Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.
Ordinario de la Misa: V Semana de Cuaresma. Ciclo C. Viernes 22 de marzo, 2013.
Ritos iniciales
1. Reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar, con los ministros, mientras se entona el canto de entrada.
Cuando llega al altar, habiendo hecho con los ministros una inclinación profunda, venera el altar con un beso y, si es oportuno, inciensa la cruz y el altar. Después se dirige con los ministros a la sede.
Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
El pueblo responde: Amén.
2. Después el sacerdote, extendiendo las manos, saluda al pueblo, diciendo:
TIEMPO DE CUARESMA
La gracia y el amor de Jesucristo,
que nos llama a la conversión,
esté con todos ustedes.
O bien:
Que el Espíritu de Dios
nos ayude a responder dócilmente a su llamado penitencial,
y que su gracia salvadora
permanezca con cada uno de ustedes.
O bien:
Que el Señor Jesús los encamine hacia el amor de Dios Padre
y les dé la perseverancia
para renovar su compromiso bautismal,
y que su amor misericordioso
descienda y esté con todos ustedes.
O bien:
De parte de Dios Padre y de Jesucristo,
que nos amó y nos purificó de nuestros pecados con su sangre,
gracia y paz a todos ustedes.
O bien (Domingo de Ramos):
Sean bienvenidos a esta celebración,
y que Cristo muerto y resucitado
por nuestra salvación y la del mundo entero
permanezca ahora y siempre con ustedes.
Antífona de entrada Sal 30, 10.16.18
Ten piedad de mí, Señor, porque estoy angustiado;
líbrame del poder de mis enemigos y de aquellos que me persiguen.
Señor, que no me avergüence de haberte invocado.
Oración colecta
Perdona las culpas de tu pueblo, Señor,
para que tu amor nos libre del pecado
que hemos contraído por nuestra debilidad.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
O bien:
Señor Dios, que en este tiempo otorgas a tu Iglesia
imitar a la Santísima Virgen María
en la participación de la pasión de Cristo;
por ella te pedimos
estar más íntimamente unidos a tu Hijo unigénito,
y alcanzar así la plenitud de tu gracia.
Él que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
Oración sobre las ofrendas
Dios de misericordia,
concédenos acercarnos dignamente a tu altar,
y, por nuestra constante participación en este sacrificio,
alcanzar la salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de comunión 1 Ped 2, 24
Jesús llevó sobre la cruz nuestros pecados, cargándolos en su cuerpo,
a fin de que, muertos al pecado vivamos para la justicia.
Gracias a sus llagas, fuimos curados.
Oración después de la comunión
Padre santo, que este don recibido nos proteja siempre
y aleje de nosotros todo mal.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración sobre el pueblo (Facultativa)
Dios todopoderoso,
concede a quienes esperan la protección de tu gracia
que, liberados de todos los males,
te sirvan con ánimo confiado.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
En lugar de la Misa precedente, puede celebrarse la siguiente Misa votiva:
Antífona de entrada Jn 19, 25
Junto a la cruz de Jesús, estaban su madre y la hermana de su madre,
María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
O bien: Cf. Bar 4, 12
Que nadie se alegre al verme viuda y abandonada por muchos.
Estoy desolada por los pecados de mis hijos,
porque se desviaron de la ley de Dios.
Oración colecta
Dios nuestro, tú quisiste que la Virgen Madre
estuviera junto a la Cruz de tu Hijo
participando de su Pasión;
protege y acrecienta en tu familia
los frutos de este misterio tan grande.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
O bien:
Dios nuestro, que por un misericordioso designio
has dispuesto completar la Pasión de tu Hijo
con los sufrimientos y los dolores de los hombres,
te pedimos que, así como has querido que la Virgen Madre
estuviera junto al Hijo moribundo para participar de sus dolores,
también nosotros, imitando a la Virgen,
acompañemos generosamente a tantos hermanos que sufren
para llevarles tu amor y tu consuelo.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, los dones de tu familia
y conviértelos en el sacramento de la salvación humana,
con la que colaboró generosamente la Virgen María
en el sacrificio de la cruz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de comunión Col 1, 24
Ahora me alegro de poder sufrir por ustedes
y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo
para bien de su cuerpo, que es la Iglesia.
