y aunque quería quitarle la vida, le tenía miedo a la gente, porque creían que Juan era un profeta.
Pero llegó el cumpleaños de Herodes, y la hija de Herodías bailó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que le pidiera. Ella, aconsejada por su madre, le dijo: “Dame, sobre esta bandeja, la cabeza de Juan el Bautista”.
El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por no quedar mal con los invitados, ordenó que se la dieran; y entonces mandó degollar a Juan en la cárcel. Trajeron, pues, la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre.
Después vinieron los discípulos de Juan, recogieron el cuerpo, lo sepultaron, y luego fueron a avisarle a Jesús.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Comentario:
Si bien Juan murió víctima de una conspiración palaciega, la razón de su martirio se encuentra en el ministerio que él ejerció a orillas del Jordán, en el desierto de Judea. Una primera característica de su carisma fue la vestimenta que asumió, que lo asemejaba a los profetas de antaño, como Elías, que vestían un sencillo traje de lana de camello. Además de esto, le recordó a Israel la necesidad de volver al desierto, al lugar de encuentro con Dios. Por esta razón se ubicó en ese paraje aislado, por donde Josué pasó de camino en la búsqueda de la Tierra Prometida. Juan además asumió la dieta del nazareo, es decir de la persona que hacía votos de consagración a Dios y los vivía por medio de las prescripciones dietéticas y por su vinculación a la actividad de los santuarios. Todos estos gestos proféticos herían gravemente la sensibilidad y el prestigio de las autoridades de Jerusalén, caracterizadas por su corrupción, por su connivencia con los invasores y por la relajación de las auténticas exigencias religiosas. Pero, tal vez, lo más radical de todo fue la denuncia del trato inmisericorde que los hijos de Herodes se daban entre sí mismos y contra su propio pueblo.
Oración sobre las Ofrendas
Que estos dones, Señor, que te presentamos en honor de tus santos y que van a dar testimonio de tu poder y de tu gloria, nos alcancen de ti la salvación eterna.
Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Prefacio de los Santos Pastores
Los santos pastores siguen
presentes en la Iglesia
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor.
Porque permites que tu Iglesia se alegre hoy con la festividad de san Juan María Vianney, para animarnos con el ejemplo de su vida, instruirnos con su palabra y protegernos con su intercesión.
Por eso, con los ángeles y los santos, te cantamos el himno de alabanza, diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de la Comunión
Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo, dice el Señor.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Te rogamos, Señor, que el sacramento que hemos recibido nos encamine al cielo que ya mereció obtener san Juan María Vianney sirviéndote con fidelidad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.