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Es un Blog de orientación Cristiano/Católico, dirigido a personas de 16 a años en adelante, en el que se publican diariamente las Lecturas del Día, de acuerdo al Calendario Litúrgico Católico, la Lectio Divina, el Santoral del Día, la Liturgia de las Horas (Laudes, Vísperas y Completas, y otros artículos de orientación espiritual y moral.

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Ordinario de la Misa: XXVI Semana Tiempo Ordinario. Ciclo B. Jueves 4 de Octubre, 2012

Ordinario de la Misa: XXVI Semana Tiempo Ordinario. Ciclo B. Jueves 4 de Octubre, 2012

San Francisco de Asís

Memoria

Oye, Señor, mi voz y mis clamores

Antífona de Entrada

Francisco, el hombre de Dios, dejó su casa, abandonó su herencia y se hizo pobre y desvalido; pero el Señor se hizo cargo de él.

Oración Colecta

Oremos:

Dios nuestro, que otorgaste a san Francisco de Asís la gracia de seguir gozosamente a Cristo en una vida de pobreza y humildad, haz que, a ejemplo suyo, nuestra preocupación esencial en esta tierra sea la de amar y seguir a tu Hijo, Jesucristo, que vive y reina contigo.

Amén.

 

Primera Lectura

Lectura del libro de Job

(19, 21-27)

Job tomó la palabra y dijo:

“Tengan compasión de mí, amigos míos, tengan compasión de mí, pues me ha herido la mano del Señor. ¿Por qué se ensañan contra mí, como lo hace Dios, y no se cansan de escarnecerme?

Ojalá que mis palabras se escribieran; ojalá que se grabaran en láminas de bronce o con punzón de hierro se esculpieran en la roca para siempre.

Yo sé bien que mi defensor está vivo y que al final se levantará a favor del humillado; de nuevo me revestiré de mi piel y con mi carne veré a mi Dios; yo mismo lo veré y no otro, mis propios ojos lo contemplarán. Esta es la firme esperanza que tengo”.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Salmo Responsorial Salmo 26

No me abandones, Dios mío.

Oye, Señor, mi voz y mis clamores y tenme compasión; el corazón me dice que te busque y buscándote estoy.

No me abandones, Dios mío.

No rechaces con cólera a tu siervo, tú eres mi único auxilio; no me abandones ni me dejes solo, Dios y salvador mío.

No me abandones, Dios mío.

La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Armate de valor y fortaleza y en el Señor confía.

No me abandones, Dios mío.

 

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.

El Reino de Dios está cerca, dice el Señor; arrepiéntanse y crean en el Evangelio.

Aleluya.

 

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio

según san Lucas (10, 1-12)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, designó el Señor a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo:

“La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa, digan:

‘Que la paz reine en esta casa’. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles:

‘Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios’.

Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan:

‘Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca’. Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad”.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Comentario:

Hoy recordamos a San Francisco de Asís, que fue un incansable promotor de la paz. Para Francisco, como para el evangelio, la paz no se identifica sin más con la tranquilidad. En la cultura semita la palabra paz se identifica con el bienestar, con la felicidad, con la abundancia de bienes. De hecho, la calidad de vida es un concepto fundamental de lo que ellos consideran la riqueza de una nación. Pues, no basta con tener dinero, es necesario ‘estar bien’, y eso indica no sólo abundancia de recursos, sino que implica también relaciones armoniosas con los demás y con Dios. La paz en este sentido es una bonanza o shalom. En cambio, la concepción romana de paz se identifica más con la tranquilidad, con la ataraxia griega, es decir, con la ausencia de conflicto y frustraciones. Este tipo de tranquilidad es indispensable para el desarrollo de la actividad comercial y política, pero no hace demasiado énfasis ni en el bienestar ni en la felicidad. El evangelio nos propone una paz que es la síntesis y la superación de estas dos anteriores, porque el bienestar, la tranquilidad y la felicidad se alcanzan a partir del amor universal y de la justicia solidaria.

 

Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Señor, nuestros dones y prepáranos a celebrar el memorial de la pasión de tu Hijo, que tan honda huella dejó en el alma y en el cuerpo de san Francisco.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

 

Prefacio de los Santos I

La gloria de los santos

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

Es justo y necesario.

En verdad es justo darte gracias y deber nuestro glorificarte, Padre santo. Porque tu gloria resplandece en cada uno de los santos, ya que, al coronar sus méritos, coronas tus propios dones.

Con su vida, nos proporcionas ejemplo; ayuda, con su intercesión, y por la comunión con ellos, nos haces participar de sus bienes, para que, alentados por testigos tan insignes, lleguemos victoriosos al fin de la carrera y alcancemos con ellos la corona inmortal de la gloria. Por Cristo nuestro Señor.

Por eso, con los ángeles y arcángeles, y con la multitud de los santos, te cantamos un himno de alabanza, diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo...

 

Antífona de la Comunión

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Oración después de la Comunión

Oremos:

Señor, que esta sagrada comunión nos haga amar profundamente a Cristo y a los hombres para que, a ejemplo de san Francisco de Asís, procuremos sin cesar el bien de nuestros hermanos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Fuentes: www.lecturadeldia.com; www.servicioskoinonia.org

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