Oración después de la comunión
Señor, después de recibir el anticipo de nuestra salvación,
te pedimos humildemente
que derrames sobre toda la humanidad el Espíritu Santo
presente en plenitud en tu Iglesia,
y que Cristo, sumo sacerdote, nos mereció en el sacrificio de la cruz
al que fue asociada su madre.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración sobre el pueblo (Facultativa)
Protege, Señor, a tu pueblo
que recuerda con amor
a la santísima Virgen María junto a la cruz,
y acompáñalo con la abundancia de tu gracia;
que sea maduro en su fe,
solícito en la caridad de Cristo
y fuerte en la esperanza.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Bendición solemne
Si no se usó la Oración sobre el pueblo
Dios misericordioso, que en la Virgen dolorosa
nos ha dado un ejemplo de amor invencible,
los haga firmes en la fe
y auténticos en la caridad.
R. Amén.
Él, que ha querido asociar a la Virgen Madre
a los dolores de su Hijo crucificado,
les conceda compartir el misterio de su Pasión
en los trabajos y dolores de cada día.
R. Amén.
Que unidos con Cristo en su Pasión y en su Resurrección,
y alentados por la santísima Virgen,
puedan alegrarse profundamente
cuando se revele su gloria.
R. Amén.
Y que la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo +, y Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca siempre.
R. Amén.
Liturgia de ña Palabra
El Señor está conmigo como un guerrero temible
Lectura del libro del profeta Jeremías 20, 10-13
Oía los rumores de la gente: «¡Terror por todas partes! ¡Denúncienlo! ¡Sí, lo denunciaremos!» Hasta mis amigos más íntimos acechaban mi caída: «Tal vez se lo pueda seducir; prevaleceremos sobre él y nos tomaremos nuestra venganza.»
Pero el Señor está conmigo como un guerrero temible: por eso mis perseguidores tropezarán y no podrán prevalecer; se avergonzarán de su fracaso, será una confusión eterna, inolvidable.
Señor de los ejércitos, que examinas al justo, que ves las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos!, porque a ti he encomendado mi causa.
¡Canten al Señor, alaben al Señor, porque él libró la vida del indigente del poder de los malhechores!
Palabra de Dios.
SALMO Sal 17, 2-7
R. Invoqué al Señor y Él me escuchó.
Yo te amo, Señor, mi fuerza,
Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador. R.
Eres mi Dios, el peñasco en que me refugio,
mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoqué al Señor, que es digno de alabanza
y quedé a salvo de mis enemigos. R.
Las olas de la Muerte me envolvieron,
me aterraron los torrentes devastadores,
me cercaron los lazos del Abismo,
las redes de la Muerte llegaron hasta mí. R.
Pero en mi angustia invoqué al Señor,
grité a mi Dios pidiendo auxilio,
y él escuchó mi voz desde su Templo,
mi grito llegó hasta sus oídos. R.
VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Jn 6, 63c. 68c
Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida;
tú tienes palabras de Vida eterna.
EVANGELIO
Intentaron detenerlo, pero él se les escapó de las manos
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 10, 31-42
Los judíos tomaron piedras para apedrearlo.
Entonces Jesús dijo: «Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?»
Los judíos le respondieron: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios.»
Jesús les respondió: «¿No está escrito en la Ley: Yo dije: Ustedes son dioses? Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra -y la Escritura no puede ser anulada- ¿Cómo dicen: "Tú blasfemas", a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dijo: "Yo soy Hijo de Dios"?
Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre.»
Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero él se les escapó de las manos. Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado, y se quedó allí. Muchos fueron a verlo, y la gente decía: «Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad.» Y en ese lugar muchos creyeron en él.
Palabra del Señor.
Comentario:
En muchos hombres y mujeres la religión se convierte en una realidad alienante, que se expresa en el mero cumplimiento de normas, disciplinas, ritos, tradiciones carentes de vida y sin fuerza transformadora en la propia vida, la vida de la familia o de la sociedad. A este tipo de creyentes se les hace imposible aceptar la invitación a un compromiso mayor. Jesús se da cuenta de que sus conciudadanos viven efectivamente una experiencia religiosa alienante. Viven la experiencia de fe como una realidad inmanente, individual, sin compromiso histórico. Jesús mueve el piso de la gente, pero la gente siente rabia contra él. Por eso no encuentran otra salida que apedrearlo y acabar con su vida. – Vivir en fidelidad a Dios es colocarse en contravía del mundo y, muchas veces, de la propia religión. La Cuaresma, al ser un tiempo de encuentro con Dios y de revisión profunda, nos exige nuevas actitudes en el creer, en el vivir y en el compromiso por la transformación del mundo y de la propia Iglesia. No desperdiciemos esta Cuaresma, como tantas que anteriormente hemos vivido sin pena ni gloria. Adquiramos en este tiempo de gracia la fuerza de Jesús y de los mártires: la confianza en Dios.
PREFACIO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR I
LA FUERZA DE LA CRUZ
43. Este prefacio se dice en las ferias de la quinta semana de Cuaresma y en las Misas de los misterios de la Cruz y de la Pasión del Señor.
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Por la Pasión salvadora de tu Hijo
la humanidad entera fue capaz de glorificarte,
porque en la fuerza inefable de la cruz
se manifestó el juicio del mundo
y el poder de Cristo crucificado.
Por eso, con todos los ángeles y santos,
cantamos sin cesar tus alabanzas:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
PREFACIO:
María asociada íntimamente a la Redención
V. El Señor esté con ustedes
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Para restaurar al género humano,
con misericordiosa y sabia determinación
tú asociaste la Virgen María a tu Hijo único,
y ella, que por la acción fecundante del Espíritu Santo,
se convirtió en la Madre de Cristo,
por un nuevo don de tu bondad
llegó a ser su colaboradora en la redención,
y la que no había conocido sufrimientos al dar a luz a tu Hijo,
para hacernos renacer en ti,
al pie de la cruz, padeció un profundísimo dolor.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles,
y con todos los coros celestiales
cantamos un himno a tu gloria,
diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.
2. El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CP
Santo eres en verdad, Señor,
que desde el principio del mundo
obras siempre para que el hombre sea santo,
como tú mismo eres santo.
3. Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
CC
Te pedimos que mires los dones de tu pueblo,
y derrames sobre ellos la fuerza de tu Espíritu
Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
para que se conviertan en el Cuerpo y + la Sangre
Junta las manos.
de tu amado Hijo, Jesucristo,
en quien nosotros también somos hijos tuyos.
Aunque en otro tiempo estábamos perdidos
y éramos incapaces de acercarnos a ti,
nos amaste hasta el extremo:
tu Hijo, que es el único Justo,
se entregó a sí mismo a la muerte,
aceptando ser clavado en la cruz por nosotros.
Pero antes de que sus brazos,
extendidos entre el cielo y la tierra
trazasen el signo indeleble de tu alianza,
él mismo quiso celebrar la Pascua con sus discípulos.
4. En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.
Mientras comía con ellos,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan
y dando gracias te bendijo,
lo partió y se lo dio, diciendo:
Se inclina un poco.
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.
5. Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
sabiendo que iba a reconciliar todas las cosas en sí mismo,
por su sangre derramada en la cruz,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar. prosigue:
tomó el cáliz, lleno del fruto de la vid,
y, dándote gracias de nuevo,
lo pasó a sus discípulos, diciendo:
Se inclina un poco.
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR USTEDES Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.
HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.
Muestra el cáliz al pueblo. lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.
6. Luego dice:
CP
Éste es el Misterio de la fe.
O bien:
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
y el pueblo prosigue, aclamando:
Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!
O bien:
CP
Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos redimió.
y el pueblo prosigue, aclamando:
Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz,
anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
O bien:
CP
Éste es el Misterio de la fe, Cristo se entregó por nosotros.
y el pueblo prosigue, aclamando:
Salvador del mundo, sálvanos,
que nos has liberado por tu cruz y resurrección.
7. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CC
Así, al celebrar el memorial de tu Hijo Jesucristo,
nuestra Pascua y nuestra paz verdadera,
hacemos presente su muerte y resurrección de entre los muertos,
y, mientras esperamos la venida gloriosa,
te ofrecemos, Dios fiel y misericordioso,
la víctima que reconcilia a los hombres contigo.
Mira bondadosamente, Padre,
a quienes unes a ti por el sacrificio te tu Hijo,
y concédeles, por la fuerza del Espíritu Santo,
que, participando de un mismo pan y de un mismo cáliz,
formen en Cristo un solo cuerpo,
en el que no haya ninguna división.
C1
Guárdanos siempre
en comunión de fe y amor
con nuestro Papa N., y con nuestro Obispo N., (Aquí se puede hacer mención del Obispo Coadjutor o Auxiliar, de acuerdo con la Ordenación general del Misal Romano, n. 149).
Ayúdanos a esperar la venida de tu reino
hasta la hora en que nos presentemos a ti,
santos entre los santos del cielo,
con María, la Virgen Madre de Dios,
con los apóstoles y con todos los santos,
y con nuestros hermanos difuntos,
que confiamos humildemente a tu misericordia.
Entonces, liberados por fin de toda corrupción
y constituidos plenamente en nuevas criaturas,
te cantaremos gozosos la acción de gracias
Junta las manos.
de tu Ungido, que vive eternamente.
8. Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva, y dice:
CP o CC
Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
Amén.
RITO DE LA COMUNIÓN
124. Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Fieles a la recomendación del Salvador
y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
O bien:
Llenos de alegría por ser hijos de Dios,
digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:
O bien:
El amor de Dios a sido derramado en nuestros corazones
con el Espíritu Santo que se nos ha dado;
movidos por ese Espíritu digamos con fe y esperanza:
O bien:
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía,
signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna,
oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:
O bien:
Recemos con humildad y confianza diciendo:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el Cielo,
santificado sea tu Nombre,
venga a nosotros tu Reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
125. Solo el sacerdote, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor,
y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.
Junta las manos.
El pueblo concluye la oración aclamando:
Tuyo es el Reino,
tuyo el poder y la gloria
por siempre, Señor.
126. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles:
«La paz les dejo, mi paz les doy»,
no tengas en cuenta nuestros pecados
sino la fe de tu Iglesia,
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
El pueblo responde: Amén.
127. El sacerdote, vuelto hacia al pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
El pueblo responde: Y con tu espíritu.
128. Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
Démonos fraternalmente la paz
O bien:
Como hijos de Dios, intercambiemos ahora
un signo de comunión fraterna.
O bien:
En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su cruz,
démonos la paz como signo de reconciliación.
O bien:
En el Espíritu de Cristo resucitado,
démonos fraternalmente la paz.
Y todos, según las costumbres del lugar, se intercambian un signo de paz, de comunión y de caridad. El sacerdote da la paz al diácono o al ministro.
129. Después toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena y pone una partícula dentro del cáliz, diciendo en secreto:
El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo,
unidos en este cáliz,
sean para nosotros
alimento de vida eterna.
130. Mientras tanto se canta o se dice:
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
Esta aclamación puede repetirse varias veces, si la fracción del pan se prolonga. La última vez se dice: danos la paz.
131. A continuación el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto:
Señor Jesucristo, Hijo del Dios vivo,
que por voluntad del Padre,
cooperando el Espíritu Santo,
diste con tu muerte la Vida al mundo,
líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre,
de todas mis culpas y de todo mal.
Concédeme cumplir siempre tus mandamientos
y jamás permita que me separe de ti.
O bien:
Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre
no sea para mí un motivo de juicio y condenación,
sino que, por tu piedad
me sirva para defensa de alma y cuerpo,
y como remedio de salvación.
132.El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevada sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Este es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Y, juntamente con el pueblo, añade:
Señor, no soy digno
de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya
bastará para sanarme.
133. El sacerdote, vuelto hacia el altar, dice en secreto:
El Cuerpo de Cristo me proteja para la Vida eterna.
Y comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.
Después toma cáliz, y dice en secreto:
La Sangre de Cristo me guarde para la Vida eterna.
Y bebe reverentemente la Sangre de Cristo.
134. Después toma la patena o la píxide y se acerca a los que van a comulgar. Muestra el pan consagrado a cada uno, sosteniéndolo un poco elevado y le dice:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde: Amén.
Y comulga.
El diácono, si distribuye la sagrada Comunión, lo realiza de la misma manera observan los mismos ritos.
135. Si se comulga bajo las dos especies se observa el rito descrito en su lugar.
136. Cuando el sacerdote ha comulgado el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de comunión.
137. Finalizada la Comunión, el sacerdote o el diácono, o el acólito, purifica la patena sobre el cáliz y también el cáliz.
Mientras hace la purificación, el sacerdote dice en secreto:
Haz, Señor, que recibamos con un corazón limpio
el alimento que acabamos de tomar,
y que el don que nos haces en esta vida
nos sirva para la vida eterna.
138. Después el sacerdote puede volver a la sede. Si se considera oportuno, se puede dejar un breve espacio de silencio sagrado o entonar un salmo o algún cántico de alabanza.
139. Luego, de pie en el altar o en la sede, el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
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La oración después de la comunión termina con la conclusión breve.
Si la oración se dirige al Padre:
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Si la oración se dirige al Padre,
pero al final de la misma se menciona al Hijo:
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos
Si la oración se dirige al Hijo:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
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El pueblo, al terminar, aclama: Amén.
140. Siguen, si es necesario, breves avisos para el pueblo.
141. Después tiene lugar la despedida. El sacerdote, vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos, dice:
El Señor esté con ustedes.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
La bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo, + y el Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes.
El pueblo responde: Amén.
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142. En algunos días u ocasiones, a ésta fórmula de bendición precede, según las rúbricas, otra fórmula de bendición más solemne o una oración sobre el pueblo.
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143. En la Misa pontifical el celebrante recibe la mitra y, extendiendo las manos, dice:
El Señor esté con ustedes.
Todos responden:
Y con tu espíritu.
El celebrante dice:
Bendito sea el nombre del Señor.
Todos responden:
Desde ahora y para siempre.
El celebrante dice:
Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
Todos responden:
Que hizo el cielo y la tierra.
Entonces el celebrante, habiendo recibido el báculo, si lo usa, dice:
La bendición de Dios todopoderoso,
Y, haciendo tres veces la señal de la cruz sobre el pueblo, añade:
Padre, + Hijo, + y Espíritu + Santo,
descienda sobre ustedes.
Todos responden: Amén.
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144. Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, vuelto hacia el pueblo, dice:
Pueden ir en paz.
O bien:
La alegría del Señor sea nuestra fuerza.
Pueden ir en paz.
O bien:
Glorifiquen al Señor con su vida.
Pueden ir en paz.
O bien:
En el nombre del Señor, pueden ir en paz.
O bien, especialmente en los domingos de pascua:
Anuncien a todos la alegría del Señor resucitado.
Pueden ir en paz.
El pueblo responde:
Demos gracias a Dios.
145. Después el sacerdote venera el altar con un beso, como al comienzo. Seguidamente, hecha inclinación profunda con los ministros, se retira.
145. Si inmediatamente sigue alguna acción litúrgica, se omite el rito de despedida.
Fuente: Misal Romano y Leccionario II
www.servicioskoinonia.org (Comentario)